Globalización con autonomía: el caso cubano

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Desde 1959, Cuba ha sido una anomalía en el hemisferio occidental. Desde su profundo aislacionismo hasta su firme compromiso con el comunismo y con Fidel Castro, el modelo cubano rechazó muchas convenciones y circunstancias de la modernidad en un mundo cada vez más globalizado. Sin embargo, en la última década, ligeros cambios en la forma de gobierno y control de Cuba han instado a algunos investigadores a cuestionarse si Cuba podría participar en la economía mundial moderna y cómo lo haría. El presidente Raúl Castro respondió a las especulaciones, a finales de 2010, mediante un anuncio sobre la actualización económica de Cuba, y luego en 2011, con la implementación de significativas reformas económicas. ¿Puede Cuba participar e interactuar con la economía mundial y conservar una filosofía marxista-leninista, o se requiere una homogenización significativa e irreversible? Este artículo argumenta que, a partir de los principios básicos de la globalización, es posible que Cuba se incorpore a la economía globalizada y que armonice, más que homogenizar, sus políticas económicas con las de otros países, al tiempo que conserva su filosofía marxista-leninista. La globalización, transformadora e inevitable, exige que todos los actores mundiales armonicen sus políticas, pero no exige ni homogenización ni uniformidad.

Abstract: 

Since 1959, Cuba has been an anomaly in the Western Hemisphere. From its fierce isolationism to its steadfast commitment to communism and Fidel Castro, the Cuban model shunned many modern conventions and developments of the increasingly globalized world. However, in the last decade, subtle shifts in Cuban governance and control led some scholars to question if and how Cuba could participate in the modern, global economy. President Raúl Castro answered the speculation in late 2010 with an announcement regarding Cuban economic modernization and, again, in 2011, as significant economic reforms were implemented. All of these changes beg the ultimate question: Can Cuba engage and interact with the global economy and remain a Marxist-Leninist philosophy, or is an irreversible, fundamental homogenization required? This Note argues that, based on the basic principles of globalization, it is possible for Cuba to enter the globalized economy and to harmonize, rather than homogenize, their economic policies with those of other countries while retaining its Marxist-Leninist philosophy. Globalization unavoidably and transformatively requires all global actors to harmonize their policies but does not require homogenization or uniformity.

Para comprender la posible conmoción económica que aguarda a Cuba es necesario aprehender a cabalidad el concepto de globalización y su relación con la reforma económica cubana. Por ello, examinaremos la información básica relacionada con los principios generales de la globalización y la historia de la economía cubana, y ofreceremos una breve panorámica, así como un análisis del trabajo elaborado por Larry Catá Backer (2004) en relación con Cuba y la globalización.

Principios de la globalización. Su carácter armonizante

La globalización se refiere a varios procesos transformadores que permean y aglutinan todos los niveles de gobierno, desde el local hasta el internacional. Existen diversas maneras para conceptualizar sus facetas; por ejemplo, como un continuo de relaciones sociales y económicas y de redes de funcionamiento, ya sean locales o mundiales (Held et al., 2003). Por encima de este continuo, los temas humanos se conectan y se expanden a todos los niveles; a través de varios procesos que transforman la organización espacial de la relaciones y transacciones sociales (valoradas en términos de su extensión, intensidad, velocidad e impacto), lo que genera flujos transcontinentales o interregionales y redes de funcionamiento de la actividad, la interacción y el ejercicio del poder. (68)

Desde luego, mientras cierta uniformidad sea la causa de este proceso, serán los propios nexos el aspecto más importante para nuestro estudio.

Contrarias a la definición y al uso del concepto que guía este texto,[1] han aparecido varias teorías sobre globalización, que en su momento han dominado los estudios sobre el tema (Gerschenkron, 1963; Rostow, 1990). De estos modelos se obtienen dos principios abarcadores: primero, la suposición de que todos los Estados deben, por voluntad propia o no, modernizarse[2] a través del desarrollo lineal de las políticas económicas industriales; para ello deben cumplir con ciertas condiciones, como comprometerse con la movilización del capital y con la iniciativa empresarial, sobre la base de ciertos valores sociales en disposición de permitir la producción moderna independiente, y del incremento del nivel de vida y el consumo masivo (Rostow, 1990: 4-11; Backer, 2004: 352-4). En segundo lugar, a partir de esta suposición ocurre que, al tiempo que tiene lugar la modernización económica, la sociedad de un estado aceptará las nuevas normas materialistas que suceden a la modernización.[3] A la larga, mientras más «atrasada» sea la economía de un Estado en comparación con la economía industrial moderna, con más razón se tienen que cumplir las condiciones específicas para el desarrollo y el cambio (Gerschenkron, 1963). Por lo tanto, estas teorías descartan la posibilidad de que un país ideologizado, como Cuba, tenga oportunidades de inclusión y participación.

