Estudios cubanos en los Estados Unidos. Apuntes de un encuentro

Resumen: 

El artículo defiende la importancia de los Estudios Cubanos fuera de Cuba, en particular en los Estados Unidos. A partir de un breve recuento sobre sus orígenes y desarrollo, se identifican los temas principales y objetos de estudio de esa disciplina. Se explican los antecedentes del encuentro entre cubanistas que sesionó el 21 y el 22 de mayo de 2018 en Barcelona, España, y sus principales resultados. Se da un conjunto de recomendaciones que pretenden tratar de impedir un nuevo vacío o retroceso en los intercambios académicos entre Cuba y los Estados Unidos.

Abstract: 

The article defends the importance of Cuban Studies outside of Cuba, particularly in the United States. From a brief recount on the origins and development of them, the main topics that have been studied by this discipline are identified here. Also, is explained the background of the meeting between «Cubanistas» that met on May 21 and 22, 2018 in Barcelona, Spain, and its main results, including a set of recommendations that seek to prevent a new gap in academic exchanges between Cuba and the United States, which, in turn, would imply a setback in Cuban Studies at a time when they are probably more necessary than ever before.

¿Importan o no los estudios cubanos que se realizan fuera de Cuba, particularmente en los Estados Unidos?[1] En la búsqueda de esa respuesta un grupo de académicos se reunieron el 21 y el 22 de mayo de 2018 en Barcelona, España. En este artículo se narra por qué, cómo y para qué se organizó este encuentro, así como sus principales resultados. Pero ante todo se impone un recuento sobre los orígenes y los temas principales que se han investigado dentro de la disciplina de estudios cubanos.[2]

Origen de los estudios cubanos

Los estudios cubanos surgieron como disciplina en los Estados Unidos entre finales de la década de los 60 e inicios de los 70. En general, hasta 1959 los estudios referidos a la Isla y a América Latina eran limitados en su número y en los temas que abordaban. En los Estados Unidos las líneas de investigación sobre Cuba que predominaban eran las de interés común, esencialmente asociadas a la proximidad geográfica entre ambas naciones: zoología, botánica, meteorología y epidemiología.

El triunfo de la Revolución cubana justificó el comienzo de la aparición de una numerosa producción sobre asuntos latinoamericanos y, por supuesto, cubanos. Las preguntas claves eran ¿cómo había sido posible que triunfase una revolución en las narices de los Estados Unidos? ¿Qué hacer para impedir sucesos similares en la región? Encontrar respuestas implicó un incremento de los estudios sobre Cuba en la década de los 60.

Como acertadamente señala Eloise Linger, la Revolución cubana contribuyó a cambiar el modo en que se pensaban e investigaban, en los Estados Unidos, las revoluciones, y suscitó un florecimiento de los estudios sobre América Latina y el Caribe, lo suficiente para establecer centros y departamentos que abordasen esa área en las grandes universidades estadounidenses. No solo se intentaba analizar el triunfo de la rebelión en la Isla, sino también la naturaleza radical de esta, el carácter controversial de la carismática personalidad de Fidel Castro y la hostilidad que se agudizaba entre los gobiernos cubano y estadounidense.

Hacia la segunda mitad de los 60 ya se había superado un primer período dedicado sobre todo a la compilación. Se dio paso a estudios acerca de asuntos concretos, fruto del trabajo de programas y centros de investigación de corte multidisciplinario en torno a América Latina, y particularmente a Cuba, los cuales, a partir de 1964, habían comenzado a fundarse en universidades e instituciones norteamericanas.

No es hasta principios de los años 70 que los estudios sobre Cuba conforman un cuerpo o subsistema sustantivo dentro del sistema de los estudios latinoamericanos. En ese momento ya se han sistematizado las investigaciones y formalizado las fuentes de financiamiento. A ello se suma un incipiente intercambio de los académicos radicados en los Estados Unidos con sus contrapartes en la Isla.

