Los aspectos éticos de la innovación en el campo de los biomateriales

Resumen: 

El objetivo de este trabajo es analizar las relaciones sociales que se establecen en el proceso de la innovación en el campo de los biomateriales, así como en los aspectos éticos involucrados en el mismo. Tanto los investigadores y fabricantes, como las agencias regulatorias, los médicos y los directivos de las instituciones de salud, tienen la responsabilidad ética de desarrollar estudios prospectivos para la evaluación de los nuevos dispositivos médicos y que los productos ya existentes en el mercado tengan un seguimiento cuidadoso, haciendo uso de los reportes de eventos adversos y la gestión de los riesgos.

Abstract: 

The aim of this study is to analyze the social relationships established in the process of innovation in biomaterials, as well as the associated ethical aspects. Researchers and manufacturers, as well as regulatory agencies, physicians and health service managers have an ethical responsibility to develop prospective studies for evaluating new medical devices and in ensuring that products already on the market are carefully monitored by making use of adverse incident reports and risk management strategies.

Una de las industrias más rentables en las últimas décadas a nivel mundial es la de dispositivos médicos, la cual ha generado ganancias que exceden las de la farmacéutica y de otros muchos sectores (Lawyer et al., 2007), gracias al alto valor agregado de los componentes innovadores de los productos que se comercializan en ella. Siendo así, esas innovaciones traen innumerables ventajas para los países; además de la creciente demanda interna está, sobre todo, el aspecto social, o sea, la posibilidad de acceso de la población. Sin embargo, se reconoce que existen riesgos y barreras para esos emprendimientos, debido a los elevados costos en que se incurre para llevar un producto al mercado (Innovation Counsellors LLC, 2016).

La traslación de las tecnologías médicas innovadoras a la práctica clínica requiere de la colaboración de investigadores, médicos y otros actores sociales para lograr que los nuevos productos lleguen rápidamente al mercado y satisfagan necesidades, a la vez que protejan a la sociedad de los que sean dañinos o cuyos riesgos potenciales no están aún suficientemente estudiados. Para ello, las investigaciones, el desarrollo y la innovación en los materiales y dispositivos deben estar acompañados por el cumplimiento de las regulaciones establecidas para no comprometer la seguridad de los pacientes y de otras personas.

El actual siglo es testigo de una explosión sin precedentes en el sector de los biomateriales. Han surgido nuevas composiciones y aplicaciones en implantes y en la medicina regenerativa, que han expandido los horizontes de la innovación en ese campo. Mientras que los biomateriales tradicionales estaban diseñados a partir de polímeros, cerámicas, metales y compósitos (materiales compuestos por dos tipos diferentes, polímeros, metales o cerámicas), los de las últimas generaciones —muchas veces productos que se encuentran en la frontera entre los medicamentos y los materiales biológicos— incorporan biomoléculas, drogas terapéuticas y células vivas, lo que genera nuevos retos en su evaluación de la seguridad y eficacia (Bhatia, 2010; Williams, 2015). Por otra parte, los nuevos avances, como las nanotecnologías y la impresión 3D, también han impactado (Paradise, 2012; Vijayavenkataraman et al., 2016).

El desarrollo de materiales, y dispositivos médicos en general, es de fundamental importancia, ya que está encaminado a la mejoría de la salud y la calidad de vida, en una época caracterizada por el aumento de la expectativa de esta.

El panorama descrito hasta aquí hace necesario profundizar, cada vez más, en las relaciones sociales que se establecen en el proceso de la innovación en el campo de los biomateriales, así como en los aspectos éticos involucrados en él, lo cual constituye el objetivo de este trabajo.

Conceptualización del sector de los biomateriales

Los dispositivos médicos comprenden una amplia variedad de artículos, que van desde los sencillos, descartables —como los apósitos para heridas—, hasta implantables —como los marcapasos cardíacos—, y equipamientos electromédicos de alto riesgo —como las máquinas de soporte vital, e incluso, reactivos de diagnóstico in vitro.

