Divergencia, convergencia e impacto: los estudios cubanos en Europa

Autor(es): Antoni Kapcia

Los estudios acerca de Cuba, realizados fuera de ella, han sido mayoría en los Estados Unidos; sin embargo, desde 1959 se han hecho visibles otras perspectivas, sobre todo europeas, que suelen disentir del canon norteamericano, por lo que son menos reconocidas en ese país.

Esta polarización se debe a dos realidades: en primer lugar, los dos centros de gravedad política eran muy diferentes a principios de los años 60. En Europa (excepto los países ibéricos) existía un pensamiento más posicionado a la izquierda respecto a la ideología imperante en los Estados Unidos. Si en este los liberales solían ser considerados de izquierda, los europeos, en aquel entonces, los veían como centristas; en parte porque la izquierda del Viejo Continente (que incluía grandes partidos comunistas) era bastante fuerte y existía un alto nivel de consenso sobre las ideas socialdemócratas. Así, se puede decir que, en aquellos años, los académicos europeos estaban más dispuestos a admirar y simpatizar con la naciente Revolución cubana. La segunda realidad consistió en que la mayoría de las naciones de Europa no apoyaban el bloqueo estadounidense contra la Isla, ni rompieron relaciones con ella, lo que permitió a sus investigadores más acceso a la realidad cubana.

La simpatía ya era evidente desde los estudios, clásicos e influyentes, de autores como Robin Blackburn (1963), René Dumont (1970) y K. S. Karol (1970); así como por la admiración que miembros de la llamada «izquierda blanda», como Alistair Hennessy (1963) y Dudley Seers (1964), le profesaban al proyecto revolucionario cubano. Moldeado por los testimonios de visitantes, como Jean Paul Sartre, había consenso izquierdista en Europa de que la Revolución podría representar un socialismo diferente a los modelos, tanto occidentales como de la zona oriental de dicho continente. En ese patrón no cabía la perspectiva liberal de Hugh Thomas (1971), a pesar de su impacto. Mientras tanto, en los Estados Unidos, junto a los primeros clásicos apasionados como C. Wright Mills, Waldo Frank o el grupo de Monthly Review, y los estudios matizados de Maurice Zeitlin y Richard Fagen, surgía una perspectiva hegemónica, tanto por el peso de la creciente diáspora como por las interpretaciones (según las normas de la Guerra Fría) de autores como Theodore Draper, Andrés Suárez e Irving Louis Horowitz, que colocaban a Cuba como objeto de estudio dentro de los paradigmas canónicos de las ciencias políticas establecidas.

Lo que cambió ese patrón en ambos lados del Atlántico fue el deseo, por parte de los gobiernos de los Estados Unidos y el Reino Unido, de explicarse la Revolución cubana. Ello sembró y fertilizó las semillas de una nueva disciplina de los estudios latinoamericanos. Sin embargo, cuando los europeos  comenzamos a seguir esa ruta, descubrimos que las bibliotecas no ofrecían mucho sobre el país caribeño,  sino solamente un puñado de textos estadounidenses,  parte del boom de estudios norteamericanos sobre Cuba, que dejaba atrás la producción europea. Cuando  mejoraron las relaciones Cuba-Estados Unidos, bajo el gobierno de Jimmy Carter, surgieron nuevas interpretaciones politológicas sobre aquella, lideradas por Jorge I. Domínguez y William LeoGrande, quienes también ofrecieron nuevas perspectivas de esas mismas  relaciones, que reconocían la complejidad del tema.

Simultáneamente, la historiografía gana terreno, lo que favorece el éxito de los estudios cubanos en los  Estados Unidos, proceso liderado por Louis A. Pérez Jr., cuya producción, prodigiosa, perceptiva y pionera, lo establecería rápidamente como una fuerza definitoria en la disciplina. Europa también poseía su corpus, donde las obras de Josef Opatrný (1990) (sobre el anexionismo), Brian Pollitt (1977; 1984) y Jean Stubbs (1985) pasaron a ser influyentes clásicos de un canon creciente. Mientras tanto, Michael Chanan (1985) aportó una nueva perspectiva, amplia e influyente, con su clásico The Cuban Image, un texto aún fundamental para los estudiosos del cine cubano. Y en lo económico, Claes Brundenius, tanto solo (en Revolutionary Cuba: The Challenges of Economic Growthwith Equity, 1984) como en colaboración con el innovador Andrew Zimbalist (1989), indicó un sendero de análisis para otros, a través de sus discrepancias respecto al canon establecido por el ya bien respetado Carmelo Mesa- Lago.

