Carrera por el radicalismo: el nacimiento de la extrema derecha en el Perú

En diciembre de 2020, el panorama político de Perú no ofrecía novedad en cuanto a las candidaturas de cara a las elecciones de abril de 2021. Mayoritariamente de derechas, los líderes más mediáticos del proceso electoral de 2016 repetían el plato. Siete meses después, los partidos y grupos de derecha, no partidarios, orquestaban una campaña de descrédito a los organismos electorales bajo una acusación de fraude, e incitaban a acciones violentas. El objetivo era evitar que un profesor sindicalista, adscrito a un partido que se entiende como marxista-leninista y mariateguista (Cerrón Rojas, 2020: 4), asumiera la presidencia de Perú. Fallaron.

¿Qué pasó?

El presente ensayo muestra el itinerario recorrido por la derecha hacia la radicalización del discurso en los últimos cinco años. El escenario electoral permite exponer los matices intolerantes y discriminadores que aquella ha ido asumiendo de acuerdo con las circunstancias. La aparición de la extrema derecha no fue un fenómeno repentino, por el contrario, el tránsito hacia su radicalización empezó en la última década con la aparición de colectivos conservadores de inspiración religiosas o nacionalista. Sus posicionamientos en la opinión pública sobre fenómenos como la migración y la violencia de género cimentaron el terreno para que en las últimas elecciones apareciera una candidatura que condensara esa postura, lo que inició la carrera por el radicalismo en la derecha.

El ensayo se divide en tres partes. La primera se concentra en mostrar el escenario de las elecciones de 2016 como la condición previa a la reconfiguración de las fuerzas de derecha de Perú. La segunda muestra   la aparición de los colectivos conservadores, resalta sus manifestaciones contra la migración y las políticas públicas de género; además, se concentra brevemente en el comportamiento general de estas tendencias durante la pandemia de la COVID-19. Finalmente, la tercera reflexiona sobre la actuación de la derecha a lo largo de los períodos pre y postelectoral, y condensa el proceso por el cual los partidos se aproximan a las retóricas de la extrema derecha.

Alistando el escenario

Una de las características más importantes de la actual derecha conservadora en el Perú es la desestabilización de las instituciones democráticas. En 2016, la votación la benefició. Los dos primeros lugares de la ronda inicial los obtuvieron Keiko Fujimori, hija del último dictador, y el empresario liberal Pedro Pablo Kuczynski. Entre ambos sumaron aproximadamente 60% de los votos válidos.[1] En el tercer lugar se ubicó una coalición de izquierda que obtuvo 18%. Esta candidatura se presentaba como cuestionadora del modelo económico neoliberal, mientras que las demás hacían su defensa como responsable del crecimiento económico experimentado en las cifras macroeconómicas de los años anteriores. Según la normativa peruana, los dos primeros puestos en las elecciones generales pasan a una segunda ronda, en la cual resultó ganador el candidato Kuczynski.

En las elecciones congresales el resultado fue diferente. El partido fujimorista ganó la primera mayoría, 73 escaños de 130, por lo que conformó una mayoría absoluta nunca antes vista en el Parlamento peruano.[2] La segunda mayoría la compuso la coalición de izquierda con 20 legisladores, mientras que el partido de gobierno, PPK, quedó relegado con un total de 18. Iniciada la legislatura, en julio de 2016, la abrumadora mayoría se ubicó en la oposición con un objetivo muy claro: desestabilizar al gobierno a su favor.

