La economía cubana en 1966-1970

Resumen: 

La ponencia aborda críticamente el quinquenio 1966-1970, y señala los errores cometidos en la dirección de la economía. En especial, se analizan las razones de haber programado la meta de los 10 millones de toneladas de azúcar en 1970 y las causas de su incumplimiento. A su vez, se destacan los avances conceptuales y prácticos planteados en ese período en la esfera de la ciencia y la técnica, lo que creó condiciones para su poderoso desarrollo en años posteriores.

Abstract: 

The Paper critically analyses the Five-Year period 1966-1970, outlining errors in economic management. The reasons for establishing the goal of ten-million tons of sugar production in 1970, as well as the causes that led to the failure to achieve this objective, are explicitly analyzed. At the same time, it highlights the conceptual and practical progress in the field of science and technology, which created conditions for its powerful development in succeeding years.

En el primer decenio después del triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959, en Cuba, se desplegaron las medidas iniciales para la transformación de las estructuras económicas y sociales proclamadas por Fidel Castro Ruz (1953) en La Historia me absolverá. Ya en esa década, la Isla tuvo que enfrentar la hostilidad del gobierno imperialista de los Estados Unidos, reflejada en las agresiones armadas que organizaron y financiaron Dwight D. Eisenhower y John F. Kennedy, y en el bloqueo dispuesto por este último. A pesar de estos obstáculos, el proceso revolucionario avanzó y se consolidó; se intentaron nuevos métodos de dirección de la economía y se adoptaron medidas para alcanzar el desarrollo.

En el primer quinquenio (1961-1965) el producto interno bruto (PIB) creció 4,4%, y en el segundo (1966-1970), 2,2%. Para el análisis de este último, objetivo de este texto, resulta conveniente diferenciar dos períodos: 1964-1967 y 1968-1970. En toda la etapa, el crecimiento fue de 3,5%, mientras que en la primera subetapa fue de 4,6% anual, y entre 1968 y 1970, 2%. Estos tres últimos años reflejan una desaceleración de la economía.

El primer período (1964-1967) se caracterizó por una consolidación de la actividad productiva y un auge constante de la producción, interrumpido solamente en el año 1966 por situaciones coyunturales. La tasa de importaciones en 1967 fue 13,1%, mientras que en el anterior quinquenio registró 15,1%. Ello muestra que el crecimiento logrado se apoyó fundamentalmente en las posibilidades internas de la economía. La tasa de acumulación siguió siendo relativamente baja, al igual que en el anterior lustro, aunque dentro del primer decenio representó los niveles más altos alcanzados. Además, en este período, más que en ningún otro, dicha tasa se asienta en el potencial de acumulación nacional. El consumo no productivo creció 4,1%; se incrementó el consumo social por encima del individual, especialmente en 1966 y 1967, y la cantidad de personas con empleo registró un crecimiento moderado.

Este momento fue exponente del potencial de desarrollo presente en la economía bajo las nuevas formas sociales de producción y en condiciones de disminución de su dependencia externa. Se evidenció mayor experiencia y dominio de la actividad económica y aun cuando tuvieron lugar algunas medidas que debilitaron el control económico, ello no se manifestó ostensiblemente.

La segunda etapa (1968-1970) presenta una desaceleración en el crecimiento de la producción. En parte se debe a la influencia de la zafra azucarera de 1970, que afectó al resto de las ramas, en especial la construcción. La característica general del período es la caída de la efectividad. La industria se redujo en 1968 y 1969 y solo se incrementó en 1970 debido al azúcar. La producción agropecuaria se estancó y decrecieron la ganadería y la agricultura no cañera.

El sector agropecuario recibió una alta prioridad en la asignación de recursos. Las inversiones en él constituyeron 42,6% del total en el primer quinquenio y subieron 44,1% en el segundo. También aumentó la fuerza de trabajo, aunque recibió desviaciones circunstanciales de otros sectores, que se vieron afectados. Desde 1968 a 1971 el sector de la construcción recibió los más elevados volúmenes de equipamiento de todo el período, pero su potencial no pudo ser plenamente utilizado por factores organizativos y falta de fuerza de trabajo. El transporte alcanzó un máximo de producción en 1970 debido al traslado de caña y azúcar fundamentalmente. Aumentó la ocupación, pero decreció la productividad.

