*Panel de debate del Último Jueves de Temas, realizado en abril de 2019.

Rafael Hernández: Este tema lo hemos tratado antes en la revista, hemos dedicado un número completo a las implicaciones sociales, históricas, culturales y políticas, de los deportes, y publicado varios ensayos sobre esta temática. En este panel nos proponemos, fundamentalmente, intercambiar en torno al impacto de los deportes masivos, no solamente el beisbol y el fútbol, en la esfera pública actual, y lo que revelan acerca de la sociedad y la cultura contemporáneas; en otras palabras, qué nos dice el deporte masivo acerca de nosotros mismos y de lo que nos rodea. La primera pregunta es: en qué medida el deporte masivo tiene una significación que va más allá de las canchas deportivas, de los estadios, del significado mismo que el deporte tiene como actividad; o sea, sus implicaciones culturales, sociales, qué significa en la sociedad contemporánea, por qué es importante y por qué se convierte en una pasión.

Yumilka Ruiz: En la actualidad estoy formando parte de la Comisión de Deporte y Sociedad Activa, del Comité Olímpico Internacional; es decir, trabajo directamente con el deporte y la sociedad. En las sociedades contemporáneas la gente ve el deporte como una forma de vida, no solo como una profesión. Los no profesionales lo utilizan para divertirse, tener una forma de vida sana en la que se puede conocer, compartir la cultura.

Hemos participado en diferentes eventos internacionales en los que se está utilizando muchísimo la bailoterapia, que es una de las actividades en la que la gente se divierte, comparte, y considero que es muy bueno para el ser humano poder practicar el deporte de esta forma masiva.

En lo que he podido apreciar, durante todo el tiempo dedicándome al deporte en Cuba, tenemos muchísimo desarrollo en el deporte masivo, no solamente en el beisbol o el fútbol, sino en otros. Hay algunas disciplinas que antes eran masivas y ya forman parte del programa olímpico; y otras, por ejemplo, el beisbol five, —aquí lo conocemos como La Manito o Cuatro Esquinas—, que ya son reconocidas internacionalmente como tales. Se trata de buscar que la juventud se incorpore masivamente a practicar diferentes deportes. Lo fundamental es que no caigan en malos vicios, que puedan participar de manera sana en la práctica deportiva.

Rudens Tembrás: No hay una única manera de afrontar una pregunta tan amplia como esta, y que en una misma respuesta no podríamos dar una sola versión del asunto.

El deporte es uno de los grandes inventos de la humanidad, que ya no tiene barreras geográficas o históricas. Es un fenómeno extremadamente amplio, y muy presente en la vida de las personas en cada sociedad, con muchas expresiones, y tiene una mirada humanista hacia lo positivo en lo físico, en lo psicológico, y potencia valores como el compañerismo, la sana rivalidad, el esfuerzo, la competitividad sana. El deporte masivo pondera todos esos valores en su versión primigenia, originaria, la que se da en el grupo, en la tribu, allí donde se practica, en el campo, en la escuela.

Hay millones de personas en el mundo que se relacionan con el deporte porque lo consumen en un enlatado, en la televisión, y no lo practican; algunos porque no tienen voluntad, otros porque no tienen tiempo, o condiciones reales para hacerlo, y su vínculo es a través del consumo pasivo. Eso tiene impacto positivo indudable, pero hay que recordar que la esencia del deporte es jugar, divertirse, mejorar físicamente, hacer relaciones. A lo largo de la modernidad y la posmodernidad —si podemos hablar de ese concepto— el deporte profesional ha estado arrastrando un conjunto de flagelos: el dopaje, la trampa, la extrema mercantilización, el engaño, el fraude, y otros, desde el punto de vista económico, político, de salud, etc.

El circo romano simulaba una guerra en que las personas tenían mucho que perder y muy poco que ganar, y ahora el deporte ha entrado en otra fase, donde hay mucho dinero rodando, mucho más que el que pueden dedicar algunas naciones para enfrentar males de la sociedad como el hambre, las enfermedades, etcétera. Por tanto, no hay una única hipótesis en torno a qué significado tiene hoy el deporte: es vida, es humanismo, es exaltación de los valores más importantes del ser humano, y es también negocio, fraude, comercialización extrema.

En ese ámbito, buscar un modelo justo, que contribuya al desarrollo social, es el gran reto que tienen las sociedades. Hay países donde el Estado controla la actividad con una mirada humanista y que tribute al sentimiento nacional, al proyecto de país, y hay otros donde eso se ha desregulado completamente y se han impuesto las lógicas del capital alrededor del deporte.

En términos de valores, han pasado muchas cosas, entre ellas cómo el concepto de nación se ha ido sustituyendo, paulatinamente, por el de club, y las personas generan muchos más sentimientos hacia su club que hacia su país; y eso, en términos identitarios, ha tenido un papel y, además, articular un sistema de deporte de naciones con uno de clubes es muy difícil, sobre todo para los pocos países que todavía siguen defendiendo un modelo de deporte nacional.

El espacio deportivo no puede ser, a mi juicio, uno desregulado, porque en el tiempo de ocio se vehiculan objetivos de poder muy fuertes y, obviamente, sirve para todo: para decir qué cerveza consumir, qué tipo de vida tener, qué ropa comprar, pero también debe servir para decir que hay un modo de vida sano, legal, ordenado, juicioso, apartado de flagelos. En fin, el deporte tiene una influencia muy grande en las representaciones que las personas tienen de la vida, es una vía sólida para cuestiones ideológicas, culturales, políticas. No se le puede ver separado de eso; aun cuando hay un discurso público que intenta despolitizarlo, no conozco ninguna experiencia que esté completamente desligada de eso.

Leonardo Padura: Me siento honrado por estar rodeado de estos dos caballeros, y especialmente de estar cerca de esta dama, verdadera gloria deportiva en todos los sentidos. Ellos tres son profesionales del deporte de manera diferente, es decir, viven dentro del deporte, yo vivo al lado de él, pero viví muchos años dentro de él.

Cuando yo estaba en tercer grado tenía 66% de asistencia a la escuela, y mi madre, que hoy tiene noventa y un años, me dice: «Tú salías de la casa todos los días para la escuela, ¿cómo es posible que tuvieras 66%?». La única explicación, la lógica, la verdadera, es que en mis primeros dieciocho años de vida yo dediqué más tiempo a jugar pelota que a cualquier otra cosa. Yo quería ser pelotero, incluso quise ser periodista deportivo. Iba a pedir periodismo cuando terminé el preuniversitario, pero ese año la organización y planificación socialista cubana determinó que en Cuba había suficientes periodistas y que no hacía falta que abriera la Escuela de Periodismo. Por ello terminé estudiando Literatura Hispanoamericana, en la Universidad de La Habana, y mi vida cambió por completo.

Años después, cumplí parte de mi sueño cuando pude hacerles varias entrevistas —en un libro que se llama El alma en el terreno, junto con Raúl Arce, el periodista de Juventud Rebelde— a peloteros que habían sido mis paradigmas, mis modelos, cuando yo era un niño que quería llegar a ser pelotero. Ahí están Agustín Marquetti, Pedro Chávez, Urbano González, Manuel Alarcón.

