Estudios cubanoamericanos

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Resumen: 

El autor comenta la ponencia «Cubanos en los Estados Unidos: estudios y evaluación crítica», de Lisandro Pérez y Guillermo J. Grenier, participantes en el panel «Estudios cubanoamericanos, encuentro entre cubanistas» que sesionó el 21 y 22 de mayo de 2018, en Barcelona, España. Aja aborda la categoría cubano-americano y las identidades con guion, entre otros aspectos propios de la migración.

Abstract: 

The author comments the paper Cubanos en los EstadosUnidos: estudios y evaluación crítica [“Cubans in the United States: Studies and Critical Assessment”], by Lisandro Pérez and Guillermo J. Grenier, who participated in the panel Estudios cubanoamericanos, encuentro entre cubanistas [Cuban-American Studies, a Meeting among Cubanists] held on May 21 and 22, 2018, in Barcelona, Spain. Aja addresses the category Cuban-American and the identities with hyphen, among other aspects inhering in migration.

Saludo esta excelente idea de convocar a un grupo de investigadores e intelectuales que nos dedicamos a los estudios cubanos en los Estados Unidos, los que se realizan en el país receptor por excelencia de la población migrante de Cuba, cuya historia y trascendencia se remontan siglos atrás.

Somos profesionales, de origen cubano o estadounidense, incluso migrantes, que en Cuba y los Estados Unidos abordamos la presencia e impronta de esta población en el país del norte, con miradas múltiples y cruzadas desde diferentes ángulos de las ciencias sociales y las humanidades.

A este empeño, la mayoría de los presentes sumamos años de dedicación y resultados significativos. Además, nuestra presencia también indica la importancia del relevo y la continuidad del quehacer investigativo y científico desde las dos orillas, sobre una temática que no envejece ni pierde vigencia, aunque cambien los atributos de sus protagonistas y se modifiquen sus manifestaciones e impactos.

De inmediato, el tema «Estudios cubano-americanos» me lleva a situar mi punto de vista sobre esta propia delimitación: ¿qué es lo cubano-americano y a quién llamar así? En relación con la población, la identidad cultural y las consecuencias e impactos para la sociedad donde se asienta y desarrolla este fenómeno, hay diferentes lecturas que superan el discurso político y el de los medios de comunicación, coincidentes en ocasiones cuando sitúan bajo esa etiqueta, sin distinción alguna a procesos y sujetos bien diferentes, en espacios temporales no similares.

Las identidades con guion constituyen uno de los principales tópicos en los estudios sobre los procesos migratorios, sus protagonistas, sus consecuencias e impactos sociales; más aún en el caso de los Estados Unidos, donde la tradición inmigratoria aporta diferentes y ricas experiencias, que se enriquecen en nuestros días.

Mi primer comentario se dirige precisamente a recabar la atención de la importancia de la postura que se asume al definir qué entendemos por lo cubano-americano. Desde mi punto de vista, llamo cubano-americano, si de población se trata, a las personas de origen cubano, nacidas en la Isla, quienes migran en edades tempranas de su vida y cuya socialización transcurre principalmente en los Estados Unidos. También, a los nacidos en territorio estadounidense, de padre o madre, o incluso ambos, de origen cubano.

Otro tanto sucede cuando se evalúa el quehacer en la economía, la política y la cultura de lo «cubano-americano». Por ejemplo, la producción literaria de un intelectual que clasifica en los parámetros antes mencionados, que refleja en su obra elementos de identidad y asume una narrativa que responde a códigos de la cultura cubana, pero que escribe en inglés, ¿el idioma decide su clasificación dentro de la cultura cubana, o cubano-americana? Reconozco lo polémico del tema, y que no por ello se debe soslayar. En ese orden, otros tantos casos de variantes pueden estar a debate, en el escenario de Cuba y en el de los Estados Unidos.

El uso del término americano implica otra polémica, que no por añeja deja de tener total actualidad. Me refiero al supuesto reconocimiento de los Estados Unidos como «América», sin sustentación desde ningún punto de vista, sea geográfico, histórico, político y, en general, social. Para este comentarista, se está hablando de lo cubano en aquel país, más allá de lo casi inviable, a estas alturas, de modificar la utilización de «cubano-americano», cuando se refiere al proceso descrito.

Los estudios realizados en los Estados Unidos, desde la academia y las instituciones culturales, acerca de la impronta de los cubanos en territorio estadounidense, se realizaron, en más de un caso, por profesionales de origen cubano, que son sujetos migrantes y protagonistas de las tantas aristas que encierran los procesos de su socialización en ese país.

