Prácticas conyugales en el contexto colonial español: una revisión historiográfica

Resumen: 

En líneas generales, este ensayo analiza los textos que han abordado las relaciones maritales hombre-mujer en el contexto latinoamericano. La historiografía latinoamericana ha sido prolífera en estos estudios, sin embargo, en Cuba solo se refiere la obra de la Dra. Verena Stolcke y autoras como la Dra. María del Carmen Barcia, entre otras, que se han acercado a estas temáticas desde la esclavitud.

Abstract: 

This paper, analyzes, in general terms, a number of texts that have addressed man - woman marital relationships in the Latin American context. Latin American historiography has been prolific in its study of this field. However, we will look solely at Cuba and examine the work of Dr Verena Stolcke and Dr María del Carmen Barcia, among others who have examined developments in this topic since the days of slavery.

Las cuestiones en torno a la familia, el matrimonio, la consensualidad, las relaciones intergeneracionales, el cuidado de los hijos legítimos o naturales y la multiplicidad de tramas vinculadas a esta temática en el contexto colonial español han sido objeto, en las últimas décadas, de una profusa bibliografía de desigual alcance metodológico, pero de gran interés por la detallada proyección que han tenido estos temas en otros espacios latinoamericanos. Para acercarse a cada uno de ellos existe una multiplicidad de ángulos, aristas e incluso perspectivas.

La mayor parte de los estudios se ubica en marcos temporales que se inician a finales del siglo xviii y que por lo general se extienden hasta que concluye la dominación española en los años 20 del siglo xix, con excepción de Puerto Rico y Cuba. Esta circunstancia no es casual; remite a la importancia que se le ha concedido a la implementación de una ley particular referida a los matrimonios, así como a los efectos de su ejecución. En todos los casos, el inicio de la conflictividad matrimonial se manifestó con un denominador común: la promulgación de la Pragmática Sanción sobre matrimonios, de 1776, porque en esta normativa se basaron los juicios de disenso[1] que solo se entablaron, por supuesto, a partir de ella.

La historiadora Verena Stolcke —antes Verena Martínez Alier—, pionera en este campo de estudios, fue quien más tempranamente se dedicó a investigar el comportamiento de estos problemas en la sociedad cubana. En el año1968 aparece su primer trabajo en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí (Martínez Alier, 1968).

Veinticuatro años después se publica Racismo y sexualidad en la Cuba Colonial (Stolcke, 1992), en el que, a partir del estudio de múltiples expedientes de disensos encontrados en el Archivo Nacional de Cuba, trató de comprender el funcionamiento de la sociedad decimonónica a través de métodos y técnicas provenientes de la antropología social aplicados a fuentes eminentemente históricas.

Una de las limitaciones de la investigación es que la búsqueda de información se realizó durante un solo mes en una visita de la autora al Archivo Nacional de Cuba. El fondo consultado por ella fue el del Gobierno Superior Civil, donde encontró expedientes de solicitudes de licencia matrimonial y afirmó que allí debían estar todos los expedientes que sobre el tema existían en el Archivo. Revisó, pero con menor profundidad, los fondos Asuntos Políticos, Consejo de Administración y Miscelánea de Expedientes. Visitó, además, dos iglesias en el entorno habanero, la de Santa María del Rosario y la de Regla, cuyos libros parroquiales estudió, y concluyó que en la primera no había expediente alguno sobre el asunto, en tanto que en la segunda solo se conservan dos, referidos a las solicitudes de matrimonio entre una parda y un blanco, y entre un expósito blanco y una parda.

