Actualizando al Che: pensamiento y políticas socialistas

Resumen: 

¿Qué se conoce sobre la obra y el pensamiento del Che Guevara? ¿Cuáles de sus textos han sido y son  los más influyentes? ¿Cuáles ideas suyas tienen aplicación en la Cuba de hoy? A partir de estas interrogantes, una socióloga, una profesora de Filosofía, un trovador, una economista y un público informado ofrecen sus perspectivas acerca de la actualidad del pensamiento y la obra del Che, en ocasión del aniversario cincuenta de su caída en combate y el noventa de su natalicio.

Abstract: 

¿What is known about the work and thought of Che Guevara? ¿Which of his texts have been and are the most influential? ¿How could his ideas be applied in Cuba today? Based on these interrogations, a sociologist, a Philosophy professor, a singer, an economist and a well-informed audience share their perspectives on the validity of Che’s thought and work, on the occasion of the 50th death anniversary and the 90th of his birth.

Panel de Último Jueves, realizado en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC, el 28 de septiembre de 2017.

 

Rafael Hernández (moderador): La idea de este panel es entender, desde hoy, la huella del pensamiento y la acción de Ernesto Che Guevara, empezando por la de su propia obra en la sociedad cubana, en el mundo en que vivimos, y la incidencia de sus ideas en la cuestión fundamental de los cambios que emprendemos en Cuba en el momento actual.

En lugar de repetir sus frases icónicas, de volver a leer sus pensamientos en las paredes, en la televisión, en las consignas, y ver su imagen en los pulóveres que se pone la gente en todo el mundo, queremos traer al Che al momento actual de Cuba. Ello, por supuesto, está conectado con el aniversario 50 de su caída en combate, y también, sobre todo, con el 90 de su nacimiento, el año próximo.

La primera pregunta es: ¿en qué medida se conocen hoy facetas diversas de la obra y la acción de Che Guevara? Si hiciéramos una encuesta en todo el país para saber cuáles aspectos de su actividad, de la proyección de su obra y de su pensamiento son los más conocidos, ¿qué obtendríamos?

María del Carmen Ariet: Me parece que hablar de acción y pensamiento sin mencionar las obras escritas por el Che es una tarea muy difícil. De todas maneras intentaré hacerlo.

Antes de precisar las facetas que voy a destacar, quiero mencionar una cualidad del Che, que lo distinguió desde su propia etapa formativa: su vasta cultura. Esto es muy importante tenerlo en cuenta porque de no haberla adquirido a lo largo de su vida iba  a ser muy difícil enfrentarse a la multiplicidad de funciones y tareas que desempeñó en Cuba, a la infinitud de cosas que desarrolló. Con ese presupuesto voy a encarar lo que comentaré.

Considero que la faceta decisiva, fundamental, del Che es la que lo distingue como político. Él mismo lo asegura, cuando habla de economía, de ética, de filosofía, afirma:

«Yo lo que soy es un dirigente político»; es decir, que la política en él es un hilo conductor de toda su acción y de todo su pensamiento. A partir de su propia definición, expongo lo siguiente: lo político en el Che se desdobla, pueden ser múltiples las facetas que se mencionen, pero solo me referiré a tres: como dirigente de la Revolución cubana, como hacedor de un pensamiento político, cuya estructura se puede estudiar desde la politología, y por último su desdoblamiento como revolucionario integral. Recordemos que cuando está en Bolivia escribe que ser revolucionario es el escalón superior del ser humano.

Entiendo que este desdoblamiento y la permanencia de lo que he expresado, se debe fundamentalmente a que están presentes en la memoria colectiva, y esto es muy importante. Muchos jóvenes con los que conversamos, estudiantes, niños, siempre nos dicen: «Mi abuelo me decía cómo era el Che y cómo dirigió», y eso que se siembra profundamente en la memoria colectiva permanece invariable en el tiempo por mucho que quieran hacerlo desaparecer o minimizar.

Como dirigente político no puedo mencionar todas sus características y cualidades, por lo que me voy a referir, fundamentalmente, a su ejemplo personal. Es probable que resaltara esa cualidad con toda intencionalidad, porque casi lo instrumenta como un método, para combatir la distancia entre el pueblo y los líderes. Eso es muy interesante como elemento a debatir en estos momentos; pero en su quehacer cotidiano, a lo largo de toda su práctica como dirigente, estuvo imbuido de una ética extraordinaria, con todos los valores que conocemos: sacrificio, deber, justicia, emancipación, todas esas cosas que dan la estatura del Che como dirigente político.

En relación con su pensamiento político, elabora un sistema creador, reflexivo y crítico, centrado básicamente en los grandes problemas que advirtió en el mundo socialista de su época, el llamado socialismo real, que también creo que puede ser un tema de reflexión y debate por su desaparición en los años 90 y lo que estamos viviendo hoy.

Pensar en las formas y en los métodos de la transición socialista en el actuar del Che es un elemento consecuente para entender al político y al dirigente, y habría que mencionar una pregunta fundamental que expuso en uno de sus trabajos: ¿por qué lo que es en el período de transición necesariamente debe ser? Aquí rompía con las ideas dogmáticas, el esquematismo y la vulgarización, que entendía que se enseñaban en los manuales, tanto sobre el marxismo en general como en el proceso de construcción socialista.

Cuando hablo de transición y de modelo, según el Che, quiero mencionar uno de sus ejes principales: el hombre, ese humanismo que desde muy joven cultiva. En el año 62, pronuncia una idea que fue una eclosión al exponer que por primera vez en el mundo se pone al hombre en el centro de la sociedad y de su transformación, contrapuesto al criterio de superioridad que exhibía el sistema socialista existente en su época. Era cierto que se promulgaba que el hombre era la esencia en el socialismo, sin embargo, el Che partía del criterio de este como ente transformador de la revolución, de la sociedad, y que había que analizarlo bajo esta óptica. Es un aporte del Che cuando retoma el criterio de Marx del hombre como sujeto actor, transformando y transformándose. Por eso es tan importante entender el concepto guevariano sobre la educación y la cultura, porque obviamente de lo que se trata es de convertir la sociedad en una gran escuela que garantice que el hombre adquiera una mayor conciencia, que le provoque una conducta participativa superior, como ente transformador de la sociedad, es decir, que hombre, conciencia, educación y cultura son ejes esenciales de su pensamiento. Eso es un elemento que habría que analizar desde el presente, dentro de una óptica superior, y es muy importante tener en cuenta los logros, pero también las deficiencias.

A partir de esos principios, estructura un modelo interrelacionado entre filosofía, economía y política, lo cual corrobora su filiación y vocación marxista. Para mí, la manera de estudiar y entender al Che es ver todo esto como un sistema de pensamiento. Metodológicamente, cada uno de nosotros puede analizarlo en lo económico, en lo filosófico o en lo político; pero, a la larga, vamos a darnos cuenta de que los tenemos que integrar e interrelacionar; porque, como verdadero marxista, el Che logró un pensamiento sistémico para analizar el papel del hombre como ente transformador dentro de la sociedad socialista, y una concepción integral en lucha contra el economicismo imperante.

Por último, dentro de los elementos que destacar, está la relevancia del Che como revolucionario. Se dice mucho que es un estratega de la lucha guerrillera, yo pienso que es un estratega de la revolución. Él incorpora la táctica de la lucha como un método, pero piensa estratégicamente en cómo hacer una revolución y por qué; por eso es tan importante la elaboración de su proyecto político, antimperialista, anticapitalista, internacionalista y solidario. Los eslabones de su pensamiento político se confabulan e interrelacionan, convertidos en un sistema de pensamiento, aun cuando pudiera faltarle algunas categorías vinculantes con sus contenidos teóricos.

Hay dos elementos más que son también muy importantes y que no entran en ese desdoblamiento, y que solo voy a mencionar pues no hay tiempo para explicarlos: el papel que desempeñó el Che en la política exterior cubana, con páginas brillantes que forman parte de su bagaje teórico y conceptual; y por último, su labor como cronista de la Revolución. Pudiéramos estar hablando de muchas facetas, pero creo que esas son esenciales.

Rafael Hernández: Delia Luisa, de todas esas facetas que María del Carmen ha articulado, ¿cuál crees que son las más conocidas, no por los que estudian al Che, sino por los demás?

