* Panel de debate de Último Jueves de Temas, realizado en junio de 2015.

¿Qué dimensiones abarca la seguridad nacional? Desde las instituciones y la sociedad, ¿qué políticas podrían contribuir a fortalecer, consolidar, enriquecer, apuntalar, desarrollar la seguridad nacional? Un experto en relaciones internacionales, una investigadora del medio ambiente, una periodista y un especialista en salud discuten distintas aristas de este amplísimo tema.

Participantes:

Carlos Alzugaray. Exdiplomático y profesor universitario, especialista en seguridad internacional. Miembro del Consejo Asesor de Temas.
Cary Cruz. Investigadora. Coordinadora de programas de desarrollo sustentable, especialista en seguridad alimentaria. Fundación de la Naturaleza y el Hombre Antonio Núñez Jiménez.
Cristina Escobar. Periodista. Sistema Informativo de la Televisión Cubana.
Francisco Rojas Ochoa. Médico y profesor. Escuela Nacional de Salud Pública.
Rafael Hernández. Politólogo. Director de Temas.

Rafael Hernández: La seguridad nacional no es la del Estado. La primera no tiene una acepción estrechamente militar, incluye los problemas de la defensa y la soberanía del país, pero no se reduce a ello. Tiene que ver con la seguridad en materia alimentaria —recuerden que los frijoles son más importantes que los cañones, como dijo alguien con una gran autoridad en materia de cañones y de frijoles—; además, incluye la salud pública, el medio ambiente, los desastres naturales, las dimensiones relacionadas con la información. Empecemos por definir claramente ¿qué es la seguridad nacional?

Carlos Alzugaray:  Es un término polisémico y como otros de este tipo, muy controversial. Se empezó a usar en la práctica política antes de que se definiera, se estudiara teóricamente por los académicos. Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, el Estado imperialista de los Estados Unidos empezó a utilizarlo, a partir de la elaboración de un sistema llamado así; incluso existe una Ley de Seguridad Nacional, de 1947.

Como ese país ha utilizado la seguridad nacional para justificar prácticamente todo, para muchas personas el término tiene un sentido negativo; sin embargo, su origen está en los estudios internacionales. Se empezó a utilizar cuando se creó la Liga de las Naciones, con el objetivo de garantizar la seguridad colectiva; después, cuando se fundó la Organización de Naciones Unidas (ONU), se habló de seguridad internacional, regional. Como se conoce, la ONU tiene un Consejo de Seguridad, cuya tarea principal es la preservación de la paz y la seguridad internacionales.

En 1988, el secretario general de la ONU designó una comisión de expertos soviéticos, norteamericanos, indios, chinos, de todas partes del mundo, más de treinta, para definir el concepto. Actualmente, el gran debate académico versa sobre su amplitud o su estrechez. Algunos especialistas sostienen que cuando se habla de seguridad, y en particular de la nacional, se refiere básicamente a la político-militar, y que todo lo demás sería ampliarlo excesivamente. Desde la izquierda se ha criticado lo que se ha denominado la securitización de los problemas sociales, es decir, cuando un país intenta darle una solución militar o de seguridad a lo que es evidentemente un problema social como la pobreza, el tráfico de estupefacientes, etc., que son más complejos que el término que nos ocupa.

La seguridad nacional de cualquier país, tiene cuatro componentes: uno militar, la integridad física del territorio, no ser objeto de una agresión militar; uno político, relacionado con la estructura institucional de un Estado, que no vaya a ser subvertida o puesta en crisis por determinadas situaciones; otro económico y otro social o identitario. Hay una tendencia en las relaciones internacionales —Cristina pudiera hablar de eso mucho más que yo—, sobre todo en materia de información y comunicación, a homogeneizar el mundo, que todos consumamos perros calientes, hamburguesas, Mickey Mouse, etc.; eso puede afectar la seguridad identitaria o cultural de una nación, lo que provoca un gran debate, Cary seguramente lo abordará.

Cary Cruz: Como Carlos decía, seguridad es un término tan amplio que me niego a cerrarlo o definirlo como concepto. Pasa como con la cultura; mucha gente se limita a las manifestaciones artísticas y literarias, cuando es una construcción histórico-social. Si se trata del ambiente, por lo general, la gente está pensando en la contaminación de ríos o del bosque, cuando es mucho más abarcador: ambiente construido, de los alimentos, etc.

No soy investigadora pura. Trabajamos con la gente de las comunidades y hablamos también de seguridades. ¿Qué es seguridad para una familia? Es tener techo, alimentos sanos, abrigo, ventilación, energía en un momento determinado; protección contra las agresiones externas —quizás también las internas—; buenas relaciones con sus vecinos; comidas para sus mascotas, educación para sus niños y sus jóvenes. Si eso lo proyectamos a un concepto más amplio, vemos que la seguridad nacional tiene que ver con todo lo que para la familia es importante.

Francisco Rojas Ochoa: Probablemente lo primero que se relacionó con la seguridad nacional en cuanto a la salud fue la prevención o contención de epidemias. Una gran epidemia pone en crisis la seguridad nacional de un país por su enorme costo: pérdida de personas, otras imposibilitadas de trabajar, hospitalización, medicamentos, parálisis de centros de trabajo, etcétera.

Antes de la era antibiótica, hubo epidemias que causaron millones de muertos; la última parece que fue la influenza llamada española, inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, por la que varios países quedaron asolados; hace tiempo que no se produce una epidemia de esa magnitud, pero sigue siendo el primer asunto, aunque no el único, que se menciona cuando se habla de seguridad nacional en relación con la salud.

Algunos pronostican que una próxima guerra en el mundo será por la escasez de agua. Cada día hay más habitantes en el planeta y menos agua disponible para consumo humano. La deshidratación es la forma más rápida de morirse una persona. Lo mismo pasa con la seguridad alimentaria; la subalimentación acaba con poblaciones completas, y hoy hay focos de hambre muy críticos en el mundo, sobre todo en África.

Otro problema de seguridad nacional es el de población. Algunos se quejan de su rápido crecimiento y de que el número de bocas que hay que alimentar todos los días crece más que los alimentos. En Cuba no nos quejamos de eso, sino de que cada día hay menos cubanos. En varios años hemos tenido menos nacimientos que la suma de las muertes y los emigrantes. El archipiélago se está despoblando. El homo cubensis es una especie en extinción.

He oído de algunas políticas que intentan corregir eso. El Ministerio de Salud Pública, por ejemplo, ha elaborado un programa para la fertilización asistida. Eso puede ser una pequeña ayuda, pero no conozco que ningún país que llegó a una tasa de fecundidad tan baja como Cuba, se recupere luego. Son muchos los países que han pasado por esa situación, y la solución ha sido la inmigración, como los Estados Unidos, un país típicamente de inmigrantes; o los europeos, que se llenaron de árabes y de africanos. Sin ellos su economía no funciona, sin embargo, ahora les molestan. Nosotros no tenemos el poderío económico de atraer inmigrantes, pero habría que imaginar cómo podemos traerlos, porque no creo que la solución sea solo aumentar la fecundidad de la población cubana.