Las problemáticas en que Stolcke centró su atención fueron las prácticas matrimoniales, el matrimonio interracial, el amancebamiento, el racismo, las relaciones entre las distintas clases sociales y algunos aspectos de la sexualidad en la Isla durante el siglo xix. La autora, basándose en la construcción social de género y en la mujer como su eje fundamental, explica el papel asignado a esta, tanto en el espacio privado como en el público. Refleja, además, la importancia del cuidado y preservación de la honra femenina, destinada a perpetuar el linaje de su familia o a introducir hijos mestizos en la misma. El hombre, al contrario, podía negar los descendientes, de cualquier color de piel, nacidos fuera del matrimonio. Nuestro criterio es que esta última idea es una generalización carente de base, inaplicable a las capas populares e incluso a hombres pertenecientes a las élites, pues no es lo mismo la no legitimación de los hijos que la negación de su paternidad. Stolcke también analiza, con lo que sienta pautas que luego serían desarrolladas para otros espacios latinoamericanos —la elección de pareja para el matrimonio y el imperativo del mantenimiento de la pureza de sangre en los «circuitos» elitistas. Los matrimonios entre iguales, el valor dado a la virginidad y la honra familiar para la perpetuación de la raza, así como los intereses económicos, son asuntos también tratados en su texto. Además, observa el disenso matrimonial asumido por algunas familias, casi siempre entre matrimonios interraciales y definidos desiguales por las respectivas clases sociales de la pareja.

Partiendo del análisis de los matrimonios legales, Stolcke llega a la conclusión de que las relaciones interraciales generaban, en la mayoría de los casos, el amancebamiento. Esto es un elemento que requiere mayor profundización. La compleja división estamental de la sociedad cubana es un componente que la particulariza.

El estamento hegemónico estuvo integrado por la población conceptuada como blanca en contraposición a la «de color», e incluía a todos aquellos individuos de ascendencia europea, a los descendientes de indios, mestizos, negros o mulatos que mantenían, según estipulaciones legislativas, una línea paterna conceptuada como blanca y que pasaban por la cuarta generación materna, e incluso —desde el censo de 1861 (Barcia Zequeira, 2009) y los posteriores— a los descendientes de asiáticos. El estamento subalterno, integrado por los libres «de color», cubría una amplia gama; hasta 1827 aparecen divididos en pardos y morenos. Desde ese mismo año se definió a los esclavos como negros y mulatos.

No obstante, sus innegables aportes, el intento de caracterización de estos comportamientos, presentado por Verena Stolcke como válido para toda la sociedad cubana, requiere en la actualidad un reanálisis asentado en un mayor volumen de información, en un conocimiento más denso y profundo de la sociedad colonial de la Isla y en determinadas precisiones sobre los espacios públicos o privados, geográficos o socioculturales.

De la importancia que el tema adquirió en la práctica historiográfica en las últimas décadas del siglo xx da testimonio el estudio «La aplicación de la Pragmática Sanción de Carlos III en América Latina: una revisión», de Diana Marre (1997). Este es, en esencia, un balance de los estudios sobre juicios de disenso originados en la aplicación de esa ley en diferentes áreas de América Latina, a partir de 1778. La autora reconoce la importancia de los trabajos de Verena Stolcke sobre el caso cubano y la destaca como iniciadora de esta línea de investigación, cuestión que explica la frecuente alusión a sus escritos por parte de la mayoría de los autores.

Del análisis de Marre se desprende la existencia, hasta ese momento, de dos grandes regiones privilegiadas por los historiadores del tema desde lo geográfico, político y socioeconómico. Una está conformada por México —con las investigaciones de Patricia Seed (1991) sobre la sociedad novohispana de finales del siglo xviii—, y Nuevo México (todavía colonia española en igual época), estudiado por Ramón A. Gutiérrez (1993). El estudio de Seed destaca que con la aplicación de la ley se concretaban los cambios sociales que, a lo largo del período colonial, se habían gestado lentamente. Por su parte, Gutiérrez advierte que la Pragmática fue uno de los mecanismos más agresivos para restringir los fueros eclesiásticos ante los tribunales civiles y de limitar sus funciones legales.