La Organización Internacional de Normalización (ISO, por sus siglas en inglés) (2016) define dispositivo médico como:

Cualquier instrumento, aparato, implemento, máquina, implante, reactivo para uso in vitro, software, material u otro artículo similar o relacionado, destinado por el fabricante para utilizarse, solo o en combinación, en seres humanos, para uno o más de los propósitos médicos específicos de:

  • diagnóstico, prevención, seguimiento, tratamiento o alivio de la enfermedad;
  • diagnóstico, seguimiento, tratamiento, alivio o compensación por una lesión;
  • investigación, remplazo, modificación o apoyo de la anatomía o de un proceso fisiológico;
  • apoyo o mantención de la vida;
  • control de la concepción;
  • desinfección de dispositivos médicos;
  • proposición de información mediante el examen in vitro de especímenes derivados del cuerpo humano;

y del que [dispositivo médico] no alcanza su acción primaria deseada por medios farmacológicos, inmunológicos o metabólicos, en o sobre el cuerpo humano, pero que puede ser asistida en su función pretendida por dichos medios. (4)

Como un campo específico en el sector de los dispositivos médicos se estudia y desarrollan los biomateriales, definidos como:

Cualquier sustancia (diferente de los medicamentos), o combinación de sustancias de origen sintético o natural, que puede ser utilizada por cualquier período de tiempo como un sistema o parte de él que trate, aumente o remplace cualquier tejido, órgano o función del cuerpo. (Williams, 1987: 67)

Los biomateriales pueden formar parte de los dispositivos médicos o emplearse como tales. En su utilización están en íntimo contacto con los tejidos vivos, por lo que su composición y sus propiedades, tanto en su masa como en su superficie, tienen una influencia directa en la forma en que son aceptados o no por el medio receptor. Es por este motivo que cada biomaterial debe ser estudiado en su aplicación y forma final (Ratner et al., 1996).

Para proteger a la sociedad de los potenciales daños provocados por los dispositivos médicos, sin por ello frenar su innovación, se han desarrollado documentos armonizados y normas internacionales para el diseño/ desarrollo, la evaluación del desempeño y los riesgos de estos productos, así como para los sistemas de gestión de calidad por los fabricantes. Un gran esfuerzo en este sentido fue realizado por la Fuerza de Tarea para la Armonización Global (GHTF, por sus siglas en inglés) y continuado a partir del año 2011 por el Foro Internacional de Reguladores de Dispositivos Médicos (IMDRF, por sus siglas en inglés).

Muchos países, entre ellos Cuba, han incluido en sus legislaciones de salud disposiciones encaminadas a garantizar la seguridad y eficacia de esos dispositivos, en correspondencia con la clasificación del riesgo de los productos (Amato y Ezzell, 2014; Martínez Pereira et al., 2016). El cumplimiento de estas regulaciones permite eliminar o reducir a niveles aceptables la ocurrencia de eventos adversos, que puedan generar daños o consecuencias negativas.

Su desarrollo, evaluación, fabricación y utilización, incluyendo los biomateriales, se realizan en una amplia y compleja red social de instituciones que engloba a especialistas de diferentes profesiones: reguladores, fabricantes, distribuidores, investigadores y evaluadores —físicos, químicos, biólogos, bioingenieros y tecnólogos—, médicos, estomatólogos, y pacientes. La misión de las agencias nacionales reguladoras de los productos debe ser proteger a los pacientes y a toda la sociedad de productos inseguros, en balance con la rapidez requerida para introducir los beneficiosos en la salud pública (Stern, 2017). Es por ello que estas agencias tienen una función esencial en la innovación y la competitividad dentro del sector. Ellas son las que deciden cuáles productos pueden entrar al mercado y cuáles no (Figura 1).

De esta manera el ambiente regulatorio configura el contexto externo para la innovación en el sector de los dispositivos médicos y, específicamente de los biomateriales (Figura 2), al cual pertenecen también las necesidades clínicas identificadas en el sector de la salud pública, el estado del arte de la ciencia, la tecnología y la normalización en esta área del conocimiento.

Aunque las agencias regulatorias son las que tienen el mandato estatal de proteger la salud y la seguridad de la población, también la industria, la academia, los profesionales de la salud, y en última instancia los pacientes, son responsables del uso seguro y eficaz de las nuevas tecnologías. Esto se hace más evidente en la medida en que los dispositivos médicos se complejizan y se comienza a emplear tecnologías de punta, como la ingeniería de tejidos, las nanotecnologías y la bioimpresión 3D.

La evaluación de la relación beneficio/riesgo en el uso de las tecnologías médicas se realiza a partir de los informes presentados por sus fabricantes o suministradores. Es por ello que tienen la responsabilidad legal y el compromiso social de garantizar el cumplimiento de los requisitos regulatorios en sus productos. La determinación de los peligros asociados a un dispositivo médico debe ser realizada considerando el uso/finalidad a que está destinado, las consecuencias generadas propiamente por el producto, así como los riesgos y beneficios de los procedimientos clínicos y las circunstancias de uso del dispositivo (ISO, 2013). De esta manera, la gestión de los riesgos se basa en la información recogida en todas las etapas de su ciclo de vida, desde el diseño/desarrollo hasta la posproducción (Guerra Bretaña, 2009).

