Cubanos en los Estados Unidos. Estudios y evaluación crítica

Resumen: 

Los autores identifican los temas que han predominado en los estudios de los cubanos en los Estados Unidos, distinguiendo la importancia que inicialmente se les dio a investigaciones sobre el ajuste económico de los migrantes cubanos en los Estados Unidos, y la tendencia más reciente de favorecer temas de cultura e identidad. Mirando hacia el futuro, resaltan la necesidad de estudios de campo que examinen el ajuste de los flujos migratorios más recientes, sobre todo en vista de las nuevas condiciones creadas por la legislación cubana.

Abstract: 

The authors identify the predominant topics regarding the studies about Cubans in the United States, distinguishing the importance initially attributed to research about the economic adjustment of Cuban migrants in the United States, and the most recent trend to foster culture and identity topics. Looking forward the future, the highlight the need for field studies that examine the adjustment of the most recent migration fluxes, above all in view of the new conditions created by the Cuban legislation.

La Revolución cubana y la emigración numerosa y súbita que esta engendró despertaron, por primera vez, un interés en los Estados Unidos por estudiar la presencia cubana en este país. Las comunidades cubanoamericanas durante el siglo xix y la primera mitad del xx —sobre todo en Nueva York y la Florida—, pasaron prácticamente inadvertidas por aquellos estadounidenses que estudiaban los temas de inmigración y comunidades étnicas, a pesar de que dichos estudios eran campos de mucho auge, e incluso ayudaban a impulsar la sociología como disciplina académica en los Estados Unidos durante las primeras décadas del siglo xx. Sin embargo, el enfoque exclusivo, como era de esperar por su peso demográfico, estaba en la gran migración europea (1880-1930), que transformó de una forma fundamental la sociedad estadounidense. Las comunidades latinoamericanas de esa época, incluyendo la cubana, apenas figuraban como notas al pie en algunos estudios. Lo que se conocía de aquellas históricas comunidades cubanas en Nueva York, Tampa, y Cayo Hueso se encontraba en obras escritas en Cuba en torno al papel de la emigración en las luchas separatistas del siglo XIX.

Temas predominantes en el estudio de los cubanos en los Estados Unidos

Retrospectivamente podemos identificar cinco temas que hasta ahora han predominado en el estudio sociológico sobre los cubanos en los Estados Unidos, desde el triunfo de la Revolución. En este trabajo nos hemos limitado a los que se han publicado en ese país, o sea, los que forman parte del cuerpo de estudios cubanos:

  1. Características socioeconómicas y motivaciones de las primeras oleadas.
  2. La integración socioeconómica y el papel del enclave.
  3. El impacto de los cubanos en el área metropolitana de Miami.
  4. Cambios en la ideología política y sus implicaciones transnacionales.
  5. Estudios centrados en temas de cultura e identidad.

Características socioeconómicas y motivaciones de las primeras oleadas

La emigración cubana a partir de 1960 despertó el interés del público y la prensa estadounidense, debido a sus características socioeconómicas, atípicas como inmigrantes, y el contexto político de su salida de la Isla, enmarcada en el conflicto Estados Unidos-Cuba, que apenas se iniciaba. Se privilegiaba el estudio de esas características socioeconómicas del flujo migratorio, sus perfiles demográficos y, hasta cierto punto, sus motivaciones para emigrar a los Estados Unidos. Este tipo de investigación dio inicio en los años 60, al tema migratorio dentro de los estudios cubanos, que empezó con la publicación de Cuban Refugees in the United States, por John Thomas (1967); seguida de Cubans in Exile: Disaffection and the Revolution, de Richard R. Fagen, Richard A. Brody, y Thomas J. O’Leary (1968), y la del artículo innovador de Alejandro Portes, en 1969, titulado «Dilemmas of a Golden Exile: Integration of Cuban Refugee Families in Milwaukee», sobre la adaptación en esa localidad del llamado «exilio dorado». En esa fecha, Portes denominó a los primeros inmigrantes cubanos como «exiliados dorados» y en coautoría con Nelson Amaro (1972), en «Una sociología del exilio: Situación de los grupos cubanos en los Estados Unidos» calificó las motivaciones de las primeras oleadas como específicas del momento histórico de la época y de dudable aplicación a las oleadas posteriores.

Estas investigaciones iniciales establecieron lo que se convirtió en un axioma inmutable en el campo de los estudios cubanos: los cubanos que llegaron a los Estados Unidos durante los primeros años de la Revolución representaban un caso excepcional entre otros inmigrantes debido a las profundas transformaciones que estaban ocurriendo en el país de origen, lo que resultó en un flujo migratorio en el que estaban sobrerrepresentadas las clases altas, profesionales, y comerciales de la sociedad cubana.

Por supuesto, nadie sabía en aquel momento cuál sería la naturaleza o el alcance de las futuras migraciones cubanas a ese país, pero, en esta etapa inicial, Amaro y Portes (1972) las diferenciaron en función de sus características demográficas: La oleada del Puente Aéreo (1965-73), una migración más bien económica de perfil clásico, en lugar de política, con características de exilio, como la anterior (1959-62). En relación con los que llegaban por el Puente Aéreo, los factores de «atracción» superaban los de «empuje» al contrario de aquellos que abandonaron el país durante los años iniciales de la Revolución, motivados por los cambios dramáticos que ocurrían dentro de las estructuras socioeconómicas de la Isla.

