Economía social y solidaria en el desarrollo local de Cuba

El año 2007 marca el inicio de un nuevo período de reajustes en Cuba: el proceso de Actualización del modelo económico y social cubano. Esta etapa nace en un escenario complejo: crisis económica internacional, persistencia del bloqueo estadounidense, incremento de fenómenos climatológicos y desastres naturales, bajo crecimiento económico en el país, envejecimiento poblacional,(1) además, marca la ausencia de la relación productividad del trabajo-incremento del salario medio mensual; ensanchamiento de las desigualdades sociales; urgencia de restaurar la sustentabilidad económica del socialismo cubano (Espina Prieto, 2012; 2014; Pérez Villanueva, 2013).

La Actualización se sustenta en los denominados «documentos programáticos»: los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución (PCC, 2011; 2017b), y la Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista. Plan macional de desarrollo económico y social hasta 2030: propuesta de visión de la nación, ejes y sectores estratégicos (PCC, 2017a). Se nutre, además, de normativas y regulaciones aprobadas a partir de ese año.

Los principios de este proceso incluyen una mayor incorporación de elementos de mercado en la asignación de recursos en la economía, una mayor descentralización de las empresas estatales, mayores prerrogativas a los territorios, así como una mayor participación en la economía de las formas privadas de propiedad (Fernández, 2020: 3); más la reestructuración y modernización del aparato estatal y la erradicación de prohibiciones que limitan las oportunidades de la población (Triana, 2012). (2)

Una columna esencial en la arquitectura de la Actualización es el desarrollo local (DL). A pesar de los altibajos que describe su trayectoria, (3) la última década parece ser la más fructífera en materia de políticas y acciones. (4) Se ha enfatizado en mayores niveles de descentralización del modelo de gestión y autonomía municipal, en el rescate del papel de la planificación y en el desempeño del sector no estatal. Se procura el empoderamiento de actores locales, el encadenamiento productivo y las alianzas multiactorales.

El DL es un proceso esencialmente endógeno, participativo, innovador y de articulación de intereses entre actores, territorios y escala (municipal, provincial y sectorial/nacional). Se sustenta en el liderazgo de los gobiernos municipales y provinciales para la gestión de sus estrategias de desarrollo dirigidas, desde el conocimiento y la innovación, al fomento de proyectos que generen transformaciones económico-productivas, socioculturales, ambientales e institucionales, con el objetivo de elevar la calidad de vida de la población (MEP, 2020).

A partir de las transformaciones implementadas han proliferado lógicas de Economía social y solidaria (ESS)(5) en el país. Si bien este término no está explícito en los documentos programáticos, el terreno resulta fértil para sus directrices: desarrollo de la cooperación y la solidaridad, generación de empleos con esas lógicas de trabajo consecuente (GALFISA, 2018), alianzas multiactorales (D´Angelo, 2020), acciones planificadas y espontáneas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) (Rojas et al., 2016) y cooperativa (6) con impacto comunitario y medioambiental.(7)

¿Qué puede aportar el desarrollo local con enfoque de ESS dentro de este mosaico? Se puede responder a partir de identificar los aportes de ambos conceptos. Las ideas que se exponen se nutren de aproximaciones teóricas de autores nacionales y extranjeros y brindan elementos que pueden fortalecer las estrategias de DL. Dinamizar la economía cubana desde la ESS requiere de múltiples alianzas e interconexiones desde los planos macro, meso y microsociales. El municipio funge como portador de tradiciones, cultura e identidad, fuerzas sociales, humanas y económicas propias. Aprovechar al máximo las oportunidades del entorno puede contribuir a desarrollar las capacidades locales, la generación de empleos sostenibles y la inclusión de grupos en situación de vulnerabilidad. Ello supone la aplicación de principios justos y solidarios de distribución de recursos materiales y conocimientos, la redefinición de marcos normativos, y la producción y provisión de bienes públicos de alta calidad.