Esta fue la antesala de un ejercicio que se convirtió en moneda corriente desde entonces: poner la institucionalidad democrática contra las cuerdas. La vacancia presidencial y la disolución del congreso, a pesar de su carácter excepcional, se volvieron parte del quehacer cotidiano y del cálculo político. El período de gobierno 2016-2021 tuvo como saldo a cuatro presidentes y dos Congresos.[3]

Los conservadores ganan terreno en la esfera pública

Además de la defensa del mercado, un elemento constante en la derecha peruana ha sido el conservadurismo moral, rastreable hasta los mismos orígenes del Perú republicano.[4] Este elemento moral se ha traducido, por ejemplo, en la presencia de los valores católicos en los partidos más representativos de la derecha, de la segunda parte del siglo xx: el Partido Demócrata Cristiano y el Partido Popular Cristiano. Sin embargo, desde la última década de dicha centuria, hasta la actualidad, la actividad política de las iglesias cristianas evangélicas ha ido en aumento, y ha llegado a disputar el liderazgo de diversos movimientos conservadores a la Iglesia católica.[5]

Si se toman estos dos elementos históricos, se puede comprender la reacción y posicionamiento de la derecha frente a los fenómenos recientes en Perú como la migración venezolana, las luchas por los derechos de las mujeres y la población LGTBIQ+, reformas en el currículo nacional de educación escolar, y la pandemia de la COVID-19.

Desde la segunda mitad de la década de 2010, la migración venezolana se ha incrementado. Según cifras de la Superintendencia Nacional de Migraciones del Perú (2021), entre febrero de 2017 y marzo de 2021 hubo un movimiento migratorio de más de un millón trescientos mil ciudadanos venezolanos (25). La asociación de la migración venezolana al aumento de la delincuencia y desempleo, sumada a la cobertura de la prensa escrita y televisiva, desembocó en una percepción negativa y discriminatoria por parte de la población peruana. Aprovechando el incremento de la xenofobia, los partidos de derecha asumieron un doble discurso: mientras exigían medidas para detener la migración, la instrumentalizaron para posicionarse en contra del gobierno venezolano y, por añadidura, de los grupos y partidos de izquierda.

Uno de los puntos clave del conservadurismo en el Perú actual ha sido su postura frente al feminismo y los movimientos y colectivos LGTBIQ+. Para este sector, las luchas por políticas de igualdad de género representan una amenaza al orden natural, de inspiración divina. Igualmente, la despenalización del aborto o la regulación del feminicidio en el Código penal suponen ubicarse en contra de la vida y atentar contra la familia tradicional. En cuanto a las políticas educacionales, se oponen a la inclusión de la educación sexual de carácter inclusivo y con perspectiva de género, a la que denominan «ideología de género», en la malla curricular de las escuelas públicas, debido a que representa «un peligro para los niños» (Meneses, 2019). Estas posturas se condensaron en dos tipos de manifestaciones: la Marcha por la Vida y el colectivo

«Con mis hijos no te metas». La primera, organizada originalmente por el arzobispado de Lima, encabezado en ese momento por Juan Luis Cipriani, sacerdote miembro del Opus Dei, y conocido por su actuación y constantes posicionamientos conservadores.[6] Valiéndose de la estructura jerárquica de la Iglesia católica y de diversos grupos conservadores, congregó a políticos de derecha desde su inicio. Por ejemplo, en el año 2018, uno de los líderes más mediáticos del fujimorismo, y que en ese momento ejercía como presidente del Congreso de la República, participó activamente (Redacción RPP, 2018).[7]

La segunda es una organización de bases cristiano- evangélicas, que tuvo como consigna inicial oponerse a una reforma en el currículo nacional de educación que implementaba la perspectiva de género en los contenidos. Según su vocero principal, esta «ideología» resulta «antihumana, anticientífica, antiverdad».[8] Para otros voceros, dentro de la misma organización, «implica una agenda de dominación económica, social y cultural de nuestra nación […] coludidos con el sistema de poder central que está promoviendo esto para hacerse dueños de nuestras naciones».[9] Para comprender los nexos de este colectivo con los partidos de derecha conservadores, se puede tomar en cuenta que el vocero principal se trata del hijo de un pastor evangélico congresista por el partido fujimorista, además de la presencia de otros congresistas de diversas organizaciones de derecha.[10]