Cristina Escobar: Antes de centrarme en el campo que me ocupa, sería bueno definir que la seguridad nacional es una situación determinada en la que un país es capaz de funcionar de manera normal; es decir, una condición alcanzada a partir de que puede acometer acciones para cumplir con sus intereses y objetivos nacionales. Eso teóricamente, pero muy separado de las realidades individuales de los países.

En Cuba hay una estrechísima relación entre seguridad nacional y soberanía, y también con el proyecto de país, inherente a la filosofía de la no injerencia; por tanto, siempre aquí nuestra seguridad nacional tiene que ver con el diferendo Cuba-Estados Unidos, con una visión militarizada del problema.

En relación con la comunicación, la prensa, y la batalla ideológica, en la Isla el concepto está redefiniéndose, y no podemos comprenderlo como se entendía en los 70 o a inicios de los 90. Hace unos años, desde el punto de vista del discurso político se consideraba un riesgo que las personas viajaran, que tuvieran Internet, blogs —bajo la filosofía de plaza sitiada, donde los contenidos de prensa producidos desde Cuba siempre van a ser manipulados por el enemigo. Tal filosofía llevaba a que la prensa ofreciera un panorama absolutamente blanco, sin matices, de la realidad cubana. Esa era la situación hace diez o quince años. Como parte de la redefinición y de los cambios en el país, más allá de la actualización del modelo económico, y como parte de la globalización en la que el país se inserta, también es un tema a tratar. Por ello, en el panel valdría la pena analizar esa redefinición de la seguridad nacional, en la que la crítica en la prensa demostró que ya no hay tal filosofía de plaza sitiada, que se puede criticar en la televisión y visualizar los problemas y los errores más grandes que se puede haber cometido en la gestión de los gobiernos locales o del gobierno nacional. Sin embargo, no pasa nada en ambos sentidos, ni por los enemigos y tampoco en la solución de esos problemas. La reforma migratoria ha demostrado que se puede viajar libremente, las personas van y vienen, además, amplía las libertades y el nivel de preparación política, y disminuye, por supuesto, los niveles de descontento que había hacia la política migratoria.

En general, si vamos a describir un estado ideal de seguridad nacional, la prensa debe tener un papel regulador, tiene que contribuir al conocimiento de las prioridades del país, que no puede acometer sus intereses y objetivos nacionales sin la participación de la población o al menos de su mayoría. Si por determinadas razones la prensa no está cumpliendo su papel de difundir, expresar y explicar las prioridades nacionales, exponer los riesgos de esa seguridad nacional con realismo, con exactitud, sin falsas promesas, difícilmente podrá alcanzarse una seguridad nacional real más allá de lo que el discurso político esté describiendo. Es la principal función de los medios de comunicación.

Rafael Hernández: En esta primera ronda ha quedado claro un grupo de aspectos, entre ellos que no todos los panelistas comparten exactamente dónde están los perfiles del problema, lo cual lejos de ser un inconveniente es un acicate. Quiero leer una definición de seguridad nacional de las Fuerzas Armadas cubanas, extraída de un documento del Colegio de Defensa Nacional, de 1997:

El Estado cubano considera una insuficiencia reducir el concepto de la seguridad a lo estrictamente militar, porque se ha de tener en cuenta su relación con lo económico, político y social, pues las inestabilidades en estos campos afectan tanto a la seguridad nacional como a la colectiva. Se identifican entre estas amenazas no solo las intervenciones militares y los conflictos fronterizos, sino el narcotráfico, la migración, la corrupción, el subdesarrollo, las perspectivas de crecimiento económico limitado, el agotamiento inminente de los recursos naturales, la escasez de alimentos, las presiones demográficas y el deterioro del medio ambiente, como fenómenos que afectan la paz, la estabilidad y la seguridad en el hemisferio.

Al principio, Alzugaray mencionaba que el concepto seguridad nacional no es uno que le pertenezca al enemigo, él, otros autores cubanos y el panel lo han reivindicado, y las fuerzas armadas cubanas también. La siguiente pregunta es: ¿en la gran diversidad de campos existentes, qué problemas específicos pudiéramos poner sobre la mesa en el largo repertorio de tópicos que afectan la seguridad nacional?

Cristina Escobar: Yo señalaba algunas ideas que obviamente parten de mi experiencia concreta, de mi generación y profesión; probablemente el resto de los panelistas tendrán visiones más exactas. Lo primero que hay que comprender es que, en estos momentos, en Cuba una guerra convencional no es prioridad en cuanto a amenazas a la seguridad nacional, si se pensase en que hay que reforzarla y enfrentar amenazas a esta, no es en la guerra, al menos en esos términos, en lo que hay que pensar. Por tanto, clasificaría los problemas en los órdenes social, político, y económico.

Para el sostenimiento de la situación de un país y la reproducción de un sistema social es imprescindible la participación activa de una mayoría de la clase media; eso en Cuba es muy difícil de definir porque muchas veces las clases no están relacionadas con el ingreso y, además, este no está relacionado con el nivel de formación de las personas. No obstante, si comprendemos por clase media una franja social conformada por las personas que trabajan para el Estado, profesionales o no, las que tienen trabajos intelectuales y las que se dedican a ser obreros, su participación es fundamental. Sin embargo, a partir de las prioridades de la actualización del modelo económico esa clase media ha quedado postergada debido a las propias circunstancias donde a veces se hace lo urgente por encima de lo importante, el orden no se piensa bien y se aplazan sectores fundamentales de la sociedad para dicho sostenimiento. Hay descontento debido a las circunstancias socioeconómicas que se están viviendo todos los días; sobre todo los que andamos en la calle y cogemos guaguas, sabemos cómo viven los profesionales en Cuba; ese es un problema fundamental para la seguridad nacional. La mayoría de las personas que trabajan para el Estado, que aseguran la reproducción del sistema social, que por diversas causas no comprenden cuáles son las prioridades del Estado cubano, cuál es el futuro del proyecto revolucionario, y que pueden estar de acuerdo o no con el proceso de actualización del modelo económico, constituyen un factor de riesgo que analizar.

Hay otro tema exterior: los riesgos políticos que está viviendo el proyecto bolivariano tienen una estrecha relación con la situación en Cuba y una alta incidencia en su seguridad nacional. Está muy claro que las circunstancias de Período especial que vivimos en los 90, difícilmente puedan replicarse en las mismas condiciones.