Desarrollo local con enfoque de ESS

El DL debe proveer oportunidades, garantizar seguridad, empoderamiento e integración de los actores locales a través de un proceso de descentralización de las funciones, sustentabilidad de las iniciativas y movilización práctica de las sociedades locales (Espina Prieto, 2006). Resulta un cambio estructural que produce crecimiento económico y moviliza recursos endógenos y exógenos. Es un proceso multidimensional donde el ser humano está en el centro, se propicia la innovación social, los encadenamientos productivos y la sostenibilidad medioambiental.

En la región latinoamericana, tal concepción se distingue, fundamentalmente, por la prevalencia de un enfoque economicista que intenta desmembrar lo nacional y conectar la localidad a los circuitos del capital financiero y las cadenas productivas internacionales. En ese proceso y en la transformación nacional, desconoce la importancia estratégica del Estado y acentúa las desigualdades territoriales. Se limita el papel del gobierno al de un simple agente promotor de la iniciativa privada, pues se enfatiza más en el incentivo a las pequeñas y medianas empresas. Se acentúan un enfoque simplista de la administración pública, en detrimento de una gerencia estratégica del desarrollo sobre bases participativas, democráticas y con enfoque de sostenibilidad (Torres, 2015). Experiencias regionales como «el Buen Vivir» y el «Socialismo del siglo xxi» marcan la diferencia, al jerarquizar al ser humano y su relación con la naturaleza en el centro del desarrollo.

La ESS es una forma de economía centrada en la protección social y la equidad, que conduce a la creación de empleos de calidad, crecimiento justo, el progreso de la democracia de base y el desarrollo sostenible, donde es fundamental la función de los gobiernos locales. Es un modo de hacer economía, organizando de manera asociada y/o cooperativa la producción, distribución, circulación y consumo de bienes y servicios, no en base a la obtención de ganancias de forma individualista sino a la resolución de las necesidades, buscando condiciones de vida de alta calidad para todos los que en ella participan, sus familiares y comunidades, en colaboración con otras comunidades; a la vez que se establecen lazos sociales fraternales y solidarios, de forma autogestionaria y democrática en la participación, en las decisiones, asumiendo con responsabilidad el manejo de los recursos naturales y el respeto a las generaciones futuras, sin explotación del trabajo ajeno. (ESORSE, 2019: 3)

En Latinoamérica resulta la expresión del fracaso del modelo neoliberal, y se ha erigido como un enfrentamiento a los desajustes de sus políticas (Coraggio, 2008; Del Castillo, 2017a). Estas iniciativas contribuyen a legitimar una nueva forma de pensar la democracia y de concebir una política participativa. En algunos países de la región (Ecuador, Venezuela y Bolivia) se hacen explícitas en sus Cartas Magnas. En momentos de crisis, la ESS se ha convertido en una alternativa para atenuar sus consecuencias negativas (GTINUESS, 2014). La Confederación empresarial española de economía social (2008) señala que actúa donde se precisa una solución a los problemas locales de empleo, de necesidades de las personas, de desarrollo económico, de integración de colectivos excluidos; e influye en la construcción de una sociedad más equitativa y cohesionada. Tal alternativa trata de poner límites sociales al mercado capitalista y, si es posible, construir otros donde los precios y las relaciones resulten de una matriz social que pretende la integración de todos, con un esfuerzo y unos resultados distribuidos de manera más igualitaria (Coraggio, 2008).

El DL y la ESS son procesos multidimensionales donde es posible identificar varias aristas: política, social, económica, legal, medioambiental, cultural y participativa. Tienen como meta la transformación social inclusiva donde el ser humano se desdobla como emisor y receptor. Potencian la generación de empleos de calidad, los procesos de innovación social, las alianzas multiactorales, los encadenamientos productivos, el respeto al medio natural, y la cooperación sobre la competencia.