Ambas manifestaciones son dos facetas de un discurso antiderechos que considera que existe un plan mundial para atacar al modelo de familia tradicional y ejercer el control sobre la población, mediante estrategias de adoctrinamiento ideológico contrarias a las escalas de valores cristianos tradicionales. Si a esta prédica le agregamos el discurso antimigrante, obtendremos la radicalización discursiva de la derecha partidaria y no partidaria en el Perú del último quinquenio. Este tipo de posturas no son muy distantes de las extremas derechas, como VOX en España, el discurso de Jair Bolsonaro en Brasil, o de Donal Trump en los Estados Unidos.

Su comportamiento durante el estado de emergencia por la COVID-19 fue similar al de los antes mencionados. Se   mostraron   negacionistas de la pandemia, entendiéndola como parte de una conspiración mundial de dominación. En consecuencia, se posicionaron en contra de las medidas restrictivas y de aislamiento. Posteriormente emprendieron campañas de desinformación sobre las vacunas, difundiendo noticias falsas sobre sus efectos. En este clima se inició la carrera electoral hacia 2021, donde estas posturas asumieron un papel activo durante la campaña.

Apocalipsis en las urnas en tres actos

Acto 1. De extremo a extremo

Cuando finalizó la etapa de inscripción de candidaturas para las elecciones generales, la derecha se presentó con múltiples propuestas. Dentro de las ya conocidas se encontraba Keiko Fujimori, que por tercera vez tentaba su suerte. Una novedad la representaba Hernando de Soto, quien, si bien no era un personaje nuevo en la política, pues fue miembro activo del gobierno de Alberto Fujimori en la década de los 90, era la primera vez que se postulaba para un cargo público. Sin embargo, la verdadera novedad fue la incursión de un candidato que adoptara como propio, desde el inicio, un discurso conservador más radical que sus contendores: Rafael López Aliaga.

Miembro del Opus Dei, es un empresario millonario que cobró notoriedad gracias a sus declaraciones abiertamente misóginas,[11] xenófobas y de fanatismo religioso.[12] A pesar de difundir fake news sin control, ganó el favor de los sectores más conservadores que coincidían con sus posturas. Al igual que las campañas de Trump o de Vox, asumió un discurso nacionalista antimigrante y anticomunista basado en teorías de la conspiración.[13] Su partido, Renovación Popular, no era nuevo en la política, se trataba del renombramiento de un antiguo partido cuyo líder y fundador había estado vinculado a una serie de actos de corrupción, incluido el gran escándalo de Odebrecht,[14] durante sus gobiernos en la municipalidad de Lima.

El radicalismo del discurso de López Aliaga hizo que, tanto Fujimori, como Hernando de Soto y demás candidatos se distanciaran de él ubicando su partido como de la extrema derecha. Al mismo tiempo, todos ellos se concentraron en un enemigo común: la candidata de izquierda más mediática, Verónika Mendoza. Al enfocar sus energías en ello, no colocaron en su radar a un candidato que venía recorriendo el país, Pedro Castillo, profesor sindicalista, nacido en la provincia de Chota, región Cajamarca, que ingresó a la política nacional cuando lideró la huelga nacional de maestros en el año 2017.

Al considerar indispensable la estatización de sectores estratégicos de la economía como los recursos naturales (Cerrón Rojas, 2020: 13-7), el partido de Castillo fue catalogado como extrema izquierda. La diferencia entre su estrategia y la del resto de candidatos residió en sedimentar el voto fuera de la capital. Tradicionalmente, las candidaturas se aglutinan en torno al electorado, prensa y medios de comunicación limeños.

Por ello, cuando se publicaron los resultados de la primera vuelta electoral, el desconcierto de la derecha provocó que todas las candidaturas se unieran en un frente común, independientemente de quién calificara para la segunda.[15] Al mismo tiempo, al encontrarse frente a un contrincante que consideraban extremista o radical de izquierda, se vieron en la necesidad de radicalizarse tanto en la estrategia como en el discurso.

