El presente trabajo se centra en la influencia cultural del internacionalismo cubano en la perspectiva Norte-Sur; en él, utilizo el ejemplo de los movimientos antiautoritarios de Berlín occidental ante la Revolución cubana, y formulo algunas cuestiones preliminares que considero particularmente relevantes para el tema y para comprender la relación de los jóvenes de Berlín con Cuba.

La acción directa

¿Cuáles son las justificaciones y legitimaciones de la violencia no dirigida por el Estado en una actividad no estatal y políticamente motivada? ¿Quién las determina y por qué motivos? ¿Cómo se manifiesta esa violencia en la práctica?

La solidaridad Norte-Sur

¿En qué consiste y cuáles son sus metas? Al respecto, permítanme esbozar tres consideraciones fundamentadas en la literatura científica reciente.

Solidaridad estética

Jamie Trnka, en la investigación Revolutionary Subjects: German Literatures and the Limits of Aesthetic Solidarity with Latin America (Temas revolucionarios: Literaturas alemanas y límites de la solidaridad estética con América Latina) (2015), se centra en las representaciones alemanas sobre América Latina; en particular, las estéticas de la violencia revolucionaria motivada políticamente. Para Trnka, este tipo de solidaridad consiste en una representación literaria vigorosamente interactiva, que puede abordar la emoción, mientras que las ciencias sociales a menudo «descartan lo emocional como privado e implícitamente apolítico, o incluso lo despachan en términos cognitivos» (286). También subraya la imaginación, en el sentido del etnógrafo Arjun Appadurai, como un «escenario para la acción» (50). Trnka ve la imaginación —tan frecuente en la literatura— como el núcleo de las solidaridades y de los cambios que estas pueden conformar, y la contrasta con la fantasía, que no fomenta tales cambios.

Coetaneidad

Marike Janzen, en su estudio, de 2018, Writing to Change the World: Anna Seghers, Authorship, and International Solidarity in the Twentieth Century (Escribir para cambiar el mundo: Anna Seghers, autoría y solidaridad internacional en el siglo xx), se refiere a la creación literaria como redacción de mensajes. Estos fluyen hacia públicos lectores nacionales e internacionales y escritores coetáneos que comparten inquietudes similares. El énfasis de Janzen en la coetaneidad en el espacio funciona en contra del sentido común sobre el tiempo por el Otro. De acuerdo con este sentido lógico —que Johannes Fabian ha refutado de modo convincente—, el tiempo simultáneamente vivido del Otro se entiende como anterior al propio. Este modelo, como del tiempo detenido del Otro, o el que recuerda épocas anteriores en el propio espacio, funciona para normalizar y legitimar las desigualdades globales. Para Janzen, la coetaneidad opera contra estas percepciones de asimetría entre el Norte y el Sur en términos de tiempo y capacidad. Además, busca reconocer los significados en diferentes tipos de poder, influencia y rango de opciones. En la conceptualización de la solidaridad de Janzen, como en la de Trnka, la relación y sus prácticas superan lo físico y lo cognitivo.

Lazos afectivos

En Foreign Front: Third World Politics in Sixties West Germany (El frente exterior: Política del Tercer mundo en la Alemania occidental de los años 60), Quinn Slobodian (2012) demuestra que los movimientos izquierdistas de Alemania occidental, particularmente entre estudiantes, surgieron de la amistad solidaria entre alemanes y migrantes extranjeros. De hecho, una versión anterior de este texto se titulaba Empatía radical: el Tercer mundo y la nueva izquierda en la Alemania occidental de los años 60.

Cada trabajo de estos autores articula el flujo dialéctico de influencia entre el Sur y el Norte. Además, aborda las relaciones de simpatía, empatía, afectos y emociones que atraviesan fronteras geográficas, de nacionalidad, de movilidad, de privilegios. Todos tratan seriamente estas relaciones como algo distinto, más allá de una simple geopolítica internacional. Tales conexiones motivan prácticas solidarias y mayores lazos entre personas en posiciones muy diferentes, y a través de fronteras nacionales, pueden disminuir el sentimiento nacionalista, así como crear las «comunidades imaginadas» transnacionales, que académicos como Benedict Anderson (1991) han teorizado sobre la construcción de la identidad nacional.