La constante búsqueda de la equidad social debe de ser una meta. Una sociedad más justa es aquella en la que todas las personas se reconocen mutuamente como iguales en derechos y posibilidades, y tiene en cuenta las diferencias existentes entre las personas y los grupos. La ESS sostiene que todas las personas son sujetos dignos y rechaza las relaciones de dominación y explotación del trabajo ajeno (Coraggio, 2011; GTINUESS, 2014). Dentro de este espectro, hay que promover el empoderamiento femenino y la eliminación de las relaciones de poder patriarcales, tanto en el espacio público como dentro de sus entidades. Entre sus objetivos debe de estar la ruptura del binomio productivo/reproductivo, e incorporar y visibilizar la esfera reproductiva y el ámbito de los cuidados en los discursos y las prácticas económicas (Nobre, 2015).

La generación de empleos sostenibles es otro de los horizontes. El trabajo adquiere una dimensión social que implica poner las capacidades de las personas al servicio de las necesidades de la comunidad y de la población en general, tomando en cuenta todas las actividades, incluido el trabajo doméstico y las tareas de cuidado (GTINUESS, 2014). Es un proceso donde la sabiduría popular, las tradiciones y las identidades pueden fungir como entes movilizadores que posibiliten la inclusión de grupos en situación de vulnerabilidad social.

La ESS defiende el derecho a la participación en todos los ámbitos de la vida (cultural, social, económica, política); a la información y a la toma de decisiones conjuntas en todos los estamentos de la sociedad; mediante la horizontalidad y la autonomía (Guridi y De Mendiguren, 2014).

La gestación de alianzas multiactorales, intra/ intermunicipales, es otro punto de encuentro del DL y la ESS. Estas articulaciones propician sinergias entre las prioridades nacionales y los proyectos de la segunda en el ámbito local (ibídem).

El municipio resulta un espacio de concertación social de los diferentes agentes socioeconómicos públicos y privados —administraciones públicas, instituciones locales, organizaciones empresariales, movimientos sociales, universidades regionales, centros de investigación y de extensión de conocimientos técnicos, organizaciones no gubernamentales— para el aprovechamiento más eficiente y sostenible de los recursos endógenos existentes, el fomento de las capacidades propias y la creación de un entorno innovador en el territorio. (45)

La tríada que conforman, a escala local, la innovación, la producción y el consumo se proyecta como una pieza importante de esta armazón. Es vital que se cierren los ciclos de producción y consumo en los municipios. En este sentido resultan trascendentes las compras del Estado a las empresas de la ESS y el incentivo de los proyectos de innovación tecnológica. Su éxito depende del impulso que les den los gobiernos locales en alianza con la comunidad, las universidades, los centros de investigación y las empresas de la ESS, en torno a la perspectiva de un proyecto económico en que se conjuguen democracia y desarrollo (Del Castillo, 2017a).

La ESS incentiva la reinversión interna de los excedentes obtenidos. Así, se promueven procesos de acumulación y se dispone de mayor capacidad para movilizar los recursos existentes (García Serrano y López Serrano, 2011). Lo anterior potencia el vínculo entre la actividad económica, las necesidades y el tejido productivo locales.

La responsabilidad social empresarial es un concepto importante de la ESS y del DL; aunque, en el contexto internacional, ha experimentado el descrédito por la venta de una fachada «socialmente responsable». Su centro son las relaciones dentro de las empresas y su interacción con los diferentes grupos de relación.8 Implica una nueva forma de dirigir y participar, una interacción diferente con el entorno y la comunidad, una apuesta constante por la transformación social inclusiva.

Una organización socialmente responsable no puede eludir ni descuidar su objeto social, sino enriquecerlo a través de un hilo conductor, que potencie la relación empresa-sociedad y empresa-medioambiente. Estas consideraciones toman forma en producciones más limpias; uso de energías renovables; reducción, reutilización y reciclaje de residuos; fomento de la educación e investigación ambiental; y el consumo responsable.

