Los Lineamientos en el proceso socialista cubano actual

Resumen: 

El artículo trata de reconocer y reafirmar ideas sobre algunos fundamentos básicos de la construcción socialista que aparecen en documentos esenciales como los Lineamientos emanados del VI y VII Congreso del Partido Comunista, y los objetivos de trabajo de esta organización. Se trata de enaltecer el papel del trabajo en las condiciones actuales, el grado de conciencia de los individuos, y el rol que deben jugar los administrativos en este proceso. Dichas ideas se encuentran fundamentadas desde el pensamiento martiano, marxista-leninista y fidelista.

Abstract: 

The article tries to recognize and reaffirm ideas about some basic fondations of socialist construction that appear in essential documents such as the guidelines emanating from IV and VII Congress of Communist Party, and the work objectives of this organization. The aim is to enhance the role of work in current conditions, the degree of awareness of individuals, and the role that administrators should play in this process. These ideas are rooted in the thinking of Marti, Marx, Lenin and Fidel.

En las condiciones actuales, el reordenamiento de la economía y de la sociedad cubana constituye un desafío ante las amenazas que el mundo globalizado y la posición hegemónica imperialista han impuesto a los países denominados periféricos, entre ellos, Cuba.

A raíz del Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), uno de los documentos que marca un nuevo rumbo hacia la construcción socialista del país es Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución (PCC, 2011). El presidente Raúl Castro Ruz expresó al respecto: «Nadie debe llamarse a engaño, los Lineamientos señalan el rumbo hacia el futuro socialista, ajustado a las condiciones de Cuba, no al pasado capitalista y neocolonial derrocado por la Revolución» (Castro Ruz, 2010a: 4). «Se concentrará[n] en la solución de los problemas de la economía y en las decisiones fundamentales de la actualización del modelo económico cubano» (Castro Ruz, 2010b: 3).

Los Lineamientos, junto a los Objetivos de trabajo... (2012) emanados de la Primera Conferencia Nacional del PCC, se tornan guía indispensable hacia la consolidación del socialismo, ante la necesaria búsqueda de vías que permitan lograr una mayor cuota de justicia social y bienestar para los hombres y mujeres de la nación. Se trata de superar las contradicciones que hemos heredado del subdesarrollo.

Concepción teórica y práctica de los Lineamientos. Fundamentos generales

Como concepción teórica y práctica, los Lineamientos conciben un desarrollo armónico que permita el equilibrio de la economía cubana. Su enfoque abarca todas las esferas de la vida social y se basa en la necesidad de un reordenamiento y ajuste en el plano interno ante el cambio de las condiciones externas.

Desde su concepción, el documento señala las transformaciones que la sociedad cubana necesita para afianzar el proceso de construcción socialista, fundamentadas en el pensamiento martiano y marxista-leninista, así como en las ideas de Fidel Castro y del actual primer secretario del Partido, Raúl Castro.

[Los lineamientos] son la materialización de la política pública del Estado cubano para movilizar las fuerzas productivas materiales de la sociedad, en el que las universidades ocupan un lugar especial, teniendo en cuenta que en sus actividades sustantivas de formación e investigación contribuyen a dar solución a un problema de interés público: conformar una nueva cultura científica tecnológica. (Moya Padilla, 2014: 2)

Asimismo, se han definido como una innovación social, relevante en la medida en que se orientan a valores sociales, no solo a la productividad, la competitividad empresarial, los costes de producción o las tasas de mercado (9).

Dicho modelo también refiere las experiencias de nuevas formas de propiedad, con la empresa estatal como eslabón fundamental y decisivo en la economía, y formas de gestión no estatal como un nuevo espacio para diversas formas de organizar y gestionar la producción social, y creación de nuevas fuentes de empleo.

Para la puesta en práctica de los Lineamientos hay que despojarse de dogmas, de estereotipos, de viejos hábitos y costumbres. Se debe tener una mentalidad abierta hacia nuevos modos de actuación y maneras de pensar, así como el convencimiento de la necesidad de cambios ante los desafíos que el futuro impone.

El trabajo, en las condiciones actuales, resulta categoría insoslayable para ir hacia metas superiores de producción. En ese sentido, el general de ejército Raúl Castro reflexionaba:

Se impone trabajar con orden, disciplina y exigencia por hacer realidad los Lineamientos […] igual que los Objetivos de trabajo aprobados […] dejar atrás el lastre de la vieja mentalidad y forjar con intencionalidad transformadora y mucha sensibilidad política la visión hacia el presente y el futuro de la patria. (Castro Ruz, 2012)

Para avanzar hacia un crecimiento sostenido es necesario tener un efectivo control sobre la medida de trabajo y resultados finales de cada sector de la economía. Igualmente deben estar presentes la estimulación material y moral, la creación de condiciones técnico-organizativas de manera adecuada, garantizarse la seguridad y salud del trabajador, entre otras medidas que permitan alcanzar un alto nivel motivacional.