Delia Luisa López: A partir de esa primera pregunta, hay que contextualizar la acción y la obra del Che. La contextualización que yo hago, que es la de Fernando Martínez Heredia —que debería haber estado aquí también—, es que toda la obra del Che se puede agrupar en dos momentos y varios escenarios: un primer momento como político revolucionario —en eso estoy de acuerdo totalmente con María—, es la lucha por la toma del poder, en el escenario de la Sierra Maestra: primer comandante del Ejército Rebelde, jefe de la Columna 8, invasor, jefe de la batalla de Santa Clara, y el estratega militar que toma la fortaleza de La Cabaña. En todo este período, el Che escribe sus notas y aparece su diario. Esto es importante tenerlo en cuenta, él escribe siempre, y no voy a hablar de años anteriores, sino de 1956 hasta 1967. Ahí están el diario, Pasajes de la guerra revolucionaria, y otros textos. Ese es el primer momento de la lucha por la toma del poder político.

El segundo momento, en sus varias facetas, es la lucha, desde el poder, por la creación de una nueva sociedad socialista-comunista, porque él nunca separó esas instancias, y cuando lo hizo fue para hablar de transición socialista. En este segundo momento es cuando se desarrolla su acción como constructor de la nueva sociedad, y como político revolucionario, que se desdobla en las diferentes tareas, que la dirección, como parte de la dirección revolucionaria de este país, como parte de su vanguardia.

Desde mi punto de vista, lo más conocido de este segundo momento por la población cubana de antes y de ahora, es el Che como ministro de Industrias, porque fue presentado a través de la televisión: sus discursos, haciendo trabajo voluntario, cortando caña con las combinadas nuevas hechas en Cuba, sus comparecencias televisivas después de regresar de sus diferentes viajes como estratega de la política exterior cubana en el CIE, la ONU, Ginebra. La faceta de Che Guevara como ministro de Industrias está muy arraigada entre la población cubana, a mi modo de ver.

Hay muchos escritos, agrupados fundamentalmente en la famosa polémica económica que se desarrolló entre 1963 y 1964, que tiene muy poco de económica y mucho de política sobre el socialismo y el comunismo, y en esta faceta es donde el Che enfatiza en el proyecto económico de la Revolución cubana, a partir de una concepción general de cómo avanzar hacia la nueva sociedad socialista-comunista. Este es uno de sus grandes aportes al pensamiento marxista universal; es decir, no ver la economía aislada, sino como parte de la transformación general de toda la sociedad.

Para él, el proyecto económico era producción más conciencia, y esto se abría en múltiples facetas de su acción, su pensamiento y su obra, pero la conciencia, como decía María del Carmen, es el elemento central; es la subjetividad puesta a la orden del día. ¿Para qué se crea una nueva sociedad, para producir más, para hacer una competencia con otros países del mundo, o se crea para el ser humano? Se hace para mejorar las condiciones de vida, para salir del subdesarrollo. Este es un elemento que también hay que destacar, toda su labor como político revolucionario, antimperialista, internacionalista, solidario, que es parte de todo su pensamiento, y que se concreta en lo económico como producción y conciencia, es, para mí, un nuevo punto de vista teórico en el pensamiento marxista; un nuevo punto de vista teórico de la actualidad de una Revolución producida desde el subdesarrollo, desde los países neocolonizados, dependientes, donde es necesario transformar al ser humano.

¿Cuál era el nivel de escolaridad de la población cubana y de la clase obrera cuando el triunfo de la Revolución?, segundo o tercer grado, por lo tanto el proyecto no podía dejar de tener en cuenta el desarrollo educativo y cultural. Esa frase de convertir a la sociedad en una gigantesca escuela es no solo en materia educativa desde el punto de vista formal, institucional, o sea el individuo sentado en la escuela, sino desde el impacto del nuevo poder social, para la transformación del individuo.

Ariel Díaz: Creo que detrás de cada una de estas cosas que se han dicho del Che, y de cada estudio, de cada análisis, lo que sobresale es el ser humano que había detrás de cada una de estas virtudes. Un ser humano que se forma desde la infancia; que se forma también en ese viaje maravilloso que hizo por América Latina, cuando comprende y constata, de primera mano, la explotación y la situación en que vivía realmente Latinoamérica; que trabajó en un leprosorio a riesgo incluso de contaminarse con la enfermedad; ese ser humano que eligió en un momento crítico la caja de balas y no las medicinas; ese ser justo a la hora del trato con los prisioneros en la Sierra.

Ese hombre, como decía la profe, estaba dotado de una cultura extraordinaria, cosa que se nota, desde el punto de vista literario, en Pasajes de la guerra revolucionaria. Yo recuerdo que siendo muy jovencito ese fue el libro de historia que yo leía sobre la gesta revolucionaria. Los libros de Historia cubanos a veces parecen La Ilíada; están llenos de superhéroes muy solemnes; y leer la Historia a través de la capacidad literaria del Che, como él la va narrando, para mí fue muy grato llegar a esa cumbre que es «El cachorro asesinado», con sus ladridos, donde él mismo lamenta haber matado a un perro que ponía en peligro una de las operaciones de la Sierra y, cómo él decía, después, cada vez que veía a un cachorro le parecía que aquel lo miraba. Eso es llevarles a las personas lo terrible de la guerra a través de una narrativa realmente de alto vuelo y de alto contenido.

Cuando alguien habla del Che, la señora que vende las verduras, el constructor, el policía, lo que se aprecia es esa sensación de que «el Che hubiera actuado de esta manera, el Che hubiera dado el ejemplo, el Che no hubiera dejado que pasara tal cosa…».

Acabamos de regresar de una gira con las brigadas artísticas por los lugares más afectados por el huracán Irma, y entre los que participamos se generó un debate muy interesante, donde la figura del Che fue protagónica, porque vimos muchas cosas que están bien y muchas que están mal; por ejemplo, nos dimos cuenta de que antes del huracán ya había un desastre en esas poblaciones, un abandono, un montón de situaciones terribles, de bajo nivel de vida de los pobladores. La figura del Che emergió porque estábamos tratando de cantar un grupo de canciones dedicadas a él, y ahí se generó la polémica.

En fin, que el Che, como ese ser humano, con esas cualidades, y, sobre todo, con la virtud más grande que creo que tiene, que es esa tremenda adicción, si se puede decir, a decir las cosas como son, en el momento en que son, y en cualquier circunstancia, a riesgo de parecer incómodo, de ser el pesado, el atravesado, es el que ha quedado en el pueblo. La imagen del Che a nivel popular es ese hombre que hay detrás de la leyenda. Es mi opinión.

Anayansi Castellón: Aquí tenemos que definir tres elementos esenciales; primero, de qué facetas hablamos y quién las construye; segundo, cuál de esas facetas es la más conocida por la población común, que yo considero que no coincide, al menos en los términos más generales y exactos, con la más importante, al menos para mí.

Esas facetas pueden ser muchas, como se ha dicho, el Che economista, el dirigente, el Che dirigente político, el filósofo, el político, el marxista con todas las tantas acepciones de marxismo que le quieran endilgar, como trotskista, maoísta, estalinista, y otras que hemos construido desde la izquierda, pero también desde los enemigos de la Revolución para contrarrestar las nuestras, y esas también han circulado con mucha fuerza.

Yo creo que la faceta más importante de Che Guevara, donde está la riqueza de lo que nos legó, es como pensador marxista; porque cuando se habla del Che economista, político, dirigente, ejemplar, incorruptible, superador de obstáculos, se está hablando de un hombre realmente convencido de ser marxista teórica y prácticamente.

Hay una inmensa obra teórica del Che desconocida para los jóvenes, porque mandamos a los estudiantes a leer El socialismo y el hombre en Cuba, que es una síntesis de su pensamiento, pero antes de ese texto hay una carga teórica enorme de Che Guevara pensando en la revolución comunista de América Latina y la universal; y eso es un marxista, el que describe cuáles son los elementos que considera esenciales para hacer una sociedad diferente, llamémosla socialismo o comunismo. Él esclarece qué es comunismo, y que el socialismo es el tránsito que nos va a llevar a esa meta. Todo lo que el Che piensa tiene que ver con eso. La idea del sistema presupuestario de financiamiento, que aparentemente es una propuesta económica, es algo que él crea en función de algo diferente a cómo se construía la economía en los países del campo socialista y sobre todo en la Unión Soviética.