Sin embargo, el Estado continúa desempeñando un papel —aunque reconfigurado para permanecer en el poder— en el mundo globalizado; se «descentraliza» debido a la transterritorialización cada vez mayor de los problemas y los actores mundiales (Aman Jr., 1998). Es necesario que los Estados participen junto a otros actores (sus homólogos, organizaciones mundiales y corporaciones transnacionales) en los procesos de toma de decisiones, las cuales ya no son desarrolladas en el vacío por un órgano soberano íntegro; sin embargo, la manera en que los estados escogen participar en la comunidad mundial varía. De hecho, ninguno es inmune a la globalización, sin importar cuán resistente pueda ser a sus modelos dominantes, porque ella incita e impregna todos los niveles de la sociedad y del gobierno a través de nexos. Por eso, se puede considerar la globalización como:

[L]a intensificación de las relaciones sociales en el mundo, que unen localidades distantes, de modo tal que los sucesos locales son modificados por los eventos que ocurren a varios kilómetros de distancia y viceversa […] La transformación local es tanto una parte de la globalización como la extensión paternal de las conexiones sociales a través del tiempo y del espacio. (Giddens, 2003: 60)

La globalización incentiva a los Estados a armonizar sus políticas dentro de la economía mundial y a «lograr cierto nivel de consonancia con otros sistemas legales». En este contexto, descentraliza las meras políticas y las plataformas teóricas de los gobiernos, lo que permite la consonancia entre las naciones que poseen ideologías tan diferentes (Backer, 2004: 354), como, por ejemplo, los Estados Unidos y China.

El caso de Cuba

Para todos, Cuba es un fascinante caso de estudio en relación con el papel del Estado que se globaliza, ya que, muy a pesar de las razones ideológicas por las que continuaría aislado —más allá de su condición insular—, se está globalizando a través de su propio modelo.

Tras el triunfo revolucionario de enero de 1959, bajo el Partido Comunista de Cuba (PCC), el país recibió ayuda y mantuvo relaciones con la Unión Soviética, hasta su colapso en 1991, que provocó una crisis en la economía cubana con un descenso de 35% del PIB entre 1990 y 1993. Esta situación se incrementó a causa del aislamiento ideológico y geográfico de Cuba con respecto a la comunidad mundial (Backer, 2004). Aunque la implementación de reformas liberales (1993-2003) abrió ciertas relaciones internacionales económicas y culturales, Cuba se ha resistido a muchas de las tendencias mundiales contemporáneas (Backer, 2004).

Las estadísticas oficiales estimaron el PIB de 2009 en 51,01 mil millones de dólares (estadounidenses), y el PIB per cápita en 4 545 dólares (Backer, 2004); el salario mensual rondaba los 19 dólares (Pujol, 2009); y el promedio del salario nominal entre 2000 y 2007 se duplicó, al igual que la productividad. El gobierno cubano, en ese período, tenía empleada una fuerza de trabajo de cinco millones de personas, cerca de 83% a nivel estatal y 5% pertenecía a cooperativas conectadas con el Estado. Entre tanto, la fuerza de trabajo privada, que representaba apenas 12% de la población, continuaba estancada, con 3% —unos 142 000 individuos— de la fuerza de trabajo total.

Además de la gran carga de ser el principal empleador del país, el Estado cubano también enfrentaba problemas económicos relacionados con la falta de productividad, ya que 60% de la fuerza de trabajo pertenecía al sector no productivo y las importaciones equivalían a cuatro veces el valor de las exportaciones (2). El embargo económico de los Estados Unidos hacia Cuba (Granma Internacional, 2010); y los bajos precios del azúcar y del níquel, los incrementos en los costos del petróleo, devastadores huracanes en 2001, 2004 y 2008, la gran sequía en la mitad oriental del país, la creciente deuda externa, y la estancada y decreciente productividad agrícola e industrial, constituyen fundamentalmente las causas del sombrío panorama económico de Cuba (Pujol, 2009).

Con la disminución del PIB, el déficit aumenta y el gobierno depende cada vez más de las importaciones de alimento y energía, así como del sector de los servicios y de la cooperación internacional.

Cuba y la globalización: Larry Catá Backer

En el año 2004, Larry Catá Backer publicó Cuban Corporate Governance at the Crossroads: Cuban Marxism, Private Economic Collectives, and Free Market Globalism, donde analizaba si Cuba podría globalizarse económicamente manteniendo su compromiso ideológico con la filosofía marxista-leninista (338). En su análisis, Backer considera si el modelo cubano pudiera entrar al mercado mundial de modo similar al que se empleó en China; y concluye que la globalización es necesaria para el futuro de Cuba,[4] pero que no podría suceder, ni siquiera de modo similar al de China, si no tienen lugar cambios fundamentales en la ideología y en la estructura de la forma de gobierno.

