En el contexto neocolonial posterior  a la guerra de Argelia y a las independencias africanas, el movimiento estudiantil francés se inspira, en primer lugar, en los temas internacionalistas, particularmente en la oposición a la intervención norteamericana en Vietnam. Los lemas coreados durante las movilizaciones revelan la importancia de este componente internacional en el período que precedió a mayo del 68.

La Juventud Comunista Revolucionaria (JCR) se considera una organización política emblemática. Su historia se conjuga con la de las disidencias constitutivas de los «años 68»; en especial con la que representó la formación de corrientes de oposición en el seno de la organización estudiantil del Partido Comunista Francés (PCF), génesis de nuevos grupos de la extrema izquierda francesa y esta —característica del período y que excedía ampliamente este marco— de una ruptura del voto de fidelidad hacia el orden establecido (Gobille, 2008). La JCR fue fundada el 2 de abril de 1966, en París, por un centenar de militantes excluidos de la Unión de Estudiantes Comunistas (UEC) y de la Juventud Comunista (JC), una docena de miembros de la organización juvenil del Partido Socialista Unificado (PSU) y algunos antiguos miembros del Partido Comunista Internacionalista (PCI, trotskista).

Por lo tanto, en esencia, la Juventud Comunista Revolucionaria es el resultado de una oposición de izquierda constituida en el seno de la UEC. En efecto, la década entre 1956 y 1966 estuvo marcada por una radicalización importante en sus filas. En la oposición al estalinismo, con una crítica a la URSS como «Estado obrero burocráticamente degenerado», y en la condena a la posición del PCF sobre la guerra de Argelia, considerada insuficientemente radical, [1] está el origen de la formación de esta corriente, que se hace mayoritaria en algunos sectores de la UEC, como en Letras, donde milita Alain Krivine —futuro fundador de la JCR.

En 1965, el rechazo de estos militantes a apoyar la candidatura de François Mitterrand para la elección presidencial brinda un pretexto para excluirlos. No obstante, los miembros de esta oposición de izquierda se mantienen organizados, unidos por los años de lucha en el seno de la UEC y por su estrategia de desafiar al PCF en su propio terreno, al crear una nueva organización política «comunista revolucionaria». Un año más tarde, este plan toma cuerpo con la fundación de la JCR, en ese momento integrada casi exclusivamente por estudiantes y bachilleres. En vísperas del 68, esta organización se inserta entre la juventud estudiantil, en contacto directo con sus capas más radicalizadas. Además, se encuentra bien situada para enfrentar los acontecimientos del Mayo francés —en los que se involucra desde sus inicios—, es parte activa en las movilizaciones de la década, y constituye un punto de mira privilegiado con respecto a la importancia del contexto internacional en la politización de la juventud de esa época (Johsua, 2015).

El contexto internacional en la politización de la juventud

Durante el quincuagésimo aniversario de los sucesos de mayo-junio del 68, en Francia, Olivier Besancenot y Tancrède Ramonet realizan una serie documental para sacar a la luz la carga política y subversiva de este extraordinario movimiento social, así como a sus protagonistas. La serie Mai 68 n’a pas duré qu’un mois! (¡Mayo del 68 no duró solo un mes!), en diez episodios, recoge los testimonios de mujeres y hombres participantes en los sucesos, cuyas trayectorias fueron trasformadas de manera perdurable (Besancenot et al., 2018). Sus reflexiones subrayan el papel del contexto internacional y su politización progresiva a lo largo de la década del 60. [2]

Entrevistas

Gilbert Pago nació, en 1945, en Fort-de-France, Martinica, en un barrio popular llamado Terres Sainville. Vivía con su madre en un cuchitril, en condiciones económicas difíciles. Desde los catorce años milita bajo la influencia del pensamiento de Aimé Césaire. Narró la violencia extrema de la represión colonial al final de la guerra, cómo la policía disparaba regularmente contra la multitud, y provocaba muertos, sobre todo durante los episodios de revueltas urbanas y de huelgas. Ello se evidenció cuando regresaba a su casa con algunos compañeros de estudio, una noche de diciembre de 1959, durante las revueltas que comenzaron en Fort-de-France, durante las cuales Christian Marajo, un joven de dieciséis años, fue abatido. A partir de ese momento, según Pago, el movimiento anticolonialista en Martinica toma fuerza y se estructura. Destaca también un segundo elemento importante de politización: la guerra de Argelia, que tuvo un impacto considerable en las Antillas. Él recuerda que en el liceo Schoelcher los alumnos no solo veían partir a sus amigos, enviados con las tropas a Argelia, sino también veían regresar sus féretros. Esta guerra revelaba otras dimensiones del colonialismo. Por otro lado, a partir del contexto de la Revolución cubana de 1959, de la afirmación del Tercer mundo y de las independencias de los Estados africanos frente al imperio francés, se desarrolla una efervescencia política y nacionalista (Zancarini-Fournel, 2016: 785). Así Gilbert Pago recalca el papel de una época marcada por una ola de movimientos de emancipación en la región:

Es cierto que Cuba fue un estallido extraordinario, pero lo había también en todo el Caribe. Justo un año antes de la Revolución cubana, hubo una extremadamente poderosa en Venezuela. Creo que ese es un contexto que muchos no han analizado. Solo se tuvo en cuenta la Revolución cubana como un suceso único al que estábamos aferrados. Recuerdo que nos habíamos manifestado contra el consulado norteamericano en Martinica. A menudo lo tomábamos, lanzábamos todos los libros y los quemábamos en la calle para impedirles que continuaran con su propaganda anticastrista y anticomunista. Eso, lo hicimos nosotros, los bachilleres. ¡Pero era igual en toda la región!

Las movilizaciones anticolonialistas politizan mucho, y conducen a las nuevas generaciones a la acción militante. En su entrevista, Pago rememora que, en Martinica, las protestas en mayo de 1968 comienzan con una manifestación organizada por la victoria del Viet Cong, que fue duramente reprimida por la policía, lo que desencadena un nuevo ciclo de movilizaciones. Destaca, además, que los militantes nacionalistas guadalupeños y martiniquenses se encuentran en Francia durante las manifestaciones de mayo del 68 y desfilan en las calles de París con sus banderas. En una fotografía tomada por Elie Kagan durante la gran manifestación del 13 de mayo, en París, se divisa una banderola donde está escrito «Estudiantes antillanos-guyaneses solidarios con la lucha de los estudiantes franceses».

Estos militantes también llevan a cabo una acción relámpago contra el Buró de Migraciones de Ultramar (BUMIDOM) que organizó, de 1963 a 1981, el traslado de casi ciento sesenta mil trescientos antillanos a la metrópolis. Ellos saquearon la sede parisina del Buró y cubrieron las paredes con grafitis: «Abajo la trata de negros», «Abajo el colonialismo en las Antillas», «Queremos regresar a casa», «No al BUMIDOM», «Abajo el imperialismo francés y sus lacayos, qué vivan las Antillas libres».

Los trabajos de Pierre Odin (2007) han subrayado la imbricación de los fenómenos de oposición del hexágono francés y de las Antillas a la articulación de los militantes y de las formas de hibridación teórica e ideológica. Él escoge estudiar las Antillas francesas como punto de intersección entre dos mundos opuestos, lo que le permite la observación de los efectos de esta articulación y de sus influencias en la aparición de un universo contestatario original. El componente internacional del Mayo francés debe ser enfocado desde dos ángulos. Por un lado, la guerra de independencia de Argelia y la Revolución cubana van a constituir «modelos» para la expresión de reivindicaciones independentistas entre la juventud radicalizada de las Antillas, como las de la Organización de la Juventud Anticolonialista Martiniquense (OJAM) o de la Agrupación de Organizaciones Nacionalistas Guadalupeñas (GONG). Por el otro, los acontecimientos del Mayo francés, fueron sucedidos por un importante desarrollo de las organizaciones de extrema izquierda en las Antillas francesas, sobre todo debido al regreso al país de numerosos jóvenes militantes profundamente marcados por la protesta estudiantil del 68 y socializados con la acción colectiva, a raíz de dicho movimiento. En este proceso, se identifican también los efectos de las críticas crecientes dirigidas a los partidos comunistas tradicionales.