Un requisito básico para la inscripción de una organización como fabricante es que esta demuestre su conformidad con la normativa vigente en el sector para los sistemas de gestión de la calidad. La norma internacional ISO 13485:2016, para los fabricantes de dispositivos médicos, incluye las responsabilidades, los controles del diseño-desarrollo, la fabricación, las relaciones con los clientes y el seguimiento posventa.

La innovación en el sector de los biomateriales

La introducción de un biomaterial innovador en los servicios de salud es un proceso más lento que cuando se trata de la comercialización de otros bienes de consumo, por las barreras existentes a la innovación (Bergsland et al., 2014). Sin embargo, las alianzas tempranas con otras partes interesadas, mediante el uso de los modelos de innovación abierta, pueden ayudar a disminuir estas barreras y llegar más rápidamente al mercado, con costos razonables (Courvoisier, 2016; Markiewicz et al., 2017).

Las relaciones entre los desarrolladores y los clínicos pueden fortalecerse no solo a través de los mecanismos de oferta (technology push) y demanda (market pull), sino también a partir de intercambios en conferencias científicas y otros foros. Estas actividades son también de gran interés para optimizar la curva de aprendizaje de las nuevas tecnologías médicas.

La participación en las investigaciones clínicas es una de las formas en que los médicos pueden aprender de las nuevas tecnologías y brindar información a los promotores sobre su seguridad y eficacia (Guerra Bretaña et al., 2005). Por otra parte, los propios especialistas han innovado en el área de los dispositivos, en respuesta a las necesidades de los pacientes; por ser ellos los que mejor las conocen, y pueden tener un criterio experto de cómo solucionarlas. En un minucioso estudio realizado por Chatterji et al. (2008), se encontró que los médicos eran autores de 20% de las patentes en ese campo.

Un caso muy conocido de una exitosa innovación desde la clínica es el desarrollo, en 1959, de las prótesis totales de cadera por el cirujano ortopédico inglés J. Charnley —titulado Caballero por esta invención—, que consiste en una prótesis femoral metálica, colocada en el sitio con un cemento de polimetacrilato de metilo, con un acetábulo hecho con polietileno de alto peso molecular, también fijado con el cemento acrílico (Charnley, 1961). Aun cuando ha habido desarrollos posteriores en este aspecto, los sistemas de este científico continúan siendo la base conceptual de las actuales prótesis totales de cadera.

Tanto los investigadores como los fabricantes, y hasta los inversores, deben comprender que los aspectos regulatorios impactan a través de todo el ciclo de la innovación en el campo de los biomateriales (Figura 3).

Al respecto, Chatterji (2009) considera que el conocimiento de las regulaciones y las estrategias de mercadeo contribuye al éxito de los emprendedores en el campo de los dispositivos médicos.

Los requisitos regulatorios deben ser tomados en consideración como parte de las entradas al proceso de diseño y desarrollo, durante toda la evaluación químico-física, biológica, preclínica y clínica del producto. La interacción más fuerte ocurre durante la evaluación regulatoria y se mantiene durante la producción y el seguimiento de posventa. Es por ello que los desarrolladores y fabricantes de biomateriales deben mantener relaciones cercanas y fructíferas con las agencias regulatorias (Lind, 2017).

Si bien esas relaciones son útiles para todo tipo de producto médico, esto es aún más importante en el caso de los innovadores de nueva generación, debido a su gran heterogeneidad y a la incertidumbre regulatoria que aún existe ya que no se conocen con certeza los métodos idóneos para su evaluación. Dicha incertidumbre puede desmotivar a los inversores y desarrolladores a la hora de innovar con productos en la avanzada del conocimiento (Fleming, 2015).

A. D. Stern (2017) considera que la incertidumbre regulatoria retrasa el proceso de innovación, y la divide en dos aspectos:

  • La incertidumbre tecnológica por la falta de comprensión tecnológica y científica del tipo específico de producto y su aplicación, así como de los datos requeridos para demostrar su seguridad y eficacia.
  • La incertidumbre de contenido y formato sobre cómo presentar los informes por los fabricantes y evaluar los productos por los reguladores, debido a la ausencia de guía clara para ello.

Para reducir la incertidumbre regulatoria son de gran utilidad los contactos entre los desarrolladores y reguladores desde las etapas tempranas del proceso, para, de conjunto, resolver los aspectos científicos y regulatorios relacionados con los productos innovadores, incluyendo los protocolos de ensayo necesarios. Sería una quimera asumir que los reguladores son totalmente expertos al evaluar los dispositivos médicos generados a partir de desarrollos científicos emergentes y tecnologías pioneras (Camp et al., 2015).