Otros estudios señalaron las características socioeconómicas de la cohorte del Puente Aéreo, enfatizando su perfil algo más representativo de la sociedad cubana, con amplia representación de la clase trabajadora y de la pequeña burguesía, con sobrerrepresentación de los sectores de servicios dentro de ellas (Portes et al., 1977; Aguirre, 1976; Fox, 1971; Díaz-Briquets, 1983; Bach, 1982 y 1985).

Que ya se vislumbraban necesidades económicas y sociales en la que se veía como una comunidad exitosa se hizo evidente en el primer estudio global sobre la población cubanoamericana, realizado con apoyo del gobierno de los Estados Unidos, específicamente del Departamento llamado entonces Health, Education, and Welfare. Terminado en 1973 y encabezado por Lourdes Casal y Rafael Prohías, el informe de investigación enfatizó la situación económica vulnerable de la creciente población anciana cubanoamericana.

La inimitable Lourdes Casal contribuyó de numerosas maneras a la literatura y agregó también una dimensión política al análisis de las primeras oleadas, ya que la del Puente Aéreo no estaba compuesta de exiliados, sino más bien de inmigrantes. Ello contribuyó al desarrollo de una conciencia étnica que eventualmente llevaría a la definición de los cubanos en los Estados Unidos como parte de un grupo inmigrante minoritario, y no exclusivamente como exiliados. Casal señaló el surgimiento del enclave cubano como resultado de la creación de esta conciencia de inmigrante.

Debemos mencionar que el tema racial surge en los estudios cubanoamericanos solo después del éxodo por el puerto de Mariel, ya que la proporción de cubanos negros y mestizos estuvo bien representada en esa migración. Se ha estimado que más de un tercio de los 125 000 ciudadanos que emigraron desde ese  puerto  provenía de la población no blanca de Cuba, en su mayoría jóvenes. La naturaleza juvenil de la inmigración también introdujo el tema del conflicto generacional como un factor influyente en la creación de presiones migratorias (Díaz-Briquets, 1983; Bach, 1982 y1985).

El enclave y la integración socioeconómica

El mencionado artículo profético de Portes en 1969, no solo denominó a la primera oleada, sino conceptualizó y problematizó el proceso de integración de los cubanos en las estructuras socioeconómicas de los Estados Unidos. Su trabajo fue la campanada inicial de un corpus de investigación centrado en explicar la historia del éxito cubano. La bibliografía académica sobre cubanoamericanos estuvo matizada por la imagen del exilio dorado, exitoso, emprendedor, superior en características socioeconómicas al resto de la población inmigrante en ese país. El éxito relativo de los cubanos se había expresado hasta ese momento dentro del marco teórico de asimilación tradicional, basado en la selectividad socioeconómica de las dos primeras oleadas de migrantes (Meyer, 1974). La ventaja del capital humano, obtenido en Cuba por miembros de esas primeras oleadas, facilitó la asimilación estructural de la cohorte en la sociedad estadounidense.

En la década de los 80, entre los estudiosos seguía predominando el interés en la inserción económica de los cubanos en la sociedad norteamericana, pero los resultados del censo de 1980, unidos al espectáculo del Mariel, evidenciaban que estábamos ante una comunidad cada vez más heterogénea en su perfil socioeconómico. Si en efecto había un éxito cubanoamericano, ya no era posible aludir a factores de capital humano, o sea, a la selectividad socioeconómica de la emigración durante los primeros años de la Revolución. La situación se había complicado, y hacían falta nuevas explicaciones. En esa década surge la llamada teoría del enclave, con la publicación de un trabajo de Kenneth Wilson y Alejandro Portes (1980) sobre los de inmigrantes. Más tarde, la hipótesis del enclave fue desarrollada por Portes y Robert Bach (1985) quienes examinaron el papel del capital social en el ajuste económico de los cubanos en Miami, dentro de una comunidad con fuertes instituciones étnicas.

A mediados de los 80, se propusieron otras dos explicaciones complementarias a la teoría del enclave y que tampoco se basaban en factores de capital humano. Silvia Pedraza (1985) abogó por lo que ella consideraba como el estado inmigratorio favorable de los cubanos y la ayuda económica que el gobierno estadounidense les prestó. Por su parte, Lisandro Pérez (1986) enfatizó los factores a nivel del núcleo familiar, notó la importancia del empleo femenino, la baja natalidad, y la relevancia y contribución económica de un núcleo familiar que abarcaba tres generaciones.

Ya a finales de la década de los 1970, la atención a la variable de género había comenzado y alcanzó su apogeo en los 80, cuando los académicos describieron cómo —a diferencia de los hombres recién llegados— las mujeres cubanas continuaban teniendo bajos ingresos mucho después de su arribo a los Estados Unidos (Marx Ferrée, 1979). En 1979, el ingreso anual de estas era apenas superior al de la población femenina hispana en ese país (Pérez, 1986; Bernal, 1982; Prieto, 1987; Szapocznik, Scopetta y Tillman, 1978).

En suma, impulsados por la creación de una imagen de éxito económico, los estudios sobre los cubanoamericanos durante las décadas de los 60, 70 y 80 se centraban precisamente en la asimilación o integración estructural de esa población a la sociedad estadounidense, midiendo y cuestionando el grado en que el éxito era realidad e identificando las variables que han influenciado el ajuste económico de esa población a dicha sociedad. Por lo general eran estudios sociológicos. En los 80 los mencionados estudios llegaron a su ápice, para después decaer casi hasta su desaparición.