 Acto 2. La suma de todos los miedos

Cuando se confirmó que los contrincantes de la segunda vuelta serían Castillo y Fujimori, las adhesiones naturales no se hicieron esperar. Los candidatos de derecha perdedores se sumaron a la campaña de la segunda, así como el empresariado y los grupos económicos más poderosos. En el ámbito internacional, el escritor peruano Mario Vargas Llosa (2021) expresó tempranamente su apoyo a esta candidatura. Según el Nobel peruano, la opción que apoyaba era la única que podría garantizar la democracia frente al peligro de un gobierno comunista, a la manera de Cuba, Venezuela, Nicaragua o Corea del Norte.[16] La idea de este último punto signó el camino de la segunda vuelta.

La estrategia de la derecha se concentró en la polarización, bajo dicotomías como «progreso del sistema neoliberal/atraso del estatismo», «democracia/ comunismo» o «esperanza/odio, resentimiento». Se buscó concentrar bajo la etiqueta de «comunismo» a todos los valores contrarios a las libertades personales, políticas y económicas, con la finalidad de identificar con ello al candidato Castillo.

La habilidad de la campaña se basaba en la personalización del miedo al desempleo, emigración, crisis económica, falta de oportunidades; en suma, a que Perú se transformase en una segunda Venezuela. Para tales fines, el aporte de la prensa, otros medios de comunicación y el empresariado fue importante en la difusión del mensaje.[17] Los excandidatos perdedores de derecha, López Aliaga y Soto, recorrieron el país reproduciendo los discursos, incluso con violencia.[18]

Un campo de focalización de violencia de esta campaña fueron las redes sociales. En estas se pudo percibir, de manera cotidiana, la efectividad de la estrategia del miedo. Mensajes discriminatorios cargados de insultos racistas y clasistas en contra de los votantes de Pedro Castillo fueron moneda corriente. Estereotiparlos como personas sin educación, resentidas sociales, ignorantes de la economía, enemigas del progreso, y terroristas, puso de manifiesto la violencia de la derecha, contenida en la campaña del miedo.

Al final del camino, la estrategia parecía haber funcionado. El 6 de junio, el primer anuncio de resultados, mediante un sondeo a boca de urna, le daba la victoria a la candidata del fujimorismo. Sin embargo, el sueño fue corto. Horas más tarde, uno más certero daba como ganador a Castillo. Aunque al inicio el conteo oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) daba la ventaja a Fujimori, la tendencia era que Castillo aumentara sus votos. Cuando se hizo irreversible, era hora de sacar la última carta bajo la manga: incendiarlo todo.

Acto 3. Morir matando

Con la derrota en ciernes, al día siguiente de las elecciones, el fujimorismo convocó a una conferencia de prensa para denunciar un fraude en curso. Sostenía que en las mesas de votación se dieron una serie de irregularidades como suplantaciones de personas (La República, 2021a). Este fue el inicio de la gran narrativa del fraude. No importaba que no contaran con pruebas de ningún tipo porque a la par, subrepticiamente, un grupo de abogados pertenecientes a los bufetes más poderosos se encontraban ideando una estrategia legal a favor de Keiko Fujimori (Cabral y Huamán, 2021). El objetivo tenía dos flancos. Uno constaba en ubicar posibles firmas falsas en las actas de votación para solicitar su nulidad. Los lugares donde se concentraron en buscar fueron en los que Castillo obtuvo más votos: las zonas rurales del país, de tal manera que se restarían de la sumatoria final y lograrían que Fujimori resultase ganadora. El otro frente consistía en difundir la narrativa del fraude con la intención de deslegitimar la elección. Según ellos, la democracia se encontraba en peligro y los organismos electorales serían cómplices de aquella componenda. Por ello, los eslóganes en las manifestaciones se referían a la defensa de la libertad y la democracia. La aplanadora propagandística puesta en marcha durante la campaña pisaba el acelerador.