A inicios de la década de los 60, una nueva generación de estudiantes comunistas aguerrida en la lucha antifascista y antimperialista, rompe con el PCF. Cuando comienza Mayo del 68, Marie Noëlle Thibault, más conocida por el seudónimo Dominique Manotti, [3] se encuentra en la primera línea de la protesta. Ella forma parte de esos estudiantes que se han politizado a través de su apoyo a las luchas de liberación nacional. Manotti nació en 1942. Proviene de una familia de la burguesía acomodada, pero según precisa, «muy abierta, liberal, republicana y perfectamente laica». Para ella, la ruptura se produce por la guerra de Argelia:

Supe que en Argelia se masacraba a la gente y que todo lo que me habían contado en la escuela, y en mi familia, eran discursos, que la realidad era el ejército, la tortura, la negación del derecho de los pueblos a decidir por sí mismos. A partir de ese momento, había que escoger. Entonces, desde que entré en la Sorbona, lo primero que hice fue unirme a la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF), en aquella época la única organización de masas que tomaba partido públicamente en favor de la independencia de Argelia, en contraste con el PCF que lo hacía por la «paz en Argelia».

Ella expresa hasta qué punto esta guerra está presente, forma parte de su vida cotidiana, incluyendo en la metrópolis, pues algunos de sus profesores de la facultad de Letras

fueron liquidados por la Organización armada secreta (OAS).] En Francia, ocurrían atentados. Y había una fuerte presencia de fascistas en las universidades, que eran escenario de peleas continuas. ¡En aquella época, incluso practiqué el karate para no tener miedo en las manifestaciones!

Para afrontar el activismo creciente de grupúsculos de extrema derecha contra el medio universitario o para impedir que los simpatizantes de la OAS vendieran sus periódicos o distribuyeran sus panfletos en esas zonas, la sección de Letras de la UEC, en la Sorbona —que agrupaba a varios miembros de la oposición de izquierda, como Alain Krivine, Dominique Manotti y Pierre Goldman—, impulsa, luego del golpe de Estado de Argel, en abril de 1961, la creación de un Frente Universitario Antifascista (FUA). Su objetivo inicial era «proteger el Barrio Latino», y para ello varios grupos de autodefensa se formaron rápidamente, a pesar de la oposición de la dirección del Partido Comunista. El antifascismo del FUA está vinculado, de manera efectiva, a la lucha por la independencia de Argelia, conflicto que forma parte de los principales motivos de disensión entre la oposición de izquierda y la dirección del PCF. Al apoyarse en la radicalización de una parte de la juventud estudiantil, en lo concerniente a la cuestión argelina, el FUA despliega una amplia movilización. Su actividad consiste principalmente en luchar contra los partidarios de una Argelia francesa. Este movimiento va a constituir una base militante unida por el antifascismo y por la solidaridad en favor de las luchas de liberación nacional, y como reacción a las condenas emitidas por el PCF. De esa manera, contribuye a la batalla política en el seno de la UEC:

Para la extrema izquierda el interés está también en el énfasis de las contradicciones en el seno de la UEC. Lo que los centristas del PCI […] no fueron capaces de realizar en el PCF, es decir, la estructuración de una corriente de oposición interna basada en las críticas «de izquierda» de la política de la dirección, los jóvenes del PCI lograron hacerlo en la UEC gracias al FUA […]. La lucha antifascista es la oportunidad de hacer converger la batalla política en la UEC con la experiencia concreta de trabajo «de masas» que constituye el FUA. (Pattieu, 2002: 190 y 195)

El compromiso de muchos militantes con la JCR comenzó a través del activismo internacionalista, antimperialista y antifascista. El primer contacto con la organización tenía lugar frecuentemente en ese marco, lo que explica el peso del repertorio de las acciones antimperialistas en este tipo de implicación.

Manotti precisa las características principales de este lapso, cuando añade:

Durante todo este período, no se debe olvidar que París era una ciudad en la que se cruzaban una cantidad enorme de militantes internacionalistas, de todos los países: egipcios, senegaleses, y estaba toda América Latina. Todo eso, estaba vinculado directamente con ellos. Tampoco se debe olvidar que la invasión masiva a Vietnam comienza en 1965. Inmediatamente creamos los comités pro Vietnam. Estos movimientos aunaban a mucha gente. Existían. Solo en la sección de Letras de la UEC, en la Sorbona, teníamos quinientos cincuenta miembros. ¡Es mucho! ¡En la UNEF, había miles! ¡Todo era vibrante! Y era la época en la que teníamos aún el anhelo de que pasara algo en la URSS. Entonces todos los movimientos de liberación nacional que nos apoyaban, teníamos la esperanza comunista, teníamos los combates contra los fascistas en el terreno […] ¡No nos aburríamos!