Sus aportes

Al menos dos factores sugieren la pertinencia de la ESS para Cuba: la Estrategia de desarrollo económico y social, que apuesta por un municipio fortalecido, y la diversificación de la matriz productiva (ESORSE, 2019). La escala de acción ideal de la ESS es el municipio, donde los actores crean cadenas de producción y valor en función del DL. Es vital que emprendimientos, cooperativas, pequeñas y medianas empresas se gesten desde lógicas de la ESS, a fin de que sus acciones, los encadenamientos productivos, y las alianzas multiactorales formen parte de su accionar cotidiano. Esto tendría, en el mediano y largo plazo, un saldo positivo para los municipios.

El desarrollo de estos se debe impulsar a partir de la estrategia del país como instancia fundamental para que se fortalezcan, con la autonomía necesaria y una sólida base económico-productiva que los haga sustentables (PCC, 2017b: Lineamiento 17). La evidente voluntad política de fomentar los procesos de DL impacta en las cadenas productivas verticales, y obliga a su reconversión, lo cual abre nuevos espacios y retos para la planificación. Los proyectos locales son una estrategia de trabajo para el autoabastecimiento municipal que favorece el desarrollo de las mini-industrias y centros de servicios, donde la autosustentabilidad financiera será el elemento esencial, armónicamente compatible con los objetivos del Plan de la economía nacional y de los municipios (Lineamiento 37).

El Lineamiento 21 establece el pago de un tributo territorial, definido centralmente, con el objetivo de respaldar financieramente el DL de sus territorios. Las empresas, sociedades mercantiles y cooperativas deben depositar 1% de sus ingresos brutos al presupuesto de los municipios donde radican.9

En el nivel municipal cubano, es posible identificar ecosistemas de actores para la gestión del DL con enfoque de ESS: Asamblea del Poder Popular; Consejo de la Administración; instituciones educativas y de investigación científica; empresas estatales; unidades presupuestadas; proyectos sociocomunitarios; Consejos populares; organizaciones políticas, de masas, sociales, profesionales, y otras de la sociedad civil cubana; negocios privados; pequeñas y medianas empresas; cooperativas; y empresas mixtas (Torres, 2019). Su integración y la de sus acciones de RSE, con una Estrategia de desarrollo local que los potencie en relación con los recursos y necesidades, pueden cristalizar en una transformación local inclusiva.

La Actualización ha desembocado en una diversificación de la matriz productiva nacional. Se busca legitimar, no solo en el ámbito legal sino también en el comportamiento cotidiano, esas diferentes formas de propiedad y, en consecuencia, se establece una política para su fomento, y un marco legal, aún imperfecto e incompleto, que le da apoyo y marca límites relativamente claros (Triana, 2012). Es decir, una concepción del desarrollo futuro que integra, a la vez, el propósito de consolidar el socialismo con el de lograr una inserción exitosa de Cuba en la economía mundial, y la eliminación de fallas estructurales y funcionales del proceso, experimentadas hasta la actualidad.

El desarrollo de las fuerzas productivas es un propósito explícito de estas transformaciones. Surge del convencimiento de que consolidar el socialismo en Cuba solo es posible sobre la base de elevar sustancialmente la productividad y la eficiencia de su economía (Triana, 2012). Se difunde la idea de que el pleno empleo estatal no es posible de mantener en una economía que muestra signos de recesión. Es característica una reducción formal del papel del Estado como garante del empleo, y un tránsito hacia el otorgamiento de mayores responsabilidades individuales y familiares en la conformación de las trayectorias laborales (Echevarría y Rojas, 2018).