Es de destacar que no solo la industria puede tener la capacidad de desarrollar innovaciones en productos médicos, también las universidades y los centros de investigación desarrollan proyectos robustos de nuevos materiales y dispositivos, así como evalúan su calidad y establecen alianzas con los productores. Igualmente, en las instituciones académicas se puede cerrar el ciclo desde la investigación hasta la producción y la comercialización de biomateriales (Guerra Bretaña, 2011). Sin embargo, el punto de partida de todo proceso de innovación es la inversión necesaria para la investigación, el desarrollo y, posteriormente, la producción inicial de los productos (véase Figura 1).

Datos reportados por la Advanced Medical Technology Association (AdvaMed, 2004) desde los Estados Unidos, el mayor mercado mundial de dispositivos médicos, recogen que este sector es altamente intensivo en investigación y conocimiento, y emplea entre 9% y 11% de sus ventas en investigación y desarrollo de productos, cuatro veces superior al promedio de la manufacturera en general, solo por detrás de la industria farmacéutica. Las pequeñas empresas, incluyendo muchos start-ups, invierten hasta 300% de sus ganancias en el desarrollo de productos innovadores.

Otro estudio publicado por la consultora Ernst & Young (2015) también demuestra que la industria de dispositivos médicos incrementa anualmente sus gastos en investigación y desarrollo. Sin embargo, los retornos a los accionistas han disminuido, por la necesidad de gastar más en la demostración de la seguridad y eficacia de los dispositivos innovadores.

En este sector, altamente competitivo, las empresas líderes logran sus mayores ganancias con productos que tienen menos de dos años en el mercado, debido a que rápidamente este es abarrotado por los «imitadores», lo que hace que la innovación en nuevos productos sea crucial para las empresas (Bell, 2006). Los retos claves son, entonces, la generación de nuevas ideas, anticiparse a las demandas del mercado, gestionar I+D+i, lograr el registro médico con rapidez y promover la adopción de las nuevas tecnologías en la salud pública. Todo esto no puede realizarse sin una considerable inversión en ciencia y tecnología que siente las bases para el desarrollo.

Aspectos éticos involucrados en la innovación, en el campo de los biomateriales

De manera general, un dispositivo médico para considerarse una innovación debe demostrar un beneficio superior a los productos ya empleados en la práctica, a través de una investigación clínica debidamente planificada y realizada.

Las investigaciones clínicas para la evaluación final de la seguridad y eficacia de un biomaterial nuevo o mejorado deben cumplir con los aspectos éticos que garantizan la integridad física y mental de los individuos participantes, según se expresa en la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial (AMM), de 1964 y sus sucesivas revisiones (AMM, 2008). Los principios éticos —el respeto a las personas, la beneficencia y la justicia— deben ser la base para la aprobación y realización de los ensayos clínicos en humanos (OPS, 2004).

Una cuestión relevante desde el punto de vista ético es la obtención del consentimiento informado del paciente, o de su tutor legal en caso de que esté imposibilitado o sea menor de edad. Para ello debe brindársele toda la información sobre el tratamiento experimental y, en las investigaciones clínicas con grupo control, sobre la posibilidad de recibir tanto el tratamiento experimental como el control. Se le instruye sobre la posible aparición de efectos adversos y que su participación es totalmente voluntaria, sin que una negativa afecte sus relaciones con el médico, garantizándole, en caso de no participar en la investigación, el tratamiento según los procederes establecidos en la institución.

La información debe ser explicada en un lenguaje claro y comprensible para que el paciente y sus familiares entiendan todas las posibles consecuencias, tanto positivas como negativas del tratamiento, de forma tal que puedan tomar una decisión informada. Por otra parte, se debe garantizar que el personal médico y paramédico que participa en las investigaciones clínicas esté debidamente preparado para enfrentar cualquier tipo de reacción adversa que pueda presentarse durante el tratamiento y evolución del paciente.

La norma internacional ISO 14155: 2011 especifica los requisitos éticos y metodológicos para la conducción y documentación de las investigaciones clínicas de los dispositivos médicos en las aplicaciones definidas por los promotores de la investigación, la determinación de cualquier efecto adverso en las condiciones normales de uso y la evaluación del riesgo aceptable para la aplicación especificada del producto. Igualmente establece los términos y definiciones más relevantes en esta temática.

