Veinticinco años de estudios sobre la economía cubana en los Estados Unidos

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Resumen: 

Este artículo brinda un análisis detallado de la extensa literatura académica acerca de la economía cubana que se ha originado en los Estados Unidos a lo largo de las últimas dos décadas y media. Resalta nuevos temas y cuestiones que caracterizaron el campo de los estudios cubanos en el sector de la economía después de 1990, así como los anteriores a 1990 que permanecieron en la agenda de investigaciones en la postguerra fría. Revisa la evolución del campo intelectual de estudios sobre Cuba durante los últimos veinticinco años, sus principales autores («viejos» y «nuevos») y las publicaciones más representativas. Señala algunas dificultades importantes para investigar sobre la economía cubana, enfatiza en la importancia del trabajo de campo en Cuba y en establecer lazos más profundos entre académicos en los Estados Unidos y en la Isla a fin de mejorar la calidad de los estudios, adquirir mayor comprensión del desarrollo económico cubano, y ofrecer recomendaciones sobre cómo enfocar con efectividad los desafíos económicos más urgentes del país.

Abstract: 

This article provides a concise yet rather detailed analysis of the extensive academic literature on the Cuban economy produced in the United States over the past two and a half decades. The article begins by highlighting the new topics and issues that characterized the field of Cuban studies in the area of the economy after 1990 as well as the pre-1990 themes that remained on the research agenda in the post-Cold War era. It continues with a review of the evolution of the intellectual field of Cuban studies during the last twenty-five years, recognizing the principal authors («old» and «new») and the most representative publications. Finally, the article points out some major difficulties in carrying out research on the Cuban economy but stresses the importance of field work in Cuba and of deeper ties between scholars in the United States and those from the island in order to improve the quality of studies, acquire greater understanding of economic developments in Cuba, and offer recommendations on how to effectively address the country’s most pressing economic challenges.

Este artículo brinda un análisis conciso, pero bastante detallado de la extensa literatura académica acerca de la economía cubana que se ha originado en los Estados Unidos a lo largo de las últimas dos décadas y media. Comienza resaltando los nuevos temas y cuestiones que caracterizaron el campo de los estudios cubanos en ese sector después de 1990, así como los anteriores que permanecieron en la agenda de investigaciones en la era de post-Guerra fría. Continúa con una revisión de la evolución del campo intelectual de estudios sobre Cuba durante los últimos veinticinco años, reconociendo los principales autores («viejos» y «nuevos») y las publicaciones más representativas. Finalmente, señala algunas dificultades importantes para llevar a cabo la investigación sobre la economía cubana, pero enfatiza en la importancia del trabajo de campo en Cuba y de establecer lazos más profundos entre académicos en los Estados Unidos y en la Isla, a fin de mejorar la calidad de los estudios, adquirir mayor comprensión del desarrollo económico en Cuba, y ofrecer recomendaciones sobre cómo enfocar con efectividad los desafíos económicos más urgentes del país en ese campo.

 

Temas y problemas

En relación con la investigación de la economía cubana, después de 1990 nuevos temas y problemas aparecieron en el campo académico de estudios cubanos en los Estados Unidos. Debido a la desaparición del sistema económico y financiero en el que estaba situada durante la era de la Guerra fría, Cuba sufrió un golpe debilitador y fue obligada a elaborar nuevas estrategias para reinsertarse en la economía de mercado global. La implementación, en septiembre de 1990, de un programa de austeridad llamado «Período especial en tiempos de paz» estimuló un enfoque más pragmático en relación con la política económica. El programa consistió en determinadas medidas dirigidas a ahorrar energía y materias primas, estimular la producción de alimentos, ampliar los mercados de importación y exportación, y acelerar el desarrollo del turismo internacional (Spadoni, 2012: 170). No resulta sorprendente que a inicios de esa década los estudios sobre Cuba estuvieran dirigidos a los efectos económicos causados por la caída del socialismo en el bloque soviético, a las políticas para enfrentar la crisis, y a las lecciones de la transición económica basadas en las experiencias de los países del este de Europa. El incipiente sector del  turismo se convirtió también en objeto de investigación cuando la economía cubana experimentó una transformación crucial: de una concentrada en la agricultura y especialmente en la producción de azúcar, a otra basada en servicios tales como el turismo internacional.

