Cuba: decodificar el universo empresarial

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Resumen: 

Se pretende contribuir al problema principal de la economía cubana: crear en su universo empresarial una combinación adecuada de tipos de propiedad y de gestión que reproduzca desarrollo económico socialista, a partir de rescatar, desarrollar y actualizar, aspectos claves de la teoría marxista que habían permanecido inadvertidos.

Abstract: 

It is intended to contribute to the main problem of the Cuban economy: to create in its business universe an adequate combination of types of property and management that reproduce socialist economic development, starting to rescue, develop and update, key aspects of the Marxist theory that had remained unnoticed.

Relanzar la construcción del socialismo en Cuba, a la vez que trabajar por el desarrollo de su economía, representa un gran desafío teórico y práctico, en particular en lo que concierne al tratamiento del universo empresarial.

El dominio de la concepción acerca de los tipos de propiedad presentes en ese universo —no completamente desarrollada en la teoría fundacional marxista— no es solo crucial para enfrentar dicho desafío, sino para atender otro derivado de la reflexión de Fidel Castro ante el derrumbe del socialismo en la URSS y Europa del Este: «¿Qué es el marxismo?, ¿qué es el socialismo? Esto no está bien de nido […] Habría que hacer un estudio bien profundo» (Ramonet, 2006: 441).

Este trabajo pretende realizar una contribución al respecto, al intentar esclarecer el contenido de la llamada heterogeneidad económica en la construcción socialista, sobre la base del rescate, desarrollo y actualización de la teoría marxista correspondiente, que ha permanecido inadvertida.                  

Origen y contenido de la heterogeneidad económica en la transición socialista. Lecciones de modelos claves

El origen teórico de la heterogeneidad económica en la transición socialista, no dilucidado hasta el presente, se sustenta en la olvidada Ley del cambio gradual de las formaciones económico-sociales, principio general de la concepción materialista de la historia, expuesto aisladamente en un texto poco conocido (Solodóvnikov y Bogoslovki, 1975: 13-4).

Esta Ley explica las condiciones en que la humanidad transita de modo ascendente por las distintas formaciones socioeconómicas conocidas, pero tiene en cuenta lo particular en ciertos pueblos que eludieron alguna de ellas en su desarrollo. Un raro ejemplo son los eslavos y nórdicos de Europa, y los nómadas de Asia y África, que pasaron de la sociedad tribal a la feudal sin pasar por la esclavista. Estos pueblos emplearon la vía no esclavista de desarrollo. El esclavismo, hasta ahora, parece haber sido el único modo de producción evitable en ciertos casos. Sin embargo, para ello hizo falta una condición ineludible: «la formación obviada había agotado sus posibilidades de desarrollo social en el mundo, y en él ya existía un sistema social más avanzado» (14).

 

El salto no capitalista intentado por la Unión Soviética posleninista y sus seguidores, fue penado por esta Ley, lo que obliga a los que hoy mantienen el proyecto, a actuar diferente a tono con ella.

La vida demuestra que quienes despliegan a tiempo todos los tipos de propiedad en la construcción socialista se mantienen en el empeño y progresan, pero es indispensable dominar sus códigos, para orientar correctamente el proceso desde el universo empresarial.

En el tomo I de El Capital se halla un párrafo estrechamente vinculado a la Ley mencionada:

El sistema de apropiación capitalista que brota del régimen capitalista de producción, y, por tanto, la propiedad privada capitalista, es la primera negación de la propiedad privada individual, basada en el propio trabajo. Pero la producción capitalista engendra, con la fuerza inexorable de un proceso natural, su propia negación. Es la negación de la negación. Esta no restaura la propiedad privada ya destruida, sino una propiedad individual que recoge los progresos de la era capitalista: una propiedad individual basada en la cooperación y en la posesión colectiva de la tierra y de los medios de producción producidos por el propio trabajo. (Marx, 1973a: 700)[1]

Ahí se muestra la esencia de la transición del capitalismo al socialismo a través de tres tipos de propiedad:[2] feudalismo (propiedad privada individual) →capitalismo (propiedad privada capitalista) →socialismo/comunismo (propiedad individual); cada uno dominante en su momento, al representar la esencia de la formación económicosocial que originaron.