Durante la crisis política de 1989-1991, surgió un nuevo hito para las relaciones entre la tendencia norteamericana y la europea. En los Estados Unidos, la crisis cubana, aparentemente terminal, generó una ola de estudios sobre su profundidad, amplitud e implicaciones inmediatas, encabezada por los libros de Susan Eva Eckstein (1994), Marifeli Pérez-Stable (1993) y Damián Fernández (2000), los cuales sugerían la muerte inminente del sistema político cubano. A diferencia de los primeros años de la década de los 60, por el lado europeo algunas disciplinas sí convergieron con esas reacciones, tal vez porque reflejaban el cambio de la cultura política en el continente: del antiguo consenso socialdemócrata hacia las nuevas perspectivas más neoliberales. Ello quizás fuera predecible desde los enfoques del antiguo bloque socialista, donde incluso surgió una nueva escuela de «transitología», eco de un patrón paralelo en los estudios españoles, que aplicaban su experiencia de transición desde el franquismo a la «transición» cubana, aparentemente inevitable y atrasada. Esta perspectiva reflejaba tanto el movimiento de la izquierda española hacia el centro- derecha, como el peso de una creciente diáspora y de la revista Encuentros. Incluso, el lamento izquierdista de Janette Habel (Cuba: The Revolution in Peril, 1991) trazó un proceso aparentemente condenado al fracaso. Y en los departamentos de politología del Reino Unido no se vislumbraba ningún contrapeso, lo que reflejaba aun rechazo a los estudios de cualquier sistema más allá del Atlántico norte.

Hubo ciertas excepciones en las perspectivas de Bert Hoffman (con sus análisis agnósticos y rigurosos) y Lawrence Whitehead (consecuente en sus interpretaciones objetivas de la política exterior cubana). Lamentablemente, la muerte de Steve Ludlam acabó con una estelar carrera en la politología sobre Cuba, con sus reevaluaciones refrescantes y desafiantes sobre los sindicatos dentro de la Revolución; una obra que nunca pudo expresarse en el libro que merecían sus ideas. Vale considerar, además, la tesis doctoral inédita de Lauren Collins (seguramente pionera a futuro), acerca de la trayectoria y el funcionamiento complejos de la gobernanza local cubana. Tanto para Ludlam como para Collins, sus investigaciones se aprovecharon claramente de sus continuos viajes a Cuba, lo que les permitió apreciar los matices necesarios para comprender profunda y ampliamente sus objetos.

Otra convergencia ocurrió en el campo de los estudios culturales, una disciplina que ya se había expandido mucho más allá de sus definiciones tradicionales,cruzando fronteras y bordeando los estudios etnográficos. En los Estados Unidos, los investigadores cubanoamericanos de segunda y tercera generación dominaban el enfoque de esa disciplina sobre Cuba, ya aplicaban a él lo que entendieron como un proyecto desmoronado y una ideología vacía. Por ambos lados del Atlántico floreció toda una gama de estudios enfocados en lo que en ese momento se llamaba rutinariamente la «Cuba postsoviética». Por lo tanto, Europa también describía, en gran medida, una nación de deterioro, desigualdad, resistencia y represión, partiendo fundamentalmente de las visiones positivas de los primeros estudios allí.

Sin embargo, algunas excepciones destacadas divergieron, sobre todo en los estudios ampliamente antropológicos o geográficos que, con la ventaja de acceso prolongado a las realidades de base, examinaron la vida cotidiana cubana con empatía, sutileza, y objetividad. Inside the Revolution: Everyday Life in Socialist Cuba, de Mona Rosendahl (1997), sentó las bases; seguido a su debido tiempo por los estudios Sustainable Agriculture and Food Security in an Era of Oil Scarcity: Lessons from Cuba, de Julia Wright (2009); Everyday Moral Economies: Food, Politics and Scale in Cuba, de Marisa Wilson (2014); y Kinship, Love, and Life Cycle in Contemporary Havana: To Not Die Alone, de la finlandesa Heidi Härkönen (2016). A su vez, Thomas Carter (2008) asumió una perspectiva plenamente antropológica en un estudio sobre deporte en The Quality of Home Runs: The Passion, Politics, and Language of Cuban Baseball.