Este autor parte del entendimiento de la globalización como esencial[5] e inevitable para Cuba, a pesar de sus mejores intentos de resistencia (408-9). Sobre la base de tal comprensión, analiza si Cuba pudiera globalizarse de manera similar a la de un estado comunista exitoso: China. La participación «controlada» de esa nación en la economía mundial, iniciada en 1978, experimentó muchos grandes cambios, particularmente a partir de los 90 (380-8), cuando el gobierno fusionó el maoísmo con políticas económicas liberalizadas, lo que «posibilitó que la China maoísta adoptara la globalización sin perder [el] carácter […] básico del Estado» (386). El sistema chino, como «economía socialista de mercado», impulsó al país a ser la tercera mayor economía del mundo en el año 2010, con un crecimiento económico sostenido de 10%, aproximadamente, durante cerca de tres décadas (Bureau of East Asian and Pacific Affairs, 2017).

Aunque resulta tentador establecer analogías entre el éxito de China y Cuba —porque ambos países poseen plataformas comunistas—, Backer sostiene que el maoísmo no es el «fidelismo» de Cuba y que existen diferencias significativas entre los dos países (385). Mientras que el gobierno chino adoptó la «burocracia de entidad de libre empresa» (396) y fue entusiastamente recibido por el mundo sin requerir cambios, Backer argumenta que el fidelismo no adopta tales ideales y que, además, Occidente no sería tan permisivo sin exigir compromisos (385, 399).[6]

Continuando su análisis, Backer describe algunos cambios que serían necesarios para que Cuba adoptase la globalización. El primero, descentralizar al Estado de la economía, como se hizo en China, e integrar a Cuba a la economía mundial (413); el segundo es un cambio en la dirección del país (417). Finalmente, sugiere que Cuba debe revaluar su visión original de forma de gobierno, quizás mediante la adopción de una perspectiva basada más en el mercado, como el capitalismo, que, según Carlos Marx (y Engels, 1848), «obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción [...] En una palabra, forja un mundo a su imagen y semejanza».

Solamente a través de un «cambio de visión», cree Backer que Cuba puede globalizarse de tal modo que pueda conservar su filosofía marxista-leninista (414-7).

Cambios fundamentales en Cuba y en el mundo desde 2004

A pesar de la aseveración de Backer (2004) de que Cuba, como Estado, debe renunciar a su poder y adecuarse a una forma extendida de participación —como el capitalismo—, este país ha mostrado que se globalizará sin necesidad de actuar de acuerdo con aquellas posturas. Es un actor mundial por elección propia, sin debilitarse como Estado, y creando su propio modelo de participación en consonancia con su ideología.

El ascenso de Raúl

Incluso antes del anuncio del VI Congreso del PCC y la reforma económica, otros cambios significativos ocurrieron en la política de Cuba entre 2004 y 2011. El ascenso de Raúl como presidente, en julio de 2006, luego de la enfermedad de Fidel Castro, marcó el inicio del reconocimiento claro de las dificultades económicas en Cuba y de una convocatoria al «debate abierto» relacionado con los «cambios estructurales y conceptuales» que debían ocurrir. En los primeros años de su presidencia, estos permitieron a los cubanos adoptar formas limitadas de consumismo, como la compra de teléfonos móviles y el hospedaje en hoteles para turistas, así como el aumento de la autonomía al permitir que los agricultores privados compraran suministros y equipamiento para potenciar el uso de la tierra (The Economist, 2008). Aunque las reformas iniciales parecen mínimas, en 2008 hubo reformas mayores, ya que el gobierno implementó nuevas políticas que expandieron el acceso público a la tierra para laborales agrícolas, se elevaron los salarios, aumentó la edad de retiro, y se modernizó la infraestructura de la transportación.

Muchos de los cambios implementados y de los temas que suscitaron el debate muestran las vastas diferencias del liderazgo y filosofía de Raúl con respecto a los de Fidel. Para comenzar, su papel como anterior ministro de defensa —el organismo más rentable del Estado (The Economist, 2010a)—[7] se orienta hacia una forma completamente diferente de gobierno, en la que «asume la visión de que Cuba ya no puede sostener el Estado paternalista y abotagado que él heredó de Fidel, y que la nómina salarial del Estado debe ajustarse a la productividad». Entre los objetivos de Raúl para el aumento de esta última se encuentran restructurar la economía; reducir los gastos asignados a la educación y a la atención de salud universales; sustituir paulatinamente la libreta de abastecimiento por ayudas dirigidas; y asegurar el otorgamiento de una «vasta autonomía a las empresas estatales», con las expectativas de «que se autofinanciarán, o desaparecerán si no lo logran» y de que pueden «crear empresas conjuntas con compañías extranjeras» para generar empleos. Esto muestra que el Estado cubano se reconfigura, aunque por necesidad, para continuar siendo un actor dentro del mundo globalizado, pero no en consonancia con el modelo de participación estatal de los Estados Unidos o China.

Punto de giro: el VI Congreso del PCC y la reforma económica

En noviembre de 2010, Raúl Castro anunció que en abril de 2001 se celebraría el VI Congreso del PCC, luego de un período de catorce años, para «tomar decisiones fundamentales sobre cómo actualizar el modelo económico cubano y adoptar las vías para la política económica y social del Partido y la Revolución» (The Associated Press, 2010). El gobierno cubano también emitió el Proyecto de Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución. El principal objetivo de estas reformas es, en palabras de Raúl Castro (citado en Miroff, 2010), prevenir que Cuba caiga «por un precipicio» a causa del desastre económico. De modo más específico, el plan propone «aumentar las exportaciones y reducir la dependencia de las importaciones, y unificar las dos monedas de Cuba: el devaluado peso cubano y el fuerte peso “convertible”» (The Economist, 2010b).

