La ciencia y la tecnología en Cuba una década después

Resumen: 

Se hace una consideración acerca de la situación de la actividad científica, tecnológica y de innovación en Cuba según su evolución de los últimos años, señalándose los éxitos y los problemas que está presentando. Adicionalmente se proponen acciones que pueden ayudar a hacer avanzar un logro alcanzado y evitar su pérdida mediante su actualización y su proyección al futuro.

Abstract: 

In this paper we review the recent evolution of science, technology and innovation in Cuba, highlighting the achievements and the difficulties. Further, we will propose a number of actions for pushing forward with what has already been achieved and ensuring the achievements are not lost through their modernization and future projection.
 

La importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación en Cuba se fundamenta claramente en muchas citas de Fidel Castro. En uno de sus discursos más medulares —para muchos  un resumen de sus ideas políticas al final de su vida—, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, afirmaba:

Y el país tendrá mucho más, pero no será jamás  una sociedad de consumo, será una sociedad de conocimientos, de cultura, del más extraordinario desarrollo humano que pueda concebirse, desarrollo de la cultura, del arte, de la ciencia, y no para armas químicas, con una plenitud de libertad que nadie puede cortar. Eso lo sabemos, no hay ni que proclamarlo, aunque sí recordarlo. (Castro Ruz, 2005)

Casi todos los fines de año envío un «regalo electrónico» a mis amigos y conocidos: un  poema de Nicolás Guillén. Hace más de una década, en 2007, envié «La muralla», uno muy hermoso, devenido canción. Eran tiempos de reflexión durante cambios importantes en el gobierno revolucionario. El 31 de diciembre de ese año, algunos colegas de    la ciencia cubana recibieron también un mensaje,  en el que remarcaba, esencialmente, cuatro puntos problemáticos de nuestra realidad científica: a) la muy notable ausencia de una gestión central fidelista, ágil, ajena a procedimientos burocráticos, que promoviera las nuevas iniciativas en la ciencia; b) la necesidad   de un cambio en la gestión de los recursos humanos para la ciencia en un inevitable escenario global y abierto del mercado laboral; c) la desconexión entre el sector que crea directamente valor en la economía y el que crea conocimientos; d) la escasa penetración de las ideas científicas en nuestra conciencia social  y superestructura política, con tradiciones ajenas a ello, y donde el propio liderazgo de Fidel constituía una de las pocas excepciones en todo el ámbito iberoamericano de los últimos quinientos años.

Un lustro más tarde apareció en la revista Temas un artículo titulado «Visión de la ciencia y la tecnología: problemas actuales», en el que algunas de esas ideas se desarrollaban más en extenso y se actualizaban (Montero Cabrera, 2012: 4-11). Hoy, transcurridos casi doce años, la apreciación general de un lector ajeno a la realidad cubana, y del que la conoce, es esperanzadora, aunque inevitablemente preocupante.

Como se comentará posteriormente, una frase en el mensaje de 2007 —«depende de cómo actuemos para que la  aceleración sea negativa o  positiva en  el futuro»— lamentablemente ha apuntado a la desaceleración del desarrollo científico del país, en un lapso nada despreciable, en el que muchos avances han ocurrido en la cotidianidad de las personas en todo el mundo, gracias a la ciencia y la tecnología.

Además, en 2012, se desarrolló una acción sin precedentes en el seno de la Academia de Ciencias  de Cuba (ACC). Dentro de las tareas esenciales del mandato académico renovado de ese año,  estuvo la elaboración del informe «Estado de la ciencia en Cuba», bajo de la dirección del vicepresidente Dr. Carlos Rodríguez Castellanos, texto que fue expuesto en el seno del Consejo de Ciencia y Tecnología de la Comisión de Implementación de los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (ACC, 2012a: 32). Este conjunto de documentos, y sus aproximaciones desde todas y cada una de las secciones de la Academia, constituye una expresión inédita de evaluación sabia, colectiva y revolucionaria de un problema social que en ese momento urgía resolver. Por tanto, el presente ensayo pretende evaluar las argumentaciones anteriores a la luz de la situación actual. En particular, se refiere al resumen ejecutivo del anexo elaborado por la Sección de Ciencias Naturales y Exactas (ACC, 2012b).