El concepto «tipo de propiedad» equivale al sujeto genérico que contiene las disímiles «formas de propiedad» que le son afines, expresión esta empleada con más frecuencia y que refleja con mayor concreción al actor. Aunque no pocos autores han utilizado el vocablo «tipos» con diferentes denominaciones (socioeconómicos, de economía, de propiedad —por ejemplo, pública, privada y social—, etc.), no se dispone de evidencias de su conceptualización desde las expresiones de propiedad empleadas por Marx (Marcelo Yera, 2013: 104-24). Cada uno de los tipos tiene un papel histórico que cumplir. Como los colores primarios en la física óptica, dan lugar a las formas heterogéneas de propiedad en la economía. Su gran diversidad en el tejido empresarial de cualquier país solo cobrará sentido cuando la economía política las vincule a los tipos de propiedad a que pertenecen.

Para fundamentar la dirección del desarrollo en la sucesión de tipos de propiedad dominantes, vistos en el párrafo citado, Marx se apoyó en la Ley de la negación de la negación, parte indivisible de las otras dos leyes de la dialéctica.[3] Las aplicó a la evolución expresada, si bien la «propiedad individual», como solución dialéctica que excluye lo privado, permanece sin una interpretación consensuada y actualizada.

En el siglo XX se objetó que Marx fundamentara la organización productiva del porvenir, basándose exclusivamente en un eslabón de la cadena de Leyes de la dialéctica. Al respecto, Engels —esgrimido por Lenin, enfrascado también en igual debate con un coterráneo— le ripostó a Dühring que Marx

no pensaba siquiera ver en ello una demostración de su necesidad histórica. Por el contrario: después de demostrar históricamente que este proceso se ha operado ya en parte en la práctica y en parte debe aún operarse, solo después de esto lo define como proceso que se opera también de acuerdo con una Ley dialéctica determinada. Y nada más. (Lenin, 1981a: 180-1).

Lo demostrado —ya en parte— se asume referido a la tendencia observada por Engels (1975a) de que «En los trust, la libre concurrencia se trueca en monopolio y la producción sin plan de la sociedad capitalista capitula ante la producción planeada y organizada de la naciente sociedad socialista» (443). Obsérvese que la planificación socialista tuvo su origen en los monopolios.

Pero los tres tipos de posesión económica destacados en el párrafo aludido, aún es necesario completarlos con otros dos no dominantes, pero que acompañan la presente transición del capitalismo al socialismo: la propiedad privada cooperativa y la propiedad estatal, ambas ampliamente tratadas por los fundadores del marxismo. Así, son cuatro los tipos de propiedad que existen en la actualidad. El quinto, el socialista, hay que consensuarlo.

Para trabajar por ese consenso, se debe vincular los cuatro tipos de propiedad existentes con el principio de la concepción materialista de la historia —implícito en el párrafo examinado de Marx, y reconocido por Lenin y otros— de que en todo proceso de desarrollo social, como la transición socialista, coexisten vestigios del pasado, bases del presente y gérmenes del futuro (Kelle y Kovalson, 1976: 209-10; Lenin, 1981a: 187). Ello es esencial, pues los tipos de propiedad no solo están presentes en la transición, cada cual con su propio sistema de valores, sino que, de acuerdo con las épocas correspondientes, portan gérmenes de futuro del tipo socialista, como muestra el siguiente cuadro:

Épocas productivas de la transición socialista y tipos de propiedad económica asociados a ellas, según la concepción materialista de la historia

 

 

 
   
   

Esta teoría sobre los gérmenes de futuro, no tenida en cuenta por el llamado socialismo real, garantiza la permanente actualización del tipo socialista, desde el subdesarrollo. Como puede comprenderse, esta concepción y las leyes de la dialéctica se complementan. Así, ambos procedimientos científicos generan no una utopía quimérica, sino una lógica que permitiría la aproximación gradual al paradigma que representa, a la vez que brinda un sentido socialista a la continuidad de la historia. Ello, cual brújula, señala el norte, pero no la ruta exacta hacia él desde el subdesarrollo.

Se ha expresado que es un error buscar en la obra escrita por Marx «respuestas a problemas concretos del mundo actual. Científico riguroso, no podía estudiar y describir lo que no existía» (García, 2018: 3). Sin embargo, el desconocido aparato conceptual atemporal explicado permite, en el presente, encontrar soluciones a la organización del sistema empresarial socialista, ausentes, desde luego, en la mayor parte de los «gérmenes de futuro» de la época en que vivió el científico alemán.

