* Este artículo es una versión reducida de «Civic Participation and Social Embeddedness: Differences between Urban and Rural Communities», publicado en 2021, en The International Journal of Community and Social Development, v. 3, n. 1, 45-67. Disponible en <https://bit.ly/3Ded5NQ>

La teoría del capital social une la participación ciudadana (PC) en asociaciones voluntarias a la inclusión social en general. Se dice que un alto nivel de aquella desencadena el poder integrador social; por tanto, se cree que ella y el compromiso de los individuos están estrechamente vinculados a una población feliz e integrada (Roth, 2003; Stricker, 2006; Roßteutscher, 2009; Abebe et al., 2019); por lo que las asociaciones voluntarias se consideran un motor de cohesión social (Pollack, 2003; Roth, 2003).

Los actores políticos tienen la misma perspectiva (Wiertz, 2015). En años recientes, numerosos gobiernos han estado delineando una imagen idealizada de la PC, declarando la autorganización ciudadana como la base de una cohesión democrática, cultural y social (Roßteutscher, 2002; Van Deth, 2010; Uitermark, 2015; Salemink y Strijker, 2018). Sin embargo, la conexión entre participación ciudadana y cohesión social no está clara y carece de evidencia empírica. Por ejemplo, la investigación ha demostrado que la membresía de una asociación aumenta con el estatus socioeconómico (Warren, 2001). Además, los inmigrantes y los extranjeros están en gran parte excluidos del mundo de clubes y organizaciones de voluntarios (Roßteutscher, 2008: 398-401). Entonces, ¿por qué un alto nivel de PC debería equivaler a una comunidad integrada? ¿No es también probable que la primera conduzca a un agrupamiento y delimitación de quienes sí participan, y a una marginación de los que no?

El presente estudio busca responder estas preguntas investigando si la PC, en el nivel macro,1 es capaz de proporcionar la integración social de personas en general, o simplemente de los asociados. Argumenta que esta, a gran escala, tiene la capacidad de monopolizar el acceso a las redes sociales y las oportunidades para establecer relaciones. Como resultado los que no participan en asociaciones voluntarias están excluidos de estas oportunidades.

Se examina lo siguiente:

Se aborda una brecha triple de investigación. Primero, el enfoque del capital social da por sentado, implícitamente, el vínculo entre la participación ciudadana y la cohesión social. Esto incluye la presunción de efectos colaterales, al decir que el capital social produce resultados positivos no solo para quienes lo generan sino también para la comunidad en su conjunto (Van Deth, 2010; Abebe et al., 2019). Sin embargo, hay una carencia de investigación empírica sobre la validez de esos efectos (Lo Iacono, 2018: 136). La investigación que nos ocupa muestra que los miembros de organizaciones no políticas, como clubes de actividades de recreo y deporte, tienen orientaciones políticas más democráticas que las personas que no pertenecen a ellas (Van Deth, 2010). Como queda dicho, un alto nivel de PC tiende a monopolizar el acceso a las redes sociales lo que, a su vez, puede excluir de relaciones sociales estables a los que no son miembros de clubes o asociaciones de voluntarios. Este mecanismo de cierre social no se interpreta como «capital social malo» (650), pero sí, desde la perspectiva de la cohesión, como un impacto no intencionado, no deseado. Debido a que muchas personas participan en asociaciones voluntarias, la inclusión social de los que no lo hacen se ve obstruida.

En segundo lugar, la participación ciudadana en el nivel regional es una característica estructural de la sociedad moderna y debe tenerse en cuenta. En el presente caso, su grado es propio del contexto en el que viven los individuos, y repercute en su posibilidad de encontrar amigos.

En tercer lugar, el argumento tiene un vínculo micro-macro-micro. Dado que los individuos se comportan de cierta manera, se produce una macro categoría que afecta el rango micro. Mientras más personas actúen y se reúnan en asociaciones, más amigos y conocidos encontrarán dentro de ellas. A nivel macro, esto produce una situación social estable donde las relaciones se establecen preferentemente en esos contextos. Ello hace que sea más difícil para los no participantes establecer nuevas relaciones y encontrar amigos, simplemente porque sus oportunidades de hacerlo se han reducido. En consecuencia, típicamente en las comunidades se asocian los altos niveles de PC con redes sociales más pequeñas de los que no participan en asociaciones.