Las formas de gestión no estatales aseguran producciones y servicios que aportan recursos a la economía y que no pueden ser garantizadas por el sector estatal; permiten movilizar capitales internos (ahorros) y externos (remesas), que de otra forma estarían inactivos o no llegarían al país (Carranza, 2020). Se añade un mejor aprovechamiento de los recursos endógenos (familiares y comunitarios), el fomento de la economía familiar, el potencial de las alianzas público-privadas y la capacidad de insertarse y aportar a las estrategias de DL (Betancourt, 2020). Las políticas públicas y el marco regulatorio tienen la misión de concebir un entorno que favorezca y potencie la responsabilidad social de estos nuevos actores en aras de fomentar conductas solidarias y participativas (Cobo citado en Del Castillo, 2017b).

Para Cuba la RSE se enmarca en la Economía social y solidaria (ESS) […] Está orientada a la constitución de relaciones sociales diferentes basadas en la horizontalidad y la cooperación; a asegurar condiciones de trabajo dignas, repartición equitativa de las ganancias y a promover valores como la solidaridad y responsabilidad. (Betancourt, 2021: 2)

En la Actualización, las cooperativas —protagonistas por excelencia de la ESS— están llamadas a desempeñar un papel relevante. En ella se reconoce que son «objeto de atención especial entre las formas no estatales» lo que pudiera sugerir que es preferible fomentar esa forma de propiedad por encima de la privada, aunque la práctica se aleja un poco de ello (Betancourt, 2020). La cifra total de cooperativas tiende a la disminución. En el sector agropecuario, las Unidades Básicas de Producción Campesina (UBPC) son las que más disminuyen. Las de industria y servicios10 no tienen mejor suerte: entre 2013 y 2014 se aprobaron 498; de ellas, solo 422 están funcionando (ONEI, 2019; Betancourt, 2020).

Estas transformaciones, con un importante peso en lo económico y lo legal, se acompañan de otras, deseadas o no, en las relaciones sociales. Un desafío importante reside en la articulación entre la política social y la económica. Ella debe garantizar un adecuado balance entre ambas en cuanto a eficiencia, equidad y sostenibilidad (Zabala y Echevarría, 2019).

El término empleado en Cuba para caracterizar su modelo es «Economía socialista», no ESS, no obstante sus coincidencias. Se creó por el Estado, mediante el sistema socioeconómico y político, la planificación central y las empresas estatales. Estas últimas tienen objetivos solidarios implícitos, pero rara vez son trazados por sus directores y trabajadores. Tampoco gozan, hasta el momento, de autonomía financiera como para destinar una parte de sus ingresos a acciones sociales o ambientales, que no sean explícitamente contempladas en el Plan de la Economía Nacional (Betancourt, 2015).

«Cuba, como país socialista es un caso único y, en potencia, paradigmático de la ESS» (Betancourt, 2016: 35). Esta se integra al proyecto socialista en la medida que tiene al ser humano como centro del desarrollo y busca satisfacer las necesidades comunes de la población, y está comprometida con la prestación de servicios; articula las diferentes formas de gestión de la propiedad, y prioriza a la asociación de personas sobre la de capitales.

La ESS en Cuba debe de trascender la filantropía y ser un ente movilizador de la economía local, generadora de empleos, de procesos de encadenamientos productivos y de empoderamiento de los actores, una vez que promueva y consolide comportamientos solidarios, cooperados y socialmente responsables. Sus lógicas conducirán a la protección social, la equidad, el crecimiento justo, el progreso de la democracia de base y el desarrollo sostenible (Guzón, 2018). Tiene que superar la premisa de emprendimientos privados con RSE y convertirse en un proceso transformador e inclusivo, donde hombres y mujeres encuentren un espacio de realización personal.(11)

Sistematizar y divulgar buenas prácticas de ESS es una deuda de la academia cubana. Esto contribuiría a impulsar un movimiento sobre estos temas que podría cristalizar en propuestas de políticas públicas que legitimen estas lógicas. Más allá de este vacío, es posible identificar emprendimientos, cooperativas, empresas estatales y mixtas, que se mueven en el terreno de la RSE y del trabajo cooperado y solidario (Iglesias Pérez, 2015; Torres, 2015; Betancourt, 2020; Gómez Arencibia, 2020).