Es muy importante tener en cuenta que los tipos de propiedad privada (individual, capitalista y cooperativa) pueden derivar a tipos de gestión (administración) durante la construcción socialista, para operar la propiedad estatal, sin eliminarla.

La combinación adecuada de los cuatro tipos de propiedad y de gestión, así como las formas que adoptan, unida a la institucionalidad correspondiente, nunca se ha tenido en cuenta como una dimensión decisiva en las teorías del desarrollo. Es en la propiedad donde se identifican las más fuertes motivaciones humanas para lograr la evolución deseada. Para Cuba, de lo que se trata es de identificar una composición lógica que reproduzca desarrollo económico socialista.

Las características fundamentales de los tipos teóricos existentes, incluidos los rasgos de los gérmenes de futuro que aportan, se explicarán a continuación a la luz actual, a la vez que se traen a colación los desafíos y lecciones esenciales que ha dejado la ejecutoria de cada uno, considerando la evolución de modelos claves dentro del socialismo conocido.

Las particularidades de la paradigmática propiedad individual (socialista) se describen después de los otros tipos.

Propiedad privada individual

Coincide en una actividad concreta y en una sola persona: dueño y trabajador, lo que excluye la explotación ajena, pero no su carácter de clase. Es una propiedad precapitalista. Caracterizó al feudalismo por la presencia de los campesinos siervos y de los artesanos (con o sin aprendices), aunque ya existía en el esclavismo. Es también un residuo del pasado en lo que respecta a la productividad pues fue superado por el tipo capitalista. Sin embargo, sigue siendo útil en diferentes labores, como pequeñas producciones agropecuarias y artesanales, los servicios y el comercio, ahora con la ventaja del progreso técnico. 

En textos docentes de Economía política socialista se equipara este tipo de propiedad con la pequeña producción mercantil sin trabajo asalariado (Arsénev et al., 1976: 19; AA.VV., 2003: 15-6).

El desarrollo de la propiedad privada individual puede conducir a la privada capitalista. La primera aportaría a la propiedad individual, como germen de futuro, la conocida aspiración marxista de que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos.

En el llamado socialismo real, un reto dejado por este tipo de propiedad se asocia a que, como paradoja, en general, arrojó, mejores resultados con su agricultura familiar que los presuntamente superiores tipos colectivos de propiedad en el sector.

Por ejemplo, China, con su modernización, comenzó a trasladar en 1979 el peso fundamental de las estructuras colectivas agrarias al sistema de responsabilidad por contrata familiar, en la que un miembro de la familia recibe la tierra en arriendo —hoy por treinta años, renovables— con derecho a traspaso, herencia y subarriendo (Díaz, 2015). Una decisión similar adoptó Vietnam (Aise, 2015).

Pendiente de consenso teórico en este tipo de propiedad está si su autorización debe ser discrecional o basada en una breve lista de actividades excluidas.

Propiedad privada capitalista

La propiedad privada capitalista se explica por la existencia de uno o más dueños que explotan fuerza de trabajo asalariada, desde las dimensiones de las micro, pequeña y mediana empresas (mipymes), hasta las que, de ellas, pudieron llegar a las hoy gigantescas corporaciones transnacionales, con acciones donde «ha desaparecido» la burguesía como dueña.

En textos de Economía Política Socialista, con frecuencia se denomina a la propiedad privada capitalista de dos maneras, de acuerdo fundamentalmente con la experiencia de la leninista Nueva Política Económica (NEP, por sus siglas en ruso). Una es el capitalismo privado de nacionales en la industria, el comercio y la economía agropecuaria. La otra, el indispensable capitalismo de Estado, vinculado principalmente con las empresas mixtas entre el Estado y capitalistas extranjeros o nativos, y las arrendadas a estos dos últimos actores, de manera temporal en ambas modalidades (Arsénev et al., 1976: 19-20; AA.VV., 2003: 15-6).

El principal germen de futuro que este tipo de propiedad aporta al socialismo está en la organización y dirección de las agrupaciones empresariales, su máxima expresión.