El impacto de los cubanos en el área metropolitana de Miami

Si bien algunos de los primeros trabajos sobre cubanos en los Estados Unidos antes de los 80 tuvieron lugar en el noroeste del país, los estudios sobre la integración y el enclave se basaron finalmente en una geografía específica: Miami. A principios de la década de los 80, en su libro The Cuban American Experience: Culture, Images, and Perspectives (1983), Thomas Boswell y James R. Curtis desarrollaron un perfil de los patrones sociales, económicos, culturales y demográficos de los asentamientos cubanos. Denominaron a la zona de Miami como la capital cubana estadounidense y superaron los análisis habituales de la integración cubana al incluir, en su revisión exhaustiva de la experiencia cubanoamericana, capítulos sobre el idioma, la religión, las artes, la cocina, la ideología política y la familia. Por otro lado, Raymond Mohl se enfocó en los conflictos raciales que ocurrieron después de llegar los cubanos a Miami; en particular entre estos y haitianos y afroamericanos, y el impacto que tuvo el desarrollo de la política étnica cubana en esos conflictos. Dieciséis años después, Guillermo J. Grenier y Max Castro (1999) observan el surgimiento de la animosidad racial entre cubanos, anglos y afroamericanos. En 1987, los trabajos periodísticos sobre Cuban Miami precedieron a los académicos en las obras de David Rieff, T. D. Altmann, y Joan Didion. Incluso, en 1980 la revista Time, en su famoso número sobre Miami, Paradise Lost, destacó la importancia, para bien o para mal, de los cubanos; pero el trabajo académico sobre la contribución de los cubanoamericanos en el desarrollo de Miami como ciudad global, no surge hasta la década de los 90 (Sassen y Portes, 1993).

Las publicaciones, entre otras, de Miami Now! (1992), City on the Edge (1995), Imagining Miami (1997), de Grenier y Alex Stepick; Portes y Stepick; y Sheila L. Croucher respectivamente, marcaron un hito en el análisis de esa ciudad como metrópoli cubana. Más tarde, el tema resurge con los trabajos de Melanie Shell-Weiss (2009), Coming to Miami, y de Jan Nijman (2011), Miami: Mistress of the Americas. Rosabeth Moss Kanter (1995), en World Class: Thriving Locally in the Global Economy, declara que Miami estaba a punto de convertirse en una ciudad de clase mundial debido, principalmente, a su carácter social latinoamericano (es decir, cubano). La singular contribución de María Cristina García (1996), con Havana USA, contextualiza el impacto cubano dentro de todos los elementos de Miami.

Cambios en la ideología política y la transnacionalización

Durante muchas décadas se asumió que la comunidad cubanoamericana en los Estados Unidos, en particular los que vivían en el enclave cubano del sur de la Florida, apoyaban las políticas aislacionistas de «línea dura» del gobierno estadounidense hacia la Isla. En 1990 comenzó a surgir una imagen más matizada de la opinión pública de esa comunidad, cuando el Cuba Poll de la Universidad Internacional de la Florida (FIU, por sus siglas en inglés) estableció una medida confiable y continua de las actitudes cubanoamericanas hacia las relaciones Estados Unidos-Cuba. El proyecto de investigación se inició en 1991 y ha servido para descastar la percepción, una vez axiomática, de que todos los cubanos en Miami apoyaban las políticas de línea dura hacia Cuba. Desde que, en 1993, Pérez desarrolló el concepto de «ideología del exilio», las encuestas han medido su declinar en la población cubanoamericana del sur de la Florida.

En la actualidad, la existencia de una diversidad de actitudes políticas dentro de la comunidad de origen cubano basada en la fecha de llegada a los Estados Unidos ha sido bien establecida en la literatura (Grenier y Pérez, 2003; Eckstein y Barberia, 2002; Eckstein, 2009; Girard y Grenier, 2008; Girard et al., 2012). Las distintas oleadas migratorias difieren respecto a las actitudes hacia el embargo, la afiliación a los partidos políticos estadounidenses, y otros aspectos, que muestran cambios en esas actitudes políticas (Girard et al., 2012; Grenier y Galdwin, 2014).

Las encuestas también revelan discrepancias entre la opinión de los inmigrantes más recientes y el resultado de los patrones de votación, que mantienen a los «ideólogos de la línea dura» como representantes regionales en Washington. Las explicaciones para esta discrepancia van de lo teórico a lo empírico. Carlos Forment (1989), en «Political Practice and the Rise of an Ethnic Enclave: The Cuban American Case, 1959-1979», abrió el camino al delinear las dinámicas geopolíticas que conducen al desarrollo del «enclave autoritario». Darío Moreno y Christopher Warren (1992) presentaron la dinámica del comportamiento electoral del «enclave conservador». El trabajo de Grenier con Chris Girard (2010) mostró empíricamente el impacto del «efecto del enclave» en la incubación de la ideología de línea dura. En 1999 aparece la obra de María de los Ángeles Torres, un amplio bosquejo de la creciente complejidad de la realidad política-ideológica de la comunidad cubana.

Una explicación del porqué se mantienen los intransigentes en Washington es explorada por los investigadores que analizan las actividades del cabildeo cubanoamericano en el Congreso. Lourdes Casal abrió esta línea de investigación en 1979 con su ensayo «Cubanos en los Estados Unidos: su impacto en las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba». El trabajo de Jonathan Smith (1998) trata de la influencia cubanoamericana durante los años del mandato de Bill Clinton; mientras que el de Trevor Rubenzer analiza el flujo del dinero empleado en cabildeo al servicio de intereses cubanoamericanos. Más recientemente, Pérez publicó «Cuban Americans and U.S. Cuba Policy» en el que traza, a través de varias etapas, la historia de la influencia cubanoamericana en la política de los Estados Unidos hacia Cuba.