Interesante reflexión es la que hace Nelson P. Valdés (1995) cuando valora esta etapa inicial y plantea que

el despertar de un interés académico en torno al tema cubano debe enmarcarse en el contexto general en que se desarrollan los estudios sobre el continente americano en los Estados Unidos, Europa y América Latina. Hasta 1959, los estudios referidos a Cuba —y a América Latina en general— eran limitados en su número y en los temas que abordaban. Solo después del triunfo de la Revolución cubana comienza a aparecer una producción numerosa sobre asuntos del área latinoamericana, y los estudios se identifican con la profesión latinoamericanista. (5)

Para Valdés «los estudios sobre México, Argentina, Colombia o Brasil han estado influidos, a nivel internacional fundamentalmente, por académicos de esos respectivos países. Ese no es el caso de Cuba». Coincido con esta valoración, pero apunto —y en esto difiero de Valdés— que no solo fueron los cubanos que residen fuera de Cuba los que «en los inicios tuvieron mayor peso en la obra escrita sobre el tema», pues es preciso significar también los importantes aportes de la comunidad académica estadounidense (Martínez, 2018).

Finalmente, Valdés dice:

Solo en los últimos diez años (a partir de 1985) los estudiosos cubanos residentes en la Isla comienzan a participar en la producción académica a nivel internacional, justo en el momento en que estudiar o analizar Cuba se torna altamente controversial. Incluso es necesario apuntar que todavía estos no preponderan en este campo; en otras palabras, no determinan lo que se discute internacionalmente. (5)

Temas estudiados desde los 60 hasta los 90

En los inicios, las investigaciones sobre la Revolución incluían temas tales como la naturaleza del sistema político cubano, la revolución traicionada, la dimensión internacional de las relaciones Cuba-Estados Unidos. Prácticamente todas eran portadoras de formulaciones anticomunistas tradicionales. Sin embargo, a finales de los 60 experimentaron un cambio de enfoque. En la década siguiente se comienza a abordar el estudio de Cuba desde su dinámica interna, se presta más cuidado a analizar la continuidad histórica así como las peculiaridades del desarrollo económico y social de la Isla.

En los años 80, en particular en la segunda mitad, se produce una verdadera explosión de los estudios sobre Cuba. El fenómeno obedece, en gran medida, a los acontecimientos de El Mariel, la celebración del III Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), el Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, la salida al aire de Radio Martí, la suspensión del acuerdo migratorio de 1984, la proyección externa de Cuba hacia América Latina y el Caribe, el proceso de negociaciones sobre pacificación del África austral y el inicio de la perestroika en la URSS. En esa etapa los estudios se tornaron más rigurosos y profesionales.

Desafortunadamente, el triunfo de la derecha en las elecciones estadounidenses que llevó a Ronald Reagan a la Casa Blanca implicó el fortalecimiento de las instituciones académicas ultraconservadoras. Lo anterior fomentó el surgimiento y reactivación de programas e investigadores que asumieron posiciones francamente derechistas y neoconservadoras en sus análisis sobre la realidad cubana. Fueron publicados trabajos con poco rigor académico. Por ejemplo, en el área de la economía las tesis fundamentales que dominaban el debate sobre Cuba en los Estados Unidos consideraban la ausencia de desarrollo económico, y cuestionaban la existencia de una estrategia para lograrlo, ponían en duda las estadísticas oficiales cubanas; asumían a Cuba como un país subsidiado y dependiente de la Unión Soviética donde el avance social se había producido sin base económica.

Como resultado de la consolidación de la disciplina en la década de los 90 los estudios se hacen más específicos y rigurosos. Son los años de la caída del socialismo y de la desintegración en la URSS. El interés en Cuba crece en el contexto de la crisis agudizada con el derrumbe de los gobiernos de Europa oriental. Los estudios se enfocaban en analizar la viabilidad y sostenibilidad del proyecto cubano y analizaban cierta «democratización interna», centrada esencialmente en el sistema político cubano y los derechos humanos.

De manera recurrente aparecen los temas de la transición en Cuba y la llamada era post-Castro. Por otro lado, en lo relativo a las relaciones internacionales se debate con gran auge el conflicto Cuba-Estados Unidos. Asimismo irrumpen con fuerza inesperada los temas relacionados con las expresiones artísticas y literarias de la cultura cubana y sus ramificaciones en la conformación de la identidad de la comunidad cubanoamericana.

Cuba se había consolidado en el debate académico en los Estados Unidos. En los 90 predominan las propuestas críticas al modelo cubano, a partir del cuestionamiento a la ausencia de pluralismo político y de reformas profundas en materia económica. A la vez, se aboga por cambios en la política exterior de Washington hacia la Isla y se debilitan sensiblemente las posiciones conservadoras que emergieron con fuerza en la era Reagan.