La participación ciudadana y la inserción social

La PC no se trata solo de membresía, sino también de activismo en la vida pública. Incluye todas las oportunidades de colaboración sin fines de lucro que las personas tienen fuera de su familia; por ejemplo, cantar en un coro, jugar en un equipo de fútbol o ser voluntarios en un comedor de beneficencia. Por lo general, va más allá de la esfera privada, se realiza de manera colectiva y pública, e incluye contacto repetido con otras personas —amigos en la vida privada o colegas en el trabajo. Incluye actividades para proteger los valores públicos o hacer cambios en la comunidad; pero —a diferencia del compromiso cívico— no necesariamente aborda cuestiones de interés público. Según C. Fischer (1982), una persona está integrada a su red social, que consiste en «el conjunto de personas con quien un individuo está directamente involucrado» (2) —miembros de la familia, amigos y conocidos—, por lo cual la relación social entre el individuo y el socio de la red se caracteriza por repetidas interacciones (Wrzus et al., 2012: 53).

El valor de la PC se manifiesta como capital social que, según R. Putnam (1993; 2000), se trata de redes sociales, normas y confianza. A su juicio, la comunicación, el intercambio de información y la cooperación se facilitan en conexiones horizontales —clubes deportivos, coros locales o cooperación vecinal. Estos producen normas prosociales, confianza mutua y actitudes democráticas. Los miembros «se vuelven más tolerantes, menos cínicos y más empáticos hacia las desgracias de los demás» (2000: 288), desarrollan un sentido de solidaridad y se sienten mutuamente conectados. El énfasis de este estudioso en la importancia de las redes sigue una tradición, que se remonta a Alexis de Tocqueville, al argumentar que los lazos de las personas con otros miembros de sus comunidades ayudan a mejorar las instituciones democráticas y el bienestar personal. El capital social permite superar dilemas y lograr objetivos comunes. Una vida asociativa vibrante es de gran importancia para el éxito económico y también para el desempeño político. Al vincular la membresía activa en asociaciones voluntarias, la participación ciudadana, los lazos interpersonales y el bienestar de la comunidad, Putnam también asume efectos colaterales sobre los individuos que no participan, pero sí se benefician de las características descritas. En el contexto actual, esto significa un alto grado de inserción social y felicidad.

De hecho, los estudios muestran que las personas que participan en asociaciones son más felices y más dispuestas a confiar en los demás (Roßteutscher, 2008), y que la inserción social está vinculada al trabajo informal, en especial mediante el intercambio de dinero o trueque. Aquellos que se dedican a este lo hacen mayormente con personas muy conocidas (Slack et al., 2017). Por lo tanto, es intuitivamente plausible asumir que la participación ciudadana y la inserción social están vinculadas entre sí. Sin embargo, no existe tal implícita intuición con respecto a los efectos colaterales. En cambio, las asociaciones voluntarias tienden a servir como «recipientes» dentro de los cuales se establecen las relaciones y redes sociales, lo que reduce el círculo de amigos de los que no son miembros.

El enfoque de la atracción establece que el deseo de hacer nuevas relaciones surge en condiciones de proximidad y semejanza (Festinger, 1950; Wrzus et al., 2012: 70). Las personas que participan regularmente en una asociación, club o iniciativa voluntaria tienen, comparativamente, muchas oportunidades para interactuar entre sí. Además de la probabilidad de encontrarse con frecuencia, los participantes dentro de estos círculos se unen para representar intereses y necesidades que comparten; lo que aumenta la probabilidad de encontrar similitudes y puntos en común que, a su vez, puede conducir a la familiaridad y la conexión (Kleiner, 2016). Ambos factores —la proximidad espacial y la similitud percibida— hacen que los contactos sociales experimentados positivamente sean factibles y por tanto faciliten el desarrollo de relaciones estables. De hecho, la investigación sobre la asistencia a la Iglesia ha demostrado que hay un vínculo positivo entre la asuidad a esta y el tamaño de la red social (Ellison y George, 1994; Bradley, 1995; Hirschle, 2014). Es bastante probable suponer que tal componente no se limita a las organizaciones religiosas, sino que es inherente a todo tipo de asociaciones ciudadanas (Kleiner, 2020).

Sin embargo, la cohesión interna dentro de las asociaciones puede que no fortalezca a la comunidad en su conjunto. Las redes sociales pueden estar limitadas a aquellos que participan activamente en los contextos asociativos. Además, cuanto más maduran o se expanden los contextos que promueven las relaciones, es más factible que produzcan un estado de cierre social.