El período transcurrido desde la década de los 90 también ha dado lugar a investigaciones sobre la naturaleza transnacional emergente de la migración cubana. Susan Eckstein, sola o con colaboradores, ha enfatizado en las fronteras porosas entre la Isla y su diáspora, así como las contribuciones de esta al desarrollo de la dinámica económica, social y política de la Isla (Eckstein y Barberia, 2002). El papel de las remesas se convirtió en tema importante desde la década de los 90, empezando con el trabajo de Sergio Díaz-Briquets y Jorge Pérez-López, y más tarde con los de Manuel Orozco (2002) y Susan Eckstein (2003).

Temas de cultura e identidad

Hoy en día los que escriben en el campo de las humanidades, literatura y arte, representan el grueso de los estudiosos de la realidad cubanoamericana. Solo hay que ver, como ejemplo, los programas de la conferencia de estudios cubanos y cubanoamericanos que celebra FIU bienalmente, así como la también bienal conferencia de Latinos en Estados Unidos convocada por Casa de las Américas. De manera ilustrativa, se pueden mencionar las obras de Gustavo Pérez-Firmat, Eliana Rivero, Emilio Bejel, Iraida López, Alan West-Duran, Ruth Behar, José Quiroga, y representantes de nuevas generaciones, como Ariana Hernández-Reguant, Albert Laguna, Antonio López, Alexandra Vázquez, y Yeidy Rivero.

En estos estudios humanísticos se destacan temas como: la cubanidad y la «cubanoamericanidad», qué es ser cubano o cubanoamericano en los Estados Unidos, manifestaciones de lo segundo tanto en la literatura y el arte como en la cultura popular, asuntos lingüísticos relacionados con el habla cubanoamericana, la identidad cubana vs. identidad «latina», narrativas de género, raza, y sexualidad, etcétera.

Debido a  la actual primacía de los estudios humanísticos por encima de los sociológicos de asimilación estructural que predominaban en la primera época, planteamos brevemente tres cuestiones.

  • El agotamiento de la imagen del exilio dorado, al paso que los cubanoamericanos se convertían en una población más diversa socioeconómicamente, imposible de caracterizar de una forma estereotípica.
  • El éxito, en su tiempo, de los estudios sociológicos en  explicar la complejidad de la asimilación estructural de los cubanoamericanos.
  • Quizás de mayor importancia, el surgimiento de una segunda y hasta tercera generación, no solamente en la población cubanoamericana en general, sino también entre los estudiosos mismos. Cuando la primera generación predominaba, ni remotamente figuraba una preocupación en estudiar la identidad. La inquietud por la esencia de qué es lo cubano o lo cubanoamericano, y el contenido de una cultura cubanoamericana en todas sus manifestaciones depende de la existencia de generaciones subsiguientes. Es más, se convierten en temas primordiales. Podemos aseverar que entre los muchos estudiantes cubanoamericanos que, a través de los años, nos han expresado interés en seguir una carrera académica en el estudio de la presencia cubana en los Estados Unidos, muy pocos prefieren estudiar la situación socioeconómica de la comunidad y su inserción estructural en la sociedad norteamericana. Siempre nos hablan de identidad y temas culturales.

El futuro de los estudios sobre cubanos en los Estados Unidos

Las últimas tendencias en los estudios sobre cubanos en los Estados Unidos apuntan a un mayor énfasis en entender la creciente diversificación y crecimiento de la comunidad cubanoamericana, que cada día se hacen más evidentes. La identidad y la diversidad generacional, racial, de feminismo y de sexualidad, la diferenciación política según la etapa de llegada, y la «latinización» de los cubanos  evidencian la  toma de una posición protagónica en el desarrollo de los estudios.

 

Generación

¿Cuál es el destino de la segunda, tercera, y hasta cuarta generación de cubanoamericanos? ¿Cómo se integrarán en el sistema de estratificación de los Estados Unidos? Las encuestas muestran que los miembros de la segunda generación (nacidos en los Estados Unidos) son mucho más conciliadores que sus padres en sus puntos de vista respecto a la política que se debe seguir hacia Cuba. Así mismo se manifiesta, en los cubanos que no viven dentro de la insularidad del enclave miamense y, por lo tanto, es menos probable que hayan mantenido una ideología de exilio. También se ha observado que, en Miami, los de las generaciones subsiguientes no comparten las actitudes políticas de sus padres (Hill y Moreno, 1996).

 

Raza

La raza es un tema emergente, pero aún poco abordado dentro de los estudios cubanoamericanos. Los trabajos de Antonio López (2012), C. Alison Newby y Julie A. Dowling, y los de Gastón Fernández (los dos últimos de 2017), sirven como ejemplos de los pasos iniciales que se han dado para hacer de la raza un tema central. El libro de Frank Andre Guridy (2010) sobre la relación entre afrocubanos y afroamericanos en los primeros años de la República (1902-1958) provee un útil contexto para estos estudios.

 

Género, sexualidad, y feminismo

La sexualidad y las dimensiones actuales de las comunidades LGBTI también ofrecen un campo fértil para futuras investigaciones. En 2017, los enfoques intersectoriales utilizados en la investigación de las comunidades LGBTI, como el de Yolanda Martínez-San Miguel en su análisis de las perspectivas queer, así como feministas en el trabajo de Lourdes Casal, contribuirán a la comprensión de la sexualidad y la migración. Se pueden mencionar también los trabajos de Cristy Road y de Julio Capó, Jr.