¿De qué estamos tratando?

Ya en el citado artículo de Temas intentaba delimitar las principales características de la actividad de investigación y desarrollo tecnológico. Hoy, podemos revisitar las definiciones de entonces y adicionar alguna elaboración que pueda facilitar la comprensión de su trascendencia.

Cuando nos referimos a la investigación científica y tecnológica en un país eso implica:

  • La realización de un trabajo intenso y especializado de estudio y generación de información, antes desconocida o no accesible, acerca de un  objeto o un sistema de objetos de interés, a partir de los conocimientos que al respecto ya se tienen en todo el mundo. Con ello se crean nuevos conocimientos en los sujetos que lo llevan a cabo. Así estos se apropian también de todo el saber que existe globalmente en torno a tal objeto, cuando estudian la literatura necesaria para hacer la investigación. Se trata de un proceso esencialmente humano de aprendizaje convertido en una actividad social devenida imprescindible para nuestro mantenimiento como especie.
  • La publicación y diseminación, cada vez más inmediata y ubicua, de las nuevas informaciones obtenidas en la investigación, después de ser debidamente procesadas. Esta información pasa por una revisión crítica por parte de especialistas anónimos, con el fin de obtener juicios lo más confiables posibles. Con su divulgación se logra que estén al acceso de todos y que puedan ser reproducidas, y probada su veracidad de forma independiente. Así participamos en la gran corriente del saber que se genera actualmente en torno a todos los objetos investigativos de interés. Los beneficios devienen tanto locales como globales.
  • La eventual conversión de esas informaciones publicadas, resultantes de las investigaciones en conocimientos particulares por los potenciales utilizadores locales, mediante la consulta de revistas especializadas, patentes, sitios web, etcétera. Así podemos dominar la tecnología y las formas de hacer que se generan tanto por nuestros especialistas como por otros, en cualquier parte del mundo, pues siempre pasan por la asimilación de las ideas de todos, gracias a la información compartida, y su puesta en práctica para nuestro bienestar.

Por definición, los resultados de la investigación científica y tecnológica son de uso universal. Esto hace que la participación de nuestro potencial científico en la red mundial no solo pone en otras manos lo que cada uno pueda ofrecer, (que al final es solo un modesto aporte al conocimiento humano, dado el reducido tamaño de Cuba), sino que su importancia está en que el sistema globalizado actual permite apropiarnos también de muchísimo de lo que se hace en cada campo de investigación y desarrollo tecnológico a nivel mundial. Así, la eficiencia de la producción de nuevos conocimientos se multiplica.

Lo más importante de contar con un grupo cubano que investigue, por ejemplo, en fuentes renovables de energía, no está solo en lo que este pueda generar; sino en el conocimiento y el dominio que tenga de lo más avanzado del mundo en ese campo. Ello debería estar enlazado con una capacidad de emprendimiento que permita desarrollar producciones y servicios que incrementen la creación de valor en el país, para el bien de la sociedad y de las individualidades involucradas. Cuba puede beneficiarse de todos los conocimientos, si sabe indagarlos y asimilarlos, dondequiera que  se produzcan, y si desarrolla la capacidad para su producción. Ellos forman parte de la riqueza de la humanidad y su publicación constituye el vehículo de acceso y verificación.

De no haber un documento público,  incluidas las patentes de invención, que avale y describa un resultado en términos prácticos, este no sería confiable o simplemente no existiera. La historia de los países cuyo desarrollo se ha disparado en las últimas décadas demuestra que su avance se debe sobre todo a la asimilación del saber mundial y a su implementación tecnológica de forma irrestricta, y en modo alguno    a un desarrollo autárquico de aplicaciones del saber propio.

En los últimos años, entre los científicos se han afianzado las visiones internacionales más comunes del concepto «innovación». Este aspecto de nuestra actividad creativa había estado confinado a acciones encaminadas a resolver problemas en la bloqueada   e ineficiente gestión económica productiva cubana. Sin embargo, su presencia como una nueva idea para la creación de valor, o un dispositivo o proceso más efectivo, está requiriendo, y requerirá aún más, de su internalización en la conciencia social para que la innovación sea encaminada y estimulada como el debido motor de desarrollo, progreso y bienestar. Además, puede verse como la aplicación  de mejores soluciones para nuestros problemas, que puedan satisfacer requisitos, carencias sociales,   o requerimientos aparentes en el mercado. Las innovaciones se convertirían en nuevos y más efectivos productos, procesos, servicios, tecnologías o ideas, disponibles rápidamente para la sociedad, incluidos el gobierno y el mercado.