En lo anterior tiene una alta participación el nivel de información de las personas en la Isla; si ellas no comprenden cuál es la verdadera situación de Venezuela y su impacto en la economía cubana, difícilmente se podrán sentir involucrados.

Por supuesto, hay una guerra no convencional por parte de los Estados Unidos hacia el mundo, no solo hacia la Isla. Del tema Cuba podrá hablar más ampliamente el profesor Alzugaray, sobre la línea dura del Congreso estadounidense, y una generación emergente que quiere la normalización de las relaciones. En esto, el problema de la seguridad nacional está difuso: desde el punto de vista teórico, el proyecto futuro de Cuba; y desde lo político, con respecto a la inclusión —positiva en todos los sentidos— de la comunidad cubano- americana, la que emigró después de los 90, y cuyos intereses no son eminentemente políticos.

Aquí hay muchas ventajas, una es el alto nivel de preparación de los cubanos, la recepción activa de los contenidos periodísticos y culturales, pero hay un grado de desinformación, en términos de alta política; no hay claridad en la población cubana en cuanto a qué se hace con el presupuesto del país, qué puede pasar, en teoría, con el proyecto revolucionario, la construcción del socialismo. Hay dudas, hay aislamiento de los nuevos escenarios de la comunicación, y ese es un problema para la seguridad nacional, porque son los resquicios que aprovechan los enemigos de la Revolución. Ese grado de aislamiento, no es solo debido al bajísimo nivel de penetración de Internet en Cuba por razones materiales y subjetivas, sino un aislamiento concreto de la información. En Cuba hay zonas de silencio, eso no es un secreto, donde no llega la señal de la televisión, ni la telefonía móvil; hay un millón de teléfonos fijos y once millones de habitantes; es decir, hablar de Internet es un paso de gigante frente a los niveles de desconexión que aún persisten. El resultado directo es que las personas no se involucren en el proyecto de país y en las prioridades del Estado. A mi juicio, resulta el problema más serio.

Francisco Rojas Ochoa: En la Edad Media, cuando se descubría el primer caso de una epidemia, doblaban las campanas de las iglesias, porque todo el mundo tenía que enterarse. En 1912, en La Habana, hubo dos casos de peste bubónica en la Avenida del Puerto. Juan Guiteras Gener, un gran patricio y uno de los grandes sanitaristas que ha tenido este país, era ministro de Salud Pública, fue a ese lugar y personalmente dirigió la campaña, tuvo un caso más; en esa época todos los contagiados morían. Pero a Guiteras solo se le produjo un caso más después que llegó allí, y dejó escrito en un documento que reproduje en una revista que dirijo: «Dominamos la epidemia porque movilizamos a la población».

No tengo datos oficiales para mostrarles que hay una epidemia en Cuba, solo mi percepción. En un lugar tan pequeño como mi centro de trabajo, donde hay doscientas personas, y de ellas unas veinte somos profesores titulares, y cuatro de ellos han tenido dengue. Esa es una cantidad enorme en esa pequeña comunidad. A todo el que le pregunto conoce una, dos o tres personas que han tenido esa enfermedad. Un viajero que recientemente estuvo en Guantánamo me decía que no hay capacidad en los hospitales para ingresar a los enfermos de dengue. Algo parecido ha dicho Omar George, un periodista de Cienfuegos, que sí ha publicado en torno al tema en el periódico 5 de Septiembre y en una hora de televisión de esa provincia. Entonces, hay una epidemia de dengue, pero no hay información oficial; y ese es el primer paso de una lucha contra la epidemia, es así desde hace mucho tiempo. ¿Por qué no se acaba con el mosquito? Debido a que la gente no tiene percepción del riesgo, no se les ha dicho el verdadero riesgo que corre, la gravedad de la enfermedad y los miles de días-hombre que se pierden de trabajo —el enfermo y su familia—, el costo que está teniendo. La seguridad nacional falla al no trasmitir la información al pueblo para liquidar esa epidemia.

En Cuba no puede haber epidemias de polio, de difteria, de sarampión, etc., gracias a nuestro programa de inmunización. La vigilancia epidemiológica es muy importante para actuar cuando encontramos el primer o el segundo caso; la nuestra es bastante fuerte, en ella interviene decisivamente el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, pero si cuando vigilamos y detectamos el caso no tocamos la campana, entonces deja de tener efecto.

Cary Cruz: La gente tiene confianza en poder acceder a un sistema de salud, a empleo, a educación —con todos los problemas e imperfecciones que haya—, derechos que son reclamados en otros países de la región.

Considero que entre los problemas, sobre todo ambientales, de la seguridad nacional, estaría principalmente la producción de alimentos, no solo en cuanto a los precios, porque sabemos que para que estos bajen tiene que haber más producción, sino en buscar la soberanía alimentaria. Alguien decía lo de las hambrunas en otros lugares, realmente no es el caso cubano, el Estado ha hecho un esfuerzo muy grande para tener un cierto nivel de seguridad alimentaria, pero a costa de grandes importaciones de alimentos.

¿Cuál es la cuestión de la soberanía alimentaria?, es la disposición, la calidad, y también la decisión de la gente de lo que quiere comer, y eso entra dentro de la seguridad nacional. Hay muchos procesos en este momento en la búsqueda de tal soberanía, pero también muchos problemas en contra; por ejemplo, la gran afectación de los suelos, del acceso al agua; prácticamente todas las fuentes de agua superficiales están contaminadas.

Son relevantes la alimentación y la salud. En un sistema de salud tan bueno como el nuestro aparecen enfermedades que habría que estudiar, porque pueden estar relacionadas con lo que comemos. Los productos químicos en la agricultura —por ejemplo, los maduradores— son cuestiones de seguridad nacional, porque, por un lado, podemos estar produciendo mucho, pero la mala calidad nos está afectando y al final hay que comprar medicinas y equipar los hospitales. Hay seguridad porque hay muchos alimentos subsidiados, en la producción y en todo, pero tenemos ese problema.

Posiblemente tendremos que cambiar los hábitos de alimentación y en este sentido la comunicación y la información desempeñan un papel importante, porque comemos arroz, papas, etc., con grandes aplicaciones de agroquímicos, y con alto consumo de agua. Tenemos un sistema de defensa civil y de ordenamiento territorial muy eficiente. Pero la sequía requiere un trabajo de prevención, de prioridades importantes; se espera largos períodos de sequía, y a veces no se dispone de tecnologías apropiadas para combatirla, como los molinos de viento, que se perdieron todos, y sin embargo con ellos pudiéramos tener mucha agua.

Al igual que con el dengue, cuando se da una información sobre cambio climático, el problema es lo que están generando otros y lo que está afectando a otros, pero nosotros también tenemos asuntos que abordar en este sentido, inclusive medidas de prevención que no son costosas. ¿Alguien recuerda las cortinas rompevientos de tamarindo? Prácticamente desaparecieron. No tenemos conciencia real sobre el tema, y esos son problemas de seguridad nacional.