 

Ideología política y etapa de llegada a los Estados Unidos

Los inmigrantes más recientes (desde 1995), al igual que los miembros de la segunda y tercera generaciones, son más propensos a registrarse como demócratas o independientes, pero también menos de la mitad ha adoptado la ciudadanía estadounidense. Si se convierten en votantes, estos cubanos tienen la capacidad de cambiar el panorama electoral en el sur de la Florida.

 

Identidad y «latinización» de los cubanos

El perfil socioeconómico de los cubanoamericanos se está acercando a otros grupos de inmigrantes de los Estados Unidos, en términos de su agenda política, social y económica. Probablemente habrá una mayor integración cultural y política con otros grupos latinos. Ya hay indicaciones de que las etiquetas «pan-étnicas» rechazadas por la primera generación, han hecho incursiones dentro de la segunda y tercera generaciones de cubanoamericanos. El trabajo de  Pérez, basado en el estudio longitudinal «Children of Immigrants in America», precisa que, entre los niños de origen cubano en las escuelas secundarias en Miami, 30% se identificó, en 1996, como «hispano»; y como «latino» en 2001. Esas identidades no se derivaban de sus padres, quienes se consideraban puramente «cubanos».

Asimismo, algunas investigaciones han demostrado que los cubanos comparten con otros latinos en la Florida el interés en mantener y expandir la cobertura de atención de la salud presentada en la Ley de Atención Médica Asequible (Aysa-Lastra, Grenier y Gladwin, 2014). Esta y otras áreas de cooperación con las poblaciones latinas —algo que tradicionalmente no ha sucedido— se hace posible gracias a la diversificación de la población cubanoamericana.

Una fuerte identidad insular y un sentido de excepcionalidad son principios muy arraigados en la cultura cubana, que preceden por siglos a la presencia cubana actual en los Estados Unidos. ¿Se producirá la desaparición de la excepcionalidad a medida que avance el proceso de «latinización»?, ¿o habrá límites para el grado de integración e identificación con otros grupos inmigrantes y latinos, como se destaca en el popular lema: «No soy hispano, soy cubano»?

Conclusiones

Hay una necesidad apremiante de regresar al tema de la pregunta que animó los primeros estudios sobre cubanoamericanos: ¿cómo les va a los cubanos en los Estados Unidos?

Las indicaciones preliminares nos dicen que no muy bien, o sea, muy lejos del exilio dorado. Recientemente el Buró del Censo de los Estados Unidos (US Census Bureau) divulgó los resultados de su muestra anual, el Current Population Survey, correspondiente a 2015. Por primera vez en esta serie oficial, el ingreso medio en dólares del hogar cubanoamericano (44 588) resultó inferior al de la población latina o hispana de los Estados Unidos (44 782), situación que no nos podíamos haber imaginado en la era del «exilio dorado» (US Census Bureau, 2016).

Nos asomábamos un poco a este problema cuando en la década de los 90 Portes, Rubén Rumbaut, y Pérez realizaron un estudio de campo sobre la segunda generación, los hijos de inmigrantes de diversos países de origen (Children of Immigrants Longitudinal Study). El estudio incluía una muestra bastante nutrida de hijos de cubanos en Miami, y se enfocaba en factores que afectaban movilidad social, sobre todo aspiraciones y éxito escolar. La muestra de los escolares cubanos mostraba un alto grado de diferenciación entre sí. Por un lado, estaban los estudiantes en las escuelas privadas y los que asistían a escuelas en barrios de altos ingresos. En el polo opuesto, en términos de aspiraciones, logros educacionales, y hasta tasa de deserción escolar estaban estudiantes con menos ventajas entre los cuales se destacaban los hijos de los emigrados por el Mariel. Era una indicación de una segmentación dentro de la población cubana (Portes y Rumbaut, 2001; Rumbaut y Portes, 2001).

En 2015, Portes y Puhrmann estudiaron el contraste entre el nivel económico y empresarial de los cubanos que arribaron antes del Mariel y los que llegaron después. Ello confirmaba lo que ya sabíamos (algo que Grenier ha demostrado ampliamente con respecto a la cultura política, a partir de los resultados del Cuba Poll, de la FIU): en cualquier estudio sobre la población cubanoamericana —no importa el tema—, el año o etapa de llegada a los Estados Unidos es una variable independiente imprescindible. Como algunos autores anotaron en un artículo publicado en 2007: «There are Cubans, and there are Cubans, and there are Cubans» (Grenier et al., 2007).

Todas estas indicaciones nos llevan a pensar que el descenso en el ingreso medio de las familias cubanoamericanas en relación con otros latinoamericanos se debe no a un empeoramiento general en el nivel económico de los de origen cubano, sino a una mayor estratificación social, relacionada más que nada por la nueva etapa de llegada a los Estados Unidos, y en la cual está en aumento un sector situado en niveles inferiores de la escala económica/ocupacional.

Ante esta tendencia, se hace más apremiante entender el proceso de integración socioeconómica de los que han llegado de Cuba en años más recientes. No obstante esa evidente necesidad en nuestros estudios sobre la población cubanoamericana, no podemos señalar ni un solo estudio de campo que se haya enfocado sobre los factores que han influido en la inserción estructural de la ola migratoria más reciente y la más numerosa en la historia de la emigración cubana: los que han llegado a partir de los acuerdos migratorios de 1994-95, o sea, desde hace ya más de veinte años.