Lo digo para que se sepa hasta qué punto soy un consumidor de deporte, lo he sido toda mi vida; un practicante sin condiciones excepcionales, pero muy dedicado. Al no ser buen pelotero, tal vez hubiera podido ser un buen manager, porque lo que mejor tenía jugando pelota era la picardía, saber qué hacer en determinado momento, y todavía lo sé. Cuando veo que los managers hacen determinadas cosas, digo: «Pero qué bruto es este cabrón, lo que había que hacer era esto otro». Tengo esa relación muy visceral, sobre todo con la pelota, pero me gusta también el fútbol. Vi un partido que narraron Renier y Sergio, donde ocurrió algo que Rudens acaba de mencionar: un equipo inglés donde no había un solo jugador de esa nacionalidad; puede ser que hubiera alguno nacionalizado, no lo sé, pero ninguno era inglés de origen. Es lo que está ocurriendo en el deporte actual. Hay un fenómeno histórico que no quiero dejar de mencionar a pesar de que se nos convoca a la contemporaneidad, y tiene que ver con Cuba y el beisbol, con la importancia que tuvo, para la formación de la identidad, de la cultura, del sentimiento de pertenencia cubano, la práctica de ese deporte en el siglo xix. Como se sabe, el beisbol llega a Cuba a mediados del siglo antepasado. Los primeros juegos organizados son de la década de 1870; las ligas profesionales y algunas amateurs surgen a finales de siglo; y todo ese proceso está ocurriendo justamente en el momento en que Cuba está consolidando su condición de nación con el inicio de las guerras de independencia.

Todos sabemos, porque esto nos lo enseñan desde tercer grado, que la primera medida que tomó Carlos Manuel de Céspedes en el ingenio La Demajagua cuando decide levantarse en armas fue darles la libertad a los esclavos. Si nos ponemos a ver, el carácter militar de esa decisión tenía justificaciones, tenía una lógica pero, sobre todo, constituía un hecho simbólico; era considerar que también los negros, que en una o dos generaciones anteriores habían venido de África, eran parte de ese pueblo cubano que iba a comenzar a luchar por convertirse en un estado nacional. Ese es un hecho de los más importantes en la historia de la Isla, simbólica e históricamente.

De manera paralela, se estaba comenzando a jugar beisbol en Cuba y cada vez eran más las personas que lo practicaban. Llega a Cuba porque un grupo de jóvenes de la alta burguesía cubana había ido a estudiar a los Estados Unidos, se aficionan a este juego que comenzaba a practicarse en los estados del norte de ese país y lo traen. De alguna manera, se van sumando otras personas cercanas a ese grupo social, y de distintos estratos sociales, incluso de distintos orígenes étnicos; y así el negro entró en el beisbol cubano.

Junto con esto, ocurre otro fenómeno que también está historiado, y es que la gente realmente iba a una representación festiva en aquellos primeros estadios que existieron: el Palmar de Junco, en Matanzas, el Almendares Park, en La Habana, y en esos lugares funcionaba una especie de verbena, iba una orquesta danzonera; es el momento en que se crea el danzón de Miguel Faílde. O sea, no por gusto, en un período de cinco o seis años, se produce el levantamiento de La Demajagua, surge el danzón y se comienza a jugar beisbol en Cuba, entre otros acontecimientos que ocurren en ese momento. Por tanto, la Isla estaba preparada para convertirse en una nación, y empiezan a surgir, constantemente y de manera muy acelerada, signos de esa identidad propia. En estos juegos de beisbol a los que la gente iba con sus mejores galas, los hombres con sus sombreros de pajilla, las mujeres con sus sombrillas, al terminar el juego había comida y baile, y ese baile era amenizado, en lo fundamental, por orquestas danzoneras integradas, en su mayoría, por músicos negros y mulatos.

Ese cruce de elementos raciales, culturales, económicos, a través del espectáculo que significó el beisbol, fue uno de los elementos más importantes en la consolidación de un concepto identitario cubano. A veces se dice que el beisbol pertenece a la cultura cubana, yo digo que está más allá: pertenece a la espiritualidad cubana, el espíritu de lo cubano se forja también en el beisbol.

En el siglo xx hay momentos gloriosos de la pelota cubana: todas aquellas series mundiales en que Cuba fue campeón, con gran rivalidad con los equipos de Venezuela de aquella época; empiezan a llegar jugadores cubanos a las Grandes Ligas; hay un Adolfo Luque que se convierte en una gran estrella, y el recibimiento que se le hace en Cuba en el año 23 o 24, cuando gana veintipico de juegos en las Grandes Ligas, fue uno de los acontecimientos más grandiosos que se produjo en La Habana. La gente lo llevó casi en una carroza, hasta el Almendares Park donde habían puesto en el home un automóvil que el pueblo de la capital le regalaba. Luque, que por cierto era blanco —tipo cetrino—, tenía apodo de negro, le decían Papá Montero, porque era guapo y se fajaba, y dirigía fumando tabaco y con un cuchillo en la cintura; es decir, era la imagen misma del cubano y uno de los personajes más conocidos y más influyentes en la sociedad cubana.

Todo esto se hereda en el año 1959, pero en ese momento se produce un corte histórico importante en Cuba, el triunfo de la Revolución. En 1960 desaparece la Liga Profesional Cubana, y en 1961 surgen las series nacionales. La gente llenaba los estadios para ver a los equipos Almendares, Habana, Cienfuegos y Marianao, o iba al universitario a ver la liga amateur, que también era de un alto nivel, pero racista, ahí no podían jugar los negros. Y entonces ocurre el gran milagro deportivo cubano del beisbol cuando esas mismas personas empiezan a asistir a los terrenos para ver equipos nuevos y jugadores completamente desconocidos, y más que eso, al espectáculo de la pelota. El beisbol volvió a ocupar un espacio en la realidad y en el imaginario cubano. Inmediatamente comienzan a aparecer figuras que se van convirtiendo en mitos. Mencioné algunos de los que entrevisté para mi libro, pero la lista de ellos es infinita y van creando una nueva relación de pertenencia entre la sociedad y este deporte.

Me he centrado específicamente en el beisbol y su relación con la nación, y he hecho toda esta historia, para llegar al punto climático de esta primera parte de mi intervención: estoy muy preocupado con lo que ha ocurrido en los últimos años con el beisbol en Cuba. Estamos hablando no solo de una práctica deportiva, de un ejercicio de ocio saludable, sino de un componente esencial de la espiritualidad cubana que, fundamentalmente, está en peligro por malas políticas aplicadas al beisbol.

Rafael Hernández: Renier, ¿qué significa el deporte masivo en la sociedad contemporánea?

Renier González: Para mí, el deporte es parte de la cultura de un pueblo y significa muchísimo para la identidad nacional de una nación, pero quiero referirme al amateur, el que practican los trabajadores, y esa palabra casi fue prohibida durante muchos años en nuestro país, y hay que rescatarla y darle el verdadero valor que tiene. Un ingeniero, un escritor, o un periodista es un profesional y no un amateur. Quiero hablar del deporte que practica ese profesional en su tiempo libre, porque considero que el masivo es el verdadero y el que debemos rescatar como fuente de salud, de confraternidad entre las personas, a esas que cuando terminan en su centro de trabajo van a la Ciudad Deportiva y corren, o juegan softbol, o van a un gimnasio.

