La movilidad científica: el retorno del conocimiento a través de redes de colaboración internacional

Resumen: 

Se abordan algunas ideas en relación con el aprovechamiento de los conocimientos generados a partir de las migraciones académicas y la colaboración científica internacional, en un mundo cada vez más globalizado y desigual. Se propone un modelo que aproveche el intercambio científico de cubanos investigadores en el extranjero con instituciones nacionales con el objetivo de propiciar el flujo y retorno de conocimientos y su utilización en centros científicos-productivos de avanzada en el país, a través de vínculos académicos.

Abstract: 

Some ideas are addressed in relation to the use of knowledge generated from academic migrations and international scientific collaboration in an increasingly globalized world, economically and socially divided. A model is proposed that takes advantage of the scientific exchange of Cuban researchers abroad with national institutions with the aim of promoting the flow and return of knowledge and its use in advanced scientific-productive centers in the country, through academic links.

En la actual sociedad del conocimiento, el crecimiento económico y el bienestar social de un país dependerán más del grado de desarrollo de su sistema de ciencia, tecnología e innovación, y de la educación general de la población, que de sus recursos naturales. La inversión destinada a este fin tiene necesariamente que considerar la formación sostenida de sus recursos humanos, cuya educación requiere años de estudios e intercambio internacional.

De ahí que el recurso humano altamente calificado se convierta, para los países en desarrollo, en un activo lábil en condiciones de alta movilidad académica y desigualdades económicas entre la sociedad que emite y las de destino donde circula un científico durante su formación. Esta desventaja favorece la llamada fuga de cerebros, cuya concentración beneficia a las economías más avanzadas en las que este activo tiene una demanda creciente. Ello constituye una forma endémica de perpetuar la concentración de capital en los países más desarrollados, configurando la raíz de la actual inestabilidad socioeconómica global.

Sin embargo, los problemas que se generan a partir de estas desigualdades económicas afectan, por primera vez, a todos los habitantes del planeta (Bellond, 2014), con las crisis migratorias al centro de los conflictos sin salida tanto en Europa como en los Estados Unidos. Otros problemas también son globales, mayormente generados por la actividad indiscriminada del hombre, como el cambio climático vinculado a la emisión de CO2, la contaminación ambiental generada por numerosas industrias, etc. Este precedente sugiere que las soluciones tendrán que abordarse colectivamente por los habitantes del planeta para propiciar equilibrios socio-económicos, el progreso sostenible y la sobrevivencia de la especie humana.

Crecimiento global de la colaboración científica internacional y evolución del movimiento de talentos

Según el reporte de la Unesco de 2015 (Bokova, 2015), en lo que va del milenio un mayor número de países incorporan la ciencia, la tecnología y la innovación en sus agendas de desarrollo, y se incrementa, además, la colaboración científica Norte-Sur y Sur-Sur, con el objetivo de aliviar los graves problemas de desarrollo sostenible y el cambio climático. Aunque la cooperación internacional y el intercambio de conocimientos tienen numerosas expresiones, la manera más evidente de evaluarlos es a través de las publicaciones científicas. Asimismo, se observa que el porcentaje de publicaciones correspondientes a coautorías internacionales se ha duplicado en los últimos veinte años, e incluye, cada vez más, mayor número de países. Las características de esta red de colaboración reflejan un sistema abierto de comunicación que atrae a investigadores productivos a participar en proyectos internacionales (Wagner et al., 2015). La ciencia contemporánea emerge así como un modelo de participación flexible, con la capacidad de adaptarse a países con distinto grado de desarrollo y recursos. Dicha red ha crecido en densidad, pero no en clústeres que limiten la exclusividad del intercambio, por lo que abre la posibilidad de usarla globalmente, en beneficio de los problemas particulares de cada nación.

En esencia, no se concibe un sistema de ciencia, tecnología e innovación eficiente sin el intercambio científico, sin la colaboración nacional e internacional. Esta última permite conectar programas entre centros de excelencia de países con diferente grado de desarrollo y recursos, por lo que el conocimiento puede difundirse y promover soluciones a problemas globales y locales (Wagner et al., 2001). Sin embargo, la direccionalidad en esta difusión obedece a factores para los cuales los países en desarrollo están mucho menos preparados. La posibilidad de convertir esa colaboración en una palanca para impulsar capacidades en ellos afronta dos realidades: por una parte, los países desarrollados no están realmente interesados en hacer progresar la periferia facilitando la difusión de conocimientos claves; y por otra, no todos los países en desarrollo han logrado políticas eficientes para explotar esta posibilidad.