Las críticas a la economía cubana predominan en estos años. Desde los Estados Unidos se propone un modelo de reformas por etapas, pero sin más opciones que el tránsito hacia el capitalismo. Se observan tres posiciones: el derrumbe es inmediato e inminente, el tránsito será por etapas y hay que emprender un proceso de reformas, y Cuba camina hacia una economía mixta con un socialismo muy heterodoxo. En los análisis realizados sobresalen los de Carmelo Mesa Lago, quien sostiene que la transición a una economía de mercado generará graves costos sociales, y sugiere un sistema de asistencia social viable, desde el punto de vista financiero, que ayude a la población vulnerable.

¿Por dónde va la disciplina?

No han sido frecuentes los artículos, libros o encuentros académicos dedicados íntegramente a la evolución y desarrollo de la disciplina Estudios cubanos. Entre los que se han producido, distingo la Primera Reunión de Estudios Cubanos que sesionó en la Semana Santa de 1969 —organizada por la fallecida María Cristina Herrera—, cuyos resultados fueron publicados; y el ciclo de talleres, organizado por la Biblioteca del Congreso el 14 y 15 de julio de 1968, que tuvieron como colofón la organización de la conferencia sobre «Bibliografía y adquisiciones cubanas», de abril de 1970 en la Fundación Hispánica de la ya citada biblioteca, en Washington D.C. Entre los principales acuerdos de este último encuentro estuvo la fundación, en diciembre de 1970, de la revista Cuban Studies con el fin de proveer una información integradora y oportuna para los interesados en los estudios cubanos.

El más importante encuentro fue el foro académico que sesionó en abril de 1990, cuando la Universidad Internacional de la Florida (FIU) auspició la conferencia «Diálogo entre cubanistas», que reunió a importantes estudiosos de Cuba en los Estados Unidos. Organizada por Damián Fernández, miembro del claustro de FIU, los materiales presentados en la conferencia fueron publicados, en 1992, en forma de libro, con el título Cuban Studies since the Revolution, por la University Press of Florida. Para Jorge Hernández este diálogo entre cubanistas propició un balance de las temáticas, disciplinas y enfoques prevalecientes en los estudios sobre Cuba desde el exterior a lo largo de treinta años. La conferencia marcó un hito pues sesionó en un momento en que muchas suposiciones y paradigmas que habían conformado los estudios sobre la realidad cubana se comenzaban a cuestionar. Se impone recordar que en la década de los 90 el papel de Cuba en el escenario internacional se transformaba con la desintegración del bloque soviético, y se pronosticaban profundas consecuencias para la Isla. En dicha conferencia, la mirada retrospectiva de los participantes sobre lo que se había logrado en términos del entendimiento del proceso revolucionario cubano, y las predicciones respecto al futuro de los estudios cubanos, fueron elaboradas en un momento de incertidumbre.

Un interesante análisis sobre el estado de la disciplina en los años 90 lo realiza Eloise Linger (1991) en «Welcome Changes in Cubanology», así como también resulta imprescindible el resumen de Jorge I. Domínguez (1995), con sus valoraciones sobre los trabajos publicados entre 1970-1995 por la citada revista Cuban Studies. Finalmente merece nuestra atención la revista Temas que en su número 2 de 1995 dedica gran parte de su contenido a responder la pregunta ¿Qué se piensa sobre Cuba fuera de Cuba? Por su importancia se convierte en un número de referencia para comprender por dónde andaba el estado del arte de los estudios cubanos.

A partir de entonces, y sin que queden claras las razones que lo provocan, transcurre un silencio prolongado. Pasaron veinticinco años sin mirarse con profundidad el tema. Desde fines del siglo xx e inicios del xxi se identifica un momento muy peculiar, pues aparece una avalancha de propuestas de trabajos académicos sobre Cuba. Es un momento en el que se palpa un aumento del intercambio académico. A la vez, existe un criterio cada vez más generalizado de que la Isla estaba a las puertas de un nuevo cambio histórico. Ello implicó una renovación de los estudios cubanos. Paralelamente, la fascinación del público estadounidense por Cuba crecía, lo que quedaba reflejado en la popularidad de su música, el boom del Buena Vista Social Club, y la reacción de la sociedad civil ante el secuestro del niño Elián González. Por primera vez desde el triunfo de la Revolución, Cuba estaba de moda en los Estados Unidos.