Para entender realmente cómo estos emigrantes se han adaptado económicamente en este país, es necesario emprender estudios de campo diseñados para desmenuzar los procesos de adaptación, sobre todo si tenemos en mente que esta ola más reciente aparentemente está caracterizada por algo que antes nunca llegó a ser un factor importante: un contacto intenso, incluso fuertemente económico y posiblemente recíproco, con sus familiares residentes en Cuba. Sin duda, estamos ante un mundo nuevo en términos del cuadro migratorio cubano.

La ley promulgada en enero de 2013 por el gobierno cubano ha hecho posible que un emigrante, después de recibir su residencia estadounidense tras permanecer en ese país un año y un día, pueda regresar a Cuba, incluso a vivir permanentemente, dentro de los 24 meses siguientes a la salida del país. O sea, por primera vez se da, en el caso cubano, lo que es bastante típico en la migración a nivel global: la migración circular.[1] En enero de 2017, el periódico Granma publicó que desde que la ley de 2013 entró en vigor, 671 000 residentes en Cuba viajaron al exterior. Hasta la fecha de la noticia, 45% de ellos había regresado a Cuba y la mayoría de los restantes todavía estaba dentro de los 24 meses permitidos para el regreso. Solo 9,6% eligió no regresar (o se vio obligado a hacerlo por determinadas circunstancias personales) en tiempo (Gómez, 2018: 1). Esta nueva modalidad, que hubiera resultado insólita e impensable en los años 60 y los 70, presenta un nuevo contexto para el desarrollo de las actividades económicas de los inmigrantes cubanos de la ola más reciente.

A diferencia de las olas migratorias anteriores, los recién llegados (desde 1995) tienen como prioridad la comunicación con sus familiares y amigos en Cuba. También envían más remesas —aunque tienen menos ingresos— que los que llegaron anteriormente; y viajan más frecuentemente a la Isla.

Estos cubanoamericanos cuya motivación es visitar, ayudar a familiares y amigos, y apoyar a las empresas en Cuba, representan un importante punto de contacto entre las comunidades de los dos países. Sin embargo, sabemos muy poco sobre los procesos involucrados en esta existencia transnacional y cómo impacta en la vida social de la Isla y la diáspora.

Como evidencia anecdótica podemos señalar algunas de nuestras experiencias y observaciones sobre el intenso transnacionalismo que caracteriza esta nueva etapa de las relaciones entre la Isla y su diáspora:

  • El surgimiento en Miami de un gran número de establecimientos que sirven un amplio y también especializado mercado de envíos o relacionados con viajes a Cuba, como los mercados que venden la llamada «pacotilla»: bolsos de viaje, teléfonos móviles y recargas de cuenta para su uso en Cuba, uniformes escolares cubanos, y piezas de repuesto para los antiguos Lada y Moskvitch.
  • Personas que viajan de forma rutinaria y frecuentemente a través del Estrecho de la Florida, en la mayoría de los casos portando bienes relacionados con usos empresariales en Cuba; por ejemplo, llantas para automóviles norteamericanos antiguos y cargamentos de losas de piso.
  • Por primera vez hemos tenido la experiencia de que un amigo en Cuba nos da el encargo de llevarle a un familiar en Miami una cantidad de dólares —una especie de remesa a la inversa.
  • Se puede anticipar las cuestiones investigativas que se deprenden de este nuevo contexto migratorio:
  • ¿Podemos llegar a un estimado confiable de la incidencia, modalidades, y monto de las actividades económicas de emigrados cubanos que están relacionadas con el contacto intenso y sostenido con la isla?
  • ¿De qué manera la migración circular y el mencionado contacto representan un factor positivo en la adaptación económica de los emigrados cubanos? Más específicamente, ¿han surgido en el enclave nuevas oportunidades empresariales y de empleo relacionadas con la venta y envío de productos a Cuba o con la inversión en el sector privado en la Isla?
  • ¿De qué manera la migración circular y el contacto intenso y sostenido con la Isla representan un factor negativo en la adaptación económica de los emigrados cubanos? Más específicamente, ¿representan las actividades económicas relacionadas con la Isla un desgaste de los recursos económicos de los emigrados cubanos?
  • ¿Qué papel tiene la socialización en Cuba en la adaptación económica de los emigrados?  Hemos visto cómo los migrantes de las primeras oleadas se beneficiaron del capital humano que adquirieron como parte de esa socialización. ¿Cuáles son los beneficios o desventajas que la socialización en Cuba les aporta a los recién llegados?

Naturalmente, a estas cuestiones relacionadas con el nuevo contexto migratorio hay que añadirles análisis de los factores de capital humano y mercado laboral en el enclave, como variables en el estudio de la adaptación económica.

En última instancia, el futuro de los estudios sobre cubanos en los Estados Unidos descansa sobre nuevos investigadores que se dediquen a entender las muchas dimensiones de la diversa y cambiante realidad de la presencia cubana en ese país.

 

Nota

[1] En ocasiones, y por determinadas circunstancias, el tiempo para obtener la residencia puede extenderse y superar el límite de 24 meses establecidos para cumplir con la ley cubana. Por lo tanto, en este caso, algunos se convierten en inmigrantes permanentes, no porque lo hayan elegido, sino por la demora del gobierno de los Estados Unidos en efectuar los trámites; y, a veces, por razones propias del migrante.

 

 

Bibliografía

Aguirre, B. (1976) «The Differential Migration of Cuban Social Races». Latin American Research Review, v. 11, n. 1.

Altmann, T. D. (1987) Miami: City of the Future. Gainesville: University Press of Florida.