No hay un estudio empírico que demuestre con claridad que la colaboración científica internacional exacerba la fuga de talentos; pero sí hay evidencias circunstanciales de que las movilidades académicas, como parte de la internacionalización de la enseñanza superior, pueden culminar en la pérdida del talento formado. Incluso en países desarrollados, no siempre se logra el retorno de sus investigadores posdoctorales, debido a fallas en su inserción en el sistema nacional. España, Suiza, Austria y Alemania desarrollan modelos de interacción con sus investigadores que trabajan fuera del país para mejorar estos aspectos.

La pérdida o ganancia neta proveniente de dicha movilidad es preocupación tanto de países en desarrollo, como de los más desarrollados, por el vínculo asociado entre la generación de conocimiento relevante y el crecimiento económico del país donde se genera. En el caso de los que integran la Unión Europea, Louise Arcker (2005) analiza hasta qué punto los programas de movilidad de investigadores provocan una fuga de talentos dentro de la propia región. En el estudio Behind the Data: The Evolution of Brain Drain and Its Measurement, que se llevó a cabo en el Reino Unido para estudiar este asunto[1] en un período de quince años (1996-2010), Andrew Plume (2012), su autor, encontró que los investigadores británicos más productivos (44%) son aquellos que han publicado con afiliaciones que incluyen otros países. El subgrupo significativamente más productivo tuvo lapsos cortos, hasta de dos años, publicando fuera del país. Sus países de destino son los Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia y Australia. Es interesante comprobar que en ese mismo orden estos son los de mayor número de colaboraciones científicas con el Reino Unido (ver Tabla 1). A partir de lo cual pudiera postularse que estos investigadores móviles son agentes que propician, y quizás fortalecen, la colaboración internacional (I, 3-4 y II, 4-5).

El caso de China también parece reflejar la influencia de la movilidad de sus investigadores en el grado de colaboración científica con el principal país de destino, para la formación de posgrado. Desde finales de los años 80, el país asiático ha ido incrementando sistemáticamente la formación posgraduada de sus investigadores en los Estados Unidos (consultar base de datos en Brücker et al., 2013). En 2004, China tenía el mayor por ciento de estudiantes de doctorado (9%) y posdoctorado (14%), comparado con el resto de los investigadores extranjeros (Davis, 2005: 295; Stephan, 2012: 183). Muchos de sus investigadores continuaron su progreso académico en el país de destino y ocuparon cátedras en universidades de alta productividad. Paula Stephan lo ejemplifica: ocuparon 25% de las cátedras de química en las universidades norteamericanas de mayor impacto en la investigación, seguidos por los británicos, canadienses e indios. La Tabla 1 muestra a China como principal colaborador de los Estados Unidos en coautoría de artículos científicos. Desplazó recientemente al Reino Unido en ese rubro.

Aunque el análisis anterior no puede generalizarse y mucho menos tomarse de referencia para países con una población significativamente más pequeña, sí es indicativo del papel que las políticas científicas de países emisores desempeñan en períodos críticos de un proceso de comunicación global, abierta y dinámica. Por años, se acuñaba una fuga masiva de cerebros desde el gigante asiático sin integrar en el análisis las transformaciones que ocurrían en los sistemas de educación y de ciencia, técnica e innovación y en su economía en general. Otro aspecto que refiere Stephan en su obra es el papel de los líderes científicos extranjeros en el país de destino en relación con el país de origen. Actualmente no solo hay un retorno físico y virtual de conocimientos hacia China, sino por primera vez también la movilidad científica es hacia ese país.