Los puntos específicos del plan incluyen un modelo de gestión económica, además de políticas macroeconómicas, comercio exterior, ciencia, tecnología e innovación, salud, educación y empleo, agroindustria, industria y energía, turismo, transporte, vivienda, recursos hidráulicos; y comercio (PCC, 2011). A los crecientes comentarios de que los «arrojados cambios [...] pudieran significar el inicio del fin [del comunismo en Cuba]» (The Economist, 2010a), el propio plan señala que

[l]a política económica en la nueva etapa se corresponderá con el principio de que solo el socialismo es capaz de vencer las dificultades y preservar las conquistas de la Revolución, y que en la actualización del modelo económico, primará la planificación y no el mercado. (PCC, 2011)

Igualmente, el gobierno cubano, el mayor empleador de la nación, declaró su intención de cesar a más de medio millón de trabajadores, para el 1 de abril de 2011, seguidos de otros ochocientos mil antes de 2013. Como resultado, hasta dos de cada cinco cubanos ya no trabajarían para el Estado (The Economist, 2010a). Cuando se compara con la cifra de trabajadores por cuenta propia en 2010 —alrededor de 143 000 (CCTV.com English, 2010) de 11,2 millones de ciudadanos (U.S. Department of State, 2009-2017)—, se comprende mejor la magnitud y la significación de los despidos.

En lugar de los estatales, el propio gobierno incentiva a los ciudadanos a buscar empleos en el sector del trabajo por cuenta propia (TCP) o a crear cooperativas —suceso impactante para el caso de un país que durante cuarenta años no les permitió a los ciudadanos emplear a otros, ya que la Constitución cubana considera explotación tener a un «empleado» con el que no se posea vínculo de parentesco (The Economist, 2010b). Las 178 formas de TCP aprobadas incluían 83 oficios que podían contratar empleados sin parentesco y 23 no autorizados anteriormente, entre ellos: vendedor de alimentos, instructor deportivo, albañil, tenedor de libros, chapista, etc. A cambio de trabajar en el sector privado, los trabajadores por cuenta propia pagarían impuestos de entre 25% y 50% de los ingresos personales (BBC NEWS, 2010).

A pesar de la conjetura de si Cuba se convertirá en una economía híbrida o de mercado, mantiene su compromiso con los fundamentos marxistas-leninistas, en palabras de Marino Murillo Jorge, ex ministro cubano de Economía y Planificación, «[n]o hay reforma, es una actualización del modelo económico. Nadie piense que vamos a ceder la propiedad, la vamos a administrar de otra forma» (CCTV.com English, 2010). Juan Triana, economista de la Universidad de La Habana, declaró que estas reformas económicas son las más importantes para Cuba desde 1975, porque el documento «reafirma la esencia política de nuestro proceso, pero cambia radicalmente la filosofía en la conducción de nuestra economía» (citado en Miroff, 2010). En efecto, el gobierno cubano, por necesidad, se ha propuesto restructurar su sistema económico para incrementar las actualmente escasas productividad y eficiencia, así como para compensar los beneficios fundamentales que brinda, entre los que se incluye la atención de salud y la educación gratuitas (Grogg, 2010).

Cambios en el mundo

Internacionalmente hubo cambios durante el período que afectaron las políticas cubanas, entre los que se incluye la crisis económica de 2008 (BBC NEWS, 2008). Además, la elección de Barack Obama marcó el comienzo de una posible nueva era de intercambio (CBS NEWS, 2009). Esto tuvo como resultado la implementación de políticas que disminuyeron las restricciones de viajes a Cuba para los cubanoamericanos y las limitaciones en la importación de alimentos y medicinas y en los viajes a la Isla para la venta de productos (Montopoli, 2009; Memmott, 2010). Aunque ocurrieron estos cambios, ha continuado el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba, y son grandes las posibilidades de que se mantenga vigente hasta que Cuba sea más «democrática», a pesar de las presiones por parte de la Asamblea General de la ONU, de miembros del Congreso estadounidense (CNN, 2008) e, incluso, de la opinión pública estadounidense.[8] De hecho, frente a las positivas ganancias que aseguraban mejores relaciones entre  Cuba y los Estados Unidos en el futuro, Raúl Castro calificó los cambios como «buenos», y alegó que el embargo continúa en pie sin justificación política o moral y que Cuba no está dispuesta «a negociar nuestra soberanía ni nuestro sistema político y social, el derecho a la autodeterminación, ni nuestros asuntos internos» (citado en Weissert, 2009).