Proponía un modelo económico que impactara directamente en la formación del ser humano y en la subjetividad de los hombres y mujeres que hacían la Revolución, no porque producían más o menos. Es un pensador que logra entender la totalidad y la complejidad del proceso revolucionario, y escribe para eso. En Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana hay un momento en el que el Che dice que hay que historiar la Revolución, pero también las ideas en ella, cómo fueron cambiando. A partir de ahí nos damos cuenta de que el Che hace explícita la preocupación de cómo la Revolución además de acción necesita la teoría.

En las páginas preliminares del Diario del Congo, el Che nos dice bruscamente, y con un dolor inmenso, que va a contar la historia de un fracaso, pero no lo hace por el hecho de describir eso históricamente, sino para sacar enseñanzas generales que sirvan al movimiento revolucionario. Todo lo que escribe es en función de eso. Lo que escribe sobre la Revolución cubana no es solo para los cubanos, sino para los revolucionarios del resto del mundo, para la historia de las ideas de la revolución, universalmente hablando. Pienso que por ahí viene el valor y la significación de esta faceta que engloba y agrupa a todas las demás.

En cuanto a lo más conocido voy a hablar en función de mi experiencia como docente, porque me apoyo mucho en eso. Hay dos grandes facetas que creo que son las que más ha recepcionado el pueblo cubano y circulan con más fuerza: el Che guerrillero, hacedor de la revolución, valiente, el que no le temía a la muerte, el libertador de la ciudad de Santa Clara, ese hombre capaz de dejar todo lo que tiene, hasta su vida, y unirse a otro grupo de hombres para hacer la guerra y una revolución; eso es muy conocido por los jóvenes, al menos eso me parece.

El otro elemento, que coincide con lo que Ariel estaba explicando, es el Che como ideal, como ejemplo, como símbolo, pero un símbolo concreto, o sea, el dirigente, el ministro de Industrias, cómo se comportaba, qué hacía, cómo trataba a sus subordinados, cómo era incapaz de dejarse corromper, cómo era justo además de ser exigente, cómo ponderaba la superación de sus subordinados, cómo entendía al ser humano que lo rodeaba aunque le exigiera cumplir las tareas. Sobre eso hay mucho en Cuba; hay textos que recogen anécdotas, pasajes, que tienen un valor importante, sobre todo para los jóvenes, para que se den cuenta de que ese hombre existió y es posible emularlo. Entonces, ese ideal regula un poco la conducta de los jóvenes y los hace pensar. Es la faceta que considero más conocida entre la población cubana.

Rafael Hernández: Cuando yo tenía diecisiete años se publicó El socialismo y el hombre en Cuba; para la gente de mi edad que yo conocía, no hubo obra más importante que esa. Para los que ahora tienen diecisiete, veinte, veinticinco años, ¿cuáles son las obras del Che que más han influido y que más influyen en una sociedad como la cubana actual? Voy a decirlo de otra manera, ¿cuáles obras del Che pueden inspirar a la gente que vive en Cuba hoy porque las han conocido y han influido en su manera de pensar? No que deberían influir, sino que influyen.

María del Carmen Ariet: Yo hice un inventario de las obras más conocidas, quizás no las más influyentes o importantes; pero es necesario matizar algo; los contextos son esenciales, no es lo mismo El socialismo y el hombre en Cuba cuando teníamos diecisiete años —en el momento de su publicación— que en la actualidad. Ni los contextos ni las realidades son iguales. Ahora bien, ¿lo analizamos y lo estudiamos como debe ser? Ese es un gran problema, y tiene que ver con algo que dijo Delia: ¿cuál es nuestro socialismo? ¿el que hicimos a partir de 1961, el que tenemos hoy, el que queremos, o todos ellos? Por eso es tan importante rastrear en el pensamiento del Che no solo los varios conceptos que generó sobre el socialismo. Es decir, hablamos de un proceso consciente, por lo tanto, en ese inventario de obras, la contextualización es muy importante. Por múltiples circunstancias cometimos el error de no haber editado obras que el Che escribió en un momento determinado y que no se publicaron entonces. Eso ha sido un lastre. A nosotros, en el Centro, nos costó muchísimo trabajo editar Apuntes críticos a la Economía política. ¿Tiene el mismo valor haber publicado esas brillantes observaciones que hizo el Che sobre las deficiencias explícitas en el socialismo existente y advertir que de no cambiarlo podía desaparecer o modificar sus esencias, después que el mundo socialista desapareció? Aunque demuestran su capacidad intelectual y su preparación y acción política, no tienen el mismo valor o peso histórico, sin negar su trascendencia como pensador y su vocación intelectual.

¿Lo leen los jóvenes de la misma forma? Yo puedo narrar mi experiencia; cuando me entregaron por primera vez esos manuscritos —estaba haciendo el doctorado, allá por el año 87—, saltaba de la silla. Si lo lee ahora un joven no piensa o no siente igual que yo, porque la realidad no es la misma, aunque lo que dice ese texto está muy bien dicho, muy bien analizado y muy encaminado para entender el socialismo, ¿pero es el que tenemos, el que hemos logrado y el que aspiramos a tener si las realidades y los contextos difieren y forman parte de una historia no vivida? Este es un problema, y aquí pierden valor muchas de las esencias para la vigencia de ese tipo de obras. Con Los apuntes filosóficos nos sucedió lo mismo: hicimos un rescate desde del pensamiento del Che joven, y sin embargo ya no tiene la misma connotación, queda como una obra de interés biográfico y para estudiosos.

Ariel hablaba de los escritos para la juventud. Eso es muy importante. No se habían editado nunca con ese fin y nosotros pudimos hacerlo, pero ya en el año 2000. Hemos publicado las cosas que hemos podido, y le hemos recomendado al Ministerio de Educación que, para estudiar la historia de América, tome como un punto de referencia las narraciones que hace el Che en sus notas de viaje. Son elementos que tienen que ver no solo con el contenido, sino también con esa capacidad intelectual y esa vocación de escritor que tuvo el Che. Todas estas cosas están mal aprovechadas, porque en su tiempo nos las perdimos; por mencionar solo el ejemplo de la obra, pero nos ha pasado en otras muchas cosas más, que nos asombran. La obra del Che que más se vende en el mundo es Guerra de guerrillas; no digo en Cuba, porque nosotros la hemos estudiado permanentemente. Se leen en el mundo, sobre todo por los jóvenes, Guerra de guerrillas, y el Diario de Bolivia, porque son una memoria muy impactante de una realidad que todos sentimos y transitamos con el Che, pero ¿hasta dónde eso que nos estremece tiene una contextualización y validez para la época actual?

No voy a hablar de El socialismo y el hombre en Cuba porque todos lo hemos mencionado, pero sí recordar que el Che lo escribe estando en África, en el año 65, casi a las puertas de trasladarse para el Congo. ¿Qué necesidad sintió de sintetizar sus pensamientos a través de un trabajo que ha devenido un ensayo clásico? Esto hay que tenerlo en cuenta como una tarea que nos dejó. Creo que debe ser estudiado para entender las formas de asumir la transición socialista, sobre todo para la realidad tercermundista; pero hay mucho que recomponer, que ajustar a la realidad que paulatinamente tenemos que enfrentar. ¿Lo hemos hecho? No lo hemos hecho. Es real que hemos estado envueltos en muchos problemas, pero el valor que podía tener El socialismo y el hombre en Cuba cuando lo pensó el Che fue transitando como un recuerdo o a través de consignas. Todos repetimos que es el ensayo político más importante, ¿pero nos lo replanteamos como una reflexión para ahora? Delia reafirmaba que la sociedad debe seguir actuando como una gran escuela, como afirmara el Che; pero, ahora, una diferente a la que él vio, pues pensó determinadas cosas para su tiempo, y las estructuró de acuerdo con eso, pero ni el mundo se iba a detener ni nosotros podemos plantearnos repetir y utilizar esquemas que han formado parte de nuestras propias conquistas o empleados equivocadamente a la hora de determinar el socialismo que queremos. Muchas cosas mueven a preocupación sobre lo que vivieron y experimentaron los artistas que mencionó Ariel. Nos damos cuenta de que son zonas olvidadas; yo misma me aterro cuando veo imágenes del interior de las casas que tenemos en nuestros campos, son problemas no resueltos; sin embargo, tenemos cosas extraordinariamente buenas. Todo hay que ir analizándolo a profundidad para poder identificarnos no solo con nosotros mismos, las generaciones mayores, sino con los jóvenes que nos están oyendo y están viviendo parte de esa triste realidad.