Una polémica contribución del capitalismo avanzado del siglo XIX al socialismo es el de los monopolios puros.[4] Marx (que conoció de commodities y de servicios asentados en redes) apuntó que el monopolio

equivale a la supresión del régimen de producción capitalista dentro del propio régimen de producción capitalista y, por tanto, a una contradicción que se anula a sí misma y aparece prima facie como simple fase de transición hacia una nueva forma de producción. (Marx, 1973b: 456-8)

Como ya se expresó, en el socialismo el monopolio garantizaría la planificación en la rama o subrama de que se trate. El monopolio inédito de ramas de marcas comerciales no debería considerarse socialmente pernicioso, como demuestra la experiencia histórica de General Electric, ampliada en la sección final de este ensayo. Esta es una idea clave en la construcción socialista.

Sin embargo, en contraposición con los monopolios, los latifundios capitalistas no aportaron ni aportan soluciones al socialismo en materia de organización y gestión. Marx consideraba que la ciencia y la técnica «solo pueden emplearse con éxito si se cultiva la tierra a gran escala» (Marx, 1973d: 306), pero la colectivización de la agricultura socialista no ha proporcionado, excepto en el caso de las cooperativas húngaras (Mari, 1982), los resultados esperados.

Un asunto también pendiente de solución conceptual en la construcción socialista es cómo canalizar empresarialmente en ella las ideas talentosas. El caso del famoso y lucrativo Cubo de Rubik, que de una modesta cooperativa fabril húngara fue transferido por su creador a la gran compañía estadounidense Ideal Toy (Vega, 2018: 94), constituye una lección para las experiencias socialistas actuales.

En su momento, la NEP y Hungría marcaron pauta en el despliegue limitado de este tipo de propiedad para sus nacionales (Mari, 1982; Peña, 1984: 117-8; Rafuls, 2007: 2), pero hoy China y Vietnam han superado esas experiencias, países que no solo han normado la estratificación de sus mipymes y adoptado una lista reducida de actividades prohibidas para estas, sino que permiten grandes empresas, incluso grupos, en la mencionada propiedad (Aise, 2015; Díaz, 2015). 

La política en relación con la participación de nacionales en este tipo de apropiación, como en el anterior, es un asunto pendiente de consenso teórico. Su autorización también pugna entre si debe ser discrecional o asentada en una concisa relación de actividades vedadas. 

Propiedad privada cooperativa  

El Dr. Jesús Cruz (2013) define la cooperativa como «una asociación de personas copropietarias de una organización económica creada con la unión de recursos de sus miembros, conducida conjuntamente por estos, y basada en la cooperación consciente y voluntaria» (28).

En textos sobre economía política socialista se ubica este tipo de propiedad como parte del sector socialista, junto con la propiedad estatal (Arsénev et al., 1976: 18; AA.VV., 2003: 15). Sin embargo, por sus valores en materia de dirección y gestión democráticas, así como en cuanto a la distribución —ajena al uso del salario— de los resultados del trabajo, el cooperativismo es en realidad un germen de futuro en la conformación de la llamada propiedad individual.

Marx (1973c) planteó que el gran mérito del movimiento cooperativo en el capitalismo

consiste en mostrar que el sistema actual de subordinación del trabajo al capital, sistema despótico que lleva al pauperismo, puede ser sustituido por un sistema republicano y bienhechor de asociación de productores libres e iguales. (82)

Él instó a los trabajadores de su tiempo a socavar los cimientos del sistema económico capitalista, creando preferentemente cooperativas de producción (82). 

Lenin consideró a las cooperativas como empresas privadas, pero colectivas, cuando no empleaban medios de producción del Estado. Si los utilizaban, no las distinguía de las empresas socialistas (Lenin, 1981b: 790).

Ernesto Che Guevara opinaba que una cooperativa, en tanto propiedad privada de un grupo, «no es una forma socialista» (Guevara, 2006: 19).

Antes de morir, Lenin comprendió más profundamente a Marx, en cuanto a la importancia estratégica del cooperativismo para la nueva sociedad, al plantear el apotegma «el régimen de los cooperativistas cultos es el socialismo» (Lenin, 1981b: 789).

Al respecto, en el llamado socialismo real, solo Hungría descolló en cuanto al uso multisectorial de este tipo de propiedad (Bognar, 1969: 118-9; Peña, 1984: 18 y 117-8).

Hoy, China y Vietnam, luego de reducir sustancialmente la actividad cooperativa en la agricultura al comienzo de sus reformas, intentan relanzar sobre nuevos pilares este tipo de propiedad en el sector.