¿Cuáles fueron los temas más trabajados en esta etapa? Emergen los relacionados con la sucesión en Cuba y la era post-Castro, la crisis de la economía cubana y sus impactos sociales, el proceso de reformas económicas, el conflicto bilateral y las alternativas para la distensión en las relaciones entre La Habana y Washington en áreas de interés común como seguridad nacional, migración, narcotráfico, medio ambiente. Sin embargo, el triunfo de George W. Bush en las elecciones presidenciales de 2000, los sucesos del 11 de septiembre y la aplicación de las recomendaciones del Informe Powell en el verano de 2004 afectaron la buena marcha de los intercambios académicos, que quedaron «congelados». Con los contactos prácticamente anulados se hacía muy difícil investigar la realidad cubana y mucho menos el desarrollo de proyectos conjuntos, dado que era prácticamente imposible viajar a la Isla.

Fueron tiempos muy difíciles. Predominaba un ambiente muy enrarecido hasta que triunfó Barack Obama en las elecciones de 2008. Ciertamente, se evidenció una distensión que no se tradujo en cambios inmediatos. Hubo que esperar hasta enero de 2011, con la aprobación por la Oficina Oval de un paquete de medidas que sí facilitaron los intercambios académicos. A partir de entonces se activan de manera dinámica los estudios cubanos en los Estados Unidos, beneficiados por otros dos hechos: la existencia de mayor fluidez en las conexiones entre los académicos de las dos orillas gracias a las tecnologías de la información, y la entrada al mundo profesional de algunos de los estudiantes de universidades estadounidenses que habían realizado estancias de investigación en instituciones de educación superior cubanas. Estos jóvenes, en su mayoría, eran de los programas de «study abroad», iniciados en 2000, y tenían percepciones novedosas y menos prejuiciadas de la realidad cubana debidas a su experiencia de haber vivido al menos cuatro meses en la Isla. Ellos incorporan sus miradas al abanico temático de los estudios cubanos e incluyen nuevas líneas de investigación como la comunidad LGBTI, inequidad y pobreza, relaciones raciales desde la perspectiva de género, expresiones de la cultura artística y literaria de la generación de los «novísimos», entre otras. En este período también se mantienen las líneas tradicionales de investigación sobre la identidad nacional y las relaciones Cuba-Estados Unidos.

Ante este panorama, se hacía obvio la necesidad de convocar un encuentro en el que se analizara no solo lo que había pasado en el campo de estos estudios desde 2000 hasta 2018, sino incluso revisar con más detalle los últimos años de la década de los 90. Esa fue la motivación esencial tras la convocatoria al taller «El estado de los estudios cubanos en los Estados Unidos», Barcelona, el 21 y el 22 de mayo de 2018.

Romper la barrera del silencio

Es en este contexto que, en 2016, Lisandro Pérez y la que escribe, en aquel momento copresidentes de la Sección Cuba de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA, por sus siglas en inglés), comienzan a diseñar un encuentro sobre el tema de los estudios cubanos. Como resultado de este, proponen que sesione un taller en Nueva York, en la primavera de 2018, al que se invitase a estudiosos de diferentes disciplinas y generaciones en los Estados Unidos y la Isla, para que, a partir de una reflexión colectiva, se analizase cuáles habían sido las contribuciones, en los últimos veinticinco años, de dichos estudios al entendimiento de la realidad cubana.

La tarea era impostergable. Además de los largos años de espera sin un análisis riguroso sobre el desarrollo de los estudios cubanos, se reconoce que Cuba está inmersa en un período de cambios internos que tendrá incidencia en la política exterior, y que las relaciones Cuba-Estados Unidos están en retroceso, con una elevada dosis de incertidumbre.

En este contexto se diseñó el taller que, por problemas para la tramitación de los visados para los cubanos residentes en la Isla, tuvo que cambiar su sede a Barcelona. Lo más engorroso fue organizar las presentaciones y ajustarlas a un tiempo prudencial, con el gran inconveniente de que las etapas por analizar eran muy extensas, puesto que se solicitaba a los presentadores valoraciones sobre lo acaecido en veinticinco años. La voluntad y el interés de todos los participantes ayudaron a que se impusiese una reflexión colectiva para entender por dónde andaban y sobre todo hacía dónde se dirigían los estudios sobre Cuba.

