Los estudios de las relaciones internacionales y sobre Cuba en los Estados Unidos

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Resumen: 

Este ensayo analiza el desarrollo del campo de las Relaciones Internacionales y los principales marcos y paradigmas analíticos empleados, así como la influencia que han tenido en América Latina, incluida Cuba. Los paradigmas que más se han empleado son el realismo, el liberalismo, el constructivismo, el marxismo, el feminismo, el Colegio de Inglaterra y los constructos no paradigmáticos. Se presentan las universidades y los académicos más influyentes de los Estados Unidos, así como los debates más fundamentales, entre los que se incluye el papel de las Relaciones Internacionales en los análisis de la política exterior relacionada con Cuba.

Abstract: 

This essay examines the development of the field of International Relations and the major analytical frameworks and paradigms employed, together with their influence in Latin America including Cuba.   The paradigms most commonly employed are realism, liberalism, constructivism, Marxism, feminism, The English School, and non-paradigmatic constructs.  The most influential universities and scholars in the US and Latin America are noted, as are major debates, including the role of International Relations in analyzing foreign policy related to Cuba.

El campo de las relaciones internacionales se desarrolló con posterioridad a los estudios históricos y a la ciencia política, aunque recibió de ambos, e igualmente se vio estimulado por ellos. Cuando historiadores, politólogos y otros académicos comenzaron a dirigir su atención hacia los orígenes y consecuencias de los conflictos multinacionales de la primera mitad del siglo xx, se emplearon cada vez más los enfoques interdisciplinarios para comprender mejor la naturaleza de las relaciones entre las naciones y las sociedades. De este modo, en el período de 1914 a 1960 se produjo en dicho campo de estudio un desarrollo considerable a partir de la combinación de algunas disciplinas como la historia, la ciencia política, la economía, la psicología, la antropología, la sociología y el derecho, para explicar los acontecimientos que solían ser confusos. A Study of War (1942) y The Study of International Relations (1955), del politólogo Quincy Wright, así como la introducción de programas sobre Relaciones Internacionales en muchos centros de estudios superiores promovieron este enfoque. Coincidiendo con la última parte de este período se desarrollaron los estudios en este campo, estimulados, en cierta medida, por la competencia entre la Unión Soviética y los Estados Unidos no solo en Europa Oriental, Asia, África, América Latina y el Oriente Medio, sino también en el espacio ultraterrestre. Entre los años 60 y 70 del siglo XX proliferaron programas de estudios sobre América Latina y se observó un interés creciente por Cuba. En el mismo período igualmente se avanzó en la definición de las relaciones internacionales, particularmente en términos de teoría y metodología, con una competencia considerable entre los paradigmas realista, liberal, marxista y constructivista. Ya en los 80, esos estudios eran cada vez más diversos desde el punto de vista teórico, metodológico y epistemológico.

Bien entrada esa década los paradigmas predominantes en términos de investigación, publicaciones y docencia eran el realismo y el liberalismo y, en menor medida, el marxismo y el constructivismo. Sin embargo, en los últimos veinticinco años, el feminismo, la Escuela inglesa y los constructos analíticos no paradigmáticos se han hecho más comunes.

 

Los principales enfoques teóricos, según el politólogo Patrick Jackson

El realismo se caracteriza por un interés en el poder material coercitivo. Los Estados son su unidad primaria de análisis. El poder se interpreta básicamente en términos militares, y el poder militar de otros Estados representa el mayor peligro potencial para un Estado. El apalancamiento económico también se considera un importante elemento de la fortaleza nacional. Los realistas, por mucho tiempo, han rechazado nociones como las que plantean que el libre comercio o el progreso científico pudieran conducir a la paz a largo plazo, y analizan tales ideas como peligrosas quimeras. Consideran que la política internacional es un área «trágica» en el sentido de que las preocupaciones normativas y éticas no pueden cambiar un sistema caracterizado por una incesante competencia y por la amenaza de hostilidades abiertas. El neorrealismo, por su parte, se interesa por las vías en que la distribución mundial de las relaciones de poder moldea las acciones de los Estados (Jackson, s. f).