¿Cómo comprender los «orígenes» y la dirección de los flujos de influencia?

En El frente exterior…, Slobodian complejiza la idea de que los actores del Norte «descubrieron» al Sur, al resaltar la influencia de los ciudadanos del Tercer mundo que vivían en Alemania occidental, como los estudiantes de Congo, Irán y Chile. Estos extranjeros educaron y elevaron la conciencia de los estudiantes de Alemania occidental acerca de las problemáticas tercermundistas, así como, por extensión, sobre las historias y la política doméstica.

Del mismo modo, las recepciones sobre la Revolución cubana en las dos Alemania, como inspiración para la lucha en casa, pueden considerarse como alimentadas tanto por eventos del Norte como por la estrategia y práctica del Sur.

Más adelante, presentaré un ejemplo de los movimientos antiautoritarios de Berlín occidental nucleados en torno a Rudi Dutschke. En ellos, la exitosa Revolución cubana, sus actividades internacionalistas, incluyendo la Conferencia Tricontinental, así como las luchas y la muerte del Che en Bolivia, fueron extremadamente inspiradoras, e incitaron a una identificación que llegó al punto de emulación.

¿Cómo se contextualiza la historiografía?

Los estudiosos antes mencionados relativizan de manera diversa la autocrítica que los de izquierda fueron adoptando desde mediados de los años 80. A medida que el bloque soviético se fue desestabilizando, muchos intelectuales revaluaron los tópicos de su interés, y sus trabajos sobre temas del Tercer mundo. Muchos afirmaron que sus conceptualizaciones, solidaridades y prácticas no eran más que:

  • visión romántica de los revolucionarios comprometidos con la acción directa en climas tropicales; o
  • proyección mediante la cual podrían vivir indirectamente vidas más radicales y emocionantes que cambiarían el mundo; o
  • identificación que, al menos, les permitiría caminar junto a los gigantes justicieros.

Estos intelectuales norteños también releyeron sus creencias y prácticas en décadas anteriores (los años 60), como una manera de olvidar o negar su culpa por su propio pasado nacional, por ejemplo, el fascismo alemán (Hosek, 2012).

En lo que respecta al fascismo, estos intelectuales del ajuste de cuentas autocrítico dijeron que la estrategia de alivio de la culpa iba en dos direcciones:

  • Identificación con las víctimas, ya sea viéndose a sí mismas en una situación estructuralmente similar o como similares a ellas, debido a una mentalidad políticamente análoga. Este énfasis en los paralelos separó a estos pensadores de los alemanes fascistas del pasado o contemporáneos.
  • Traducción de esta culpa en responsabilidad en una nueva iteración del fascismo: el neocolonialismo. Estos autocríticos admiten que la lucha de principios contra este último era/es, a veces, una búsqueda emancipadora. Sin embargo, también consideran que su negación de culpa por el pasado fascista había sido un acto de evasión o excusa.

Además, muchos cuestionaron la posibilidad de una solidaridad efectiva desde el posicionamiento del Norte.

Trnka (2015) pone como ejemplo al escritor F. C. Delius, para quien la solidaridad puede ser «una forma de olvidar, en lugar de considerar el significado de la violencia y la injusticia» (271).