Otro suceso importante en el contexto de la globalización es el crecimiento de la economía china. Desde mediados de la primera década del siglo xxi, su crecimiento se ha manifestado, anualmente, en un promedio mayor de 10%. Se trata de la tercera mayor economía del mundo (Adam, 2010) y ha fortalecido sus lazos con la economía cubana, según se evidencia a través de las relaciones comerciales entre los dos países. Sin embargo, Cuba no está siguiendo ningún modelo único; sino que su participación como actor mundial es un factor decisivo para lograr la flexibilidad de la globalización.

Globalización y cambio en Cuba

Mientras Cuba se orienta en sentido contrario a las expectativas de algunos científicos, el enfoque se ha dirigido hacia las intenciones de sus políticas, el papel de la globalización en sus decisiones, y lo que ello muestra acerca de la globalización y del papel del Estado. Este trabajo expone tres principios esenciales relacionados con la ideología cubana y que se deben reafirmar y emplear como guía para que la Isla controle su acceso a la sociedad globalizada.

Teorías para el cambio

En respuesta a las reformas económicas propuestas, surgieron tres teorías que mostraban la verdadera razón de las políticas de Cuba: 1) Cuba se globaliza por necesidad; 2) lo ha hecho para preparar a su gobierno para la transición posCastro; y 3) y a causa de la presión interna. Aunque las explicaciones que ofrecen varios comentaristas presentan un análisis incompleto de los cambios que, además de ser significativos, permanecen firmemente adheridos a la doctrina marxista-leninista, esclarecen tanto las políticas de Cuba como el continuo progreso de la globalización y otra generación de la misma.[9] De las tres teorías, ninguna consigue brindar una explicación completa a las reformas económicas cubanas, pero ilustran grosso modo el papel del Estado como actor en un mundo globalizado.

  1. Cuba se globaliza por necesidad: Esta primera teoría establece que la Isla, más que estar preparada y por voluntad propia, se globalizará porque lo necesita. Como se debatió anteriormente, la actual situación económica del país es pésima, por lo que algunos argumentan que Cuba ha aprobado los cambios a causa de sus dificultades económicas, luego de ser, durante años, un «estado paternalista y sobredimensionado». Según esta hipótesis, Cuba adopta una economía más eficiente y racionalizada a causa de sus fallas del pasado, más que por verdadero entusiasmo hacia las reformas, hecho que constituye un punto de giro en su doctrina.[10]

Otro argumento es que Cuba se está globalizando por la presión de China —cercano aliado político y económico—[11] (Frank, 2010), debido a las dificultades del gobierno de la Isla para pagar la deuda (Radio Rebelde, 2010).[12] Una mirada a las similitudes entre las posibles reformas y las que se usan en los rescates financieros del Fondo Monetario Internacional (FMI) (Frank, 2010) nos permitiría argumentar que la presión de China para mejorar la decadente economía de Cuba impulsa la adopción de las reformas, lo que quizás conduce a la adopción gradual de un sistema similar al del socialismo chino de mercado.

Aunque estas teorías argumentan que el país se está basando más en el mercado y menos en el fidelismo, se entienden mucho mejor porque ha reconocido que no puede continuar aislado en un mundo globalizado. Además, si bien parece que Cuba está ansiosa por aprender de la experiencia de China (Frank, 2010), no hay indicios de que globalice su economía o reproduzca ese sistema híbrido simplemente para motivarla a «aflojar […] las riendas» (Frank, 2010). En el contexto de la globalización, estos cambios son el resultado de la armonización mundial[13] con las prácticas comunes, más que un reconocimiento de la derrota ideológica, y reiteran que el Estado, incluso mientras se resiste a los modelos predominantes de la globalización, puede reconfigurarse con miras a ella a través de su propio modelo.

  1. Cuba se globaliza para preparar a su gobierno para la transición posCastro: Otra teoría señala la duración del gobierno cubano como motivo para los cambios, y de cierto modo argumentan la transición hacia un nuevo modelo económico tras la muerte de Fidel Castro.[14] Ya sin Fidel —la figura central del aislacionismo—, quizás Raúl —el gobernante pragmático y que posee una mente más abierta— se propuso instituir reformas que sirvan de preparación para la inevitable muerte de los líderes revolucionarios, debido a que existe inquietud acerca de las ideas envejecidas y la necesidad de una actualización del modelo cubano.

Backer (2004) enfatiza que el «vocabulario [cubano] es cada vez más anticuado, incluso a partir de los principios marxista-leninistas», hecho que condujo al aislacionismo, incluso de Estados comunistas como China y Vietnam (406). Aunque en 2004 parecía que Cuba «ya no podía comprender —o que estaba cada vez menos dispuesta a hacerlo— los cambios en otros Estados marxista-leninistas», actualmente parece que ha admitido su disposición a «tomar ventaja» de las reformas de otros países comunistas (107) y ha abierto la oportunidad al diálogo sobre los posibles beneficios o deficiencias del sistema chino aplicado a Cuba.