En el caso específico de los biomateriales, a diferencia de los medicamentos y de algunos equipos electromédicos, no tiene sentido plantearse un estudio dosis-efecto, teniendo en cuenta que la aplicación en muchos casos depende del tipo y cantidad de tejido que se deba sustituir (Guerra Bretaña, 2009). Por otra parte, aunque en los biomateriales pueden estar presentes componentes minoritarios potencialmente biodisponibles, la acción principal que se desea obtener no se alcanza por medios farmacológicos, químicos o inmunológicos, ni por el metabolismo, por lo que en la primera fase de las investigaciones clínicas no se estudian estos aspectos, sino en la etapa de investigaciones preclínicas.

En un esquema de evaluación diferente del empleado para los medicamentos, las investigaciones clínicas con biomateriales se realizan en tres fases:

  1. Investigación clínica fase I: Constituye un paso previo a estudios más amplios. Con la participación de un grupo mínimo de sujetos, proporciona información preliminar sobre la eficacia y seguridad del dispositivo, la adecuación del diseño y los procedimientos.
  2. Investigación clínica fase II: Representa estudios en los que la eficacia del dispositivo es evaluada en las condiciones especificadas de uso. Se realiza en una muestra relativamente grande, que permita la inferencia estadística sobre el beneficio del nuevo tratamiento. En esta fase se debe realizar investigaciones clínicas con grupo control (ICC).
  3. Investigación clínica fase III: Son aquellos estudios que se realizan después de la comercialización del dispositivo médico para evaluar la efectividad y la seguridad en las condiciones habituales de uso. El tamaño de la muestra es necesariamente grande.

De manera general, las investigaciones clínicas para demostrar la eficacia de un nuevo tratamiento se basan en una serie de principios metodológicos (Colton, 1974). Ellos son:

  • Necesidad de comparación con un tratamiento de eficacia conocida.
  • Ambivalencia y aleatorización en la selección de los sujetos que incluir en la investigación, es decir, deben recibir indistintamente el tratamiento experimental o el control, y ser seleccionados a partir de una lista aleatoria, previamente establecida.
  • Necesidad de enmascaramiento.

Los dos primeros principios pueden y deben ser garantizados en las investigaciones clínicas con biomateriales, como única forma de evaluar las ventajas del nuevo producto y el tratamiento en que se aplica, respecto a los mejores usos existentes en la práctica clínica. La ambivalencia y la aleatorización garantizan que los grupos en tratamiento sean homogéneos[1] al inicio de la investigación y solo se diferencien por el tratamiento empleado que es el objeto a evaluar y comparar.

En dependencia del grado de enmascaramiento, las investigaciones clínicas pueden ser:

  • Abiertas; cuando el paciente y el investigador conocen cuál es el dispositivo médico que está siendo utilizado.
  • A simple ciegas; si solo el enfermo ignora en qué grupo de ensayo se encuentra.
  • A doble ciegas; si el enfermo y el médico desconocen la naturaleza del material empleado.
  • Con evaluación a ciegas; si la evolución del paciente es evaluada por un clínico que desconoce el tratamiento aplicado y el procesamiento estadístico se realiza a partir de una clave establecida para cada tratamiento, que impide conocer cuál es.

Sin embargo, por sus características, no siempre los dispositivos médicos pueden cumplir los requisitos de enmascaramiento de los ensayos clínicos controlados a ciegas, que constituyen el patrón de oro en el caso de los medicamentos (Ciani et al., 2016). Por otra parte, el uso de un placebo no sería ético desde el punto de vista de la necesidad de garantizar el beneficio médico de los pacientes sometidos a complejas intervenciones quirúrgicas para el remplazo de algún órgano o tejido dañado.

En el caso de los biomateriales, el énfasis fundamental debe hacerse en cuanto a la evaluación a ciegas de los tratamientos, partiendo de variables lo más objetivas posible, realizadas por un personal diferente al del tratamiento, que desconoce qué material fue empleado en cada caso y cuál es el tratamiento aplicado en cada grupo, para evitar posibles sesgos a la hora de interpretar los datos.

Al respecto, mientras algunos autores mantienen que las investigaciones clínicas aleatorizadas siguen siendo el estándar de oro para evaluar los dispositivos médicos (Neugebauer et al., 2017), otros argumentan a favor del apoyo en la evidencia clínica, sobre la base de la práctica médica real (Tarricone et al., 2016) y en el uso regulatorio de big data, que incluyen información de los registros médicos electrónicos (Erdman et al., 2013).