Las personas pueden encontrar y hacer conocidos y amigos mediante todo tipo de mediadores sociales, ya que producen y mantienen relaciones no solo en iglesias o clubes, sino también en cafés, bares, restaurantes, discotecas, centros comerciales, cines, museos, bibliotecas, parques, gimnasios o incluso parques de atracciones; sin embargo, a medida de que un sinnúmero de personas participan, la cultura social se transforma en algo dominado por asociaciones voluntarias, clubes e iniciativas y, así, hacer amigos tiende a convertirse en un privilegio de sus miembros activos. En una comunidad con numerosos contextos organizacionales, los individuos se reúnen regularmente para compartir y realizar sus intereses y necesidades. Muchas personas participan en una o más asociaciones, clubes o iniciativas y, por tanto, un número cada vez mayor de ellas mantiene sus relaciones sociales dentro de estas entidades. Cuanto más tiempo dediquen y se integren a estos contextos asociativos, menos oportunidades habrá de que los no participantes establezcan nuevas relaciones o mantengan las existentes con ellas. Como resultado, en la medida que estos contextos promotores de relaciones se expanden, producen una situación de cierre social, que excluye a los que no se incorporan.

Ello no significa que cambie el número de relaciones en la sociedad; pero cada vez habrá más personas dentro de estos contextos asociativos. Entonces, aquellas que viven en un entorno social vibrante, pero no participan per se, están en peligro de convertirse en sobrantes (Kleiner, 2020).

Regiones subnacionales

Este mecanismo de cierre social no solo es importante a nivel nacional, sino también para las regiones subnacionales. Se puede interpretar una región como una unidad espacial con su propia constelación específica de elementos históricos, económicos, sociales, políticos, religiosos, culturales e intelectuales, incluida la mentalidad, el estilo de vida y la densidad de relaciones (Hirschle y Kleiner, 2014; Kleiner, 2018). Esta cultura, limitada geográficamente, se cultiva, revela una cierta inercia con respecto al cambio, y se trasmite de una generación a otra (Fischer, 1975; Charron y Lapuente, 2013). En este sentido, una región donde los individuos residen, se encuentran con amigos y van al trabajo se puede interpretar como su contexto social, que les proporciona ciertas oportunidades, restringe otras y, por lo tanto, funciona como punto de referencia para la percepción y el comportamiento individual.

En consecuencia, las regiones subnacionales han ido ganando significado en los últimos años y se  han utilizado cada vez más como categorías para análisis comparativos. Los estudios empíricos ilustran la existencia de diferencias regionales en aspectos culturales, sociales y políticos dentro de los países (Charron y Lapuente, 2013; Hirschle y Kleiner, 2014). Por lo tanto, es importante reconocer estas regiones como unidades de análisis y utilizarlas como categorías contextuales para explicar el comportamiento social.

Para el presente artículo, las comunidades subnacionales tienen una importancia adicional. Especialmente, se espera encontrar resultados diferentes en las áreas urbanas en contraste con las rurales. En las segundas, los clubes y asociaciones voluntarias se consideran portadores de la vida del pueblo (Becker, 1977: 276). Hoy, las ofertas recreativas pueden ser mejores que las del pasado, porque los clubes se han diversificado y ahora ofrecen muchas más (278), y junto a las asociaciones, siguen siendo sus principales proveedores. Por lo general, no se encuentran centros comerciales, parques de atracciones, acuáticos o museos en zonas rurales, sino iglesias, clubes de fútbol, bomberos y asociaciones de mujeres rurales. Los que no puedan o no están dispuestos a hacer uso de estas ofertas deben tener menor grado de integración social que los que participan. Por el contrario, en áreas urbanas las posibilidades de interacción social son mucho mayores. No ser el «tipo asociativo» no significa que no habrá oportunidades para conocer a otras personas, pues uno puede ir a un restaurante, cafetería, bar o discoteca, un centro comercial, cine, museo, biblioteca o gimnasio. Pero los espacios urbanos son también conocidos por sus altos niveles de movilidad e individualización (Scheiner y Kasper, 2003), lo que convierte en un reto la posibilidad de establecer amigos y mantener la amistad.

Por otro lado, en esta investigación se parte de los siguientes supuestos científicos:

S1. El nivel regional de activismo ciudadano2 generalmente no se asocia con el nivel regional de integración social.