El liberalismo representa una perspectiva sobre la política internacional que percibe al Estado como la unidad de análisis, pero también incluye el derecho y las organizaciones internacionales y las no gubernamentales como factores cada vez más importantes en la política mundial. Los teóricos liberales rechazan la perspectiva realista que presupone que las relaciones internacionales son un juego de suma cero, y en su lugar las consideran como un sistema de interacciones que sostienen el potencial para un mutuo beneficio. De este modo, las conductas pacíficas y de cooperación a escala internacional son tanto posibles como deseables. Muchos liberales sostienen, igualmente, que el gobierno republicano y el capitalismo democrático tienden cada vez más hacia las relaciones armónicas entre los Estados, o proponen la «teoría de la paz democrática», según la cual las democracias liberales, por su esencia, no se inclinan a entrar en guerra entre sí. Los investigadores liberales contemporáneos de las relaciones internacionales habitualmente prefieren estudiar la interdependencia económica y política y las fuentes no militares de poder (por ejemplo, el poder económico y el «suave» —soft power), así como temas tales como los derechos de las minorías y asuntos relacionados con el libre comercio. Aunque el liberalismo, durante mucho tiempo, ha argumentado que la integración económica y política conduce a la paz, algunos académicos han demandado acciones militares ofensivas contra regímenes no liberales (Jackson, s. f).

Los constructivistas sostienen que la mayoría de los fenómenos que se manifiestan en la política mundial —como la soberanía de los estados, la identidad nacional, la legitimidad, las ideologías y las instituciones políticas— son el resultado de la acción social (es decir, «construidos») y por tanto no son inmutables. A través de este lente, son elementos medulares de la política mundial ideas (por ejemplo, la anarquía, el islam, el cristianismo, la libertad), identidades (el estadounidense, el occidental, el bandido, el extranjero) y normas (por ejemplo, el supuesto hecho de que la democracia es la forma apropiada de organización política). Esta proposición contrasta directamente con la perspectiva realista o liberal de que las ideas tienen poca importancia real para las medidas de influencia fundamentales, es decir, la distribución del poder o la acumulación de la riqueza. Si bien tiene sentido hablar sobre actores internacionales que presentan «intereses», estos se construyen a partir de normas, ideas y otros recursos culturales. Si las reglas y las normas que rigen el comportamiento pueden ser «reconstruidas», entonces pudieran sobrevenir nuevos patrones de conducta a escala internacional (Jackson, s. f).

El constructivismo se divide en dos «modos» o variantes (Jackson, s. f):

Los constructivistas realistas interpretan las realidades sociales y políticas no como estructuralmente determinadas, sino más bien como realizaciones de personas (por ejemplo, funcionarios del Estado, soldados, protestantes, académicos, expertos, reporteros) que actúan unidas en tiempos y espacios determinados. Se centran en el papel del poder conceptualizado como aspecto inherente a las prácticas sociales, particularmente la de la interpretación a través de la cual, por ejemplo, un atentado con bomba resulta definido como un acto de terrorismo. El constructivista realista investiga el modo en que las relaciones de poder operan en el contexto de situaciones particulares analizando las combinaciones recurrentes de tales prácticas con el fin de lograr resultados específicos. Para ello, prestan particular atención a las culturas y a las identidades de los actores en la escena internacional.

Los constructivistas liberales ponen menos énfasis en las acciones que en las ideas y normas que, en última instancia, residen en la mente de las personas. Al tiempo que aceptan que los factores materiales, entre los que se incluye la distribución del poder, son importantes, le atribuyen mayor relevancia aún a la superestructura de normas. Además, tales ideas y normas no pueden ser reducidas al poder material ni las restricciones materiales determinan la formación de ideas particulares. La investigación se enfoca en la comunicación transcultural y en temas tales como explicar la creación de normas (por ejemplo, la de los derechos humanos), su divulgación entre actores individuales y políticos, y sus efectos en la conducta de estos.