Expandir las cooperativas y su cultura son retos legados por la teoría y las experiencias del socialismo realmente existente.

Propiedad estatal

La propiedad del Estado en actividades productivas se inició en la formación económico-social esclavista y llega hasta nuestros días. La expresión administrativa más usual en su historia no reciente ha sido la de su gestión también estatal, en el sentido de que el aparato burocrático gubernamental —en el que los ministerios han desempeñado un papel intrusivo— se reserva para sí las decisiones fundamentales.

En los diferentes sistemas políticos, el tipo de apropiación estatal afrontó, generalmente, conocidos problemas de e ciencia en su devenir (Tiagunenko, 1991). Esto se asocia al hecho de que el sujeto que ejerce los derechos correspondientes —a diferencia de los tipos restantes— ha sido marcadamente impersonal; entidades estatales lo representan.

Una vez cumplido con el gravamen sobre las utilidades, el disfrute personalizado de estas y la toma de decisiones son determinantes en el ejercicio consecuente de la propiedad o gestión en las empresas, lo que debe entenderse, incluso en la esfera estatal, y cada vez más en esta última, como algo inherente a la condición humana, paso inicial para poder competir por el éxito.

Sobre este tipo de propiedad Engels (1975a) expresó, aunque «la propiedad del Estado sobre las fuerzas productivas no es la solución del conflicto […] alberga ya en su seno el medio formal, el resorte para llegar a la solución» (444). O sea, la propiedad estatal aportaría el espacio legal y permitiría el mecanismo para separar la gestión de esta, como germen de futuro. En el siguiente punto se expondrá cómo interpretar el anterior planteamiento de Engels para resolver el problema.

En libros sobre economía política socialista se identifica este tipo de propiedad, evidentemente junto al entorno correspondiente, como el actor principal del sector socialista (Arsénev et al., 1976: 18; AA.VV., 2003: 15). Sin embargo, la experiencia demuestra que la gestión descentralizada y organización de este, en su relación con la planificación, es un problema pendiente de una solución socialista.

Mientras esta última se esclarece y asimila, es interesante valorar la concepción de Gobierno Corporativo de Empresas Públicas (GCEP), desarrollada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), a mediados del año 2000 (Ibargüen y Bernal, 2016). El GCEP está destinado a modernizar las reglas de funcionamiento, relaciones y contrapesos entre los tres niveles más elevados de las empresas y agrupaciones estatales: la propiedad, los consejos de dirección o administración y la alta gerencia. Antes de culminar 2017, China esperaba finalizar la reforma sobre Gobierno Corporativo en sus principales empresas estatales (Xinhua, 2017).

Según Alfredo Ibargüen y Andrés Bernal, el GCEP se acompaña frecuentemente por la llamada Entidad Central de Propiedad Pública (ECPP), la que, con su filosofía concentradora y descentralizadora a la vez, está destinada a eliminar los criticados múltiples rostros de la propiedad estatal. Una entidad similar aglutina las principales empresas estatales en China y Vietnam, así como en disímiles países.

Otro crítico tema retrasado teóricamente es la asignación de utilidades empresariales al Estado como inversor y dueño, adoptado hasta el nal por la Unión Soviética (Harnecker, 1987: 10), en contra de la práctica radical de Hungría y Yugoslavia (Bognar, 1969: 114; Molina, 2016: 86). Más adelante se traerá a colación lo que, sobre ello, fundamenta Marx. 

La propiedad individual 

El 21 de julio de 1988, transcurridos más de setenta años de la Revolución de Octubre y con la perestroika ya en una situación desesperada, Mijaíl Gorbachov propuso en una reunión del Buró Político «poner al descubierto el verdadero contenido del concepto de propiedad socialista» (Vorotnikov, 1995: 235). Ello representaba —y aún representa— una carencia evidente desde hacía tiempo, pero que posiblemente nadie hasta entonces se había atrevido a expresar a esa instancia, en ningún país del llamado socialismo real.

Este tipo de propiedad es el único que no surge espontáneamente, sino que se diseña a partir de integrar los gérmenes de futuro explicados, combinándolos, como ya se fundamentó, con las leyes de la dialéctica. Obsérvese que cada germen ha funcionado por separado, por lo que la teoría marxista lo que propone es integrarlos.

