La edición crítica de las Obras completas de José Martí. Teoría, praxis y viceversa

Resumen: 

Realizar la edición crítica de las obras completas de un autor determinado es un método idóneo para llegar a conocerlo profundamente. Una edición crítica es una aproximación totalizadora al autor, su obra y su tiempo. El nivel de complejidad de este proceder investigativo, su enfoque interdisciplinario, nos lleva al trabajo en equipo. Se valora la experiencia al respecto en la edición crítica de las Obras completas de José Martí.

Abstract: 

Writing the critical edition of the complete works of a particular author is an ideal method for get to know them profoundly. A critical edition is a holistic approximation to the author, his work and his time. The level of complexity of the research procedure, its interdisciplinary approach, obliges us to work as a team. This evaluates the experience of producing the critical edition of the Complete Works of Jose Marti.

No hay modo mejor para conocer a un autor que realizar la edición crítica de sus obras completas. No estoy negando la valía de otras perspectivas de análisis; parto de la premisa del pensador y ensayista cubano Juan Marinello (1975), quien afirmó: «Una edición crítica es el hombre y su tiempo —todo el tiempo y todo el hombre—, o es un intento fallido» (10).

De lo anterior se infiere que no solo se hace un acercamiento integral al escritor y su producción literaria, sino también a sus contemporáneos y coterráneos; a la época en que le tocó vivir y, asimismo, a la que dedica su obra, a sus circunstancias vitales, formación profesional, sus lecturas, sus posiciones ideológicas, sus filiaciones artístico-literarias, entre otros asuntos de interés, con lo cual se completa el contexto imprescindible de la escritura.

El nivel de complejidad de este proceder investigativo, su enfoque interdisciplinario, nos lleva a insistir en la necesidad de trabajar en equipo, pues es tal la diversidad de saberes que manejar, que constantemente se impone el intercambio con otros colegas, compartir las tareas y, sobre todo, abrir nuestra mente a un universo cultural sumamente amplio y heterogéneo.

El proceso de investigación en que se sustenta toda edición crítica conduce inevitablemente a los caminos de la crítica genética, y en dependencia del caso, a combinarla creadoramente con la textual. Adoptar la primera significa tener en cuenta, de acuerdo con el investigador francés Pierre-Marc de Biasi (2003), que

la crítica genética contiene también el proyecto de una aproximación crítica global, que pone en coordinación varios métodos, y está así en condiciones de estudiar esa sinergia de los procesos genéticos que se observa en la escritura. Desde este punto de vista, la genética no se presenta como una opción crítica que compite con los métodos de análisis textual, sino como un nuevo campo de investigación portador de exigencias que interrogan la relación crítica en sí misma y como lenguaje para retomar un debate interdisciplinario entre sus diferentes especialidades. (84)[1]

 

En el entorno latinoamericano es indispensable tener en cuenta los criterios de Élida Lois (2001), quien sostiene que el objeto de estudio de la crítica genética está formado por

los documentos escritos —por lo general y preferiblemente manuscritos— que, agrupados en conjuntos coherentes, constituyen la huella visible de un proceso creativo. Se la suele definir [a la crítica genética] como el estudio de la prehistoria de los textos literarios, es decir, el desciframiento, análisis e interpretación de los papeles de trabajo de un autor, de los materiales que preceden a la publicación de una obra presuntamente «terminada». (2)

 

Igualmente Lois precisa:

La crítica genética en su fase heurística, reconstruye la historia o las historias de esas transformaciones en tanto que, en su fase hermenéutica, intenta desentrañar la lógica o las lógicas que presiden esa convergencia productiva que ningún discurso crítico puede aisladamente interpretar: y ese es el verdadero objeto de sus indagaciones. (42)[2]

La fijación de los textos

Si se parte de que para iniciar toda labor de edición crítica la prioridad es fijar el texto del autor en cuestión, y que para ello hay que realizar numerosos cotejos de la versión que se maneje de dicho texto con sus similares manuscritos y ediciones príncipes, entonces queda claro que el examen arranca desde la misma raíz de la obra. Este primer paso es fundamental, aunque a primera vista puede parecer tedioso. Se realiza entre dos investigadores. Se repite cuantas veces sea necesario, en virtud de la complejidad del texto, y hay que constatar en notas al pie las diferencias entre el publicado y las versiones manuscritas existentes.

En el caso de la edición crítica de las Obras completas (O. C. E. C.) de Martí, se parte, por considerarla como la más abarcadora, de la edición de la Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963-1965,[3] que unifica, hasta donde es posible, esfuerzos editoriales anteriores, como los debidos a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, Néstor Carbonell, y Gonzalo de Quesada y Miranda, entre otros. Ese texto se coteja contra el borrador manuscrito, si existiere, y contra la primera edición, y se reflejan en notas al pie los detalles de esa labor, con la mayor fidelidad posible. Siempre se sigue el criterio de alteridad, y se incluye en el tomo todos los textos, aunque se trate, en apariencia, de un mismo documento. La experiencia ha demostrado que, entre dos textos homónimos, publicados en diferentes órganos de prensa, existen casi siempre notables diferencias. Una errata que se escape en el cotejo, y que no sea advertida y corregida durante el proceso de investigación, puede conducir a errores mayores de naturaleza muy diversa.