La otra problemática importante es el envejecimiento de la población —no únicamente la migración— que constituye un problema de seguridad nacional, no solo de la parte de los que estamos envejeciendo sino de los cuidadores de los más viejos, generalmente mujeres, que también tienen que trabajar. Ello requiere un análisis con perspectiva de género.

Por otra parte, estamos preparados para recibir cualquier turismo. Pero se están potenciando infraestructuras que tienen serias implicaciones en la naturaleza. ¿Qué turismo es el que quiere hacer el país?, ¿contra qué estamos haciendo ese turismo?, ¿contra qué van los campos de golf, por ejemplo? Porque el agua es la misma de regar el arroz, y hay lugares donde el agua se recibe cada cuarenta y ocho horas. ¿Dónde está el agua para soportar ese turismo? ¿Por qué nuestra industria turística tiene que desarrollarse de manera similar a otros países que no han definido su proyección de desarrollo sostenible? Nosotros la tenemos definida, está en todos los discursos.

Carlos Alzugaray: Creo que en Cuba es básica la estrategia de guerra de todo el pueblo; es la que garantiza, por ser eminentemente disuasiva, evitar la posibilidad de una agresión militar. Mañana la situación en los Estados Unidos puede cambiar y puede ganar las elecciones un Marcos Rubio y nos cambia el entorno, por tanto, nosotros no podemos esperar a que eso pase.1 Soy partidario, defensor de aquella famosa frase de Raúl, «El sudor que derramemos hoy es mejor que la sangre que derramemos mañana»; es decir, cuando mucha gente critica los ejercicios Bastión, yo digo: «Señores, esto hay que hacerlo», porque la agresión es un problema que sigue latente.

Además, cercanía y asimetría determinan que nuestra relación de seguridad con los Estados Unidos sea compleja y tendrá que ser objeto de mucha atención, en la que se combinen medidas de confianza mutuas y de cooperación en aquellos aspectos en que vale la pena cooperar; por ejemplo, el narcotráfico, pero que a la vez haya señales claras de que la resistencia a una agresión va a ser muy fuerte. Para ponerlo en términos que los norteamericanos entienden muy bien: la relación costo-beneficio de una agresión militar a Cuba debe ser inaceptable para ellos. Igual que Obama dijo en West Point que la columna vertebral de la política exterior de los Estados Unidos es su fuerza militar; la de la seguridad nacional de Cuba es la postura de defensa, que nos garantiza también enfrentar el terrorismo, que no ha desaparecido, aunque está contenido, no por gusto tenemos a los Cinco Héroes, tres de ellos todavía presos en los Estados Unidos.2

El otro factor es el entorno internacional. Esta es una batalla que la diplomacia cubana ha tenido que dar , porque se ha puesto muy de moda hablar de seguridad humana como contrapuesta a la nacional, para justificar lo que en un momento determinado se llamó «intervencionismo humanitario». Hoy existe la famosa Responsability To Protect (RTP), [la responsabilidad de proteger]. Ahí hay una batalla diplomática que dar en función de la seguridad nacional cubana.

Hay políticas subversivas norteamericanas contra Cuba; yo dudo de su eficacia; a mi juicio, Zunzuneo,3 aparte de ser una violación de todo, es ridícula, pero existe, y es un fenómeno que, de alguna manera, se alimenta de nuestros problemas.

Tenemos que cambiar la mentalidad de cómo vemos las cosas. Las cifras que se dieron en la última reunión del Consejo de Ministros, preocupantes desde el punto de vista económico, son típicas de un país en recesión, y ese es el caldo de cultivo de la subversión. No hay política subversiva que funcione, por parte de los Estados Unidos contra Cuba, si hay una sociedad próspera y sustentable, y además, con equidad, porque ese es otro asunto que está sobre el tapete, cómo se desarrolla la economía cubana. No podemos perder las conquistas de la Revolución en materia social no solo por justicia, sino por seguridad nacional, pues el día que tengamos esas fisuras puede darse una situación seria.

Rafael Hernández:  Vamos a darle la palabra al público. Le recuerdo que, aun cuando el panel ha puesto sobre la mesa una cantidad enorme de aristas del problema, el tema sigue siendo la seguridad nacional.

Armando Nova: Soy de la Universidad de La Habana. La seguridad alimentaria está reconocida así por Naciones Unidas, de la cual la FAO forma parte, y define que está compuesta por tres componentes básicos: la disponibilidad de los alimentos, conformada por la producción nacional, y nosotros somos insuficientes en ese sentido; y la posibilidad de su importación, que también es parte importante de la seguridad nacional, y para ello tenemos limitaciones económicas. Quiero subrayar que en la medida que nosotros dispongamos de menos producción nacional de alimentos, somos más vulnerables económicamente; y por supuesto, de esto también se derivan aspectos de la seguridad nacional desde el punto de vista político. El segundo componente es la posibilidad de acceso a los alimentos por parte de la población. Y por último, la inocuidad de los alimentos.

Gisela Arandia: La seguridad nacional deberíamos verla como una visión global de interconexiones, de coherencia, cuyo epicentro es la nación, pero a su vez, con énfasis en los conflictos más importantes que hoy vive la Isla.

Desde mi perspectiva hay tres puntos: uno, la pobreza, no solo como dicen algunos datos estadísticos, de 20%; me parece que esa cifra no es real. Sobre el conflicto de las clases sociales, en cierta medida coincido con Cristina, pero además viéndolo en ciudades y campos; es decir, esas diferencias son fundamentales. Si bien hay un sector del campesinado que ha logrado un alto nivel económico, la mayoría no lo tiene. Esa pobreza se concentra sobre todo en las ciudades, por ejemplo, en La Habana, a simple vista uno se percata de cómo están presentes las áreas de pobreza.

En el segundo escalón coloco la racialidad, en la que los espacios de las desigualdades también son muy profundos y se articulan con este conflicto de clases sociales. En el tercero está el género, el papel de las mujeres, las inequidades en la sexualidad, es decir, hasta qué punto todavía la homofobia tiene un papel en el inconsciente-consciente nuestro. Y, por último, la participación social es la que fortalece la conciencia social, no solo los medios.

Aurelio Alonso:    Quiero referirme a la conexión de dos conceptos: seguridad y normalidad. La primera tiene que ver con la garantía de la normalidad, pero, ¿qué es la normalidad? Está, pudiéramos decir, en el equilibrio frente a las condiciones inesperadas que afecten el orden social, cultural, etc.; no obstante, la normalidad en la historia futura de Cuba y en la de Panamá, por ejemplo, son distintas, por lo tanto, siempre vamos a tener que pensar en las diferencias de las normalidades.