El feminismo, como un enfoque o teoría para el estudio de las relaciones internacionales, se presenta de muchas maneras, todas las cuales giran alrededor de las vidas de las mujeres y de las causas de los roles de género —o «política de género». La teorización feminista enfatiza que a los enfoques femeninos sobre las interacciones humanas y otros temas de interés no se les confieren una posición de equidad en el análisis y la práctica sociales. El feminismo busca no solo explicar los fenómenos históricos y los actuales, sino promover cambios en la política, la economía y las interacciones sociales. Entre las áreas de investigación se ha incluido buscar las razones de la devaluación de las contribuciones de las mujeres al mundo y las nuevas vías para emplear el pensamiento feminista para mejorar las vidas de aquellas. Al tiempo que todos los feministas concuerdan en que a las mujeres se les debe asignar cargos de poder —en todas las instituciones civiles y militares—, difieren en evaluar las consecuencias de tan significativos cambios, en caso de que ocurran. Mientras algunos (normalmente llamados «feministas liberales») sostienen que las mujeres en cargos de poder toman decisiones y ejercen el poder esencialmente como los hombres, otros («feministas de la diferencia») afirman que, en el campo de las relaciones internacionales, las teorías tradicionales de los realistas y liberales sobre estas reflejan descripciones androcéntricas de estados agresivos controlados por hombres, y que el mundo bien pudiera ser un lugar menos violento si las mujeres tuvieran mayor poder en los asuntos internacionales (Jackson, 2011: 2-4).

La Escuela inglesa emergió con fuerza en los años 70, en parte como un esfuerzo por trascender las limitaciones de los puntos de vista realista y liberal. Se enfocaba, en grado considerable, en la cuestión de cómo tener en cuenta la cooperación en el contexto de las relaciones internacionales frente al énfasis que el realismo y el liberalismo ponían en los conflictos y la competencia entre los Estados y los sistemas. Además, tiende a prestar menos atención que los realistas al papel de la anarquía internacional.

La Escuela se estructura alrededor de tres conceptos clave: sistema internacional, sociedad internacional y sociedad mundial. El sistema internacional se refiere principalmente a la política de poder entre Estados cuyas acciones están condicionadas por la estructura de la anarquía internacional. Una sociedad internacional existe cuando un grupo de Estados con ideas afines se conciben atados entre sí por un conjunto común de reglas que definen sus relaciones mutuas, y comparten el trabajo de instituciones comunes (Bull, 1977: 13). En otras palabras, la sociedad mundial es más significativa que la sociedad internacional porque las «unidades fundamentales de la gran sociedad de toda la humanidad no son los Estados [...] sino los seres humanos como individuos» (21). De este modo, la sociedad mundial trasciende el sistema Estado y toma a los actores individuales, no estatales y, en última instancia, a la población como el centro de las identidades y disposiciones de ella (Stivachtis, 2018: 3).

 

Publicaciones e influencias

Ya en los 80, por lo general se pensaba que el realismo dominaba el campo de las relaciones internacionales, pero las encuestas de publicaciones (véase Gráfico 1), así como la opinión en el ámbito académico, confirmaron que el liberalismo se empleaba con mayor frecuencia (Maliniak et al., 2011: 448). De hecho, en 1999, el constructivismo le tomó la delantera al realismo, que cayó a 15% a mediados de los 90. Cada vez más, la «teorización ecléctica» caracterizó los artículos de revistas más que los paradigmas tradicionales, especialmente el realismo, el liberalismo, el marxismo y el constructivismo. Se dedicaban más investigaciones a probar el valor explicativo de los paradigmas tradicionales y había más artículos que sintetizaban dos o más de ellos. Los marxistas se manifestaban sumamente escépticos frente a esas combinaciones (72%), seguidos de los realistas (70%). Un poco menos de la mitad de los liberales, los constructivistas y los no paradigmáticos estaban más abiertos a esa tendencia. A finales de los 90, se empleaba en el análisis una experimentación y una diversidad teórica considerablemente mayor que en los años 60 y los 70 (450), lo que se reflejaba en la investigación, en las publicaciones y en las aulas.

Gráfico 1. Resultados de la encuesta acerca de la literatura científica dedicada a cada paradigma en 2006 y 2008.

Fuente: Maliniak et al., 2011: 444.