El exceso de dinero circulante deterioró la distribución de los bienes de consumo y se pasó al sistema de racionamiento.

La inversión bruta descendió entre 1967 y 1970, hasta llegar a 82% del nivel inicial. Se incrementaron las existencias. La tasa de importaciones ascendió de 13,1% en 1967, a 16,7% en 1970. El desbalance comercial 1968-1970 fue 60% mayor que el del trienio anterior.

La etapa 1968-1970 se caracterizó por una gran concentración de esfuerzos en la agricultura, lo que dio origen a desproporciones en los desbalances financieros internos y externos, aumento de la tasa de importaciones y disminución de la de acumulación, entre otros.

En el período desapareció el impulso ascendente de la economía que se había registrado hasta 1967. Hubo pérdida de coherencia y efectividad en los esfuerzos realizados en pro del desarrollo. Las causas tuvieron su origen en el campo de la dirección económica, manifestadas en el debilitamiento de los controles, la eliminación del presupuesto nacional, la desvinculación del salario a la norma, y la indebida política de gratuidades, entre otros factores que fueron expresión de la aplicación de métodos erróneos en la dirección de la economía.

Mención especial merece la Zafra de los Diez Millones, denominada así por la meta trazada de alcanzar esa cantidad de toneladas de azúcar. Se inició en noviembre de 1969 y concluyó a mediados de 1970 sin que se pudiera alcanzar la cantidad ambicionada. No obstante, se produjeron 8,4 millones, lo que resultó en la zafra azucarera más grande de toda la historia de Cuba.

En la literatura consultada sobre el tema, la mejor explicación de esos resultados la ofrece Humberto Pérez González (2016), quien tuvo una destacada participación en los preparativos y desarrollo del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), en diciembre 1975, y ocupó la responsabilidad de presidente de la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN) desde 1976 hasta 1988. Él refiere que entre 1963 y 1964 se llevaron a cabo conversaciones y determinados acuerdos preliminares con la Unión Soviética sobre un alto monto de ventas y precios en el intercambio comercial. El único recurso exportable de Cuba que podría incrementarse en magnitudes significativas y en un tiempo relativamente corto para respaldar los convenios alcanzados era el azúcar. Los ingresos por exportaciones de este producto permitirían alcanzar un adecuado balance comercial con la URSS.

Con ello se garantizaba sostener los programas sociales de educación y servicios médicos gratuitos y los demás avances de justicia social ya logrados, así como dar respuesta a los requerimientos de nuestra subsistencia y aspiraciones de desarrollo.

En la práctica, dice Pérez González, se trataba de avanzar gradualmente desde los 3,9 millones de toneladas que se produjeron en 1963 (la zafra más baja de aquellos años) a razón de un crecimiento de menos de un 1 millón de toneladas por año durante siete años hasta llegar a los diez millones en 1970. Cinco de ellos eran para exportar a la Unión Soviética. En 1964 se hicieron 4,5 millones y en 1965, 6,2 millones. Se había crecido a razón de más de un millón anual en esos dos años y restaba solo por aumentar cuatro millones en cinco años, a razón de ochocientas mil por año. Esta última meta era más difícil debido a la elevada producción de azúcar y a la extensa superficie de caña sembrada alcanzadas en los años anteriores.

No obstante el gran volumen de azúcar producido, no se alcanzó la meta trazada. A las causas de este incumplimiento se refirió Fidel Castro Ruz en el Informe Central del Primer Congreso del PCC (1975) al expresar: «El esfuerzo para alcanzar zafras de esa magnitud estaba por encima de los niveles de organización alcanzados, la eficiencia de nuestra economía, el grado de mecanización y los recursos humanos disponibles» (57).

En el Informe, Fidel se refirió críticamente a los errores que se cometieron en el período, sobre todo en la dirección de la economía, los cuales obstaculizaron la creación de condiciones y provocaron que, en muchos casos, los recursos no fueran utilizados al máximo ni la gestión económica fuera todo lo eficiente que podía haber sido. Los métodos de dirección no fueron los mejores, lo que afectó la aplicación y el desarrollo de las concepciones productivas y científico-técnicas que se concibieron.