La segunda región se ubicaría en Río de la Plata, donde Nelly Porro (1980), con su artículo «Extrañamientos y depósitos en los juicios de disenso» se ocupó del asunto, específicamente en la ciudad de Buenos Aires. En su trabajo intenta superar la mera presentación documental —51 casos de disenso—, característica de los artículos que le precedieron sobre estos temas, para profundizar acerca de cuestiones relacionadas con los conflictos familiares ante el disenso paterno y la utilización del depósito como figura jurídica. Las mujeres eran depositadas en casas de familiares y amigos hasta que se declarara la sentencia emitida por el tribunal, lo que se convirtió en una práctica que permitía que se preservara su honra y valía. Aquellas debían ser protegidas de interferencias maliciosas de familiares u otras personas interesadas en sus conflictos. La filiación de estos autores a los presupuestos básicos sobre los que se asentó la investigación de Verena Stolcke daría cierta solidez a la idea de una tradición de estos estudios en el contexto latinoamericano.

Dicha producción historiográfica centró muchas de sus preocupaciones en los análisis de los sistemas de noviazgo, de compromiso y de matrimonio, de su legislación normativa y de los conflictos derivados de esta. Al dedicarse un importante espacio al estudio de la transgresión de la ley, y en especial al incumplimiento de lo establecido por la Iglesia y el Estado, se presentan las sociedades con sus propias características y particularidades. Como se muestra en estas investigaciones, las mujeres tuvieron que acatar un discurso normativo que, por demás, las discriminaba, pero sin embargo transgredieron los dictámenes impuestos por la sociedad que les tocó vivir, marcadas por la legislación del Despotismo Ilustrado.

A pesar del tiempo transcurrido, puede afirmarse que el panorama actual no difiere mucho del descrito por Marre a finales del siglo xx. El sostenido incremento del número de historiadores que abordan las temáticas de referencia no ha logrado romper la hegemonía de México y Argentina como centros básicos de atención, aunque hoy en día ya existen estudios de importancia sobre el tema en otros países latinoamericanos que antes fueron colonias españolas.

En el caso de Argentina se han abordado espacios diferentes alde Buenos Aires, como lo hace, por ejemplo, Susan Socolow (1984) en «Recent Historiography of the Rio de la Plata: Colonial and Early National Periods», un análisis sobre los juicios de disenso en el que contrasta sus manifestaciones en Córdoba con lo ocurrido en la capital. La autora describe las causas del disenso paterno y registra cuatro razones esenciales para que este se produjera: racial, social, moral y económica. Otro artículo suyo es «Cónyuges aceptables: la elección del consorte en la Argentina colonial» (1991), en el que también estudia los juicios de disenso que se entablaron debido a discordias familiares. Ella asume el criterio de que estos litigios implicaron, principalmente, a los estamentos medios de la sociedad y las causas expuestas refieren iguales argumentos. Otro elemento a destacar es la tensión existente entre los poderes civil y eclesiástico que se produjeron en la segunda mitad del siglo xviii. Estuvieron vinculados especialmente a la emisión de la Real Cédula del 8 de marzo de 1787, mediante la cual se prohibía a las cortes eclesiásticas hacerse cargo de los casos de incumplimiento de la palabra de casamiento, si esta había sido empeñada sin el consentimiento de los padres. Hasta finales de esa centuria, en las colonias españolas el control de la elección matrimonial dependía de la jurisdicción del obispado y de las cortes eclesiásticas, quienes, generalmente, rechazaban las objeciones paternas basadas en las diferencias económicas y étnicas adjudicadas a los novios. De esta forma comenzaba a normarse un poder que, hasta la fecha, se encontraba bajo la jurisdicción de la Iglesia y no del Estado.