S2. El nivel regional de activismo ciudadano no se asocia, por lo general, con la integración social individual.

S3. El vínculo entre activismo e integración individuales está condicionado por el nivel regional de participación ciudadana.

S4. El efecto moderador del nivel contextual de activismo difiere según el tipo de región en cuestión.

Los datos para los análisis cuantitativos se han extraído de la encuesta alemana sobre voluntarios (Deutscher Freiwilligensurvey, FWS), un expediente de datos acumulativos realizado en el período entre 1999 y 2009. Dicha encuesta es la única representativa y completa acerca de la participación y el compromiso ciudadano en Alemania.

En este caso, todos los análisis se procesaron utilizando solo las regiones con, al menos, treinta entrevistas. Para mayor seguridad, se repitieron todos los análisis con cuarenta y cincuenta encuestados por región; y todos sus resultados se mantuvieron estables.

Análisis y resultados

De los aproximadamente 36 000 encuestados, alrededor de 32,7% informó haber estado involucrado en un club, una iniciativa, un proyecto o un grupo de autoayuda fuera del trabajo y la familia en los últimos doce meses.

Como punto de partida, se analizó la relación entre el nivel regional del activismo ciudadano y el de inserción social. Al comparar los resultados de diferentes tipos regionales entre sí, se observa una sutil asociación positiva en áreas rurales. El coeficiente de participación ciudadana regional entra en la regresión positivamente con uno estadísticamente significativo que, sin embargo, no se mantiene válido cuando se controla por la tasa de desempleo regional. Por lo tanto, se confirma S1.

En un segundo paso, se analiza la asociación entre la variable clave que mide el activismo regional y el tamaño de la red social del individuo. Ya que solo se examina regiones con, al menos, treinta entrevistas válidas, el número de regiones que continuaron disminuye a 215. Como era de esperar, y en consonancia con las expectativas, la participación del individuo es positiva y estadísticamente significativa asociada con su inserción social. Controlando todas las demás variables incluidas en el modelo usado, las redes sociales no relacionadas de hombres y de jóvenes son mayores que las de mujeres y de personas mayores. La educación formal no tiene efecto en el tamaño de la red. Asimismo, vivir en la parte oriental u occidental de Alemania no hace ninguna diferencia en esto. Pero las personas económicamente más acomodadas, y en especial las que llevan más tiempo residiendo en un lugar, forman parte de redes sociales más amplias. El hallazgo central aquí es que no se pudo encontrar ningún efecto general del activismo ciudadano regional en la inserción social individual (S2).

Dado que se sostuvo que el mecanismo asumido solo funciona en regiones urbanas, se volvió a ejecutar el modelo establecido para los encuestados que residen en los diferentes tipos de áreas, a saber, regiones urbanas, intermedias y rurales. También se calcularon los efectos marginales promedio y se graficaron en toda la gama de valores del activismo ciudadano regional (Gráfico 1). Este enfoque permite una interpretación intuitiva y da respuesta a la pregunta de si el activismo regional proporciona una contribución estadísticamente sustancial a la variable dependiente.

Gráfico 1. Activismo regional e inserción individual.

Participación e inserción: lo urbano y lo rural

Fuente: Encuesta alemana sobre voluntariados (Deutscher Freiwilligen survey; 1999-2009).

El gráfico 1 traza los efectos sustantivos del activismo ciudadano regional utilizando los estimados de los modelos aplicados. Los puntos negros son las estimaciones puntuales, y el área gris refleja los intervalos de confianza del 95% asociado con los estimados. El gráfico de todas las regiones muestra una línea casi plana, lo que confirma que, en promedio, un aumento en el activismo regional no afecta el tamaño de la red social de un individuo. En las zonas urbanas, al contrario, parece haber tal efecto con independencia de las variables de control individuales, la asociación es estadísticamente significativa, y el tamaño de la red social del encuestado parece disminuir bastante a medida que el entorno de activismo aumenta. No obstante, este efecto desaparece si el control se basa en la tasa de desempleo regional (lo que no se muestra aquí). Sin embargo, como solo se pudo procesar ochenta y dos regiones, es difícil decidir si este efecto es válido o simplemente carece de una cantidad apropiada de casos. Dentro de los otros dos tipos regionales, no se puede identificar. Por tanto, parece que se confirma el S2.