Al respecto, hay que decir que en los primeros años de la Revolución no existía un sistema único de dirección para toda la economía. Coexistieron dos: uno se denominaba financiamiento presupuestario y el otro cálculo económico. El primero abarcaba la mayor parte de la industria, mientras el segundo se implantó parcialmente en la agricultura, el comercio exterior y una parte menor de la industria. En el quinquenio 1966-1970 se estableció un procedimiento que se apartaba tanto del cálculo económico como del sistema de financiamiento presupuestario.

Sobre la base de las concepciones del método de dirección de la economía que se estaba aplicando en ese momento, fueron erradicadas las formas mercantiles y suprimidas las relaciones de cobros y pagos entre las unidades del sector estatal. Un nuevo sistema de registro económico sustituyó al de contabilidad existente, abandonándose su anotación por doble partida. Se disolvió el Ministerio de Hacienda y se restructuró el Banco Nacional. El último presupuesto estatal aprobado fue el de 1967, pero no se controló su ejecución.

Junto a estas decisiones, se adoptó una política de gratuidades, indebida en algunas cuestiones. El salario se desvinculó de la norma de trabajo y comenzó a no estar respaldado por los correspondientes niveles de producción. Se promovieron los horarios de conciencia y la renuncia al cobro de las horas extras de labor. Se dejó de cobrar a los campesinos los intereses de los créditos y los impuestos. Se lanzó a la circulación un exceso de dinero que no se correspondía con el valor de la oferta de bienes y servicios, lo que creó condiciones para el ausentismo y la indisciplina laboral.

La lucha contra el burocratismo, que llevada a cabo de manera adecuada resulta saludable en cualquier tipo de sociedad, fue sobredimensionada, y se llegó a eliminar a los contadores en las empresas. A ello se sumó la desaparición de la carrera universitaria de contador público y los estudios de la economía política del socialismo, así como la reducción de la matrícula de estudiantes de Economía.

Los métodos aplicados no contribuyeron a crear una conciencia económica. Las administraciones dejaron de tomar en cuenta los costos y gastos, concentradas exclusivamente en las metas de producción.

Dentro de la llamada Ofensiva Revolucionaria, su primer paso consistió en la nacionalización de todas las actividades comerciales, de servicios e industriales del sector privado. En muy breve tiempo pasaron al Estado cincuenta y ocho mil negocios en todo el país, incluyendo unos nueve mil de trabajadores por cuenta propia (La Ofensiva Revolucionaria. Su importancia, 1968: 38). El Estado no pudo sustituir de inmediato la oferta que brindaban dichos establecimientos, lo que afectó el suministro de bienes y servicios a la población durante varios años.

Por otra parte, la dirección de los esfuerzos que se realizaban en la agricultura, la ganadería y otros sectores económicos se desarrollaba sobre la base de programas concretos para cada una de sus producciones, de manera de poder concentrar allí los recursos materiales, financieros y laborales. Si bien es cierto que estos programas escogidos garantizaban mejor los objetivos de ellas, no se enmarcaban plenamente en el plan global de la economía, lo que, de hecho, afectaba al resto de las producciones no priorizadas. A su vez, el gran monto de las inversiones que demandaban los programas las hacían prácticamente inmanejables lo que, en no pocos casos, afectó su eficiencia.

Ante la falta de fuerza laboral para alcanzar las altas metas productivas establecidas, se movilizaron grandes contingentes de trabajadores de otros sectores económicos. El perfil laboral diferente de los movilizados a producciones de las que no tenían la suficiente experiencia, entre otras causas provocó su baja productividad y eficiencia que, por demás, no se cuantificaba. Como se puede apreciar, los mayores problemas en el quinquenio 1966-1970 se registraron en sus tres años finales.

No obstante los errores y deficiencias aquí abordados, en el propio período analizado se concibieron ideas y se adoptaron acciones que influyeron positivamente en el desarrollo de la nación en el quinquenio y posteriormente.

Un aspecto de gran importancia fue la estrategia del desarrollo económico del país. Es conocido que el plan de Vladimir Ilich Lenin para el desarrollo de la Rusia soviética era avanzar primero en la industria pesada y, a partir de ella, impulsar la ligera, la agricultura y los demás sectores. En el caso de Cuba, se decidió modificar esta concepción y desarrollar primero la agricultura, que sería el pivote para la industrialización del país. Una vez más hay que mencionar el azúcar y sobre todo la caña, que tiene la capacidad de absorber más energía solar que ninguna otra planta sobre la tierra. No hay ningún otro cultivo capaz de producir tantos nutrientes por hectárea, lo que ayuda extraordinariamente a la alimentación del ganado. De la caña se obtiene azúcar, miel de diferentes tipos, alcoholes, bagazo como fuente de energía y para pulpa de papel, etc. A partir de este cultivo, se puede desarrollar una industria química compleja.