Evolución hasta 2018

Una mejor proyección política

En cuanto a los problemas planteados anteriormente, desde 2007, el gran avance ideológico experimentado hasta ahora está en que hoy estos son objeto de amplia discusión pública en los entornos académicos. Recientemente, el debate nacional del Proyecto de Constitución de la República de Cuba ha favorecido la formulación colectiva de conceptos para su inclusión en la ley de leyes. Incluso, la prensa cubana ha transitado de una descripción obligadamente triunfalista de cualquier acción indizada centralmente como políticamente correcta —como es el caso de  muchos de nuestros logros biotecnológicos—, a permitir visiones más objetivas y promotoras de discusión. En este sentido, debe señalarse el impacto positivísimo de un órgano digital tan popular como Cubadebate, que en foros abiertos ha promovido la publicación y amplio intercambio de artículos de fondo, escritos por autores cubanos expertos y por los aportes muchas veces brillantes de sus lectores en los respectivos foros de comentarios. Como resultado evidente de todo lo anterior, las proyecciones más positivas están contenidas en los documentos producidos a partir del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. La ciencia, la tecnología y la innovación forman parte nuevamente del lenguaje de vanguardia de nuestros medios políticos.

Sin embargo, a la altura del tercer trimestre de 2018, los problemas esenciales permanecen sin resolver.

Un incipiente vínculo sistémico entre creación y utilización del conocimiento para la creación de valor

En la actualidad, son demasiado escasas las evidencias de componentes científicos y tecnológicos endógenos en las nuevas iniciativas de desarrollo e inversiones anunciadas. No obstante, comienzan a vislumbrarse acciones desde el campo de creación  de valor (o «productivo») que están estableciendo estos vínculos. El caso del sector biofarmacéutico es paradigmático. La persistente ausencia de mecanismos económicos que favorezcan o al menos permitan la contratación de transferencia de conocimientos entre el llamado sector «presupuestado», al que pertenecen los  mayores  centros  de  sabiduría del  país,  y el «empresarial», ha obligado a buscar nuevas iniciativas. Así, el consorcio estatal BioCubaFarma está invirtiendo en laboratorios completos para su uso común con las universidades y la generación conjunta de resultados científicos. Los casos más recientes implican tanto laboratorios para los universitarios en instalaciones empresariales, como los de estas en las universidades, con personal de nivel superior para su operación. Algo parecido ha ocurrido con los servicios de orden interior, y con la industria de la energía. Se trata de un camino inicial que puede dar frutos muy valiosos, a pesar de la rigidez estructural de nuestra actual organización económica.

Sin embargo, también tenemos situaciones indeseables. Una importante y novedosa inversión del gobierno central en un centro de investigaciones de proyecciones avanzadas hacia las nanociencias, con equipamiento relativamente actualizado, no ha podido estar debidamente respaldada por los recursos humanos requeridos. La rigidez administrativa y sectorial se ha manifestado mostrando su lado oscuro.

Mientras las universidades están subequipadas, a pesar de disponer del casi inagotable potencial de jóvenes estudiantes de pre y posgrado para utilizar los equipos ya instalados, ellos permanecen esencialmente inactivos en el nuevo centro de investigaciones. Este centro fue asignado a otra organización que, aun expresando una voluntad positiva al respecto, encuentra un escenario que no favorece el vínculo. Ha faltado la decisión revolucionaria necesaria para resolver esta situación. La dinámica de innovación parece mantenerse en la rama biotecnológica, gracias a los esquemas de «ciclo cerrado», que pueden ensayarse en producciones muy limitadas y de alto valor como las de este tipo. Pero los problemas en los que la integración entre la producción de conocimientos y el sector productivo tienen una incidencia en muchas organizaciones ministeriales, como los del transporte, la producción de alimentos, la  infraestructura constructiva o  el  comercio,  se mantienen huérfanos de soluciones integrales.