Al tiempo que la teoría de las relaciones internacionales desarrollada en los Estados Unidos, ha influenciado grandemente a los académicos, los programas y las publicaciones en América Latina, se pueden identificar algunas diferencias. El surgimiento de la teoría de la dependencia y su perfeccionamiento en los años 70 y los 80 provocó un incremento de la atención sobre desarrollo desigual, interdependencia, colonialismo y neocolonialismo (Cardoso y Falleto, 1979), lo que repercutió en los paradigmas realista, liberal, constructivista y marxista. En los países de América Latina, donde se encuentran aproximadamente tres cuartos de los académicos del campo de las relaciones internacionales (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México), se han realizado encuestas que señalan igualmente que el uso de metodologías cualitativas predomina en relación con el uso de las cuantitativas a pesar de que, como en los Estados Unidos, las publicaciones latinoamericanas tienen preferencia por los trabajos con este último enfoque (véase Tabla 1). En Argentina, Chile, Colombia y México, el positivismo tiene mayor influencia que en los Estados Unidos o Europa (Duarte Villa y Souza Pimenta, 2014: 4-5). Sin embargo, en Brasil, los no positivistas y los pospositivistas son fuertes. No obstante, los paradigmas desarrollados en los Estados Unidos y en Europa continúan dominando, según se manifiesta en la literatura que se publica en esas regiones. Entre los académicos estadounidenses y europeos considerados más influyentes en trabajos de especialistas latinoamericanos, se incluye un número importante citado por universidades y estudiosos cubanos.

Fuente: Duarte Villa y Souza Pimenta, 2014: 14.

La politóloga británica J. Ann Tickner (2009) encontró que los cursos de teoría de las relaciones internacionales que se imparten en América Latina suelen reflejar la influencia del realismo clásico y neorrealista, así como del neoliberalismo clásico interdependiente. Los paradigmas marxistas se emplean menos (42). Los académicos Carlos Escudé y  Mohammed Ayoob han propuesto dos significativas modificaciones a la teoría de las relaciones internacionales. El primero ha argumentado a favor de la «teoría periférica», que constituye «la formulación de conceptos, hipótesis explicativas y juicios normativos aplicables específicamente a los Estados periféricos, es decir, los relativamente carentes de recursos de poder» (Escudé, 1998: 56). Ayoob (1998) ha sugerido el concepto de «realismo subalterno», mediante el cual «la experiencia de los subalternos en el sistema internacional es ampliamente ignorada por la historiografía elitista y por el sistema que popularizaron los neorrealistas y los neoinstitucionalistas» (44-5). Ninguna de estas dos teorías ha logrado predominar.

 

Cuba en el campo de los estudios de las relaciones internacionales

La difusión de las teorías y las metodologías estadounidenses y europeas sobre las relaciones internacionales ha sido estimulada por la asistencia de estudiantes de América Latina, incluida Cuba, a universidades de Europa y de los Estados Unidos, donde imparten docencia algunos de los académicos más influyentes. En 2015, la revista Foreign Policy y el proyecto Teaching, Research, and International Policy (TRIP) publicaron los resultados de una encuesta, realizada en 2014, a 1 615 académicos en 1 375 centros de estudios superiores principalmente de los Estados Unidos, que integraban la lista de los mejores programas doctorales sobre el tema. Correlacionando esas instituciones, y otras que tienen programas sobre Cuba o América Latina y el Caribe, se puede tener una noción del grado en que la Isla ha estado en el foco de interés en los mejores programas sobre relaciones internacionales. Los centros mejor posicionados fueron Harvard, desde hace mucho tiempo interesada en Cuba; la Universidad de Princeton (Nueva Jersey), la cual ha establecido proyectos de investigación y cooperación con cubanos, así como intercambios de estudiantes y profesores; la de Stanford, algunos de cuyos profesores han publicado libros sobre Cuba desde los años 70. Desde esa misma década, la Universidad de Columbia ha acogido a varios grupos de académicos y estudiantes cubanos y ha mantenido un programa de estudios sobre la Isla, que promueve la investigación y las publicaciones desde 2007. Sin embargo, pocos de entre los veinticinco mejores centros incluyen programas exclusivamente sobre Cuba; no obstante, un buen número de ellos ha desarrollado intercambios de estudiantes de pregrado y posgrado desde los años 90, pero el principal flujo se produce desde los Estados Unidos hacia Cuba. Por ejemplo, se estima que en el período 2015-16 había varios cientos de estudiantes estadounidenses cursando estudios en la Isla, mientras que únicamente 83 cubanos de pregrado y 47 de posgrado estaban matriculados en los Estados Unidos (García Castro, 2018). En los últimos años, menos de una docena de cubanos se ha matriculado en programas sobre Relaciones Internacionales en la Escuela de Relaciones Públicas e Internacionales de la Universidad de Columbia, en la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Americana, en la Universidad de Harvard (Cambridge) o en la de California en San Diego, entre otras. Pocos de los programas mejor acreditados incluyen a Cuba, aunque la mayoría enfatiza en los temas sobre América Latina (Véase Tabla 2).