Delia Luisa López: Yo sigo contextualizando. La Revolución cubana tiene una historia muy joven que comienza en el año 1959, cuando Cuba es un laboratorio de pensamiento revolucionario, donde se desarrolla —como Anayansi, yo sigo a Martínez Heredia— el comunismo cubano, del cual Che Guevara es uno de sus grandes representantes; pero a partir de 1971 hasta 1986 la historia de la Revolución cubana fue otra, el Che desapareció, y los pioneros seguían diciendo: «Pioneros por el comunismo, seremos como el Che», sin saber qué estaban diciendo. Así, desde 1986 hasta 1989 sobreviene el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, en el que Fidel Castro hace una segunda autocrítica política pública, y plantea que todo lo que se ha hecho hasta ese momento es un verdadero desastre, desde el punto de vista no solo de la economía sino del retraso —esto lo digo yo— del pensamiento social cubano. Cualquier discrepancia era concebida como una traición a la Revolución, y puntos de vista diferentes eran considerados deslealtades. Vivimos en esa situación por años enteros.

En 1987, Fidel llama a los cubanos y a los revolucionarios de todo el mundo a releer al Che, y analizando la situación de Cuba en ese momento, recordaba que aquel había advertido en 1965, cuando escribió la carta a Borrego y Apuntes críticos a la economía política, que, por diferentes razones, la Unión Soviética iría hacia el capitalismo.

Entonces, desgraciadamente, en el 89, 90 y 91 fueron las catástrofes de Europa oriental, la desaparición de la Unión Soviética, y sobreviene para Cuba el Período especial.

Yo siempre digo, y he escrito también, que los problemas que todavía estamos sufriendo de aquella etapa, y de la posterior de reconstrucción, arrastran el remanente, la enajenación de los años del 71 al 86. Fueron años de rectificación que, por supuesto, fue imposible rectificar nada. En los años hasta 2003 o 2004, cuando la economía comienza a hacer algunos pininos, comienzan los programas de la Batalla de Ideas, donde Fidel plantea un proceso de reflexión cultural contra el pensamiento único que ya oscurecía al planeta completo con el neoliberalismo y el neoconservadurismo, y que también llegaba a Cuba, es imposible negarlo. Desde el 2000 al 2009, cuando Fidel enferma, comienza un proceso de discusiones en las bases. Me salté el ajuste económico; no estoy haciendo la historia de la Revolución ni mucho menos, pero sí quiero anotar algunos puntos en los cuales la influencia del Che fue mayor o menor, en función, pienso yo, de cómo se mueve el espectro de las fuerzas políticas en nuestro país. Creo que por eso las influencias son muy fuertes en los años 60, prácticamente no existen en los 70, se recobran en los 80, y nuevamente comenzamos a trabajar con el Che, con todas las deficiencias, con las insuficiencias y con los problemas que actualmente tenemos y sufrimos, arrastrados de aquel período.

¿Cuáles serían entonces las acciones y las obras más influyentes? Yo estoy de acuerdo en que hacia América Latina, La guerra de guerrillas fue una de las más influyentes, ya lo había dicho en la respuesta anterior. Pienso también que el binomio producción y conciencia sigue siendo importante; el papel del Che como ejemplo a seguir, y su énfasis en que el cuadro es la columna vertebral de la Revolución, y como tal tiene que ser ejemplo y guía para la población. Creo que hablar del hombre nuevo es importante. Yo creo que sí hay hombres y mujeres nuevos en Cuba.

Rafael Hernández: Ariel, ¿qué obras del Che crees tú que han influido más?

Ariel Díaz: Creo que, como están las cosas, es La guerra de guerrillas, pero aunque todas y cada una de las cosas que el Che dejó escritas o dichas son útiles, el tema es cómo hacer para que un joven de diecisiete años se interese por ellas. Creo que ese es el punto que debatir. La obra está ahí, que haya influido en generaciones diferentes tiene un mérito que salta a la historia.

Nosotros, desgraciadamente, tenemos, como digo yo, tendencia al mármol. Hay un detalle, el CUP y el CUC son, las dos, monedas cubanas, pero —no sé si alguien se ha fijado— en los billetes de la llamada moneda nacional los héroes están en gallardo primer plano y en los de CUC son estatuas. Yo soy suspicaz, soy artista, no puedo evitar leer más allá de las cosas; ignoro si es a propósito, no sé si los billetes nuevos los hizo la CIA, pero eso es una tendencia lamentable que tenemos.

Recuerdo que hubo un libro maravilloso, desaparecido y nunca más editado hasta donde sé, que era de historietas; se llamaba Cuando el Che era Ernestito. No sé si alguien lo recuerda, probablemente no, porque no se ha reditado. Hace unos días estaba viendo en Telesur una excelente serie animada hecha en Argentina, creo, donde un niño tiene la capacidad de viajar en el tiempo y traer personajes de la historia a la realidad, y Bolívar estaba con este niño cocinando unas arepas y enseñándolo a hacerlas en una cocina. Esa manera de traer al Che no existe en nuestro país, para nosotros sigue siendo ese mito extendido, en todas estas facetas; pero para los jóvenes es algo que va en una camiseta, que es solamente iconográfico.

La verdadera dimensión de todas estas cosas creo que les toca a las personas que escriben, los que imparten docencia; de parte de nosotros los artistas es de otra manera. Regresar a ese Che, aterrizarlo, enseñarles sus ideas a los jóvenes, es la única manera de que ese pensamiento no quede solo en las investigaciones, en los libros y en las personas interesadas en la obra del Che.

Yo conozco un hombre, un borrachín de barrio, que una vez le escuché decir algo. Había unos jóvenes en la esquina oyendo música o algo así, y usaban pulóveres del Che, y él dijo: «A estos el Che los hubiera mandado a cortar caña». Parece un chiste o exagerado, pero tiene toda una simbología; esos que usan la imagen del Che como algo de moda, muchas veces no son personas que predican y actúan según las ideas que él inculcó en la gente, y eso es un problema. Para mí, ese es el conflicto fundamental. Hay que releer y repensar al Che, y devolvérselo a los jóvenes de una manera nueva porque tiene un caudal, como sabemos todos los que estamos aquí, inagotable de ideas, y algunas ni siquiera han sido puestas en práctica, por decirlo así, si vamos a hablar en materia. Un hombre que fue capaz de ver que uno de los países más pobres del mundo en esa época, China, se iba a convertir en lo que es hoy, y que la famosa Unión Soviética iba a desaparecer —y que tal vez no escuchamos a tiempo—, me parece que tuvo una visión muy larga. Su manera de ver la vida, de ver la construcción del hombre y de cómo actúa ese hombre, es mucho más larga de lo que uno puede imaginar, y nosotros no hemos sabido inculcarla en las nuevas generaciones. El detalle es ese, toda la obra del Che es influyente; el tema es cómo la aprenden las generaciones.

Anayansi Castellón: Comparto con Ariel su visión, nos enfrentamos al problema de que se sabe poco de Che Guevara; se conoce el mito, lo que hemos querido organizar desde el discurso ideológico y desde los lemas, los slogans, y eso generalmente queda vacío, y a los jóvenes no les es dado aprender o quedarse con algo que no entiendan; mucho menos los jóvenes de hoy. Hay que convencerlos muy claramente; es fácil hacerlo cuando se tiene las herramientas para que ellos puedan entender, primero, qué hay detrás de ese mito que les están presentando, y después cómo ese ser humano fue capaz de producir esa obra gigantesca.

No soy dada a casarme con la idea de que una obra es más importante que otra; cada uno de los textos del Che fue escrito en una circunstancia concreta, atendiendo a problemas muy concretos; y su mérito está ahí. El mérito de cualquier gran pensador es ser capaz de entender su época y darse cuenta de que tiene que encontrar respuestas nuevas ante nuevas circunstancias.