En el taller se tomaron en consideración las nuevas características de los estudios cubanos a partir de la multiplicación e intensificación de los contactos y colaboraciones entre académicos en la Isla y los que residen fuera de ella. En 1990, únicamente era posible reunir estudiosos en los Estados Unidos para tal tipo de conferencia. En aquellos años, el concepto de «estudios cubanos» se veía con cierta suspicacia en la Isla, ya que era una etiqueta de origen extranjero que no resonaba con los estudios que se realizaban en Cuba. La realidad actual es distinta, pues durante los últimos años, estos estudios se han convertido en un campo de avanzada en la investigación de la nación cubana en todas sus manifestaciones (social, cultural, política, economía, artística), se ha estado usando en Cuba y ha logrado aceptación. La inclusión de colegas de la Isla ampliaba el diapasón y enriquecía el reexamen de lo avanzado. Esta fue una de las mayores ventajas de este encuentro en comparación con el organizado por FIU en 2000.

En 2017 —la fecha que se estaba diseñando para este encuentro académico— había nuevas circunstancias que debían considerarse: la extensión y desarrollo del campo de los estudios cubanos en los Estados Unidos y en otros países y regiones; la eclosión y avance de las investigaciones sociales y culturales dentro de Cuba; la presencia y receptividad dentro de Cuba de esos estudios cubanos realizados fuera de la Isla; la ampliación de las relaciones internacionales cubanas (incluidas las culturales y académicas) y su incidencia en los procesos internos; el mayor peso relativo de las investigaciones en el proceso de cambio en curso y la superación de la índole prescriptiva que afectó a una parte de los estudios cubanos a raíz de la caída del muro de Berlín.

Como apuntara Lisandro Pérez, lo anterior reconoce que los estudios cubanos han dejado de tener un centro gestor y un puñado de nombres dominantes en cada campo. La disciplina entra en una etapa de desarrollo multifocal, donde se entrecruzan campos, algunos establecidos desde los 60 y otros recientes y novedosos, generaciones intelectuales con experiencias diferentes, diálogos simultáneos entre enfoques diversos, adentro y afuera.

Una limitante del taller de Barcelona estuvo en que los análisis se centraron en los estudios cubanos realizados en los Estados Unidos. John Jay College, institución en que labora Lisandro Pérez en CUNY, Nueva York, fue la coauspiciadora. Como contrapartida en la Isla, la revista Temas bajo la dirección de Rafael Hernández, asumió la organización del taller.

El encuentro de Barcelona 2018

El tema central del taller fue «Estudios cubanos en los Estados Unidos». Los ponentes eran, casi todos, residentes en ese país, algunos de los cuales habían participado en la conferencia de 1990. Los presentadores expusieron un resumen de lo acontecido en los últimos veinticinco años en sus respectivos campos disciplinarios. Como muestra inequívoca de la fuerza de los contactos entre las comunidades académicas de los dos países, y a diferencia de lo ocurrido en la conferencia de 2000, los moderadores y comentaristas en cada sesión fueron estudiosos residentes en Cuba, quienes dieron sus opiniones sobre las presentaciones. Sesiones adicionales fueron diseñadas para estimular el diálogo entre los participantes.

El taller se realizó no bajo el formato de panel y audiencia, sino con todos los participantes sentados en una gran mesa. Se invitó a que, una vez escritas y revisadas las presentaciones por los autores, se enviasen para integrar un número especial de la revista Temas y, con suerte, posteriormente aparecerían en formato de libro.

Las preguntas centrales para organizar los debates fueron:

  • ¿Qué temas, problemas y enfoques han caracterizado el campo de los estudios cubanos en tu disciplina en los últimos veinticinco años?
  • ¿Cómo evolucionó el campo intelectual y el espacio de estos estudios en esa disciplina?
  • ¿Cómo los realizados en los Estados Unidos se han relacionado con las investigaciones académicas en la Isla?
  • ¿Hacia dónde se mueven los estudios cubanos en los Estados Unidos, qué tendencias se observan, qué factores influyen?
  • ¿Qué áreas de problemas deberían incorporarse? ¿Por qué?

Fueron dos días de interesantes debates, en un ambiente de franca colaboración y respeto a las opiniones expresadas. Lamentablemente no pudieron estar presentes en el encuentro figuras claves de los estudios cubanos en los Estados Unidos.

Una expectativa de la reunión era que, como resultado de la conferencia, se avanzase hacia un mayor entendimiento sobre cómo Cuba ha sido estudiada dentro y fuera de su territorio y que, gracias a este análisis, se establecieran bases para ampliar las colaboraciones a través del estrecho de la Florida en diferentes disciplinas. También se espera que el encuentro impulse el diseño de proyectos multidisciplinarios, la identificación de áreas de investigación que no han sido muy atendidas en el pasado, así como el mayor acceso —en ambos países— a escenarios y recursos para la investigación.