Otra área significativa y de continua divergencia se apreció en los estudios sobre economía, donde Europa tendía a seguir el sendero indicado por Brundenius en lugar de una norma centrada en la transición, el colapso y la crisis. El mayor acceso para los europeos bien pudo haber ayudado a dar forma a ello, ya que Paolo Spadoni (Cuba’s Socialist Economy Today: Navigating Challenges and Change, 2014), y Emily Morris (2012) discrepaban constantemente de esa corriente, pues se mantenían trabajando en Cuba en estrecha colaboración con académicos cubanos, y se basaban en las estadísticas y los juicios de los habitantes de la Isla.[1]

Mientras tanto, la historiografía seguía siendo un área sobresaliente de senderos paralelos, si no exactamente de convergencia. Dicho paralelismo reflejaba una realidad interesante: mientras que el resto de los cientistas sociales solían enfrentar dificultades creadas por las barreras regulatorias en Cuba, a los historiadores, tanto estadounidenses como europeos, se les permitía (y sigue permitiéndoseles) un mayor acceso a archivos y materiales de la Isla. Esto sí contribuye a explicar la fuerza y el dinamismo de los estudios históricos.

Los años posteriores a 1991 confirmaron el liderazgo de los Estados Unidos en la disciplina: a raíz de las investigaciones de Lou Pérez (1986; 1988; 2013), surgió una nueva generación que, especialmente centrada en la cuestión racial, incluía a Ada Ferrer, Alejandro de la Fuente y Rebecca Scott, junto a perspicaces reevaluaciones de Lillian Guerra acerca de la cultura política del período 1940-1970.

La convergencia con Europa se trataba de calidad, y no de enfoque, aunque la excelente obra de Michael Zeuske sobre la esclavitud continuó prolíficamente, y Aline Helg, en 1995, sacó a la luz Our Rightful Share: The Afro-Cuban Struggle for Equality, 1886-1912, lo que reabrió el estudio externo de la «rebelión» y de la masacre de los Independientes de Color en 1912. La disciplina se   extendió   principalmente en España, donde la base tradicional en los estudios coloniales se desarrolló en manos de Pilar Cagiao Vela (Santiago de Compostela) y Consuelo Naranjo Orovio (Madrid), quienes ampliaron el canon y el enfoque a las migraciones españolas a Cuba, así como a través de tutorías a una nueva generación de estudiosos.

Lamentablemente, en el Reino Unido ya se notaba  cierto declive de las investigaciones históricas sobre América Latina, con ciertas excepciones, como el proyecto de la historia oral de Elizabeth Dore (2009), que produjo una plétora de escritos y el   libro Sexual Revolutions in Cuba: Passion, Politics  and Memory, de Carrie Hamilton (2012), que aportó  sutileza y profundidad a un tema muy controvertido. Sin embargo, en Europa se desarrollaban, cada vez más, nuevas formas de perspectiva histórica, que constaba de estudios amplios con un enfoque más estrecho, o se manifestaban a través de otras disciplinas, o se fusionaban con ellas. Los estudiosos ubicaban, dentro de un contexto histórico claro, sus temas, que a menudo pertenecían más a la historia contemporánea: leer el presente (y especialmente la supervivencia de la Revolución) en el pasado reciente, o leer este a través de juicios actuales. En ese caso se han encontrado mis propios estudios, que han repensado el carácter y el papel de la ideología (Cuba: Isla de los sueños, 2000), el liderazgo (Leadership in the Cuban Revolution: The Unseen Story, 2014) y la evolución de los debates internos y de un Estado diferente (A Short History of Revolutionary Cuba: Power, Authority, and the Statesince 1959, 2021). Además, Zeuske añadió su perspectiva en Insel der Extreme: Kubaim 20. Jahrhundert [Isla de extremos: Cuba en el siglo 20] (2000) y Kleine Geschichte Kubas [Una historia breve de Cuba] (2002). Fue similar el caso de dos escritores que desafiaron los estereotipos sobre el perfil externo de Cuba: Conflicting Missions: Havana, Washington, Africa, 1959-1976 (2002), de Piero Gleijeses, repensó influyentemente la participación cubana en el Tercer Mundo; y Mervyn Bain, en Russian-Cuban Relations since 1992: Continuin g Camaraderie in a post-Soviet World (2008), y Moscow and Havana, 1917 to the Present: An Enduring Friendship in an Ever-Changing World (2019), trazó la evolución de ambas relaciones de manera más compleja de lo que había sugerido el estereotipo habitual de Cuba como país satélite.