No obstante, varios temas económicos nuevos surgieron hacia mediados de la década, después de que el gobierno de Fidel Castro aceptó introducir algunas reformas orientadas al mercado, a fin de mantener a flote la economía cubana y sentar las bases para un futuro crecimiento. Entre 1993 y 1994 fueron adoptadas varias medidas: 1) la legalización de la posesión y circulación de dólares estadounidenses, con importantes implicaciones para las remesas de cubanos que viven en el extranjero; así como la apertura al público de tiendas estatales en dólares y de casas de cambio; 2) la autorización del empleo por cuenta propia y la ruptura del monopolio estatal sobre la tierra con la creación de nuevas cooperativas agrícolas; 3) la reorganización de la administración central del Estado y la reducción de la burocracia mediante el establecimiento de una nueva estructura de ministerios e institutos para funciones tanto horizontales como verticales; 4) la creación de mercados libres para productos agrícolas; y 5) la promoción activa de la inversión extranjera directa mediante empresas mixtas (Jatar-Hausmann, 1999: 61-2). Como resultado de ello, en los Estados Unidos la investigación de la economía cubana comenzó a concentrarse en temas como el papel de las remesas familiares; la dolarización y las actividades del mercado negro; el sector privado en embrión, donde los emprendedores (cuentapropistas) competían con entidades estatales; la capacidad de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) de nueva creación y de los mercados libres campesinos de elevar la producción y disponibilidad de alimentos y reducir la dependencia crónica de alimentos importados, el impacto de la inversión extranjera directa, en particular tras la promulgación de una nueva legislación (Ley 77) en 1995; así como el comercio exterior y el resultado general del sector externo (ANPP, 1995). Un tema adicional importante fue el impacto económico de las reforzadas sanciones de los Estados Unidos cuando ese país hizo más severo el embargo contra Cuba con la aprobación de la Ley Torricelli, en 1992, y la Helms-Burton, en 1996.

La economía cubana presenció aún un nuevo y dramático cambio en el período posterior a 2004, sobre todo como resultado de la colaboración con Venezuela (Sánchez Egozcue y Triana Cordoví, 2008). La exportación de servicios profesionales, en particular de médicos y enfermeras cubanos se convirtió rápidamente (y todavía es así) en el principal generador de moneda dura para la Isla, aunque en años recientes ha comenzado a brindar servicios médicos retribuidos a un número de países, entre ellos Brasil y naciones petroleras ricas en África y Medio Oriente (Torres Pérez, 2015: 168). El internacionalismo médico cubano y los beneficios económicos para el gobierno como resultado del desplazamiento de médicos y otros profesionales a Venezuela han sido estudiados extensamente. La última gran iniciativa lanzada por Fidel Castro —justamente antes de caer enfermo en julio de 2006 y ceder el poder a su hermano Raúl (Cereijo, 2008: 376-7)—, la revolución energética de Cuba, que implicó inversiones sustanciales en la generación de energía y la modernización de la red trasmisora, también se convirtió en un tema muy estudiado. Más recientemente, sin embargo, la investigación se ha centrado en los esfuerzos de Cuba por diversificar su suministro energético mediante la reducción del uso de combustibles fósiles para generar electricidad y en reforzar el uso de fuentes de energía renovable con costos de combustible cercanos a cero.

Además, desde que Raúl Castro asumió oficialmente la presidencia de Cuba, en febrero de 2008, investigadores de la economía cubana han enfocado, por lo general tres temas principales: 1) logros y defectos de la última ronda de reformas basadas en el mercado (incluyendo la notable expansión del trabajo por cuenta propia) por Raúl Castro, quien asumió las muy difíciles tareas de aumentar la base productiva de Cuba, incrementar la eficiencia de las empresas estatales y crear más puestos de trabajo con salarios más altos; 2) valoración de los planes de Cuba para actualizar su modelo económico socialista e introducir cambios estructurales potencialmente significativos, como fuera planteado inicialmente en los Lineamientos, de 2011, y luego, en 2016, en el Plan de Desarrollo Económico y Social hasta 2030; y 3) el impacto económico de las medidas de Barack Obama de flexibilización de los viajes y del turismo, las inversiones, el comercio y otras actividades de negocios con Cuba, así como los efectos de las políticas más restrictivas de Donald Trump hacia la Isla. Por otro lado, entre los temas que casi seguramente recibirán mayor atención en el futuro debe considerarse la desigualdad económica en la sociedad cubana, puesto que los lineamientos de la política del país aspiran a hacer más sustentable el socialismo y a promover el desarrollo, pero prohíben expresamente la acumulación de propiedad privada.