Movilidad y migración de científicos cubanos en Europa

El punto de partida de este estudio comienza en el momento en que la Revolución cubana enfrenta los desafíos de la caída del campo socialista en Europa del Este, la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y el recrudecimiento del bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba. Es prácticamente imposible concebir la sobrevivencia de un país en condiciones de una ruptura abrupta de sus relaciones económicas y comerciales y de convenios de colaboración con los que Cuba había creado un imbricado sistema de cooperación. Un cese de relaciones en la que al país no se le dio oportunidad alguna para prepararse.[2] La dimensión de los daños al desarrollo de la Isla de este hecho histórico es mayor de lo que se contabiliza, pues no incluye todo lo que el potencial creado por décadas pudo dar al crecimiento del país. Sin embargo, precisamente porque hubo una visión de edificar el país con mujeres y hombres de ciencia (Castro Ruz, 1960), sobre la base de asegurar la salud y la educación de la población, fue posible acelerar un camino para evitar el colapso.

A partir de los 90 comienza en Cuba lo que algunos autores definen como modo 2 de producción de conocimiento (Gibbson et al., 1994), con la creación de parques científicos alrededor de núcleos de alto desarrollo y orientados hacia la aplicación en la sociedad cubana de los conocimientos e innovaciones generados en dichos parques. En momentos de crisis económica, El estado tuvo un papel decisivo al priorizar una inversión para investigación científica, para integrarla a los sectores fuertes de la sociedad cubana: salud pública y educación superior.

Agustín Lage (2013), al describir con más precisión el modelo cubano, señala que

El disparador de despegue de la biotecnología cubana estuvo en que, sobre la base de los recursos humanos provenientes de más de 200 unidades de investigación científica, se estructuró un sistema organizativo especial de investigación y producción. (157)

Este nuevo sistema operaba, continúa Lage, con una organización a ciclo completo, la investigación científica competitiva, con gestión institucional descentralizada, con el manejo de la dualidad empresa/presupuesto, orientación exportadora, diversidad en la estrategia de negociaciones, integración entre instituciones y con las tareas sociales, la evaluación de la investigación científica por sus «salidas», la organización del aprendizaje y la atención a la motivación de los trabajadores (158).

Con la creación de la empresa socialista BioCubaFarma se consolidó en Cuba una industria  exitosa basada en el conocimiento, con la capacidad de exportación de productos biotecnológicos novedosos, medicinas y equipos médicos. Y este es precisamente el punto de enlace con el tema de este artículo, que lo identificaremos como matriz fija para una posterior discusión. De modo que no es la intención analizar aquí este modelo en el que varios autores han contribuido, especialmente en cuanto a su inserción en las formas globales de la economía del conocimiento.

En la medida en que todos los recursos se racionalizaban para consolidar la entidad anteriormente mencionada, muchos grupos de investigación afrontaron dificultades, específicamente en las universidades, para continuar sus planes de investigación y desarrollo. El número de graduados de carreras de ciencia y tecnología aumentaba y no hubo crecimiento en la investigación científica como venía ocurriendo en los años previos a la crisis económica. Alternativamente se incrementan las colaboraciones científicas internacionales, sobre todo en las universidades, para compensar la falta de recursos, y Cuba empieza a participar en los programas de internacionalización de la enseñanza superior.

Por otra parte, la precaria situación económica de la población en general, y las nuevas opciones de continuar estudios de posgrado en el exterior promovieron que un sector poblacional joven se planteara su proyecto de vida fuera del país. Este fenómeno no fue exclusivo de los jóvenes cubanos, que se vincularon a programas mayormente europeos; para los de América Latina el principal país de destino siguió siendo los Estados Unidos. De modo global, la movilidad internacional de estudiantes ascendió a 2,8 millones en 2007. En la Conferencia Mundial de Educación Superior 2009, Philip Altbach et al. reconocían que lo que idealmente debiera operar como un mecanismo de formación temporal fuera de casa se convertiría en una migración de talentos que afectaba a los países emisores:

Estas diásporas pueden desempeñar un papel importante si se mantienen en contacto con las comunidades académicas de sus países de origen y comparten investigaciones y experiencias. El hecho es que el flujo global de talento académico continúa por hoy, perjudicando al mundo en desarrollo. (94)

Según los datos disponibles en la Oficina Nacional de Estadística de Cuba (ONEI), el número de graduados de educación superior aumentó, entre 2007 y 2012 de 44 755 a 89 558 (100,3%) y en ramas de ciencias e ingeniería creció 68,7%. Sin embargo, en igual período, el número de graduados universitarios que trabajaban en instituciones de Ciencia y Tecnología aumentó 51%, con una reducción de investigadores de 11% (ONEI, 2015). De acuerdo con estos datos se evidencia cierta saturación en las posiciones laborales del personal altamente calificado en relación con oportunidades en la investigación científica, pero no excluye que los graduados opten por otras ofertas de trabajo en la educación o la industria.