El deporte masivo refleja la salud mental, espiritual, de los individuos, y también, en lo intrínseco de la palabra, de una sociedad. Nosotros tuvimos etapas muy buenas en eso; después, con el Período especial, como pasó en gran parte de toda la sociedad cubana, hubo un bajón grande en este sentido, que se ha ido recuperando en los últimos tiempos; por ejemplo, con los maratones populares, los torneos de trabajadores, que desaparecieron en un momento dado. Antes de 1990 o 91, también formó parte de la escolaridad con las pre- EIDE, las EIDE, que daban masividad a nuestro deporte, y tenían grandes capacidades. Eso se perdió también totalmente, y ojalá algún día lo podamos recuperar.

Rafael Hernández: Cada uno ha colocado un grupo de cosas. Quisiera rescatar algunas para introducir la segunda pregunta que queremos discutir, y darle oportunidad al auditorio de que haga sus preguntas.

El deporte como actividad asociada con la salud física y mental, con la educación de las nuevas generaciones, en su significación para la cultura nacional y su historia o de la espiritualidad nacional, el deporte como una especie de religión; Rudens mencionaba el tema de la mercantilización, del circo, de cómo los clubes pueden desplazar o reemplazar la identidad nacional, la espiritualidad, y convertirse en otra cosa, como un reforzamiento de otras identidades. Padura nos recordaba que este deporte, como lo conocemos hoy se inventó en los Estados Unidos, y se ha convertido en un elemento de nuestra cultura. Esto daría para otra discusión más allá del deporte.

En un panel, sobre el beisbol, que tuvimos en este mismo lugar, hace dieciséis años, se llamaba la atención acerca de en qué medida contribuía a crear una especie de modelo de diálogo y de debate público. ¿Realmente, el deporte y su discusión en la esfera pública están ligados a fortalecer valores cívicos? Cuando las Avispas y los Leones se enfrentan ¿lo que le pasa a la sociedad, tiende a fortalecer la unidad nacional, o los valores cívicos presentes en ella? No estamos fuera del sistema solar; en otros lugares del mundo, las furias que se desatan en torno al deporte dan lugar a enfrentamientos, a veces sangrientos, entre la gente.

En aquella sesión de hace dieciséis años, Rufo Caballero —que lamentablemente ya no está entre nosotros— y Arturo Arango tenían posiciones opuestas; Arturo decía «que no le parecía que el debate sobre el beisbol fuera un modelo de debate civilizado, porque la gente se insulta, no escucha lo que dice el otro, se pone frenética y se enfurece en defensa de su equipo». Rufo decía: «De todas maneras, cuando paso por el Parque Central y veo al grupo que está ahí discutiendo en torno a la pelota, esa vibración, esa pasión, ese entusiasmo por intercambiar argumentos y no simplemente aplastar al otro, me parece que es una expresión culturalmente válida, interesante y enriquecedora»

Partiendo de eso, mi segunda pregunta es ¿en qué medida contribuye a la cultura del debate esa pasión deportiva, que no tiene que limitarse al beisbol o el voleibol, puede también relacionarse con el fútbol? De qué manera promueve qué tipo de debates, qué tipos de dinámicas dentro de la sociedad. ¿Es un modelo de debate responsable? ¿Es democrático, o esas pasiones deportivas también están atravesadas por cosas enajenantes y confrontacionales?

Renier González: Las pasiones dentro del deporte son positivas y siempre son enriquecedoras, y son bien democráticas y, más ahora, con el uso de las redes sociales, donde uno puede expresar sus criterios como mejor le parezca. A veces el exceso de pasión lleva a la falta de respeto y a que se nuble la idea, pero son menos los casos. Cada cual tiene derecho a expresar lo que piensa sobre un tema deportivo, siempre que lo haga con el debido respeto.

Todos tenemos una opinión, y hay que escuchar a todos. En Cuba decimos, por ejemplo, ya que estábamos hablando del beisbol, que cada persona es un mánager y cada uno tiene una opinión, y a pesar de lo que Rafael decía sobre ese debate de hace dieciséis años, no es una discusión bruta cuando se trata de vencer con argumentos a quien tiene otro criterio.

Siempre será enriquecedor un debate deportivo, pues se pondrán a prueba los conocimientos de quienes están dentro de él. El deporte es una fuente que enriquece la cultura de la sociedad, y no podemos hablar de Cuba como nación separándola del deporte, somos un país muy deportivo. En las condiciones socioeconómicas actuales, no se puede tener los resultados de antes y, tal vez, no se volverán a tener. Ese retroceso deportivo duele tanto, y hay tanta pasión, que provocan muchas discusiones. Eso puede ser tema de un debate interminable en este momento, pero demuestra que el deporte es parte importantísima de la sociedad cubana.

Leonardo Padura: No puede existir práctica deportiva, como espectáculo, sin pasión. Esa parte del deporte, de que habla Renier, o sea, de la persona que va a un gimnasio, que corre, está coordinada, dirigida a determinados sectores, y tal vez pueda estar al margen de determinadas pasiones, pero, en esencia, el deporte genera pasión. Si no hay enfrentamiento, rivalidad, competencia, le falta algo. El deporte sustituye a una batalla; por ejemplo, todos los deportes con pelota, excepto el beisbol, son la reproducción de una batalla en la que un ejército trata de tomar el castillo del enemigo, en el fútbol la portería, en el básquet la canasta, invadir la otra cancha en el voleibol. En el beisbol, que tiene una filosofía racionalista que lo hace completamente diferente, el que gana es el que más veces «regresa a casa», y el equipo que está a la defensiva es el que tiene la pelota. Eso cambia por completo la esencia del beisbol con respecto a esos otros deportes.

La pasión deportiva tiene muchas maneras de manifestarse; sabemos que ha habido, en muchas partes del mundo, enfrentamientos entre fanáticos de dos clubes, dos equipos, dos países, que han terminado bastante complicados. En un país tan civilizado como Reino Unido no hay nada más incivilizado que un fanático del fútbol. He estado dos veces en estadios en Londres, y una vez en un tren de Liverpool a Londres después de un partido vi que había más policías que fanáticos porque siempre terminan a golpes. Además, todo el mundo estaba borracho.

Tengo la experiencia, recientísima, de haber estado en el Tokio Dome para ver un clásico del beisbol japonés: los dos equipos locales jugando, y el espectáculo parece una puesta en escena. Hay un momento en el que todos los fanáticos de los Gigantes de Tokio, que es un equipo que tiene sus insignias en un amarillo naranja, sacan una toallita que se les entrega a cada uno al entrar en el estadio, para que no le falte en el momento de sacudirla. Los del otro equipo, que van vestidos de verde, están en otro sector del estadio y cada uno hace lo propio en un momento determinado.

He visto beisbol en los Estados Unidos, y es un deporte al que van muchas familias a los estadios, y la gente canta en el momento en que hay que cantar, aplaude en el momento en que hay que aplaudir; con más pasión que los japoneses, por supuesto, que tienen otras características.