El trabajo del obrero, del ingeniero, del campesino cuenta. Esta etapa exige la participación activa de todos en los diferentes procesos de producción y servicios. La responsabilidad, la honestidad, la laboriosidad, la perseverancia y la creatividad son valores que potenciar en los colectivos laborales y en la población toda; así como su participación constante en los procesos económicos y de dirección. Todo ello contribuirá a que se sientan y actúen como codueños reales de los medios fundamentales de producción, con una intervención activa en la toma de decisiones.

El fortalecimiento del papel del Estado como regulador, recaudador y controlador (no administrador) de los recursos, para la producción y los servicios, comprometería más a los cuadros y trabajadores de cada entidad con el cuidado de sus propios medios, lo que pudiera contribuir a disminuir el robo, la corrupción y otras ilegalidades, así como a reforzar los valores ético-morales en las diversas organizaciones de la sociedad.

Concepciones marxistas-leninistas y guevarianas

En este tema, Lenin fue muy certero. Proclamaba la necesidad de que, a partir del nuevo régimen que se construía, el Estado asumiera la organización de la producción y el control y la contabilidad de los recursos de un ejército armado que, en definitiva, era el pueblo, las masas populares, en función de la construcción de una nueva sociedad. Asimismo, reconocía que «crear una nueva disciplina en el trabajo, crear nuevas formas de relaciones sociales entre los hombres, crear formas y procedimientos nuevos de atracción de los hombres al trabajo, es una tarea que exige de muchos años» (Lenin, 1981: 347); pero sostenía: «No nos asustarán las dificultades gigantescas, ni los grandes errores inevitables de una obra dificilísima» (1974).

Lograr que el trabajo se convierta en un deber social y moral forma parte de los propósitos de cada uno de los Lineamientos. Específicamente en el Capítulo VI, relacionado con la política social, se afirma lo indispensable de «rescatar el papel del trabajo como la vía fundamental para contribuir al desarrollo de la sociedad y a la satisfacción de las necesidades familiares y personales» (PCC, 2011: 22). También se hace referencia a que el principio de distribución socialista: «De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo», se alcance a partir de las condiciones concretas de Cuba.

Los propios cambios en las relaciones de propiedad sustentados en esta plataforma programática hacen más compleja la implementación de un grupo de medidas. La heterogeneidad socioeconómica transita desde la propiedad estatal, cooperativa, mixta, privada, hasta la pequeña producción mercantil, procesos aún más complejos desde el subdesarrollo.

Al respecto, Lenin argumentaba sobre la importancia de la formación de cooperativas como elemento imprescindible y suficiente para la edificación socialista. En la nueva política económica (NEP), reconocía las relaciones monetarias mercantiles, admitía para la primera etapa de transición al socialismo, durante cierto tiempo y en proporciones limitadas, la existencia de elementos capitalistas, conservando en manos del Estado los sectores claves del desarrollo. Esa política del Estado soviético tenía como objetivo el desenvolvimiento de las fuerzas productivas, el impulso a la agricultura y, con ello, garantizar los medios necesarios para fomentar la industria. Para Cuba, es impostergable beber de esa experiencia, que sitúa al hombre como partícipe activo de ese proceso.

Los Lineamientos, sobre todo los del Séptimo Congreso (PCC, 2016a), insisten en la necesidad de la planificación como elemento de regulación estatal, por encima del mercado, sin desconocer la importancia de este en las condiciones actuales. De igual forma, el documento recoge, en todas sus manifestaciones, la necesidad de destrabar el desarrollo de las fuerzas productivas.

En este orden, variantes de propiedad y producción concebidas desde la política económica de la nación pueden y deben coexistir; sin embargo, las diversas formas de apropiación, condiciones y resultados provocan determinadas distorsiones que, en ocasiones, atentan contra el adecuado funcionamiento de la distribución con arreglo al trabajo de manera institucional, y limitan el logro de una mayor justicia social.

Del mismo modo, en los Lineamientos se advierte lo indispensable de establecer una relación entre el consumo realizado a partir de los ingresos personales y los fondos sociales que estimulen la productividad del trabajo.

