Los estudios sociológicos sobre Cuba desde 1993

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Resumen: 

El declive relativo de la sociología como disciplina en los Estados Unidos y Europa, junto con los obstáculos institucionales y burocráticos que impiden a extranjeros la investigación de la sociedad cubana, suscitan una ausencia relativa de trabajos sociológicos foráneos sobre Cuba 25 años atrás, y también en un éxodo a otras disciplinas, tales como la antropología y los estudios socioculturales, o una tendencia a incluir una dimensión social en estudios de otra índole. Además, los 90 vieron una tendencia marcada hacia estudios críticos (y algunos muy polémicos), examinado aspectos problemáticos de la sociedad cubana en un momento de crisis y trauma (y, según muchos, de desintegración). Hay excepciones excelentes, y una nueva dimensión del campo, que son los estudios sociológicos transnacionales, o de la misma diáspora o de los vínculos (por remesas) con la población isleña. Pero lo que falta todavía son estudios de la dimensión colectiva (y no solamente individual) de la sobrevivencia de la sociedad en el Período Especial, y de la Cuba rural o provincial, y no solamente la capitalina.

Abstract: 

The relative decline of sociology as a discipline, in the United States and Europe, together with the institutional and bureaucratic obstacles preventing foreign social research in Cuba, have led to an relative absence of non-Cuban sociological studies of Cuba in the last quarter of a century, as well as to a flight to other disciplines (e.g. anthropology and cultural studies), or to a tendency to include a social dimension in other discipline studies. Moreover, the 1990s produced a marked tendency towards critical (and often polemical) studies of problematic aspects of Cuban society at a moment of crisis and trauma (and, for some, of disintegration). There are excellent exceptions, and a new dimension to the field: transnational sociological studies, of either the diaspora itself or of the remittance links with the population in Cuba. But what is still missing are studies of the collective (and not just individual) strategies to survive the Special Period, and also studies of rural and provincial Cuba, going beyond the usual focus on Havana.

Lo primero que hay que reconocer en cuanto a los estudios sociológicos y antropológicos sobre Cuba, realizados por no cubanos, desde el inicio de los años 90, es su escasa presencia en relación con épocas anteriores. Ello se debe a un grupo de factores. Varios tienen que ver con los desafíos prácticos de la investigación. Por ejemplo, los que buscan la posibilidad de investigar dentro de Cuba, en una u otra disciplina, han tenido que enfrentar una resistencia institucional hacia ese propósito. Esta puede ser perfectamente comprensible, dada la obvia intención subversiva de la estrategia estadounidense del «Carril 2»,[1] a partir de 1992 (renacida en la época de Obama); así como la tendencia del sistema cubano de permitir un amplio espacio de debates internos, mientras limita el acceso a los de fuera, quienes, por intención o por accidente, pudieran «lavar la ropa sucia» públicamente. Por lógica que sea la explicación o la justificación de esta resistencia, la realidad es que para el investigador extranjero es difícil, y a veces imposible, conseguir la visa académica necesaria.

Sin embargo, hay investigaciones que han logrado llevarse a cabo con éxito, como por ejemplo la tesis doctoral de Kathy Riley (2009), de la Universidad de Sussex —lamentablemente nunca publicada—y la de Marisa Wilson (2014), entonces de Oxford, pero ahora investigando en Edimburgo. Las dos lograron superar la resistencia y los obstáculos, y produjeron estudios sofisticados, sutiles y detallados, una en un céntrico barrio de La Habana y la otra en una zona rural. Que solo haya excepciones no necesariamente es siempre responsabilidad de las autoridades cubanas; en ocasiones, la universidad europea o estadounidense obstaculiza el estudio al exigirle al investigador que cumpla las normas de su país para la disciplina, tales como permanecer suficiente tiempo dentro, o cerca, de la comunidad estudiada —algo casi imposible en Cuba, incluso si posee la visa—, organizar grupos focales y una serie amplia de entrevistas.

