Para una agenda temática en pobreza y desigualdad. El caso cubano

Para una agenda temática en pobreza y desigualdad. El caso cubano

Resumen: 

El artículo tiene como objetivo principal situar la urgencia de articular un pensamiento crítico latinoamericano y particularmente, cubano en el análisis de la desigualdad y la pobreza. Con tal fin, se reconstruyen algunos de los principales legados teóricos-metodológicos presentes en los aportes de América Latina a este debate y se identifican un conjunto de propuestas temáticas para futuras agendas investigativas en el caso cubano.

 

Abstract: 

This article aim to emphasize the urgency of a critical view in Latin-American and specially, in Cuba in order to strengthen the inequalities and poverty analysis. Specifically, the paper proposed the main roots of theoretical and methodological roots in this debate develop in the continent in the latest years. According to that approaches, the author identify the future pathways to build/advance the research in this topics for the Cuban case. 

 

 

Cada año, las estadísticas mundiales demuestran lo difícil que resulta, en términos de la gestión social, reducir las brechas de desigualdad imperantes. En ese contexto, Latinoamérica constituye un explícito ejemplo de las tendencias de concentración del ingreso, aun en condiciones de reducción moderada de los índices de indigencia y pobreza (CEPAL, 2010). Factores internos (de cada país) y externos explican la trama compleja de reproducción de las inequidades sociales y de los desafíos sociopolíticos para superarlas efectivamente.

En tal sentido, uno de los retos de las ciencias sociales y la producción académica en general, es el de (re)fundar bases teórico-metodológicas para el estudio de la dimensión política de los acontecimientos sociales y, a la vez, el trazado de estrategias asentadas en nuevos modelos. Esa necesidad viene avalada, precisamente, porque los procesos contemporáneos de polarización y exclusión social a nivel mundial ponen en crisis los canales tradicionales de organización política. El poder hegemónico vigente se articula a través del ideal de democracias representativas en el que el Estado solo funciona como garante de la circulación libre del capital transnacionalizado, sobre la base de relaciones de mercado, con este último como ente ordenador.

En específico, la región latinoamericana y los actuales proyectos progresistas de gobierno afrontan una contradicción esencial: las posibilidades de conciliar desarrollo nacional con autonomía política; objetivos que se encuentran limitados por la existencia de un orden global que funciona bajo los imperativos del neoliberalismo; sistema que se ha legitimado ideológicamente, además, a través de una retórica que presume un mayor bienestar para el conjunto de la población a partir del logro de tasas incrementadas de crecimiento económico.

Décadas de experiencia bajo este orden han mostrado lo contrario. Si bien la mayoría de los índices sociales (CEPAL, 2010) han comenzado a manifestar una situación de recuperación en sentido positivo para América Latina, la centralización del poder y el aumento persistente de la desigualdad, que se produjeron como resultado de decenios de aplicación de ese modelo, no han sido superados; por el contrario, ambas dinámicas permanecen como agendas pendientes.

Sumado a ello, las más recientes políticas sociales implementadas, aunque han permitido avanzar en algunos rubros, no siempre han sido eficaces en lograr la superación de estas cuestiones críticas. De modo que, en los últimos años, asistimos a un amplio conjunto de transformaciones de orden sociopolítico, pero en las que aún persiste el patrón de desigualdad y pobreza, que ocupa un lugar central entre los desafíos pendientes. Otros rasgos son la privatización y flexibilización de las relaciones laborales, la existencia de una política fiscal restrictiva que daña las posibilidades de una redistribución equitativa de la riqueza social y la permanencia de diferencias categoriales asociadas al género, la raza o el origen étnico, las migraciones y el territorio.

De ahí la importancia del estudio de los mecanismos socioestructurales (re)productores de integración o de exclusión social, para los análisis contemporáneos sobre estas temáticas. Ello necesariamente implica la realización de diagnósticos en torno a la producción de las desigualdades y la pobreza, en los que se incluya la influencia que ejercen los procesos de globalización e internacionalización de las dinámicas capitalistas sobre las realidades nacionales y regionales.

Este artículo tiene dos objetivos primordiales: por una parte, reconstruir los aportes teórico-metodológicos presentes en los análisis más contemporáneos en torno a la desigualdad y la pobreza. Específicamente, se hace énfasis en la tradición crítica del pensamiento latinoamericano para el abordaje de esos ejes analíticos. En segundo lugar, se identifica un conjunto de propuestas temáticas para futuras agendas investigativas en el caso cubano, desde estas aproximaciones teóricas.