Mirando al futuro

Después de las reflexiones de Barcelona 2018, la conclusión fue la necesidad de sistematizar futuros encuentros que permitan profundizar hacia dónde se mueven los estudios cubanos en los Estados Unidos y el resto del mundo, qué tendencias se observan, qué factores las influyen, cuáles áreas de problemas deberían incorporarse, entre otras interrogantes.

El 2018 es un año parteaguas en la sociedad cubana. Se abre una etapa en la que se ha renovado el liderazgo político y en la que, más allá de la continuidad que el presidente Miguel Díaz-Canel asegura tiene este proceso, es obvio que si bien no se aprecia que haya una ruptura, sí sucederán cambios.

La sociedad cubana está inmersa en el ejercicio de redacción de una nueva Constitución que deberá ser sometida a referendo en febrero de 2019. Es tarea difícil en un país con insuficiente cultura jurídica donde, lamentablemente, el irrespeto a las normativas, la indisciplina y la contravención afectan la vida cotidiana. ¿Podrán las generaciones más jóvenes cimentar un camino de pleno respeto a la Ley de Leyes? Es seguro que los Estudios cubanos miran este proceso y asumen las preguntas de cuáles serán los resultados de la votación de ese referéndum, qué impactos traerá esta Constitución para la sociedad cubana, cómo incidirá en el sistema político y en el modelo económico, cómo se recompondrá el nuevo liderazgo en Cuba. Entre otros temas, particular atención se concede a los estudios sobre género, raza y juventud, la desigualdad social y la política exterior —en especial las relaciones Cuba-Estados Unidos— y los nexos con los gobiernos conservadores de América Latina.

Un camino nada fácil

El recorrido para los estudios cubanos en el futuro próximo se prevé lleno de complejidades. Sería positivo identificar alternativas que los hagan viable, objetivo al que podrían colaborar las revistas Temas y Cuban Studies con la cooperación de otras instituciones y colegas. Estas podrían identificar acciones para promover el debate en torno a los asuntos cubanos y evitar que se congele como ocurrió durante los últimos veinticinco años.

Vale subrayar que son varios los factores que atentan contra la profundización y expansión de los nexos establecidos entre las comunidades e instituciones académicas, máxime si tomamos en consideración que actualmente, en 2018, las relaciones entre la Isla y el país norteño, derivadas de las regulaciones impuestas por la administración Trump, atraviesan un período muy complejo. Sería provechoso fomentar el análisis con cierta periodicidad, y bien podría comenzar a pensarse en una conferencia, que se celebraría en 2020, que diese continuidad a la realizada en Barcelona 2018, atendiendo al estado de la disciplina en los Estados Unidos, Cuba y el resto del mundo. A fin de establecer una sistematicidad y sostenibilidad, se debería pensar en organizar conferencias sobre el estado del arte de los estudios cubanos, con una frecuencia cíclica al cierre de cada década.

En estas acciones debe privilegiarse la participación de jóvenes investigadores para que puedan proseguir con sus estudios. Podría pensarse en auspiciar concursos y becas, en especial a los jóvenes cubanos que no residen en la capital. Debe impulsarse además la demanda por la desclasificación de documentos y el acceso a fondos bibliográficos especiales. También, y quizás con inmediata urgencia, se impone emprender una batalla para que la administración Trump cambie su política de procesamiento de visados a los cubanos residentes en Cuba.

La misión es complicada, pero ineludible. De asumirla depende que se impida un nuevo vacío en los intercambios académicos y un retroceso en los estudios cubanos. Esperamos que podamos estar a la altura de las dificultades y continuar el diálogo y el intercambio académico a favor de Cuba.

 

[1] La autora define estudios cubanos como los de la nación cubana y su diáspora en todas sus manifestaciones de la vida social. Se refiere a un campo de investigación tanto en Cuba como en el exterior que entrecruza áreas de investigación y académicos tanto residentes en la Isla como fuera del país.

[2]. Para ampliar sobre el tema, sugiero revisar los trabajos de Damián Fernández, Jorge I. Domínguez, Eloise Linger, Nelson P. Valdés y Jorge Hernández, referenciados en este artículo.

 

Bibliografía

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Fernández, D. (ed.) (1996) Cuban Studies since the Revolution. Gainesville: University Press of Florida.

Hernández, J. (1995) «Miradas desde afuera: política y estudios sobre Cuba en los Estados Unidos». Temas, n. 2, abril-junio, 49-57.

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