Hablé antes de El socialismo y el hombre en Cuba; me parece una gran obra, pero los jóvenes no lograrán aquilatar su dimensión si no se la explica, si no se pone en contexto, y se relaciona con otras obras en las cuales el Che va mostrando elementos de esa concepción. También mencioné Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana, pero estoy pensando en Sobre el sistema presupuestario de financiamiento, La planificación socialista. Su significado, o La banca, el crédito y el socialismo, donde está la visión del Che, a tono con Lenin, acerca de cómo en el socialismo a veces jugamos con los mecanismos del capitalismo, y cómo resolver ese problema; igualmente Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana, o Cuba, excepción histórica. Vanguardia en la lucha anticolonialista. Debemos poner al joven en situación de entender que hay un ser humano y un pensador con una obra y una lógica de construcción de conceptos. Eso no lo hemos hecho. Hay que llenar el mito, el ideal, con esas cosas también. Pienso que eso nos falta.

Rafael Hernández: Mi última pregunta es cómo se hace para aplicar directamente las ideas del Che, que aparecen en las obras y en la trayectoria de su pensamiento y acción, a los problemas actuales; cuáles de las muchas ideas que podrían ser consideradas para un mundo ideal, se traen al mundo real, a la realidad que tenemos en Cuba hoy. Probablemente todas sus ideas puedan ser útiles para enriquecerse culturalmente si se le presentan a la gente de la manera adecuada, pero mi pregunta es mucho más unidimensional: ¿cuáles de ellas son más directamente aplicables a los problemas cubanos de hoy mismo y a la construcción no de una Cuba posible sino de una Cuba viable? Antes de que el panel me conteste, les voy a dar la palabra a quienes la pidieron.

Pero antes, quiero compartir una pequeña investigación que hicimos en la Universidad Central de Las Villas, hicimos una pequeña investigación entre cien estudiantes, obreros, trabajadores por cuenta propia, cooperativistas, jóvenes en general entre dieciocho y treinta años, con preguntas muy parecidas a las que le hemos hecho al panel.

Los textos del Che que más conocen son la carta de despedida a Fidel, ese tiene el uno; el dos es El socialismo y el hombre en Cuba, y el tercero es el Mensaje a la Tricontinental.

En cuanto a qué facetas del pensamiento y prácticas del Che conocen bien, la más conocida es la de internacionalista; la dos, estratega militar y combatiente guerrillero; y tres, dirigente económico de la transición socialista. Yo pienso lo mismo que estos jóvenes de Villa Clara.

Sobre qué ideas del Che están vigentes y son más aplicables a los problemas del socialismo en la actualidad, el primer lugar fue para el antimperialismo; el segundo, la formación del hombre nuevo —me sorprende que este tema lo miren de esa manera, un concepto que suele ser tan maltratado—, y por último, la crítica al capitalismo y sus valores, y finalmente la política internacional de alianzas.

Eso es lo que piensan aquellos jóvenes. Las personas que están aquí sentadas pensaban, antes de escuchar al panel, que el texto del Che más leído es El socialismo y el hombre en Cuba, y en segundo lugar La guerra de guerrillas y la carta de despedida a Fidel. Los otros son minoritarios.

A la segunda pregunta: ¿qué facetas del pensamiento y prácticas del Che conoces bien?, ustedes contestaron que internacionalista, dirigente económico de la transición socialista y estratega militar y combatiente guerrillero. Las respuestas se parecen a las de la Universidad Marta Abreu. ¡Qué cosa más interesante!

En la tercera: ¿cuáles son las ideas más aplicables a la actualidad?, respondieron, en este orden, el antimperialismo, la democracia socialista, y la formación del hombre nuevo. También se parecen mucho a la otra encuesta.

Luis Marcelo: Voy a hablar de la impronta económica que, desde mi punto de vista, ha dejado el Che. Pienso que tenemos una deuda con él en el campo de la economía política —en eso estoy de acuerdo con Fernando Martínez Heredia— que hoy se invoca muy poco, por no decir nada, cuando se lleva a cabo cualquier debate, independientemente de la posición que adopte uno u otro contrario. Eso es una deuda que tenemos; hay que rescribir la economía política que yo llamo de la construcción socialista.

Si yo tuviera esa posibilidad organizaría un gran debate sobre la dimensión empresarial de la propiedad social, que aún es una incógnita.

Las investigaciones que he realizado me han demostrado que el Che tenía total razón en cuanto a las prácticas soviéticas de utilizar los métodos de organización y dirección capitalistas en el socialismo, porque estas tecnologías, llamadas blandas, son neutrales, adoptan la doctrina de quien las aplica, por tanto, pueden perfectamente aplicarse en el socialismo.

Y la otra cuestión es que el Che tenía razón, basado en las fuentes originales del marxismo, en organizar las empresas consolidadas por ramas y subramas. Lógicamente, hoy sería de otra manera, más moderna, de acuerdo con cómo ha evolucionado el mundo; pero tenía razón en eso.

Esto nos es útil porque los recientes documentos del Partido que hemos aprobado y discutido tienen una enorme cantidad de objetivos que hay que unir con los métodos para llevarlos a cabo, porque ahí todavía existe una brecha, el Che nos está llamando a cerrar esa brecha con la economía política.

Disamis Arcia: Se ha hablado de los jóvenes, pero hablemos de los niños, de cuál es el Che Guevara que se trabaja desde las escuelas: qué facetas y de qué manera, y apelando a qué elementos se les presenta a los alumnos, en una edad con determinadas características bastante bien desplegadas desde el punto de vista del desarrollo psicológico, o por lo menos bastante bien estudiadas. Y cuando se profundiza un poco en cuál es el Che que se presenta en la escuela primaria, se evidencia que es contradictorio con las propias características de la edad, y que se insiste muchísimo en el panfleto y en la repetición de anécdotas con las que muchas veces los niños no se pueden identificar. Pasan la primaria repitiendo o acumulando una imagen de un Che guerrillero que vive en determinadas circunstancias, alejadas histórica, social y cotidianamente de lo que por lo general un niño de esa edad asume como cosas importantes, y después, cuando pasa a los próximos niveles, no tiene los fundamentos para ir enriqueciendo su apreciación.

Una de las anécdotas con las que he chocado, es que a muchos niños les impactaba mucho una que aparece en un libro de lectura donde el Che, durante la guerra revolucionaria, se comía un limón y daba su comida a otros guerrilleros, y un niño dijo: «Yo no quiero ser guerrillero si me voy a comer un limón». Una cosa que para los mayores puede ser perfectamente comprensible, conociendo la historia del Che, para ellos no lo es. Ese es el tipo de características psicológicas con las que no se cuenta para presentarles al Che Guevara a los niños.

Tania García: Primero yo quiero felicitar las intervenciones porque me parece que han apuntado de manera colectiva elementos sumamente importantes.

Pienso que un punto esencial en el pensamiento del Che es el concepto de propiedad social, que, por supuesto, pone en jaque todos los modelos y todos los sistemas tal como están definidos, porque el Estado no es propietario, lo es la sociedad; y eso no es cualquier norma, eso determina sistemas de regulaciones, formas de funcionamiento en todo el diseño completo del modelo. Cuando se dio el gran debate, en el fondo era, desde la economía política, qué definición de propiedad estamos asumiendo en el socialismo que queremos formar, y a mí me parece que tendríamos que regresar a esas reflexiones.

Para él, el centro del modelo y del sistema tiene que ser el ser humano —él dijo el hombre, pero ya estamos en otra etapa y se debe hablar del ser humano—, esto tampoco es cualquier cosa que podamos desestimar; hoy el modelo y la jerarquización de los equilibrios macroeconómicos subordinan los procesos sociales que se dan desde la base, en la familia, en los territorios, y eso entraña una contradicción, que el Che, a su manera, con su estilo y desde su tiempo, vaticinó, porque su insistencia fue que era el ser humano el núcleo base de la familia y la comunidad, desde donde se gesta el desarrollo.

La definición del Che sobre qué es el subdesarrollo es la que signa todos los debates, porque para él era esencial cómo se engendra la desigualdad y cómo este marca el devenir de cualquier sociedad. Este elemento me parece fundamental, porque hoy tenemos, en muchas ocasiones, un igualitarismo formal, y se está engendrando una desigualdad rampante.

Creo que tenemos que traer al Che, ponerle jeans y pulóver, o pantalón de caqui y camisa —como se hizo con el cuadro de José Martí— para traerlo de regreso y seguir algo que un compañero que está en la mesa me dijo en una ocasión: «Busquemos de los próceres la lógica de su pensamiento para poderlos traer del momento en que hablaron al presente».