Para la normalidad y la seguridad nacional de una sociedad determinada tiene que buscarse un efecto de integralidad; y no se puede resolver desde una sola perspectiva. En la diversidad del panel y la problematización del tema, me parece excelente esta diversidad, porque responde también a la complejidad —la diversidad de lo complejo, de las condiciones naturales y sociales que intervienen en garantizar la seguridad, incluso en sus contradicciones.

En la intervención de Cary me llamaba la atención la búsqueda de Cuba de su seguridad. Ahora desarrollamos en el turismo la idea de los campos de golf. Uno solo consume anualmente una cantidad de agua similar a la del lago Okeechobee en la Florida. Lo que puede estar solucionando un problema, buscando la normalidad, la podemos estar destruyendo, o evitándola, o rompiéndola por otra parte. Debíamos ser expertos en ello porque en estos cincuenta años acabamos con los marabuzales, tirándoles cadenas y buldóceres, con lo que también liquidamos los juncales de una gran parte del campo; es decir, hemos buscado normalidades generando anormalidades.

Luisa Íñiguez: Yo tengo una confusión entre seguridad e incertidumbre; más que inseguridad, lo que sienten los cubanos es incertidumbre. En términos políticos e ideológicos, la inestabilidad tal vez no preocupe tanto, sino lo contrario, quiere decir que no deja de haber inestabilidad porque no haya motines ni manifestaciones, porque se evade por otros rumbos no precisamente visibles, y resulta tan peligrosa para la seguridad como si los hubiese.

Por otro lado, están las epidemias. Estuve haciendo una investigación para ver en qué periódicos provinciales se estaba hablando del dengue, y solo encontré el 5 de Septiembre. Desgraciadamente en otros periódicos provinciales no aparece nada del dengue, o sea, estuvo y ya no está, se perdió, y eso es dolorosísimo para nosotros.

Indio Hatuey es una empresa que era de la Universidad de La Habana, después pasó a la de Matanzas, y ha logrado unos éxitos extraordinarios con un pasto, una gramínea, que realmente absorbe muy poca agua, con éxitos tremendísimos en Varadero, la han comprado las empresas hoteleras extranjeras, incluso esa es la proyección para Los Colorados. Esto de tener pasto con poca agua es importante.

Manuel David Orrio: Aquí se ha hablado del envejecimiento de la población. Escuché al directordel CEDEM decir que la principal contradicción demográfica de Cuba era tener una población de primer mundo con una economía de tercero. Suecia tiene una población posiblemente más envejecida que la cubana, ¿y cuál es el problema del envejecimiento de la población en Suecia?, ¿entonces el problema está en la población de primer mundo o en la economía del tercero?

De todo lo que ha dicho el panel, la conclusión que uno extrae es que la principal amenaza para la seguridad nacional es la prensa cubana, esa es la verdad. Ahora les va a hablar el periodista revolucionario que fue independiente porque era oficial encubierto de la Seguridad: el problema está en lo que no dice, y eso es exactamente lo que se convierte en materia prima del enemigo.

Hay un problema de comunicación —también se relaciona con la prensa en Cuba— el incremento de lo que en el lenguaje internacional se denomina acceso a las corrientes de información: yo lo definiría a partir de una frase de Rosa Miriam Elizalde: «Once millones de cubanos conectados a Internet son más peligrosos para los Estados Unidos que Al-Qaeda».

Yoss:   El síndrome de fortaleza sitiada nos ha hecho esconderle al enemigo todo lo malo que pasa aquí para no darle armas, olvidándonos que el enemigo sabe antes que nosotros lo que va a hacer el Estado cubano, que comunica en sitios donde los cubanos no tienen acceso.

Me da mucha gracia escuchar hablar de la guerra de todo el pueblo. Esa doctrina nunca fue militarmente eficiente. Los combates más recientes en el mundo demostraron que hoy un soldado es un técnico altamente preparado al que se le paga para que haga una guerra en la que va a combatir contra gente que teóricamente también son profesionales como ellos, y va a tratar de ganarla con la menor cantidad de bajas; cuando un técnico preparado de esta manera se enfrenta a combatientes no profesionales pasa como en la Guerra del Golfo: una masacre.

La doctrina de la guerra de todo el pueblo ya es inoperante. Sin embargo, uno de los problemas de seguridad nacional consiste en qué haríamos con los militares si de pronto dijéramos que el ejército sobra. Antes se decía que la Revolución se podía hacer con el ejército o sin el ejército, pero nunca contra el ejército. Hoy Cuba está demostrando que se puede manejar un país con el ejército, pero no sin el ejército ni contra el ejército, y esto me parece que es un grave problema de seguridad nacional.

Rafael Hernández: Dato estadístico: durante la guerra de Angola, las Fuerzas Armadas cubanas estaban integradas por trescientos mil hombres; cinco años después del Período especial se redujo a setenta mil; son números del Instituto de la Paz de Estocolmo, están en Internet.

Elier Ramírez:  Es inevitable, cuando se habla de seguridad nacional de manera amplia, que pensemos en la de Cuba. Las primeras vulnerabilidades a nuestra seguridad nacional las creamos nosotros cuando no hacemos las cosas bien en todos los órdenes, cultural, político, social, o económico. Por supuesto, el enemigo se monta sobre esas vulnerabilidades, y entonces sucede que vamos apagando fuegos a partir de las acciones del enemigo, cuando a veces la mejor manera de enfrentarlas es resolver los problemas internos que tenemos.

El mayor llamado a defender nuestra seguridad nacional lo hizo Fidel Castro el 16 de noviembre de 2005 en el Aula Magna, cuando dijo que nosotros mismos, con nuestros problemas, podríamos destruir el proyecto revolucionario cubano.

Donde más veo el término seguridad nacional es en el discurso político norteamericano; las llamadas estrategias de seguridad nacional se repiten una y otra vez. En el conflicto Cuba-Estados Unidos, ¿Cuba es un peligro para la seguridad imperial de los Estados Unidos?, ¿ese país defiende su seguridad nacional o su hegemonía? La respuesta puede ser de Perogrullo, pero me he dado cuenta de que no es tanto así, y que hay mucha gente que confunde esto.

Rafael Hernández: Vamos a darle la palabra a los panelistas para que brevemente comenten las preguntas y los planteamientos del público y luego pasar a la tercera pregunta: ¿desde las instituciones y la sociedad, qué políticas podrían contribuir a fortalecer, consolidar, enriquecer, apuntalar, desarrollar la seguridad nacional?

Cristina Escobar: El periodista que habló planteaba que la culpa de todo la tiene la prensa; yo no lo veo exactamente así, sino que ella es un punto en común de todo, por la función social que tiene, y mientras sea disfuncional —a pesar de que está presionando fuertemente a una parte importante de los decisores políticos del país—, no la cumple. Eso no se cambia de un día para otro, sobre todo cuando hay una tradición muy bien engrasada.