En general, el incremento de la producción agrícola se logra mediante la ampliación de la superficie y por aplicación de la técnica. Cuba tiene limitaciones en la primera, por lo que la segunda es la vía principal para el desarrollo agrícola, tanto de la caña como del café y el arroz. También se impulsaron los cítricos, y a partir de sus requerimientos en fuerza de trabajo se crearon las primeras «escuelas en el campo», donde los estudiantes compartían el estudio con el trabajo. En todos los cultivos había que lograr mayor producción agrícola por unidad de superficie y con ahorro de fuerza de trabajo, para lo cual era indispensable la mecanización de todas las tareas en la agricultura. La producción nacional de la maquinaria agrícola era motivo para el desarrollo industrial del país. También se avanzó en el estudio de los problemas físicos, químicos y biológicos de los suelos y su óptimo uso.

Otra idea estratégica surgida en el período es que de la agricultura se puede obtener la base nacional de alimentación animal. El impulso a la ganadería surgió en este quinquenio y no solo relacionado con la vacuna, sino también con la porcina y la avícola. Hay que mencionar los éxitos de la segunda fase del Combinado Avícola Nacional, en la que se alcanzó una elevada producción de huevos. En la ganadería vacuna, ante la disyuntiva de promover la línea lechera o de carne se escogió la primera, que también aporta carne. Igualmente se priorizó la aplicación de la técnica en cuanto a los cruces genéticos para obtener un mejor animal según nuestras condiciones climáticas y de alimentación, la inseminación artificial, el pastoreo sobre la base de las investigaciones del científico francés André Voisin, nuevos tipos de gramíneas y de leguminosas para sustituir la importación de pienso, la fertilización de los potreros y el cuidado de la salud animal. Se destacaron los planes genéticos de las empresas Niña Bonita y Los Naranjos.

Para lograr la coherencia en toda la cadena productiva, se introdujeron los modelos tecnológicos en la agricultura y la ganadería.

El concepto de voluntad hidráulica surgió en esta etapa como respuesta a la severa sequía de los años 1961 y 1962, así como a las grandes inundaciones que provocó el huracán Flora en 1963. Los objetivos eran evitar que una sola gota de agua de los ríos se perdiera y controlar el gran caudal de agua de lluvia que provocan los ciclones. Para ello se inició un intenso programa de construcción de presas, embalses, protección del manto freático y su incremento con la inyección de agua mediante pozos de inmersión. La estrategia hidráulica incluía las medidas para la óptima utilización del preciado líquido.

Durante el quinquenio se adoptaron las líneas principales del desarrollo industrial del país: la utilización intensiva de los recursos minerales, entre ellos, níquel, cromo, hierro, aluminio, cobalto; el desarrollo de ciertas ramas de la industria de medios de producción, para lo que se sentaron las bases para la siderurgia, la industria mecánica, la energética, la producción de cemento, de fertilizantes, la petroquímica y la química pesada. Uno de los objetivos prioritarios del esfuerzo industrial nacional era sustituir importaciones.

Un aspecto de especial importancia para el desarrollo del país fueron las ideas acerca de la organización de la investigación científica, incluyendo la vinculación de la producción, la investigación y las universidades, las cuales deberían atender en su área de acción no solo los procesos docentes y los productivos, sino también las investigaciones. Un ejemplo de ello fue la creación de los equipos de investigación económica organizados con los estudiantes y profesores de Economía de la Universidad de La Habana. A su vez, se concebía que, en cada lote de tierra, en cada granja agrícola trabajara un técnico, de los muchos que estaban en formación. Para lograr la actualización en los procesos científicos y técnicos se promovió la creación de centros de información científico-técnica y bibliotecas para estar al día en lo investigado y publicado en Cuba y en otros países, lo que es una exigencia del mundo moderno.

