China y Vietnam. ¿Qué lecciones?

Resumen: 

¿Cuál es la lógica fundamental de las políticas de Reforma y apertura (China) y Doi Moi o renovación (Vietnam)? ¿Qué idea central las anima? ¿A qué desafíos responden? ¿Cuál es su fundamento estratégico? ¿Cuál es el alcance y consecuencias de los principales cambios, más allá de la política económica —el funcionamiento del sistema político, las transformaciones sociales, las concepciones ideológicas, la nueva cultura política, las relaciones exteriores? ¿Cuáles son sus experiencias y lecciones? Un panel formado por un investigador de China, un especialista en relaciones exteriores de Asia y un directivo de una ONG norteamericana que trabaja en Vietnam intercambian con una audiencia crítica y ávida de reflexiones acerca de los problemas y caminos de ambas naciones asiáticas.

Abstract: 

What is the fundamental logic of the policies of Reform and Opening (China) and Doi Moi or Renovation (Vietnam)? What central idea encourages them? What challenges do they respond to? What is their strategic basis? What are the scope and consequences of the main changes, beyond economic policy –the functioning of the political system, social transformations, ideological conceptions, the new political culture, foreign relations? What are their experiences and lessons learnt? A panel formed by a researcher from China, a Foreign Relations specialist from Asia and a Director of an American NGO, working in Vietnam, exchange with a critical audience eager for reflections on the problems and paths of both Asian nations.

(Panel realizado en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC, el 22 de febrero de 2018.)

Participantes:

Herminio López. Diplomático. Ex embajador de Cuba en Vietnam.

John McAuliff. Director ejecutivo del Fondo para la Reconciliación. Coordinador de Cuba-US People to People Partnership.

José Luis Robaina. Investigador. Centro de Investigaciones de Política Internacional.

Rafael Hernández. Politólogo. Director de Temas.

Rafael Hernández: El propósito del panel es entender la lógica de las reformas en China y Vietnam, dos grandes países que han emprendido el camino de la transformación dentro del proceso de desarrollo del socialismo. Queremos saber cuáles son las ideas centrales, cómo se fundamentan, cuál es su significado, cómo son parte de una manera diferente de pensar el socialismo. Esos cambios son económicos, pero también políticos, sociales, culturales, ideológicos. Como en cualquier proceso histórico, sobre todo en curso, las rectificaciones, los logros, los avances y los efectos colaterales forman parte natural de ellos. Queremos aprovechar este panel tan especial para poder apreciar la naturaleza de los problemas en su dimensión, en su contexto particular.

La revista Temas publicó un número completo, el 66, dedicado a China y a Vietnam, escrito casi totalmente por autores chinos y vietnamitas. Algunos preguntarán dónde está el chino y dónde está el vietnamita en este panel. Aunque no lo parezca John McAuliff es chino (risas).

¿Cuál es la lógica, el sentido de los cambios, cuáles son las ideas fundamentales que los inspiran? Vamos a empezar por el caso de China, pues el proceso de reformas empezó mucho antes que el de Vietnam.

José Luis Rodríguez: Si asumimos que el comienzo del proceso de reformas en China data del III Pleno del XI Comité Central de diciembre del 78, el objetivo declarado en ese momento fue «modernización socialista», y ha seguido siéndolo hasta ahora, con otros nombres, «revitalización de la nación china», «sueño chino». La lógica es muy fácil, pero lo que tuvieron que enfrentar en esos primeros tiempos fue sumamente complejo, con procesos casi simultáneos, primero el 78, después de la muerte de Mao Zedong, y un poco más tarde el arresto de la Banda de los Cuatro, cuando ya la correlación de fuerzas en la dirección del país había cambiado a favor del grupo de Deng Xiaoping. Pero todavía existía gran fraccionalismo y discrepancias respecto al pensamiento llamado izquierdista, que nosotros llamaremos extremista, propio de la ideología de Mao, de la Revolución cultural y del grupo de Jiang Qing —su esposa—, así como del grupo militar encabezado por el mariscal Lin Biao. Tenían que restablecer el orden en el Partido y las normas tradicionales de su funcionamiento. Hubo momentos durante la Revolución cultural que el Buró Político y el Secretariado desaparecieron, y luego se restablecieron en condiciones anormales. Mao no se comunicaba directamente con el Buró ni este con él, sino a través de Mao Yuanxin, su sobrino. Mao ya había tenido infartos, y padecía de Parkinson. Primero tenían que restablecer todo el sistema; para ello el Pleno creó las comisiones de control disciplinario de manera vertical y descendente —aún, por cierto, tienen mucho poder de procesamiento, de arresto, de expulsión del Partido—, y luego los tribunales para los casos de delitos.

Luchar contra el fraccionalismo y contra el extremismo de aquellos tiempos era muy complejo porque, obviamente, existían quienes habían incurrido directamente en crímenes. Las comisiones empezaron a trabajar y a delimitar los castigos. El colofón de esa parte puede ser el juicio, en enero del 81, al grupo de Jiang Qing, y al de Lin Biao. Jiang Qing y Zhang Chunqiao, el segundo más importante del grupo, fueron condenados a muerte, señal categórica de la severidad con la que el proceso se llevaría a cabo.

Si era difícil limpiar el Partido y restablecer las normas, más complejo era transformar la mentalidad «izquierdista», puro pensamiento del Mao de los últimos veinte años, parecida a la de Stalin respecto a la idea de la lucha de clases en ascenso y de una burguesía existente siempre en la sociedad, con representantes en la alta dirección y en todos los niveles del Partido.

El otro punto importante era elevar el nivel de vida de la población, especialmente la urbana, y los ingresos de los campesinos. Además de mejorar la alimentación, permitir acumular fondos para la industrialización y estabilizar al país, había que desmantelar las comunas populares, que fueron una creación de Mao del año 58, manu militari. Los campesinos fueron forzados a entrar en las comunas y sus medios de trabajo fueron confiscados. Incluso, en los primeros momentos no se podía cocinar en las viviendas, si no en los comedores populares, algo que no perduró, pues fue un escándalo. Estamos hablando de millones de habitantes.

Yo llegué a China por segunda vez el 1 de agosto de 1980, cuando estos dos procesos sucedían de manera paralela, y estuve nueve años seguidos allí. Para el 84, ya el tema alimentario había mejorado; se podría decir que básicamente se había resuelto, y es el momento cuando la dirección del país decide pasar a otra fase de la reforma. Ya están pensando en zonas económicas especiales. Shenzhen fue la primera en aplicar la reforma del sistema de planificación, no la antigua planificación, indicativa, dirigida, cuando el maní tenía el mismo precio en el nordeste que en Yunan. Allí experimentaron la atracción de inversiones extranjeras en gran escala. Todo comenzó a cambiar con las llamadas «reformas urbanas», proceso que avanzó con muchas contradicciones.

El III Pleno se hace posible por la coalición de jefes civiles y militares sobrevivientes a la Revolución cultural. La cabeza más importante del grupo era Deng Xiaoping, pero no el único. Según avanzaban las reformas, el grupo va fraccionándose y teniendo dificultades. A Chen Yun, un estratega económico muy respetado, que tuvo discrepancias varias veces con Mao, fue nombrado presidente de la comisión de control, y como segunda figura, la viuda de Zhou Enlai, veterana del Partido, igualmente muy respetada.

En Shenzhen, una aldea de pescadores al lado de Hong Kong, prácticamente empezaba a funcionar un nuevo sistema híbrido, por lo que comienzan a producirse muchas críticas. Chen Yun se resiste a visitarlo. Shenzhen fue el primer laboratorio con ese ordenamiento, que posteriormente se desarrolló en varias zonas económicas especiales, luego en todas las ciudades abiertas y, finalmente, en las del interior.