Refiriéndose a la migración de cubanos altamente calificados, Ángela Casaña (2007) considera que se debe a dos factores principales: la atracción a los polos de alto desarrollo y la necesidad individual de avanzar en sus carreras. Además, agregó otros como la internacionalización de la actividad científica y los altos intercambios facilitados por las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) que han creado expectativa en los jóvenes profesionales cubanos, sobre el mundo desarrollado, donde pueden mejorar sus carreras y su potencial mientras disfrutan de salarios hasta treinta veces más altos. A modo de comparación, la Tabla 2 muestra la proporción de migrantes con educación terciaria, desde Cuba y otros países emisores hacia algunos destinos, en 2010. En el caso de la Isla se adicionan los datos del año 2000.

Se escoge en la Tabla 1 a Alemania y al Reino Unido por ser igualmente países emisores y de destino, con lo que el balance neto es la riqueza multinacional de sus investigadores.

Aunque España es el principal país de destino de la migración cubana en Europa, no es donde más se concentra la fracción altamente calificada. Esta característica se refleja igualmente en otras nacionalidades, incluyendo países desarrollados. Por el contrario, en el Reino Unido, Alemania y los Estados Unidos esta proporción indicativa de mayores oportunidades y posibilidades de empleo calificado aumenta y no el acercamiento cultural. El porciento elevado de emigrantes con educación terciaria en los Estados Unidos y el Reino Unido es también debido a la selectividad de sus políticas migratorias hacia el candidato altamente calificado. No obstante, en términos de volumen, España concentra 75% de los cubanos con educación terciaria en la región.

Los investigadores cubanos en Europa (ICeE) forman parte de la red internacional de colaboración científica

Este grupo de investigadores y colaboradores cubanos que trabajan en Europa (Palacios-Callender, 2016) constituye una muestra de 107 científicos e ingenieros que publican activamente desde sesenta instituciones académicas europeas de ciencia y tecnología (Palacios-Callender y Roberts, 2018) en el período comprendido entre 1995 y 2014. Se incluyó, además, en el estudio («Scientific Collaboration of Cuban Researchers Working in Europe: Understanding Relations between Origin and Destination Countries»), una selección de los cien investigadores cubanos (ICeC) más fructíferos, de treinta y dos instituciones cubanas, para comparar la productividad relativa y los años de experiencia entre ambos grupos.

Para evaluar la inserción de los ICeE en la colaboración científica internacional y su nexo con Cuba se diseñó un estudio bibliométrico que examinó el total de publicaciones y las coautorías de estos investigadores desde sus instituciones europeas. Entre otros aspectos investigados estuvo la influencia de su actividad científica en Cuba antes de trasladarse a Europa, el grado de colaboración con Cuba desde Europa y su productividad científica general, así como las características de las redes de colaboración en las que estaban insertados.

En términos de género, la representación femenina fue baja en ambos grupos: ICeE (34%) e ICeC (25%). En cuanto a la edad reflejada indirectamente en los años de experiencia desde su primera publicación (dentro y fuera de Cuba), ICeE lleva como promedio once años publicando, mientras ICeC alcanza veinticinco. Al inferir la edad de los investigadores por el año de graduación, 77% de los ICeE son menores de cuarenta años, graduados en su mayoría después del 1995 de facultades de Biología (30%), Física (15%) y Química (15%). 89% de estos investigadores se graduaron en universidades de La Habana y 0,28%, en la URSS. La productividad evaluada por el promedio del número de publicaciones del grupo en los veinte años de estudio, fue de 22,9 ±31,3 artículos para ICeE y 71,3 ±34 para ICeC, diferencia que disminuyó en los últimos años, desde 2010, con medias de 11,2 ± 15,4 y 18 ± 13 respectivamente.

Algunas características de este grupo apuntan hacia el potencial que tienen los investigadores cubanos de ampliar geográficamente sus áreas de colaboración, donde Cuba tiene la posibilidad de insertarse. Debe tenerse en cuenta que este estudio solo evalúa las publicaciones, un tipo de comunicación (de conocimientos) que fluye dentro de esta red de colaboradores.