Deseo compartir mi experiencia personal en la edición crítica de las Obras completas de José Martí (2000-2018),[4] para lo cual me apoyaré en ejemplos concretos, muy diferentes entre sí, y derivados de la práctica cotidiana. El primero de ellos proviene de mi trabajo con un borrador manuscrito y con la versión publicada de un texto antológico del Apóstol, su retrato biográfico «El general Grant», escrito a raíz de la muerte del militar y presidente estadounidense, y publicado en La Nación, de Buenos Aires, el 27 de septiembre de 1885.

Cuando se valoran sus Escenas norteamericanas, corpus textual al que pertenece dicho documento, es necesario acudir a la prensa estadounidense de la época, pues el cronista se apoyaba constantemente en la información que obtenía de ella para construir su propio texto. En este caso, como en otros muchos, combina lo obtenido de los diarios con su vivencia de testigo presencial del hecho, pues se sabe que asistió a los funerales del General y al homenaje público que se le rindiera. Debe tenerse en cuenta, como dato curioso, el testimonio de Blanche Zacharie de Baralt (1980), quien refiere lo siguiente: «Desde las ventanas de la casa de Portuondo presencié, con Luis, Adelaida y Martí, el desfile de los funerales del General Grant que Martí describió tan magistralmente en su conocido ensayo sobre ese presidente de los Estados Unidos» (76).

Cuando Martí (2000-2018a) se refiere, en la versión impresa, a los ancestros castrenses del General, insiste en el hecho de que desciende de ocho generaciones de americanos. Por esa razón siempre me resultó un tanto rara esta frase: «De Grant era todo un regimiento inglés en la India, que fue de los más bravos» (158).

Aun así, redactamos la siguiente nota, que apareció en el tomo 22 de la Edición crítica de las Obras completas de Martí: «Referencia al bisabuelo del general, Noah Grant, y al hermano menor de este, Solomon, que murieron en misión militar en la India en 1776». Esta información la obtuvimos del «Obituario» que publicó The New York Times el 24 de julio de 1885. Era esta una de las pocas fuentes de que disponíamos en aquel momento, hace ya más de siete años. Al revisar nuevamente la información, creí haber incurrido en el mismo error de comprensión y traducción que, al parecer, había cometido Martí, quien indudablemente leyó el citado artículo y nutrió de él su semblanza. Se dice allí: «A su bisabuelo, Noah Grant, y al hermano de este, Solomon, de Connecticut, oficiales en la Guerra Franco-India, los mataron en 1756».

En realidad —y eso lo comprendemos ahora, a más de un lustro de la lectura de estos textos, por trabajar en la edición crítica de las crónicas de Martí sobre el centenario de la jura presidencial de George Washington, pues este participó en dicha guerra, en la que obtuvo grados de coronel (1963-1965a)—,[5] se refería el rotativo a la Guerra Franco-India, librada por el ejército colonial contra las fuerzas francesas asentadas en América del Norte, en los actuales territorios de Canadá y los Estados Unidos.[6] Este acontecimiento no es muy familiar para los filólogos e historiadores de origen hispano, a menos que se trate de un especialista en cuestiones relativas a la historia estadounidense. La diferencia en la fecha es, evidentemente, una errata, pues la contienda tuvo lugar entre 1754 y 1763.

Nos quedaba también la incertidumbre de si lo aparecido en La Nación se debió a un lapsus de Martí o del cajista, pues lamentablemente ese fragmento no se conserva en el borrador manuscrito.

Una biografía ineludible del militar, y tal vez la más importante que se le haya dedicado en vida, lo fue sin duda The Life of Ulysses S. Grant, General of the Armies of the United States, de Charles A. Dana y James H. Wilson (1868). Durante mucho tiempo intentamos conseguir esa importante obra, sin éxito. Pudimos obtenerla hace poco tiempo, y consultarla ha sido revelador. Arcadio Díaz-Quiñones (2003) en un artículo fundamental sobre la semblanza martiana recomienda hacer un estudio comparado entre esta y el libro de Dana y Wilson, pues es posible encontrar un diálogo muy interesante entre ambos textos. Hemos atendido su consejo en algunos puntos nodales del retrato del General, como sus antepasados, el anecdotario de la infancia, su graduación en West Point, la Guerra Estados Unidos-México y algunas coyunturas decisivas de la Guerra de Secesión.

Encontrar allí lo siguiente vino a esclarecernos de qué hablaba Martí en la línea aludida:

Uno de los más distinguidos regimientos del ejército británico durante la rebelión de los cipayos en la India fue uno de las Tierras altas, compuesto casi enteramente por Grants, portando su estandarte con la divisa: «¡Firmes Craig Ellachie!». (Dana y Wilson, 1868: 17)

Era indudable el vínculo con la semblanza martiana, pues de ahí evidentemente extrajo el cubano la información en torno al linaje escocés de la familia Grant y la divisa inscrita en su escudo de armas. Al contrastar ambas piezas, advertimos que la dificultad para entender el texto del Maestro se debía a que en la línea: «De Grant era todo un regimiento inglés en la India, que fue de los más bravos», el apellido del General aparecía en singular, cuando debió ser en plural. Repetir el cotejo contra la versión publicada en La Nación[7] reveló un error de quienes hicieron esta tarea de equipo para el tomo 22, pues en el rotativo bonaerense se lee claramente: «De Grants era todo un regimiento inglés en la India».