  1. Cuba se globaliza a causa de la presión interna: La última teoría que se presenta es que a través de las reformas económicas se legalizan empresas privadas informales ya existentes y que antes estaban prohibidas.[15] Si bien pudiera argumentarse que esta razón le resta legitimidad a la decisión del gobierno cubano o muestra su debilidad, en el contexto de la globalización las presiones internas constituyen una poderosa fuerza reconocida en el proceso de toma de decisiones por parte del Estado. Aquellas, ya sean a partir de los vínculos entre ciudadanos a través de su intercambio cotidiano o alrededor del mundo, influyen en la toma de decisiones estatales, tanto como la presión de otros países o grupos internacionales (Held et al., 2003: 67-8).

Desde hace mucho tiempo, se ha criticado internamente «la forma centralizadora, estado-monopólica y burocratizada del marxismo-leninismo representada por la Cuba estalinista» (Backer, 2004: 412). El acceso limitado a Internet para los ciudadanos,[16] la no libertad de reunión,[17] así como la emigración cubana a causa de la falta potencial de ingresos[18] constituyen ejemplos de presión interna forzosa y globalizante que el gobierno cubano debe analizar y atender —y lo hará— a través de su proceso de toma de decisiones.

Globalización: la causa y la respuesta

Todas las fuerzas que se identifican en las teorías presentadas le dificultan a un Estado como Cuba resistirse al cambio, como lo predijo Larry Catá Backer (2004).[19] Además, en la globalización misma se encuentra una respuesta a todos estos cambios —ella es la fuerza transformadora desencadenante, así como la respuesta a los motivos que tiene Cuba para la reforma. A partir de un estudio del caso Cuba, país históricamente resistente, la naturaleza abrumadoramente inevitable de la globalización se torna obvia. En palabras de Fidel Castro, la globalización es un «fenómeno inevitable» (Castro, 2000); sin embargo, esto no significa que el país tenga que cambiar su base u objetivos ideológicos. Castro matizó su declaración diciendo que la globalización no era inevitable si era una imposición neoliberal (101).

En la actualidad, está claro que, contrario a la predicción que hiciera Backer en el 2004, un cambio significativo de ideología no es un requisito para la reforma en Cuba.[20]

El mero hecho de que Cuba esté renuente a globalizarse o que no se globalice por razones altruistas y basadas en el mercado, no niega la trascendencia de sus reformas. De hecho, su importancia radica en que, como Estado, decida implementar cambios, aunque a través de un nuevo modelo, para permanecer en el poder y participar en la economía mundial. Sin embargo, en el contexto de la globalización, el hecho de que estos no estén acompañados de reformas fundamentales en el entramado marxista-leninista cubano constituye un argumento muy fuerte para demostrar que la armonización mundial no requiere de la homogenización ideológica.

Igual que las políticas neoliberales no constituyen el único concepto de globalización, tampoco el maoísmo chino es la única forma alternativa. Vastas son las diferencias fundamentales entre China y Cuba; por ejemplo, la decisión por parte de funcionarios cubanos de rechazar el «socialismo de mercado» (Dollar y Kraay, 2003) chino en favor de reformas comunistas limitadas (The Economist, 2010a).

Cuba posee una historia diferente relacionada con la globalización: la de una nación que, en lugar de hacer un cambio ideológico sin tener en cuenta las circunstancias externas, cambia las políticas por la necesidad de sobrevivir en un mundo cambiante. Además, esa historia es la de una nación que ha intentado limitar los efectos negativos de ese proceso. Cuba, como actor global, se reconfigura para conservar el poder dentro de su nuevo modelo de participación mundial. Pero no lo hace en solitario. Al tiempo que Raúl Castro tomaba decisiones, muchas de ellas ya las había tomado, por Cuba, el mundo globalizado.

La globalización no se limita a la forma de gobierno neoliberal o basada en el mercado; por el contrario, como señaló Deng Xiaoping: «[El] mercado también puede servir al socialismo» (citado en Castro, 2000). Aunque la Isla ciertamente no llegará a adoptar el socialismo de mercado, está participando en la economía globalizada como actor mundial.[21] El Estado puede crear nichos para la globalización; sin embargo, permanece la interrogante sobre cómo Cuba y otros países pueden limitar sus aspectos no deseados —he aquí las partes neoliberales— mientras se benefician de su armonización.

Limitar la globalización. Reafirmaciones constitucionales esenciales

La Constitución cubana ofrece una declaración ideológica contundente y firme de los principios cubanos esenciales relacionados con la forma de gobierno, entre los que se incluye la igualdad, la dignidad y el socialismo.[22] Sin embargo, ante los posibles retos de limitar la globalización para coincidir con el pueblo y beneficiarlo, así como con la base ideológica de Cuba, es importante reafirmar ciertos principios constitucionales esenciales relacionados con la reforma económica; hacerlo puede ayudar a definir las fronteras de la globalización e identificar las formas en que la globalización cubana se diferencia de la de los países maoístas o neoliberales. Mientras varios son los aspectos significativos de la ideología cubana, este trabajo propone tres que son medulares, de acuerdo con los principios inherentes a la filosofía marxista-leninista y que, ante las reformas económicas, el gobierno debe reafirmar explícitamente. Cuba no puede debilitarse como Estado, ni su política económica puede debilitar los valores fundamentales de su sociedad.