Amaro, N. y Portes, A. (1972) «Una sociología del exilio: Situación de los grupos cubanos en los Estados Unidos». Aportes, v. 23, enero.

Aysa-Lastra, M., Grenier, G. J. y Gladwin, H. (2014) «Exile Identity and Attitudes toward Social Policies among Cuban Americans in Florida». En: Un Pueblo Disperso: Dimensiones sociales y culturales de la diáspora cubana. Duany, J. (ed.), Valencia: Aduana Vieja.

Bach, R. (1982) «The New Cuban Exodus». Caribbean Review, v. 11.

______ (1985) «Socialist Construction and Cuban Emigration: Explorations into Mariel». Cuban Studies, v. 15.

Bernal, G. (1982) «Cuban Families». En: Ethnicity and Family Therapy. McGoldrick, M., Pearce, J. y Giordano, J. (eds.). Nueva York: The Guilford Press.

Boswell, T. y Curtis, James R. (1983) The Cuban-American experience: Culture, Images, and Perspectives. Totowa: Rowman and Allanheld.

Capó, J., Jr. (2017) Welcome to Fairyland: Queer Miami before 1940. Chapel Hill: The University of North Carolina Press.

Casal, L. (1979) «Cubans in the United States: Their Impact on U.S.-Cuban Relations». En: Revolutionary Cuba in the World Arena. Weinstein, M. (ed.), Filadelfia: Ishi.

Casal, L. y Prohías, R. (1973) The Cuban minority in the U.S.: preliminary report on need Identification and Program Evaluation. Nueva York: Arno Press. Disponible en <https://searchworks.stanford.edu/view/1448777> [consulta: 13 septiembre 2018].

Croucher, S. L. (1997) Imagining Miami: Ethnic Politics in a Postmodern World. Charlottesville: University Press of Virginia.

Díaz-Briquets, S. (1983) «Demographic and Related Determinants of Recent Cuban Emigration». International Migration Review, v. 17.

Díaz-Briquets, S. y Pérez-López, J. (1997) «Refugee Remittances: Conceptual Issues and the Cuban and Nicaraguan Experience». International Migration Review, v. 31, n. 2, 411-37.

Didion, J. (1987) Miami. Nueva York: Vintage Books.

Eckstein, S. (2009) The Immigrant Divide: How Cuban Americans Changed the U.S. and Their Homeland. Nueva York: Routledge.

Eckstein, S. y Barberia, L. (2002) «Grounding Immigrant Generations in History: Cuban Americans and Their Transnational Ties». International Migration Review, v. 36, n. 3, 799-837.

Fagen, R. R., Brody, R. A. y O’Leary, T. J. (1968) Cubans in Exile: Disaffection and the Revolution. Stanford: Stanford University Press.

Fernandez, G. (2007) «Race, Gender and Class in the Persistence of the Mariel Stigma Twenty Years after the Exodus from Cuba». International Migration Review, v. 41, n. 3, 602-22.

Forment, C. (1989) «Political Practice and the Rise of an Ethnic Enclave: The Cuban American Case, 1959-1979». Theory and Society, v. 18.

Fox, G.E. (1971) «Cuban Workers in Exile». Trans-Action, v. 8.

García, M. C. (1996) Havana USA: Cuban exiles and Cuban Americans in South Florida, 1959-1994. Berkeley: University of California Press.

Girard, C. y Grenier, G. J. (2008) «Insulating an Ideology: The Enclave Effect on South Florida’s Cuban Americans». Latino Journal of Behavioral Sciences, v. 30, n. 4, 530–43.

Girard, C., Grenier, G. J. y Gladwin, H. (2012) «Exile Politics and Republican Party Affiliation: The Case of Cuban Americans in Miami». Social Science Quarterly, v. 93, n. 1, 42-57.

Gómez, S. A. (2018) «Cuba trabaja por una política migratoria adaptada a su tiempo». «Actualización de la política migratoria». Granma, 6 de septiembre, 1.

Grenier, G. J. y Stepick, A. (1992) Miami Now!: Immigration, Ethnicity, and Social Change. Gainesville: University of Florida Press.

Grenier, G. J. y Pérez, L. (2003) The Legacy of Exile: Cubans in the United States. Boston: Allyn and Bacon.

Grenier, G. J. y Gladwin, H. (2014) 2014 FIU Cuba Poll: How Cuban Americans in Miami View U.S. Policies Toward Cuba. Miami: Cuban Research Institute.

Grenier, G. J. y Castro, M. (1999) «Triadic Politics: Ethnicity, Race and Politics in Miami, 1959-1998». Pacific Historical Review, v. 68, n. 2, 271-92.

Grenier, G. J., Pérez, L. Chang Chun, S. y Gladwin, H. (2007) «There are Cubans, There are Cubans, and There Are Cubans: Ideological Diversity among Cuban Americans in Miami». En: Latinos in a Changing Society. Montero-Sieburth, M. y Meléndez, E. (eds.), Westport: Praeger Publishers.

Guridy, F. A. (2010) Forging Diaspora: Afro-Cubans and African Americans in a World of Empire and Jim Crow. Chapel Hill: University of North Carolina Press.

Hill, K. y Moreno, D. (1996) «Second-Generation Cubans». Hispanic Journal of Behavioral Sciences, v. 18, n. 2, 175-93.

López, A. (2012) Unbecoming Blackness: The Diaspora Cultures of Afro-Cuban America. Nueva York: New York University Press.

Martínez-San Miguel, Y. (2017) «Fantasy as Identity: Beyond Foundational Narratives in Lourdes Casas». Cuban Studies, v. 45.