Como se ha dicho, durante esa década la movilización contra la guerra de Vietnam ocupa un lugar central. En el desarrollo de los sucesos en Francia, podemos recordar la detención de jóvenes militantes del Comité Vietnam Nacional (CVN) durante una acción contra la sede social de American Express, en los Campos Elíseos de París, lo que provoca una nueva movilización de los estudiantes de la Universidad de Nanterre, el 22 de marzo de 1968, y la ocupación del edificio administrativo por ciento cuarenta y dos estudiantes que se autoproclamaban como «Movimiento 22 de Marzo», en homenaje al Movimiento 26 de Julio de los revolucionarios cubanos.

En esta época, el compromiso de los jóvenes estudiantes franceses no solo se inspira, sino que se inscribe principalmente, en las movilizaciones internacionalistas y antimperialistas. Todas las entrevistas confirman la importancia de esta dimensión en su compromiso. Esta influencia se ilustra a través del análisis de la prensa de la organización (JCR), entre 1966, fecha de su creación, y la de su disolución, en junio de 1968.

La prensa de la JCR

Desde su creación, la JCR contaba con un periódico, l’Avant-Garde Jeunesse, que publicó nueve números, desde el primero, en mayo-junio de 1966, hasta el último, en junio de 1968. La disolución de la JCR —como en el caso de la mayoría de las organizaciones de extrema izquierda—, ordenada por decreto ministerial, puso fin a este periódico.

En cada una de las nueve entregas de l’Avant-Garde Jeunesse, la primera plana estaba dedicada al ámbito internacional. Los artículos o dossiers sobre este tópico son numerosos y abarcan todos los continentes.

En particular, los tres primeros números otorgan una gran importancia a la guerra de Vietnam. También Cuba y la Revolución cubana están muy presentes. En abril-mayo de 1967, aparece un extenso dossier sobre la Isla —el estandarte de la tercera tendencia—, donde se reproduce el mensaje de Fidel Castro al CVN; el número seis del verano de 1967 llama a la «solidaridad con los combatientes latinoamericanos», y el editorial del siguiente se dedica a «La primera Conferencia Latinoamericana de Solidaridad, que tiene lugar en La Habana, del 31 de julio al 10 de agosto». Después del asesinato del Che, la JCR prepara un gran mitin en el Palacio de la Mutualité, en París. El periódico cubre esta velada, y dedica varias páginas a Cuba y a Guevara. Reproduce numerosas citas del libro El socialismo y el hombre en Cuba, cuyo manuscrito había sido traído a Francia por Janette Habel, una joven militante de esa organización, cuya trayectoria estuvo estrechamente vinculada con ese país y su Revolución.

Por otra parte, la solidaridad con los combatientes latinoamericanos es recordada frecuentemente; se reclama la libertad de Hugo Blanco, se estudia la nueva izquierda revolucionaria en Brasil; en las Antillas, la represión contra los militantes independentistas guadalupeños es tema de varios artículos, así como las luchas de los negros en los Estados Unidos y el Medio Oriente ocupan varios dossiers. Por último, en Europa, la lucha de los estudiantes polacos, y la politización entre las filas de los jóvenes de la Federación Socialista Alemana de Estudiantes (SDS, por sus siglas en alemán) son tema recurrentes. En todas esas páginas, Rosa Luxemburgo, Che Guevara, Lenin, e incluso Malcom X son referencias selectas regularmente citadas.

En su último número titulado «La juventud: de la revuelta a la revolución», l’Avant-… describe las primeras semanas de la movilización en Francia. El artículo que abre el número, dedicado a la universidad de Nanterre, donde comenzó la protesta estudiantil, presenta un dibujo humorístico, representativo de la dinámica militante de la época: un joven estudiante pintando en las paredes de la universidad «Viva Rudi Dutschke». La doble página siguiente retoma la consigna del Che adaptada al momento «Crear, dos, tres muchos Berlín. ¡Esa es la consigna!».

En el caso de la JCR, según las generaciones militantes se distinguen las diferencias. En 1966, la de los fundadores de la organización, como Alain Krivine, más bien se politizó en el contexto de la guerra de Argelia, de su compromiso en favor de su independencia y del FLN argelino. En los años ulteriores, que preceden al Mayo del 68, lo omnipresente es la movilización contra la guerra de Vietnam, la cual articula la actividad militante de los jóvenes activistas.