Y he ido muchísimo —ya casi no voy— a estadios en Cuba. El aficionado cubano se comporta como un cubano: quitarle la razón al otro, no oír su argumento. Ocurre en todos los sectores de la vida nacional, no solo en un juego de beisbol. Y lo que lamento es que uno siente que esa pasión deportiva comienza a desaparecer en muchos sentidos. En el beisbol ya no ocurre la misma pasión, ya no hay partidos de baloncesto y de voleibol como los que había hace unos años. Recuerdo el masculino de voleibol, en los finales de los 80 y principios de los 90. Cuba se paralizaba para ver los partidos Cuba-Italia. Y cuando jugaban las Morenas del Caribe, era la gloria ver jugar a ese equipo, que como todos saben fue el más grande del siglo xx con el entrenador más grande de ese siglo, y era realmente una manera de mostrar una pasión. Además, esas muchachas se convirtieron en modelo de un tipo de mujer cubana, y eso fue un elemento que, junto con la pasión, fue importante; igual que los jugadores de beisbol cubano de los años 60 se convirtieron en un modelo de comportamiento social.

Que los deterioros de la sociedad cubana hayan llegado también al deporte es una consecuencia lógica, han llegado a todas las manifestaciones de la vida. Siempre digo que el reguetón no es una causa, sino una consecuencia, estamos pagando con él las causas de una serie de fenómenos sociales, y en el deporte ocurre lo mismo. Ya en los estadios hay comportamientos nada ejemplares que, afortunadamente, la prensa cubana no les da divulgación. Es una de las pocas cosas que puedo celebrarle ante su silenciamiento de muchas otras. Pero sin pasión no puede haber deporte, sin rivalidad no puede haber deporte.

Rudens Tembrás: Hace poco, el presidente cubano expresó su preocupación acerca de una verdadera cultura física en la familia cubana, y puso un ejemplo clave: si las familias cubanas hacen lo imposible para que sus hijos no cursen Educación Física en la escuela, eso es sinónimo de que no hay cultura física, de lo que esa actividad implica en sentido general. Eso me lleva a un elemento que Padura adelantaba, y es que esa misma falta de cultura física influye a veces en el debate público. No hay integralidad para analizar el elemento clave que genera la pasión que es la calidad deportiva. Si no hay calidad, no hay espectáculo deportivo y, al mismo tiempo, cualquier análisis sobre el deporte que no analiza la sociedad, no tiene sentido, está fuera de contexto. Eso no lo acabo de inventar yo; está en una obra de Norbert Elias, filósofo alemán.

Por tanto, cualquier análisis que trate de explicar qué ha sucedido en el deporte cubano, en los últimos treinta años, tiene que examinar la sociedad, porque hay explicaciones que no están en el ámbito del deporte. Ha fallado la industria, el sistema educativo, los medios, las familias, y esto tiene que ver con el desate de las pasiones. Por eso digo que ha faltado integralidad en el análisis de la situación del deporte cubano; se le ha estado preguntando demasiado a ese sector y no a la sociedad, para tratar de buscar las respuestas al mega problema que tenemos.

Trataré de cubrir algunos temas de los que Rafael preguntó. Félix Julio Alfonso, historiador del deporte, uno de los hombres que más conoce del beisbol decimonónico cubano, ha dicho ante las cámaras de la televisión, que hay mucho debate estéril, porque si la pregunta es quién ganó o quién perdió, quién debió estar en el ala derecha o en el ala izquierda, quién debió ser el cuarto bate titular, no hemos entendido nada, pues hay un debate que tiene que ver con lo que el deporte significa en la sociedad.

No fueron pocos los esfuerzos que tuvo que hacer el INDER, en el contexto del acuerdo con las Grandes Ligas (MLB), para explicar que buena parte de la ruptura de la liga cubana, de la desaparición de la Serie del Caribe, y de lo que había sucedido con el vínculo del beisbol cubano y estadounidense, que tiene lazos increíblemente sólidos, no fue culpa de Cuba; hubo un contexto muy complicado que lo explica. Esto es desconocido por las jóvenes y no tan jóvenes generaciones de cubanos. Vuelvo entonces a la lógica del papel del conocimiento y de esa dotación cultural en torno a los fenómenos del deporte. Claro que discutir sobre deporte es una válvula de escape, porque si no se pueden debatir públicamente determinados temas, de ese se puede; pero hay mucho debate estéril. En una actividad tan medible como el deporte, si ganamos veinte medallas menos que hace cuatro años, ya no estamos bien, pero hay que preguntarles a los cubanos si quieren, en el contexto del siglo xxi, seguir siendo una potencia deportiva, seguir teniendo el segundo lugar en los Panamericanos, y el primero en los Centroamericanos; si quieren tener doscientos o trescientos atletas contratados en el exterior, en todas las ligas. Uno presume que la respuesta será positiva, porque también presume que la cultura deportiva y física en la nación cubana es un hecho consolidado. Sin embargo, hay mucho que explorar ahí.

Los fenómenos de agresividad, de violencia, por supuesto que tienen expresión en el deporte, como la tienen en las colas, y en todo. Padura lo decía, es lógico que en un espectáculo público la respuesta a un dead ball sea la que se manifiesta en determinados momentos, porque el deporte es consecuencia y es plataforma de expresión. Es en ese círculo en el que se mueve.

Termino respondiendo la pregunta inicial: el deporte es una plataforma donde hoy se expresa en directo o subliminalmente, explícita o implícitamente, muchas de las contradicciones de la sociedad. Hay quien debate por amor al deporte y hay quien lo hace porque quiere irle arriba al modelo cubano, y cuando pierde el deporte tiene la posibilidad de decir: «Esta es una expresión de cuán mal vamos», en las redes sociales, en los foros. Pero también el debate puede tributar al consenso, a la unidad, al orgullo patrio, pero es necesario que mejoren los resultados y que se llenen las expectativas de la gente, eso hay que construirlo como nación.

Yumilka Ruiz: Han dicho muchas cosas acerca de las pasiones deportivas, y de muchísimas cuestiones detrás de todo esto.

En el voleibol, estamos pasando, desde hace quince o veinte años, por un largo proceso de crisis. Todos en nuestro país vivían o aún viven enamorados del voleibol. Yo tuve la oportunidad de participar en cuatro Juegos Olímpicos en los que mi equipo ganó tres medallas de oro y una de bronce, que fue la más importante para mí, la más linda que pude obtener. Voy a contar por qué. Al regreso no pudimos llegar el día señalado. Nos bajaron del avión en Barcelona y nos quedamos ocho horas en un hotel. Después supimos, no sé si sería verdad, que fue porque el Comandante en Jefe no se encontraba en nuestro país y quería recibirnos. Cuando llegamos a La Habana, ya estaba al pie de la escalerilla del avión, esperándonos. Yo era la capitana del equipo, y debía bajar de primera, y me dice con estas palabras: «¿Ustedes creen que es fácil ver un partido de voleibol con un médico al lado tomándome la presión cada cinco minutos?, ¿me querían matar? Esta medalla que ganaron es como si fuera de oro», porque de nueve partidos que jugamos, excepto uno que perdimos, ganamos todos 3-2; y eso levantó la pasión en nuestro país.

Tienen que existir las pasiones, sean positivas o negativas; pero si son parte de nuestra sociedad, ¿cómo se deben analizar?, ¿qué se debe de hacer? Como se dijo antes, no todo se lo podemos dejar al movimiento deportivo cubano.

Nosotros los deportistas estamos junto con los periodistas, los entrenadores, con todos los que formamos parte del movimiento deportivo cubano, listos para seguir luchando, para seguir trabajando por el deporte, y seguir dándole cosas buenas a nuestro país, ya sea en la pelota, el voleibol, el fútbol. Vamos a estar ahí y decirles que confíen.