En general, en el contexto de la convergencia y la divergencia, parecía que mientras en algunas disciplinas, nuevamente dominantes, los académicos estadounidenses veían el final, el fracaso, y el problema, Europa estaba abordando la supervivencia y la continuidad, quizás repensándolo todo bajo la influencia residual de esas diferencias de los años 60.

Además, hay otro aspecto interesante: mientras los europeos, por lo general, se aprovechaban del fácil acceso a Cuba para el estudio de los años 50 y los 60 (aunque nunca con el éxito sorprendente de Julia Sweig en su investigación pionera), los estudiosos cubanos todavía encontraban (y siguen encontrando) desafíos e incertidumbres acerca de las investigaciones sobre esas décadas, a pesar del repetido llamado, por parte de Raúl Castro, a más transparencia y menos secretismo. Tres investigadores merecen una atención especial, fuera del patrón general. A pesar de su título, Cuba: una nueva historia (2004), de Richard Gott, no abrió nuevos caminos, pero sí logró llegar a un público amplio más allá de lo académico, y contrarrestó los estereotipos mediáticos con una perspectiva radical y basada en una experiencia periodística destacada en América Latina. En 2015, The Cuban Embargo under International Law: El bloqueo, de Nigel White, ofreció un enfoque  de estudios jurídicos para deconstruir la ilegalidad internacional del bloqueo, y así brindaba una visión realmente nueva a un tema estudiado generalmente desde una perspectiva económica. Finalmente, en 2011, Peter Hulme publicó Cuba’s Wild East: A Literary Geography of Oriente. Concebido con imaginación y bellamente escrito, fue tanto historia como geografía, al indicar un camino para otros, desde su metodología y su mirada, no habanocéntrica, hacia las regiones más olvidadas de Cuba.

El patrón emergente de un creciente enfoque histórico a través de, o combinado con, otras disciplinas, ha fertilizado una nueva   generación de estudios doctorales en Europa, que a menudo examinan los años 50 o las primeras décadas de la Revolución, en los que todavía se refleja la influencia de los estudiosos pioneros de los 60. Un importante catalizador fue el entorno creado por el Centro de Investigación sobre Cuba, de la Universidad de Nottingham (Reino Unido), cuyos doctores ocuparían varios puestos académicos para el estudio de Cuba.[2] Las investigaciones del Centro produjeron una serie de libros con nuevas perspectivas. Camillia Cowling ofreció una historia comparada y exhaustivamente investigada en Conceiving Freedom: Women of Color, Gender, and the Abolition of Slavery in Havana and Rio de Janeiro (2013); Kepa Artaraz publicó, en 2009, Cuba and Western Intellectuals since 1959, un análisis minucioso y cuestionador de la relación compleja entre la Cuba revolucionaria y la Nueva Izquierda europea; en 2019, Anna Clayfield produjo The Guerrilla Legacy of the Cuban Revolution, una revalorización profunda del legado prolongado del guerrillismo en la cultura política cubana, forzándonos a reexaminar los poco investigados años de 1970-75. Igualmente, dos estudios se enfocaron en períodos concretos: Youth and the Cuban Revolution Youth Culture and Politics in 1960s Cuba (2018), de Anne Luke y Soviet Influence on Cuban Culture, 1961-1987: When the Soviets Came to Stay (2020), de Isabel Story, un recordatorio oportuno de la necesidad de repensar viejas suposiciones. Quizás los libros más imaginativos de esta nueva generación eran la visión «fictocrítica» de Christabelle Peters en Cuban Identity and the Angolan Experience (2012), donde se examinan los efectos y no las causas de la guerra en Angola, por una nueva metodología; y la imaginativa y sutil Liminality in Cuba’s Twentieth-Century Identity: Rites of Passage and Revolutions (2019), de Stephen Fay. Más centrado en la Cuba actual, pero dentro de un marco decididamente histórico, Education, Citizenship, and Cuban Identity (2016), de Rosemary Smith, brinda una historia refrescante y actualizada, dentro y después  de la Batalla de Ideas, de la educación cubana y un análisis empático de aspectos olvidados. Igualmente imaginativo, pero más allá del Centro, el auge del doctorado incluyó Fidel and Che: A Revolutionary Friendship (2009), de Simon Reid-Henry, una versión de los estudios culturales acerca de un tema bastante conocido en la literatura.