Es necesario apuntar que en la actualidad existe una incongruencia significativa en la correlación producción-distribución-consumo, pues es imposible distribuir lo que no se ha producido. El trabajo es el único pilar que permite el incremento de la riqueza social. Aunque sea considerado un medio de vida, «se manifiesta como elemento de obligación, de compulsión, por la dependencia que tiene la sociedad del trabajo de cada uno de sus miembros» (García Báez, 1990: 89).

En relación con los Lineamientos emitidos desde el Sexto Congreso, los del siguiente ofrecen continuidad a ideas tales como la importancia del trabajo, la necesidad de obtención de ingresos mediante este para el sostenimiento de las familias, y su imbricación con otros. Pero podríamos preguntarnos si los mecanismos creados para que el trabajo se convierta en un motor impulsor de la producción y de la productividad continúan, en la práctica, teniendo distorsiones, si bien han sido aplicados con buena intención. En este caso, los sistemas de pago implementados por el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social (MTSS) (R. 9/2008, de 2 de febrero; R. 17/2014, de 28 de abril; R. 6/2016, de 23 de marzo) han intentado acercar cada vez más los resultados del trabajo a la retribución percibida; pero eso no basta. En ello tendremos que ser más certeros.

Actualmente, la flexibilización del trabajo por cuenta propia, las nuevas facultades que se ofrecen a la empresa estatal socialista, y que los ingresos de los trabajadores se incrementen mediante el trabajo —no mediante la corrupción, el robo, las ilegalidades— contribuirán al fortalecimiento de la conciencia laboral y económica. Para cumplir este cometido, Raúl ha afirmado en varias intervenciones que hay que acabar de desterrar la noción de que Cuba es el único país donde se vive sin trabajar.

El cumplimiento de la jornada de ocho horas, de la disciplina laboral, ejercer un mejor control sobre los recursos de todo tipo, reducir costos e incrementar la producción de bienes materiales se convierte en tareas de primer orden.

La propiedad colectiva sobre los medios de producción elimina la posibilidad de adquirir bienes materiales y espirituales sin trabajar; y el trabajo se convierte en un derecho general para cada miembro apto de la sociedad. Esta premisa es una condición necesaria, pero no supone totalmente la solución. El cambio hacia la nueva sociedad «no se produce automáticamente en la conciencia, como tampoco en la economía. Las variaciones son lentas y no son rítmicas, hay períodos de aceleración, otros pausados e incluso de retroceso» (Guevara, 1988: 17).

En el socialismo deberá transformarse gradualmente la actitud ante el trabajo, así como conformar una conciencia del trabajador a tono con su papel como nuevo productor-propietario-beneficiario de los medios de producción y distribución.

El pensamiento guevariano le ofrece un lugar decisivo a la educación de los individuos mediante el trabajo y a la conformación de valores éticos y morales en las organizaciones. Asimismo, el Che refería que «para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo […] Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una técnica nueva» (Guevara, 1968: 37).

El modelo de desarrollo económico socialista cubano en proceso de actualización tendrá que enfrentar estas realidades. Es un proceso difícil que requiere motivación, inteligencia y tenacidad. El reordenamiento institucional y la reorganización del sistema económico, político e ideológico se realizan tomando en cuenta los desafíos que imponen para la nación los cambios que suceden en la estructura socio clasista. Se hace inevitable el trabajo político-ideológico, hombre a hombre, en esta etapa en la que se rectifican errores, tendencias y desviaciones.

La preparación ideológica y práctica de los dirigentes políticos y administrativos

Para ser consecuentes con los Lineamientos se hace pertinente una intensa y sistemática capacitación de dirigentes políticos y estatales a todos los niveles e instituciones, y de la población, a fin de lograr un mejor ejercicio de la labor de dirección y conducción de la economía. La etapa requiere de una educación multilateral de las masas y del desarrollo de una nueva conciencia necesaria para la comprensión y maduración de las transformaciones y procesos que se instrumenten, tanto en el orden económico como político, social, ideológico, moral y cultural.

Al decir de la investigadora Nereyda E. Moya Padilla (2014), la preparación

es un desafío que se hace cada vez más evidente en la misma medida que avanza el proceso de actualización en el modelo socioeconómico cubano; se han abierto nuevos espacios como los diplomados de Gestión Empresarial y de Administración Pública para todos los directivos de los diferentes elementos del sistema nacional. (9)

Los cuadros políticos y administrativos tendrán que ser capaces de explicar, argumentar, esclarecer e implementar las políticas refrendadas en los Lineamientos y en la Primera Conferencia Nacional del PCC.