Conocer, a través del texto de Dana y Wilson, que los parientes del General radicados en Escocia habían participado como represores británicos de la Rebelión de los Cipayos, dota de nuevos sentidos al párrafo martiano que contextualiza a esta línea, y consideramos oportuno citarlo completo:

De ocho generaciones americanas vino Grant, generaciones de campesinos y soldados.[8] ¿Se acendran las cualidades de los padres al pasar por los hijos? ¿Serán los hombres nuevas representaciones de fuerzas espirituales que se condensan y acentúan? «¡Firme! ¡Firme!» rezan los motes del linaje de Grant, uno sobre una montaña que humea, otro sobre cuatro eminencias encendidas: «¡Firme, Craig Ellachie!». De Grants era todo un regimiento inglés en la India, que fue de los más bravos. Montaña encendida, regimiento, firmeza: todo eso se encuentra en Grant; y va con él, maceando, aplastando, arremolinando, tundiendo. (2000-2018a: 157-8)

De esas raíces agresivas e invasoras, se deriva, indudablemente, según sugiere Martí en las líneas en cursivas, una buena parte del espíritu conquistador de su biografiado, pues ninguna gloria había, ciertamente, en descender de un «cañoneador de cipayos» (20002018f: 227). Era más bien un lastre vergonzoso, que contribuía a acentuar la faceta expansionista e imperial de aquel hombre.

Mirando el fragmento citado, conviene insistir una vez más en algo fundamental para la realización de ediciones críticas: el peso de una errata nunca es insignificante. De ahí la importancia de realizar un cotejo lo más fiel posible contra los originales manuscritos o contra las ediciones príncipes de los textos. La omisión de una letra puede conducir a un error histórico de gran magnitud como el que acabamos de detectar, y del que ya hemos tomado nota para reediciones futuras.

El cuerpo de notas y la conformación de los índices

La fase heurística comprende también la determinación de los índices: onomástico, geográfico, de materia, cronológicos, etc. Se determinan, además, las notas informativas y de contenido, que se situarán a pie de página, y se emprende la búsqueda de la información necesaria para elaborar las entradas de índice y las notas propiamente dichas. En el caso de la obra de Martí —y lo mismo pudiera ser válido para otros autores—, siempre se acude a las entradas y notas de tomos precedentes, en aras de no duplicar esfuerzos, pues una buena parte de ellas se repite.

Aunque la copia de esa información pudiera parecer algo mecánica, la práctica demuestra que no es exactamente así. Uno de los ejemplos más notables en ese sentido fue el de la actriz italiana Adelaida Ristori, quien aparece varias veces a lo largo de la obra martiana. Cuando comenzamos la preparación del tomo 22, dedicado a crónicas, cartas y la novela Lucía Jerez, documentos aparecidos en el primer semestre de 1885, nos dimos a la tarea de «importar» toda la información útil contenida en tomos previos. Al hacer una valoración somera de lo acopiado, y contrastarla con el lugar en que aparecía consignado cada nombre en el texto martiano, afloraron nuestras primeras dudas.

En una crónica para La Nación, de Buenos Aires, fechada en Nueva York el 15 de enero de 1885, aparece el siguiente fragmento:

¡Oh! la Ristori ahora, paseando por teatros lóbregos de tierras duras sus años adoloridos! Se siente una especie de dolor filial al ver esta majestad ofendida: parece que las estatuas griegas se han hecho carne; y vestidas de mendiga, lloran. ¡Cómo no lo han de sentir, los que, niños de escuela todavía, ayudaron a desuncir, en una de las tierras del sol, los caballos de su carruaje, y mientras ella se cubría los ojos arrasados de llanto, se gloriaban, al aire la cabeza, en halar de él! ¿Cómo no ha de ser digna de la gloria la que la enseña?// ¡Váyase de aquí la triste señora, que aquí, ni la estatua de la Libertad ha hallado quien le compre el pie; que de limosna piden ahora al Congreso,[9] —ni ella tiene escolares! Ser rico es bueno; pero esto no ha de roer lo otro. (2000-2018g: 14)

Leer la crónica martiana nos planteó varias incógnitas. En la entrada de índice procedente del tomo 4, dedicado a México, se decía:

R , A (1822-1906). Actriz italiana de fama internacional. Fue muy popular en España, donde llegó a obtener de Isabel II el indulto de un condenado a muerte. Realizó un acto semejante en Chile. Realizó una temporada en México entre diciembre de 1874 y febrero de 1875, en el Gran Teatro Nacional. La oposición del gobierno colonial a que desembarcara en La Habana en 1875 fue comentada por Martí en gacetillas de la Revista Universal y por la prensa de varios países. (2000-2018c: 489)

Por pura intuición, debatí el asunto con varios colegas, pues a mi modo de ver se trataba de una referencia autobiográfica por parte de Martí, algo muy frecuente en sus Escenas norteamericanas, y que no ha sido estudiada con el detenimiento que merece. Luego de búsquedas en fuentes europeas, que solo confirmaron lo consignado en la entrada citada, pesquisamos en fuentes dedicadas a la vida teatral cubana.

Al consultar La selva oscura, de Rine Leal (1975), un texto imprescindible para conocer todo lo relativo a la escena cubana, se confirmaron nuestras sospechas. Allí se refiere en detalles la prolongada estancia en Cuba de la trágica italiana, ocurrida entre el 1 de febrero y el 24 de abril de 1868.