Por último, debe señalarse que temas tradicionales de investigación como la agricultura y el papel de la industria azucarera siguieron siendo populares después de 1990, aun cuando la agroindustria azucarera y el sector no azucarero de Cuba sufrieron tremendamente con la pérdida de los subsidios, los mercados externos y los insumos garantizados por los soviéticos. A pesar de haber sido siempre un sector de poco rendimiento, cuyos fracasos habían perpetuado la elevada dependencia de Cuba de importaciones de alimentos, y de su vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria, la agricultura mantuvo una importancia estratégica en el período post-soviético, debido a sus efectos multiplicadores sobre otros sectores económicos y a su potencial para crear empleos, generar ganancias de exportación, estimular el crecimiento del PIB y, lo más importante, producir suficientes alimentos en el país para satisfacer las necesidades dietéticas de la población (Nova González 2012: 59). Raúl Castro también colocó la agricultura a la cabeza de su agenda de reformas. En cuanto al azúcar, dicho producto perdió rápidamente su lugar como mayor fuente de ingresos en moneda dura para Cuba, pero siguió siendo incluido de manera destacada en la agenda investigativa de estudiosos y practicantes en los Estados Unidos. Por encima de todo, ello se debió a la decisión histórica del gobierno de Cuba en 2002 de cerrar de forma permanente casi la mitad de los centrales azucareros del país (los más ineficientes) y convertir enormes extensiones de tierra dedicadas al azúcar a otros usos, como parte de un proceso de restructuración dirigido a lograr mayor eficiencia y a promover la diversificación agrícola, y al mismo tiempo, mantener los niveles de producción de azúcar anteriores al cierre de los centrales.

 

Autores y publicaciones

Conjuntamente con académicos prominentes como Carmelo Mesa-Lago, Jorge Pérez-López, Claes Brundenius, Andrew Zimbalist, Archibald Ritter, José Álvarez y Carmen Diana Deere —quienes han estudiado la economía cubana en su conjunto y sus principales sectores desde la época en que Cuba era un firme aliado de la Unión Soviética—, un número de autores «nuevos» han surgido en el campo de los estudios cubanos durante los últimos veinticinco años. Este grupo incluye a Emily Morris, Richard Feinberg, John Kirk, María Dolores Espino, Laura Enríquez, Bert Hofmann, Arturo López-Levy, Paolo Spadoni, Philip Peters, Mario González-Corzo, William Messina, Ted Henken, Manuel Orozco y Emilio Morales, entre otros.

Los libros sobre la economía cubana publicados en los Estados Unidos, a diferencia de aquellos sobre otros temas relacionados con Cuba, son por lo general colecciones editadas, más que volúmenes de autores individuales. Además, algunos de los libros más influyentes y ampliamente reconocidos han sido escritos por académicos con poco o ningún acceso a Cuba. Por otra parte, el número de artículos en revistas especializadas es sustancial, pero ciertamente podría ser mayor dado el hecho de que muchos de los cambios en Cuba en el período de postguerra fría han ocurrido en el terreno económico. Vale la pena enfatizar que artículos que por lo general tienden a presentar análisis coyunturales, frecuentemente están firmados por académicos sin entrenamiento formal en economía, y que existen muy pocos estudios sobre sectores económicos importantes como el turismo, la biotecnología y la energía.

En cuanto a libros de un solo autor (o en algunos casos de dos autores) sobre temas generales de la economía cubana, Jorge Pérez-López (1995) brinda un abarcador y útil examen del mercado negro y de las actividades en su mayoría ilegales que florecieron en Cuba a principios de la década de los 90 en medio de una profunda crisis y una vacilante economía centralmente planificada. Sergio Díaz-Briquets y Pérez-López  (2006) también examinan la corrupción en la Isla, que es descrita, se podría afirmar, sin un análisis suficientemente riguroso, como un problema estructural crítico, estimulado en lo fundamental por la propia naturaleza del sistema socialista cubano  y su excesivo control sobre las actividades de las empresas estatales. Conjuntamente con un análisis de los desarrollos políticos, legales, y sociales, Harland Abrahams y Arturo López-Levy (2011) exploran los cambios económicos que tuvieron lugar en Cuba bajo el liderazgo de Raúl Castro y analizan los retos significativos que el país enfrenta, según ellos, en su transición del socialismo a un modelo orientado al mercado. Carmelo Mesa-Lago y Pérez-López (2013) brindan una evaluación mucho más profunda de estos cambios, en un manuscrito muy importante que examina y evalúa minuciosamente las reformas económicas (estructurales y no estructurales) del líder cubano y su impacto general en el comportamiento económico de Cuba. De manera similar, Spadoni (2014) analiza las condiciones de la economía cubana en la actualidad, sus principales sectores y problemas y el proceso de reformas en curso. Aunque publicado en un momento en que la apertura económica de Cuba ya mostraba claros síntomas de estancamiento, el libro de Richard Feinberg (2016) analiza los intentos del gobierno cubano posterior a 2008 y después del estreno de un acercamiento con los Estados Unidos hacia finales de 2014 para desarrollar una economía dirigida más eficientemente al mercado con la promoción de negocios privados e inversión extranjera.