 

Tabla 2. Programas e iniciativas sobre Cuba y/o América Latina en instituciones universitarias estadounidenses (ordenadas según la calidad de su programa en relaciones internacionales).

 

Institución

Programas/iniciativas

Universidad de Princeton

Red de Investigaciones sobre Cuba (Instituto Princeton de Estudios Internacionales y Regionales (PIIRS))

Universidad de Stanford

Centro de Estudios Latinoamericanos

Universidad de Columbia

Programa Cuba del Instituto de Estudios Latinoamericanos(ILAS)

Universidad de Yale

Consejo de Estudios Latinoamericanos e Ibéricos (CLAIS) —Iniciativa sobre Cuba

Universidad de Chicago

Centro de Estudios Latinoamericanos (CLAS)

Universidad de California en San Diego

Iniciativa Académica entre la Universidad de California y Cuba

Universidad de Michigan

Centro para Estudios Latinoamericanos y Caribeños(LACS)

Instituto Tecnológico de Massachusetts

Carrera de Estudios Latinos y sobre América Latina, disponible en la Escuela de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales

Universidad de California en Berkeley

Iniciativa Académica entre la Universidad de California y Cuba

Universidad de Oxford

Centro para América Latina (LAC)

Universidad de Cornell

Programa de Estudios sobre América Latina (LASP)

Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres

Centro sobre América Latina y el Caribe

Universidad Estatal de Ohio

Centro de Estudios Latinoamericanos (CLAS)

Universidad de Georgetown

Centro de Estudios Latinoamericanos

Universidad de Cambridge

Centro de Estudios Latinoamericanos

Universidad Johns Hopkins

Programa de Estudios sobre América Latina (Escuela de Artes y Ciencias Zanvyl Krieger)

Universidad George Washington

Estudios Hemisféricos y sobre América Latina (Escuela de Asuntos Internacionales Elliott)

Universidad de Nueva York

Centro de Estudios sobre América Latina y el Caribe (CLACS)

Universidad de Wisconsin en Madison

Programa de Estudios Ibéricos, sobre América Latina y el Caribe (LACIS)

Universidad de Minnesota

Estudios del Área de América Latina (LAAS)

Univ. Americana

Iniciativa sobre Cuba

Universidad de Duke

Centro de Investigación sobre. Latinoamérica y el Caribe

Universidad de Rochester

Disponibles a través del Departamento de Lenguas y Culturas Modernas, de la Escuela de Artes y Ciencias

Universidad de California en Los Ángeles

Iniciativa Académica entre la Universidad de California y Cuba

Todas las siglas corresponden a los nombres de los programas en inglés.

Fuentes: Foreign Policy y TRIP, 2015; González, 2018.