Claros ejemplos de esto son la construcción de   un megapuerto en El Mariel y el anunciado plan de reanimación del ferrocarril cubano. En el primer caso, en un país como Cuba, cuyos ingenieros y arquitectos han sido capaces de diseñar y construir en muchos países, y en el propio, todo tipo de obras civiles muy modernas, se optó por una propuesta brasileña. Una alternativa podría haber sido recurrir a grupos multidisciplinarios, con la participación de universidades y centros científicos cubanos, para analizar todos sus aspectos, desde el geológico hasta el macroeconómico y el político, pasando por los diseños constructivos y demográficos, antes de tomar una decisión final sobre su instauración. Según la información pública disponible, no resulta evidente que los resultados estén a la par de las expectativas que se tenían cuando se decidió la obra.

Estos juicios puedenestarerrados, dadalaescasísima información pública comprobable y no publicitaria que se divulga acerca de este macroproyecto. En noviembre de 2018, su página web reporta un volumen de inversión de 1 663 millones de dólares,[1] por diecinueve países, en un lustro de funcionamiento desde su apertura legal, por un decreto de 2013 (ZDMariel, 2018).

Por otra parte,  siempre  según lo  divulgado por la prensa, la decisión cubana de contratar  a  Rusia un nuevo sistema ferroviario permitiría ilustrar la desconexión de nuestra sabiduría con la toma de decisiones en inversiones en las que debe primar la tecnología de más alto nivel. Contratar íntegramente el diseño y proyección del sistema ferroviario nacional a un consorcio extranjero, cuando Cuba ya dispone potencialmente de más de 10% de su población con nivel universitario, debería requerir una mayor explicación (Cubasi, 2017; Rozin, 2017).

En tiempos en los que, gracias a Internet, el acceso a información novísima sobre lo más avanzado en este tipo de sistemas es mayor que nunca antes en la historia de la humanidad, esta decisión refleja el tipo de desajustes estructurales para la gestión del conocimiento y los conocedores que nos aqueja; y que se caracteriza por implicaciones de mayor alcance, dado que un sistema ferroviario también es transversal a la industria, la construcción, la geografía, la demografía y muchas otras disciplinas.

Sobre la base de la limitada información pública, se podrá sospechar que las inversiones «llave en mano», a crédito, típicas de un subdesarrollo técnico que no deberíamos tener, son muchas más que las deseables. Vivimos en uno de los países cuya población es más culta, pero con uno de los índices más bajos del mundo en utilización de las tecnologías contemporáneas para desarrollar y expandir la cultura y el conocimiento.

El potencial humano y la producción de conocimiento

Los datos disponibles oficialmente del potencial científico humano nacional para la ciencia y la tecnología son confusos y de difícil utilización para cualquier análisis serio. La revisión de los anuarios estadísticos cubanos suele ser contradictoria. Hasta hace unos años, las cifras de personas incorporadas   a la investigación excluían la educación superior, que es sin dudas la de mayor potencial a priori. Recientemente, incluyeron esas cifras de profesionales en las universidades, pero sin una consideración adecuada de cuántos realmente están incorporados   a la investigación científica, o a labores docentes únicamente. Tampoco aparece indicador alguno acerca de los estudiantes de pre y posgrado que están investigando, a pesar de que significa un componente importantísimo de la producción de conocimientos científicos.

Por ello, solo nos quedan algunos parámetros confiables para evaluar la presencia del potencial humano de investigaciones en Cuba. Entre ellos, podemos referir el de la producción de conocimientos en términos de documentos citables anualmente, según se viene realizando por Scimago desde 1996. Tomando en cuenta esas cifras, en términos comparativos con otros países, es posible aproximarse a valores confiables, pues se puede presumir que los defectos que tenga en su captación sean similares para todos ellos. Así llegamos a un gráfico, relativo al lugar que la Isla ocupa en el mundo en este índice (Gráfico 1).