Sin embargo, en un estudio más reciente, de Mónica Ghirardi (2004), titulado Matrimonios y familias en Córdoba 1700-1850, se analizan los pleitos entablados en esa ciudad, pero se advierte que 45% tuvieron su origen en prejuicios raciales y que los más enconados eran contra mulatos y negros. Las razones expuestas en las demandas entrelazaban diferencias raciales, económicas y sociales que, en su momento, generaron una confrontación entre los involucrados en los juicios y los integrantes de las familias que se oponían. Los enfrentamientos entre parientes, por la calidad del cónyuge, abarcaron a todos los sectores de la sociedad.

Los juicios de disenso paterno son también el soporte de Ser, sentir, actuar, pensar e imaginar en torno al matrimonio y la familia: Buenos Aires, 1776-1860, de Guillermo O. Quinteros (2010). En este estudio, los litigios se revelan como un espacio de relaciones conflictivas en el que cada individuo actúa conforme a intereses estrictamente particulares y familiares. En los juicios se recrea una pequeña parte de la vida de las personas involucradas en situaciones conflictivas, y en sus relaciones con los demás. Lo antes mencionado tuvo un doble propósito, intentar convencer a la justicia de la superioridad de los argumentos y lograr —en el caso de obtener éxito— construir una familia. La investigación de Quinteros, por demás, enriquece la perspectiva del análisis con temáticas como las políticas matrimoniales, la figura legal del depósito para impedir una relación matrimonial o para esperar el dictamen de las instancias superiores, el noviazgo y los intereses familiares, y las causas que provocaban el disenso paterno. El hilo conductor del estudio parte de interrogar a la fuente sobre las razones que animaron a los actores sociales a sostener una elección matrimonial para sus vidas. Un común denominador sería el inicio de la investigación con la Pragmática Sanción de 1776, como la consecuencia correctora de un orden social estamental, que mostraba sus debilidades, pero que fue causa inevitable de conflictos.

En particular, las motivaciones económicas, raciales y sociales implícitas en los juicios han sido ampliamente documentadas y parecen hoy asentadas con solidez en el discurso historiográfico. A ello refiere, por ejemplo, el artículo de Ángela Carballeda (2004) «Género y matrimonio en Nueva España: las mujeres de la élite ante la aplicación de la Pragmática Sanción de 1776», de interés además por las similitudes que presenta con la realidad cubana en cuanto a la caracterización de esa ley y sus principales objetivos, así como a la importancia que presta la autora a las diferencias sociales y raciales y a las consecuencias a que se exponían los hijos que contrajeran matrimonio sin el consentimiento paterno. Las mujeres, según evidencia Carballeda, desde las más humildes hasta las aristocráticas, hicieron uso de los mecanismos legales que les permitieron defender los derechos personales y matrimoniales que consideraban detentar. Las de la élite, por su educación y preparación, poseían un buen dominio de aquellos instrumentos legales que les permitían preservar sus intereses. Los documentos presentados en este artículo, donde se vieron involucradas familias principales novohispanas, ponen de manifiesto los conflictos surgidos a raíz de la resistencia, por parte de algunos jóvenes, al control patriarcal de las estrategias matrimoniales. A su vez, se hace evidente que las mujeres cabezas de familia defendieron enérgicamente sus prerrogativas de concertar los matrimonios de sus hijos.

El caso de Quito, menos investigado, parece confirmar el alcance continental de las problemáticas develadas en los estudios sobre Nueva España y Río de la Plata. Así, Bernard Lavallé (1998), en su artículo «¿Estrategia o coartada? El mestizaje según los disensos de matrimonio en Quito [1778-1818]», analiza la promulgación de la Real Pragmática y su aplicación en las colonias. Más allá del valor comparativo, para nuestros intereses, de las descripciones de casos de disenso matrimonial, el trabajo de Lavallé da valor conclusivo a la tendencia de los tribunales a fallar a favor de los novios, por lo que se celebra inmediatamente el matrimonio; algo que plantea la necesidad de confirmar si esto sucedía en otros espacios. A partir del análisis del amplio radio de acción, de lo que el autor denomina la patria potestad, se aprecia que las familias se oponían a los proyectos de sus hijas, nietas, sobrinas o ahijadas. Precisamente, afirma, que uno de cada cuatro juicios era convocado por iniciativa de los padres, abuelos, hermanos o tutores que se oponían al matrimonio. Sin embargo, se hace necesario referir que, en la mayoría de los casos, los demandantes eran los propios novios y que las sentencias tardaron hasta cuatro años para ser resueltas.