Nuestra hipótesis al respecto fue validada ampliamente con lo que cuenta y prueba Leal: la artista se presentó en el teatro habanero Tacón en el período de tiempo ya señalado, con viajes ocasionales a otros lugares del país, pues también actuó en Marianao, Cárdenas y Guanabacoa. Cada una de sus actuaciones fue grandiosa; los palcos se cotizaron en sumas legendarias; se le agasajó en la alta sociedad y fue homenajeada reiteradamente. Se le obsequió una corona de oro y plata y las ovaciones de un público totalmente subyugado la llamaron a escena once veces. El Hotel Inglaterra, en el cual se alojó, se convirtió en punto de reunión de sus admiradores, entre los cuales estuvieron varios diplomáticos y altos personajes de la intelectualidad y la política. De ella dijo la crítica: «La Ristori es la tragedia».

El joven Martí, alumno todavía del colegio de Mendive en el año 1868, ya daba muestras de una sensibilidad y talento literario fuera de lo común. Su fuerte inclinación hacia el teatro dio su primer fruto poco tiempo después, al delinear el conflicto vital que padecía, la contraposición entre el amor a la madre y el amor a la patria, en su poema dramático Abdala.

Por todo lo anterior, consideramos que no debió estar ajeno a un acontecimiento artístico tan significativo, sobre todo porque la actriz, además de su indudable competencia escénica, trabajó con un repertorio de gran calidad. Es muy posible, entonces, que la haya visto actuar y se haya acercado a ella más de una vez, tal como sugiere el fragmento de crónica arriba citado.

Esta experiencia demuestra que la edición crítica de un texto debe ser emprendida, como ha sido práctica habitual en nuestro equipo, desde una óptica interdisciplinaria. De ese modo se puede contribuir a arrojar luz, incluso, sobre determinadas circunstancias biográficas del autor, como demuestra este caso. Fue preciso aquí tomar una decisión editorial, que ahora parece sencilla, pero que nos llevó largo tiempo de búsqueda y lectura: mantener inalterable la entrada del índice onomástico y consignar en nota al pie: «Al parecer se trata de una referencia autobiográfica, que remite a la estancia en La Habana de la famosa actriz, entre el 1 de febrero y el 24 de abril de 1868» (2000-2018g: 14).

Otra fase fundamental dentro de la etapa de conformación de los índices es tratar de identificar a los personajes referidos en el texto sobre la base de la información que nos brinda Martí, o de un apellido. Entre los muchos ejemplos curiosos al respecto destaca lo que nos sucedió con el retrato biográfico «Antonio Bachiller y Morales», publicado en El Avisador Hispanoamericano, de Nueva York, el 24 de enero de 1889. De este texto no existen borradores manuscritos y no se conserva ese número del periódico en las colecciones de las bibliotecas habaneras. Al comenzar las búsquedas para el índice de nombres, nos enfrentamos a un apellido de difícil localización, por más que insistimos: Ladweat. Aparecía así en las Obras completas de la Editorial Nacional de Cuba (1963-1965), y en las de Trópico (1936). Luego encontramos por casualidad en la Grand Encyclopédie, mientras buscábamos a Charles-Hubert Millevoye, a un Ladvocat, que, al parecer, era la solución. Veamos el fragmento, ya con la corrección:

Un día compraba [Bachiller] un Millevoye de Ladvocat,[10] con su lámina de Millevoye, sentado libro en mano en lo sombrío de una roca, para ver si en esta edición tenía cierto verso el adjetivo feliz que le puso Heredia.[11] Otra vez llegaba dichoso al término del viaje, que era la librería de su yerno Ponce de León,[12] porque en un mismo estante había encontrado la edición de Lardy[13] de Derecho Internacional[14] de Blüntschli,[15] y la Fascinación de Gulf,[16] donde se cuentan, con mitos semejantes a los de los indios de Haití, el nacimiento y población de los cielos escandinavos.[17]

De lo hallado en la citada enciclopedia, y en trabajos investigativos de Carmen Suárez León (1997; 2008), se derivaron las siguientes entradas de índice:

Millevoye, Charles-Hubert (1782-1816). Poeta francés. Su poema «Le chute des feuilles» («La caída de las hojas») dejó honda huella en los románticos. En Cuba fue traducido por José María Heredia y José Jacinto Milanés. Un verso suyo sirve de cita introductoria a «Fidelia», el famoso poema del cubano Juan Clemente Zenea.

Ladvocat, Pierre François (1790-1854). Editor francés. De simple vendedor de libros se convirtió en editor y ganó rápidamente renombre universal y fortuna. Protegió a jóvenes talentos como Casimir Delavigne, Víctor Hugo, Alfred de Vigny, Sainte-Beuve y muchos más. Llegó a pagar sumas fabulosas para la época a los autores cuyos libros publicaba, pero se arruinó en la Revolución de julio de 1830.[18]

En la información tocante al editor no se mencionaba el vínculo directo con el poeta; pero su labor como publicista y su mecenazgo para con nombres imprescindibles de las letras francesas, así como la cercana grafía de su apellido, Ladvocat, con el consignado en el texto, Ladweat, nos inclinaron a decidirnos por él. Posteriormente, vino a confirmar nuestra hipótesis el hallazgo de los datos relativos a esa edición concreta. Hubo entonces que insertar una nota al pie aclarando de qué hablaba Martí cuando se refería al Millevoye de Ladvocat, y los añadimos a la correspondiente entrada de índice.