Como resultado de esas restricciones impuestas por la sociología como disciplina, en años recientes se nota una tendencia a escaparse hacia la antropología, más flexible que antes, y actualmente mucho más presente en las universidades. En Gran Bretaña, por ejemplo, la sociología se estudia mucho menos que en los 60 o los 70, y la mayoría de las investigaciones sociales se realizan dentro del ámbito de la antropología, muchas veces con adjetivos añadidos, como cultural, política o social. Y aunque, en teoría, la sociología pudiera hacer lo mismo para flexibilizarse, la realidad es que no sucede así, pues los estudiosos se limitan a hablar de «la sociología de», por ejemplo, la literatura, la ciencia, la historia—; es decir, el estudio de esas disciplinas con una dimensión social.

Esta última tendencia ha predominado en el campo sociológico, al estudiar algún aspecto de la realidad cubana. La obra de Ritter y Henken (2014) sobre el cuentapropismo cabe dentro de esta definición: analiza un sector definido como económico, buscando la evidencia a partir de entrevistas a los sujetos. En otros casos, puede verse «la sociología» en indagaciones que son más bien de la historia oral, entrevistas a un número reducido de miembros de un grupo sobre su situación actual, pero con cierta mirada al pasado y a la experiencia vivida por ellos.

En ocasiones, lo que suele llamarse antropología no es más que la disciplina creciente de los estudios socioculturales (cultural studies), el campo académico de más envergadura, prestigio y popularidad en los estudios latinoamericanos en los Estados Unidos y Europa occidental —lamentablemente de menos rigor. Es el caso de la tendencia, a partir de 1990, a realizar estudios «sociales» con la intención de buscar evidencia de la crisis social, ideológica o de valores, resultante del colapso tanto de la economía cubana como del mundo socialista, o sea del «proyecto revolucionario». En gran parte, se debe a las excelentes investigaciones realizadas por Mona Rosendahl (1997) y Susan Eva Eckstein (1994; 2003; 2009). La primera, a pesar de sus dificultades con las autoridades cubanas, nunca quiso hacer el estudio con esa intención, pero su libro Inside the Revolution…, tuvo una gran influencia en esa tendencia, junto con el de Eckstein, enfocado en el crecimiento del individualismo en la sociedad cubana. Las dos estudiosas inspiraron a toda una generación de investigadores que llegaban a Cuba para buscar más evidencia del «colapso del proyecto cubano», a través del estudio de temas como el jineterismo, los problemas de los homosexuales, la música rebelde de la juventud enajenada, la resistencia de base, el resurgimiento del racismo, los conflictos de género, etcétera.

Pero rara vez se han realizado estudios puramente sociológicos, sino más bien trans o interdisciplinarios sobre aspectos concretos (por lo general problemáticos) de la sociedad; muchos de ellos pertenecientes al campo de los cultural studies, unos honestos y rigurosos, y otros superficiales y con poca evidencia de lo estudiado.

Esa ausencia ha sido realmente preocupante, ya que una parte fundamental de la historia cubana, a partir de los 90, todavía está por escribirse: el estudio detallado y humano de la experiencia colectiva de las comunidades urbanas y rurales de sobrevivir durante la crisis y el llamado Período especial, y la de reconstruir, desde la base y con voluntad y compromiso, tanto la sociedad como el Estado; o sea, queda por escribir el estudio de la sobrevivencia colectiva, al lado de la individual.

 

Estudios destacados

Entre los estudios realizados en los últimos veinticinco años, que pueden ser ejemplos del enfoque sociológico o medio-sociológico, a diferencia de los antropológicos, se destaca la magistral obra de Katherine Gordy (2015), Living Ideology in Cuba: Socialism in Principle and Practice, uno de los mejores análisis de la ideología en Cuba como experiencia personal, a nivel de base, que combina sutilmente una comprensión matizada de la ideología revolucionaria con el conocimiento profundo de la sociedad cubana. Será difícil superar su agudo entendimiento de un aspecto tan incomprensible para muchos extranjeros.