Temas como la elección de pareja, las bodas, las relaciones consensuales y, como consecuencia de estas, la proliferación de hijos ilegítimos, han sido asuntos a los que la historiografía también ha dedicado su atención. «El matrimonio en Mesoamérica ayer y hoy», de David Robichaux (2003), estudia el entramado de relaciones que se establecieron en estas sociedades a través del matrimonio, la pareja o las bodas y la significación cultural que representaba la petición de mano. Esta formalidad equivalía a que el acto sexual pudiera ser consumado, por lo que muchos vivieron en unión consensual antes de establecer un contrato matrimonial. Según expresa Robichaux, los pasos que debían establecerse para formalizar una unión suponían negociaciones entre los grupos de parentesco del novio y la novia, aun cuando la pareja había comenzado la vida en común, como sucedía en la mayoría de los casos. La boda religiosa era deseable y solía celebrarse años después de iniciada la cohabitación. Otro tema debatido es el rapto o robo. Igual que lo sucedido entre los pueblosdetradiciónculturalmesoamericana, entre los afromestizos la unión comenzaba muchas veces por el rapto. El novio llegaba a su casa o a la de algún pariente con la novia y después se oficializaba el acto con la boda. Con esta práctica los jóvenes realizaban sus deseos como individuos y luego continuaban con los ritos del hogar que pueden ser calificados como sagrados. Elemento este también común en la sociedad colonial cubana, donde el rapto se convirtió en un subterfugio utilizado para que el matrimonio fuera aceptado por la familia.

El mestizaje constituye otro de los temas que motivó la atención de los estudiosos durante la segunda mitad del siglo xx. Pablo Rodríguez Jiménez (2008), en «Sangre y mestizaje en la América hispánica», intenta responder preguntas como: ¿cuál fue el estatuto legal de la población mestiza y su realidad social en la época colonial? y ¿qué características tuvieron los grupos y las familias mestizas de las ciudades y los campos? El autor plantea que las dimensiones del mestizaje y de las relaciones ilegítimas entre españoles y nativos en América encontraron en el principio de legitimidad un mecanismo de diferenciación social. Está constatado, según él, que ya a comienzos del siglo xvii el mestizaje llegó a significar ilegitimidad, lo que apunta a la existencia de un mayor número de madres solteras actuando como jefas de hogar. Las familias mestizas, formadas por el esposo, la esposa y los hijos, eran más reducidas en número que las españolas, pero mayores que las indígenas. El temor a la contaminación racial y al debilitamiento de la autoridad paternal constituyó fenómenos que convencieron a la corona española de la necesidad de aplicar en las colonias la Pragmática sobre el matrimonio. No obstante, es notorio esclarecer que una de las mayores sorpresas que depara el estudio del mestizaje es su proximidad a los grupos de las más encumbradas familias de las élites latinoamericanas.