Posicionamiento en Europa:

  • 86% de los ICeE se concentran en seis países europeos: España, Reino Unido, Alemania, Bélgica, Italia y Francia.
  • ICeE han trabajado en 118 instituciones europeas de ciencia y tecnología (no en industrias).
  • 74% de los ICeEhatrabajadootrabajaen 60 de las 204 mejores universidades de Europa (ARWU, 2014).
  • La red de colaboración científica de ICeE en este período se extiende a 985 instituciones (nodos de la red) de 53 países, desde donde se generaron más de 3 000 colaboraciones (conexiones). El número de instituciones europeas asciende a 698 y otras 98 son de América Latina y el Caribe, en las que están representadas mayoritariamente treinta y cuatro instituciones cubanas.

Ventaja etaria de ICeE y su conexión con Cuba

  • Estudiantes de doctorado e investigadores de posgrado continúan sus carreras en Europa, donde aún son pocos los líderes de grupos.
  • 65% ha publicado al menos una vez desde Cuba y 53% ha colaborado desde Europa con investigadores de instituciones cubanas. Un hallazgo importante ha sido que el grado de colaboración de ICeE con Cuba depende significativamente de su desempeño en Europa medido por el número de publicaciones y de los artículos en colaboración.[3]
  • Son móviles (dentro y fuera de Europa) y colaborativos, con más de 70% de sus publicaciones en coautorías nacionales e internacionales.
  • Las instituciones académicas cubanas (incluyendo hospitales docentes e institutos de investigación de salud pública) constituyen el principal sector de la colaboración científica entre ICeE con Cuba (38%), seguidas de instituciones del CITMA (20%) y los centros del Polo Científico del Oeste de La Habana, los que, en 2013, se conformaron como empresas biotecnológicas y farmacéuticas. El sector académico cubano participa en 77% del total de las colaboraciones de ICeE con Cuba.

Red de colaboración científica de ICeE y su conexión con Cuba

La estructura de la red principal de colaboración científica de ICeE muestra seis capas o niveles de conectividad, con 26, 27, 37, 76, 138 y 679 instituciones respectivamente. Al centro de la red (k=6)[4] se encuentran 26 con mayor grado de conectividad, de al menos seis colaboraciones con otras instituciones. En el nivel más externo (k=1) en el que participan 679, cada una de ellas tiene al menos una colaboración con una segunda institución. Esta red fue construida solo con las colaboraciones institucionales, aquellas con diferentes departamentos de una misma institución no se consideraron como nodos (Palacios-Callender y Roberts, 2018: 1-25).

En el análisis de centralidad aparecen dos universidades cubanas en el centro de la red: la de La Habana y la Central «Marta Abreu» de Las Villas. Ambas comparten la máxima conectividad de la red con otras veinticuatro instituciones, de ellas veintidós en Europa, una en los Estados Unidos (National Institute of Health) y otra en México (Universidad Autónoma de México).

España es el país más representado en este grupo central (k=6) con quince instituciones, de las cuales solo tres están entre las que más colaboran con Cuba (Universidades de Santiago de Compostela, Complutense de Madrid y Autónoma de Madrid). Cuatro instituciones británicas (Universidad de Oxford; University College e Imperial College, en Londres; y Wellcome Trust Sanger Institute, en Cambridge) de alto impacto también están en este grupo central. Ninguna de estas universidades está entre las que más colaboran con Cuba (según las estadísticas que ofrece la base de datos Scopus, Elsevier). Esta característica es una muestra evidente de las posibilidades de ampliación de la colaboración de Cuba desde este grupo de científicos en Europa.

Llama la atención la ubicación de la Universidad de La Habana al centro de la red y la procedencia mayoritaria de los ICeE. Ello pudiera ser una evidencia circunstancial que merece un estudio más profundo relacionando movilidad y lazos de colaboración científica internacional con el país de origen. Obviamente sería necesario analizar a todos los científicos cubanos en Europa, y no una pequeña muestra.