El fujimorismo presentó 1 115 solicitudes de nulidad de actas de votación, número exorbitante nunca antes visto.[19] Apoyado por un conjunto de políticos, grupos partidarios y no partidarios, conservadores, y empresariado, el fujimorismo buscaba revertir los resultados o derribar la elección. En teoría, según ellos, si para el día señalado de toma de mando, 28 de julio, no hubiera un ganador declarado, la presidencia del Congreso debía desconocer las elecciones y convocar nuevas. La estrategia consistía no solamente en extender el tiempo del conteo de votos, poniendo en riesgo la elección, sino en cuestionar la institucionalidad de los organismos electorales. Era el intento final por desestabilizar la democracia por parte de la derecha.

La estrategia narrativa del fraude y el entrampamiento judicial del proceso electoral no es una creación del fujimorismo; fue la asimilación de la táctica de Donald Trump al perder las elecciones de 2020 en los Estados Unidos. Mientras el Jurado Nacional de elecciones resolvía la carga abrumadora de solicitudes, la derecha emprendió un plan de hostigamiento, que incluyó una acusación de terrorismo a su presidente, plantones fuera de los domicilios de los miembros, y amenazas.[20] Por su parte, las manifestaciones en las calles continuaron casi diariamente, y llegaron a provocar enfrentamientos con los correligionarios de Perú Libre. Finalmente, los líderes de la derecha corrieron la misma suerte que Trump, el JNE declaró la improcedencia de todas las solicitudes.

Epílogo. Un camino sin retorno

En medio de aquel ambiente de violencia y polarización, y ante una derecha que no acepta su derrota, Pedro Castillo asumió la presidencia. En lo que va de su mandato, la estrategia conservadora en el Parlamento ha sido no claudicar en la narrativa del fraude que nunca pudieron probar, así como generar el escenario de vacancia del presidente. Parece que el camino hacia la extrema derecha no contempla retorno. En el mes de septiembre de 2021, sus tres principales partidos, encabezados por el fujimorismo, se reunieron con representantes de la extrema derecha española, incluido VOX (Redacción RPP, 2021), mientras que en octubre Keiko Fujimori participó en un evento de este que reunió a exponentes del radicalismo derechista de España y América Latina (La República, 2021b).

Como se ha podido apreciar, el contexto de inestabilidad política permanente, junto a la vinculación entre los grupos conservadores y los partidos de derecha, fue el caldo de cultivo para la radicalización, en el discurso y la práctica, ante la presencia de un enemigo imaginario que parecía ser la suma de todos sus miedos: el comunismo.

Post spcriptum

Ha pasado exactamente un año desde la victoria de Pedro Castillo, la derrota de la candidata que aglutinó a toda la derecha, Keiko Fujimori, y su denuncia de fraude electoral. En casi once meses de gobierno, el presidente Castillo no ha logrado salir de la crisis política de larga duración en la que se encuentra el país. Paradójicamente, la inestabilidad política de su gobierno no es causada exclusivamente por la oposición y sus estrategias, sino por sus propias decisiones. Existen dos indicadores claros de lo dicho.

Por un lado, desde que comenzó a gobernar, ha nombrado cuatro primeros ministros, y cambia, al menos, un ministro del gabinete cada dos semanas, aproximadamente. Esta situación no es gratuita, sino consecuencia de los continuos cuestionamientos de la prensa y de la opinión pública sobre la idoneidad de las personas nombradas en las diversas carteras ministeriales. Por el otro, los continuos casos de corrupción que se vienen descubriendo dentro del entorno cercano y familiar del presidente, incluida una denuncia de plagio en su tesis de maestría en educación, han causado una reacción negativa en la población. Este último punto, sumado a que las promesas sobre reformas estructurales no han sido cumplidas, incrementan el descontento popular casi generalizado, que deja al presidente sin una base popular.