Rafael Hernández: Tiene la palabra el público; pero antes querría comentar lo siguiente: la carencia o la existencia de pasiones, convertidas en vectores del debate público no tienen un signo determinado; no significa que quieran cortarle la cabeza al otro. Nunca he oído un debate en torno al voleibol que suponga un enfrentamiento con nadie, o convertir al otro en un enemigo. Cuando Juantorena nos enseñó lo que eran los 400 metros, y esa carrera se volvió tan popular como la de 100, el que corría a su lado y perdió no era alguien con quien él se enfrentaba, o el que saltaba alto no producía una sensación de enfrentamiento con Sotomayor como la que tiene lugar, me parece a mí, entre los equipos de fútbol, que en un contexto completamente distinto al nuestro, en sociedades muy civilizadas, se quieren matar. Eso no tiene nada que ver con la cultura, ni con el desarrollo económico, ni con el estado del alma nacional. Quizás lo que genera que un deporte se convierta en un punto de enfrentamiento que excluye al otro, y no simplemente que se es apasionado, es algo más profundo que la situación que estamos viviendo en relación con la estabilidad económica del país; no porque esté desvinculado, sino porque hay factores presentes que incluyen otras muchas más cosas y que tienen que ver con la manera de convivir.

Milton Díaz Canter:  (Guionista y realizador de televisión. Tele Rebelde). Ante todo, agradezco a las personas que se preocupan por organizar este tipo de actividad, que es muy importante para el deporte y es algo excepcional.

Soy un privilegiado por oír a los panelistas que han hecho una radiografía de lo que es el deporte en el contexto social. Son personalidades altamente conocidas, incluyendo a Padura, uno de los máximos exponentes de la literatura hispanoamericana a nivel mundial.

El deporte es parte de la cultura, y de toda nuestra sociedad. El cubano sabe de deporte, y no solo hoy con las nuevas tecnologías que permiten hacer juicios a la ligera; hace muchos años, cuando no existía Internet, cualquiera podía escribir a un periódico y decir, «No me gustó lo que hizo Samuel con el equipo de voleibol, o si Alcides Sagarra no llevó a Fulano y llevó a Mengano» Se podía enjuiciar a todos. Eso no se puede hacer con otras actividades; o sea, que el deporte permite expresar criterios, aun cuando sean encontrados.

Ese milagro de que habló Padura, que el pueblo cubano asimiló los cambios en la pelota es cierto. Yo fui testigo. Me levanté a las cuatro de la mañana, cuando se inauguró el estadio Cándido González en el 64 o 65, para ver un juego entre Industriales y Granjeros, con Alfredo Street y Gregorio, el Curro, Pérez; los nombres de esas personas no se olvidan. En cuanto al deporte actual en Cuba, hay personas en la calle que me preguntan qué le pasa en Cuba o, más directamente, qué le pasa a la televisión; y yo digo: lo mismo que le pasa al Ministerio de Transporte, lo que le pasa a Cubana de Aviación, a Salud Pública; en todos hay problemas, y tenemos que ver cómo los resolvemos. El deporte debe interpretarse en su justo valor, para satisfacer las necesidades de este pueblo, porque eso es cultura, eso es identidad nuestra. Por ahí van las cosas.

Rafael Hernández: ¿Se acuerdan cómo los eventos de ajedrez Capablanca in Memoriam movilizaban el debate público, cómo ponían a todo el mundo a atender a lo que pasaba en el torneo? Ahora tenemos más Grandes Maestros que los que nunca tuvimos en los años 60, cuando todos eran maestros internacionales no había un gran maestro; ahora tenemos muchos, sin embargo, el Capablanca no tiene la misma resonancia. Quizás ese es un ejemplo sobre el cual podríamos tener una respuesta basada en características sociales y culturales que tienen que ver con el presente.

Renier González: La explosión que ha existido en el ajedrez hoy tiene que ver también con situaciones puntuales. Los maestros internacionales de los 60, hoy hubieran sido Grandes Maestros sin discusión, y en un contexto mucho más favorable que el que tuvieron ellos, que competían menos, y había menos información.

Rafael Hernández: Aun así, ¿cómo se explica que el ajedrez tenga menos resonancia?, ¿es acaso porque Fidel y el Che no están jugando al ajedrez?

Renier González: Ya no es lo mismo. Un comisionado de aquella época fue genial en toda la organización, y los Capablanca formaron parte de una identidad que se ha perdido en los últimos tiempos. Entre la élite mundial, llegamos a tener dos jugadores como Leinier y Bruzón, que ya no compiten por Cuba, y se da de todo…

Leonardo Padura: Estoy de acuerdo con lo que dice Rafael; en esa época la gente seguía el Capablanca, recortaba de los periódicos las partidas que se jugaban. A mi juicio, ha habido un problema gravísimo de promoción del deporte en Cuba. Ahora mismo, de los veinticinco peloteros cubanos que están en México, yo solo conozco a cinco. Antes salía en primera plana de los periódicos: «Mañana Alarcón contra Changa Mederos», y todo el mundo sabía de qué se trataba.

Rafael Hernández: ¿Cómo nos explicamos la declinación de la popularidad del ajedrez no asociada con la calidad de los jugadores, anterior al Período especial? ¿En dicha declinación en la cultura ciudadana cubana, en el debate público cubano, no tiene que ver el Período especial? Guarden esa pregunta para la ronda final.

Manuel Alonso: (Economista). El deporte es también expresión de lo individual; hay tipos fríos, como yo, y los hay que quieren coger por el pelo a cualquiera.

En cuanto a lo que se hablaba de las regulaciones, como economista soy amigo de ellas, pero hay que tener cuidado. Fui profesor de diecisiete ciclos del Diplomado de Administración Pública y le di clases a varias decenas de dirigentes del INDER y discutíamos de muchas cosas; les decía que cuando se pone el cedazo de la ideología a la hora de regular, hay problemas, porque eso divide a los nacionales, al pueblo, en unos y otros.

Otra cosa: a veces se habla mal de los videojuegos. El menor de mis hijos es programador de juegos de video en el Palacio de la Computación, y le consta que contribuyen a que nuestros combatientes de las FAR y el MININT sean mejores en su trabajo. Los pilotos, los soldados de infantería, los de artillería, las fuerzas de orden interior, de la Seguridad del Estado, todos esos juegan cada uno en su área, y eso, al igual que el ajedrez, despierta la mente.

Ahora bien, el deporte, o la educación física, están asociados con la salud, indudablemente; pero cuando lo convierten en una obligación: si suspendes estás en problemas, ahí vienen lo subterfugios del certificado médico, etcétera. El deporte tiene que ser una actividad natural.

Armando Pérez: (Dirección de Deportes de la Universidad de las Ciencias Informáticas, profesor titular en la Universidad del Deporte «Manuel Fajardo»). Vine a este panel a aprender; vengo a todos los Últimos Jueves de Temas, y lo primero que he notado es que es el que menos público ha tenido. Eso dice que hay mucho que hacer en pro del deporte. Y mucho que hablar.

Yo trabajo con un concepto que dice: «Las ciencias sociales han caracterizado al deporte como el rasgo distintivo de una sociedad» Eso es válido para un municipio, para una provincia, para una escuela. Otro concepto tiene que ver con lo que se ha dicho aquí: el deporte tiene muchas vertientes y finalidades, si se deja de desarrollar una sola de ellas el proceso es completamente mediocre.