Entre los libros sobre temas específicos, José Álvarez y Lázaro Peña Castellanos (2001) examinan la historia de la industria azucarera cubana y analizan su abrupto declive en los años 90, anterior a la restructuración de toda la industria en 2002. Enfatizando el papel crítico desempeñado por el tipo de régimen político, Bert Hoffman (2004) aborda el desarrollo (o su falta) de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, en particular de Internet, en la Cuba socialista, y lo compara con la experiencia de Costa Rica.

Basados en años de investigación de campo en la Isla, John Kirk y Michael Erisman (2009) ofrecen un estudio profundo de la historia del internacionalismo médico cubano y de la reciente expansión de sus misiones en el extranjero como una forma de obtener ingresos muy necesarios. También, enfocado en la agricultura, Álvarez (2004) analiza las reformas económicas de los años 90 y las condiciones del sector agrícola cubano durante ese período, mientras que Laura Enríquez (2010) explora las reformas en ese sector a favor del mercado y la contribución de pequeños campesinos en economías en transición como Nicaragua, Rusia, China y especialmente Cuba. Paolo Spadoni (2010), quien escribe, examina la implementación y efectividad de las sanciones económicas unilaterales de los Estados Unidos contra Cuba, concebidas específicamente para privar al gobierno cubano de ingresos en moneda dura. Ritter y Ted Henken (2015) por el contrario, analizan la reciente proliferación de cuentapropistas y los principales desafíos que enfrenta el sector privado en expansión.

Como se señaló anteriormente, la mayoría de los libros sobre la economía cubana son colecciones editadas con contribuciones de autores provenientes de una variedad de campos académicos y que cubren  diferentes temas y asuntos. Una tendencia creciente es la publicación de colecciones de capítulos académicos escritos por distinguidos académicos dentro y fuera de la Isla. Sin embargo, a pesar de una notable coherencia en el contenido y la inclusión de contribuciones generalmente muy fuertes sustentadas en valiosos puntos de vista y experiencia investigativa, un cierto grado de desigualdad y conexiones limitadas entre los distintos capítulos constituyen importantes debilidades de la mayor parte de las compilaciones. Otra carencia está en la falta de contrapeso crítico, ya que cada capítulo cubre un tema por separado. Sería extremadamente útil publicar manuscritos en los que expertos cubanos y extranjeros abordaran los mismos temas. En todo caso, ha existido una proliferación de proyectos intelectuales rigurosos que arrojan considerable luz y aumentan nuestra comprensión de las complejas realidades económicas de Cuba. La lista de tales publicaciones incluye excelentes volúmenes sobre ese tema en el período inmediatamente posterior a la caída del campo socialista (Halebsky y Kirk, 1992; Mesa-Lago, 1993) y en años más recientes (Ritter, 2004; Domínguez et al., 2004; 2012; 2018) sobre la industria azucarera cubana (Pérez-López y Álvarez, 2005); sobre el sector energético de Cuba (Benjamin-Alvarado, 2010), y sobre el proceso de reformas lanzado por Raúl Castro (Brundenius y Torres Pérez, 2014). Las compilaciones de 2013, editadas por Al Campbell (escritas solo por economistas cubanos) y por José Antonio Alonso y Pavel Vidal Alejandro (escritas por economistas de España y Cuba) también merecen una mención especial. Otras importantes colecciones sobre Cuba son publicadas regularmente por el Bildner Center for Western Hemisphere Studies (City University of New York, CUNY) y por la Association for the Study of the Cuban Economy (ASCE, actas de su conferencia anual).

Una lista completa de artículos referenciados de revistas sobre temas económicos relacionados con Cuba sería demasiado larga para ser incluida aquí. No obstante, deben mencionarse los de Carmen Diana Deere (1993), seguridad alimentaria; Claes Brundenius (2002), reformas económicas; Julio Cerviño y José María Cubillo (2005), turismo; Emily Morris (2008), inversión extranjera; Mesa-Lago y Vidal Alejandro (2010), impacto de la crisis global sobre Cuba; Julie M. Feinsilver (2010), servicios médicos; Alberto Gabriele (2011), socialismo de mercado; Ritter (2017), empresas privadas y cooperativas; y Vidal Alejandro y P. V. Viswanath (2018), sector no estatal. Los importantes estudios de Philip Peters (Instituto Lexington) sobre varios sectores de la economía cubana, la investigación sobre la agricultura llevada a cabo por William Messina, Fred Royce y otros expertos en la Universidad de la Florida, y los informes económicos sobre Cuba de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y de la Economist Intelligence Unit (EIU) también deben ser reconocidos.