El primer principio es el de la soberanía del Estado sobre las actividades económicas dentro de Cuba. De acuerdo con el Artículo 16 de la Constitución cubana, el papel estatal es organizar, dirigir y controlar la actividad económica nacional, para garantizar el desarrollo programado del país, a fin de fortalecer el sistema socialista, satisfacer las necesidades materiales y culturales de la sociedad y los ciudadanos, promover el desenvolvimiento de la persona humana y de su dignidad, [y] el avance y la seguridad del país.

El gobierno debe puntualizar, con claridad, que se mantiene firme en el control de la economía, lo cual abarca toda forma de «privatización» mediante el trabajo por cuenta propia; que, a diferencia del maoísmo chino, basado en el mercado, el gobierno es el único regulador de la economía; y que protege los intereses y la dignidad de los individuos, razones por las cuales toda voluntad de «privatización» tiene que contribuir con ese mismo objetivo.

El segundo principio es el aborrecimiento constante del consumismo y la prohibición del aumento de las diferencias clasistas. El Artículo 14 establece condiciones a la propiedad de los bienes y de la tierra sobre el principio de la igualdad y la supresión de la explotación de los individuos.[23] Estos principios constitucionales también reafirman las garantías laborales, de invalidez, asistencia social, protección laboral y atención de salud (Artículos 47 y 50), que se basan en las presunciones del derecho sobre equidad y justicia.[24] En contraposición a los modelos lineales que refieren el compromiso de la sociedad para con los valores que se corresponden con el crecimiento económico, Cuba permanecerá firme. Por eso, el gobierno cubano debe reafirmar estos ideales velando por que la globalización contribuya al beneficio de todos, más que al enriquecimiento de una clase selecta; los mismos principios de equidad en que se apoya Cuba deben ser reafirmados para deslindar las reformas económicas cubanas y las de los países maoístas o neoliberales.

El último principio es que el país debe reiterar sus políticas y enfocarlas hacia los cimientos de la nación. Como se describe en la Constitución, el socialismo es transformador en tanto crea una sociedad nueva y justa; es irrevocable, y Cuba jamás regresará al capitalismo (Artículo 3). De acuerdo con la perspectiva de que la globalización de Cuba tiene lugar dentro del marco mayor de la ideología socialista, bien puede la Isla protegerse de las posibles políticas neoliberales que amenazan la esencia de su sistema. Puede globalizarse eficazmente sin cambiar su ideología; tiene que dejar perfectamente claro que «la única globalización que puede salvar a la humanidad y preservar la especie humana es una globalización socialista» (Castro, 1998). De este modo, Cuba permite la armonización esencial para asegurar su economía sin traicionar los elementos fundacionales de su identidad.

Conclusiones

Las explicaciones disponibles no consiguen captar la razón y el significado de la reforma económica. Cuba, una nación que aparentemente se resistiría a la globalización, se está reconfigurando a sí misma como Estado para sobrevivir en un mundo globalizado. A través de su elección de hacerlo de forma diferente a la de otros modelos, se revela la increíble maleabilidad de la globalización.

De hecho, esta es una poderosa fuerza transformadora que impide que los Estados permanezcan aislados, si aspiran a sobrevivir. No requiere de la homogenización para que aquellos se integren a la comunidad mundial. Si las políticas de Cuba devienen efectivas, propiciarán al país la estabilidad necesaria para participar en la economía mundial.[25] Ciertamente, la globalización no marca el fin de la Cuba socialista, sino que convoca a todos los actores de la economía mundial a participar conjuntamente por el éxito.*

 

Traducción: Rogelio Frank Luis Castro.

 

 

 

[1]. Mientras este artículo afirma que la participación económica mundial no requiere de la homogenización de los valores de la economía y de la sociedad, sino que es infinitamente flexible y se puede acomodar a los diferentes modelos de participación, las teorías mencionadas establecen que la globalización solo puede funcionar a partir de un modelo único y que los estados, al desear participar en la economía mundial, tienen que adecuarse a él.

[2]. «[L]as sociedades que se niegan a la modernización se tornan vulnerables a la injerencia, y tarde o temprano se las puede forzar a aceptar el mundo de la tecnología moderna [...] En la época contemporánea, los países que aún no han entrado en la etapa de despegue [y] no forman parte del grupo que intenta lucir como las sociedades viables tradicionales y que reaccionan a los costos y deformaciones de la vida moderna [...] son un reflejo de su incapacidad para lograr objetivos de modernización declarados, escogidos luego de sopesar los costos y beneficios pertinentes» (Rostow, 1990: XXV).

[3]. «La sociedad completa tales términos según lo hará con los requerimientos de la producción eficiente moderna, creando un balance de los nuevos en contraposición a los viejos valores e instituciones, o revisando los últimos de modo que apoyen, y no que retrasen, el proceso de crecimiento» (Rostow, 1990: 9).