Para salvar cualquier mala interpretación de lo que yo pude haber dicho, quiero contar una experiencia que tuve hace pocos días. Estuve en una comunidad remota de las montañas cubanas. Se sabe que las personas se están yendo de la montaña —un problema de seguridad nacional porque es allí donde se hace la guerra—, porque el reordenamiento educacional y de salud, debido a la situación económica, está promoviendo que las personas emigren hacia el llano pues en la montaña no hay acceso a esos servicios básicos, y en esa comunidad, donde había veinte casas, solo quedaba una. Una mujer me contó una sarta de problemas, y después sacó una foto polvorienta y pobre, como su casa y su imagen, de Fidel y Raúl. ¿Qué quiero decir? La confianza en el proyecto cultural de la Revolución —desde el punto de vista gramsciano—es indiscutible, ¿pero qué dicen los serranos?: «Ha hecho mucho, nos ha hecho personas, pero falta mucho todavía». O sea, no podemos descansar solo en la confianza en los líderes históricos de la Revolución, que persistirá en el tiempo más allá de su propia existencia sobre la tierra, indiscutiblemente, como persiste la de Martí.

Por otro lado, tampoco podemos descansar ante los nuevos tipos de agresión. Coincido con Alzugaray en el tema de la guerra. Se ha diseñado un tipo de guerra no convencional que ha funcionado en otros países, que empieza por la subversión, la manipulación, la promoción de manifestaciones de descontento, el aprovechamiento de problemas internos del país, y termina con la intervención militar; eso significa que la persuasión a partir de la fortaleza militar no puede desaparecer de ningún país. La historia de Cuba está definida por un diferendo con los Estados Unidos, por tanto, no podemos vivir en el sueño de no tener fuerzas armadas y que eso nunca va a ser un elemento de la seguridad nacional, lo es. Pero en estas condiciones en que estamos viviendo, no es lo primero. Si gana Marcos Rubio —y esto es una provocación para el profesor Alzugaray—, que lo tiene difícil, de todas maneras terminará alineándose con ese cálculo exacto en la política estadounidense de costo-beneficio, que terminará demostrando que Cuba no es una prioridad para los Estados Unidos, no será un tema que van a tener sobre la mesa, y que van a reproducir las políticas de subversión que están practicando en este momento.

Francisco Rojas Ochoa: Con respecto a los que hablamos de salud, hay que mantener dos fortalezas de la seguridad nacional: el programa de inmunizaciones, si acaso añadir alguna nueva vacuna —como se está haciendo— y la vigilancia epidemiológica, que es efectiva.

Además, hay que fortalecer la bioseguridad. Existen bacterias necesarias en los laboratorios y en la industria que son frecuentemente mucho más agresivas que las que circulan normalmente, si se escapan de los laboratorios es fatal.

El día que empiece una epidemia no podemos decir: «Aumenten la producción de medicamentos, y de alimentos», pues van a llegar tarde, estos tienen que estar en reserva para las grandes calamidades.

Otro aspecto relacionado con la seguridad y la salud son los desastres, tanto naturales como antropogénicos. O hay reservas para responderles o fracasamos. Somos bastante eficientes ante inundaciones y tormentas tropicales, pero no ante un temblor —antes eran por Oriente, pero el último del que tuve noticias fue en Varadero. El día que ocurra en La Habana yo quisiera estar en medio del Parque Central, donde hay menos edificios cerca, porque esta ciudad se puede caer completa. Yo no sé hasta dónde estamos previendo los sismos, sé que hay gente preocupada por eso, pero es otro problema de seguridad nacional.

Cary Cruz: Lo mismo pasa con la sequía. Como decía Nova, hay una vulnerabilidad muy grande, y la alimentación es un motivo de seguridad nacional. Somos vulnerables por el acceso a los alimentos; cada vez hay menos dinero del Estado para importarlos. Durante siglos hemos vendido azúcar para comprar comida, 75% de nuestros suelos están degradados debido al monocultivo que, además, reproducimos. Hay que recuperarlos. Apostamos por la gran escala y sin embargo, despreciamos la pequeña. Hoy 30% de la tierra cultivable del país es la que produce más de 70% de todo lo que producimos, o sea, es un potencial que nos podría hacer menos vulnerables.

Acerca de las soluciones, como decía Aurelio, las normalidades, llevamos cincuenta años inventando, ¿los derivados de la caña de azúcar dónde están? La zeolita era el material del siglo, después, el noni nos iba a salvar de todas las enfermedades. Ahora tenemos pasto —respeto mucho todo el trabajo de Indio Hatuey—, pero no es lo mismo un pasto sembrado en Varadero que en Pinar del Río; porque ni los suelos, ni la acidez de estos, son iguales, entonces no sé cuál será su reacción. Vamos a resolver el problema de la alimentación, y aún tenemos 70% de la tierra sin explotar, y podríamos estar sembrando maíz transgénico para alimentar a los animales con todo el impacto negativo que eso puede tener en los recursos naturales, o en la salud humana.

Hay un asunto clave de seguridad nacional que tiene que ver con los mecanismos de reclamo y participación ciudadana, o sea, con el funcionamiento del Poder Popular (PP), y su estructura. Debería llegar el momento en que un empresario tiemble cuando un presidente del PP le plantee un problema de su comunidad. Eso no está pasando. Hay una pérdida de confianza muy grande, y es una organización para canalizar las necesidades de la ciudadanía y todas las soluciones que esta pueda dar. Que funcionen nuestras estructuras de gobierno también es un asunto de seguridad nacional.

Carlos Alzugaray: Cristina, al polemizar contigo siempre se aprende, así que me encanta, no voy a dejar de hacerlo, y me alegro que a ti te guste también. Y, Yoss, respeto tu opinión, pero no tengo esa percepción, si hay unas fuerzas armadas en el mundo con un alto grado de adaptabilidad es la nuestra. Cuando se cambió la estrategia, cavé muchas trincheras durante la Crisis de Octubre. Y a mí me pareció excelente cuando se elaboró la estrategia de guerra de todo el pueblo.

Esos soldados superespecializados perdieron la guerra en Viet Nam, en Iraq, en Afganistán; es decir, hay un problema de la organización de la defensa que tiene que ver con la defensa popular, y eso las fuerzas armadas cubanas lo han dominado por su adaptabilidad.

Sí, la estrategia de guerra de todo el pueblo existe, quizás haya menos necesidad hoy, quizás se pueda debilitar, pero en esencia ante una agresión militar vamos a combatir masivamente, y eso es lo que no pueden resistir los Estados Unidos.