Pero deslegitimar la solidaridad es restringir ciertas posibilidades. Como expresan Daniel J. Walkowitz y Barbara Weinstein:

Ninguna cultura política de oposición ha recibido más atención de los historiadores en los últimos años que los movimientos estudiantiles de los 60. Sin embargo, incluso los estudios comprensivos de la Nueva Izquierda y la década de los 60 tienden a favorecer una narrativa que ubica sus orígenes en Europa y los Estados Unidos, y separa (siguiendo a Jürgen Habermas) una izquierda estudiantil «buena» —que abogó por una liberalización más amplia y derechos humanos, en la tradición de la Ilustración—, de una «mala» que degeneró trágicamente en narcisismo y violencia, inspirado en una visión distorsionada de la revolución del Tercer mundo. (Slobodian, 2012: vii-viii)

Significativamente, esta mea culpa sobre las afinidades políticas equivocadas en el pasado coincidieron con el fin del socialismo estatal a gran escala y el sentido concomitante de que este, y quizás el socialismo en sí, había fracasado. Muchos de estos intelectuales también se movían hacia la derecha. Quizás, en parte, por envejecimiento, tales cambios del lado «perdedor» fueron hechos por personas acostumbradas a estar en el lado «ganador»; o simplemente se movían con las mareas políticas. A lo mejor, sus autocríticas también se pueden ver como expresión de un luto reactivo por el comunismo mundial, tal como se imaginó a partir de la Revolución rusa.

Por contraste, autores como Trnka, Janzen, Slobodian y la que suscribe, por haber sido hijos de la Guerra fría, demasiado jóvenes o demasiado hastiados para creer en cualquiera de los dos bandos, pueden sostener que no todo en esta historia fue sobre estados o romanticismos.

Los anteriores son algunos comentarios generales que considero relevantes para mi enfoque específico sobre la influencia Sur-Norte. La solidaridad e identificación afectiva impulsaron la acción política de los antiautoritarios de Berlín occidental y fueron influidos por ideas del Sur global; en particular, aquellas que surgieron de la práctica política. Robert Young (2016) sostiene que la propia teoría poscolonial, ese modelo de pensamiento basado en la producción cultural y política no occidental, se originó en la Conferencia Tricontinental. Para los antiautoritarios, el concepto de partida más crítico era un nuevo modelo de nacionalismo derivado de los acontecimientos y pensadores del Sur global.

En la cita apuntada antes, Walkowitz y Weinstein hacen referencia a Jürgen Habermas, quien contribuye de manera importante a la discusión del nacionalismo en Alemania occidental a través de su noción de patriotismo constitucional. En este modelo, la afinidad nacional se deriva de la comprensión cognitiva de los objetivos democráticos compartidos, articulados en la constitución de una nación. Muchos alemanes de izquierda adoptaron esta noción de patriotismo constitucional como una forma de dejar atrás un nacionalismo basado en conexiones emocionales con «sangre y suelo», concepto fundamental del nazismo. Muchos intentaron ir más allá de la nación, poniendo sus energías en organizaciones supranacionales como la Comisión europea que se convirtió en la Unión Europea.

Sin embargo, en el caso de los antiautoritarios de Berlín occidental, el sentimiento nacional fue muy significativo y aparentemente misterioso. En un trabajo sobre este tema, muestro que este grupo nucleado en torno a Rudi Dutschke, en Berlín occidental, en realidad se identificó con lo que Michael Hardt y Antonio Negri (2000) llaman «nacionalismo subalterno». En su estudio Empire, consideran que el nacionalismo burgués de un Estado formado es distinto del de una nación en proceso de liberarse a sí misma: «mientras que el concepto de nación promueve el estancamiento y la restauración en manos de los dominantes, es un arma para el cambio y la revolución en las manos de los subordinados» (Hosek, 2012: 60). Los antiautoritarios de Berlín occidental asumieron la comprensión del nacionalismo enarbolado por los movimientos de liberación tercermundista. Su solidaridad tuvo como objetivo liberar a estos grupos, ante todo liberándose a sí mismos. Buscaron solidaridad con Vietnam, atendiendo al llamado de «crear dos, tres, muchos Vietnam» (Guevara, 1967), siguiendo el modelo de liberación nacional presentado por los revolucionarios cubanos en la glosa de sus propias luchas en Cuba, por ejemplo en Guerra de guerrillas (1960).[1] Fueron inspirados por la Conferencia Tricontinental (1966), la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África Asia y América Latina (OSPAAAL), en el propio año; y, más tarde, en agosto del 67, la fundación de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS).