La visión general al respecto se puede definir, «anatómica y fisiológicamente», como la de un único conglomerado estatal formado por grupos empresariales organizados ramalmente, base de la planificación ramal socialista, cuyas empresas se gestionan descentralizadamente de manera cooperativa, incluso en la agricultura.

Ante la citada polémica Unión Soviética versus Hungría y Yugoslavia, se debe recordar que Marx fundamenta que esta organización deberá ser totalmente autogestionada y autofinanciada, incluidas la reproducción simple y ampliada (Marx, 1975: 332), lo que daría la razón a los dos últimos países sin que tuvieran dicha visión en agenda.

El tamaño de sus unidades productivas debe ser grande, de acuerdo con la economía de escala que incorporar en la agrupación empresarial correspondiente, lo que se basa en la evolución de los grupos empresariales en el mundo.

La desaparición del aislamiento y el trabajo asalariado en las unidades productivas que integran el conglomerado estatal hacen que se anule lo privado en este, estableciéndose la propiedad individual a través de esa colectividad.

Las uniones de grupos no son una rareza en el mundo. Los cuatro gigantescos conglomerados japoneses (Zaitbatsu) son un ejemplo analizable. Asimismo, se hace necesario estudiar lo válido de la experiencia actual de Mondragón Corporación Corporativa, en el País Vasco.

Lenin (1918) dejó un olvidado y radical planteamiento, tanto político como técnico, para orientar en el futuro la organización de las agrupaciones empresariales socialistas:

Solo son dignos de llamarse comunistas quienes comprenden que es imposible crear o implantar el socialismo sin aprender de los organizadores de los trusts. Porque el socialismo no es una invención, sino la asimilación y la aplicación por la vanguardia proletaria, después de conquistar el poder, de todo lo creado por los trusts. (27)

No obstante, hay otros elementos trascendentales en la visión general planteada.

Marx y el eslabón perdido para separar la propiedad estatal de la gestión socialista

Carlos Marx plasmó en el tomo III de El Capital cómo en las grandes sociedades anónimas de la época se había separado la gestión de la propiedad del capital, lo que consideró un germen socialista (1973b: 457).

El mecanismo jurídico propuesto para la separación de la propiedad estatal de su gestión en el socialismo, tema obviado por la economía política, tuvo su origen en la fundamentación de Marx sobre la necesidad de nacionalizar la tierra y cobrar una renta por su uso (Marx y Engels, 1971: 49) que, al considerar la diversidad en la calidad del suelo, obligaba a una renta diferencial equivalente a su arriendo. Al ser la tierra un medio de producción, ello indujo a los fundadores a extender coherentemente el mecanismo de arriendo —a propósito, inexplicablemente pasado por alto por Lenin— [5] a los restantes medios.

Sobre la generalización del arriendo, Engels había sido enfático, en consonancia con Marx, al expresar:

Exactamente lo mismo que la abolición de la propiedad territorial no implica la abolición de la renta del suelo, sino su transferencia a la sociedad, aunque sea con ciertas modi caciones. La apropiación efectiva de todos los instrumentos de trabajo por la población laboriosa no excluye, por tanto, en modo alguno, el mantenimiento de la relación de alquiler. (Engels, 1973: 391)

Consultado el mismo texto en alemán por tres traductores de este idioma, estos coincidieron que la expresión Mietverhältnisses (Engels, 1975b: 273) debió traducirse al ruso y de este al español, como «relación de arriendo», no «de alquiler».

La sede central del conglomerado mencionado sería la máxima responsable del cumplimiento del contrato de arriendo, entendido como permanente que, además, velaría por el interés social.

Por su relevancia, este hallazgo debe ser analizado académica y políticamente con detenimiento. La idea de este resorte dice mucho del nivel de autonomía a que aspiraban los fundadores del marxismo, para los productores del socialismo.  

Marx y el destino de lo creado por las organizaciones productivas socialistas

Marx fundamentó un orden en el destino del producto social global que ponía en primer lugar las necesidades de la producción y de la sociedad. Si se obvia aquí lo que debía ser dirigido a la actividad productiva, lo destinado al consumo de la sociedad —al que hoy contribuyen también los actores no estatales—, incluiría los gastos generales decrecientes de administración no concernientes a la producción; la satisfacción de las necesidades colectivas crecientes (escuelas, instituciones sanitarias, etc.) y los fondos dirigidos a lo que llamó «la beneficencia social»; por ejemplo, a los incapacitados para el trabajo, etc. (Marx, 1975: 332-3). Sin expresar desde el presente, lo que habría que adicionar, solo después de todo esto se procedería a la retribución de los productores individuales que, por supuesto, deberá satisfacer las necesidades racionales de estos. Un principio, si bien obvio, debe quedar aquí claro: no se puede distribuir más de lo creado. 