Unido a estos procesos, casi simultáneos, el Departamento de organización, que presidía Hu Yaopang —quien fue la mano derecha de Deng para el Partido, y después Secretario General—, se involucra en un proceso complejísimo de rehabilitación de todas las víctimas de la Revolución cultural, pero sin hacer referencia a Mao. Existía una gran cantidad entre los altos dirigentes del Partido; el más importante, fue el presidente Liu Shaoqi, torturado en uno de los comedores de Zhonnanhai, la sede del Comité Central. Se ha demostrado que Liu y Mao tenían diferencias, pero ni remotamente, como afirmaba el segundo, Liu y Deng encabezaban estados mayores opuestos a las líneas de Mao. Jamás conspiraron contra Mao; él era el líder histórico, por encima de todo. Discrepancias sí existieron, y en ocasiones hubo entre ellos situaciones complejas.

Había que rehabilitarlos a todos en todos los niveles y juzgar, tanto a las dos bandas, como a los cabecillas de la Revolución cultural. Yo contaba con gran cantidad de periódicos de provincias y siempre seguía los casos de los tribunales de la comisión de crímenes.

Estos procesos represivos comenzaron mucho antes de la Revolución cultural, aunque no a igual escala. En 1952, Hu Feng, un escritor muy amigo de Lu Xun, el famoso intelectual revolucionario chino, envió una carta al Partido oponiéndose a su interferencia en los asuntos de cultura y arte, y Mao respondió con una campaña contra la denominada camarilla de Hu Feng. Eso significó golpizas y cárcel para muchos. En el 56 se producen las crisis de Hungría, de Polonia y la denuncia de Stalin en la URSS. Mao llama a establecer una distinción entre las contradicciones en el seno del pueblo y las que se tenían con el enemigo; cada una llevaría un tratamiento diferenciado, lo que luego se violó hasta el cansancio. Un grupo de intelectuales aprovechó la oportunidad y comenzó a publicar en la prensa fuertes críticas. Alrededor de seis meses duró esa «primavera». En el 57 concluye esa campaña y empieza la antiderechista: nuevamente las víctimas fueron los intelectuales. ¿Cuántos sacrificados? ¿Cuántos represaliados? Mucho más de medio millón de personas, tanto los involucrados como sus allegados. Hubo casos como el de Liu Shaoqi, que involucró a doce mil personas, desde los que lo conocían de las huelgas obreras de 1927, hasta el cocinero y los choferes.

Rafael Hernández: ¿De manera que un componente fundamental en el origen de los cambios es la necesidad de restablecer la justicia dentro de las filas de la revolución?

José Luis Rodríguez: Es lógico, creo. Cuando se habla de la reforma china todo el mundo piensa en la económica, pero muy importantes, y condición de esa, fueron las políticas, incluido el sistema político, que entraña, desde el principio hasta hoy, rechazar el sistema occidental: socialismo con características chinas.

Rafael Hernández: Ahora veremos qué pasa en Vietnam.

Herminio López: No creo ser quien más conoce sobre este tema en Cuba, hay personas que tienen una larga historia de estudios sobre Vietnam. Yo estuve trabajando allí entre 2013 y 2017, es decir, que no soy testigo de los momentos iniciales de la Renovación, pero tengo algunos elementos que me permiten realizar algunas valoraciones y conclusiones que me parecen interesantes para el debate.

En primer lugar, en relación con la lógica que anima estas reformas, ¿cuál es, en esencia, la idea central en torno a la que se articula esta reforma y cuáles son los desafíos a los que responde; qué se propone; cómo se relaciona con la teoría y práctica del socialismo? Tengo que decir que, de cierta manera, como en el caso de China, esta reforma busca una respuesta a una grave situación, principalmente económica. No debe olvidarse que cuando la guerra termina en 1975, con la caída de la entonces Saigón —hoy Ciudad Ho Chi Minh—, el país queda casi devastado, destruido por una de las guerras más crueles, sangrientas y destructivas que ha habido en la historia de la humanidad.

Entre 1975 y 1986, el Partido Comunista de Vietnam y el gobierno se empeñaron en desarrollar el país sobre la base del concepto de socialismo que predominaba en aquel momento: el de la economía centralmente planificada, de ordeno y mando, y el estilo de conducción política que en ese momento primaba en prácticamente la totalidad de lo que se conocía como el Campo socialista. En esa etapa hubo algunos avances, ya que después de la guerra, con ese tipo de funcionamiento de la economía y de la sociedad, se logró acometer algunas tareas urgentes como la reparación de determinada infraestructura —de hecho, Cuba cooperó en la construcción de carreteras, hospitales, etc.—, a partir de la capacidad que da ese sistema de dirección de la economía de concentrar recursos en función de objetivos específicos. También pudieron rencauzar la capacitación de la población, que había salido del trauma de la guerra, para reconstruir el país.

Hay que decir que, en estos años de implementación de ese modelo de conducción económica, ya a inicios de los 80, había una muy grave crisis en Vietnam, por ineficiencia de la producción agrícola fundamentalmente, incluso con situaciones de hambruna, de desabastecimiento; una precariedad muy grande en la vida de las personas, y eso, lógicamente, podía tener un impacto político muy serio si se desconocía.

También hay que tener en cuenta que en esta época de finales de los 70 e inicios de los 80, además de la guerra con los Estados Unidos y con el sur capitalista, el país también se vio inmerso en conflicto fuerte con China en el 79, y tuvo participación en el derrocamiento del régimen genocida de Pol Pot en Cambodia. Todo ello explica el desgaste de las estructuras de gobierno, militares, y por supuesto, lo que implicó desde el punto de vista de consumo de recursos económicos. Vietnam, hasta que comenzó la renovación, estaba expuesto a un bloqueo económico y comercial por parte del gobierno de los Estados Unidos como resultado de la guerra y de todos los conflictos en que los dos países habían estado involucrados.

La dirección del Partido, tomando como referencia los cambios que ya se habían iniciado en China desde el año 78, decide oficialmente, en su VI Congreso en el año 86, iniciar el proceso de renovación, que tiene un componente económico muy fuerte, pero también una dimensión política y, en última instancia, lo que persigue es lograr los avances sociales que el socialismo pretende. Pero entendiendo que el desarrollo de las fuerzas productivas en Vietnam ya no se correspondía con el modelo de economía centralmente planificada.

Por supuesto, es un proceso complejo que requirió cambios de mentalidad, y hubo pugnas entre diferentes corrientes de pensamiento, como es lógico, pero se fue consolidando un consenso de que la economía debía ser multicomponente, que diera espacios a formas de gestión no estatales, con un peso cada vez más creciente del sector privado en la economía, con diferentes modalidades. De cierta forma, comenzaron con algo parecido a lo que conocemos en Cuba como trabajo por cuenta propia, modalidad que sigue manteniéndose en gran escala, sobre todo en el sector de los servicios y el comercio; pero en el avance del proceso de renovación ha habido un reconocimiento al peso del sector privado en la economía nacional, entendiéndolo como consustancial al modelo que se han propuesto desarrollar, y que la actividad económica que ese sector realiza se encauza también en función de los intereses de desarrollo nacional que el Partido propone.

Creo que un elemento importante a destacar en el caso de la renovación de Vietnam, y me parece que también en el caso de China, es el papel rector del Partido Comunista. No puede entenderse que los pasos que se dan hacia la profundización de la reforma responden a acciones fuera de control de un sector, o de un grupo, que intenta introducir una política en contra de la voluntad del Partido. Todos los pasos que se dan en las reformas, cada decisión que tiene que ver con su profundización, o con la posición hacia la inversión extranjera, o los pasos que da el país en los esquemas de integración internacionales, su relación con los organismos económicos internacionales, etc., siempre están amparados por una decisión del Buró Político y, de una forma creciente, también de la Asamblea Nacional, el Parlamento vietnamita.