Utilizando la comunicación en provecho del desarrollo nacional: matriz fija y matriz variable

Desde las redes de caminos de los romanos, de las rutas marítimas de comercialización y más recientemente la aviación y la comunicación por Internet han sido, en cada una de sus épocas, agentes importantes de comunicación impulsando el desarrollo. En cada una de ellas hay tantos beneficios como perjuicios: la difusión y el intercambio cultural, propagación de enfermedades, comercialización y esclavismo; y, para infortunio de la mayoría de los países del mundo, sirvieron de conductos para expropiar a las colonias y concentrar el capital en imperios y potencias, dando paso a la globalización. Aunque el inventario de los perjuicios supere a lo que pueda aprovecharse de la evolución en las comunicaciones, es un hecho que no puede renunciarse a ellas. Se trata, pues, de concebir modelos que hagan más viable y justo el desarrollo de los pueblos.

A finales del pasado siglo aparecen los primeros indicios de un cambio de paradigma en el debate sobre fuga y ganancia de cerebros, hacia la búsqueda y defensa de la circulación de saberes. No es objeto de este artículo profundizar en las contribuciones a este debate, sino apuntar algunas características de países que han empezado a tomar medidas para defender la circulación de saberes y propiciar la inserción y el retorno de sus talentos móviles.

Las asociaciones de las diásporas científicas (Barre et al., 2003)[5] tuvieron una explosión en casi todos los países en desarrollo, incluyendo varios europeos, con mayor o menor grado de aseguramiento logístico desde los países emisores. Sin embargo, la evidencia de su retorno físico o la evaluación de su impacto en la producción científica de los países emisores se inclina más a evaluar el grado de interacción entre los científicos de la diáspora y el país de origen. En el caso de las islas del Pacífico, con un alto índice de emigración de sus investigadores, John Gibson y David McKenzie (2014) hallan que los que retornan, aunque disminuyen en su productividad respecto al grupo emigrado, aumentan la transferencia de conocimiento hacia el país de origen, desde contactos internacionales. En sus encuestas, comprueban que ambos grupos (emigrados y retornados) encuentran dificultades en el financiamiento y en la adopción de puestos flexibles que les permitan trabajar en múltiples países.

En otro sentido, el estudio de la diáspora científica mexicana muestra cómo el país ha involucrado a sus investigadores, que continúan su carrera en el exterior, al Sistema Nacional de Investigadores (SIN) y monitorean su productividad, y el impacto de sus publicaciones, con el objetivo de adecuar políticas científicas (Marmolejo-Leyva et al., 2015). En las economías avanzadas, la internacionalización de la educación superior también ha despertado el temor a perder talentos, aun cuando son clásicos países de destino, que crean mecanismos para mantener a sus diásporas vinculadas con las instituciones del país (Mahroum, 2005: 219)

Lo evidente de los distintos casos que se describen en la literatura es que cada país va recorriendo su propio camino, en sus condiciones particulares; pero las políticas, tanto la referida a la migración como la científica, necesariamente deben converger. En Cuba, la actualización de la política migratoria ha tenido un impacto positivo, en especial el Decreto Ley 302/2012 (de 16 de octubre) —que modifica la Ley 1312/1976— por el cual, entre otras modificaciones, se elimina el permiso de salida, se permite la repatriación al país y la extensión hasta veinticuatro meses el término de estancia en el exterior. Así, muchos cubanos conservan su residencia en Cuba.[6] Tal dinámica incrementa la interacción del emigrado con su país.

Pero la solución de este problema global, que fomenta un mundo dividido por el conocimiento polarizando sus riquezas, no puede acometerse únicamente por los países emisores. Aunque se reconoce que los de destino también deben estimularlo (Seguin et al., 2006: 78), la interacción de las diásporas científicas con sus países de origen carece de mecanismos que favorezcan el retorno del científico, o bien estimulen la interacción eficiente de las diásporas con el país de origen. Los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) disponen de la Asistencia Oficial para el Desarrollo (ODA, por sus siglas en inglés) que requiere de acciones coordinadas por los gobiernos de destino y emisores. Estos últimos son decisivos para que estas opciones se ejecuten.