Este contacto directo con los movimientos independentistas y de descolonización, Manotti lo describe como lugares de encuentros donde se cruzan numerosos militantes internacionalistas, sobre todo en ciertas ciudades (entre las que se encuentra La Habana). Esos vínculos se materializan también en trayectorias particulares de ciertos intelectuales marxistas de esa época.

Un internacionalismo encarnado: algunas trayectorias emblemáticas de estas unificaciones geográficas

La trayectoria del economista marxista Charles Bettelheim es representativa de este internacionalismo e ilustra muy bien la manera en que colaboraciones intelectuales cercanas, de experiencia, y militantes, se articulan en esta época entre continentes, sobre todo, y fundamentalmente, con los países no alineados (Denord y Zunigo, 2005).

Nacido en Egipto en 1913, Bettelheim se incorpora a las Juventudes Comunistas, en 1933. Rompe con la URSS luego de una estancia de cinco meses allí, durante la cual se convence de que «hay algo podrido […] en la superestructura política de la URSS» (Denord y Zunigo, 2005: 11). Se acerca a los trotskistas durante la guerra. En 1948, integra la Escuela Práctica de Altos Estudios. El análisis propuesto por estos autores subraya su particular posición política e intelectual, que explica sin dudas que, a partir de los años 50, su carrera toma una dimensión internacional. De hecho, él es demasiado marxista para los economistas académicos, pero también es percibido como demasiado autónomo en el universo del comunismo. La concepción de planificación económica que él defiende, de inspiración tercermundista, apunta a tres objetivos: la industrialización, la modernización de la agricultura y la diversificación de la economía, con el objetivo de garantizar la independencia económica de los países recientemente descolonizados. Tal concepción no hace más que coincidir con las aspiraciones de los líderes de los países no alineados, como Nehru a quien conoce en 1954 y lo recomienda a Gamal Abdel Nasser. Este último le propone participar en la implementación de la planificación económica egipcia. El aprecio que le profesan algunos de los principales dirigentes del Tercer mundo, le confiere un estatus de experto internacional reconocido. Por ello se justifica su colaboración con Cuba y el Che. Su implicación en la planificación cubana data del inicio del decenio de los 60 y continuaría durante los cinco años siguientes.

En París, en la Escuela Práctica de Altos Estudios, Bettelheim imparte un seminario que se vuelve muy apreciado por los estudiantes interesados en el marxismo. En 1959, apenas llegado a París, siendo aún un joven estudiante en economía, Isaac Johsua (padre de la que suscribe) ingresa en ese seminario. Nacido en 1939, en Alejandría, Egipto, llega a Francia con su familia, en 1956. Siendo militante de la oposición de izquierda en el seno de la UEC, y marxista antiestalinista, seguidor de los consejos y con el apoyo de Bettelheim, se va a Cuba en 1963 —donde vivió hasta 1966— para colaborar como economista adscrito al Ministerio de Industria, entonces dirigido por el Che.

A inicio de los años 60, en París había una gran efervescencia política e intelectual. Yo llegué en 1959, tenía veinte años. Fui a parar a la facultad de Ciencias Políticas de esa ciudad. Eran años de mucha efervescencia intelectual, política, de debates intensos, ya con una fractura importante respecto al PCF. Ello se traducía en la existencia de oratorias, de escuelas de pensamiento, que se agrupaban alrededor de maestros de pensamiento; una de ellas se había constituido alrededor de Charles Bettelheim, quien era una figura intelectual de referencia para los jóvenes estudiantes, un líder, en el sentido ideológico de la palabra. Entre los filósofos, estaba Louis Althusser. Había matices diferentes. Bettelheim había cursado estudios en la URSS […] Bajo la influencia del Che, Bettelheim es invitado por primera vez a dar su opinión sobre la economía cubana. Cuando asistí a su seminario de la Casa de altos estudios, ya lo sabía. Al principio de los 60, asistía regularmente a las sesiones del seminario, que se había convertido en un verdadero evento político. En esa época, me planteo hacer una tesis. Estaba muy concentrado en la cuestión de Cuba e intervenía mucho en el seminario. Bettelheim se había fijado en mí. En una ocasión me dice que los cubanos están buscando un economista. Y funcionó: tengo veinticuatro años, experiencia profesional nula y los cubanos me firman un contrato para ser incorporado al servicio de planificación prospectiva del Ministerio de Industria, dirigido por el Che. Y llego allá, claro, yo hablo español. En Alejandría, en casa con mis padres hablábamos ladino.