Pierre de Coubertin decía que para que exista toda una población practicando deportes hace falta el campeón. Hay una relación, como él decía, entre el deporte de cualquier lugar y su estado social, y en Cuba es así; en los mejores momentos deportivos el sistema social cubano también estaba más estable. Si mejoramos el deporte desde la escuela, la sociedad va a mejorar.

Ahora bien, es responsabilidad de todo el mundo, no solo del INDER; el deporte es derecho del pueblo, pero también es deber. En mi comunidad estoy tratando de que los niños vayan a una actividad que hay los domingos, y no he logrado que los padres los lleven. Los llevan al parque de diversiones, al teatro, al zoológico, pero no a un espectáculo deportivo. Entonces hay que tener calidad, pero hay que desarrollar el movimiento deportivo masivo. En los juegos interfacultades, o los universitarios provinciales, no hay un solo profesor de ninguna universidad en las gradas.

El presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez destacó el maratón; yo soy el jefe del proyecto del maratón en la UCI, y llevo trescientas personas al Marabana y voy yo, para que no haya pretexto. Si hay un juego deportivo interfacultades tienen que asistir todos los profesores. El deber de un profesor universitario es estar en los escenarios con sus estudiantes, no solo en el aula; y eso ha decaído.

Israel Rojas, el de Buena Fe, decía que fue a un estadio, y la mitad de la gente iba a ver la pelota, pero la otra mitad iba a otra cosa. Entonces, hay que mejorar los espectáculos deportivos.

Andrés Dovale: (Profesor universitario jubilado). El deporte está dentro de la superestructura de la nación, y de acuerdo con el marxismo la superestructura depende de la base económica. En la nuestra, desde los años 90 para acá, salvo algunas cosas que han mejorado un poquitico, hay una tendencia en caída. Eso afecta todo, y ha afectado al deporte, en gran medida.

Pero, como han dicho los compañeros, es fundamental la masividad, el deporte era masivo en el capitalismo; por ejemplo, en todos los pueblecitos, en todos los barrios, había un campo de pelota y todos teníamos guantes, pelotas y bates. Ahora, aquellos campitos ya no existen.

Comparto lo que han dicho los panelistas sobre los valores que tiene el deporte. Soy fanático del beisbol, y cada vez que provincias como Ciego de Ávila, Las Tunas o Granma alcanzan un campeonato, aumenta la popularidad y se llenan los estadios; pero varios de ellos no tienen luces, y entonces deben jugar de día, con un sol terrible, y están en desventaja con aquellos que sí tienen condiciones, y se puede trasmitir su juego por la televisión.

Julio (Periodista). Hace treinta años, más o menos, la revista Correo de la UNESCO, que antes se vendía en Cuba, publicó un texto que hablaba de la Revolución francesa, y decía que el deporte era el nuevo escenario de guerra entre las naciones. Me pareció tan inteligente que todavía lo recuerdo. Como bien decía el profesor Rudens, el viejo concepto de nación de pronto ha dado espacio al de clubes.

En esta lógica, el sentido común nos indica que casi todos estamos a favor del deporte masivo; aun los que nunca lo practican coinciden en su importancia para la salud, para el bienestar. El impacto más importante que tiene es la salud psicológica, ese enfrentarse, competir, luchar por algo, influye en ella.

A lo que nos enfrentamos es a qué modelo de deporte debemos apostar dentro de nuestra nación. Hay una versión del campeonismo del viejo diseño soviético —que por cierto no se ha expresado aquí claramente—, que lamentablemente todavía sufrimos. Siempre me pregunto si los austriacos se preocupan tanto de tener medallas olímpicas. Me parece que hacen deporte; la gente corre pistas, hace training. A diferencia del diseño del campeonismo, está el de participación de la ciudadanía, de la comunidad.

Dovale hablaba de los juegos de pelota en el campo, que eran los domingos, en ese potrero que se le llamaba el estadio de la comunidad. Allá iba todo el pueblo porque, como decía Padura, el deporte era una gran fiesta. De pronto se convirtió en una entidad estatal con una importancia muy grande; o sea, volvemos al tema del Correo de la UNESCO: se convirtió en un escenario de batallas entre naciones y nos olvidamos de las personas.

Estando en Praga, hace unos cuatro o cinco años, me preguntaron sobre la situación del deporte en Cuba, y puse un ejemplo, de cómo Díaz Canter en un documental, le había dado continuidad a un grupo de personas que hacían carreras de carros en Artemisa. Yo lo decía como parte de la dualidad que existía: un sector estatal que apuesta muy fuerte por llevar el deporte al alto rendimiento y otros actores que lo promueven desde la comunidad y sus intereses. Él es un defensor de las carreras de motor, y cuando muchas entidades les retiraron el apoyo, las siguió promoviendo. Aunque no soy de motores ni mucho menos, quiero agradecerle directamente por ese gesto.

Aleaga Pesant: Un último comentario: me conmovió mucho cuando me explicaron por qué los jamaicanos corren tanto, o tan bien, y ganaban tantas medallas, y es porque tienen competencias desde la secundaria, que son de nivel nacional. Y cuando vemos el deporte de los Estados Unidos, como decía Padura, no es el equipo nacional ganándole al ruso, es el de Minnesota ganándole al de Washington, por ejemplo.

Javier Figueroa: (Embajador de Argentina en Cuba). Solo una pregunta: como todo argentino, totalmente ajeno a la pelota, es una gramática alienígena para nosotros. Pero en cuanto a lo que comentaban respecto a la contribución a la identidad nacional, hay una analogía con el fútbol. Este es mi segundo destino en Cuba, ya estuve durante diez años aquí; y ahora noto una enorme penetración del fútbol. La pregunta es, ¿esa penetración Cuba la toma como una especie de artefacto, de espectáculo, o como algo que puede hacer propio, desarrollando un lenguaje deportivo de cómo se juega, de cómo se ve y se trasmite el fútbol, o es algo como vemos Game of Thrones o una película en Netflix?

Rafael Hernández: Le doy la palabra al panel para decir lo que les parezca de las reflexiones y de los problemas planteados por el auditorio, y alguna otra cosa que se les haya quedado.

Yumilka Ruiz: Hay algo importante, desde mi punto de vista, y es que el deporte te permite expresar tu criterio; pero a lo que hemos llegado es que es una cosa maravillosa independiente de todos los problemas. Es verdad que tenemos que buscar más apoyo de la sociedad, que los maestros y los profesores estén junto con los alumnos. Apoyo lo que dijo el profesor Aleaga sobre el diseño del campeonismo, y el de participación, de la comunidad, pero hay que sumarlos, aparte de cuál es el mejor proyecto o el mejor diseño.

Sobre los videojuegos, parece que es verdad que ayudan desde el punto de vista que se expresó acá. Para mí son cosas nuevas. No sabía cómo estaban aportando, por ejemplo, a las fuerzas armadas o al Ministerio del Interior; pero desde el punto de vista deportivo, nos están golpeando muchísimo. Tenemos que tratar de sacar a los niños a los parques, a montar bicicleta, a jugar pelota, a que practiquen deportes al aire libre, sin quitarles todo el espacio de sus videojuegos. En casa tenemos un sobrino que tiene sus horarios para eso. Hay que planificar, es la mejor solución.