Por último, aunque no menos importante, resulta el tratamiento que se concede al prestigio familiar que se asentaba en la virginidad de la mujer. En el artículo «Hablando del honor; ¿dónde estaba el de las mujeres coloniales?» (Rodríguez Jiménez, 2002), se analiza la importancia otorgada a esta norma en las sociedades de esos años, por ejemplo, en la colombiana, que es el centro de atención de ese artículo. En la vida cotidiana, la conservación del honor se tradujo en una especial aprehensión de los padres y maridos hacia sus esposas e hijas, quienes debían reservar la virginidad para el matrimonio y garantizar, además, que todo nacimiento se produjera en los marcos de la más absoluta legitimidad. El honor familiar, anclado en la sexualidad femenina, constituyó un valor cultural que permite apreciar las relaciones entre géneros, razas y clases. Constituía un «don», una «gracia» de pertenencia, que generaba responsabilidad y obligaba a las familias y a la sociedad a conservar, muchas veces en apariencia, su ordenamiento sexual. Su pérdida excluía a una familia de los privilegios del estamento o grupo social al cual pertenecía, razón por la que toda afrenta al honor familiar era asumida con enorme dramatismo psicológico y social. En esta sociedad, que exaltaba la limpieza del honor, los reveses ocurridos provocaban en los hombres severos conflictos de conciencia. El honor familiar estaba comprometido, además, con la fidelidad de las esposas y estas historias casi siempre narran escenas que representan violencia en un espacio «sagrado»: el hogar. A decir del autor, en la sociedad colonial la mujer fue un simple objeto depositario del honor de otros: padre, marido o hermanos; su honra no les pertenecía.

La mujer, por tanto, debía ser objeto de una especial atención por parte de quienes asumían la responsabilidad de dirigir una familia, pues existía una estrecha correspondencia entre su cuerpo físico y su papel simbólico. Relegada al rol de esposa y madre virtuosa, se convertía en el canon para preservar el modelo matrimonial, la concordia y el honor familiar. A este asunto dedicó atención Manuela Fargas Peñarrocha (2014) en «Cuerpo y matrimonio en la Edad moderna: la metáfora de la esposa relegada y la unidad conyugal». Ella sostiene que, desde este período, todas las disciplinas generaron una desconfianza hacia el cuerpo femenino, y advierte, retomando posturas clásicas, que es conceptuado y descrito como nido paradójico de regalo y pecado. Es por eso que, haciendo alusión a ambos, afirma que la mujer incurre no solo en un vicio individual, sino que podía poner en tela de juicio el honor de su familia. La esposa relegada era la mujer y madre virtuosa para la pedagogía moral, pero a la vez era señal de perfeccionamiento del acuerdo matrimonial, pues del trato atento de su esposo se infería el cumplimiento de las finalidades procreativas del matrimonio.

La pérdida del honor, con el consiguiente embarazo y la proliferación de hijos ilegítimos se han relacionado con la vulnerabilidad que implicaba la lejanía de la familia, aunque también con el subterfugio de las promesas de matrimonio. Una valoración de ambas circunstancias, como causas que llevaron a situaciones consecuentes, puede hallarse en «Una aproximación a las actitudes de las criadas jóvenes sobre la sexualidad y el matrimonio a través de las querellas por estupros en Vizcaya (siglos xviii-xx)», un estudio de caso en el que Juan A. Gracia Cárcamo (1997) examina a mujeres de la sociedad europea —específicamente las de esa región— dedicadas al trabajo doméstico. Problemática que ha sido subrayada por la historiografía, que afirma que un gran número de mujeres solteras con hijos se destacaban en ese servicio, tanto en el Viejo Continente como en las colonias españolas en América (Quinteros, 2010). La palabra de casamiento, en muchos casos, sirvió de argumento para que jóvenes inocentes fueran estupradas. Estas reclamaban en sus querellas que se hiciera efectiva aquella promesa o una satisfacción monetaria, que compensara la ruptura del compromiso matrimonial.

El análisis de esta producción historiográfica no solo permite definir las principales direcciones de los estudios sobre el tema que nos ocupa en distintos espacios del mundo colonial español, sino establecer un punto de partida para valorar el alcance y las ausencias constatables en la historiografía cubana.