En el Séptimo Congreso de esta organización, celebrado en abril de 2016, se realizó un balance de lo logrado hasta el momento, y de las tareas que quedan por perfeccionar.[1] Esto servirá de pauta para seguir el camino de rectificación de errores y continuar las líneas acordadas en el Sexto congreso respecto a la actualización del modelo económico y social, así como avanzar hacia objetivos que conduzcan a un mayor nivel de satisfacción de la población y a elevar la calidad de vida de los ciudadanos.[2]

En este período, deben sustentarse las condiciones para superar los nocivos efectos del igualitarismo. Se trata de rectificar el fenómeno de la llamada pirámide invertida que no permite retribuir de manera justa el trabajo en función de su cantidad, calidad y complejidad, situación que genera desmotivación laboral en trabajadores y cuadros, e interfiere en su promoción hacia mayores desempeños.

Al respecto, Román García Báez (1999), en su trabajo «Desarrollo humano, justicia social y equidad», comparte la idea de que «la repetida metáfora de la inversión de la pirámide social ya agotó sus cualidades gráficas y didácticas […] Solo una altísima eficiencia sostenida del sector socialista puede hacer subir el trabajo en la escala piramidal» (103).

La coexistencia de fuentes de ingresos que no se relacionan con el aporte laboral complejiza el empleo y las maneras de retribuir en la construcción socialista, y en ocasiones, atenta contra la motivación laboral (Vila Pérez, 2013: 45). También la dualidad monetaria perjudica el nivel de precios y el poder adquisitivo de los ciudadanos, sobre todo de los que viven solo de ingresos salariales, y del segmento poblacional más envejecido —aunque protegido por el Estado— y vulnerable económicamente.

Es una realidad que aún existen muchas personas aptas física y mentalmente que no se incorporan al trabajo. En este minuto, tendríamos que cuestionarnos si realmente los ingresos por este concepto están en correspondencia con los tipos de trabajo. Por ejemplo, un auxiliar de limpieza de una empresa mixta puede tener ingresos superiores a un profesional del sector de la educación, la silvicultura o la caza; un arrendador de vivienda, un camarero de un restaurante privado o un transportista son muestras fehacientes de ingresos más atractivos que los devengados en el sector estatal. En definitiva, se ha provocado un trasiego de personas entre ramas y sectores, y del sector estatal al no estatal, que desplaza los niveles de calificación adquiridos, y provoca, en alguna medida, la descualificación o la subutilización de la fuerza de trabajo.

El Estado cubano debe cuidar que no afloren estas desigualdades —que en determinadas ocasiones tienen causas objetivas— con demasiada perdurabilidad, pues pudiera peligrar la esencia socialista. Es importante tomar medidas al respecto; el control es imprescindible en estos casos. Hay que reconocer que han ganado espacio los ingresos no provenientes del trabajo, lo cual ha incidido en el comportamiento social de los individuos y en valores como el respeto al trabajo, la honestidad, la laboriosidad, el sentido de pertenencia, entre otros.

La creación de nuevos mecanismos salariales, el perfeccionamiento de otros, la implementación de medidas que eleven el estímulo al trabajo[3] son aspectos importantes para que este se erija como el principio rector de la justicia social socialista, al convertirse gradualmente en la medida de consumo. Tomar en cuenta esto en el establecimiento de las políticas sociales permitirá focalizar aún más los recursos para los hogares con mayores desventajas (Vila Pérez, 2012: 12).

Actualidad y pertinencia de los Lineamientos y otros documentos rectores

Actualmente se ha logrado incrementar los ingresos de los trabajadores estatales y niveles de productividad en determinadas ramas y sectores.[4] Sin embargo, aún falta mejorar el nivel de la macroeconomía. Todavía hay que rescatar reservas de productividad en los colectivos laborales. Según Ricardo Cabrisas Ruiz (2016), ministro de Economía y Planificación, para el año 2017, se estimó un crecimiento del ingreso medio de la población, pero «es imprescindible evitar los pagos sin respaldo productivo por concepto de salarios y de pagos en el sector no estatal» (4).

Para el alcance de este propósito, es de suma importancia la educación de los cuadros y trabajadores para afianzar su cultura del trabajo, económica y política. Precisamente este es uno de los aspectos enfatizados en los Lineamientos. También los Objetivos de trabajo se refieren a ello. En específico, el número 44 alega la necesidad de que en las condiciones actuales se promueva la profundización «en la conciencia del ahorro de los recursos de todo tipo, como una de las fuentes principales de ingresos del país en estos momentos» (PCC, 2011: 27). Asimismo, el 47 plantea: «Promover la cultura económica, jurídica, tributaria y medioambiental en el pueblo, especialmente en cuadros y dirigentes» (27).