 

Política exterior y relaciones internacionales

A menudo se ha supuesto la influencia de los estudios sobre las relaciones internacionales en la formulación de la política exterior de un país, pero nunca se ha probado. De hecho, en un importante estudio realizado recientemente acerca de su papel en la configuración de la política exterior de los Estados Unidos, se llegó a la conclusión de que la influencia de académicos e institutos de investigación (think tanks) era limitada (Lowenthal y Bertucci, 2014). Entre las razones que se aducen está la tendencia de los responsables de formular políticas a considerar que los académicos tienden a estar más interesados en teorías abstractas que en recomendar soluciones concretas a los asuntos internacionales. Lowenthal y Bertucci (2014) y sus colegas sienten que a los hacedores de políticas les falta rigor analítico y que se interesan más en los procesos y los resultados que en la causalidad. Como consecuencia, el estudio concluye que existe una brecha en relación con la colaboración eficaz entre los expertos y los decisores de políticas. También limitan la influencia de los primeros en la formulación de la política exterior el escaso acceso de los decisores a los expertos y los problemas relativos al logro de una comunicación eficaz sin utilizar la jerga especializada. Además, las fuentes de investigación pueden estar sesgadas o presentar un conocimiento limitado acerca de las complejidades de temas específicos. Incluso, la toma de decisiones por parte de los gobiernos se realiza, en ocasiones, bajo presiones de tiempo, lo que no permite la revisión minuciosa de las recomendaciones de los especialistas. Por demás, tanto los grupos de presión como la política interna y la falta de voluntad política por parte de los funcionarios pueden disminuir el impacto de sus aportes.

En el caso de la decisión, adoptada en 2014, de normalizar las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, los especialistas tuvieron participación, aunque algo limitada. Si bien en los Estados Unidos los académicos tenían algún acceso al Departamento de Estado y al Consejo de Seguridad Nacional, la voluntad política del presidente y sus principales asesores fue probablemente más importante. La decisión de avanzar hacia la normalización fue facilitada por una serie de encuestas de opinión que ayudaron a reforzar la voluntad de los propios políticos y a reducir su miedo a una reacción pública negativa. Esto sugiere, sobre todo, que la influencia de los expertos en relaciones internacionales es limitada en relación con la política exterior, pero no nula de manera categórica (Crahan, 2016: 169-83). De ello se deriva que un breve análisis del papel de los expertos en las relaciones Estados Unidos-Cuba en los últimos veinticinco años puede dar la medida del papel de las relaciones internacionales en la formulación de la política exterior de cualquier país.

El estudio de las relaciones exteriores de Cuba en los últimos veinticinco años ha mostrado un patrón general que se hizo evidente antes de 1992 (Brenner, 1990), y se establece sobre dos amplias categorías de análisis. La primera se inserta en el entramado tradicional del realismo en las relaciones internacionales; la segunda, en el marco de la ciencia política tradicional basado en la toma de decisiones en política exterior.

El realismo tiende a percibir al Estado como un actor unitario que funciona racionalmente para intentar maximizar sus intereses nacionales. Los realistas tradicionales presuponían que todos los Estados tenían un interés fundamental en maximizar el poder, pero la escuela de pensamiento incluye a aquellos que enfatizan igualmente otros intereses nacionales. El factor clave que distinguía los estudios anteriores a 1992 era la medida en que ellos presuponían que Cuba poseía personalidad política propia, es decir, que era un actor independiente. La rúbrica del realismo incluía diversos análisis, desde los polémicos estudios que casi desestimaban la personalidad política de Cuba y la percibían como una marioneta de la Unión Soviética (Suárez, 1963; Ratliff, 1974); la idea de que su actuación estaba restringida severamente, pues tenía que depender de la ayuda y el apoyo logístico soviéticos para lograr sus propósitos (Duncan, 1985; Pastor, 1987); hasta el criterio de que la Isla como actor independiente tenía como objetivo desarrollar estrategias para defenderse a sí misma y/o defender a los países del Tercer Mundo de la dominación hegemónica de los Estados Unidos y Occidente (Domínguez, 1978; Blasier y Mesa-Lago, 1979; Erisman, 1985; Brenner 1990; LeoGrande y Kornbluh, 2014) o promover una alternativa Sur-Sur como respuesta al orden mundial encabezado por los Estados Unidos (Valdés, 1979; Landau, 2006).