¿Qué representaba para ti el hecho de irte a Cuba?

¡Para mí, era vivir una revolución! La Revolución cubana, es en el 59 y yo voy en 1963, muy cerca del triunfo. Y entre tanto se había producido la invasión a Bahía de Cochinos. En ese servicio de planificación prospectiva, tuve que cruzarme con el Che en varias ocasiones. Él quería desarrollar una política de independencia respecto de la URSS, a pesar de que todo empujaba a una situación de subordinación a esta potencia. Quería implantar una política industrial autosuficiente en la mayor cantidad de aspectos posible, y para eso deseaba un programa de planificación. […] Después de una breve estancia en París, regreso a Cuba como profesor de la Universidad de La Habana. Enseño economía, y también propuse mis servicios para llevar a cabo un estudio de la producción azucarera (la optimización del transporte de la caña de azúcar). Bajo mi responsabilidad, un equipo de estudiantes es asignado para realizar una investigación sobre el funcionamiento de la agricultura cubana. Dicha investigación suscita una reflexión sobre el lugar de las relaciones mercantiles en la economía cubana, y un estudio sobre el funcionamiento de los centrales azucareros. Una o dos veces al año, Bettelheim iba también a la Habana para ofrecer sus análisis. La experiencia cubana me aportó muchísimo en cuanto al conocimiento de la economía planificada. Y al mismo tiempo me enriqueció enormemente en el plano personal. Es un período de esplendor de mi vida, del descubrimiento del alma de un pueblo, de entender a ellos y a su historia.
Una vez de regreso a París, a finales de 1966, retomo mi militancia. La ruptura con el PCF, vinculada a la cuestión de la guerra de Argelia, ya estaba decidida antes de mi salida para Cuba. A mi regreso, hago contacto con la ex-oposición de izquierda en el seno de la UEC, fundamentalmente con Henri Weber. Y milito en la JCR. Rápidamente, estoy a cargo de los cursos de economía para esa organización. (Johsua, 2018)

Esta colaboración no es un caso aislado. Varios estudiantes de Bettelheim tuvieron, en esa época, la posibilidad de desarrollar vínculos, sobre todo de investigación, y además de militancia, con los países no alineados.

Se puede referir el caso de una dirigente de la JCR —antes mencionada— que desempeña un papel importante en el contexto de esta circulación de ideas y de prácticas. En 1968, Janette Habel es estudiante de la Sorbona.

Nacida en Francia en el seno de una familia judía ruso-polaca, creció en un ambiente politizado. Bajo la influencia de una profesora de Filosofía de esa universidad, antigua resistente y militante comunista, comienza a participar en un círculo de discusiones políticas que se hace eco de las luchas juveniles (en Alemania, en Berkeley…) y de liberación nacional que marcan esta época. En ese contexto, ella se apasiona con la Revolución cubana. Hace varios viajes entre Francia y Cuba, donde se instala por largos períodos que le permiten desarrollar un conocimiento preciso de la situación política y social de la Isla, y crear vínculos sólidos con los cubanos. Subraya en su entrevista hasta qué punto Cuba es entonces un detonador fundamental para ella y para los estudiantes que conoce en ese entonces:

He aquí una revolución con otra cara. No es solo la especie de lugar común: «tienen el pelo largo, tienen los collares de cuentas de la Sierra Maestra, es Robin Hood, etc.» Para empezar, son un poco más viejos que nosotros, en aquella época tienen treinta años. Y acaban de hacer una revolución que se manifiesta en total ruptura con todo lo que se ve en Europa del Este, en Rusia e incluso en China. Con un personaje, el Che, que se presenta como una personalidad totalmente fuera de lo común, quien da un perfil de emancipación en ruptura con lo que hemos conocido anteriormente. (Besancenot, 2018)