El punto de partida para esta incursión es reconocer, primero, el carácter complejo de esta temática; segundo, las raíces profundamente históricas de estos mecanismos; y, por último, la trama multiactoral de relaciones de poder/subalternidad en las que se tejen estos fenómenos.

 

Apuntes teóricos desde Latinoamérica

Tradicionalmente, las desigualdades y la pobreza han sido estudiadas a partir del enfoque económico, dentro del marco de las fronteras de los Estados-nación y de procesos sincrónicos. Articuladas al concepto de clase, su comprensión, sin embargo,

no ha sido adecuadamente considerada en sus dimensiones históricas, así como en los encadenamientos globales o en sus interconexiones entre clases, y otras clasificaciones que han configurado las desigualdades existentes. (Costa, 2011: 9)

 

Por consiguiente, es preciso avanzar hacia la comprensión de estos fenómenos como complejos y multidimensionales, en los que intervienen procesos de diversa índole: socioeconómicos, histórico-políticos y etnoculturales. En el centro de esos análisis, las dimensiones temporales y espaciales resultan claves para explicar su emergencia en coyunturas específicas o procesos vinculados a la persistencia de situaciones de desigualdad y pobreza en el largo plazo. La fisonomía de territorios puntuales y de los actores que en ellos se desenvuelven se encuentra atravesada por esas dinámicas de larga data, así como por su articulación con las cuestiones políticas y normativas que transversalizan su discusión.

Aunque en las propuestas más recientes se tiende a conectar ambos términos, o a tratar la desigualdad como causa de las situaciones de pobreza, se han recorrido caminos epistemológicos y metodológicos bastante divergentes conceptualmente de ese criterio, y también de las formas en que se aborda su medición.[1] Por ello, a continuación se abordarán las principales distinciones de este recorrido diferenciado, para después señalar las primordiales aristas de análisis contenidas en la apropiación latinoamericana de este debate, y por último, apuntar los ejes hacia los cuales sería necesario avanzar para una reflexión sistémica de ambas temáticas.

Usualmente, la noción de desigualdad social alude a una matriz asentada en la distribución inequitativa y estratificada de bienes múltiples, según variables históricas y sociopolíticas que delimitan esa distribución. Sumados a esto, los discursos científicos y coloquiales, las imágenes y los estereotipos, entre otros aspectos, constituyen elementos centrales en el afianzamiento de ese patrón. Como ha señalado Costa (2015), tales elementos hacen de este régimen una formación social de difícil modificación, que cristaliza situaciones de acceso desigual a recursos y les otorga legitimidad.

Por su parte, la conceptualización sobre pobreza ha estado más abocada a la creación de metodologías para su cuantificación y de opciones políticas para viabilizar su «reducción». Entendida como carencia o privación, ha permitido el desarrollo de una despolitización de la cuestión social a través de la tecnificación de la política, la que se transforma en acciones capaces de distinguir, contar y atribuir beneficios a los posibles beneficiarios de los sistemas de protección social (Brito, 2005). En estos sistemas, el debate sobre la distribución de la riqueza es desplazado por el tratamiento compensatorio de sus efectos (la pobreza). Este ha sido, tradicionalmente, un terreno para la investigación sincrónica del fenómeno.[2]

Precisamente, ese desplazamiento ha influido en el establecimiento, dentro de ese campo de estudios, de una tensión paradójica entre dos discursos para dar cuenta de los elementos causales del fenómeno: por una parte, el que le atribuye un carácter individual; y por otra, en contraposición, el que acentúa su carácter social, y que, en su expresión de máxima radicalidad, hace referencia a la imbricación esencial de los análisis de clase con estos procesos. Ese último abordaje pone el foco del debate sobre las causas que generan la pobreza: en particular, en las cuestiones de índole estructural vinculadas a la génesis y el desarrollo del sistema capitalista y, por consiguiente, íntimamente vinculadas con la existencia de relaciones basadas en la explotación de clases.

En términos políticos, esa comprensión contribuye a conectar los procesos actuales de concentración y polarización de la riqueza socialmente producida, con las condiciones en que las desigualdades generan procesos simultáneos de enriquecimiento y pauperización. También permite visibilizar a los pobres como sujetos de la transformación social y en el tejido de relaciones en que se desenvuelven constantemente con los «no pobres».