Julio Pernús: Soy periodista y trabajo para la Iglesia católica. Una duda me surgió, cuando la profesora Delia estaba hablando, con respecto al concepto del hombre nuevo en el Che. Creo que Fidel logró desarrollarlo después, en el contexto cubano. Siempre me ha llamado la atención si este concepto recoge las bases de aquel que dijo Pablo en la Biblia, o sea, si tiene un origen bíblico o está más relacionado con el marxismo, como se comentó aquí.

Como parte de mi generación considero que el Che posiblemente sea la figura más mediática de todo el proceso revolucionario, que se ha logrado incluso traspolar al mundo entero con la globalización. He visto varias veces la película que hizo Benicio del Toro, y siempre, desde mi idea del Che —quizás un poco apologética—, me causa dudas que presenta a un Che intransigente, que es algo de lo que se ha hablado poco. En la película le traen unas personas y le preguntan si debían fusilarlos porque habían robado, y él dice que sí. Respecto a esto se van construyendo también ideales dentro de la sociedad, si era una figura intransigente, radical ante lo mal hecho, o era una persona que oía opiniones y después tomaba una decisión con respecto a lo que se podía hacer en determinado momento. Quisiera que los panelistas me aclararan, porque han estado más cerca de su obra, de lo que sucedió. A veces hay algunos mitos, por ejemplo, sobre qué hacía el Che en La Cabaña, etc. Me gustaría saberlo.

Gerardo Ortega: Pienso que represento al Ministerio de Industrias del Che, y recuerdo, como ejemplo, cómo su práctica personal se notaba en los trabajos voluntarios, cuando no era raro que saliéramos los fines de semana en camiones, él se montaba en uno cualquiera, hacía el trabajo como uno más. Como ejemplo de actuación personal valdría la pena recordarlo aquí.

Hablar del Che es hablar de política, y eso nos lleva a recordar que él no tuvo escrúpulos, en pleno surgimiento de la Revolución, en plantear públicamente discrepancias, discusiones de cómo debía enfocarse el trabajo estatal en función de lo político. En ese sentido, en mi opinión, una reunión como esta, que debe generar no solamente reflexiones del pasado sino para el presente, debe reflexionar sobre la importancia que tiene en estos momentos la promoción del intercambio participativo de las gentes de distintas opiniones, criterios, etc. Hay que cuidar cómo se hacen, porque estamos en una ofensiva generalizada y una mediatización y una, digamos, variante que se ha introducido en los lenguajes revolucionarios, que obliga a que se hagan discusiones donde no tomen las derechas —y lo están tomando con mucha tranquilidad— el vocabulario de las izquierdas, y viceversa en muchas ocasiones, y hay una confusión ahí.

Qué bueno aprender a hacer discusiones amplias, que se pueda lograr un acercamiento a algo que nos dé la explicación, en términos políticos, del medio en que se está produciendo el Che en la actualidad. Tengo una pregunta para la mesa: ¿cómo valoran ustedes la desaparición del Che de mucha bibliografía o literatura política? Por ejemplo, en los documentos del VI Congreso no aparece su nombre, en los del VII, creo que una o dos veces. Todo eso significa que hay un ambiente propicio para ese silencio. Cómo se valora ese tema, y cómo si, en el Congreso, se tomó, desde el principio, la búsqueda del hombre nuevo que promovía el Che, se interpretó, en forma callada, que ese hombre nuevo era el antiquísimo hombre de «lo mío primero», que es un motivador excelente para el trabajo, para el cambio de enfoques, para el capitalismo. Ese ha sido, en mi opinión, el que, de hecho, se adoptó, y valdría la pena una valoración por parte de ustedes de si es justa o no esa apreciación.

Ramiro Feijóo: Yo tuve la oportunidad de conocer a Ernesto Guevara, y eso marcó una parte muy importante de mi vida, y por ello devine conflictivo, problemático, criterioso, y me decía: ¿eso quiere decir que no soy revolucionario, que los cuestionamientos que yo les hago a los hombres, no a la Revolución, no tienen sentido, no tienen lógica?, y venía el Che enseguida a respaldarme un poco.

Pienso que hay que traerlo como ser humano en el contexto que estamos viviendo, y para mí lo más importante no es la política, no es la economía, es la praxis de su vida, y ser consecuente con su pensamiento para poder formar al hombre nuevo. ¿Quién lo va a formar?, ¿un dirigente que vive donde vivió la más rancia burguesía de este país, en un castillo rodeado de guardias que lo alejan del pueblo, o uno que tiene que vivir en medio del pueblo para conocer de primera mano, no a través de artificios políticos e institucionales, cuál es el criterio del pueblo? Un dirigente tiene que vivir cerca de sus problemáticas, de que no haya huevos en el puesto, que se vaya la luz y no haya una explicación, que se tupan los desagües, los alcantarillados; y no que sea a través de tres, cuatro, cinco funcionarios, que le llegue una idea o un criterio, casi siempre tergiversado, de qué es lo que pasa realmente en la sociedad. Ahí no está el Che; ese no sería el Che que estuviera en estos momentos, si pudiera estar, en esta sociedad.

Andrés Dovale: El Che dejó escrita la esencia del fracaso del socialismo a escala mundial, del llamado socialismo real —que es el que copiamos de la Unión Soviética—, y es que el hombre no es el centro, que la propiedad no es de la sociedad, sino de un Estado hecho para reprimir a las clases opuestas. En el socialismo, el Estado debe ir desapareciendo, porque cuando la sociedad sea la dueña de todos los medios de producción entonces no habrá clases, y no habrá necesidad de Estado, y el Che lo dijo así: «Para nosotros el socialismo es la abolición de la explotación del hombre por el hombre». Si eso se detiene o da marcha atrás, como está ocurriendo, donde medio millón de hombres ya está trabajando para particulares, no se puede hablar de construcción del socialismo. Yo pienso que, gracias a la actualización del modelo, estamos construyendo el capitalismo, no el socialismo; por eso las diferencias de clases se hacen abismales, ya tenemos los «emprendedores», que viajan por Europa, que van a Cancún, a los Estados Unidos, eso es lo real.

En el campo, un individuo dueño de una finca de diez caballerías explota —ahora legalmente— a veinte, a treinta o cincuenta asalariados, que, además, ahora tienen que sacar licencia de cuentapropismo, para que los explote un señor que sale por televisión con pulóver nuevecito, limpio, y al fondo los trabajadores explotados. Es verdad que les paga cuatro veces más que el Estado, pero no deja de ser un explotador.

El Che no está por ninguna parte aquí, porque era un revolucionario que actuaba como pensaba, y sabía que el socialismo es la abolición de la explotación del hombre por el hombre.

Ramón García: Voy a darle un giro al tema. Consideremos, por caso, el desafío que significó la contracultura para el socialismo real existente, pero también para el marxismo y la nueva izquierda de los años 60; hablo del feminismo, del movimiento pro derechos civiles, los ecologistas, etc. Hagamos una lectura de El socialismo y el hombre en Cuba en clave contracultural, pensemos en la frase «a fuer de parecer ridículo», y lo que dice después: la ternura y las prácticas de amor como condición revolucionaria. Esto es lo primero que diría.

Luego hay un Che dado al debate de ideas, y su actitud es ejemplar. Hay un tal Mestre, en Lawton, que le escribe al Che, y este le contesta: «Lo de menos es que estemos de acuerdo» y le agradece su carta. Ahora hay un video que circula por la ciudad donde Díaz-Canel habla de una censura que se aplicará, y se ha formado un escándalo alrededor de eso; no sé por qué, porque esa ha sido la política del Partido en cinco décadas. «La opinión que haya que matar a palos —advertía Che Guevara— es opinión que nos lleva ventaja».

Rafael Hernández: Invito al panel a retomar los temas a partir de los planteados por el público, y que comenten cuáles son las ideas, las posiciones, los elementos que el Che nos aporta que pueden tener aplicación directa en los problemas del socialismo.

Anayansi Castellón: Han sido intervenciones muy interesantes, y expresan el compromiso con el tema que estamos desarrollando.