Elier, la seguridad nacional, tal y como la tienen concebida en los Estados Unidos, es lo que han llamado algunos autores una «idea organizadora». Yo diría que es un discurso político para convencer al pueblo norteamericano que la seguridad nacional de los Estados Unidos depende de que un soldado vaya a combatir en Afganistán. Y, como bien dices, es una seguridad imperial, pero tenemos que atenernos a eso. Hay que leerse la estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos cada vez que la renuevan.

Por cierto, y aquí reflejo una idea que expresaba nuestro presidente recientemente cuando decía que queremos una relación civilizada con los Estados Unidos, tenemos que aprender a respetarnos mutuamente. Mi conclusión, es que por más que sea un imperio, también es una nación, con intereses que pueden ser legítimos. Si queremos exigir respeto a los nuestros, también legítimos, tenemos que estar dispuestos a respetar los de ellos. Cuando nos proponen cooperar en la lucha contra el narcotráfico, es de interés mutuo.

Y a esa normalidad espero que llegaremos algún día, Aurelio. Raúl prefiere decirle relaciones civilizadas, yo como viejo diplomático prefiero utilizar el término normalización de relaciones. Tenemos que aprender a cooperar en otros temas como lo hacemos con el de los huracanes, el migratorio, el del medioambiente, el de formas gubernamentales y no gubernamentales. La cooperación entre Cuba y los Estados Unidos es inevitable porque compartimos un espacio geopolítico; y, por supuesto, eso no quiere decir que aceptemos las definiciones que los Estados Unidos, cuando se comporta como un Estado imperial, pretende hacer de sus espacios geopolíticos, etc. En eso nuestra política ha ido ganando en madurez y está lista para un proceso de normalización.

Rafael Hernández: Estoy en un dilema, si les pido que contesten la tercera pregunta nadie más va a poder hacer comentarios ni preguntas. Les voy a dar la palabra a los que la han pedido, y les voy a pedir que, por favor, sean concisos.

Rolando Rogés:  Pertenezco al Centro de Bioética Juan Pablo II. La definición de seguridad nacional de nuestras fuerzas armadas es abarcadora. Mi pregunta es ¿cuánto hay de visión antropológica en nuestras estrategias de seguridad nacional?

Fabio Grobart: Creo que nos ha faltado ver el aspecto internacional o internacionalista de la seguridad nacional, que tiene que ser compartida desde un punto de vista ideológico y de subsistencia de la humanidad. Las definiciones que dan las fuerzas armadas, con las que estoy de acuerdo, son de 1997; un año más tarde Fidel plantea la globalización de la solidaridad como una alternativa a la neoliberal, por lo tanto es un planteamiento mucho más amplio, que nos incluye.

Sin embargo, en el ámbito mundial ya existían los problemas globales, detectados antes del 73, cuando surge el Club de Roma. Los científicos al servicio del capitalismo mundial, al ver los problemas del planeta, empezaron a dar soluciones mediante cálculos, visiones, pronósticos, prospectivas, visión del futuro. Surge después, en los ámbitos de la ONU, como una iniciativa de los Estados Unidos, el American Council for the United Nations University (ACUNUM o Millenium Project), y se les da a los supuestos científicos del mundo la posibilidad de hacer encuestas, de llenar formularios, etc., para a partir de su empoderamiento dentro de Naciones Unidas, crear grupos de presión en la prensa mundial para darles solución a esos problemas.

En América Latina la OEA ha sido la promotora de las políticas de seguridad nacional para todos esos proyectos, y la solución iba a ser, todavía con los regímenes neoliberales, por vía de la policía, el ejército, las bases, etcétera. Ahora bien, el mundo ha cambiado desde entonces y nosotros tenemos que ver el asunto en un mundo alternativo de seguridad basada en la subsistencia de la humanidad.

Ramiro Feijóo:  La seguridad del país no es un ejército, son los once millones de cubanos que estamos aquí, al frente de lo bueno y de lo malo que se hace y de lo que se deja de hacer. Entonces hay que vigilar por los intereses de cada uno para que la estrategia de defensa del país tenga sentido y sea efectiva. Con la emigración de miles de cubanos durante todo el año, está mermando la capacidad de defensa del país. Ese es un atentado contra la seguridad nacional.

Eliecer Ávila: ¿Cómo se puede lograr un equilibrio que ayude al crecimiento del país, entre la seguridad nacional y la del pueblo, de cara a su participación en la proyección en la política, en la concepción de su futuro? Hay personas que entienden por seguridad nacional la de un grupo de personas, la de un grupo político y su mantenimiento en el poder, y no necesariamente los conceptos son exactamente igual.

Desde mi modestísima posición de informático, la seguridad nacional debe sentirse en la piel; un país es más seguro cuando la gente se siente más segura y esto es así si tiene mejor confort, si su salario le alcanza para más cosas, si puede canalizar sus aspiraciones legítimas —como alguien mencionaba— de cambios económicos, sociales y ¿por qué no?, también políticos, y expresarlo de una manera libre.

En los países árabes se acumularon muchas cosas, y una de ellas fue el deseo del pueblo de tener este tipo de posibilidades. Llega el momento en que todo eso se une a dictaduras familiares, tradicionales, religiosas y estatales. Encima de eso también hay mucha gente en el mundo que apoya, que financia, que promueve que esas rebeliones lleguen a cambiar el orden de un país. Creo que donde más la gente se manifiesta hay más seguridad nacional. Yo vi en Suecia que la gente se manifestaba todos los días, y no creo que ese país esté en peligro de guerra, como tampoco Noruega, Bélgica, ni muchos países donde la gente puede exteriorizar esas aspiraciones.

Julio Aleaga: Las intervenciones me parecen muy interesantes, pero un poco ambiguas en la discusión del tema. Hace poco se daba la cifra de más de treinta mil cubanos que el año pasado se habían nacionalizado como norteamericanos, y doscientos cuarenta mil, aproximadamente, en los últimos diez años. Ese es un problema de seguridad nacional porque para nosotros el concepto nación es cultural, pero cuando los estadounidenses utilizan el término se refieren al Estado, no a la nación; entonces, ¿estamos discutiendo de la nación o del Estado? Eso es parte de este debate.

Coincido con Yoss sobre las fuerzas armadas, pero soy un poco más radical. Las fuerzas armadas deben desaparecer. Hace veinte años se sabe —ahí están los materiales y ahí está el servicio de inteligencia— que las fuerzas armadas cubanas no aguantan un golpe del ejército norteamericano.

Por último, creo que la prensa no es el problema, sino los que la controlan. Yo apoyo lo que plantea Cristina Escobar, muchas veces los periodistas están en el medio del tiroteo, y solamente tratan de hacer su trabajo lo más dignamente posible.

Ramón García: Lo que pasa es que no aprendemos de nosotros mismos. Voy a poner tres cismas de seguridad nacional que se resolvieron mal.