En la otra vereda, la derecha viene desarrollando una serie de estrategias que involucran a diversos actores a distintos niveles, pero que comparten el mismo discurso y objetivos.

La acusación sobre la organización de un fraude avanza en dos planos. En el frente político, los partidos de derecha con representación parlamentaria conformaron una comisión investigadora cuyo objetivo era «identificar los presuntos actos de corrupción generados en las elecciones generales» (Comisión investigadora…, 2021). A pesar de que el informe final no pudo encontrar ni mostrar pruebas de que existió un fraude electoral, la comisión sostiene, injustificada e insistentemente, que persisten las dudas sobre la veracidad del proceso electoral. Este discurso es continuamente reforzado, hasta la actualidad, a través de entrevistas a personas que mantienen, sin ofrecer evidencias, que existió un fraude.

Estos cuestionamientos a la institucionalidad electoral del país tienen como fin restarle legitimidad al presidente, y así allanar el paso al objetivo final: su destitución. A ocho meses de gobierno, en marzo 2022, los partidos de derecha en el congreso ya habían iniciado dos procesos de vacancia presidencial. Aunque en ambas ocasiones no pudieron conseguir los votos necesarios, la posibilidad de vacar al presidente sigue en la agenda. Fuera del congreso, las organizaciones de derecha, tanto partidarios como no partidarios, vienen realizando convocatorias a manifestaciones públicas y marchas contra el gobierno, exigiendo dicha vacancia. Le prensa que responde a los intereses de la derecha más conservadora cubre y amplifica la resonancia de estas marchas, a pesar de que la concurrencia suela ser muy escaza. Por otro lado, esa misma prensa ha asumido la posición de que la única salida a la crisis es la renuncia del presidente.

Adicionalmente, la acción violenta de organizaciones no partidarias, marcadamente de extrema derecha, contra políticos, periodistas, instituciones o colectivos que califican como comunistas o progresistas, vienen en aumento. Estos grupos justifican su acción afirmando que luchan contra el «comunismo»[21] y realizan plantones frente a casas o locales de sus «enemigos», incurren en no pocos casos en violencia física.

Finalmente, como consecuencia de la propuesta electoral del actual presidente sobre la convocatoria de una asamblea constituyente, abogados y políticos de derecha iniciaron una campaña de recolección de firmas cuyo objetivo es presentar un proyecto de reforma constitucional que prohíba la posibilidad de convocatoria a dicha asamblea (Ortiz Martínez, 2021). Esto se entiende a partir de la «fetichización»[22] que la derecha ha hecho de la Constitución de 1993 a la cual le otorgan el origen y razón del desarrollo económico que Perú experimentó durante las primeras dos décadas del siglo xxi, entendiéndola como garantía para el futuro. Esta Carta Magna es, sin duda, una de las herencias más perdurables de la dictadura de Alberto Fujimori. En suma, a exactamente un año de la denuncia, nunca comprobada, de fraude electoral hecha por Keiko Fujimori, el escenario político del Perú no parece estar encaminado hacia la estabilidad. Por el contrario, a la crisis política que se inició en el quinquenio 2016- 2021, con el enfrentamiento de los grupos de derecha en el poder, se le debe sumar ahora una crisis generalizada de las instituciones democráticas que la derecha, en conjunto, viene propiciando desde su derrota electoral de junio de 2021. Queda claro, una vez más, que sigue pendiente un estudio que profundice en la composición y las prácticas antidemocráticas de la (extrema) derecha en el Perú. Se trata de un paso necesario para saber cómo hacerle frente.


Notas:

[1] El partido del fujimorismo, Fuerza Popular, obtuvo 32,64% de los votos emitidos, lo que resulta en 39,89% de los válidos; mientras que el partido Peruanos por el Kambio (PPK), de Pedro Pablo Kuczynsky, obtuvo 17,23% y 21,05%, respectivamente (ONPE, 2016).