En el delineado teórico-metodológico de esa perspectiva crítica, los aportes latinoamericanos para el estudio de estas temáticas se caracterizan por ser de larga data, y por influir en la emergencia y el desarrollo de una fructífera discusión que recorre el pensamiento social hasta la actualidad. Entre estos presupuestos de partida pudieran señalarse tres que guardan una estrecha relación:

1) Desde una perspectiva relacional e histórica, la idea de que existe un proceso de producción de las desigualdades y de la pobreza, en la configuración de los regímenes institucionales y que son legitimadas a través de mecanismos de dominación y poder.

En esa dirección, lo que interesa resaltar es que la carencia se produce a partir de sujetos históricos, por lo que si bien es un dato de llegada económica, también hay que considerar que nace de un complejo proceso de relaciones sociales, en el que las variables de clase, raza, edad, sexo, territorio, son determinantes en su (re)producción. Esto implica que si

se quiere conocer el sentido de la pobreza y por consiguiente, de la desigualdad social, no como orden estadístico, sino como proceso histórico-social, es necesario desdoblar su realidad desde diversos planos relacionales y de sentido histórico donde se incluya el examen del conjunto de las relaciones sociales y económicas basadas en el poder y la dominación que la hacen posible. (Arzate et al., 2011: 13-14).

 

Recorrer esos planos relacionales requiere de una lectura de las construcciones estructurales-culturales en las que se tejen la pobreza y la desigualdad, en y a través del sistema de interacciones que, a nivel cotidiano, establecen los sujetos sociales en el espacio colectivo. De ahí, la necesidad de superar la hegemonía de visiones economicistas para estos temas, señalando la importancia de las dimensiones sociopolíticas y culturales que explican los procesos complejos de la (re)producción de estos fenómenos, vinculados con la distribución asimétrica de las relaciones de poder en la actualidad.

2) La consideración de que existen agentes/mecanismos/discursos cuyas acciones contribuyen a sostener las dinámicas sociales de (re)producción de las desigualdades, y que ello tiene una expresión a nivel internacional, regional y local.

Mediante esta cuestión se resalta la necesidad de «desnaturalizar» las concepciones más anquilosadas sobre la pobreza y la desigualdad, que se revierten en su legitimación. Esta idea permite el reconocimiento de aquellos mecanismos y agentes que, en coyunturas específicas, ejercen una influencia en la persistencia de dinámicas excluyentes. Un aspecto importante en tal sentido es el llamado de atención sobre los dispositivos de generación del saber/conocimiento, como producciones discursivas que inciden de manera significativa en esa legitimación e, incluso, en la superficialidad de los dispositivos de superación de la pobreza y —en menor medida— de la desigualdad (Álvarez, 2005).

Develar estos componentes es vital para el rebalse de prácticas concretas, estructuras y agentes, pues

la pobreza no se produce/reproduce de manera independiente de la producción/reproducción de la riqueza (o de la no-pobreza); por el contrario, en esa producción/reproducción relacional intervienen diferentes niveles de agentes sociales (de manera consciente o no consciente) con distintos recursos objetivos y simbólicos y con diferentes niveles de implicación y compromiso. (Gutiérrez, 2011: 114).

 

3) El reconocimiento de que en esa malla de relaciones de poder se dan correlaciones de fuerza en las disputas políticas entre los diversos grupos sociales, que implican la utilización de estrategias y forman parte esencial de las arenas en las que el consenso político se dirime constantemente.

Este último aspecto es clave para apuntar hacia «lo político» en los sujetos subalternos, quienes, replegados al margen del sistema, con sus luchas cotidianas, ofrecen resistencia al avance de las fuerzas hegemónicas en el terreno del conflicto social. De ahí la importancia de avanzar en el reconocimiento del componente multiactoral de la realidad contemporánea, así como de los procesos participativos en pequeña escala y sus incidencias a nivel meso y en las macroescalas. Precisamente, lo sustancial de estos presupuestos es descorrer el velo de la «naturalización de la desigualdad y la pobreza», reconociendo las tramas complejas de dominación y de las disputas crecientes, en las que los poderes fácticos y de concentración de la riqueza se mueven sobre suelos cada vez más movedizos y las utopías del cambio son más realizables.

 

Los análisis de pobreza y desigualdad en Cuba

La transición socialista porta contradicciones de la sociedad anterior. En la mayor parte de los sistemas con tal denominación se (re)crean lógicas en que estas se mantienen. En ese complejo escenario de transformaciones y permanencias, el modelo de desarrollo cubano se ha destacado históricamente por una concepción política diferente. Mediado por una vocación de justicia social, se ha caracterizado, a partir del triunfo revolucionario, por la centralidad del Estado en la provisión del bienestar y la construcción de ciudadanía a través de la implementación de políticas de carácter universal. Este hecho, sin embargo, no ha limitado la aparición y/o acentuación de un patrón de desigualdad que tensiona las bases y los resultados de ese modelo.