Nótese que lo que se aportaría a la sociedad por la organización productiva socialista son fondos con destinos específicos. Marx ya no contempla el pago al Estado por el arriendo de los medios de producción, lo que hace pensar que asumía el paso a su usufructo gratuito, culminada la transición socialista.

De todas formas, la aplicación práctica de estas concepciones es de una indudable complejidad, por lo que requerirá de los estudios correspondientes.

Todo lo tratado hasta aquí resulta una necesaria referencia que profundizar, para impulsar en Cuba la construcción socialista a partir de las particularidades de su universo empresarial.

Tipos de propiedad y construcción socialista en Cuba

Debe comprenderse que los tres valiosos documentos aprobados recientemente en la Isla (PCC, 2017) tendrán que complementarse con la necesaria actualización, científicamente fundamentada, de la economía política de la construcción socialista que requiere el país.

En relación con ello, las principales formas de propiedad vinculadas al universo empresarial, aceptadas en dichos documentos (socialista de todo el pueblo, cooperativa, mixta y privada),[6] pueden interpretarse con mayor profundidad sobre la base de los tipos de propiedad y de gestión aquí descritos, y de sus desempeños históricos seleccionados.

Al analizar las empresas de propiedad socialista de todo el pueblo (estatal), un aspecto notable es el elevado aporte que hacen al Estado como inversionista y propietario: 50%, como mínimo, de las utilidades, después de pagado su impuesto (R 208/2014), lo que debe ser gradualmente reducido y diferenciado por sectores. A la vez, debería comenzarse los estudios sobre la posible viabilidad de la visión estratégica propuesta por Marx al respecto, ya expuesta en el punto correspondiente, coordinándola con los tributos del resto de los actores.    

 

Esta forma de propiedad tiene hoy su principal desafío en que las agrupaciones empresariales que caracterizan su manifestación productiva adquieran una organización y dirección modernas.  

Por ejemplo, como regla deberá elevarse su economía de escala, a partir de que permanezcan y se generen en ellas solo grandes unidades productivas que las fortalezcan ante los competidores de cualquier dimensión y propiedad, lo que las equipararía a sus similares internacionales. Ello contribuirá además a precisar los medios fundamentales de producción en la economía y a orientar el comportamiento estratégico ante la inversión extranjera que se inicie, como pequeña o mediana empresa, y que se incorporaría en el futuro a la agrupación empresarial pertinente.

Lo anterior debe acompañarse de medidas institucionales que propicien las buenas prácticas de gobierno corporativo, autonomía y organización interna que aplicar por las sedes centrales de las agrupaciones, lo que debe repercutir coherentemente en la dirección de las empresas y unidades que integran los grupos.

Igualmente, las agrupaciones deben, en su momento, ser controladas, como meta intermedia, por la ya tratada ECPP, recurso que liberaría de atenderlas a los altos dirigentes designados por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. 

Las agrupaciones deberían también organizarse paulatinamente por ramas y subramas para fortalecer la especialización y la crucial planificación ramal. Aunque pueda parecer insólito, no debe existir temor por la concentración monopólica, incluso de marcas comerciales. En este sentido, el conglomerado diversificado General Electric demostró en la década de los 50, con sus «Divisiones de familias de productos o negocios»  —novedosas, por especializadas, en lo que respecta a dichas familias— que podía asumirse una competencia interna provechosa. En General Electric, los departamentos operativos de las Divisiones podían decidir elaborar productos esencialmente con el mismo valor de uso que otros hechos en la compañía, y rivalizar entre sí en diseños, aditivos, sistemas de distribución, esferas de utilización, marcas comerciales y precios descentralizados, sin dejar de considerar la repercusión que estos últimos podían tener sobre esa gran empresa (Cordiner, 1964: 55-6). De lo que aquí se trata es de no propiciar la competencia entre productos idénticos, lo que representa, junto con el manejo de los precios, una determinada armonía en la concurrencia interna.  