Entre los ejemplos paradigmáticos de la ESS en Cuba, se encuentra el proyecto Artecorte, coordinado por Gilberto Valladares, en el barrio Santo Ángel, del Centro Histórico de La Habana. Se inició, en 1999, por el interés de crear un espacio donde se dignificara los oficios de peluquería y barbería. Se crea así el primer museo con esa temática, que atesora objetos propios de la profesión y recopila escrituras y datos históricos del viejo oficio (Iglesias Pérez, 2015).

Uno de los resultados más importantes de este proyecto ha sido la estrecha articulación entre el sector público y el privado que ha permitido la dinamización de la economía local e instaurar los principios de la economía social y solidaria como un efecto dominó en cada uno de los negocios privados que se han ido desarrollando en el barrio, específicamente en el callejón de los peluqueros, sede del proyecto. Además, se ha dado un proceso de rehabilitación de inmuebles de alto valor histórico y patrimonial por parte de los emprendimientos privados, se han generado encadenamientos productivos entre los propietarios de los negocios enclavados, permitiendo la generación de empleo en la comunidad, y con ello el incremento de los ingresos y los servicios para las familias residentes y las zonas aledañas y la incorporación de todas las dimensiones del desarrollo en cada proyecto llevado a cabo. (9)

Existen otras iniciativas en el país —Plaza de la Marqueta (Holguín), Cooperativa de Reciclaje (Mayabeque), Cooperativa Sancof (Matanzas), proyecto Akokán (La Habana), proyecto ¡Atrévete, eres más!, Los Olivos (Pinar del Río)— cada una con sus peculiaridades e identidad, algunas nacidas al margen de las estrategias de DL y otras integradas totalmente a la gestión de los gobiernos municipales. Comparten la puesta en práctica de acciones socialmente responsables, el desarrollo de una arista medioambiental, la generación de empleos sostenibles a escala local, la interconexión con otras formas de gestión y varias iniciativas de capacitación y formación.

En Cuba, durante la crisis generada por la COVID-19, se desarrollaron o visibilizaron varias acciones con lógicas de ESS. Para algunos resultó el  momento preciso para iniciarse en estas prácticas mientras que para otros resultó la continuidad de sus acciones. Entre estas iniciativas está la producción de protectores faciales y válvulas para el sistema de respiración asistida, por 3D-Fab Crearte en alianza con el Centro de Neurociencias; Cooperativa ATRES a partir de la recuperación/reciclaje de plásticos; confección y distribución de nasobucos a hospitales pediátricos, hogares de ancianos, hospitales, bancos (Cooperativa ATRES —Matanzas—, proyecto de desarrollo local autogestionado Akokán, Ciclo Eco- Papel, DADOR, jóvenes del Estudio DiArt, diseñadores DiHabana, Elfos Gráfica, Hidrodecoración de la Fuente, Atelier ¡Atrévete, eres más!, Carenas, Barbara´s Power) campañas por la prevención y el aislamiento social (Proyecto de desarrollo local autogestionado Akokán); distribución gratuita de alimentos (Restaurante Bella Chao, Proyecto de desarrollo local autogestionado Akokán, Crystal, Restaurant Habana 59, Cafetería Juanky´s Pan, Pizzas Pachy), servicios de mensajería (Club de Motos Eléctricas, Mensajería Mandao), producción y donación de gel desinfectante y jabones (Clarita Camalleri, D’Brujas), desarrollo de aplicaciones para el autopesquisaje (Guajiro Soft, Proyecto Postdata. club), reparación de ambulancias (Taller de mecánica automotriz, Santa Clara), y apoyo en la construcción de laboratorios de biología molecular (Cooperativa no Agropecuaria SANCOF, Matanzas) (Betancourt, 2020).