 

Desafíos de la investigación

Por regla general, cuando se trata de desarrollos económicos resulta difícil comprender en su totalidad qué está pasando en Cuba sin viajar a ella. Por ejemplo, algunos académicos prominentes de los Estados Unidos han investigado la economía cubana durante décadas y producido excelentes estudios con análisis rigurosos, sin jamás haber visitado Cuba, pero esos estudios ciertamente se habrían beneficiado de actividades de investigación de campo. De hecho, algunos de los más influyentes especialistas cubanos que viven en el extranjero viajan regularmente a su país de origen y mantienen estrechos lazos con economistas en la Isla.

Sin embargo, llevar a cabo una investigación de campo en Cuba presenta serios desafíos para todos los académicos extranjeros. Ello es tanto más cierto para los procedentes de los Estados Unidos que deseen desarrollar estudios económicos. Dadas las problemáticas relaciones de larga existencia, entre Cuba y los Estados Unidos, los miembros de instituciones estadounidenses por lo general enfrentan dificultades adicionales para obtener una visa académica, ya que sus solicitudes reciben un examen extra de parte de las autoridades cubanas. Para completar sus actividades planificadas, los estudiosos de Estados Unidos a menudo no tienen otra alternativa que viajar a Cuba como turistas, lo cual les impide realizar entrevistas a funcionarios gubernamentales, complica sus esfuerzos de establecer vínculos con centros locales de investigación, y los obliga a mantener un bajo perfil  a fin de evitar problemas con las autoridades del país. Y para complicar aún más las cosas, los hombres de negocios extranjeros en Cuba por lo general están renuentes a compartir información sobre sus operaciones comerciales en la Isla. Dicho claramente, los visitantes extranjeros que investiguen la economía cubana tienen que ser creativos y persistentes si quieren tener éxito.

Cualquier intento de estudiar la economía cubana también es frenado por la falta de información estadística rigurosa y que pudiera considerarse confiable. A pesar de que la disponibilidad de información sobre la situación económica de la Isla ha mejorado notablemente durante la última década con la publicación regular en Internet del Anuario estadístico de Cuba y de informes oficiales adicionales de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), aún existen problemas con las cifras emitidas por el gobierno cubano y publicadas por organizaciones internacionales como CEPAL, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Solo para mencionar algunas cuestiones críticas, las series anuales a menudo están incompletas; falta regularmente un desglose detallado de algunas actividades económicas claves ya que ciertos indicadores nunca son incluidos en los informes oficiales, y el Producto Interno Bruto es calculado con una fórmula cubana cuyos resultados no son comparables con los de todos los demás países que emplean metodologías más convencionales. Además, debido a lo que los cubanos llaman el «bloqueo económico de los Estados Unidos», la información pública sobre la presencia de capital extranjero en Cuba está limitada básicamente a estadísticas sobre la evolución de las asociaciones económicas internacionales, por año, sector y país. Este método de reportar el nivel de inversión extranjera no da idea del valor o la importancia estratégica de las operaciones involucradas. La información irregular e incompleta no solo priva a los investigadores de los datos necesarios para entender la economía cubana, sino también conduce a la especulación de que el gobierno cubano oculta información, a fin de esconder noticias sobre malos resultados.

Por último, además de algunas contradicciones notables entre ciertos trabajos producidos fuera de Cuba y la verdadera situación económica en la Isla, aún existe una desconexión sustancial entre los investigadores académicos en los Estados Unidos y los de Cuba. A menudo estos estudiosos no se citan mutuamente en sus respectivos textos, participan en eventos académicos diferentes o hacen presentaciones en paneles distintos en las más importantes conferencias en los Estados Unidos y otros lugares (especialmente en las reuniones anuales de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA por sus siglas en inglés), y albergan ideas preconcebidas acerca de la economía cubana que complican la búsqueda de la verdad. Un mayor compromiso que incluya la investigación conjunta y otros tipos de asociación entre académicos de los dos países profundizaría su comprensión de las realidades económicas de Cuba y de las soluciones a sus más importantes problemas.

 

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