La idea principal, que creo que se pudiera sintetizar, es lograr el desarrollo económico de la nación, y los objetivos de igualdad y justicia que el socialismo se propone, pero partiendo de una visión realista, de que el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas no permite el funcionamiento de una manera que es totalmente inoperante, imposible de implementar.

John McAuliff: Comprender el razonamiento del Doi Moi significa comprender los orígenes y el carácter del socialismo en Vietnam. Fue principalmente un medio para lograr la independencia nacional y la libertad de un país colonizado, en gran parte agrícola, siempre dentro del contexto de evitar el dominio de China, las amenazas permanentes a su integridad y soberanía.

El socialismo fue el medio para unir a la población contra la ocupación colonial después de que Ho Chi Minh apelara a los valores de la democracia y la autodeterminación en la Conferencia de Versalles. La emergente Unión Soviética era la única alternativa para el apoyo ideológico y práctico. La combinación del socialismo con el nacionalismo permitió la movilización de los sectores más amplios de la población, los arrendatarios, los trabajadores de plantaciones y los asalariados, que habían sufrido la peor explotación y habían sido excluidos de la cultura colonial francesa y del empleo gubernamental que socavaba el nacionalismo.

Una formación disciplinada del Partido también era indispensable para superar a los franceses primero, y luego a los estadounidenses.

Después del final de la guerra con los Estados Unidos, Vietnam se encontró nuevamente amenazada por China, su enemigo de tres mil años, incluso en los últimos meses de la guerra, Beijing trabajó con Washington para crear un miniestado separado en la bahía de Saigón y el delta del Mekong. La necesidad de proteger la soberanía de los ataques chinos, respaldados por los Jemeres Rojos de Cambodia, y los efectos del embargo comercial y diplomático de los Estados Unidos retrasaron los esfuerzos vietnamitas para incorporar el dinamismo de la economía más abierta del sur y reformar el socialismo de guerra del norte. Después de que Cambodia fue liberada y la invasión de castigo de China fue derrotada, los vietnamitas volvieron a la necesidad de reformar la economía nacional y hacerla exitosa internacionalmente.

Los objetivos del Doi Moi —y esto lo tomo de la página web del Ministerio de Relaciones Exteriores de Vietnam, es decir, de una fuente oficial— son: 1) transformar la economía centralmente planificada en una economía orientada al mercado; 2) desarrollar una economía multisectorial en la cual el sector privado desempeña un papel cada vez más importante; y 3) una integración activa y efectiva de la economía regional y global, de acuerdo con la situación de Vietnam.

Ante la pregunta de si es una revolución capitalista liderada por un Partido Comunista, o una especie de capitalismo de Estado, creo que es una disyuntiva engañosa y pasada de moda. Vietnam es una nación que cree que el propósito de su sistema político y económico es organizar y desarrollar al país en beneficio de su gente, preservando sus raíces y valores socialistas, pero no se ve obstaculizada por una ideología nacida en un tiempo, lugar y circunstancias diferentes.

La caracterización vietnamita en el mencionado sitio web es de una economía de mercado orientada al socialismo, con formas variadas de propiedad y sectores económicos. La economía del Estado tiene el papel principal, pero todos los sectores económicos son componentes importantes de la economía nacional. Las entidades en diferentes sectores económicos son iguales, cooperan y compiten entre sí de acuerdo con la ley.

No estoy familiarizado con la literatura teórica vietnamita actual; sin embargo, la estatua de Lenin en un parque es probablemente lo más cercano al marxismo-leninismo. Vietnam observa y aprende cuidadosamente de la experiencia de China; pero está igualmente interesado en la buena y la mala experiencia de los tigres capitalistas del sudeste asiático. Los vietnamitas están profundamente preocupados por el peligro potencial que representa el hegemonismo económico y político de China, y consideran indispensable una estrecha relación con sus vecinos de mayor tamaño.

Rafael Hernández: Hay coincidencias entre los tres expositores en relación con varios aspectos: la idea de que la cuestión de la modernización está entre los propósitos fundamentales, las lógicas que gobiernan estos cambios, que estos se están produciendo bajo la orientación de un Partido que sigue proclamando el socialismo como su propósito, que estas transformaciones han supuesto colocarse frente al contexto internacional, que incluye no solamente el mundo occidental o lo que representan los grandes países de Europa, o los Estados Unidos, sino el contexto asiático específico y la vecindad geopolítica con China. En mi experiencia, los cubanos que estudian Asia suelen simpatizar con un lado o con otro; algunos suelen decir que los vietnamitas exageran en cuanto a que los chinos representan una amenaza, y los vietnamitas consideran que no están inventando un peligro porque, en términos geopolíticos, sus relaciones exteriores están mucho más concatenadas con la presencia en sus fronteras de un país socialista, dirigido por un partido comunista, pero con el cual existen diferencias históricas, no solamente en el pasado, sino vigentes en el momento actual.

Mi pregunta perversa, que John decía que era engañosa, sobre si lo que ocurre en Vietnam y en China es un cambio hacia el capitalismo dirigido por un partido comunista, no es rara, es bastante común, y quisiera que, de alguna manera, en la segunda ronda se refirieran a eso; que me digan por qué, además de estar dirigido por un partido comunista, el predominio del mercado en la economía no significará la presencia de poderosas tendencias que se mueven en el sentido del capitalismo contemporáneo.

Mi segunda pregunta tiene que ver con las dimensiones de estos cambios, algo que empezó a explicar José Luis Robaina de una manera bastante detallada. Estas dimensiones —políticas, económicas, culturales, ideológicas— están asociadas también a una representación del mundo que los rodea y que deben incorporar. ¿En qué medida estas distintas dimensiones se integran y son significativas para entender el proceso de los cambios en el caso de estos dos países?

José Luis Rodríguez: Sobre el posible movimiento hacia el capitalismo, espero que no sea así, porque me parece que si algún día un país de la dimensión de China pasa absolutamente al capitalismo y al mundo imperial, la afectación sería global.

Para nosotros es difícil comprender las complejidades del socialismo con características chinas. Ellos crearon un mecanismo de macrocontrol político y económico Partido-Estado, con la propiedad pública sobre los medios principales de producción y un desarrollo impetuoso primero del pequeño sector privado, que son los cuentapropistas nuestros. Ya eso es historia pasada; ahora en China hay una burguesía enorme. Como decía, ese socialismo implica control político, de vez en cuando procesos judiciales a los que violan la ley, pero produce un desarrollo no ya del mercado, eso fue al principio, sino de una burguesía con nombres y apellidos, grande y conocida, que aparece todos los años en la lista de Forbes, y que la prensa china difunde. No es algo vergonzoso. Es un despliegue sin precedentes del capitalismo de Estado.

Para mí, la contradicción principal del esquema del socialismo con características chinas se resume en una estructura económica donde el peso del poder privado no es pequeño ni mediano, sino grande, y un sector estatal poderoso, que tiene las palancas principales, la banca, el transporte, una serie de empresas fundamentales, una serie de órganos regulatorios y de macrocontrol y, ante todo, la dirección del Partido, unos comunistas firmes como la roca, que persisten en el camino socialista. Yo, desde luego, estoy a favor de que eso se resuelva por el buen camino, pero no deja de preocupar esa realidad que tiene dimensiones muy grandes.