A diferencia del realismo, el enfoque de la toma de decisiones en materia de política exterior se centra en aplicar la prudencia y tratar de sopesar la importancia de los factores claves, que puede variar en cada momento histórico particular. Tales factores incluyen la personalidad y la psicología de los principales responsables de tomar las decisiones, la ideología, la cultura (que puede relacionar la herencia de acciones previas), los intereses institucionales y de organización, las dinámicas organizacionales (por ejemplo, el flujo de información, el pensamiento grupal), la política interna (que contempla las metas o intereses de la élite, la opinión pública y los grupos de interés; la diáspora; el estado de la economía), los factores externos (la naturaleza de una amenaza u oportunidad en un momento dado, la presión de los aliados). De hecho, este enfoque presupone que los Estados actúan irracionalmente, es decir, en el sentido de que son inconsecuentes con sus intereses nacionales; y los analistas que trabajan bajo esta línea, se esfuerzan por explicar las causas de esa inconsecuencia. Algunos de ellos pueden, incluso, dirigir su mirada hacia los patrones de toma decisiones a lo largo del tiempo para discernir en qué medida existen manifestaciones de continuidad.

Con anterioridad a 1992, la academia estadounidense, en lo que respecta a la política exterior cubana, tendía a no apoyarse en la perspectiva basada en la toma de decisiones de política exterior. Una excepción notable lo constituía Edward González (1979), quien argumentaba que una explicación contextual colocaba a Cuba como actor que reaccionaba en las relaciones internacionales o como sustituto de la URSS, más que como una entidad compleja que respondía a los acontecimientos internacionales. Otros ejemplos que consideran esta perspectiva lo constituyen estudios sobre el ejército cubano (Walker, 1985; Klepak, 2012), la cultura (Pérez, 2008), la burocracia (Domínguez, 1978; Eckstein, 2004), la personalidad (González, 1979), las cambiantes circunstancias internacionales (Coatsworth, 2016; LeoGrande, 2017) y la política interna.

Desde 1992, se ha modificado el equilibrio entre ambos enfoques. Luego de la desaparición de la Unión Soviética, el mayor acceso a los funcionarios cubanos, más interacción entre académicos estadounidenses y de la Isla, así como el incremento de los viajes a ella, la academia de los Estados Unidos se ha inclinado hacia la categoría de análisis de toma de decisiones en política exterior. Para los que se inspiraban en la tradición realista, la cuestión sobre la personalidad política propia de Cuba ha dejado de ser un tema significativo. Los estudios realistas se enfocan en las estrategias de ese país para defenderse a sí mismo y/o a los países del Tercer Mundo de la dominación de los Estados Unidos y Occidente, o promover una alternativa Sur-Sur como respuesta al orden mundial liderado por esa nación (construcción de coaliciones que se apoya en organizaciones internacionales para ejercer presión, usando el poder suave y buscando aliados entre los países del Tercer Mundo). Algunos analistas de la toma de decisiones en materia de política exterior han intentado identificar patrones, pero la mayor parte de la actividad académica se ha enfocado en decisiones o factores específicos que pudieran explicarlas.

 

Conclusión

En los Estados Unidos, el futuro de los estudios sobre Cuba está muy vinculado a los acontecimientos políticos y económicos en ambos países, así como a las tendencias globales. Experimentaron avances en el período 2014-16, cuando la normalización de las relaciones entre los dos países incrementó sustancialmente el interés en ese campo de los centros de estudios superiores y de investigación. Sin embargo, la llegada de una administración estadounidense no interesada particularmente en el cambio redujo las iniciativas y los recursos. Si bien se han dado pasos continuos hacia la normalización iniciada durante la época de Obama, así como se ha avanzado específicamente en los intercambios académicos, culturales y científicos, la energía que existió entre 2014 y 2016 ha disminuido. Para recuperarla sería necesaria, sobre todo, una mayor voluntad política de ambas partes.*

 

Traducción: Rogelio Frank Luis Castro.

 

 

Notas

* La autora desea agradecer al profesor Philip Brenner (Universidad Americana) y a Teresa García Castro (Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos), quienes expusieron sus ideas sobre el tema de este ensayo en el taller El estado de los estudios cubanos en los Estados Unidos, celebrado el 21 de mayo de 2018 en Social Science Research Council, Barcelona, y a Natalia González (Universidad Brandeis), por su invaluable ayuda en la elaboración del presente texto.

 

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