[2] Según la proclamación de los resultados, emitida en la resolución del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) (R 0660/2016) de Perú, el partido fujimorista obtuvo 36,338% de los votos válidos, mientras que el Frente Amplio 16,465%, y PPK 13,942%.

[3] Para revisar el aspecto moral en el desarrollo del capitalismo en Perú, véase De Trazegnies Granda (1980).

[4] La presencia de sectores evangélicos en la política ha sido notoria desde la candidatura de Alberto Fujimori en 1990.

[5] Según una encuesta realizada en abril de 2019, solamente 23% de los limeños percibe como positiva la migración venezolana (Alayo Orbegozo, 2019). En otro estudio de 2021 se refleja claramente que 63% de las personas que ven como negativo el impacto de la migración venezolana aduce el incremento de la inseguridad ciudadana en el país (Feline Freier et al., 2021: 19).

[6] Sobre la actuación en la esfera pública y el activismo político de este arzobispo véase Indacochea y Pásara (2014).

[7] Declaraciones de Christian Rosas. Véase <https://www.youtube. com/watch?v=O0NU-x8U9k4>.

[8] Declaraciones de Beatriz Mejía. Ídem.

[9] En la ronda de oradores se presentaron los congresistas Pedro Olaechea, del PPK, y Rosa Bartra y Luis Galarreta del partido fujimorista Fuerza Popular. Ídem.

[10]  Por ejemplo, Beatriz Mejía, miembro del colectivo «Con mis hijos no te metas», fue miembro activo en las campañas de desinformación. Véase Saludconlupa (s. f.).

[11] Sobre pedido de eutanasia de una mujer, véase <https://www. youtube.com/watch?v=zO3AuWgVr1U>; sobre el insulto a la candidata Verónika Mendoza véase Diariocorreo (2021); sobre insulto a mujeres periodistas véase, por ejemplo, La República (2021d).

[12] Véase <https://www.youtube.com/watch?v=qZaO_dqXGlk>.

[13] Según López Aliaga, Perú se encuentra gobernado por una cúpula desconocida y por el marxismo. Véase <https://www. youtube.com/watch?v=c_McoKRL-dk>.

[14] El «Caso Odebrecht», en República Dominicana, es una investigación del Ministerio Público de esa nación en contra de la empresa constructora brasileña Norberto Odebrecht, que reconoció, en diciembre de 2016, ante el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, haber sobornado, desde 1986, a funcionarios públicos del gobierno de doce países, para obtener beneficios en contrataciones públicas.

[15] En un primer momento no había certeza si la candidatura de Fujimori o la de López Aliaga pasarían a la segunda vuelta electoral.

[16] Véase <https://www.youtube.com/watch?v=gWTp5NUDIxo>.

[17] Por ejemplo, campañas anónimas como la de los paneles en contra del comunismo, en Lima (La República, 2021e).

[18] López Aliaga, en un discurso, pidió la muerte del candidato Castillo (La República, 2021c).

[19] En las elecciones de 2016 se presentaron, en total, 26 solicitudes de nulidad, en 2011 solo 6.

[20] Si bien Fujimori deslindó responsabilidad en esos hechos, los autores fueron grupos ligados al fujimorismo

[21] El más representativo se autodenomina «La Resistencia» (Rojas, 2021).

[22] John y Jane Comaroff (2009) entienden al Fetichism of the Law como «the process of displacement whereby an abstraction —in this case, the law— is objectified, ascribed a life-force of its own, and attributed the mythic capacity to configure a world of relations in its own image» (32-3).

Referencias:

Alayo Orbegozo, F (2019) «El 67% de los limeños no está de acuerdo con la inmigración venezolana en Perú». El Comercio, 29 de abril. Disponible en <https://bit.ly/318gz6g> [consulta: 14 enero 2021].