Los principales cambios, desde que comenzó el proceso, abarcaron todo; el sistema político fue reformado de principio a fin porque estaba súper contaminado por el pensamiento extremista heredado de los últimos veinte años y las acciones prácticas de los fraccionalistas, pero manteniendo el sistema de asambleas populares como su esencia. Eso se mantiene hasta hoy. El poder político no está en manos de esos súper millonarios. Alguna gente piensa que los políticos los representan, pero cuando el Estado y el Partido chinos quieren actuar, liquidan los casos más connotados; la campaña anticorrupción demuestra que lo hacen, y son bastante duros a la hora de hacerlo.

La base de sus concepciones ideológicas sigue siendo una amalgama de doctrinas, por decirlo así; en primer lugar, marxismo-leninismo. Muchas veces han reconocido su gran valor histórico, pero dicen que no resuelve todos los problemas de la vida cotidiana actual. La geopolítica y demás, también rescatan, como parte de los valores anteriores, la esencia del pensamiento de Mao, uno de cuyos pilares es sacar la verdad de los hechos. Eso es aparentemente muy sencillo, si las comunas no sirven, eso es un hecho; de ahí tienen que sacar las conclusiones, y no insistir con la ideología de que la comuna es el comunismo o el atajo a él, y todas esas cosas que hoy parecen tonterías, pero que llevaron a la muerte a miles de personas. Cuando las hambrunas del 58, en China murieron más de treinta millones de personas, dato oficial del Directorio de Estadísticas.

Tiananmén no fue un accidente, fue hijo de todos los errores que había cometido la dirección del Partido bajo el mando de Zhao Ziyang en relación con la penetración subversiva extranjera, la ideología y política de intelectuales, medios masivos. En la Universidad de Beijing había un denominado «salón democrático», que dirigía Wan Tang, estudiante de Historia de segundo año —yo estudié ahí antes de la Revolución cultural—, donde se discutían las virtudes del sistema de los tres poderes, el desarrollo monumental de los Estados Unidos, etc. Estamos hablando de la Universidad de Humanidades principal de China.

Durante la crisis de Tiananmén yo iba como corresponsal de Prensa Latina todas las noches a la plaza a conversar con los muchachos, a enterarme de por dónde iban los tiros, y ahí todo eso salía: las virtudes del capitalismo estadounidense, que Mao llegó a tener, especialmente en los últimos diez años, tendencias dictatoriales. La mayoría de los estudiantes denunciaban la corrupción en las esferas y empresas oficiales, pero no atacaban al sistema político como tal. La dirección del movimiento estudiantil, sin embargo, se proyectaba abiertamente pronorteamericana y de facto manipulaba a los estudiantes. Recordar el año 1989, la explosión del campo socialista europeo y la agonía de la Unión Soviética.

Todo eso sale en la Resolución de problemas históricos del Pleno de junio del 81, donde «le meten el pecho» a los méritos y deméritos de Mao —que había muerto hacía muy poco—; era imposible obviar sus méritos: la liberación del país, encontrar el camino, dirigir las tropas; se señalaron los deméritos, pero en un equilibrio muy chino, salvando la figura de Mao como un marxista honesto, que creía en eso, que pensaba que lo hacía bien, y las cosas malas las hacía Jiang Qing y el grupo de Lin Piao. Ese documento, que es parte de los cambios que se introdujeron en aquellos primeros tiempos, lo estuvieron discutiendo durante un año; desde 1980 hasta 1981, lo discutió ampliamente, especialmente la capa superior, donde estaban las víctimas, los sobrevivientes. Mao arma la Revolución cultural creando una fracción del Buró Político contra el resto del Buró, y todo lo demás fue una gran conspiración.

¿Qué dice Deng? Fueron bastante rigurosos los deméritos para el momento en que se establecieron, pero van a delinear la historia con trazos gruesos, como los caracteres chinos. Todo el mundo sabía de las barbaridades que se cometieron en la Revolución cultural, pero algunas en particular tocaban a Mao, como lo sucedido con Liu Shaoqi. Jiang Qing, eso es conocidísimo, en el juicio —yo estaba en Beijing cuando aquello— decía: «Ustedes me están acusando a mí por gusto, yo soy un perro de Mao». No lo era tanto así, pero sí de alguna manera. Mao estaba muy identificado con ese pensamiento, y ella se beneficiaba, en términos de poder. Trazos gruesos, dejar los casos más delicados como el de Liu Shaoqi, sin tocar a Mao.

Política exterior, importantísimo tema. Mao había elaborado la teoría de los tres mundos hacía unos años. Cuando comienza la reforma, la dirección plantea: «Todo hay que ponerlo en función del desarrollo económico del país». Deng orienta mantener un bajo perfil, guardar las fuerzas, esconderlas; después, Jiang Zemin ordena mantenerse en el pelotón, nunca llevar la bandera. Es aquella etapa de Deng Xiaoping, Jiang Zemin y el primer mandato de Hu Jintao, en que China no se involucra activamente en los conflictos internacionales. Durante el segundo mandato de Hu, la situación comienza a cambiar, y ahora con Xi Jinping aún más, ya China es un factor clave en la arena internacional con gran dinamismo a favor de la paz, la multilateralidad y la cooperación y contra las acciones imperiales.

La política económica es la central. Su esencia, en todas estas etapas, es el control macroeconómico del Estado, dirigido por el Partido, con pleno uso de las palancas disponibles: inversiones extranjeras en gran escala, y sector privado grande, mediano, de todo tipo.

China se beneficia, además, de un fenómeno mundial, la globalización, por sus posiciones en aquellos tiempos, y por la globalización en general, llegan los capitales; en primer lugar, los de la emigración china en Hong Kong y Macao, y el sudeste asiático. Porque los emigrados chinos no son como algunos de los nuestros; esos son patriotas. El nacionalismo, tanto el chino como el de las naciones fronterizas a ellos, es muy fuerte, porque fueron víctimas de sus grandes vecinos y poderes coloniales durante dos o tres milenios, y porque son hijos de una gran cultura que fue, además, la economía dominante en el mundo durante un milenio y que después se desplomó por la acción de los colonialistas y sus propias deficiencias. Eso no se les olvidará nunca, ellos han armado un mecanismo de control y de amplitud total. ¿Se mantendrá el proceso chino? Es una buena pregunta. Yo espero que se mantenga, por razones obvias.

Herminio López: Es muy complejo predecir cuál será el destino final de estos procesos y, lógicamente, trasciende mi opinión; pero creo que, más allá de aferrarse a determinadas etiquetas sobre conceptos, hay que concebirlos de una manera dialéctica, en movimiento. Los vietnamitas y el Partido Comunista de Vietnam consideran que el proceso de renovación busca el desarrollo del país, consolidar la independencia, la unidad nacional, y la mejora sostenida del nivel y la calidad de vida del pueblo. Si eso coincide con el nombre de socialismo, bien. Creo que ellos están felices con eso. Por supuesto, que en el plano ideológico y en el político los códigos requieren de determinadas etiquetas, pero la prioridad para ellos, más que concentrarse en una definición, es ver el socialismo no como una visión inamovible de un estado de cosas ideal, sino la solución práctica de las necesidades de la población, y que ese socialismo implique que la gente sea cada vez más próspera, viva mejor, y desarrolle plenamente sus capacidades. Por eso, la economía de mercado orientada al socialismo es la denominación que ellos han sintetizado de lo que significa la renovación en este momento.