Al parecer, se refiere a las Œuvres complètes et Œuvres inédites de Millevoye, dédiées au roi. 4 volumes in -80, ornés de un beau portrait. Libraire de Ladvocat, au Palais Royal, 1822. Dicha edición fue hecha por Pierre-François Ladvocat.

Pero volvamos al fragmento citado del retrato de Bachiller, que en sus líneas finales muestra la erudición del biografiado y plantea interrogantes cada vez más arduas para el investigador. Adentrarnos en sus múltiples significaciones culturales ha sido muy enriquecedor desde el punto de vista investigativo, pues ha constituido todo un proceso de aprendizaje cuyos primeros frutos cuajaron en la edición crítica en volumen independiente de este texto (Martí, 2012), con lo cual el Centro de Estudios Martianos rindió homenaje al bicentenario del sabio cubano. Aún continuamos trabajando en algunos asuntos pendientes, y deberá aparecer en un tomo de las Obras completas de José Martí, dedicado al primer trimestre del año 1889, lo cual confirma que la edición crítica de las obras de cualquier autor nunca estará terminada, sino que podrá enriquecerse y completarse en cada nuevo acercamiento, y en la medida en que aparezcan nuevas fuentes de información, no disponibles en la primera tentativa.

Identificar a personajes anónimos, solo basados en algún dato de los que ofrece Martí, es otra de las dificultades a las que nos enfrentamos a diario. Muchos casos quedan insolubles; pero otros, después de muchas tentativas, terminan por resolverse. En situaciones así Internet se convierte en una herramienta magnífica, pues una buena parte de la prensa estadounidense del siglo XIX ha sido digitalizada, y también otros documentos relativos a acontecimientos históricos y culturales relevantes. Con los años de trabajo hemos adquirido experiencias que favorecen el desarrollo de las pesquisas, además de acopiar paciencia para lidiar cada día con una conexión sumamente lenta.

Un ejemplo notable en ese sentido lo constituye una crónica de 1885 dedicada a varios casos de suicidio:

¿Hechos menores? ¡pues si cada día es un poema! ¡cada número del Herald[19]  es, a su modo, un poema! En estos días, muchas mujeres que se matan; una, con todos sus hijos; otra, la hermosa hija soltera de un labriego, educada en un seminario, que viene a morir a Nueva York en un hotel: —y su padre tenía la mano en el arado cuando recibió la noticia; otra, una niña apenas, sobrina[20] de la viuda de Lincoln, se dispara, en su cama de colegio, una pistola sobre el corazón. (2000-2018e: 120)

En situaciones así es imprescindible partir de la fecha de escritura de la crónica martiana, que en esta ocasión es del 29 de mayo de 1885. Como se trata de un texto bastante extenso, es probable que Martí haya tardado varios días en escribirlo, lo que explica que la referencia a la joven suicida aparezca casi al final de este, cuando expresa directamente su lectura de diversos números de periódicos. Debe notarse que los suicidios solían ocupar un espacio destacado en la prensa de la época, algo que el cubano refiere con frecuencia. Al introducir en inglés en el buscador los datos «sobrina de la viuda de Lincoln, suicida» y la fecha, mayo de 1885, apareció la referencia a The Brooklyn Daily Eagle, un periódico de a centavo, con la información necesaria para elaborar la nota al pie y la correspondiente entrada del índice de nombres:

Canfield, Nellie (¿?-1885). Joven estadounidense, sobrina nieta de la viuda de Lincoln, que se suicidó. Se disparó en el pecho, en Belleville, cerca de Newark, y falleció el 31 de mayo de 1885. (2000-2018d: 356)

La traducción al español por parte de Martí de ciertos nombres de instituciones existentes en los Estados Unidos plantea un serio problema para nuestras búsquedas. Hemos logrado resolverlo, en parte, traduciendo veloz y aproximadamente al inglés lo que Martí plantea en español, y aguzando la sensibilidad, la intuición, la capacidad de relacionar hechos y personas aparentemente distantes entre sí. Un pequeño ejemplo que nos fatigó durante mucho tiempo es el siguiente, extraído de la primera crónica de las que dedica al Centenario Americano, fechada el 11 de mayo de 1889: «Ya vuelve [Benjamin Harrison] de recibir bajo el dosel de banderas del salón a la Ibernia[21] y Germania[22] de la ciudad, traídas a la fiesta por los cerveceros y muñidores que imperan en el municipio».[23]

Esos dos nombres, que aparecían así en los periódicos, nos transmitían la idea de alguna figura alegórica, a tenor con el contexto en que se insertan. Se halló el segundo, y los datos encontrados permitieron elaborar la siguiente entrada:

Germania Life Insurance Company. Compañía de seguros fundada el 10 de julio de 1860 para proteger a los comerciantes de origen alemán. Posteriormente adquirió el nombre de Guardian Life Insurance Company. El inspirador de esta organización fue Hugo Wesendonck. Importantes figuras del comercio y la política de ascendencia alemana formaban su junta directiva.