Teniendo en cuenta las mipymes extraídas de las agrupaciones industriales, estas deben pasar al tipo de gestión por arriendo temporal que más desarrolle sus fuerzas productivas y priorice, en lo posible, la gestión cooperativa. A propósito, las categorías de mipymes se deberán definir para nuestras condiciones y establecer las regulaciones correspondientes, prestando especial atención a la actividad industrial privada y cooperativa.  Esta última modalidad deberá ser mucho más estimulada a partir de una lista reducida de actividades no permitidas, mientras se alienta la cultura cooperativa. Por su parte, la mixta se observa bien orientada en los documentos aprobados (PCC, 2017: 7-8).

Por último, la forma de propiedad privada autóctona (comprendida en su bifurcación individual y capitalista) sería deseable desarrollarla en la primera variante, mediante una lista negativa de actividades que incluya a la familia cuando corresponda, pero controlando su posible paso a otro tipo.

En cuanto a la discutida variante privada capitalista, está y estaría presente en la modalidad mixta, la inversión 100% extranjera, las sucursales comerciales de firmas foráneas, en explotaciones agropecuarias de campesinos y usufructuarios de tierras, y en las actividades típicas de mipymes, presentes y por autorizar en el trabajo por cuenta propia.

La necesidad de desarrollar las fuerzas productivas y a la vez salvaguardar el proyecto socialista, ya explicado, requiere de un tratamiento particular a este tipo de propiedad.

Las ideas empresariales talentosas deben aprovecharse nacionalmente y prever también encausarlas por las vías ya enunciadas para la propiedad privada capitalista e incluso contemplar autorizarlas de manera independiente para una dimensión empresarial mayor por un tiempo discrecional —como sucede con las inversiones 100% extranjeras del país.

Al cesar estas últimas formas por una competencia estatal superior, rebasar la dimensión mediana o culminar los lapsos permitidos, se debe tener en cuenta la idea de Alec Nove de que «habría que elegir entre convertirse en una cooperativa o en una empresa socializada, con una indemnización adecuada para el empresario que la hubiera creado» (Sierra, 2013: 22-3).

Esta propuesta, que ratifica en unos casos y pretende perfeccionar en otros la estrategia de Cuba hacia los actores económicos en su modelo productivo socialista, puede ser útil también para la izquierda internacional; y, además, debe considerarse un homenaje a Carlos Marx —en buena medida desvirtuado por el llamado socialismo real—, en el aniversario 200 de su natalicio.

 

Notas

[1] El énfasis en todas las citas es mío (L.M.Y.).

[2] En el sentido marxista, el contenido de «la propiedad es la relación económica entre los participantes en la producción social con motivo de la apropiación de los bienes materiales: medios de producción y producto fabricado […] presupone obligatoriamente la existencia de uno u otro sujeto de apropiación» (Suvórova y Románov, 1986: 31). El Derecho burgués reduce la propiedad solo al derecho de apropiación de todos los componentes de la sociedad capitalista, lo cual pasa por alto la posición en relación con los medios de producción (5). En el marxismo el derecho de propiedad es una forma externa, secundaria, pero la experiencia vivida con el llamado socialismo real demuestra que debe tenerse muy en cuenta.

[3] La Ley de la unidad y lucha de contrarios representa en este caso la clásica pugna interna, antagónica y fundamental en la sociedad capitalista entre sus contrarios dialécticos: los obreros asalariados y los capitalistas, lo que condiciona el cambio. Pero la manera en que transcurre el proceso de desarrollo de la solución planteada, lo explica la Ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos, dado por la conversión, por voluntad política y lucha económica, de la propiedad privada multiplicada que caracteriza la producción capitalista, en una sola agrupación cualitativamente nueva de productores, que entraña también un sistema único de producción.

[4] Con frecuencia se emplea mal el término «monopolio» en el sentido marxista, asociándolo a las corporaciones transnacionales e internacionales o a situaciones en que una empresa, en un contexto oligopólico (pocos vendedores) alcanza una determinada cuota de mercado.

[5] Por ejemplo, su trascendental obra El Estado y la revolución (1917) —ideal para tratar el asunto— no lo aborda.

 

[6] La forma de propiedad de las Organizaciones políticas, de masas, sociales y otras entidades de la sociedad civil cubana es muy poco significativa en lo empresarial.

 

 
   

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