En más de una ocasión pude presenciar conversaciones con dirigentes vietnamitas, y muchas veces constaté la visión de muchas personas en Cuba de que los éxitos de China, Vietnam y otros países asiáticos, se deben a una cuestión cultural de laboriosidad de sus poblaciones. Es cierto que lo son, con una tradición y una cultura que de cierta forma facilita esos procesos, pero yo me sumo a lo que un dirigente vietnamita le dijo a uno cubano, cuando este hacía ese tipo de reflexión: antes de 1986 existía el mismo heroísmo laboral, el mismo sacrificio de los trabajadores, y los mismos recursos naturales, la misma agua, la misma tierra, el mismo sol, pero ¿qué fue lo que cambió a partir de ese año?; básicamente la política económica. Por eso, el alcance de los cambios está esencialmente en ella, donde se opera la transformación fundamental; pero, como decía, la renovación vietnamita es un proceso integral, que en el plano político implica la consolidación de la democracia y el concepto de que el poder del gobierno y el Estado se debe al pueblo, y en efecto, sobre todo en los últimos diez años, se han ido dando pasos muy importantes para lograr un control, cada vez más efectivo, de esos poderes por el pueblo, y particularmente tratar de darle cada vez más peso a la Asamblea Nacional, al Parlamento. Por ejemplo, ellos han venido desarrollando algo que era inédito en la práctica parlamentaria vietnamita: las interpelaciones a los ministros, que no es un complaciente intercambio de preguntas y respuestas, sino un proceso en el cual someten a escrutinio severo a los ministros, que para ellos pararse ahí significa un ejercicio bastante duro. Además, tratan de que los parlamentarios participen cada vez más en el proceso legislativo, y que no sean los ministerios y los órganos del gobierno y del Estado los que les presenten los proyectos de leyes. Incluso tienen ya implementada la profesionalización de un porciento del Parlamento y la idea es extenderla un poco más, que haya personas cuyo trabajo sea, en su totalidad, ser parlamentarios, y no que se reúnen una o dos veces al año para dirimir las cuestiones de la nación.

En el plano de las relaciones exteriores, Vietnam ha priorizado una política muy flexible, muy pragmática, de desarrollar las mejores relaciones posibles con todos los actores en el sistema internacional. Eso explica el hecho de que traten de tenerlas, en primer lugar, con su entorno geográfico más inmediato, la ASEAN, que como todos conocen fue un instrumento anticomunista durante la Guerra fría. Hoy Vietnam es uno de los países que tiene un liderazgo reconocido y cada vez más creciente en ese marco y, de cara al proceso de integración que la ASEAN está proyectando está claramente definido que Vietnam, por el peso creciente de su economía y el de su población, va a ser un líder en la región.

En ese país, además de su concepto de buscar la prosperidad para el pueblo, ha habido un enfoque muy pragmático de reducción de la pobreza. Ahí han intervenido instituciones como el Banco Mundial y todas las agencias del sistema de Naciones Unidas, que han apoyado a Vietnam en ir reduciendo los niveles de pobreza. De poco más de la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza, ahora tienen solo 7%, y el propósito de eliminarla totalmente en 2020, y luego pasar a estándares más rigurosos para medir la pobreza y seguir atacando ese flagelo.

Este proceso ha traído, como decía Robaina en el caso de China, el surgimiento de una élite burguesa. Se le puede llamar de esa manera, en el sentido de que no son cuentapropistas, son propietarios millonarios, personas que tienen una acumulación de riqueza importante, y creo que una de las cosas más inteligentes que ha logrado hacer el Partido y el gobierno vietnamitas es que esos sectores no se conviertan, en ningún caso, en una fuerza hostil al proceso, y que sientan que, gracias a las políticas que el país implementa, ellos tienen todas las posibilidades para su realización económica, y todas las oportunidades para participar, mediante lo que los vietnamitas llaman asociaciones público-privadas, en el desarrollo del país. Ahora, por ejemplo, son crecientes los proyectos para el desarrollo de infraestructuras, que antes se hacían con inversión extranjera y ahora se hacen en alianza entre el capital privado y el del gobierno de Vietnam.

En este proceso de la renovación económica tiene un peso fundamental la transformación de la empresa socialista. En Vietnam todavía la empresa estatal tiene un gran peso y concentra algunos sectores de importancia, como el energético, los relacionados con la seguridad nacional, etc.; pero la idea del Partido y el gobierno es ir reduciendo cada vez más el sector donde se concentra exclusivamente el Estado y pasar la gran mayoría de las empresas estatales al esquema por acciones, en las cuales el Estado conserva un porciento, en dependencia del interés que tenga, pero operan como empresas privadas, y con los niveles de eficiencia y los beneficios para los trabajadores, en términos de ingresos, que no pueden articularse en los esquemas de propiedad estatal.

John McAuliff: Estamos hablando del mismo país con distintas palabras. Los vietnamitas tienen miles de años de saber cómo mantener su independencia, de hacer un balance de las fuerzas exteriores. Tienen una relación de un tipo con Cuba, un país en lucha contra el imperialismo, con la base teórica del socialismo, y otra relación con amigos en los Estados Unidos, un país capitalista, y hablan tal vez de distinta manera a los dos, con la verdad, pero con diferentes palabras.

La política del gobierno es eliminar el mecanismo central de planificación, enfatizar las relaciones monetarias, enfocarse en las medidas de gestión económica, y establecer un conjunto de instituciones financieras, bancos y mercados básicos de dinero, trabajo, bienes, tierras, etc. Se promovió una reforma administrativa para mejorar la competitividad económica y ayudar a crear un entorno empresarial más favorable y movilizar todos los recursos para el crecimiento económico.

Todo esto tiene implicaciones sociales muy grandes. Las vidas individuales y familiares se construyen dentro de una diversidad de instituciones sociales y económicas en evolución. El empleo es un factor, pero también lo es la comunidad, la religión, la educación, las organizaciones cívicas, la tradición. Otra vez en palabras oficiales, implica cambios políticos fundamentales. La Constitución indica claramente que la República Socialista de Vietnam es un Estado socialista gobernado por la ley y el pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Son palabras muy familiares para un estadounidense.

La República Socialista de Vietnam es el país donde las personas son los amos, todo el poder del Estado le pertenece al pueblo y se basa en la alianza de la clase obrera, el campesinado y la intelectualidad. La principal fuente de poder político sigue siendo el Partido Comunista, pero la Asamblea Nacional elegida y las estructuras de gobierno han desarrollado un peso creciente dentro del país.

Vietnam tiene tres regiones muy distintas, con diferencias lingüísticas y culturales y las áreas rurales y de las tierras altas tienen sus propias prioridades. Hay cincuenta y cuatro grupos étnicos con sus propios idiomas y cultura. Las organizaciones de masas son importantes, especialmente cuando ofrecen servicios a sus miembros, como microfinanzas, por ejemplo. Las profesionales y sociales de larga data han sido complementadas por grupos no gubernamentales más contemporáneos que ejercen presión sobre el gobierno para cuestiones como el medio ambiente, el bienestar social y la preservación.

Es un Estado de partido único, y hay elecciones impugnadas, pero con mecanismos para asegurar que los ganadores provengan de un grupo de candidatos aceptables. La televisión y la radio son monopolios estatales; algunas publicaciones están estrechamente relacionadas con el Partido y las autoridades provinciales, otras son más independientes, pero todas están supervisadas. Internet es más amplia, y hace que los usuarios se crucen actividades que abiertamente desafían al Estado y al Partido. Los teléfonos inteligentes, con correo electrónico e Internet son omnipresentes en todo el país, y no hay, como en China, tantos obstáculos.

Cuando la Constitución se revisó hace tres años, los principales intelectuales y ex funcionarios, incluidos los militantes del Partido, desafiaron al gobierno de un solo partido.

Rafael Hernández: En las regiones del centro, donde está el altiplano, donde viven minorías étnicas, y hay mucha pobreza, ¿todos andan con celulares?

John McAuliff: Bueno, hay pobreza en el norte, en la sierra y también en el centro, pero tienen un programa que, para entrar en la universidad, ganan puntos, por su origen rural o su minoría, para competir con candidatos que tienen la ventaja de la ciudad y del idioma vietnamita.