Como en el texto se les otorgaba una jerarquía similar, y lo encontrado pertenecía a una organización con fines de socorro, ello nos hizo suponer que Ibernia podía tratarse de algo parecido, relativo a otro grupo migratorio, pero nuestras inquisiciones continuaron siendo infructuosas. La pista la encontramos por azar, cuando escribíamos un artículo sobre la emigración latinoamericana hacia los Estados Unidos en el siglo XIX. Entonces, para verificar algún dato concerniente a los cubanos asentados a orillas del Hudson, consultamos un libro de un colega de equipo, Enrique López Mesa (2002), La comunidad cubana de New York: siglo XIX. Dice allí el estudioso, cuando reseña la labor del Padre Félix Varela en los barrios neoyorquinos:

Varela fue también capellán de la Hibernian Benevolent Society —integrada por pequeños comerciantes y artesanos irlandeses—, cuyos desfiles anuales, el Día de San Patricio, siempre terminaban con un servicio religioso en la Iglesia del Cristo. (14)

Por asociación, teniendo en cuenta el factor migratorio y benéfico, fue posible dilucidar aquel pequeño enigma y establecer de qué se hablaba en el fragmento, paso primordial para elaborar una entrada de índice onomástico. Además, porque a Irlanda se le llama también Hibernia, con H, aunque en los periódicos revisados apareciera sin esta letra en su grafía. Ampliamos nuestras pesquisas y quedó entonces la siguiente entrada:

Hibernian Benevolent Society. Sociedad de socorros mutuos para pequeños comerciantes y artesanos irlandeses, que desfilaba anualmente el día de San Patricio. Existía en Nueva York y en otras grandes ciudades estadounidenses.

Las interrogantes derivadas del estilo martiano

Otras veces nos enfrentamos, como es usual en la obra martiana, a frecuentes neologismos. Recuerdo especialmente un adjetivo del tomo 22, empleado para caracterizar la mirada de un individuo. Dice allí:

Y como que, de abril a julio, cuanto elemento público, asociación o gremio hay en los Estados Unidos se congrega en algún grato lugar a debatir sus intereses, no es extraño que al plegar sus tiendas, al son de los tambores y los pífanos, los soldados veraniegos, tropiecen con los músicos que van a una sala vecina a levantar la suya, los unos, los de la derecha, tras un cabecilla alborotoso de ojos salvinianos. (2000-2018b: 138)

Al consultar con otros colegas, surgieron al calor de la conversación las ideas más peregrinas: podía tratarse de la fusión de las palabras sal y vino, aseguraba alguien, para dar idea del alboroto y picardía del individuo. Lo que sucedía, en verdad, era algo muy distinto, que también apareció por azar —casi puede decirse que es una regularidad de las ediciones críticas: hallar lo que no se busca en ese momento—, al revisar el índice onomástico del tomo 12, para verificar la ortografía de alguna de las entradas importadas, nos encontramos allí con la siguiente:

Salvini, Tommaso (1829-1916). Actor dramático italiano. A los 14 años entró a formar parte de una compañía teatral y, más tarde, fue admitido en la Real Compañía de Nápoles. Actuó exitosamente no solo en Italia, sino también en España y Portugal, en otros países europeos y en algunos de América del Norte y del Sur. Se destacó en los papeles de Macbeth, Hamlet, Otelo y Romeo en las obras de Shakespeare, y, de igual modo, en protagónicos de piezas de Corneille y Voltaire.[24]

Indudablemente, aludía a la poderosa expresividad de la mirada de este actor, el cual visitó varias veces los Estados Unidos, y realizó allí actuaciones memorables en la década de los 80 del siglo XIX. Fue, además, uno de los grandes intérpretes de Shakespeare en la época.

Traducir, transgredir y las dificultades de la edición crítica

Si tuviera que elegir una, entre todas las crónicas martianas que he trabajado hasta ahora, creo que me decidiría por «La exhibición de pinturas del ruso Vereschaguin». Ello se justifica, indudablemente, por el grado de dificultad, lo atractivo de la temática y lo gratificante de las pesquisas y hallazgos. Emprender la búsqueda de información complementaria para llevar a cabo la edición crítica de esta crónica, fechada en Nueva York el 13 de enero de 1889 y publicada en La Nación, de Buenos Aires, el 3 de marzo siguiente, con versión posterior para el Partido Liberal, de México, datada el 15 de enero, y publicada el 14 de febrero del mismo año, plantea incontables interrogantes y provoca a escribir estudios paralelos, que se convierten así, por decirlo de algún modo, en valores agregados del proceso investigativo principal (Vázquez Pérez, 2016). Una de las más notables, sin duda, se debe a las líneas siguientes: «¡Yo espero, —dice Vereschaguin con los versos de Pushkin— yo espero que los hombres me amen, porque mi arte sirve a la verdad, y ruega por los vencidos!» (1963-1965b: 433).

Estas palabras en primera persona hacían creer que el cubano había escuchado esa frase de boca del pintor, y las comillas sugerían una cita textual. Durante meses se intentó hallar, sin resultados, el texto de la conferencia que dictara este el 26 de noviembre de 1888 en la American Art Association, a la que probablemente Martí asistió. Solo se hallaron algunos fragmentos citados y comentados por periódicos, pero en ninguno estaban los versos de Pushkin, ni ningún especialista en literatura rusa a los que consultamos dio razón de ellos.