Otra obra destacada es Conceiving Cuba: Reproduction, Women, and the State in Post-Soviet Cuba, de Elise Andaya (2014), cuya visión del papel y de la importancia de la reproducción y el género a partir de la crisis de los 90 se enfoca más en el nivel macro, pero nos ofrece un análisis igualmente matizado de la vida cotidiana de la mujer en Cuba, en tiempos difíciles.

Estos dos estudios me parecen excelentes, no solo por la calidad de la investigación y del análisis, sino también porque no es interés de las autoras utilizar la evidencia examinada para crear polémicas a favor o en contra del sistema cubano, o presentar pruebas de una sociedad en colapso, sino un análisis detallado e inteligente de una sociedad y un sistema en el proceso de adaptarse y sobrevivir, a nivel humano y de base.

Un tema recién abordado con mucha inteligencia y sutileza en esta etapa —y que exigía una interpretación externa desde hacía mucho tiempo— es el de la educación. Curiosamente, después de los estudios «clásicos» de los 60 y los 70, enfocados en su mayoría en el éxito espectacular de la campaña de alfabetización, no se han realizado muchos análisis foráneos del mundo educacional cubano, como si se hubiera estancado a partir de los 70. Pero dos investigaciones recientes han contribuido mucho a nuestro entendimiento del tema, no solo actualizándolo sino también examinando aspectos sociales de la experiencia de los cubanos: en primer lugar, Cuban Youth and Revolutionary Values: Educating the New Socialist Citizen, obra rigurosa, simpática y objetiva de Denise Blum (2011), quien interpretó el impacto de la experiencia educacional en la formación de valores del ciudadano cubano y nos abrió los ojos acerca de los efectos a largo plazo de las primeras décadas de la Revolución. En segundo, Education, Citizenship, and Cuban Identity, de Rosi Smith (2016), una interpretación, en el mismo ámbito, pero en otras dimensiones, de la experiencia —poco estudiada fuera de Cuba— de la municipalización de la enseñanza superior durante la llamada Batalla de Ideas, a inicios del siglo xxi. Ambos son notables, además, por el uso de entrevistas individuales a alumnos, graduados y profesores que experimentaron, de primera mano, ese mundo; o sea, ellas utilizaron elementos metodológicos de la sociología, aunque su enfoque iba más allá de esa disciplina.

Al examinar la literatura de índole social del período indicado, aparece claramente otra tendencia: el crecimiento del interés por lo transnacional, de la diáspora. Así, algunos de los estudios más destacados, dentro de la sociología, tienen como enfoque no la sociedad en la Isla, sino la comunidad —o mejor dicho, las comunidades— de los cubanoamericanos o de los que se benefician del vínculo con ellos, principalmente debido a las remesas.

La obra de Jorge Duany (2017), los muchos escritos de Guillermo J. Grenier (por ejemplo, Grenier et al., 2003), y los estudios de Eckstein (2009) son muestras impresionantes del tema que sobre la diáspora, realizadas con rigor, simpatía y sutileza. Duany y Grenier se enfocan en la diáspora en sí misma, como experiencia colectiva, con su propia identidad, alejándose de la tendencia anterior de explicar el porqué de la emigración (la realidad política de Cuba).

Aún no existe un estudio, a gran escala, del impacto de las remesas en Cuba. Este tema se ha visto reducido, hasta ahora, a artículos, ponencias, actas e informes que examinan fundamentalmente su impronta en los índices de igualdad y desigualdad (Eckstein, 2003), o su papel en la emergencia de pequeñas empresas (Orozco y Hansing, 2014).

Otra tendencia generalizada en los estudios sociales es el enfoque constante en La Habana. Tal vez sea inevitable dadas las limitaciones de investigación para los extranjeros, que conducen a estudios rápidos, poco minuciosos, elaborados a partir de una visita corta a la capital, a veces sin la visa correcta. Esto es lamentable porque un aspecto de la sociedad cubana de hoy, que exige estudios detallados a largo plazo, es la marcada diferencia entre La Habana y los núcleos urbanos o asentamientos rurales de otras provincias, así como en el ritmo en que se suceden los cambios en cada uno. Esa es realmente una historia que queda por escribir, la de millones de cubanos que no comparten las experiencias, las presiones, las atracciones, las ventajas y desventajas, los problemas y las desigualdades de los capitalinos.