Otro aspecto que considerar es cuando las nuevas tecnologías médicas están encaminadas a tratar enfermedades raras, para las cuales la población de la muestra sería tan baja que se hace imposible realizar investigaciones clínicas aleatorizadas. Para este caso, la Food and Drug Administration (FDA) de los Estados Unidos cuenta con un Programa Humanitario de Excepción para los Dispositivos Médicos, que incluye una aprobación especial por un Comité de Revisión institucional relevante en el campo de aplicación del producto (Mokhtarzadeh et al., 2016).

Además, en 2015 la FDA (2017) elaboró una guía para la determinación de la relación beneficio- riesgo en las excepciones en dispositivos destinados a la investigación, otras regulaciones para agilizar la aprobación de tecnologías para tratar necesidades médicas aún no resueltas, para el mantenimiento de la vida o enfermedades irreversibles (FDA, 2016), y estudios previos de factibilidad para ganar criterios respecto a las tecnologías innovadoras durante su desarrollo antes de iniciar grandes ensayos clínicos. Todo ello demuestra que la ciencia regulatoria es también un campo de estudio relevante que garantiza la innovación en el de los dispositivos médicos.

Otro aspecto controversial desde el punto de vista ético es la participación, financiada o no, de los médicos en las investigaciones clínicas promovidas por la industria. Mientras que, por una parte, algunos autores consideran que pueden influir en las decisiones médicas respecto a qué productos deben ser empleados y sobre cómo deben ser documentados los resultados de las investigaciones, lo que compromete el bienestar de los pacientes; y por otra, como ya fue mostrado en el epígrafe anterior, el vínculo entre los médicos y la industria es esencial para la innovación de biomateriales y las tecnologías médicas en general (Chatterji et al., 2008).

Según D. F. Thompson (1993) existe un conflicto de interés cuando el juicio profesional relacionado con el interés primario de los pacientes (como el beneficio clínico y la validez de la investigación) tiende a ser excesivamente influenciado por uno secundario, como puede ser la ganancia financiera, consideraciones políticas o de la carrera profesional. Si bien, potencialmente, pueden aparecer conflictos de interés cuando los facultativos participan en la evaluación de los productos de innovación, la necesidad de su colaboración hace necesario que no se establezcan barreras en este sentido, aunque sí se requiere un alto nivel de transparencia y ética profesional por su parte, así como gestionar adecuadamente sus funciones durante el proceso.

En el sector de los biomateriales y otras tecnologías médicas, los galenos cumplen múltiples roles como proveedores de los servicios de salud, investigadores, innovadores, entrenadores, promotores de las nuevas tecnologías y clientes de los fabricantes de los dispositivos (Van Haute, 2011). Debido a esa multifuncionalidad, los médicos y los promotores de las investigaciones clínicas deben manejar los potenciales conflictos de interés a partir de los más altos estándares de la ética médica y profesional.

Todo investigador clínico debe tener en consideración que es antiético someter a los sujetos a procederes potencialmente dañinos y que no tengan un adecuado aval, por los resultados preclínicos de seguridad y potencial eficacia. Por otra parte, cuando las investigaciones no están bien diseñadas, se somete a los pacientes a riesgos innecesarios, sin tener al final un resultado científicamente válido. La adecuada definición de las variables en estudio y la determinación del tamaño de la muestra son necesarias para refutar o no la hipótesis declarada. El nivel de riesgo especificado es un aspecto clave en el diseño de la investigación.

Las investigaciones deben ser conducidas mientras se observan las buenas prácticas clínicas (BPC), las cuales constituyen el estándar internacional de calidad ética y científica para la planificación, conducción, seguimiento, auditoría, registro, análisis de datos e informe de sus resultados (Guerra Bretaña, 2009). El cumplimiento de las BPC asegura la credibilidad y la precisión de los datos y los resultados recogidos en el informe, así como la protección de los derechos, integridad y confidencialidad de los individuos que participan en ella. Esto se efectúa a través del control de calidad, el cual se planifica durante la fase organizativa de la investigación.

Los fabricantes de biomateriales también tienen el compromiso ético de brindar a los pacientes productos seguros y eficaces, para lo cual una exhaustiva gestión del riesgo es de vital importancia. Este debe eliminarse o reducirse lo más posible durante todo el ciclo de vida del dispositivo.