Rafael Hernández: ¿Hay más gente viviendo en el campo o ya es mayoritaria la población urbana?

John McAuliff: La mayoría sigue en el campo, pero si se busca en la economía, ahora el PIB es más por producciones industriales y de la ciudad, que las del campo; es decir, esto ha cambiado.

Las sesiones de la Asamblea Nacional son testigos de debates y votaciones, emitidas por la televisión, en las que se expresan enérgicamente intereses y conflictos rurales y urbanos. Los ministros son llamados por la Asamblea a rendir cuentas y algunos obligados a dimitir. El poder oficial se divide entre un presidente, un secretario del Partido, un primer ministro, y un presidente de la Asamblea, equilibrando cuidadosamente las diferentes regiones. Hay un cambio regular de personas en cargos dirigentes y de aquellas vinculadas a estructuras administrativas.

Visto en términos generales, el período entre el congreso del Partido, Doi Moi, de 1986, y el final del embargo de los Estados Unidos, en 1994, fue de experimentación y revisión. En un sentido más amplio, la economía sigue siendo guiada por el Estado, incluido el establecimiento de prioridades de desarrollo y la aprobación de inversiones importantes. Los servicios esenciales de salud y educación son monopolio estatal, aunque a menudo se complementan, en forma privada, por docentes y médicos que también son empleados del Estado.

La cooperación bilateral y multilateral ha desempeñado un papel, como ha dicho Herminio, incluido el PNUD, la UNICEF, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Asiático de Desarrollo. Vietnam tuvo que hacer concesiones sustanciales para obtener algún acuerdo comercial de los Estados Unidos, nación más favorecida, y ser admitida en la Organización Mundial del Comercio.

Y una cosa más que es muy importante, y es, tal vez, un contraste con China: la función de los sindicatos es muy fuerte y muy independiente en Vietnam. Organizan huelgas, muchas más veces contra las inversiones extranjeras que contra las fábricas del Estado, pero tienen su propia prioridad y la utilizan para sus miembros. La gente se ha movilizado muy fuertemente contra la política del gobierno, que no quiere tener problemas con los inversores.

Rafael Hernández: Le doy entonces la palabra al público.

Mauricio Alonso: Soy cuentapropista. Sabemos que hay millonarios en China y yo me doy cuenta de que en los cambios, o las reformas de lo que constituye nuestro proceso, que se llama actualización, la existencia de personas de alto nivel de ingresos, provoca, diríamos, escozor. En China lograron vencer eso y producir un cambio de mentalidad, y en Vietnam, ¿cómo a ese sector elitista, pudiente, han logrado atraerlo al proceso socialista, o al menos que no se convierta en una fuerza que desafíe al sistema? Lo que quiero que el panel me explique es lo siguiente: China y Vietnam son grandes productores de alimentos. Vietnam hoy es el segundo productor de arroz del mundo, y está siendo sometido a sanciones por los Estados Unidos por la venta de ciertos productos. China, se sabe, es la segunda economía mundial. ¿En qué han consistido las reformas en China y Vietnam que han permitido un milagro en la producción de alimentos? Para nosotros, eso constituye una gran lección porque Cuba es gran importadora de alimentos, y por lo tanto necesitamos que nos enseñen cómo se logra ese milagro de autoabastecerse, y cómo nos podemos convertir en exportadores de alimentos.

Yrmina Eng: Solo quiero mencionar una preocupación. Cuando hablamos de China, siempre hay que tener en cuenta las dimensiones de país, de tiempo, de cultura, de diversidad, de demografía, y aunque no queramos, eso se nos escapa cuando lo estamos analizando. Por ejemplo, la reforma y la apertura implicaron un gran accionar sobre las relaciones de producción, que liberó fuerzas productivas de un inmenso país, con ese monto demográfico y ese potencial cultural, esa cultura laboral, con esa dimensión tan grande de experiencia, de desarrollo comercial milenario. Inevitablemente, eso incidió globalmente de tal manera que lo volvió a catapultar hacia la posición cimera que tuvieron en el mundo hasta principios del siglo xix.

Entonces, la responsabilidad de ese país ya no se limita a resolver el problema de su población, de demostrar una vía posible de que no fracasara el socialismo como sistema, sino que tiene una responsabilidad mundial que rebasa las soluciones internas. Su alcance global es imprescindible en un mundo que se enfrenta al imperialismo.

No coincido con el planteamiento que se hizo sobre la enemistad de tres mil años entre China y Vietnam, empezando porque Vietnam ya existía como país hace tres mil años, y China se consolidó como imperio centralizado hace dos mil doscientos, y tenía enemistades peores con Mongolia, con Japón, con los catorce países con los que tiene fronteras. Vietnam es uno de los más importantes, pero ha sido potenciado porque se trata de la relación entre dos países socialistas. Eso me preocupa.

Luis Marcelo: Creo que hay una regla de oro para entender la amenaza o no de ir hacia el capitalismo pensando en la propiedad privada, sobre todo en la industria y la agricultura. Quiero recordar que, por ejemplo, Lenin permitió, con la Nueva Política Económica, una industria privada capitalista de hasta veinte empleados. Para que se tenga una idea, el caso más discordante en la historia de Europa del Este fue Hungría, que en 1981 aprobó la propiedad privada capitalista en la industria de hasta quince empleados.

Quiero preguntar al panel si tiene alguna precisión sobre la extensión de la propiedad privada capitalista en la industria y la agricultura de esos países. Por supuesto, resto de eso la inversión extranjera, que no es ninguna amenaza porque está sometida a un tiempo límite, después pasará a la propiedad social.

Enrique López Oliva: Periodista y profesor de historia de las religiones. Mis preguntas son: ¿en qué medida estos cambios se reflejaron en el campo religioso?, y ¿cómo se ve la posibilidad, que tengo entendido que se está gestionando, de una primera visita de un pontífice católico a China, en este caso con el Papa Francisco?

Rafael del Río: En un documento que se nos dio a leer se hablaba de la «desviación de la política ideológica china», porque Deng Xiaoping estaba planteando las cuatro modernizaciones. En una visita que hace a los Estados Unidos, en una conferencia de prensa, le preguntan si no tiene preocupación con que empezaran a aparecer en China algunos ricos; se quedó pensando y dijo: «Es peor tener un país donde no haya ricos y todo el mundo sea pobre, a tener un país en que haya ricos y nadie sea pobre». Esa es una cuerda floja que no puede ser fácil.

Yo tuve la oportunidad de estar en la Unión Soviética, y estaba entre sus programas alcanzar el confort que había en los Estados Unidos. Esa era su competencia y su gran error. China tiene todo ese desarrollo, pero por eso también tiene el problema de la contaminación ambiental; hay seiscientos millones de chinos con celulares, la Yutong produce veinte mil automóviles, y un grupo de cosas que tenemos que mirar para ver cómo podemos sobrevivir como seres humanos.

Eduardo Regalado: Realmente no tengo preguntas, solo estoy en el ánimo de hacer algunas precisiones. Primero, tenemos que comprender la China de 1949, que tenía algunos espacios de capitalismo y elementos del feudalismo, y que en 1953 adoptó el modelo soviético, muy estudiado por los académicos, que lo llaman el modelo económico clásico socialista, con una hipercentralización, un papel determinado de las relaciones monetario-mercantiles, etc. Se ha satanizado demasiado, pero también tenía sus bondades, demostradas en el transcurso de la historia. Ahora bien, a partir de los años 60 ese modelo ya venía dando síntomas de que se estaba agotando.