Encontrar el catálogo, redactado por el propio artista, fue indispensable para elaborar un sinfín de notas informativas, sobre todo en lo relativo a la identificación de los cuadros, que Martí había pintado con el poder de la palabra para los lectores latinoamericanos. Su lectura, además de ser agradable, me deparó varias sorpresas, pero la mayor, tal vez, fue descubrir los mencionados versos como exergo del texto de Vereschaguin (1888):

I trust that men will love me; for my art / Speaks to the nobler feelings of the heart, / Renders good service by the charm of the truth, / and for the vanquished ever pleads for ruth. (Adapted from Pushkin)[25] (5).

La manera tan personal en que Martí traduce esos versos, de los cuales aún resta hallar el original en ruso del cual fueron tomados y adaptados, les otorga en español un brío y una vehemencia mayores. Puestos en labios del eslavo entre signos exclamativos que no existen en la versión inglesa, con la reiteración anafórica del «Yo espero», seguida de la pausa larga que significan la coma y el guion siguientes, les confiere un énfasis oratorio, como si el pintor los hubiera pronunciado ante un público numeroso. Vistos así, y asociados a la imagen colosal e indómita del artista con que se inicia esta crónica, funcionan casi como una declaración de principios, un compromiso público de lucha a favor de la libertad. Muestran, también, aunque solo sea puntualmente, la necesidad de indagar en la relación intercultural y lingüística que sostiene el rico entramado de la mejor prosa modernista del XIX, atendiendo a horizontes hasta ahora no explorados, como sus fuentes anglosajonas.

De la práctica a la teoría, generalizaciones puntuales

Todo proceso investigativo, además de su campo de estudio específico, genera saberes metodológicos para empeños similares. La edición crítica de las Obras completas de José Martí no es la excepción. Además de su contribución a los estudios martianos, demuestra la necesidad de poner en práctica este modo de hacer respecto a los clásicos de la literatura latinoamericana y cubana, pues ello nos ayudará a discernir cuánta autoctonía y universalidad se atesora en nuestra literatura. Aunque existe un precedente importante en los esfuerzos de la Colección Archivos, de la UNESCO, estos no son suficientes. Valdría la pena fortalecer las investigaciones de esta naturaleza no solo en Cuba, sino también en otras áreas del continente, pues con ello estaríamos haciendo una contribución decisiva a los estudios literarios y al autorreconocimiento de nuestras identidades culturales.

Por otro lado, es imprescindible concebir este trabajo a partir de un enfoque interdisciplinario, que convoque los saberes útiles al cumplimiento de sus objetivos provenientes de otras áreas humanísticas, como la historia, la filosofía, el derecho, la pedagogía, entre otras. Es necesario, además, el dominio de otras lenguas, pues ello amplía el alcance de la investigación y aguza las posibilidades de pesquisa de quiénes realizan esa tarea, así como el acceso efectivo a sitios específicos de Internet, entiéndase hemerotecas y bibliotecas especializadas.

No debe verse esta labor como mero amor a la pesquisa erudita, acompañado del placer innegable que produce cualquier descubrimiento, por pequeño que sea. No es un lujo amar la sabiduría y el legado intelectual de las naciones en tiempos signados por la emergencia galopante de la banalidad: si se sabe de las raíces patrias sin desconocer que somos ciudadanos del mundo, se estará mejor preparado para enfrentar el futuro y los enigmas, incertidumbres y verdades que traerán a la humanidad los siglos venideros.

 

 

Notas

[1] Traducción de Carmen Suárez León.

[2] Los resaltados son de la autora, salvo que se indique lo contrario.

[3] En 1973, la Editorial de Ciencias Sociales, de La Habana, publicó el tomo 28. Hay varias reediciones de los 27 tomos anteriores.

[4] Se ha decidido usar el rango de años para la referencia de la edición crítica, pues aún no ha concluido, está en proceso. Hasta el momento llega al tomo 29, y serán poco más de 40.

[5] También aparecerá en el tomo 30-II, en proceso, para la O. C. E. C.

[6] Se enfrentaron, de un lado, Francia, Nueva Francia (territorio canadiense), aliados nativos, y del otro Gran Bretaña, colonias británicas y la Confederación Iroquesa. Se la considera como la variante americana de la Guerra de los Siete Años. Gran Bretaña fue la gran vencedora, al conquistar Canadá, aunque económicamente el conflicto fue desastroso para todas las partes.

[7] 27 de septiembre de 1885, columna 1,5.

[8] Aquí deberíamos situar la información relativa a los antepasados del General que murieron en 1756 en la Guerra Franco-India. También sorprende encontrar en las Memorias del General estas líneas reveladoras: «Mi familia es americana y lo ha sido por generaciones en todas sus ramas, directa y colateral […] Soy de la octava generación descendiente de Mathew Grant» (Grant, 1885: 13)

[9] Referencia a las gestiones realizadas por el escultor francés Frederic-Auguste Bartholdi, autor de la monumental escultura La libertad iluminando el mundo, quien realizó una extensa gira por los Estados Unidos, entrevistándose con prominentes figuras políticas e intelectuales, como el presidente Ulysses S. Grant, el poeta Henry W. Longfellow, el teniente general Philip H. Sheridan, el empresario y reformador Peter Cooper, entre otros, sin lograr un compromiso para financiar el pedestal en que sería situada. Algo parecido ocurrió en 1881, después de una visita de altos oficiales franceses, descendientes de los militares que combatieron en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Al fin se obtuvo por una suscripción inaugurada en la nación norteña, y por la realización de exposiciones y otras actividades, de las cuales Martí dio fe, entre otros, en su texto «Los abanicos en la exhibición Bartholdi» y «Exhibición de arte en Nueva York para el pedestal de la estatua de la Libertad», publicadas en La América (Nueva York) en enero de 1884. El Congreso solo se limitó a respaldar oficialmente la recaudación, pero no autorizó ningún apoyo en metálico.