Reflexiones finales

Introducir productos novedosos en la práctica médica es una necesidad para atender aquellos padecimientos para los que no se tiene una solución eficaz o para mejorar los tratamientos existentes. Sin embargo, llevar al mercado productos insuficientemente estudiados en cuanto a su seguridad y eficacia, más que beneficios puede traer daños a los pacientes. Ejemplo de esto han sido algunos modelos de implantes de mama, de prótesis de cadera metal-metal y de columna (Moojen et al., 2014). Es por ello una responsabilidad ética, tanto de los fabricantes y los reguladores, como de los médicos y los directivos de las instituciones de salud, desarrollar estudios prospectivos para la evaluación de los nuevos dispositivos y, que los productos ya puestos en el mercado tengan un seguimiento cuidadoso, a través del uso de los reportes de eventos adversos y la gestión de los riesgos.

La activa y consciente participación de los comités de ética médica en las investigaciones clínicas, así como la observancia de las BPC y las auditorías médicas, son elementos claves para garantizar el bienestar de los pacientes que participan en los ensayos clínicos y lograr resultados científicamente validados.

 

 

 

[1] Es un término específico de estadística de ensayos clínicos, los grupos nunca son exactamente iguales, pero sí estadísticamente homogéneos o comparables.

 

AdvaMed (2004) The Medical Technology Industry at a Glance [en línea]. Falls Church. The Lewin Group. Disponible en <http://cort. as/-DdW5> [consulta: 5 enero 2019].

Amato, S. F. y Ezzell, R. M. (2014) Regulatory Affairs for Biomaterials and Medical Devices. Boston: Woodhead Publishing.

AMM (Asociación Médica Mundial) (2008) Declaración Helsinki, principios éticos para las investigaciones médicas en seres humanos. 59ª Asamblea General, Seúl.

Bell, S. (2006) «Investing in Tomorrow: Gaining a Competitive Edge in Outsourcing Your R&D». Medical Product Outsourcing, enero-febrero.

Bergsland, J., Elle, O. J. y Fosse, E. (2014) «Barriers to Medical Device Innovation». Medical Devices: Evidence and Research, v. 13, n. 7, junio, 205-9.

Bhatia, S. K. (2010) Biomaterials for Clinical Applications. Nueva York: Springer.

Camp, M. W., Gross, A. E. y McKneally, M. F. (2015) «Patient Views on Financial Relationships between Surgeons And Surgical Device Manufacturers». Canadian Journal of Surgery, v. 58, n. 5, octubre, 323-9.

Charnley, J. (1961) «Arthroplasty of The Hip. A New Operation». Lancet, v. 27, n. 1, 1129-32.

Chatterji, A. K. (2009) «Spawned with A Silver Spoon? Entrepreneurial Performance and Innovation in the Medical Device Industry». Strategic Management Journal, v. 30, 185-206.

Chatterji, A. K. et al. (2008) «Physician-Industry Cooperation In The Medical Device Industry». Health Affairs (Millwood), v. 27, n. 6, noviembre-diciembre, 1532-43.

Ciani, O. et al. (2016) «De innovatione: The Concept of Innovation for Medical Technologies and Its Implications for Health Care Policy-Making». Health Policy and Technology, v. 5, 47-64.

Colton, T. (1974) Statistics in Medicine. Boston: Little, Brown and Company.

Courvoisier, A. (2016) «The Future of Academic Innovation in the Field of Medical Devices: Is Innovation Still Possible in Orthopedics?». Expert Review of Medical Devices, v. 13, n. 9, septiembre, 807-13.

Erdman, A. G., Keefe, D. F. y Schiestl, R. (2013) «Grand Challenge: Applying Regulatory Science and Big Data to Improve Medical Device Innovation». IEEE Transactions on Biomedical Engineering, v. 60, n. 3, marzo, 700-6.

Ernst & Young (2015) Medical Technology Report 2015. Pulse of the Industry [en línea]. EYGM Global Life Sciences. Disponible en <http://cort.as/-DdXP> [consulta: 5 enero 2019].

FDA (Food and Drug Administration) (2016) Expedited Access for Premarket Approval and De Novo Medical Devices Intended for Unmet Medical Need for Life Threatening or Irreversibly Debilitating Diseases or Conditions [en línea]. Disponible en <http://cort.as/-DdYJ> [consulta: 5 enero 2019].

______ (2017) Factors to Consider when Making Benefit-Risk Determinations for Medical Device Investigational Device Exemptions [en línea]. Disponible en <http://cort.as/-DdYX> [consulta: 5 enero 2019].

Fleming, J. J. (2015) «The Decline of Venture Capital Investment in Early-Stage Life Sciences Poses A Challenge to Continued Innovation». Health Affairs (Millwood), v. 34, n. 2, febrero, 271-6.

Guerra Bretaña, R. M. (2009) Gestión de la calidad de los materiales y dispositivos médicos: Requisitos, normativa, regulaciones y métodos de ensayo. La Habana: MES.