La ruptura social (Espina, 2008; Íñiguez y Ravenet, 2000; Íñiguez, 2005) producida por la crisis de los 90 del pasado siglo, con su acción heterogenizadora, mostró que los impactos de la reforma socioeconómica realizada en esa etapa debían evaluarse sobre la base de un escenario social que ya presentaba cierto grado de agotamiento de un modelo económico que reproducía las diferencias preexistentes y favorecía la acentuación de brechas de desigualdad social (Zimbalist y Brundenius, 1989). Sociológicamente, pueden destacarse dos hechos relacionados con este proceso, que marcaron una reorientación sustantiva de las lógicas de ordenamiento y estructuración social: por una parte, la emergencia de una marcada heterogeneidad estructural; y por otra, la aparición y/o acentuación de brechas de desigualdad que han tensionado las bases y los resultados del modelo de desarrollo social (Espina, 2008; Íñiguez, 2005; Ferriol et al., 2006).

En el campo cognoscitivo, una dificultad latente es la pérdida de una discusión sistemática, así como de un debate abierto que permita ampliar estos temas y pensar los efectos en términos de la heterogeneización social de las respectivas reformas implementadas en el país a lo largo del proceso revolucionario. La indagación histórica para reflexionar en términos sociológicos las complejidades y contradicciones en el desarrollo social cubano,[3] es un déficit que precisa ser cubierto.

Un conjunto de temáticas (o vacíos investigativos), formuladas en términos de recomendaciones, pudieran tributar a una perspectiva crítica que permita en esta «nueva etapa de reformas» atender los fenómenos asociados a la desigualdad y la pobreza en el país:

  • Profundizar en los estudios en torno a la estructura social y las desigualdades desde una perspectiva compleja, con especial énfasis en los análisis diacrónicos. En tal sentido, pudieran ser de interés temáticas como las dinámicas de constitución y reconstitución de clases y grupos sociales en el tiempo (empoderamiento persistente/concentración de la riqueza, reconfiguración de capas sociales asociadas a las nuevas reformas en relación con procesos marcados de ascenso o retroceso socioeconómico).
  • Abrir líneas investigativas que permitan un análisis de los discursos (los dispositivos de saber/poder) de diversa naturaleza, así como las relaciones de poder político que legitiman y refuerzan visiones e intervenciones sobre las dinámicas de empobrecimiento y desigualdad social.
  • Fortalecer mecanismos de evaluación de políticas que permitan reflexionar en torno a las dinámicas sociales que influyen en la segmentación de las oportunidades bajo el paraguas de las políticas sociales universales y, consecuentemente, influyen en la existencia y la producción de desiguales resultados en el aprovechamiento de esas estructuras y del bienestar en sentido más amplio. También sería importante, desde una perspectiva comparada, la realización de intercambios con otros países de América Latina que ya han iniciado debates e intervenciones en políticas públicas.
  • Desarrollar perspectivas que permitan superar las dicotomías pobre/no pobre, atendiendo a la apropiación y las disputas políticas por el espacio social que llevan a cabo los sujetos. En vínculo con una mirada microsocial respecto a la implementación de las políticas y de las lógicas de organización social, analizar la configuración de redes informales: la articulación de estrategias que permitan afrontar los cierres o las limitaciones de la estructura de oportunidades, y en general, el acceso y aprovechamiento de los canales de bienestar y seguridad social.
  • Refinar las fuentes censales y estadísticas que permitan captar la evolución de estos fenómenos en el tiempo, así como la producción de datos que incluyan el cruzamiento y análisis minucioso de variables (sexo, raza, territorio, migraciones). Favorecer también el acceso público a esos datos.[4]

 

Además, pudieran incluirse otros temas más generales: participación, ciudadanía, conexión entre desafíos económicos y sustentabilidad de las políticas sociales, sistema-mundo/Cuba, por ejemplo. Aunque no constituía una pretensión abarcar todos los filones de análisis que se pueden abrir en estas temáticas, tan ricas en términos analíticos, la intencionalidad principal con estas propuestas investigativas ha sido la de volcar algunas de las más urgentes preocupaciones que los tiempos actuales plantean.