El 2 de junio del 67, la policía de Berlín oeste disparó contra Benno Ohnesorg, un estudiante desarmado que protestaba por primera vez.[2] Un sinnúmero de izquierdistas tomaron este evento como el fin de la democracia en Alemania occidental, en particular porque en 1966 (y hasta 1969), esta estaba gobernada por una Gran Coalición, lo que hacía sentir a muchos que se carecía de una voz de oposición en la política formal. Mi investigación utiliza textos de archivo e informes de revistas y periódicos pequeños e independientes para demostrar que los berlineses antiautoritarios pretendían traducir directamente la «teoría del foco» guevariana, para crear un Berlín occidental independiente mayor, que incluyera tanto al oeste y al este. Este Berlín se liberaría de su relación «colonial» con Alemania occidental y por extensión con los Estados Unidos. Tal plan quedó interrumpido por el disparo casi fatal a Rudi Dutschke por parte de Josef Bachmann.

Acerca de estos eventos, destaco tres puntos como los más importantes:

  • Los antiautoritarios de Berlín occidental tomaron su relación con Cuba tan seriamente como para identificarse y tratar de emularla.
  • Esta emulación fue catalizada por la Conferencia Tricontinental y el mensaje del Che sobre «crear dos, tres, muchos Vietnam».
  • Los jóvenes alemanes legitimaron su emulación al asumir la noción de nacionalismo subalterno asociado con actores del Sur global.

Si bien mi contribución aquí se ha centrado en Alemania occidental, permítanme terminar con un comentario informal de Markus Wolf, oficial de la Hauptverwaltung Aufklärung —servicio secreto de asuntos internacionales de la RDA. En enero de 1965, en una visita a La Habana, expresó:

Los camaradas cubanos tienen siempre en la boca la frase «antes de la revolución» […] Es lo que realmente han logrado, bajo el sol del trópico. Mientras nosotros, los otros, en nuestra gris rutina diaria, hemos pasado de las ruinas del nazismo al socialismo, montados en los camiones del Ejército Rojo. (Faligot, 2013)

Escuchar la perspectiva de este oficial de inteligencia y funcionario del gobierno alemán puede incitarnos a nuevas preguntas sobre los límites entre el romanticismo y la realidad.

Notas:

[1] Texto publicado en la República Democrática Alemana (RDA), en 1962, con el título Der Partisanenkrieg.

[2] En ese momento no se sabía que Ohnesorg estaba trabajando para la RDA.

Referencias:

Anderson, B. (1991) Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. Londres: Verso.

Faligot, R. (2013) Tricontinentale: Quand Che Guevara, Ben Barka, Cabral, Castro et Hô Chi Minh préparaient la révolution mondiale (1964-1968). París: La Découverte.

Guevara, E. (1960) Guerra de guerrillas. La Habana: Ediciones Revolucionarias.

______ (1967) «Crear dos, tres... muchos Vietnam. Mensaje a los pueblos a través de la Tricontinental». Revista Tricontinental, 16 de abril. Disponible en <http://cort.as/n1YM> [consulta: 30 marzo 2019].

Hardt, M. y Negri, A. (2000) Empire. Cambridge: Harvard University Press.

Hosek, J. R. (2012) Sun, Sex, and Socialism: Cuba in the German Imaginary. Toronto: University of Toronto Press.

Janzen, M. (2018) Writing to Change the World: Anna Seghers, Authorship, and International Solidarity in the Twentieth Century. Nueva York: Camden House.

Slobodian, Q. (2012) Foreign Front: Third World Politics in Sixties West Germany. Durham: Duke.

Trnka, J. (2015) Revolutionary Subjects: German Literatures and the Limits of Aesthetic Solidarity with Latin America (Temas revolucionarios Literaturas alemanas y los límites de la solidaridad estética con América Latina). Berlín/Boston: De Gruyter.

Young, R. (2016) Postcolonialism: An Historical Introduction. Nueva York: Wiley-Blackwell.

 

 

 

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