Volviendo al tratamiento del tema en la Isla, tempranamente iniciado por los estudios de Verena Stolcke (Martínez Alier, 1968) —que más tarde mejoró desde el punto de vista metodológico con un añadido teórico—, puede afirmarse, sin temor a errar, que esta línea de investigación resulta escasamente abordada por nuestra historiografía, a pesar de que los esfuerzos realizados en los últimos años evidencian su viabilidad investigativa en disímiles aristas.

Autores como Stolcke (1992), Juan Andreo García (1999), María del Carmen Barcia (2003; 2005) y Luz M. Mena (2007) son quienes, en alguna medida, han centrado parte de su producción en temáticas similares a las mencionadas. El mestizaje, la interracialidad, el honor familiar y sus vínculos con la preservación de la honra femenina, el amancebamiento y el matrimonio son cuestiones que han desplegado en sus investigaciones.

Mena, en su artículo «Raza, género y espacio: Las mujeres negras y mulatas negocian su lugar en La Habana durante la década de 1830», examina la participación social de ellas. Para la autora, eran consideradas agentes de un contacto racial y cultural particularmente peligroso, ya que, al ser libres, no estaban sujetas a los mecanismos de control directo de sus amos. Añade además que, como esposas, concubinas, o compañeras de hombres blancos, contribuían a la mezcla de las razas y al «blanqueamiento» de los negros. A través del estudio de testamentos de negras libres y mulatas, Mena defiende el criterio de que era frecuente que tuvieran hijos de distintas uniones consensuales. Asume que la causa de esta situación era que los amancebamientos o concubinatos con blancos eran privilegiados por estas, en lugar del matrimonio con hombres de su mismo estamento social. Sostiene, además, el criterio de que eran ellas quienes llevaban a sus espaldas el blanqueamiento de sus familias. Tales uniones se realizaban, sobre todo, con inmigrantes españoles de escasos recursos económicos.

Las relaciones tanto sexuales como sociales, entre estos últimos y los naturales del país —blancos, negros o mestizos—, unos y otros pertenecientes a los sectores populares, es un tema abordado con anterioridad por la historiadora María del Carmen Barcia Zequeira (2005) en su libro Capas populares y modernidad en Cuba (1878-1930). Este texto describe cómo, dentro de esas capas estaba presente la línea del color y su transgresión a través de uniones interraciales. La autora refiere que, para este estudio, tanto el sexo como la raza constituyen variables de suma importancia. La subalternidad de las mujeres, aunque es común a todas las sociedades patriarcales, asume en la cubana particularidades que deben ser destacadas, debido a su carácter densamente mestizo, tanto desde lo físico como lo cultural, por lo cual está fuertemente impregnada de problemas derivados de lo que Barcia denomina «la línea del color».

«Sobre la a construcción del imaginario: la mulata en la litografía cubana del siglo xix. Una propuesta de interpretación» (Andreo García, 1999), refleja la situación en Cuba de las relaciones maritales —matrimonio, amancebamiento— y el maltrato al que fue sometida la mujer durante el siglo xix. Son asuntos tratados, la posición de la Iglesia católica respecto al mantenimiento del matrimonio y su política de evitar el amancebamiento como conducta generalizada.

Habría que señalar el desarrollo de una vertiente de estudios desarrollada en Cuba en los últimos años centrada en la familia esclava y la legislación que la regulaba, y cuyos resultados no solo han contribuido a renovar criterios de larga vigencia, sino que revisten importancia como referentes teóricos y metodológicos (Barcia Zequeira, 2003; García Rodríguez, 2005; Perera Díaz y Meriño Fuentes, 2008).

Barcia Zequeira (2003) destaca como una de las historiadoras que más ha aportado, desde finales de los 80, al estudio de la familia esclava. Su texto La otra familia. Parientes, redes y descendencia de los esclavos en Cuba analiza el matrimonio y la familia esclava como dos fenómenos que van indiscutiblemente unidos. Para esta autora, el primero, con todas sus particularidades, fue una de las bases sobre las cuales se sustentaron las posteriores familias; por lo que dedica especial atención al estudio de su legislación. A través del análisis de documentos de archivos reconstruye historias de familias esclavas y la ruptura de africanas con la caza y trata negrera. El propio proceso de la esclavitud determinó el surgimiento de nuevas formas de uniones mediante lazos que diferían mucho de los establecidos en África o entre las élites blancas, los cuales fueron denominados familia por afinidad.