______ (2011) «Ciencia, innovación tecnológica y sociedad: experiencias del Centro de Biomateriales». Universidad de La Habana, n. 271, 34-55.

Guerra Bretaña, R. M. et al. (2005) «Efectividad del adhesivo tisular Tisuacryl en el cierre de heridas cutáneas» [en línea]. Revista Cubana Medicina General Integral, v. 21, n. 1-2. Disponible en <http://cort.as/-DdaF> [consulta: 5 enero 2019].

Innovation Counsellors LLC (2016) A Future at Risk: Economic Performance, Entrepreneurship, and Venture Capital in the U.S. Medical Technology Sector [en línea]. Minneapolis: AdvaMed Accel. Disponible en <http://cort.as/-DdaU> [consulta: 5 enero 2019].

ISO (International Organization for Standardization) (2011) Standard ISO 14155:2011 Clinical Investigation of Medical Devices for Human Subjects —Good Clinical Practice. Ginebra.

______ (2013) Technical Report ISO/TR 24971:2013 Medical Devices —Guidance on the Application of ISO 14971. Ginebra.

_____ (2016) Standard ISO 13485:2016 Medical Devices —Quality Management Systems —Requirements for Regulatory Purposes. Ginebra.

Lawyer, P. et al. (2007) «Payback II: Medical Devices Ride the Cash Curve». In Vivo, the Business Medicine Report, v. 25, n. 3, 1-7.

Lind, K. D. (2017) «Implantable Devices: Regulatory Framework and Reform Options» [en línea]. Insight on the Issues, v. 130. Disponible en <http://cort.as/-Ddaa> [consulta: 5 enero 2019].

Markiewicz, K., Van Til, J. y IJzerman, M. (2017) «Early Assessment of Medical Devices in Development for Company Decision

Making: An Exploration of Best Practices». Journal of Commercial Biotechnology, v. 23, n. 2, abril, 15-30.

Martínez Pereira, D. M. et al. (2016) «Experiencias y desafíos actuales para el Programa Regulador de Equipos Médicos en Cuba». Revista Panamericana de Salud Pública, v. 39, n. 5, 306-11.

Mokhtarzadeh, M., Eydelman, M. y Chen, E. (2016) «Challenges and Opportunities When Developing Devices for Rare Disease Populations». Expert Opinion on Orphan Drugs, v. 4, n. 5, mayo, 457-9.

Moojen, W. A. et al. (2014) «Scientific Evaluation of Spinal Implants: An Ethical Necessity». Spine, v. 39, n. 26, diciembre, 2115-8.

Neugebauer, E. A. M. et al. (2017) «Specific Barriers to the Conduct of Randomized Clinical Trials on Medical Devices». Trials, v. 18, n. 1, diciembre, 427-37.

OPS (Organización Panamericana de la Salud) (2004) Buenas prácticas clínicas: Documento de las Américas [en línea] Washington, D. C. Disponible en <http://cort.as/-Ddav> [consulta: 5 enero 2019].

Paradise, J. (2012) «Reassessing Safety for Nanotechnology Combination Products». Saint Louis University Law Journal, v. 56, 465-520.

Ratner, B. D. et al. (1996) Biomaterials Science: An Introduction to Materials in Medicine. San Diego: Academic Press.

Stern, A. D. (2017) «Innovation under Regulatory Uncertainty: Evidence from Medical Technology». Journal of Public Economy, v. 145, enero, 181-200.

Tarricone, R., Boscolo, P. R. y Armeni, P. (2016) «What Type of Clinical Evidence Is Needed to Assess Medical Devices?». European Respiratory Review, v. 25, n. 141, septiembre, 259-65.

Thompson, D. F. (1993) «Understanding Financial Conflicts of Interest». New England Journal of Medicine, v. 329, n. 8, 573-6.

Van Haute, A. (2011) «Managing Perceived Conflicts of Interest While Ensuring the Continued Innovation of Medical Technology». Journal of Vascular Surgery, v. 54, n. 18, septiembre, 31-3.

Vijayavenkataraman, S., Lu, W. F. y Fuh, J. Y. H (2016) «3D Bioprinting —An Ethical, Legal and Social Aspects (ELSA) Framework». Bioprinting, v. 1-2, agosto, 11-21.

Williams, D. F. (1987) «Definition in Biomaterials». En: Progress in Biomedical Engineering. Amsterdam: Elsevier.

______ (2015) «Regulatory Biocompatibility Requirements for Biomaterials Used in Regenerative Medicine». Journal of Materials Science: Materials in Medicine, v. 26, febrero, 89-90.