Deng fue un hombre que vivió en el extranjero, vio la experiencia del mundo y, con todo lo que ha planteado Robaina, en 1978 llegaron a un consenso. Lo principal que tenían claro era que querían continuar en la línea del socialismo, pero lo otro es que querían desmantelar ese modelo. Si me preguntaran qué es la reforma económica en China, de la manera más sintética diría que es la experiencia de desmantelar ese modelo. ¿Cuáles son los ejes fundamentales de la reforma? En el plano económico, son dos: la descentralización económica y la apertura al exterior. Desde 1978 hasta acá, no se ha quebrado ninguno ellos; al contrario, se han desarrollado. Deng impuso los límites políticos: Partido, centralismo, ideología. Dijo: «Estos son los marcos donde nos podemos mover». Estaba claro que de ahí para allá no podía pasar nada. No había un manual, no había una bibliografía; lo que tenían era un espíritu de desmontar algo, y buscar la verdad en los hechos; una manera audaz, atrevida, pero necesaria. Fueron probando, aprendiendo en el error, y ese ha sido el caminar de la reforma, aprendiendo en pequeña escala, e irlo llevando a escalas superiores. Lo han hecho y han sido exitosos.

Para terminar: no nos podemos encandilar con China, pero tampoco tener constantes suspicacias con ella, como si no clasificara en el socialismo. ¿En la China de hoy viven mejor los chinos o no?, ¿se ha fortalecido al país o no? Creo que eso se responde solo. Claro que tampoco se puede ser ingenuo. Hay una expresión muy inteligente de los chinos, que dice: «La reforma es caminar, pero arriba de un tigre; si te caes el tigre te traga». Es un riesgo esa experiencia, pero la han sabido hacer.

José Luis Rodríguez: Carlos Marx, en sus estudios científicos sobre la economía de su tiempo, llegó a la conclusión de que el problema era la realización de la plusvalía, es decir, el robo que les hacían a los obreros en el proceso del trabajo. He oído el análisis sobre China y Vietnam, pero no he oído cómo se está realizando la plusvalía en esos países, o si no se está realizando, qué tipo de economía está funcionando. ¿No hay explotación asalariada, no hay sobrexplotación?

Lo otro: ¿cuáles transnacionales están participando en las economías de China y de Vietnam? En ese sentido podemos entender qué tanto poder tienen esas transnacionales. ¿Y detrás de ellas quiénes están, los Estados Unidos, Europa, el Pentágono, la CIA? Porque no van solas, desprotegidas; tienen todo un poder militar y policiaco detrás de ellas. Entonces no le pongamos tantas flores a este asunto de China y Vietnam; veamos la crudeza de su situación interna, de su desarrollo capitalista, y entonces sí entenderemos hacia dónde van, con qué peligros caminan. Si el de China y Vietnam es el camino de toda la humanidad, entonces esperemos que en los Estados Unidos, el Partido Comunista tome el poder y dirija hacia otros horizontes esa economía, e igual en Europa, Japón, etcétera.

Héctor Lozano: Solamente una pregunta: qué opinión les merece el acercamiento que hizo el presidente chino con Vietnam, y antes con Vladimir Putin. Me parece que China no es una amenaza para Vietnam, sino para los Estados Unidos. Eso se está viendo hoy en día. Me gustaría saber si ven ese acercamiento como una distensión, como ya la hubo con Moscú, qué intención hay en la visita del presidente chino a Vietnam.

Eduardo Sánchez: Anteriormente se hizo la pregunta sobre si en China hay un socialismo o un capitalismo de Estado, o algo mixto. Quiero preguntarle al panel, más allá de la autodefinición de sus élites políticas de que son socialistas, en qué medida se puede decir que el sistema que en la realidad se ha establecido es realmente socialista; en qué sentido, digamos, Alí Babá y Ten Cent son empresas que responden a un modelo socialista; cuánto se diferencian las factorías donde ensambla Apple los iPhone, de las fábricas en Bangladesh donde se hacen los pulóveres; hasta dónde construir islas en el medio del Mar de China es una política socialista. ¿Podemos decir que la política china es imperialista?, ¿se puede ser imperialista y socialista a la vez?

Joel Suárez: Agradezco al joven sus preguntas, porque el panel me parece muy interesante, sobre un país de cultura milenaria que estaba adscripto a un modelo determinado, y habría que hacer otro panel para ver si aquel era socialista. Ante una crisis de ese modelo, reorienta su economía, y habría que hacer una pregunta: ¿cuáles son los criterios para discutir o afirmar que esto es socialista y esto no? Parece interesante cómo esos dos países han enrumbado su vida siendo soberanos, independientes, contribuyendo a la multipolaridad. En mi caso, por suerte tengo otra manera de nominar la utopía, si se le sigue llamando socialismo a todas esas cosas, me queda lo del reino de Dios y su justicia y me olvido de esa palabra, porque está demasiado contaminada.

Dentro de unos días vamos a conmemorar el segundo aniversario del asesinato de Bertha Cáceres, líder de indígenas y población originaria del pueblo hondureño, que defienden sus territorios ante la depredación y la ocupación de transnacionales chinas. En los diálogos de paz en Colombia, para el punto número uno, sobre desarrollo integral agrario, habría que hacer un catastro para ver qué tierras ociosas hay, para que el gobierno cumpla con el compromiso de su entrega a los campesinos, ya que el problema fundamental es que la inmensa mayoría de la tierra es propiedad de China. Tengo el estómago revuelto —no es una palabra académica, pero es mi reacción somática. No es con el panel; agradezco la información de cómo un país reorienta su economía, pero tendríamos, hasta por respeto académico, que tener una discusión sobre desde qué marco teórico estamos afirmando que son países socialistas.

Rafael Hernández: Ahora le voy a dar la palabra al panel para que comente lo que quiera sobre lo que se ha dicho.

John McAuliff: En los parámetros internacionales Vietnam ha ganado mucho en las últimas dos décadas. En ese período su índice de desarrollo humano (IDH) se ha incrementado 41%, y su esperanza de vida ha ido de cincuenta años en los 60, a sesenta y tres.

En el caso de Vietnam, hay más de mil organizaciones no gubernamentales trabajando allí y tal vez cuatrocientas son estadounidenses, otras de países asiáticos y europeos. También hay ahora ONG vietnamitas, que trabajan en zonas donde el gobierno no tiene los recursos para ayudar; pero este da prioridad a las extranjeras para ir a sitios fuera de la ciudad, a trabajar con las minorías, donde la vida es más difícil.

Llegué a Vietnam por primera vez en 1975, el último día de la guerra. En este tiempo era un país de bicicletas, y después de treinta años, es de motocicletas. Son de petróleo, y producen un ruido y un olor tremendos, y hay muchos más automóviles particulares. Se puede ver el cambio, pero esto hace un daño muy grande, por ejemplo, al aire de Hanoi, no es igual al de Beijing, pero es muy malo en invierno, y siempre hay un debate sobre cómo se podría resolver eso.

También creo que no es posible que una persona, o una compañía particular, pueda acumular tierras. Estas quedaron en manos de los campesinos, pero hay conflictos de prioridad con el Estado, si quiere hacer una carretera, y con intereses particulares si quieren construir un campo de golf. También hay problemas de corrupción, y hay personas presas por eso.

La última cosa que debo decir es que para Vietnam el papel de ser líder en Asia es muy importante, porque, como he dicho antes, es vital ser aliado de los países vecinos, aunque sean capitalistas; no importa su sistema político, porque tienen intereses comunes.

Herminio López: Haré algunos comentarios relacionados con las preguntas; por ejemplo, el tema de las definiciones conceptuales sobre cómo podemos catalogar estos procesos, si socialistas o no.

Voy a referirme a una de las primeras preguntas, que era en qué han consistido las reformas para que hayan logrado los resultados económicos que exhiben actualmente estos países. En el caso de Vietnam no puede explicarse de otra forma que en la efectividad de las políticas de descentralización, que han permitido la liberación de las fuerzas productivas y la creciente competencia y complementación de diferentes actores, es decir, dar un papel a cada sector económico; una economía multicomponente en la cual se le da un espacio y una función a cada cual.