Se impulsó la formación de médicos y de personal de salud en general. Debe destacarse que la concepción de la actual ayuda de Cuba a otros pueblos surgió en este quinquenio. En 1963, ante algunas dudas de que en algún momento sobrarían los médicos debido a la amplísima concepción de graduarlos en nuestras universidades, Fidel Castro Ruz (1990) expresó:

¿Sobrar? […] ¿No hemos tenido que mandar a Argelia cincuenta médicos? ¿Cuántos países en el mundo no habrá que nos pidan un día que les brindemos asistencia técnica? Por lo tanto, no podemos solo calcular lo nuestro, no podemos planificar en eso, es decir: tantos médicos y ni uno más. (458-9)

La medicina preventiva en su más amplio concepto fue iniciada en el período, no solo como una responsabilidad del Ministerio de Salud Pública, sino también del Ministerio de Educación, del trabajo comunitario con las organizaciones de masas en la divulgación de los conocimientos de higiene y hábitos alimentarios. El objetivo no era curar enfermos, sino mantener sanas a las personas.

Se promovieron ideas contra el dogmatismo en la ciencia y la comprobación de las teorías por los resultados de la práctica y de los experimentos. Lejos de temer a la naturaleza y verla con suspicacia, se le consideró una fuerza aliada. Teniendo en cuenta que Cuba se encuentra situada en una zona tropical, en el desarrollo de la ciencia hay que tener una visión distinta a la de los países desarrollados en las zonas templadas del planeta y donde mayor desarrollo científico se ha acumulado. Sus experiencias no pueden aplicarse directamente en las zonas tropicales. Por ello, en la Isla hay que investigar e innovar profundamente y encontrar el camino propio, que estará determinado por nuestras propias condiciones.

Las concepciones acerca de la ciencia y la técnica desarrolladas en el quinquenio dieron sus frutos en años posteriores. Ello se puede apreciar en la creación y exitosos logros de numerosas instituciones científicas establecidas desde los primeros años de la Revolución. Entre ellas, la Academia de Ciencias de Cuba, el Centro Nacional de Investigaciones Científicas, el Instituto Cubano de Investigaciones de la Caña de Azúcar, el de Ciencia Animal, el de Matemática, Cibernética y Computación, el de Geofísica y Astronomía, los de Geografía, Geología y Meteorología, el de Física Nuclear, el Centro de Inmunoensayo, el de Biología e Ingeniería Genética, el de Producción de Animales de Laboratorio, los institutos tecnológicos de Veterinaria y Forestal, y el fortalecimiento del Jardín Botánico de La Habana.

El desarrollo industrial que tomó impulso entre 1971 y 1975 se apoyó en las concepciones y logros del quinquenio anterior.

Una de las ideas proclamadas en esta etapa fue la construcción paralela del socialismo y del comunismo, lo que no fue logrado. La explicación sobre este asunto se la ofreció Fidel Castro al periodista italiano Gianni Miná (1988):

Creo que en cierto momento fuimos demasiado ambiciosos y quisimos saltar etapas. Quisimos saltar la etapa de la construcción del socialismo, y aspirábamos, como dijo Marx a raíz de la Comuna de París, a conquistar el cielo por asalto. Casi queríamos construir de inmediato una sociedad comunista, cuando hacía falta un desarrollo de las fuerzas productivas para la construcción de la sociedad comunista, hacía falta una fase en que usted tenía que aplicar los principios de la distribución socialista ya establecidos por Marx. Él planteaba que en el socialismo cada cual debía aportar según su capacidad y recibir según su trabajo, es decir, según la cantidad y calidad del trabajo. Nosotros pasamos por alto un poquito esa etapa. Creo que, empezando de nuevo, nos ahorraríamos esos errores. (178-9)

Referencias

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Castro Ruz, F. (1953) La Historia me absolverá. Disponible en <http://cort.as/-EzHU> [consulta: 19 febrero 2019].

______ (1990) Fidel Castro. Ciencia, tecnología y sociedad (1959-1989). La Habana: Editora Política.

La Ofensiva Revolucionaria. Su importancia (1968) La Habana: Secretaría de Organización y la COR del CC del PCC.

Miná, G. (1988) Un encuentro con Fidel. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado.

Pérez González, H. (2016) «Los años 70 del siglo xx en Cuba y el I Congreso del PCC». Ensayo no publicado.

PCC (Partido Comunista de Cuba) (1975) Informe del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. La Habana: Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central (CC) del Partido Comunista de Cuba (PCC). Disponible en <http://cort.as/-EzJI> [consulta: 19 febrero 2019].