 

Este indicador muestra un comportamiento oscilante entre 2005 y 2014; pero a partir de ese último año, en el posicionamiento de la ciencia y la tecnología cubanas marca una tendencia indeseable hacia lo negativo. En la que Cuba superaba a muchos países, ahora estos muestran un comportamiento notablemente mejor. Dado que nuestra población es bastante estable desde entonces, en el mejor de los casos puede asumirse que al menos diecinueve países, en los últimos cuatro años, lo han hecho mejor que Cuba, o han ganado potencial científico, o nosotros lo hemos perdido, o todos estos factores a la vez; cada uno con su debida contribución. Esta caída libre de nuestra producción científica es alarmante, no solo por lo que significa en sí misma, sino por todo lo que se puede presumir tras ella. Confirma, además, que la inflexión de la curva con la que comenzamos este artículo no se enfrentó hacia lo positivo en el momento adecuado, sino todo lo contrario.

Eso es lo que dicen las cifras. Pero el que está en el día a día en su puesto de trabajo científico puede relatar una imagen más desoladora.

Por otra parte, desde todos los puntos de vista, la inversión de la Revolución cubana en el sistema educativo ha sido y es magnífica. Los jóvenes talentosos, motivados, estudiosos, trabajadores y con ambiciones de llegar a lo cimero de la ciencia no son escasos; están presentes entre nuestros estudiantes y han soportado embates durísimos como los de los peores tiempos de la crisis de los 90. Lo que es lamentable es nuestra incapacidad de retención y asimilación de ellos para las metas que probablemente harían de Cuba un país envidiable por muchos, digno de los sueños de nuestros próceres, y en particular de Fidel Castro. Ciertamente, cada vez es más temprano el momento en el que después de la graduación, no continúan trabajando en el país, y buscan otras metas que les permitan resolver satisfactoriamente o vislumbrar la solución de sus planes de vida y familia, al nivel de las personas cultas que son.

Hasta hace unos años esperaban hasta obtener  el doctorado. Sin embargo, está ocurriendo que en número mayor ni siquiera llegan a esa etapa, y si tienen aspiraciones académicas parten al extranjero para culminarlas, muchas veces en lugares de élite, donde suelen ser muy capaces y competitivos con respecto a sus coetáneos de otras latitudes, incluso del llamado mundo desarrollado. En suma, si ni siquiera hacen   el doctorado en Cuba, las investigaciones que esta formación exige tampoco ocurren aquí.

Cada día más el potencial humano que formamos para la ciencia se convierte en una donación unilateral a otras naciones, a costa del desmembramiento, completo o parcial, de muchas de nuestras instituciones de investigación. Este es un fenómeno que también se manifiesta globalmente, pero es particularmente grave en nuestro caso, porque carecemos de política o acción alguna para recuperar ese potencial o utilizarlo desde el extranjero. Más bien se manifiestan prejuicios para ello, derivados de situaciones completamente diferentes a las que afrontamos en el siglo xx, y que siguen gravitando en muchas subjetividades. Los países grandes suministradores de talento para las redes científicas mundiales también los absorben procediendo de cualquier otra nacionalidad. Para ellos, se trata de un intercambio que puede ser enriquecedor, igual que le ocurrió a nuestra propia Patria con las importantes inmigraciones de principios del xx.

La conciencia social de la ciencia

La presencia de una manera de pensar y razonar de acuerdo con lo que ha avanzado la humanidad desde que el Homo Sapiens aprendió a leer y escribir hace unos seis mil años se manifiesta hoy en términos del llamado pensamiento científico. Esto se ha perfeccionado tanto que incluso corre de forma paralela a las creencias, que de un modo u otro, matizan nuestra existencia y desenvolvimiento en sociedad, en muchas dimensiones.

Durante la última década, resulta muy difícil expresar en cifras el avance o retroceso en cuanto a  la conciencia social de la ciencia, la tecnología y la innovación en Cuba. El discurso público de los políticos y los documentos rectores pueden ser un indicio, y en este caso sería indudablemente positivo. La referencia a la ciencia y la tecnología, y a la universidad científica, está presente, casi sin excepción, en las informaciones que aparecen, motivadas por las apariciones públicas, o en reuniones de trabajo, de nuestro actual equipo presidencial. Sin embargo, son muchos los colegas académicos que manifestamos preocupación por lo muy penetradas en creencias no científicas que están muchas esferas de la vida social e intelectual en Cuba, incluso fuera de los templos y lugares de culto, allí donde no debería aparecer otra cosa que la verdad científica incontestada.