Primero, la Causa #1 de 1989 era un problema de seguridad nacional, pero detrás había una élite burguesa dentro del Ministerio del Interior. ¿Cuál fue la solución?, el MINFAR ocupando el MININT, y los de este yéndose a ser gerentes de firmas y después licitando a Cuba por 2% o 5% en cada contrato. Yo calculé que en esa fecha debíamos doce mil millones en deuda externa, y se llevaron dieciocho mil millones a cuentas en el extranjero.

¿Esa es una manera de resolver el problema de la seguridad nacional? Eso ha traído otros problemas.

Segundo: el sistema de salario y libreta, y el problema que creó después, desmovilizaron todos los mecanismos de autorregulación de la sociedad, basados en la comunidad, y la sociedad tuvo que reorganizarse para salvar la nación. Ese era un problema de seguridad nacional. Entonces no podemos ahora estar inventando un mecanismo que no esté basado en la comunidad, porque allí es donde está la solución del problema.

Tercero: el Proyecto Varela puso en jaque la constitucionalidad del país. Pero tenían una cuota de razón: en ese minuto les respondieron: «Socialismo irrevocable»; tres años después, «puede moverse, pero depende de los errores internos»; y no tardaron dos años más para decir: «esto es un fastidio, el sistema hay que reformarlo». Lo que estaba diciendo el Proyecto Varela ya lo venía diciendo el Centro de Estudios sobre América (CEA), que era la cuota reflexiva de algo que se había abierto antes con el Proceso de Rectificación de Errores, y una masa que pedía democratizar al país. ¿Y qué hicimos con el Centro…? Desintegrarlo. Entonces creamos un problema con la derecha cuando la izquierda radical hace rato que viene diciendo cosas.

Rafael Hernández:  Tienen la palabra los panelistas.

Cristina Escobar:  Como soy joven, todo lo que vivo es nuevo, pero dicen los que saben que no ha habido un momento más saludable para promover los cambios de la prensa en Cuba como este; dígase una dirección del país comprometida con esos cambios a partir de las críticas del presidente al sistema de prensa, y un espaldarazo del primer vicepresidente para que eso cambie, visitando al funcionariado persona por persona, porque no son los periodistas, es algo más complicado; por tanto, en la responsabilidad que tenga la prensa en este tema de la seguridad nacional, creo que, en el camino que estamos, es constructiva.

Hablamos de seguridad nacional, y qué suerte que nadie de los que ha participado aquí ha tenido que referirse a que en Cuba se usan armas de fuego, que la gente corre el riesgo de que le metan un tiro en cualquier lugar. Esa es una fortaleza que probablemente no tiene ningún país del mundo.

En cuanto a estrategias: profundización de los cambios comunicacionales en el país; diversificación de los ingresos; no seguir dependiendo solo de la situación en Venezuela; diversificar las alianzas —aunque no siempre es público el tema—, y, sobre todo, realismo y nivel de información en las decisiones que se toman; todo eso todavía está por definirse en el sentido de fortalecer el realismo con el que se están tomando las decisiones de país.

Francisco Rojas Ochoa: Se citó el tema de emigración como sustancial, y es cierto; pero se refirió solo a la cuantificación. Aunque considero que los números son importantes, me preocupa más la calidad de la emigración. Estamos perdiendo jóvenes, y sobre todo lo que más percibo en el sector salud es la pérdida del talento joven.

Cary Cruz:    No conozco ningún país de América Latina donde los niños y los jóvenes puedan jugar en la calle y los padres estén dentro de las casas. ¿Qué país tiene esa seguridad nacional?

Ahora, en cuanto a estrategias, el actor principal de la seguridad nacional está relacionado —al margen de la parte militar— con la confianza y certeza de la ciudadanía en el funcionamiento de sus estructuras de gobierno y de su participación en ellas.

Las estrategias no pueden ser vistas solo, con excepción quizás de la defensa, desde el punto de vista de las entidades estatales, sino también desde la sociedad civil; articuladas inclusive desde lo social, las estructuras, el gobierno popular, la población. Y cuando digo sociedad civil estoy pensando en un sector cuentapropista y un cooperativismo crecientes. El Poder Popular tiene que funcionar. Hay que potenciar la integralidad en el modelo, las proyecciones, porque generalmente —y quizás es falta de información de los medios de comunicación—, cada sector trabaja su propio ámbito, y en realidad debe existir una integración y una articulación los distintos sectores que no se puede obviar.

Los problemas del envejecimiento de la población no pueden estar solo referidos a la Universidad del Adulto Mayor. Dentro del modelo que tenemos que crear, hay que buscar soluciones para eso.

Carlos Alzugaray: Las últimas intervenciones dan para un debate que trasciende el concepto de seguridad nacional, que está vinculada a un proyecto de país, el mismo de Martí: independencia nacional, solidaridad internacional, una patria con todos y para el bien de todos.

Estamos lidiando con el problema racial, que también es de seguridad nacional obviamente; y está en ese concepto martiano de patria.

Hay dos asignaturas pendientes en la patria de Martí, el tema económico, al que se le está dando una fuerte manija, y la forma de gobernar este país; evidentemente estamos en un proceso de transformación de este y de alguna manera, estamos todos convocados.

Eliecer se quejaba —así lo interpreté— de que no había participación, pero él está participando aquí, dando su opinión.

Rafael Hernández: Quiero agradecer a las más de doscientas personas que han estado escuchando respetuosamente, incluso cuando se han dicho cosas con las que muchos de los presentes no están de acuerdo.

Les agradezco a las catorce personas que pudieron hablar, y que a pesar de que el tema daba para divagar, la mayor parte de las intervenciones no lo hicieron. Hemos tenido muchos jóvenes presentes, y esto nos satisface mucho. Contamos con ellos y también con los viejos y con los que son ni jóvenes ni viejos, para seguir dándole continuidad a este espacio de discusión, crítico, profundo, analítico, que nos enriquece a todos, y si cuando salimos de aquí hemos aprendido algo, que nos hace pensar, habremos cumplido con el propósito fundamental de esta sesión. Muchísimas gracias a todos.

Notas:

[1] En las elecciones de 2017 resultó ganador el republicano Donald J. Trump.

[2] Gerardo Hernández, Fernando González y Antonio Guerrero fueron liberados el 17 de diciembre de 2015, como parte de los acuerdos de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos.

[3] Especialmente diseñada para Cuba, esta red de mensajería soportada en telefonía móvil, fue financiada y desarrollada en secreto por la gubernamental Agencia de Estados Unidos para la Ayuda al Desarrollo (USAID). con el objetivo de derrocar al gobierno cubano.

ÚLTIMAS EDICIONES

Bienvenido!

Acceda a su cuenta debajo

Crear nueva cuenta

Rellene los campos debajo para registrarse

Vuelva a escribir su contraseña

Por favor, teclee su usuario o email para resetear su contraseña.