Rudens Tembrás: Gracias por la pregunta de si el fútbol es un fenómeno global. Preguntarnos si es o no estéril, es inútil. Ya llegó; siempre he creído que ha sido voluntad nacional que llegue. No sé si la escribieron, pero hubo una política en Cuba desde los años 90 de que se trasmitieran doce horas diarias de fútbol, y eso ha crecido indiscriminadamente, creo. Ha sido voluntad de la nación que veamos muchas horas de fútbol, y del mejor del mundo, y eso ha tenido un impacto en las nuevas generaciones, en las representaciones sociales del deporte, y en las personas que están allá afuera, y está generando su consecuencia: una audiencia ordenada, alistada, cada vez más conocedora del fenómeno del fútbol. No digo que sea negativo ni que está reñido con la pelota. En ese mismo tiempo, el beisbol entró en crisis no solo en Cuba, la MLB está seriamente preocupada porque están bajando los niveles de audiencia y los de visitantes a los estadios, y están creando artilugios para resolver el problema. Es más fácil jugar fútbol que jugar beisbol; y por tanto, todo un entramado complejo genera ese fenómeno.

El que vea al fútbol como un elemento contaminante no ha entendido nada. Hay que ponderar el beisbol nacional, hacer una política y ordenar un plan para que haya más posibilidades de jugarlo, pero que la sociedad cubana no vea al otro como un elemento desencadenante. En los últimos años, ha habido un debate poco útil sobre si uno se está comiendo al otro o si los dos se están cayendo a golpes. Eso no conduce a ningún lugar.

Coincido con lo que se dijo sobre el deporte masivo, pero ¿le preguntaron a la nación si quiere deporte para todos? Es un concepto complicadísimo. Significa proveer a la nación de capacidad de hacer deporte, que no es hacer actividad física; es una práctica que implica una instalación, unas reglas, un orden, y son veintiocho disciplinas en el programa olímpico y treinta y cinco en general. ¿Puede nuestra economía ofrecer eso, o estamos hablando de actividad física para todos, que es correr, caminar, hacer ejercicios, fitness o no sé qué? Son conceptos distintos. Cuando los Lineamientos… muchas personas dijeron que cómo era posible que no se hablara en la documentación sobre el deporte de alto rendimiento y las medallas, y hubo que modificar el concepto, y ahora la nación tiene como encargo el deporte para todos, la actividad física, y las medallas. El modelo es amplia práctica, amplia actividad física, y campeones; pero eso tiene un costo, y entonces hay que generar dividendos para que esa práctica sea.

Nosotros tuvimos un modelo burbuja que dio resultado en una época equis: campeones, quinto lugar olímpico, once campeones en Sidney, catorce en Barcelona, y una barbaridad de campeones mundiales; pero cambió el escenario, no solo el cubano, no fue el Período especial, sino el escenario mundial que cambió, y el modelo ya no funcionó. Y estamos viviendo una etapa de tránsito, no estamos en el final. En 2008 Fidel dijo: «Podemos no competir más y no pasa nada», pero el país no quiere eso, quiere competir, y no solo eso, quiere ganar, que es más complicado todavía. Entonces, la pregunta es cómo hacerlo costeable.

Ya llegó la contratación. Hubo una estrategia en 2013 con la política actual —que no es pública aún, lo será, en breve, cuando esté la norma— que abre más el diapasón. Permite que haya habido una reunión con tres voleibolistas que, en un momento determinado, abandonaron la selección nacional, no desertaron, no abandonaron el equipo en una competencia oficial, sino dijeron: «No juego más, esto no me encaja», y ahora quieren volver, reinsertarse. Eso es consecuencia de la nueva política, y ahí hemos llegado a la evaluación de un contexto, porque nos iba muy bien con el modelo burbuja, pero ya no funciona. Hay que hacer dialogar un modelo de deporte que piense en el municipio, en la escuela nacional de formación de atletas de alto rendimiento, con el modelo de clubes, y eso es muy difícil porque impide, por ejemplo, que Despaigne vaya a los Panamericanos pues está en un sistema que no se lo permite. No se puede articular todo, es difícil; hay que fundarlo, vamos a ver en qué medida se puede lograr. No va a ser fácil.

No quiero ser pesimista, pero no veo el espíritu beisbolero de los 60 y los 70 de nuevo en Cuba, porque cambió el escenario. Ese espíritu que Padura vivió y que puede narrar aquí, va a competir con muchas cosas; habría mucho que hacer para rescatarlo. Se puede mejorar el estado actual, que parte de mejorar el fenómeno deportivo mismo, y el del beisbol que se juega en Cuba. Porque el modelo actual conduce a que nuestros peloteros de la Serie Nacional van a ser de dos clases: los jóvenes que aún no han llegado al estrellato, o los que no pueden llegar en las grandes competiciones, y los que estén de regreso. Sin dudas, nos provee de más calidad que la actual. Ese es el camino que se está tratando de construir, y quitando la hojarasca del medio, quitando conceptos que quizás ya no encajan, manteniendo un grupo de principios en función de la disciplina, del compromiso, etc., por ahí va.

Por ello, algunas de las críticas al estadismo en este sector son válidas, otras han sido hirientes. Ha habido movimiento, pero la gente quiere medallas, victorias, y eso pesa sobre la cabeza de quienes tienen la posibilidad de ordenar el deporte.

Termino con dos ideas a partir de lo que preguntaron. Yo no fui negativo sobre los videojuegos, dije que son un reto para el deporte, y Yumilka explicó por qué. El Comité Olímpico Internacional (COI) ha dicho que no son deportes, pero se sentó a dialogar con una industria que movió ciento treinta y ocho mil millones de dólares, el año pasado, entre la industria del software y los grandes eventos. El COI se sentó a conversar para ver cómo engranar eso. En la educación están probados sus beneficios, pero también lo está su nivel de enajenación, su nivel de individualización. Es un reto para el deporte tradicional.

Y finalmente, yo me refería a la regulación del tiempo de los espacios de ocio, y lo ratifico, el de ocio es un espacio de reproducción cultural y de un modelo de país, y la gente dedica horas diariamente a deportarse a otro lugar que nunca es desregulado porque las industrias culturales tienen una propuesta que incluye un modelo de dominación, un modelo cultural subyacente.

Que en Cuba Messi sea más ídolo que Mijaín López, es conformado, es construido. Messi es un gran atleta, un gigantesco futbolista; Mijaín es un icono de Cuba, pero no ha tenido, en mi apreciación, la misma promoción. Hemos puesto más a Messi que a Mijaín en los medios, y lo hemos ponderado más. Esos liderazgos, esas figuras hay que construirlas mediáticamente, con intencionalidad nacional, y cultural, sobre todo en un mundo tan globalizado, donde la gente con un celular se traza su camino de consumo.

Leonardo Padura: Después de lo que dijo el profesor Rudens, es difícil a un profano como yo entrar en un territorio que él recorrió de esa manera tan metódica, informada y conformada mentalmente. Por eso voy a hablar muy poquito.

Sobre los videojuegos: ayer vi en la televisión cubana una información acerca de que la Organización Mundial de la Salud reconoce la adicción a los videojuegos como una enfermedad. Considero que ningún soporte es malo en sí mismo, depende de la manera en que se utilice.