Sin embargo, el nuevo boom incluyó investigaciones obviamente más inclinadas a lo histórico, beneficiadas por un conocimiento extraído de los archivos cubanos y de la materia de base: El pueblo cubano en  armas, de Albert Manke (2014), sobre las Milicias Nacionales Revolucionarias; la fascinante historia de Karen Leimdorfer sobre el cuaquerismo en Cuba, ¿Cultural Imperialism or Cultural Encounters? (2008); Che Guevara: The Economics of Revolution (2009), de Helen Yaffe, en el que se expone el aporte del  Che al pensamiento económico; y, en 2016, un libro, realmente pionero, de Stephen Cushion, A Hidden History of the Cuban Revolution: How the Working Class Shaped the Guerrillas’ Victory, sobre el papel de los trabajadores de Manzanillo en la insurrección armada. Igualmente, de una nueva generación de investigadores en España forman parte Patricia Calvo González (2021), quien realizó el estudio forense sobre la prensa extranjera durante dicha insurrección, ¡Hay  un barbudo en mi portada! La etapa insurreccional cubana a través de los medios de comunicación y la propaganda 1952-1958; y Manuel Ramírez Chicharro (2016), quien ha realizado numerosos escritos forenses  sobre la participación política de la mujer antes de 1959. Las investigaciones, tanto de Pablo Alonso González (2018), como de Alberto Martí, trajeron nuevas y desafiantes perspectivas a los estudios de memoria y arqueología; el primero lo hizo en Cuban Cultural Heritage: A Rebel Past for a Rebel Nation, y el segundo en su tesis doctoral, todavía inédita, sobre la reconcentración en Pinar del Río.

Vale considerar en este punto una disciplina que se destacaba por no encajar en ningún patrón: los estudios literarios. A lo largo de las dos primeras décadas de la Revolución, los grandes estudios de la literatura cubana, tanto en los Estados Unidos como en Europa, se centraban principalmente en obras escritas y en las figuras más conocidas antes de 1959, liderados por Carmen Ruiz Barrionuevo (Salamanca), quien se involucraba plena y prolíficamente en distintos aspectos. Otras, tales como Verity Smith y Catherine Davies (A Place in the Sun, 1997), abordaron el nuevo tema de la escritura hecha por mujeres, tanto antes como después de 1959. Sin embargo, en su mayoría el mundo académico externo ignoraba lo producido luego de ese año en Cuba. Por contraste, el enfoque dominante ahora tendía a dirigirse hacia su contexto político y el estudio de los escritores que emigraron (los «exiliados») después de esa fecha.

Luego de 1991, este último enfoque generó una estampida, tanto en el mundo académico estadounidense  como en el europeo, lo que aparentemente confirmaba una ortodoxia de que solo valía la pena estudiar la literatura escrita en Cuba después de 1971 (a inicios del «Quinquenio gris») si era disidente o buscaba el exilio. O sea, les preocupaba a los estudiosos el contexto más que el texto; en particular, cuando se enfocaban en una política cultural regulatoria o de las restricciones de los impulsos ideológicos. Hasta cierto punto, pero con más sutileza, ese interés continuó en la reciente y equilibrada obra de Emilio Gallardo-Saborido sobre el Quinquenio en su contexto histórico (El martillo y el espejo, 2009), y en los múltiples análisis de Jesús Gómez de Tejada (Gallardo-Saborido et al., 2018) sobre la ficción criminal, lo que ubica a los textos dentro de un claro marco ortodoxo.[3] Sin embargo, el contexto también, pero de forma muy diferente, propició un enfoque imaginativo y revelador en manos de Par Kumaraswami, desafiando cada vez  más la nueva ortodoxia por sus estudios minuciosos e intelectualmente cuestionadores del contexto social y el papel socializador (no así impulsor) de la literatura y sus implicaciones para la ideología. Sus Literary Culture in Cuba: Revolution, Nation-Building and the Book (2012),[4] y The Social Life of Literature in Revolutionary Cuba: Narrative, Identity and Well-Being (2016) repiensan el significado y el papel social y fundamental de la cultura; ambos fueron descuidados al otro lado del Atlántico (¿por distarse de la ortodoxia?), a pesar del serio uso de los enfoques teóricos de los propios cubanos.