Yo pienso que hay que tener un poquito de cuidado con el término aplicar, porque el Che escribió para una circunstancia muy concreta, y como todos saben, las circunstancias de hoy no son las de los 60, ni en Cuba ni en el mundo. Casi estamos en el reverso de la moneda; y dentro de la sociedad cubana si bien hemos seguido avanzando en algunos aspectos, en muchos otros hemos dado pasos atrás. Teniendo en cuenta la propia idea del Che de que el socialismo es una síntesis de contradicciones antagónicas, y que esto es una puja permanente entre el capitalismo y la sociedad que se construye, hoy podemos avanzar un poquito, lo cual no significa que mañana no caminemos diez pasos atrás. El Che estaba muy claro en eso.

Entonces lo primero que deberíamos rescatar es el método de análisis que nos brinda el Che, porque uno de los valores es la capacidad para interpretar su realidad, para caracterizar la época en la que vive, para darse cuenta de que a esas nuevas circunstancias corresponden nuevas respuestas. Eso es lo primero que podríamos asumir del Che y traer acá, o sea, pensar esta nueva sociedad cubana, determinar cuáles son sus características, los grandes peligros que nos acechan, y cuáles son las respuestas que podemos tener ante esos peligros.

El segundo es la idea de la crítica como arma fundamental de cualquier revolucionario, como piedra angular, podríamos decir, o pilar básico del propio marxismo. Los revolucionarios trabajan y construyen algo nuevo criticando lo viejo para poderlo destruir. Para el Che era normal —como el compañero estaba citando— y legítimo aceptar la crítica para mejorar lo que está mal. Eso lo tenemos que rescatar de alguna manera, no sé cómo lo haremos, el Che no nos dejó recetas. En Apuntes críticos… dice: «Hay que investigar, hay que buscar». No dice dos más dos son cuatro; pero sí que hay que ser crítico y hoy hay que tener la capacidad de hacer la crítica práctica y teórica de la sociedad que estamos construyendo. Ese es otro de los elementos que podríamos aplicar del Che Guevara.

Y también la valentía teórica para decir en público lo que pensamos sobre el proceso revolucionario cubano. Por eso, cuando empecé, hablé de la palabra comunismo, que creo que está vetada en Cuba. No sé si la habrán censurado oficialmente en algún lugar, pero cuando alguien la pronuncia la gente lo mira con los ojos virados. Yo me encargo, cada vez que puedo, de decirla; es parte de cómo traigo al Che a la realidad, porque es lo que él haría para incomodar a los otros, para que se acuerden de que eso existe y de que hemos trabajado por eso, y que en este momento estamos parados en ese proyecto y caminando hacia atrás.

Y además de eso, la necesidad de una amplia cultura general de la cual el Che hablaba tanto, y también de una cultura teórica de la revolución, sin eso no se puede hacerla. Estamos constantemente tropezando con las mismas piedras, como se dice vulgarmente, o sea, abocados a procesos que, lamentablemente, han ocurrido en otros lugares del mundo. Cuando se lee determinados textos que recrean lo que ocurrió en la Unión Soviética y en los países de Europa del Este, asalta una idea: eso está pasando aquí. Por lo tanto, hay que estar enterado de esos asuntos, hay que tener capacidad para profundizar en ellos, y eso el Che nos lo enseñó. Fue lo que hizo con Apuntes críticos..., en el año 65. Hay que tener valentía y sobre todo capacidad de análisis para entender, sin negar el valor y el mérito de Lenin, hasta dónde se equivocó; para decir, por ejemplo, que él analizaría un poco más el verdadero papel de los sindicatos en el socialismo, y que no le quedaba claro lo que Lenin dijo sobre que son escuelas de cuadros. Esa capacidad para no dejarse guiar por recetas prestablecidas o por lo que alguien dijo como algo oficial, lo tenemos que traer a la Cuba de hoy, porque nos va a ayudar no poco a romper la inercia social en todos los ámbitos, políticos, ideológicos, y encontrar los caminos para construir una Cuba mejor.

Ariel Díaz: Yo creo que todo el pensamiento del Che es necesario, urge su pensamiento económico, y la idea de ese hombre despojado de su individualismo para ser colectivo, para pensar en el otro, para saber que no estamos solos, que el hombre es un ser social y todas esas cosas.

Pienso desde mi edad, desde mi experiencia. Yo soy de la generación a la que le tocaron las transiciones más raras de este país, nací en el 74, y viví una niñez en los años 70, después en el 80, cuando estaba aún muy chiquito, vi los horrores que les hicieron a compañeritos de aula arrancándoles la pañoleta y halándoles los pelos en el matutino, porque su familia había decidido irse de Cuba. Después llegó el Período especial, atravesé eso, pero nunca me fui de Cuba pudiendo haberlo hecho, y estoy viviendo ahora esta otra etapa; o sea, que mi generación tiene la cabeza hecha un verdadero avispero de ideas y de insatisfacciones.

Creo que las ideas del Che, si somos sinceros como lo era él, son realmente incompatibles con los momentos que estamos viviendo en Cuba, son subversivas, lo digo desde lo más profundo. Eso está en mis canciones, lo que pasa es que no las van a poner en la radio, ya sabemos por qué. Cada vez que uno abre un libro y lee una cosa del Che, se dice: «Pero bueno, ¿dónde está todo esto, a dónde se ha ido, qué se ha hecho con todo esto?», esa es mi opinión.

Delia Luisa López: Las presentaciones y las preguntas que han hecho los compañeros del público son interesantes, pero me parece que he enfatizado que la Revolución cubana tiene una historia que nadie puede negar, ha atravesado por diferentes momentos históricos que han sido cataclismos, como les llamo yo. Algunos han venido de afuera; no hemos hablado del bloqueo porque parece que lo hemos dicho tantas veces que se nos olvida, pero todavía está ahí como guerra económica. La aplicación del Sistema de Dirección y Planificación de la Economía también lo catalogo como cataclismo, que vino de afuera pero fue aplicado desde adentro, y el Período especial, que vino también de afuera, pero por insuficiencias anteriores nuestras. Podríamos estar hablando mucho tiempo de esas insuficiencias, como la incapacidad del proceso revolucionario, por determinadas razones, de haber roto las características de economía abierta. Ese es uno de los problemas grandes de la estructura de los países dependientes y subdesarrollados.

El contexto actual es muy complejo internacional y nacionalmente, y en función de esas complejidades de todo tipo, se han acumulado montañas de problemas que hay que resolver, y lo más importante, a mi juicio, es salvar la Revolución. Igual que lo hicimos cuando el Período especial, que hubo un programa de sobrevivencia, creo que si salvar la Revolución significa en este momento, como decía Anayansi, dar pasos atrás, como revolucionaria —estoy hablando por mí—, yo acato esas medidas.

Hay muchos países en el mundo en los que se vive mejor, pero hay otros muchos en los que no. Y muchos en los cuales la seguridad que hay en Cuba no existe, por muy desarrollado y muy industrializado que sean.

En El socialismo y el hombre en Cuba el Che dice: «El carácter del período de transición donde persisten las relaciones mercantiles…». Eso lo dijo en el año 65; ¿y en qué momento histórico estamos?, ¿hemos trascendido el período de transición? A mi juicio no; hemos retrocedido, por lo tanto la persistencia de las relaciones mercantiles hay que tomarlas en cuenta, hay que tomarlas en cuenta. Pienso que hay que echar a andar este país de todas maneras, porque, repito, salvar la Revolución es, a mi juicio, lo más importante.

María del Carmen Ariet: Como es evidente, no se puede responder la totalidad de lo que se ha planteado. Yo le comentaba a Delia que me parece que en esta mesa faltaba un economista. Pienso que es muy oportuno y muy alentador el análisis que han hecho del pensamiento del Che, porque una década atrás se sufría amargamente cuando en la universidad o no se impartía al Che como debía hacerse, o se distorsionaba.