Esta orientación se corresponde con lo que aspiran los jóvenes estudiantes que están en desacuerdo, desde hace ya años, con el PCF, y desean inventar un nuevo tipo de socialismo. Durante sus numerosas estancias en Cuba, Habel se sumerge en la intersección de las luchas anticolonialistas. Pero estos intercambios alimentan la JCR con reivindicaciones, con consignas y nuevos análisis de las relaciones de dominación y de la situación geopolítica mundial. La circulación de ideas, a menudo difícil de entender de manera retrospectiva, sin embargo se materializa más claramente. Habel, por ejemplo, trae de uno de sus viajes un ejemplar mimeografiado del libro de Ernesto Guevara, El socialismo y el hombre en Cuba, que estaba prohibido en Francia, y que sería publicado a principios de 1966 por el editor comprometido, François Maspero, en su colección Cuadernos libres. Este libro goza de una gran difusión en el medio estudiantil.

En abril del mismo año, Habel participa en la fundación de la JCR, y se convierte en una de las pocas mujeres miembros de su Buró Político. En su caso, como en el de otros militantes de origen judío implicados en esta nueva organización de la juventud, podríamos destacar que las movilizaciones de apoyo a las luchas de liberación nacional, en favor de la independencia argelina y luego del pueblo vietnamita, presentan configuraciones de tipo binario oponiendo dos partes —la potencia colonizadora contra un pueblo luchando por su independencia, o incluso el imperialismo norteamericano contra el pueblo cubano— que favorecen que estos militantes las identifiquen con su propia historia (Johsua, 2013). Dado el peso de la referencia del nazismo en sus percepciones y el análisis que hacen de los sucesos vinculados con las luchas de liberación nacional, se opera un paralelo con la Segunda Guerra Mundial (los nazis contra las fuerzas aliadas/la Gestapo contra los resistentes, etc.). Ellos no se contentan con apoyar a esos pueblos en lucha, sino forman parte y se reconocen en estos. Tal analogía práctica favorece el camino a la acción. Refiriéndose a esta etapa, Habel insistió sobre este aspecto de su solidaridad:

No veíamos eso como la lucha de otros pueblos. Era más de lo mismo. La colonización, la extrema derecha, el fascismo no habían cambiado. Había puntos comunes que subsistían incluso después de la guerra, el imperialismo, pero también el antisemitismo. Al principio fue una identificación espontánea, pero luego se convirtió en apoyo, en elección política. Había en el OAS […] algo que recordaba la suástica. (Auron, 1998: 67-8)

Así, concluir el combate contra los nazis, en el caso de estos jóvenes, hombres y mujeres, pasa por una lucha contra las fuerzas «imperialistas» involucradas en Argelia y en Vietnam. Ello alimenta la acción militante con una insolencia inusitada, que expresa tanto la ira como la revuelta y el orgullo. Están presentes el orgullo y la dignidad recobrada, que se afirman en la demostración de fuerza en la calle, en los caracteres que dibujan con letras de fuego: «FNL vencerá» en una banderola izada al frente de una manifestación convocada por el Comité Vietnam Nacional, que la JCR contribuyó a crear el 30 de noviembre de 1966 con Jean-Paul Sartre, Laurent Schwartz y Pierre Vidal-Naquet. El internacionalismo redefine un espacio político y simbólico, que se materializa en las trayectorias que contribuyen a la circulación de las ideas, de los análisis y de las consignas, entre las áreas geográficas, pero también de los marcos de pensamiento y de percepción de la revolución. Esto reviste una carga simbólica potente a todo lo largo de la década de los 60, como lo atestiguan los numerosos eslóganes que se gritaban en las manifestaciones: «¡Crear, uno, dos, muchos Vietnam!», «¡1, 2, 3… molte Nanterre! », «¡Ho Ho Ho Chi Minh, Che Che Guevara!».

En el contexto de esta implicación internacionalista, la Revolución cubana, y en particular la figura del Che, forman parte intrínseca de la formación de la historia política de esos jóvenes militantes franceses.

Una inmersión en lo íntimo

Si el análisis de la prensa militante proporciona una idea adecuada de la importancia del componente internacional en la actividad partidaria de los grupos de extrema izquierda extraparlamentaria, otras fuentes podrían interesar a los sociólogos de la política. De hecho, es difícil, casi imposible, deducir a partir del escrutinio de la prensa partidaria, la influencia concreta, simbólica e íntima de ese internacionalismo. Desde este punto de vista, materiales menos comunes, como los diarios, las cartas o las fotografías, en fin, los archivos personales, pueden ser valiosos.