El sendero indicado por Rosendahl (1997) y Wilson (2013) debe seguirse, pero hasta que se resuelva la contradicción entre lo que quiere realizar el investigador extranjero en Cuba y lo que se le permite hacer, esta realidad no se abrirá al mundo exterior.

Aunque lo mejor de los estudios sobre la sociedad cubana se lleva a cabo por cubanos —típicamente radicados en centros de investigación, escribiendo informes para consumo interno—, el mundo externo nunca los ve, ya que sus autores no tienen acceso fácil a los mecanismos normales de difusión académica en el extranjero debido a una extensa lista de factores, algunos accidentales y otros intencionales, y porque sus investigaciones quedan fuera del alcance de otros, en los estantes de las bibliotecas pequeñas, aunque académicamente ricas, de esos centros o institutos; accesibles al público, pero rara vez consultadas por extranjeros. Para que el mundo entienda mejor la realidad de Cuba (social, política, económica, cultural, etc.) tienen que cambiar los mecanismos de acceso de los estudiosos extranjeros a la información, porque, por el momento, solo ellos tienen la capacidad de difundir una visión no polémica de esa realidad.

 

Nota

[1] El «Carril 2» fue una de las estrategias de la Ley Torricelli. Apuntaba al empoderamiento de una «sociedad civil cubana» para impulsar cambios políticos en la Isla.

 

Bibliografía

Andaya, E. (2014) Conceiving Cuba: Reproduction, Women, and the State in Post-Soviet Cuba. New Brunswick, N.J.: Rutgers University Press.

Blum, D. (2011) Cuban Youth and Revolutionary Values: Educating the New Socialist Citizen. Austin: University of Texas Press.

Duany, J. (2017) «Cuban Migration: A Postrevolution Exodus: Ebbs and Flows». Migration Information Source, 6 julio. Disponible en <http://cort.as/-9R7S> [consulta: 21 agosto 2018].

Eckstein, S. E. (1994) Back from the Future: Cuba under Castro. Princeton University Press.

______ (2003) Diasporas and Dollars: Transnational Ties and the Transformation of Cuba. Working Paper 16, febrero. Cambridge: Inter-University Committee on International Migration, Center for International Studies, MIT.

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Gordy, K. (2015) Living Ideology in Cuba: Socialism in Principle and Practice. Ann Arbor: University of Michigan Press.

Grenier, G., Stepick, A., Castro, M. y Dunn, M. (2003) This Land is Our Land: Immigrants and Power in Miami. Berkeley: University of California Press.

Orozco, M. y Hansing, K. (2014) The Role and Impact of Remittances on Small Business Development during Cuba’s Current Economic Reforms. Working Paper series 69. Berlín.

Riley, K. (2009) An Ethnography of «Community Development» in A Neighborhood of Havana, Cuba. Tesis doctoral no publicada. Universidad de Sussex.

Ritter, A.R. M. y Henken, T. (2014) Entrepreneurial Cuba: the Changing Policy Landscape. Boulder, Col.: Lynne Reiner Publishers.

Rosendahl, M. (1997) Inside the Revolution: Everyday Life in Socialist Cuba. Ithaca, N.Y.: Cornell University Press.

Smith, R. (2016) Education, Citizenship, and Cuban Identity. Nueva York/Londres: Palgrave Macmillan.

Wilson, M. (2013) Everyday Moral Economies: Food, Politics and Scale in Cuba. Londres: RGS-IBG/Wiley-Blackwell.

______ (2014) La lucha (de provisiones): National and Local Moral Economies of Food Provisioning in Tuta, Cuba. Universidad de Edimburgo.