Ese ha sido, y es, un elemento que nos ha marcado: se relegó durante mucho tiempo el pensamiento y el actuar del Che. Se afirma que como economista está presente siempre en nuestra realidad, sin saber prácticamente lo que dijo sobre economía. Voy a contar algo que me parece importante tener en cuenta. Cuando estábamos preparando la edición de Apuntes críticos a la economía política, le pedimos el prólogo a Fidel, pero por determinadas circunstancias no lo hizo. Para suerte nuestra, en el Centro existe una carta que le escribió el Che antes de salir de Cuba, con dos temas explicativos; uno era el sistema presupuestario, las dificultades que tenía para poder ejercerlo y cuál era su proyección. Hablamos mucho del sistema presupuestario pero no fue hasta el momento en que se hizo un ejercicio —que no se culminó—, que comenzó a practicarse en el Ministerio de Industrias, con muchos problemas en su ejecución. La otra parte de la carta era el análisis político. Fidel nos autorizó a publicarla, destacando donde el Che habla de los problemas tecnológicos, incluso cuando compara al Ministerio de Industrias con cualquier monopolio norteamericano por su concepción y funcionamiento, y la importancia de la tecnología. Esto vale la pena rescatarlo, y por eso los Apuntes económicos, a mi modo de ver, son tan imprescindibles.

Creo que hay una cosa que tenemos que resaltar siempre: el valor de la obra de la Revolución, que es extraordinariamente rico, y todos los cubanos, incluso los que no están muy de acuerdo con ella, tiemblan cuando se pierden cosas del plano social que se adquirieron por el sacrificio de este pueblo. Estamos hablando de cosas que hay que preservar. Todos hemos sido ese niño pequeño que sufrió amargamente, y también disfrutamos de los momentos de bonanza de la Revolución. Aquí entran todos los planos en que transcurre y se desarrolla el pensamiento del Che.

Debemos preguntarnos permanentemente: ¿qué socialismo queremos?, ¿hasta dónde hemos estado de acuerdo con lo que se ha hecho?, ¿qué democracia nos identifica? Esos fueron los lados débiles y los grandes problemas del socialismo y nosotros los arrastramos y los asumimos a nuestro modo, como dijo el Che, copiamos mecánicamente, y eso fue un gravísimo error, por eso el tema del socialismo, repito, tiene un conjunto de fórmulas válidas explicadas por el Che. Precisó con claridad que el socialismo se define de manera muy sencilla: productividad más conciencia, como ha sido explicado por Delia; es una fórmula que equilibra cómo construir el socialismo; se sabe que tenemos que producir con eficiencia y con calidad, pero recuerden aquella frase del Che: «Producir fábricas brillantes no es el paso esencial del socialismo si no fabricamos a la vez hombres que sean brillantes y ricos en conocimiento». Parte del criterio de que el socialismo europeo se perdería al no tener en cuenta ese equilibrio. Se hablaba de lo material, de desarrollarnos industrialmente como en el capitalismo, pero se olvidaba al hombre que hace esa construcción, y por qué la conciencia debe formar parte de ella. Se ha dicho aquí por Tania y por otros compañeros, pero, además, hay que pensar en cómo insertar ese ser humano como actor social en la construcción de un sistema que todavía está por venir.

Sobre la intransigencia del Che, ahora que estamos en el aniversario cincuenta de su asesinato, vale la pena recordar algo que él escribe en su Diario cuando está esperando una emboscada y ve pasar a unos soldaditos y no les tira; y quizás uno de esos mismos soldaditos después inmisericordemente le tiró de la barba, como aparece en las fotos, o pudo haberlo matado de una manera despiadada. Por lo tanto, practicaba la intransigencia revolucionaria en el momento que la consideraba necesaria; no fue el Che un hombre intransigente en todas las ocasiones, como sus detractores afirman; recuerden cuando dice, en El socialismo y el hombre en Cuba, que «uno de los dramas más grandes del revolucionario es el amor», no poderlo practicar en el seno de la familia, que los hijos casi quieran más al que los cuida que a su padre. Todas estas cosas están presentes en un hombre que fue extraordinariamente humano, al extremo de que dio su vida no por sus hijos propios, sino en aras de la emancipación de todos.

Los enemigos de Cuba hablan mucho de los fusilamientos en La Cabaña. Nosotros hicimos un estudio donde se prueba que el Che no estuvo en los juicios, y, además, solo estuvo tres meses en La Cabaña porque en marzo se fue enfermo para Tarará y nunca más volvió como responsable de esa fortaleza. Todo eso lo han mitificado en el orden negativo, y aquí no ha habido tiempo de hablar de los elementos que nuestros enemigos han desarrollado y utilizado para tergiversar su obra y su actuar humano, en su lucha por la justicia y la emancipación, y el ser consecuente con todo esto.

Cuando estuve en La Higuera —que es un drama para cualquier cubano que va—, me preguntaba: ¿cómo es posible que a este hombre lo hayan asesinado aquí? Me pareció lo más absurdo que puede llegar el ser humano; sin embargo, sentí como un aliento, como un halón de orejas, donde el Che mismo me respondía: «Aquí es donde hay que morir cuando se lucha realmente por la plenitud y el derecho pleno de la humanidad». Esa es la respuesta que, en el orden personal, sentí como una enseñanza real.

 

Rafael Hernández: Creo que el consenso es que esta sesión ha sido muy interesante. Lamentablemente, no siempre tenemos sesiones tan ricas en torno al tema del Che, de su obra, de la trascendencia y de la significación de lo que hace. Muchas veces lo que predomina es la hagiografía, que es la ciencia de los santos, de recordar el gran valor que tuvo alguien que se enfrentó a la muerte de una manera tan determinada. Para eso no hay que compartir las ideas del socialismo, ni ninguna de las ideas del Che. Mucha gente lo admira por su consecuencia, por su valor personal, incluso por sus valores éticos, no por sus ideas políticas. ¿Por qué esas ideas relacionadas con la sociedad posible, prácticamente viable, son las que menos conocemos, las que menos se tratan?

La presunción de que estudiantes de preuniversitario o universitarios no son capaces de entender lo que dice el Che sobre la democracia en el socialismo en un ensayo como El socialismo y el hombre en Cuba es solo una hipótesis, porque nunca se ha puesto en los programas de estudios de ninguna asignatura. Los estudiantes cubanos pasan el pre y la universidad y nunca lo leyeron, nunca les pidieron que discutieran en un seminario sus ideas sobre la democracia socialista o sobre la economía. Como decía María del Carmen y los demás panelistas, ahí está una vez más el Che ministro de Industrias, el dirigente económico, pero pensador de lo que es la democracia, las relaciones entre los líderes y el pueblo, ¿dónde está esa reflexión?, ¿en qué lugar?, ¿en qué momento nos encontramos con ese acercamiento al Che y los problemas que trató?

Por otra parte, si le preguntáramos al Che si tener trabajadores privados era caminar hacia el capitalismo, ¿ese pensador complejo que ha sido descrito aquí hubiera pensado que lo que nos va a llevar al capitalismo son los trabajadores privados? Recordemos que él murió en octubre del 67 y que en marzo del 68 fue que se cerraron sesenta mil pequeñas empresas privadas que existían en Cuba. El socialismo cubano que el Che conoció y por el que seguramente estaba luchando en Bolivia, el que tenía en la cabeza, no creo que fuera un socialismo sin trabajadores privados. No le preguntamos al Che sobre eso, pero ese era el socialismo que existía en Cuba, y a nadie se le ocurría que iba hacia el capitalismo. ¿Qué es lo que llevaría al socialismo hacia el capitalismo, entonces? Le podríamos preguntar al Che. Quizás no conciliemos el sueño si nos ponemos a pensar en eso.

Por último, ¿el socialismo genera democracia automáticamente? Él no dice eso en El socialismo y el hombre en Cuba. Habla de los problemas que representa la cuestión democrática en el socialismo y de cosas que este tiene que enfrentar, y que se relacionan con un orden institucional democrático. ¿Tiene eso que ver con la realidad cubana contemporánea, sí o no?

Finalmente, ¿ustedes creen que el Che Guevara estaría de acuerdo con tratar de tener un modus vivendi con los Estados Unidos, o no hablaría con ellos porque no se podía confiar «ni tantito así»? Richard Goodwin, asesor de Kennedy, y que habló con el Che en Punta del Este, dice que este le habló en relación con el tipo de encuentro y de negociación que podía haber entre los dos países. Ese Che Guevara que habla con Goodwin no niega el diálogo, ni niega la convivencia. ¿Por qué no hemos leído nunca las notas del Che sobre esa conversación?, ¿por qué no sabemos del contenido de su encuentro con el imperialismo en carne y hueso? Quizás el que conozcamos a un Che y no conozcamos tanto al otro Che sea nuestra responsabilidad.

Muchas gracias a todos.