Cabral, E. y Huamán, G. (2021) «Más de 40 abogados de grandes estudios aportaron a la estrategia del fraude de Fuerza Popular». Ojo Público, 3 de septiembre. Disponible en <https://bit.ly/3quo5Cl> [consulta: 14 enero 2021].

Cerrón Rojas, V. (2020) Perú Libre. Ideario y programa. Huancayo: Depósito Legal en la Biblioteca Nacional de Perú.

De Trazegnies Granda, F. (1980) La idea de Derecho en el Perú republicano del siglo xix. Lima: Fondo Editorial PUCP.

Diariocorreo (2021) «Rafael López aliaga llama “comechada” a la candidata Verónika Mendoza», 29 de marzo. Disponible en <https:// bit.ly/3Kdq0Dy> [consulta: 14 enero 2021].

Feline Freier, L. et al. (2021) Estudio de opinión sobre la población extranjera en el Perú. Lima: ACNUR Perú. Disponible en <https:// bit.ly/33BvzKU> [consulta: 14 enero 2021].

Indacochea, C. M. y Pásara, L. (2014) Cipriani como actor político. Lima: IEP.

La República (2021a) «Keiko Fujimori:“Han venido ocurriendo una serie de irregularidades que nos preocupa”», 7 de junio. Disponible en <https://bit.ly/31Zl6sm> [consulta: 14 enero 2021].

             (2021b) «Keiko Fujimori participó en evento virtual de Vox, partido de extrema derecha española», 11 de octubre. Disponible en <https://bit.ly/3nod4jR> [consulta: 14 enero 2021].

             (2021c) «López Aliaga invoca la muerte de Pedro Castillo en mitin de apoyo a Keiko Fujimori», 9 de mayo. Disponible en <https://bit.ly/3tsxqN7> [consulta: 14 enero 2021].

              (2021d) «Rafael López insulta a periodista Juliana Oxenford durante caravana», 7 de abril. Disponible en <https:// bit.ly/33dmZCx> [consulta: 14 enero 2021].

             (2021e) «Registran paneles en contra del “comunismo” en las calles de Lima». Disponible en <https://bit.ly/33Br4QC> [consulta: 14 enero 2021].

Meneses, D. (2019) «Con mis hijos no te metas: un estudio de discurso y poder en un grupo de Facebook peruano opuesto a la “ideología de género”». Anthropologica, v. 37, n. 42, 129-54. Disponible en <https://bit.ly/3fosGzR> [consulta: 14 enero 2021].

ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorales) (2016) Presentación de resultado. Disponible en <https://bit.ly/3trYJXM> [consulta: 14 enero 2021].

Perú. Resolución 0660/2016, de 30 de mayo. Disponible en <https:// bit.ly/3tyfKzF> [consulta: 14 enero 2021].

Redacción RPP (2018) «Luis Galarreta: Pelearemos para que el aborto jamás suceda en Perú», 5 de mayo. Disponible en <https:// bit.ly/3l5PiBt> [consulta: 14 enero 2021].

             (2021) «Vox, partido de la ultraderecha española, se reunió con Fuerza Popular, Avanza Paíz y Renovación Popular», 25 de septiembre. Disponible en <https://bit.ly/3GxTEAX> [consulta: 14 enero 2021].

Saludconlupa (s. f.). «Beatriz Mejía Mori». Disponible en <https:// bit.ly/3lcDZYt> [consulta: 14 enero 2021].

Superintendencia Nacional de Migraciones del Perú (2021) Características sociodemográficas de la migración venezolana en Perú, febrero-marzo. Informe. Disponible en <https://bit. ly/3K6bCg6> [consulta: 14 enero 2021].

Vargas Llosa, M. (2021) «Asomándose al abismo». El País, 18 de abril. Disponible en <https://bit.ly/3qtR5KN> [consulta: 14 enero 2021].

 

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