[4]. «No es probable que Cuba pueda hacer resistencia, por mucho tiempo, al consenso de la globalización. La armonización mundial genera presiones que naciones como Cuba pueden encontrar difíciles de resistir» (Rostow, 1990: 411).

[5]. «El fracaso en adherirse a la nueva ortodoxia de la globalización [...] puede significar la exclusión de la comunidad mundial» (Rostow, 1990: 364).

[6]. «Cuba no podría mantenerse leal a sus principios estalinistas y permitir la creación de entidades o personas jurídicas con control independiente sobre los atributos fundamentales del poder del Estado» (Rostow, 1990).

[7]. Según el coronel del ejército Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, el Grupo de Administración Empresarial S.A (GAESA), de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), posiblemente controla hasta 40% de la economía cubana (The Economist, 2010b).

[8]. «71% de los estadounidenses piensa que los Estados Unidos deberían restablecer relaciones diplomáticas» y 74% apoya el levantamiento de la prohibición de viaje para la totalidad de los americanos (CNN, 2008).

[9]. Aquí significo otra generación de la globalización en el contexto de la globalización misma, que se desarrolla mientras los propios Estados se globalizan; es decir, ella cambia en el tiempo con los acontecimientos que tienen lugar en el mundo. Esto no debe confundirse con los términos acuñados por Thomas Friedman (2007) —Globalización 1.0, 2.0, 3.0—, ya que estos son específicos según los diferentes cambios a la hora de comprender el fenómeno.

[10]. «Raúl Castro y sus aliados indudablemente han ganado [el debate], en contra de los funcionarios más doctrinarios promovidos por Fidel Castro después de que abandonó la apertura limitada de los noventa» (The Economist, 2010b).

[11]. «[C]on la caída de la Unión Soviética, [Cuba] se acercó más a Beijing, que en el 2009 era el principal proveedor de bienes de consumo y manufacturados para la isla caribeña» (Economía Cubana, 2010).

[12]. «La deuda de Cuba excede los 21 mil millones de dólares, cifra cercana a 50% de su PIB» (Frank, 2010).

[13]. «La armonización mundial genera presiones que países como Cuba pueden hallar difíciles de resistir» (Backer, 2004: 411).

[14]. «¿Entonces los hermanos Castro, en el ocaso de sus vidas, están preparándose para conducir a Cuba hacia una economía mixta, similar a la de China?» (The Economist, 2010b).

[15]. «Un modo de interpretar los cambios es que, más que crear nuevas oportunidades, a través de ellos simplemente se legaliza lo que ya era una economía informal expandida de empresas privadas clandestinas» (The Economist, 2010b).

[16]. «[E]l acceso a la Internet es estrictamente controlado [...]» (U.S. Department of State, 2009-2017).

[17]. «La ley castiga actos de reunión no autorizados de más de tres personas» (U.S. Department of State, 2009-2017).

[18]. «[L]os jóvenes, particularmente los profesionales que han alcanzado buen nivel de instrucción, están abandonando la Isla» (Carroll, 2010a).

[19]. «Juntas, estas fuerzas son difíciles de resistir por parte de los Estados que son pequeños, pobres y que poseen y se encuentran en una posición tecnológicamente inferior» (411-2).

[20]. «[L]os grandes cambios en la economía política cubana adoptan una forma coherente que apenas es revolucionaria o que más bien apunta hacia el rechazo de su marco actual. Esto se define como cambio en los márgenes, incluso si se entiende como significativo dentro del marco del pensamiento político cubano» (Backer, 2010a).

[21]. «[S]e está desarrollando un híbrido y no puede decirse que es una sola cosa. Estamos presenciando una transición únicamente cubana pero dentro de la economía mundial» (Julia Sweig citada en Carroll, 2010b).

[22]. «Conscientes […] de que solo en el socialismo y el comunismo, cuando el hombre ha sido liberado de todas las formas de explotación: de la esclavitud, de la servidumbre y del capitalismo, se alcanza la entera dignidad del ser humano; y de que nuestra Revolución elevó la dignidad de la patria y del cubano a superior altura» (Constitución de la República de Cuba —«Preámbulo», 2002).

[23]. «En la República de Cuba rige el sistema de economía basado en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción y en la supresión de la explotación del hombre por el hombre. También rige el principio de distribución socialista “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”» (Constitución..., 2002).

[24]. «Todos los ciudadanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes» (Artículo 131).

[25]. «Si el gobierno cubano logra que esto funcione, largo será el camino para alcanzar algún tipo de estabilidad que le permita resistir el impacto de la reinserción de Cuba en la economía mundial convencional» (Backer, 2010b).

* Publicado originalmente como «Harmonization, but Not Homogenization: The Case for Cuban Autonomy in Globalizing Economic Reforms» en Indiana Journal of Global Legal Studies, v. 19, n. 1, invierno de 2012, 365-90. Disponible en <http://cort.as/-16LX>.

 

 

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