A modo de conclusión

La ética de los científicos descrita por Robert Merton en 1967 es compatible con los principios socialistas que rigen la sociedad cubana; especialmente en las universidades donde se produce el conocimiento como un bien público, en un ambiente colectivo de cooperación, estimulado por la publicación y el reconocimiento al grupo que lo genera. Esta manera de producir conocimiento, en la que se asegura la procedencia (propiedad) solo mediante su publicación, se ha reconocido como un mecanismo muy eficiente de estímulo (Stephan, 2012: 6), e independiente del mercado. Además, fomenta la colaboración abierta y sin fronteras de los que aportan, la participación multidisciplinaria, y la relación horizontal entre los miembros de las redes que colaboran. Este ambiente acelera los procesos de descubrimientos e innovación y la transferencia de activos intangibles en las plataformas donde operan, mayormente en los centros de educación superior. De modo que serían las universidades cubanas las anfitrionas por excelencia para hospedar las actividades de los científicos cubanos en el exterior.

La relación entre científicos de ambas academias (origen y destino) podría incluir cursos de temporadas, períodos cortos de entrenamiento, participación en la docencia de pre y posgrado, proyectos de investigación conjuntos, promoción de la ciencia cubana en el exterior, y atracción de científicos de países de destino, así como fondos para el desarrollo. El alcance de esta proyección requiere de la flexibilidad y plasticidad que solo son posibles en las universidades. Abriría una oportunidad para participar en investigaciones de riesgo, que requieren financiamiento, en la medida en que los talentos participen; algo que solo se puede propiciar de abajo hacia arriba (investigador de base), y asegurar que los participantes acrediten a las universidades cubanas en las publicaciones. También sería imprescindible la constante transferencia de habilidades en el laboratorio, a profesores y alumnos en estos centros.

Las universidades cubanas, como las europeas, se articulan y trabajan de conjunto con las empresas de envergadura nacional, en proyectos de investigación aplicada y orientada a aspectos específicos del ciclo productivo. De modo que asegurando un mayor acceso de las primeras a las redes de conocimiento internacional, incluyendo tecnologías novedosas de las mejores universidades del mundo, se asegura el flujo de activos intangibles a las empresas cubanas de alta tecnología. Sería una simbiosis beneficiada por terceros de alto alcance, o una interacción de una matriz fija (investigación aplicada u orientada a las necesidades de la sociedad cubana) y una matriz abierta (investigación que se acerca a la básica, más de riesgo, en la que Cuba participa indirectamente a través de redes internacionales de colaboración).

 

 

[1] El estudio fue solicitado por el departamento de Business, Innovation y Skills (BIS), Reino Unido, e incluyó 1,5 millones de investigadores cuya primera afiliación correspondía a una institución británica. La base de datos bibliográfica utilizada fue Scopus. Solo se estudiaron los investigadores en activo en el período 1996-2010, lo que redujo la muestra a 210 923 (Plume, 2012).

[2] La situación que hoy afronta el Reino Unido con el Brexit puede dar una imagen del impacto que ocasiona al desarrollo de un país este tipo de ruptura de contratos y relaciones, a pesar de que en este caso las negociaciones ya llevan más de dos años. Una visión del problema desde el sector de las ciencias la expresó Sir Paul Nurse, Premio Nobel y ex presidente de la Royal Society, cuando se refirió, en octubre de 2018, a los estragos que se pueden producir no solo en el desarrollo de las ciencias y la tecnología en el Reino Unido, sino en la salud y muchos sectores de la economía (BBC, 2018). Con mensaje similar se dio a conocer una carta firmada por veintinueve científicos y matemáticos laureados con el Premio Nobel, dirigida a Theresa May, primera ministra del Reino Unido, y al Parlamento europeo.

[3] Para el análisis estadístico, véase Palacios-Callender y Roberts, 2018.

[4] El indicador k (k-core o núcleo k) se refiere al grado de conectividad de los nodos de una red (en este artículo, los nodos son las instituciones y la conectividad está dada por las colaboraciones). El valor k=6 indica que las instituciones (nodos) ubicadas en este nivel tienen como mínimo k+1 colaboraciones con otras, sin limitar el número máximo de las mismas. A su vez, este es el núcleo central que concentra el mayor número de inter-colaboraciones con los participantes de la red. Véase Palacios-Callender y Roberts, 2018.

[5] Se definieron como diásporas científicas las agrupaciones de científicos de países emisores que trabajaban en el exterior en beneficio del desarrollo de la ciencia del país de origen.

[6] «En la actualidad los cubanos viajamos de manera creciente y no emigramos de manera masiva» (Soberón Guzmán, 2018).

 

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