Mientras tanto, a pesar del acceso, por una parte, y tal vez como resultado de su falta, por otro, todavía quedan vacíos en la cobertura de todas las investigaciones, tanto estadounidenses como europeas. La lista es extensa, pero tal vez los temas más urgentes que investigar, tanto por extranjeros como por cubanos, podrían incluir, por ejemplo: el Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS), muy olvidado por la investigación; las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), para acabar con las generalizaciones; las muchas realidades sociales, culturales, políticas, económicas, muy diferentes a lo largo de la «Cuba profunda» más allá de La Habana; la reconstrucción del Estado en los años 90; las organizaciones de masas; la historia y papel de la Asociación de Combatientes; la historia y la antropología acerca de cada religión; y el deporte, estudiado desde la perspectiva antropológica, como parte de la cultura.

En conclusión, mi propósito no ha sido, de ninguna forma, argumentar que los europeos han acertado y los estadounidenses no: nadie puede negar la calidad y el aporte de los segundos sobre Cuba, que aún lideran el campo. Se trata simplemente de señalar que un acceso mayor y continuo, así como un punto de partida político diferente, han traído enfoques alternativos sobre Cuba, tal vez todavía herederos de las posturas de los años 60 y conservados por una comunidad europea de estudios sobre ella, cuyo reducido tamaño la hace capaz de seguir autoalimentándose. Sin embargo, a veces esos diferentes enfoques no suelen reconocerse en los Estados Unidos, tal como merecen. Antes de llegar a unas conclusiones vale la pena reconocer, aunque este estudio se ha enfocado en los libros (y unos pocos artículos), el aporte de la revista Cuban Studies, que siempre ha seguido un sendero valioso, consecuente y equilibrado, incluyendo en sus números las contribuciones de cubanos junto a las de investigadores estadounidenses. Ella sigue siendo una de las fuentes más ricas y respetadas para los estudiosos de Cuba. En Europa, la nueva revista británica International Journal of Cuban Studies (con base en el Reino Unido), principalmente online, ha comenzado a publicar suplementos de Cuban Studies debido a la inclusión de artículos europeos.


Notas:

[1] Los numerosos artículos, informes y capítulos de Emily Morris, durante más de una década, muestran constantemente profundidad y perspicacia, y una gratificante familiaridad con el tema.

[2]  El Foro para el Estudio de Cuba (FSC) tuvo su sede en Wolverhampton entre 1998 y 2004; luego se trasladó a Nottingham y pasó a llamarse Centro de Investigación sobre Cuba (CRC), con el Foro de Investigación de Cuba (CRF) como su red internacional adjunta y el sitio de sus conferencias anuales.

[3] Stephen Wilkinson (2006) había estudiado la ficción policíaca cubana como reflejo del contexto, pero ahora Gómez y Gallardo Saborido empezaron a considerarla dentro de normas ortodoxas del mundo socialista del género.

[4] Investigado y escrito en colaboración con este autor.

Referencias:

Alonso González, P. (2018) Cuban Cultural Heritage: A Rebel Past for a Rebel Nation. University Press of Florida.

Artaraz, K. (2009) Cuba and Western Intellectuals since 1959. Londres: Palgrave Macmillan.

Bain, M. (2008) Russian-Cuban Relations since 1992: Continuing Camaraderie in a post-Soviet World. Lanham, M. D.: Lexington Books.

______ (2019) Moscow and Havana, 1917 to the Present: An Enduring Friendship in an Ever-Changing World. Lanham, M. D.: Lexington Books.