Casos como los de la medicina natural y tradicional, que puede ser una utilísima fuente de saber si se enfoca responsable y científicamente, suelen aparecer sin base científica alguna, sustentados en suposiciones o creencias inexplicables, con todos los riesgos que esto implica para potenciales tratamientos a dolencias graves. A veces se exponen en los medios masivos públicos supuestas verdades en torno a curaciones que, sin dudas, pertenecen a prácticas de «brujos» o son típicas estafas de charlatanes para engañar a incautos  necesitados, a la luz del saber universal incontrovertible en el    siglo xxi. Las llamadas terapias «florales» y «homeopáticas», desechadas en muchas partes del mundo y en la literatura científica por ser incompatibles con los descubrimientos contemporáneos y porque no es posible su comprobación y reproducción independientes, han ganado espacio incluso en medios oficiales.

Una  verdadera educación científica, y el culto a  la verdad contrastable no están presentes siempre en nuestra educación ni en los medios de comunicación de todo el pueblo. Y eso va creando erosiones éticas que a la larga conducen a la inacción tecnológica, al conformismo situacional y a muchos vicios con los que una sociedad no puede desarrollarse correctamente.

Los avances tecnológicos más recientes, con la más alta penetración y presencia en la vida de la humanidad, se basan en las infocomunicaciones —Uber, Airbnb, mercadeo en la red, etc.—; en este aspecto, un momento destacado fue la declaración del actual presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en febrero de 2015, donde promueve un amplio, imprescindible e irrestricto desarrollo en este campo (Díaz-Canel Bermúdez, 2015). Desafortunadamente, muchos de estos avances aún no existen o tienen un ínfimo desarrollo en la Cuba de 2018, con respecto a los estándares internacionales. Mucho se ha hecho a partir de lo poco que teníamos en 2015, pero la situación sigue siendo precaria e incomparable, lo que sitúa al país en los escalones más bajos del mundo. Ello es irónico, ya que, dados sus niveles de escolaridad, Cuba sería uno de los países que mayor ventaja podría sacar de la informatización universal de la población. Con un nivel adecuado en este frente, cualquier estimación de cómo crecería nuestro producto interno bruto puede quedar pálida.

Posibles soluciones

Las soluciones a los problemas señalados no se han evidenciado en el lapso transcurrido. El propio diagnóstico que se hace, que tiene una alta coincidencia con el informe citado de la ACC (2012b), puede dar un conjunto importante de soluciones recomendables y plantear otras que permitan la sostenibilidad:

  • Los jóvenes interesados en dedicarse a la creación científica y tecnológica deben tener un amplio espectro de posibilidades para educarse como doctores, que es igual que formarse como investigadores independientes. La dedicación a la vida académica debe significar un futuro prometedor para un joven en Cuba, donde pueda satisfacer su vida espiritual y creativa y disfrutar también de un bienestar material que le permita cubrir sus necesidades progresiva y honrosamente.
  • Es tan importante hacer inversiones en una infraestructura informática como en cualquier otro de los sectores priorizados del país. Estas se cubren siempre, directa o indirectamente, con los aumentos de eficiencia en la gestión de todas las actividades, y suelen autofinanciarse con creces, y dar ganancias directas inmediatas muy notables. Además, se tiene la ventaja de que el propio progreso tecnológico en este campo reduce considerablemente los precios de muchos dispositivos que tendrían extraordinarias prestaciones.
  • El mercado mayorista y minorista de los medios de infocomunicaciones debe estar abierto completamente a todos sus ciudadanos, y seguir los comportamientos internacionales, de forma competitiva. Debe favorecerse la adquisición por parte de la población de los mejores y más convenientes medios y servicios, a través de políticas socialistas de reducción de impuestos en aquellos que sean los más convenientes para el desarrollo social e individual.
  • Debería procederse a una revisión profunda de nuestro sistema de enseñanza general y superior con el fin de implantar modificaciones que garanticen la actualización de contenidos y métodos, y permitir que esto se pueda autogenerar en el tiempo, teniendo en cuenta y utilizando al máximo posible el extraordinario dinamismo contemporáneo de la penetración de las infocomunicaciones y el acceso a la información. Debemos tener un sistema educativo capaz de una permanente adaptación al rápido progreso del conocimiento, la sociedad y las tecnologías informativas.
  • La gestión de la economía nacional debería flexibilizarse para lograr que las herramientas de planificación sean realmente efectivas y aceleradoras, y nunca un obstáculo, para el único propósito licito en el socialismo, que es el creciente bienestar de todos y cada uno de los cubanos. La planificación central tradicional característica de fracasados sistemas autodenominados socialistas debe ser transformada radicalmente para convertirse en un instrumento de permanente y continuo progreso social.
  • La competencia debe desarrollarse como herramienta económica al servicio de las ideas y de una sociedad que persigue objetivos socialistas. El papel promotor de la ciencia, la tecnología y la innovación a partir de la competencia, en sus formas más humanas y eficientes, es insustituible para el progreso.
  • Es preciso incorporar a la gestión de todas las esferas de la sociedad el criterio de «iniciativa» y de «éxito», como factores para la evaluación de desempeño y promoción de los jefes y líderes.
  • Tanto la creación de conocimientos, como la inventiva y la innovación rentables, deben ser premiados, y los autores justamente retribuidos por la sociedad, para así alcanzar un nivel de vida en correspondencia con su rendimiento. A cada cual según su trabajo y aporte social.
  • La globalización de la ciencia debe de aprovecharse en beneficio de los intereses de Cuba.