 

Notas conclusivas: presupuestos de partida para reflexionar sobre trayectorias futuras

Reflexionar en torno a la sistematización de una temática particular se convierte siempre en un intento arriesgado. Sin embargo, este artículo ha pretendido mostrar, a grandes rasgos, que hay una herencia de pensamiento que recorre perspectivas teóricas y metodológicas innovadoras en el continente latinoamericano. Estas han estado sometidas al desafío de superar la hegemonía en la producción de conocimiento, proveniente del Norte, y cristalizada en las producciones académicas de las ciencias sociales en la región. Ha tomado tiempo comprender que lo negativo de esa apropiación acrítica limitaba una comprensión integral y autóctona de los problemas y las soluciones que enfrentan los países periféricos.

Aunque esa tendencia no ha sido totalmente superada, Latinoamérica se caracteriza hoy por la (re)formulación creativa del conocimiento y la enunciación de nuevos enfoques. Ese reconocimiento ha posibilitado una articulación más sinérgica entre esas alternativas teóricas y el diseño e implementación de estrategias y opciones políticas. En términos de los análisis de la pobreza y la desigualdad, ese redimensionamiento ha permitido una conceptualización de esas temáticas, entendidas a partir de su origen sistémico.

En esa dirección, la recuperación de las dimensiones relacionales e históricas de los procesos de (re)producción de la pobreza y la desigualdad ha constituido un avance importante. Redimensionar las políticas sociales y sus programas en estas coordenadas epistémicas ha favorecido procesos de mayor integración social. No obstante, como asignatura pendiente, resta la ampliación de dinámicas participativas que permitan, en el marco de una socialización continua del poder, la inclusión real de aquellos sectores secularmente marginados, y avanzar a su vez en la efectiva titularidad de derechos económicos, sociales y culturales, así como fortalecer la garantía en el acceso a satisfactorios umbrales de bienestar y reconocimiento social.

Estos desafíos son válidos también para la realidad política cubana actual y ofrecen un marco para pensar en el futuro. Un pilar fundamental en ese porvenir debiera ser la recuperación del valor de la igualdad, lo que implicaría (re)posicionar lo público como el espacio de lo colectivo y de la construcción de ciudadanía sobre la base de una estructura socioeconómica y política que la promueva.

 

[1]. Este recorrido divergente también ha tributado a un acercamiento más conceptual que instrumental para la noción de desigualdad, mucho más dura epistemológicamente que la de pobreza. Es así que la reflexión en torno a la necesidad del diseño y la implementación de acciones desde lo gubernamental para intervenir y ofrecer soluciones al conjunto de problemáticas —basadas en la ampliación ilimitada del poder del capital y de las lógicas de organización social asociadas a este—, puede ser ubicada a partir del estallido de lo social y de la pobreza como su resultado inmediato.

[2]. Las investigaciones sobre pobreza tienden a obviar los esquemas socioestructurales de clases; y las bases para fijar a los que se encuentran en situación de pobreza, por lo general, se encuentran en el esquema de satisfactores de las necesidades básicas, definidas a partir de los «mínimos» requeridos para la subsistencia diaria (Álvarez, 2005). Para conocer otra tendencia, se sugiere consultar los aportes del Centro de Investigación sobre Pobreza Crónica (CPRC, por sus siglas en inglés), iniciativa académica con sede en la Universidad de Manchester, integrada desde 2000 por investigadores de distintas universidades para estudiar ese tema. Sus esfuerzos por construir un enfoque analítico sobre el fenómeno, con base en el conocimiento teórico y empírico existente se han traducido en la celebración de varias conferencias, la elaboración de reportes para difundir las bases teórico-metodológicas de esa perspectiva, así como la difusión de sus principales resultados a través de su sitio en Internet (www.chronicpoverty.org).

[3]. La idea de homogeneidad social sigue presente en las mentalidades colectivas, aun cuando sea posible reconocer las diferenciaciones que a nivel socioestructural se producen y que, por lo general, tienden a concentrarse en análisis individualistas.

[4]. Las dificultades para la consulta de datos estadísticos, demográficos y de las encuestas de hogares, en particular, ha provocado una tendencia, en los estudios sobre pobreza y desigualdad realizados en el país, hacia la realización de investigaciones cualitativas (estudios de casos de pequeños grupos), que incluso no pueden ser situados en su especificidad frente a las tendencias más generales por este limitado acceso a la información estadística y demográfica. Este hermetismo e insuficiencia de los instrumentos de generación y captura de esos datos también han tributado a la pérdida de una visión diacrónica para el análisis de estos fenómenos.

Referencias

 

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