Blackburn, R. (1963) «Prologue to the Cuban Revolution». New Left Review, n. 21, 52-91.

Brundenius, C. (1984) Revolutionary Cuba: The Challenges of Economic Growth with Equity. Boulder/Londres: Westview Press

Brundenius, C y Zimbalist, A. (1989) The Cuban Economy: Measurement and Analysis of Socialist Performance. Baltimore/ Londres: The Johns Hokins University Press.

Calvo González, P. (2021) ¡Hay un barbudo en mi portada! La etapa insurreccional cubana a través de los medios de comunicación y la propaganda 1952-1958. Madrid: Casa del Libro.

Carter, T. (2008) The Quality of Home Runs: The Passion, Politics, and Language of Cuban Baseball. Duke University Press.

Chanan, M. (1985) The Cuban Image: Cinema and Cultural Politics in Cuba. Londres: BFI Publishing.

Clayfield, A. (2019) The Guerrilla Legacy of the Cuban Revolution. University of Florida Press.

Cowling, C. (2013) Conceiving Freedom: Women of Color, Gender, and the Abolition of Slavery in Havana and Rio de Janeiro. Chapel Hill: University of North Carolina Press.

Cushion, S. (2016) A Hidden History of the Cuban Revolution: How the Working Class Shaped the Guerrillas’ Victory. Nueva York: Monthly Review Press.

Dore, E. (2009) «Cubans' memories of the 1960s: the ecstasies and the agonies». ReVista, v. VII, n. 16, invierno, 34-8. Disponible en <https://bit.ly/3HG0eW4> [consulta: 1 marzo 2022].

Dumont, R. (1970) Cuba, est-ilsocialiste? París: Éditions du Seuil.

Eckstein, S. E. (1994) Back from the Future: Cuba under Castro. Princeton University Press.

Fay, S. (2019) Liminality in Cuba's Twentieth-Century Identity: Rites of Passage and Revolutions. Londres: Tamesis Books.

Fernández, D. J. (2000) Cuba and the Politics of Passion. Austin: University of Texas Press.

Gallardo Saborido, E. J. (2009) El martillo y el espejo: directrices de la política cultural cubana (1959-1976). Madrid: CSIC.

Gallardo Saborido, E. J., Gómez de Tejada, J. y Puñales Alpízar, D. (eds.) (2018) Asedios al caimán letrado: literatura y poder en la Revolución cubana. Praga: Universidad de Praga/Editorial Karolinum.

Gleijeses, P. (2002) Conflicting Missions: Havana, Washington, Africa, 1959-1976. Chapel Hill: The University of North Carolina Press.

Gott, R. (2004) Cuba: una nueva historia. Yale University Press.

Habel, J. (1991) Cuba: The Revolution in Peril. Londres: Verso Books.

Hamilton, C. (2012) Sexual Revolutions in Cuba: Passion, Politics and Memory. Chapel Hill: The University of North Carolina Press.

Härkönen, H. (2016) Kinship, Love, and Life Cycle in Contemporary Havana: To Not Die Alone. Londres: Palgrave Macmillan.

Helg, A. (1995) Our Rightful Share: The Afro-Cuban Struggle for Equality, 1886-1912. Chapel Hill, University of North Carolina Press.

Hennessy, C. A. M. (1963) «The roots of Cuban nationalism». International Affairs, v. 39, n. 3, julio, 345-59.

Hulme, P. (2011) Cuba's Wild East: A Literary Geography of Oriente. Liverpool University Press.

Kapcia, A. (2000) Cuba: Island of Dreams. Oxford: Berg Publishers.

______ (2014) Leadership in the Cuban Revolution: The Unseen Story. Londres: Zed Books.

______ (2021) A Short History of Revolutionary Cuba: Power, Authority, and the State since 1959. Londres: Bloomsbury Publishing.

Karol, K. S. (1970) Les guérilleros au pouvoir: L’itineraire politique de la révolution cubaine. París: Robert Laffont.

Kumaraswami, P. (2016) The Social Life of Literature in Revolutionary Cuba: Narrative, Identity and Well-Being. Londres: Palgrave Macmillan.