Se han utilizado enfoques y paradigmas teóricos aplicados en los estudios sobre la inmigración en los Estados Unidos. Están presentes abordajes desde concepciones sociológicas y psicológicas, hasta de la economía, la demografía, la ciencia política, la historia y las ciencias sobre el arte. Las metodologías han recurrido a visiones tanto desde lo cualitativo como lo cuantitativo, en oportunidades combinándolas armónicamente, en función del problema y objeto de estudio, ya fueran las oleadas de migrantes desde Cuba y las relaciones sobre migración entre los dos países, los procesos de inserción de los inmigrantes y los de identidad, el surgimiento y desarrollo del enclave de origen cubano en el sur de La Florida, o los orígenes y desarrollo de su potencialidad económica. Además, las formas de asentamiento de los cubanos en otras estados de la Unión, la segunda generación de emigrados, las transformaciones en la ideología del exilio, la diáspora, las tendencias políticas de los cubanos en ese país y su evolución. Más recientemente, la agenda de investigación se nutre con el retorno, la temporalidad, la circularidad, las remesas, el transnacionalismo, el papel de las redes sociales y el dinámico proceso cultural que protagonizan migrantes y visitantes cubanos.

Sin embargo, en los últimos años se aprecia una notable disminución de la producción científica de los estudios cubanos en los Estados Unidos, con excepción de los enfoques culturales, que han cobrado vitalidad y protagonismo. Las razones son varias, se vinculan con cambios en las áreas de investigación, en las instituciones académicas que propiciaban y realizaban esos estudios, en las agendas de los propios profesionales que trabajaban la temática, los avatares del intercambio académico con las instituciones e investigadores cubanos, incluso la disminución de proyectos conjuntos que propicien la necesaria interrelación entre ambas partes en temas de investigación, salvo contadas excepciones, de algunas publicaciones que recientemente vieron la luz bajo la autoría de profesionales de la Isla y los radicados en los Estados Unidos. Se han producido cambios que no benefician ni propician la relación de los estudios cubanos en ese país con las investigaciones en la Isla.

Es una suerte y una fortaleza que se mantenga el Cuba Poll realizado por la Universidad Internacional de la Florida (FIU, por sus siglas en inglés), bajo la conducción de Guillermo Grenier.

Tal situación contrasta con la proliferación de los estudios sobre la principal minoría étnica en los Estados Unidos, la población latina, de particular visibilidad migratoria y social, no así económica y menos aún política. Los cubanos son parte de los latinos en ese país; mantienen elementos particulares, pero cada vez más se acercan a los patrones del resto de la población latina, en medio de un camino que los lleva a dejar de ser una inmigración favorecida y excepcional, a partir de los cambios introducidos por la administración de Barack Obama. Me refiero a la eliminación de la aplicación de la política de «pies secos-pies mojados» a los migrantes cubanos que por vías irregulares arribaban a ese país y la firma de nuevos acuerdos migratorios entre los dos países, en busca de una migración legal, ordenada y segura. Es cierto que se mantiene la Ley de Ajuste Cubano, principal elemento que propicia la presencia de estos migrantes, que intentan llegar de manera indocumentada; no obstante, las cifras indican que se ha producido una disminución importante de tales intentos, tanto por vía marítima, como por la «ruta del sur» hasta la frontera con México o por Canadá.

Ante la pregunta ¿hacia dónde se mueven los estudios cubanos en los Estados Unidos?, los dos panelistas han dado consideraciones de valor, que me permito fertilizar llamando la atención de temas como los cambios en el proceso migratorio desde Cuba hacia los Estados Unidos, las cualidades de sus protagonistas, sus propósitos y aspiraciones, el tránsito del exilio hacia la emigración, el envejecimiento de los actores de las primeras oleadas y de su incidencia en la «ideología del exilio». A ello se suma el inicio del fin del carácter de inmigración favorecida de los cubanos, el futuro del enclave del sur de la Florida, los nuevos patrones de asentamiento de los cubanos en ese país, el componente demográfico de la migración cubana y su impacto para el principal país receptor y para la Isla, y los procesos de retorno, circularidad y temporalidad. El papel económico y social de las remesas, las redes sociales y las actuales y futuras prácticas de transnacionalismo integran esta lista, en unión de las relaciones migratorias entre los dos países, en un contexto de férreo control inmigratorio en los Estados Unidos.

Por último, están las consecuencias de los cambios que se vienen produciendo en Cuba en los órdenes económico, político y social, así como su particular situación demográfica, al ser un país con un altísimo nivel de envejecimiento y disminución efectiva de su población, lo cual sitúa a la migración como un efecto negativo, como pérdida de masa poblacional, esa que hoy se necesita que no se vaya, e incluso que regrese. En suma, es una agenda amplia que marca, a su vez, desafíos donde las ciencias sociales y las humanidades tienen que hacer.