El límite a la propiedad realmente no existe; hay, lógicamente, una política fiscal por parte del gobierno que, a través de los impuestos, redistribuye la riqueza. Lo que trata de hacer el gobierno, y es la concepción del Partido, es que esa riqueza no se vaya al extranjero, o se acumule en una cuenta bancaria, sino que se reinvierta en función de las prioridades del desarrollo nacional. Por eso ellos tienen esa práctica de las asociaciones y las alianzas público-privadas, y cada vez más los proyectos se asumen con la inversión o reinversión de ese capital privado.

Las principales transnacionales que están en Vietnam en estos momentos son de todas partes del mundo; pero, sobre todo, grandes empresas surcoreanas y japonesas son las mayores inversionistas, y también, por supuesto, las chinas; hay un nivel de interdependencia muy fuerte. Esto lo quiero engarzar con la pregunta sobre el acercamiento entre Vietnam y China. Es cierto que hay una historia milenaria de conflictos entre los dos países, en etapas de sus respectivos desarrollos nacionales, pero a la vez hay un interés muy claro de la dirigencia del Partido Comunista y del gobierno de Vietnam en buscar vías para relacionarse de la mejor forma posible con China, y utilizan para ello los canales partidistas y los de los cuerpos armados, para tratar de poner fin a la escalada de conflictos, y facilitar que esa interdependencia económica sea beneficiosa para ambos países.

En términos religiosos, como muchos seguramente conocen, hay una parte de la población de Vietnam, que creo que no pasa de 10%, que es católica; sin embargo, en el período revolucionario, la relación con el Vaticano y con la Iglesia ha sido bastante conflictiva por el papel negativo que desempeñaron, apoyando al régimen de Saigón y en contra del gobierno y del partido comunista; pero se han ido dando pasos graduales, y en estos momentos hay una mejor relación con Roma y no hay ninguna limitación ni discriminación hacia los practicantes del catolicismo. La religión predominante es el budismo, que en muchas personas es práctica religiosa en sí y en otras es tradición cultural. Los vietnamitas son muy respetuosos de las tradiciones que tienen una carga muy fuerte de la filosofía budista. También, como en toda Asia del este, está presente, más como filosofía que como doctrina religiosa, el confucionismo, que les llegó de China, y se manifiesta, de cierta forma, en el comportamiento y en la cultura popular vietnamitas.

John ya se refirió a las afectaciones al medio ambiente, que realmente son bastante serias; pero su reducción es una prioridad del gobierno y del Partido, que cada vez la atienden con mayor fuerza, y es uno de los asuntos que más preocupan a la ciudadanía, como se refleja en las diferentes manifestaciones de descontento que hay en este momento en Vietnam.

José Luis Rodríguez: Yrmina decía algo que me parece que debe ser punto de partida para hablar de estos asuntos. Las dimensiones de China imponen cosas, y una de las cosas principales que Deng Xiaoping y su grupo pensaron fue que «no importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones». El pragmatismo es vital en un país que tenía mil doscientos millones de habitantes, que fue imperial, feudal, semifeudal, semicolonial —no de una metrópoli, sino de todas, más los Estados Unidos—; después, la guerra con los japoneses, que acabó con el país; empieza la construcción socialista; finalmente, cuando muere Mao y al mes siguiente arrestan a la Banda de los Cuatro y empieza el proceso que hemos tratado de explicar, lo que tienen detrás no es hambruna, pero sí hambre y miseria. Todavía tienen problemas de pobreza en zonas del occidente, y también en Beijing, muy cerca de las embajadas, había zonas de pobreza urbana.

Deng Xiaoping personifica el pragmatismo puro, pero firmeza absoluta en la defensa de los principios socialistas chinos. Una cosa es hablar de la revolución y otra es hacerla, y la gente no se puede morir de hambre en nombre de la revolución. «La pobreza no es símbolo del socialismo —dijo Deng—, tenemos que desarrollarnos». Cuando Carlos Rafael Rodríguez fue allá, un par de semanas después de la disolución de la URSS, el miembro del Buró Político que lo atendió, un campesino de Sichuan, le dijo: «Tenemos que ser fuertes para que nos respeten». Desde 1840, con las dos guerras del opio, a los chinos, al gran imperio multimilenario, la primera economía mundial durante un milenio, los aplastaron, los humillaron, cien tratados leoninos acabaron con ellos. Ahora los respetan por esa economía potente que tienen, por unas fuerzas armadas que son cada día más fuertes, por su gran desarrollo científico y tecnológico. O sea, a la hora de hablar de China es importante tener una idea clara de que no es un pequeño país, eso es un continente, con mil trescientos y tantos millones de habitantes. Eso es importante.

Una de las consignas principales que el grupo inicial de Deng Xiaoping desarrolló para tratar de desglosar el camino ideológico, fue la emancipación de la mente y sacar la verdad de los hechos, no vivir como antes, en la época de los soviéticos, anclados en una ideología petrificada de lo que es y lo que no es socialismo. No es así, no es tan sencillo; no se puede administrar un país de esas dimensiones, ni de otras, sin levar anclas.

Para mí, la gran lección positiva de los chinos en todo este proceso de reformas, que ha tenido varias etapas, es que han demostrado que el desarrollo por un camino socialista es posible. Cuando empezaron, China no contaba en la economía mundial, ni en el comercio ni en nada; hoy es la segunda economía. Eso es un hecho innegable. Si a alguien no le gusta el socialismo con características chinas, está en su derecho, pero el hecho objetivo es que de aquellas situaciones de penuria, de hambre, de atraso tecnológico, de desorden y caos en el sistema político nacional, hoy China es un país organizado, poderoso, con creciente elevación del nivel de vida de toda su población, que se da el lujo de la estrategia de la Ruta de la Seda marítima y terrestre, que abarca cuatro mil millones de habitantes, sesenta y cuatro países, varios continentes, y ahora la acaban de extender a América Latina y el Caribe.

En cuanto a la religión, es más complicada de lo que se señalaba. Uno de los grandes resultados del proceso de reforma y apertura fue sanear las relaciones con todas las religiones que había en China. Durante la Revolución cultural los fieles fueron maltratados, a los musulmanes les ponían puercos en las puertas de las casas, a los católicos vinculados con el Vaticano los apaleaban porque el catolicismo era antipatriótico. Se normalizaron las relaciones con todas esas creencias. Todo parece indicar que la negociación con el Vaticano está cerca de concluir con un acuerdo en que Roma tiene que soltar prenda; no puede seguir con Taiwán, y los chinos van a buscar un arreglo que se les ha sugerido muchas veces, una especie de concordato para el asunto de la nominación de los obispos. Creo que una de las grandes cosas ha sido esa; la otra, liberar las relaciones con religiones e ideologías, filosofías ancestrales, con el confucionismo. Es tremendo el problema de este último, porque siempre estuvo ahí y, además, tiene muchas cosas positivas en materia de educación, de moral, de comportamiento social. O el budismo, ni hablar. A donde quiero llegar es a que hay que ver estos procesos con calma.

Rafael Hernández: Quisiéramos agradecerle al panel sus explicaciones, porque incluso si viviéramos en un país donde se publicaran libros sobre China y sobre Vietnam, donde se impartieran cursos universitarios y salieran programas en la televisión que profundizaran en los problemas de esos países, este panel hubiera hecho una contribución al entendimiento de los problemas en los cuales están. Gracias por meterles el guante a las preguntas que hizo el público, que ha debatido con ustedes en sus preguntas y en sus comentarios. Muchísimas gracias a todos.