[10] Referencia a Pierre-François Ladvocat.

[11] José María Heredia. Referencia a la traducción que hizo el cubano del poema de Millevoye «Le mancenillier» o «Le chute des feuilles».

[12] Néstor Ponce de León y Laguardia.

[13] Charles Lardy.

[14] Referencia a Das Moderne Völkerrecht der civilisirten Staaten als Rechsbuch dargestelt ( Norlingen, 1868), traducido al francés por Charles Lardy como Le Droit International codi é en 1869.

[15] Johann Kaspar Blüntschli.

[16] Referencia a Gylfaginning, cuya traducción es La visión o alucinación de Gyl .

[17] Fragmento aún inédito.

[18] Ídem.

[19] The New York Herald.

[20] Nellie Can eld.

[21] Al parecer, referencia a la Hibernian Benevolent Society.

[22] Referencia a la Germania Life Insurance Company.

[23] Fragmento aún inédito.

[24] Ídem.

[25] «Confío en que los hombres me amarán; por mi arte/ que habla de los más nobles sentimientos del corazón/ sirve bien a la verdad/ y suplica piedad para los vencidos».

 

Referencias

Dana, C. A. y Wilson, J. H. (1868) The Life of Ulysses Simpson Grant, General of the Armies of the United States. Spring eld, Massachusets: Gurdon Bill & Company.

De Baralt, B. Z. (1980) El Martí que yo conocí. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

De Biasi, P. M. (2003) La génétique des textes. París: Nathan/VUEF.

Díaz Quiñones, A. (2003) «Martí: La guerra desde las nubes». En: José Martí. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892.  Fernández Retamar, R. y Rodríguez, P. P. (eds.), La Habana: Colección Archivos/Casa de las Américas, 2119-47.

 

Grant, U. S. (1885) Personal Memoirs of Ulysses S. Grant. Nueva York: Charles L. Webster & Company. Disponible en: <http://cort.

as/-Jz2A> [consulta: 20 junio 2019].

Leal, R. (1975) La selva oscura. La Habana: Arte y Literatura.

Lois, É. (2001) Génesis de escritura y estudios culturales. Introducción a la crítica genética. Buenos Aires: Edicial.

López Mesa, E. (2002) La comunidad cubana de New York: siglo XIX. La Habana: Centro de Estudios Martianos. Marinello, J. (1975) «Martí en su obra» [Prólogo]. En: Obras completas. Martí, J., La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, t. 1, 8-20.

Martí, J. (1936) Obras completas. La Habana: Editorial Trópico.

______ (1963-1965a) «El centenario de Washington». Obras completas (O. C.), t. 13. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 502-8.

______(1963-1965b) «La exhibición de pinturas del ruso Vereschaguin». O. C., t. 15, 429-38.

______ (2000-2018a) «El General Grant» [La Nación, 27 de septiembre de 1885]. Obras Completas. Edición Crítica (O. C. E. C.),

t. 22, 145-61.

______ (2000-2018b) «En verano» [La Nación, 20 de agosto de 1885]. O. C. E. C., t. 22, 133-41.

______ (2000-2018c) Índice de nombres. O. C. E. C., t. 4.

______ (2000-2018d) Ídem, t. 22.

______ (2000-2018e) «Revista y resumen de los problemas actuales en los Estados Unidos» [29 de mayo de 1885]. Ibídem, 110-21.

______ (2000-2018f ) «Una distribución de diplomas en un colegio de los Estados Unidos» [La América, 1884]. O. C. E. C.,

t. 19, 225-30.

______ (2000-2018g) «Un teatro original y como se elabora [en] Nueva York». O. C. E. C., t. 22, 11-26.

______ (2012) Antonio Bachiller y Morales. La Habana: Centro de Estudios Martianos.

Suárez León, C. (1997) José Martí y Víctor Hugo, en el fiel de las modernidades. La Habana: Centro de Investigación y Desarrollo

de la Cultura Cubana Juan Marinello/Editorial José Martí.

______ (2008) «Traducir y transgredir: Heredia como modelador de la cultura cubana». En: La alegría de traducir. La Habana:

Editorial de Ciencias Sociales, 6-21.

Vázquez Pérez, M. (2016) «La traducción en las raíces de la prosa modernista. El caso de la crónica de José Martí “La exhibición de

pinturas del ruso Vereschaguin”». En: De surtidor y forja: la escritura de José Martí como proceso cultural. Ciudad de México: Centro de

Estudios Martianos/CIALC- UNAM, 225-69.

Vereschagin, V. (1888) Exhibition of the Works of Illustrated Descriptive Catalogue, American Art Association. Nueva York.