La gestión de la actividad científica del país debería reestructurarse completamente. Es preciso más «gestión» y  «facilitación» que «dirección» o «rectoría» de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Conclusión

La actividad científica es, en sí misma, una oportunidad de riqueza, quizás la más noble, para nuestra nación contemporánea. Por  definición, la ciencia en Cuba es un producto genuino de la Revolución cubana y de nuestras ideas socialistas. Y es el propio proceso revolucionario, en su evolución, el que debería garantizar que no se pierda lo que se ha ganado y que, en cambio, contribuya aún más,     y decisivamente, al bienestar de la sociedad, que es también su principal propósito, tal como expresara el ex presidente Raúl Castro Ruz (2015).

El tiempo perdido no se puede recuperar, pero una toma de conciencia y una inflexión imprescindible  en nuestras tendencias y escenarios actuales hacia el progreso son obligados por parte de una generación revolucionaria responsable.

 


 

 

[1] En la fecha en que se edita este ensayo (enero de 2019), el sitio web ZDMariel actualizó la cifra en 2 136 700 millones de dólares. Véase <http://www.zedmariel.com/es> [N. de la E.].

ACC (Academia de Ciencias de Cuba) (2012a) «Análisis del estado de la ciencia en Cuba de cara al cumplimiento de los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución».  En: Estado de la ciencia en Cuba. Sección de Ciencias Naturales y Exactas. La Habana.

______ (2012b) «Resumen ejecutivo del análisis del estado de las ciencias naturales y exactas de cara al cumplimiento de los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba». En: Estado de la ciencia en Cuba... Ob. cit.

Castro Ruz, F. (2005) «Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, presidente de la República de Cuba, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula Magna   de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre» [en línea]. Disponible en <https://bit.ly/1mrQl2q> [consulta: 1 diciembre 2018].

Castro Ruz, R. (2015) «En nombre de este noble pueblo, le doy la más calurosa bienvenida». Granma, 20 de septiembre. Disponible en <http://www.zedmariel.com/es> [consulta: 1 diciembre 2018].

Cubasi (2017) «Rusia modernizará infraestructura ferroviaria cubana», 27 de septiembre. Disponible en <https://bit.ly/2RamaC8> [consulta: 17 diciembre 2018]

Díaz-Canel Bermúdez, M. (2015) «El derecho de todos a Internet supone deberes en relación con su uso adecuado» [en línea]. Cubadebate. Disponible en <https://bit.ly/2EmkJtF> [consulta: 17 diciembre 2018].

Montero Cabrera, L. A. (2012) «Visión de la ciencia y la tecnología: problemas actuales». Temas,  n. 69, enero-marzo, 4-11.

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