Conclusiones

La Actualización trae consigo rupturas y transformaciones en la estrategia nacional. Es posible identificar una continuidad básica: el lugar primordial que ocupan las relaciones de producción socialistas en un contexto de marcada heterogeneidad, la apuesta por la equidad, la justicia social y la conservación del curso socialista del desarrollo. Los cambios estructurales que se han implementado tienen la misión de desatar las fuerzas productivas nacionales y reinsertar a Cuba en el mercado internacional.

El desarrollo local con enfoque de Economía Social y Solidaria es una propuesta que puede aportar, sustancialmente, a la Actualización. Ello requiere promover procesos de participación social, lograr la autonomía municipal, una gobernanza basada en la gestión compartida, dinamizar la economía local, realizar alianzas multiactorales y generar empleos de calidad con premisas del trabajo cooperado y solidario. Estas lógicas contribuyen a disminuir las desigualdades sociales y potencian el empoderamiento local. Es necesario identificar, sistematizar y difundir buenas prácticas de estrategias de DL con ese enfoque.

En este sentido, varias acciones podrían emprenderse: revalorizar el aporte social del sector estatal (empresarial y presupuestado); ampliar el cooperativismo; desarrollar acciones de RSE donde el sector privado asuma demandas sociales de interés común; apostar por la autogestión; recuperar la centralidad del trabajo coherentemente; garantizar los temas medioambiental y de género estén presentes en todos los proyectos; construir sinergias entre prioridades nacionales y acciones locales de ESS a partir de la articulación de cadenas productivas.

Notas:

  1. 18,1% de la población tiene 60 años y más.
  2. Por ejemplo, compraventa de automóviles y viviendas, y menos restricciones en las normas migratorias.
  3. Desde los primeros años posteriores a 1959 hay una intención de superar las desigualdades territoriales heredadas, de equiparar los territorios en cuanto a oportunidades y niveles de desarrollo. La tensión entre centralización-descentralización, autonomía municipal, y empoderamiento de actores, ha marcado su devenir.
  4. Programas de ordenamiento territorial a escala municipal y provincial (Instituto de Planificación Física-IPF); planes de desarrollo integral municipal (Ministerio de Economía y Planificación-MEP); Proyecto PRODEL (Centro de Estudios de Desarrollo Local y Comunitario); contribución territorial para el desarrollo local (Ministerio de Finanzas y Precios/MEP); experiencias de trabajo en Artemisa y Mayabeque; y Plataforma de desarrollo integral territorial (MEP/Ministerio de Comercio Exterior/ IPF/Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).
  5. Economía centrada en la satisfacción de las necesidades humanas donde el sujeto es el centro del proceso y no la generación de recursos o la solvencia económica.
  6. Hace referencia al compromiso de la cooperativa con sus socios y familias en cuanto a condiciones de trabajo, participación en la toma de decisiones y mejora de sus condiciones de vida; y a su apoyo a la vida comunitaria y a sus instituciones, y acciones y al compromiso con el entorno natural que la circunda.
  7. Se enfatiza no solo en el carácter complementario de formas no estatales, sino también en la potencialidad de su articulación con la economía estatal. Algo que parece bien orientado a la promoción del desarrollo local y nacional (Cubadebate, 2019; MEP, 2020).
  8. Individuos, grupos y organizaciones que interactúan directa o indirectamente con la empresa: empresarios, suministradores/ proveedores, trabajadores, consumidores, clientes, comunidad, territorio, gobierno, organizaciones políticas y de masas (PCC, Sindicatos, UJC) (Rojas et al., 2016)
  9. Estos elementos están recogidos en la Ley 113/2012, sobre el sistema tributario cubano.
  10. Su conformación parte de la unión/decisión de los socios o inducida por el Estado. Su nacimiento ocurre en 2013.
  11. Existen numerosos ejemplos de acciones socialmente responsables desde el sector privado. La ESS debe transitar hacia la concreción de circuitos solidarios, a la articulación de actores, a la sostenibilidad medioambiental y a la realización de cada trabajador.

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