Marx Ferrée, M. (1979) «Employment without Liberation: Cuban Women in the United States». Social Science Quarterly, v. 6, n. 1, junio, 35-50.

Meyer Rogg, E. (1974) The Assimilation of Cuban Exiles: The Role of Community and Class. Nueva York: Aberdeen Press.

Mohl, R. (1983) «An Ethnic “Boiling Pot”: Cubans and Haitians in Miami». Journal of Ethnic Studies, v. 13.

Moreno, D. y Warren, C. (1992) «The Conservative Enclave: Cubans in Florida». En: From Rhetoric to Reality: Latino Politics in the 1988 Elections. De la Garza, R. O. y DeSipio, L. (eds.), Boulder: Westview Press.

Moss Kanter, R. (1995) World Class: Thriving Locally in the Global Economy. Nueva York: Simon and Schuster.

Newby, C. A. y Dowling, J. L. (2007) «Black and Hispanic: The Racial Identification of Afro-Cuban Immigrants in the Southwest». Sociological Perspectives, v. 50, n. 3, 343-66.

Nijman, J. (2011) Miami: Mistress of the Americas. Filadelfia: University of Pennsylvania Press.

Orozco, M. (2002) Challenges and Opportunities of Marketing Remittances to Cuba. Washington DC: Inter-American Dialogue.

Pedraza, S. (1985) Political and Economic Migrants in America: Cubans and Mexicans. Austin: University of Texas Press.

Pérez, L. (1986) «Immigrant Economic Adjustment and Family Organization: The Cuban Success Story Reexamined». International Migration Review, v. 20, n. 1, 4-20.

______ (1992) «Cuban Miami». En: Miami Now!: Immigration, Ethnicity, and Social Change. Grenier, G.J y Stepick, A. (eds.), Gainesville: University of Florida Press.

______ (2001) «Growing Up in Cuban Miami: Immigration, the Enclave, and New Generations». En: Ethnicities: Children of Immigrants in America. Rumbaut, R. y Portes, A. (eds.), Berkeley: University of California Press/ Russell Sage Foundation Press.

______ (2014) «Cuban Americans and U.S. Cuba Policy». En: Diaspora Lobbies and the U.S. Government: Convergence and Divergence in Making Foreign Policy. DeWind. J. y Segura, R. (eds.), Nueva York: New York University Press/The Social Science Research Council.

Portes, A. (1969) «Dilemmas of a Golden Exile: Integration of Cuban Refugee Families in Milwaukee». American Sociological Review, v. 34, n. 4, agosto, 505-18.

Portes, A., Clark, J. M. y Bach, R. L. (1977) «The New Wave: A Statistical Profile of Recent Cuban Exiles to the United States». Cuban Studies, v. 7, enero.

Portes, A. y Bach, R. L. (1985) Latin Journey: Cuban and Mexican Immigrants in the United States. Berkeley: University of California Press.

Portes, A. y Puhrmann, A. (2015) «A Bifurcated Enclave: The Economic Evolution of the Cuban and Cuban American Population of Metropolitan Miami». Cuban Studies, v. 43, 40-63.

Portes, A. y Rumbaut, R. (2001) Legacies: The Story of the Immigrant Second Generation. Berkeley: University of California Press.

Portes, A. y Stepick, A. (1993) City on the Edge: The Transformation of Miami. Berkeley: University of California Press.

Prieto, Y. (1987) «Cuban Women in the U.S. Labor Force: Perspectives on the Nature of the Change». Cuban Studies, v. 17.

Rieff, D. (1987) Going to Miami: Exiles, Tourists, and Refugees in the New America. Boston: Little, Brown.

Road, C. (2017) Growing up Queer, Cuban and Punk in Miami. Miami: Microcosm Publishing.

Rubenzer, T. (2011) «Campaign Contributions and U.S. Foreign Policy Outcomes: An Analysis of Cuban American Interests». American Journal of Political Science, v. 55, n. 1, enero, 105-16.

Rumbaut, R. y Portes, A. (2001) Ethnicities: Children of Immigrants in America. Berkeley: University of California Press.

Sassen, S. y Portes, A. (1993) «Miami: A New Global City?». Contemporary Sociology, v. 22, n. 4, Julio, 471-77.

Shell-Weiss, M. (2009) Coming to Miami: A Social History. Gainesville: University of Florida Press.

Smith, J. (1998) «Wheeling and Dealing in the White House». Presidential Studies Quarterly, v. 28, n. 1.

Szapocznik, J., Scopetta, M. A. y Tillman, W. (1978) «What Changes, What Remains the Same, and What Affects Acculturative Change in Cuban Immigrant Families». En: Cuban Americans: Acculturation, Adjustment and the Family. Szapocznik, J. y Herrera, M. C. (eds.), Washington DC: National Coalition of Hispanic Mental Health/Human Services Organization.

Thomas, J. (1967) «Cuban Refugees in the United States». International Migration Review, v. 2.

Time (1981) Paradise Lost, v. 118, n. 21, 23 de noviembre. South Florida: U.S. Edition.

Torres, M. A. (1999) In the Land of Mirrors: Cuban Exile Politics in the United States. Ann Arbor: University of Michigan Press.

US Census Bureau (2016) Current Population Survey, 2015. Disponible en <https://shorturl.at/gnuIL> [consulta: 13 agosto 2018].

Wilson, K. y Portes, A. (1980) «Immigrant Enclaves: An Analysis of the Labor Market Experiences of Cubans in Miami». American Journal of Sociology, v. 86, n. 2, septiembre, 295-319.