Kumaraswami, P. y Kapcia, A. (2012) Literary Culture in Cuba: Revolution, Nation-Building and the Book. Manchester University Press.

Leimdorfer, K. (2008) Cultural Imperialism or Cultural Encounters? Saarbrücken: VDM Verlag Dr. Mueller e.K.

Luke, A. (2018) Youth and the Cuban Revolution Youth Culture and Politics in 1960s Cuba. Lanham, M. D.: Lexington Books.

Manke, A. (2014) El pueblo cubano en armas. Stuggart: Heinz.

Morris, E. (2012) Understanding Cuban economic policy and performance, 1990-2000: a contribution to the theory of economic transition. Tesis de doctorado. Universidad de Londres.

Opatrný, J. (1990) US Expansionism and Cuban Annexationism in the 1850s. Praga: Universidad de Carolina.

Pérez, Jr., L. A. (1986) Cuba under the Platt Amendment, 1902-1934. University of Pistburgh Press.

______ (1988) Cuba: Between Reform and Revolution. Oxford University Press.

______ (2013) The Structure of Cuban History: Meanings and Purpose of the Past. Chapel Hill: The University of North Carolina Press.

Pérez-Stable, M. (1993) The Cuban Revolution: Origins, Course, and Legacy. Nueva York/Oxford: Oxford University Press.

Peters, C. (2012) Cuban Identity and the Angolan Experience. Londres: Palgrave Macmillan.

Pollitt, B. H. (1977) «Some problems in enumerating the “peasantry” in Cuba». Journal of Peasant Studies, v. 4, n. 2, 162-80.

______ (1984) «The Cuban Sugar Economy and the Great Depression». Bulletin of Latin American Research, v. 3, n. 2, 3-28.

Ramírez Chicharro, M. (2016) «El activismo social y político de las mujeres durante la República de Cuba (1902-1959)». Revista Eletrônica Da ANPHLAC, n. 20, 141-72. Disponible en <https://bit.ly/343zkcH> [consulta: 1 marzo 2022].

Reid-Henry, S. (2009) Fidel and Che: A Revolutionary Friendship. Londres: Walker Books.

Rosendahl, M. (1997) Everyday Life in Socialist Cuba. Ithaca: Cornell University Press.

Seers, D. (ed.) (1964) Cuba: The Economic and Social Revolution.

Chapel Hill: The University of North Carolina Press.

Smith, R. (2016) Education, Citizenship, and Cuban Identity. Londres: Palgrave Macmillan.

Smith, V. y Davies, C. (1997) A Place in the Sun. Londres/Nueva York: Zed Books.

Spadoni, P. (2014) Cuba’s Socialist Economy Today: Navigating Challenges and Change. Boulder, Colorado: Rienner.

Story, I. (2020) Soviet Influence on Cuban Culture, 1961-1987: When the Soviets Came to Stay .Lanham: Lexington Books.

Stubbs, J. (1985) Tobacco on the Periphery: A Case Study in Cuban Labour History, 1860-1958. Nueva York: Cambridge University Press.

Thomas, H. (1971) Cuba, or the Pursuit of Freedom. Londres: Eyre & Spottiswoode.

White, N. (2015) The Cuban Embargo under International Law: El Bloqueo. Londres: Routledge.

Wilkinson, S. (2006) Detective Fiction in Cuban Society and Culture. Oxford: Peter Lang.

Wilson, M. (2014) Everyday Moral Economies: Food, Politics and Scale in Cuba. Oxford: Wiley-Blackwell.

Wright, J. (2009) Sustainable Agriculture and Food Security in an Era of Oil Scarcity: Lessons from Cuba. Londres: Earthscan.

Yaffe, H. (2009) Che Guevara: The Economics of Revolution. Londres: Palgrave Macmillan.

Zeuske, M. (2000) Insel der Extreme: Kubaim 20. Jahrhundert. Zurich: Rotpunktverlag.

______ (2002) Kleine Geschichte Kubas. Munich: Verlag C. H. Beck.

ÚLTIMAS EDICIONES

Bienvenido!

Acceda a su cuenta debajo

Crear nueva cuenta

Rellene los campos debajo para registrarse

Vuelva a escribir su contraseña

Por favor, teclee su usuario o email para resetear su contraseña.