Universidad de Nanterre (1968). Diario de una estudiante

La biblioteca de historia contemporánea de la Universidad París Nanterre conserva los archivos (de 1964 a 1968) del decano, Pierre Grappin, que se volvió famoso por haber decidido suspender los cursos y luego el cierre de la Facultad, decisión importante en la dinámica de los sucesos que condujeron a la movilización estudiantil de mayo.

Una joven estudiante de la Universidad comienza su diario el 15 de enero de 1968. La última fecha anotada es el 30 de abril del propio año, pero otras páginas están escritas después de esta fecha (Caillebotte, 2017). A través del recuento que hace de sus días, de sus encuentros, de sus pensamientos, pero también de las observaciones que describe, este documento saca a la luz el proceso de politización que se opera con el transcurso de los meses, luego de los días, tal es la manera en que el tiempo parece acelerarse en este período. Este diario es un material interesante para entender, de manera general, el proceso de emancipación de una «joven buena» en un contexto que la lleva a interrogarse nuevamente sobre lo que es evidente y a cuestionar el mundo tal y como es. Formada en un medio católico muy tradicionalista, es afectada por la carga subversiva de esta época. Sin entrar en detalles sobre esas páginas, una cosa debe ser subrayada: en la portada verde fue escrito «Viva Cuba»; y en la última página: «Cuba Sí/Castro/Che Guevara».

La Revolución cubana, tan lejana y tan cercana, abre en este diario la vía de la emancipación, que se escribe y se describe con el paso de las páginas, a medida que transcurren los encuentros importantes y los sucesos que culminan con la deflagración de mayo-junio de 1968. A la hora de cerrar el cuaderno, un «Cuba Sí» portador de esperanza no parece cerrar este camino de politización, sino más bien anunciar un próximo cuaderno, y otras páginas que, para esta joven que comienza su vida de adulta, quedan aún por escribir y por inventar. Cuba, su Revolución, su pueblo heroico, como otros ejemplos producidos entonces por las luchas de liberación nacional, desempeñan el papel de modelos y faros que guiaron a esos hombres y mujeres por el camino escarpado del compromiso, cuando este propone, ni más ni menos, cambiar el mundo, la vida.

Foto de familia

La Revolución cubana y, en particular, la figura del Che como emblema de la gesta revolucionaria, ocupó en la economía simbólica del militantismo de extrema izquierda en Francia un lugar único, al punto de formar parte de la vida de sus militantes: Che, camarada de lucha, compañero de combate, casi un amigo; en fin, un miembro de la gran familia revolucionaria.

Hace algunos años tuve deseos de volver a mirar fotografías de mi familia. Mis padres han conservado muy pocos clichés de su juventud. Están reunidos en un pequeño álbum. ¡Cuán grande fue mi sorpresa al abrirlo! Entre las fotografías en blanco y negro, se encontraba una fotografía de Ernesto Guevara.

El Che se me presentó ese día como un miembro de mi familia, de esta familia de militantes marxistas revolucionarios, una figura lo suficientemente importante en la vida de mis padres como para que permanezca para siempre a nuestro lado en este álbum, que recrea la historia de una familia francesa, irremediablemente marcada por esos años de protesta.

Traducción: Heli Seuret-Cohen y María Elena Silva.

Notas:

[1] Al respecto, este Partido reclama la «paz en Argelia» sin tomar una posición consecuente en favor del Frente de Liberación Nacional (FLN) por la independencia, ni por el retiro de las tropas francesas de ese país africano.

[2] Algunos episodios, incluidos los citados en este artículo, han sido traducidos al español y están disponibles en la Biblioteca Nacional José Martí, así como en la Alianza Francesa de La Habana.

[3] Dominique Manotti es autora de «policíacos», un género literario que ha sido particularmente utilizado por los antiguos activistas del 68.

Referencias:

Auron, Y. (1998) Les Juifs d’extrême gauche en Mai 68. Une génération révolutionnaire marquée par la Shoah. París: Albin Michel.

Besancenot, O., Johsua, F. y Ramonet, T. (2018) Mai 68 n’a pas duré qu’un mois!(¡Mayo del 68 no duró solo un mes) [posdcast] Temps noir production / Mediapart.

Caillebotte, C. (2017) Nadja, une étudiante à la faculté de Nanterre en 1968. Tesis de maestría. Universidad de Nanterre.

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