Acerca de la relación beisbol-fútbol: no es malo que la gente juegue fútbol, al contrario, es muy bueno, pero en un país donde, en realidad, la masividad del deporte se perdió, la gente practica lo que quiere y como puede. El fútbol se está tragando a la pelota, eso no es que compitan uno con otro, es un hecho. Yo paso por la Ciudad Deportiva cuando vengo desde Mantilla para El Vedado; y veo en todos sus terrenos a muchachos jugando fútbol. Cuando yo tenía doce o trece años, los domingos había que llegar a las siete de la mañana para poder jugar pelota en uno de los terrenos de la Ciudad Deportiva, y en La Estrella había un terrenito donde se organizaba un campeonato. La ruta 4 de Mantilla tenía su equipo, los juegos universitarios tenían gran rivalidad. Todo eso ha desaparecido, no solo en el beisbol sino en todos los deportes. Es decir, que ha habido una política —no sabía que se le llamaba el sistema burbuja— de campeonismo, de competición de alto rendimiento, y muy poca atención y posibilidades a la realización del deporte en la base. Como dijo una de las personas que habló, los terrenos deportivos han desaparecido. En Mantilla había una cancha de baloncesto que desapareció, había un terreno de fútbol que desapareció; el terreno de pelota de El Calvario, el de La Chorrera quedó bajo la presa Paso Seco, y no sé qué pasó con el de Managua y el de Las Guásimas, creo que Pupi Hernández era el que lo mantenía. No hay dónde jugar pelota; tampoco se puede comprar el guante. La gente no compra guantes, pero compra celulares. Todos los muchachos tienen un celular. Entonces estamos jodidos, pero en algunas cosas porque queremos y porque no ha habido una política inteligente.

Renier González: Voy a darles respuesta a algunas de las preguntas que nos hicieron. Estoy de acuerdo con algunos aspectos y en otros no. No estoy en contra de los videojuegos; incluso hay campeonatos donde participan millones de personas. Lo veo de manera positiva, siempre y cuando se comparta con el ejercicio físico. «Mente sana en cuerpo sano». Los dos pueden ir de la mano.

En cuanto a la pregunta del señor embajador: el fútbol en Cuba ha ganado muchísimos adeptos, como en el mundo entero. Es un fenómeno global, y en naciones tan beisboleras como Cuba, Venezuela y Panamá, he constatado también el auge futbolístico, incluso en Nicaragua, donde el fútbol era nulo. Por ejemplo, en eventos centroamericanos y del Caribe, Cuba derrotaba a Venezuela, a Panamá y a Nicaragua en fútbol, y hoy no le ganamos a ninguno. Ellos tienen la misma furia futbolística. Todo ese debate sobre si el fútbol se tragó al beisbol se ve en el contexto latinoamericano. Lo que sucede es que, por ejemplo, en Venezuela su torneo de beisbol es lo principal, y lo interpretan como un espectáculo; en Panamá se lo han tragado completamente, y en Nicaragua están por el estilo; pero es un fenómeno global que se ha dado por la excelente estrategia de las grandes transnacionales de colar el fútbol, que no la han tenido otras federaciones.

No podemos renunciar a los resultados deportivos en Cuba, pero tampoco podemos aspirar a más, porque el deporte es el reflejo de la sociedad de un país, y en este momento tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos, que estar pensando en cómo recuperar lo que tuvimos. Hay algo que es esencial, Cuba se benefició de la existencia del campo socialista para poder tener todas aquellas medallas. Se hacían bases de entrenamiento de tres meses y otras ventajas. Se podía practicar el deporte. Hoy en día no existe el campo socialista y, como bien decía Rudens, lo que existe son los clubes. Ya no existen las selecciones nacionales durante nueve o diez meses. Es un nuevo contexto e, inteligentemente, hay que tratar de insertarse en todo esto para beneficio de la sociedad cubana.

Ahora bien, yo me siento orgulloso de que los deportistas cubanos estén en clubes, y de sus resultados; me alegro de los voleibolistas que triunfaron ahora en Argentina, de los que regresan, con disposición de representar a su país, de los peloteros cubanos que triunfan sea en los Estados Unidos o en Japón, porque son compatriotas también.

El deporte, como se decía, es el reflejo de la sociedad, y tenemos que seguir soñando y pensando en grande como sociedad cubana.

Rafael Hernández: Gracias a todos los panelistas y a todos las personas del público que han intervenido. Mi misión en este panel es provocar, y es lo que he tratado de hacer.

Hay una pregunta relacionada con el tema de fútbol, beisbol, etc.: ¿la presencia masiva de cubanos en países donde no saben jugar a la pelota, sino al fútbol, y que regresan a Cuba y vuelven a salir, o sea, la transnacionalización de la sociedad cubana en contextos como los de Europa y América Latina, no necesariamente los Estados Unidos, no influye en nuevas culturas del deporte que incluye a la del fútbol? Cuando hay una competencia de fútbol la gente está dividida entre los que van al Real Madrid y los que van al Barça; el equipo nacional no está de ninguna manera en el escenario, lo cual nos recuerda también que se pueden generar pasiones y alineamientos que no son necesariamente los del chovinismo de la tristeza de que perdimos; perder en el fútbol no es un factor de depresión nacional, y eso también tiene que ver con el comportamiento de la esfera pública.

También, entre las muchas preguntas que el panel, con su riqueza de intervenciones, y el público han dejado flotando es: cómo Jamaica, que no tiene una gran base económica, y Etiopía, o Kenya, producen a esos grandes corredores que les ganan a los americanos y a los europeos en el atletismo, deporte que se practicaba en Cuba antes del 59, pero en los caminos reales por donde andaba Dovale, nunca vi a nadie correr doscientos metros a no ser detrás de una gallina.

Realmente, el fenómeno de la cultura que genera una práctica deportiva y la tradición, naturalmente, está ligado con los problemas de la economía y de la sociedad, pero también con una cultura de organización, y es el Estado quien lo hace. En Jamaica y en Etiopía quienes organizan eso son las instituciones estatales; es interesante ver cómo en esos países, en relación con otros que tienen un capital de desarrollo deportivo mayor, se pueden encontrar esas diferencias.

La cuestión de en qué medida el debate público, en relación con la práctica del deporte, incide en las políticas, es un tema que sigue ahí. La política ha permitido que jugadores cubanos, no solo de beisbol, vayan a jugar profesionalmente a otra parte. Salvo en el caso de Renier, no he oído a nadie hacer un planteo de lo mucho que eso cambia la manera de pensar el deporte y su lugar en la sociedad, las causas que permiten llegar a esto probablemente serían suficientes como para continuar esta discusión.

Gracias a los panelistas por lo mucho que han añadido, y por recordarnos que el voleibol se convirtió en un deporte de masas. Poder tener a Yumilka aquí nos recuerda que debe volver a serlo. Muchísimas gracias.

Participantes:

Renier González. Comentarista deportivo. Tele Rebelde, ICRT.

Leonardo Padura. Escritor, periodista y ensayista. Premio Nacional de Literatura.

Yumilka Ruiz. Licenciada en Cultura Física. Gloria del deporte cubano. Bicampeona olímpica y mundial de voleibol.

Rudens Tembrás. Licenciado en Periodismo. MSc. en Comunicación Social. Profesor universitario. Subdirector de Comunicación del INDER.

Rafael Hernández. Politólogo. Director de Temas.

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