Dos años después, Mercedes García Rodríguez (2005) escribió el artículo «Los matrimonios entre esclavos: sexo y reproducción en la Cuba del siglo xviii». Al igual que el de Barcia, este texto está dedicado al estudio del matrimonio y la familia esclava desde una nueva perspectiva, el análisis de la legislación. Para ello la autora toma como referente inicial las leyes emitidas desde el siglo xvii. Presenta a los padres jesuitas como los iniciadores de las prácticas matrimoniales entre esclavos para fomentar la reproducción en los ingenios; plantea que la historiografía tradicional ha hecho poco énfasis en estudiar la vida de aquellos y se ha enfocado más en su vinculación a los asuntos económicos y de productividad. La intención es develar uno de los puntos casi desconocidos de la formación de las parejas esclavas. Pero no desde la iniciativa de un individuo sometido, donde, por supuesto, afloran motivaciones sentimentales o sexuales; sino desde el diseño, como ella lo nombra, que para la vida privada de estos elaboraban sus amos. Los betlemitas y los jesuitas, órdenes religiosas esclavistas por excelencia, practicaron, de manera paradójica, su voto de pobreza junto al negocio azucarero y, por ende, el matrimonio de esclavos y la reproducción natural. Asumieron aquel no como asunto sentimental, ni siquiera como una necesidad natural, sino como un gran negocio para la reproducción de la especie. Fueron los promotores de los criaderos de negros y del apareamiento de dotaciones mixtas; pero pronto las oligarquías coloniales los suplantaron. Quienes poseían esclavos debían garantizar su reproducción y a la vez ser consecuentes con la ética y la moral cristiana, uniéndolos legalmente ante Dios.

Aisnara Perera Díaz y María de los Ángeles Meriño Fuentes (2008), en Esclavitud, familia y parroquia en Cuba: Otra mirada desde la microhistoria, centran su enfoque en la familia, las parroquias y la relación existente entre ambas instituciones. Las autoras son de las pocas historiadoras en Cuba que combinan los temas de familia con el componente racial y ofrecen métodos novedosos sobre el cruzamiento de fuentes, utilizan los asientos parroquiales de bautismos, muertes y casamientos y los vinculan a los datos con información de carácter notarial y judicial. En el estudio se contemplan tres elementos de las relaciones interpersonales vigentes en las sociedades con presencia dominante del catolicismo, la familia, el bautismo y el compadrazgo, a partir de los cuales estudian a la familia negra. La consulta de diversos documentos, que hasta el momento no habían sido tenidos en cuenta para el estudio de la familia esclava, trajo como consecuencia el surgimiento de nuevos métodos que se ajustaron al estudio específico de cada texto. La investigación reconstruye las familias a partir de los documentos parroquiales, fundamentalmente los libros de bautismos, matrimonios y defunciones. Las autoras tuvieron que trazar una línea metodológica propia que les permitiera estudiar y demostrar la existencia de la familia esclava.

La producción historiográfica sobre el tema abordado, vinculada a la sociedad de la Cuba colonial, es muy escasa, lo cual indica la necesidad de profundizar en el significado e importancia del matrimonio y el amancebamiento, su extensión a todas las capas y sectores de la población, así como el papel de control desempeñado por la Iglesia católica sobre la sociedad.

 

 


[1] Se designó así el proceso, generalmente sumario, que resolvía acerca de la procedencia o improcedencia de la oposición a un matrimonio formulada por padres, tutores o curadores. Véase http://cort.as/-CPaY.

 

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