Establecer un sistema integral de educación económica y laboral permitirá fomentar la disciplina, la laboriosidad, el colectivismo, el sentido de pertenencia y la cooperación, así como hacer conciencia acerca del papel determinante del ahorro y la eficiencia, para impulsar el desarrollo económico-social sostenible del país. El logro de la eficiencia y la productividad es una vieja deuda que tenemos que saldar, sin ello es casi imposible elevar los salarios, incrementar las exportaciones, sustituir importaciones y sostener los enormes gastos sociales de nuestro sistema.

Lograr la vinculación de los elementos económicos, políticos y sociales es uno de los retos más difíciles que los Lineamientos y los Objetivos de trabajo del PCC proyectan. Los cambios en las relaciones de propiedad, con una mayor apertura del trabajo privado y el reconocimiento de cooperativas no agropecuarias, como una de las formas de gestión más novedosas implementadas, forman parte de los desafíos y de las nuevas concepciones, estipuladas en el Sexto y en el Séptimo congresos del Partido, que el país tiene para los años presentes y futuros. Se hace imprescindible preservar la sustentabilidad económica y las conquistas del socialismo.

Consideraciones finales

Los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución, aprobados en el Sexto Congreso, y actualizados en el Séptimo, conducen a un camino sin retroceso. Ellos, sin dudas, ofrecen las líneas y vías para la continuidad de la construcción socialista en Cuba. Su implementación constituye uno de los mayores retos en la actualidad: llegar a la sociedad que se aspira y que se debe continuar edificando.

La construcción socialista en Cuba requiere de la más amplia participación popular en todos los órdenes. Ello precisa promover y exigir sistemáticamente el dominio y aplicación de lo estipulado en los documentos normativos que rigen la política económica y social de la nación, los sectores y ejes estratégicos, el Plan nacional de desarrollo hasta 2030 (PCC, 2016b), entre otras tareas importantes, así como el respeto y aplicación de las normas legales devenidas del propio proceso de actualización de nuestro modelo de desarrollo.

Lo abordado implica la necesidad de que los directivos estén más preparados para el ejercicio de sus funciones y sean capaces de motivar, incentivar y dirigir a las grandes masas en la consecución de nuevas metas y objetivos, manteniendo las conquistas alcanzadas, pero introduciendo ideas renovadoras para avanzar, aún más, en la implementación del modelo de desarrollo económico-social.

La formación de una nueva actitud socialista ante el trabajo en este contexto es ineludible. En la medida en que los individuos se sientan más compenetrados con el proceso y menos enajenados, realizarán un aporte laboral mayor, no solo para satisfacer intereses personales, sino los del colectivo laboral y la sociedad.

 
 

[1]. De los 313 lineamientos aprobados en el Sexto Congreso del Partido (abril de 2011), 21% se ha implementado totalmente; 77% se encuentra en la fase de implementación, y 2% no se ha iniciado. (Castro Ruz, 2016)

[2]. En ese congreso se anunció la actualización de los Lineamientos para el período 2016-2021, con un total de 268; de ellos, 31 conservaron la redacción original, 193 se modificaron y se agregaron 44 (Castro Ruz, 2016: 4). También se presentaron las bases para el Plan nacional de desarrollo hasta 2030 y la visión de la nación y los ejes y sectores estratégicos.

[3]. Actualmente, la empresa estatal socialista cubana introduce un grupo de medidas que tienden a favorecer los incrementos en la producción y la productividad y garantizar que la retribución se corresponda, en mayor medida, con el trabajo aportado. Entre ellas se encuentran la flexibilización de los objetos sociales; la readecuación de los sistemas de pago y estimulación; la oportunidad de distribuir las utilidades después de efectuar el pago al Estado (50%); la descentralización para la venta de activos fijos tangibles; la autorización para la venta de inventarios ociosos o de lento movimiento; la retención por la empresa del fondo para la depreciación de los activos (fuente para financiar inversiones).

[4]. Desde 2013, el salario medio se ha incrementado en 54% (779 pesos). Alrededor de 1 306 empresas pagan salarios superiores a los 500 pesos como promedio y 405 instituciones lo hacen por encima de los 1 000. En tanto, solo 25 superan los 2 500 pesos, y en ellas se agrupan alrededor de 14 000 trabajadores (R 6/2016: 5).

 

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