Modelos de interacción

A continuación se examina si el grado regional de activismo muestra efectos condicionales en la relación en el plano individual entre ser activo y tener una gran cantidad de amigos y conocidos (S3). Después del control mediante la participación individual, otras características individuales y la participación regional, el término de interacción activismo-por-participación muestra un resultado positivo y estadísticamente significativo. Esto es cierto cuando se examinan diferentes características macros, como la tasa regional de desempleo, la participación electoral o el PIB (no se muestra aquí). Los resultados también arrojan que, después de hacer ese control, no existe un vínculo estadísticamente significativo entre la participación de los individuos y el tamaño de su red social. Por otra parte, un rango creciente de actividad de contexto disminuye la probabilidad del individuo de tener un gran círculo de amigos. Este hallazgo es notable e indica que, si se revisa el efecto de interacción, un entorno ciudadano vibrante no integra a las personas en el sistema social en general, sino, por el contrario, tiende a excluir socialmente a los que no participan en actividades de este tipo.

Por otro lado, las redes sociales de individuos activos son comparativamente grandes, pero no crecen a medida que el grado de activismo regional aumenta. Por el contrario, mientras este aumenta la probabilidad de una gran red disminuye sustancialmente si los individuos no participan en clubes, iniciativas o grupos de interés. Por tanto, se puede concluir que el nivel regional de activismo ciudadano importa de tal manera que no participar en asociaciones voluntarias entraña el peligro de la exclusión social. Vivir en un entorno vibrante, pero no estar interesado en pertenecer a un club, puede hacer sentirse solo (Kleiner, 2020).

Finalmente, interesa la pregunta de si este efecto identificado es válido para todas las regiones por igual, o si difiere de un tipo espacial a otro. Y parece que existen diferencias entre los tipos regionales. A medida que aumenta el activismo regional, el hecho de no participar en actividades civiles reduce la probabilidad de tener muchos amigos. Vivir en regiones intermedias y rurales, sin embargo, puede no resultar en una pequeña red social, incluso si el activismo regional es alto. Coherentemente, la interacción participación-por-activismo no alcanza significación estadística. Dado que solo se analiza un pequeño número de regiones intermedias y rurales, no se puede asegurar que se trate de un hallazgo sólido.

Discusión

El presente estudio se concentra en el activismo macro ciudadano como factor de contexto estructural y su influencia en la inserción social. Más específicamente, aborda la cuestión de si el activismo a gran escala puede conducir a una situación en las que las relaciones tienden a centrarse en asociaciones voluntarias, clubes, iniciativas y grupos de interés, lo que dificulta que los no participantes encuentren nuevos amigos y construyan redes sociales. Se esperaba que el nivel de activismo ciudadano contextual no estuviera asociado con el de inserción social; que no necesariamente se asociara con la probabilidad del individuo de tener una gran red social; y que, en un ambiente participativo, los no participantes estuvieran comparativamente menos integrados. La expectativa era que este mecanismo de cierre social se viera más en las áreas rurales ya que ofrecen menos opciones para la recreación.

Los resultados muestran que la participación ciudadana y la inserción social están vinculadas a nivel individual, pero no contextual. Un entorno social participativo tampoco está generalmente asociado con una mayor probabilidad de tener más amigos y conocidos. En las zonas urbanas, sin embargo, sí se encuentra tal efecto de cierre social. A medida que aumenta el grado de activismo en ellas, disminuye el tamaño de la red social. Esto es especialmente cierto para los ciudadanos no activos. Aunque las opciones para reunirse socialmente son mucho más numerosas en las zonas urbanas, esto no garantiza tener muchos amigos. Por el contrario, en las zonas rurales, un aumento del activismo contextual no afecta a los participantes ni a los no participantes.

Este resultado fue bastante inesperado. Pero la imagen se vuelve más clara cuando se analiza detenidamente cómo la esfera social difiere en distintas regiones. En los tres tipos geográficos, los que se suman tienen mayores redes sociales. En áreas rurales, sin embargo, un aumento de la participación ciudadana no está asociado con la red social. El riesgo de aislamiento puede ser amortiguado por los vínculos familiares, así como por crecientes relaciones de vecindad. Dado que las zonas rurales proporcionan pocas oportunidades de participar, distintos miembros de una familia pueden ser integrantes de diferentes asociaciones, vinculándolas entre sí y generando lo que Putnam (2020) llama «un acoplamiento del capital social». De tal manera, las asociaciones voluntarias ayudan a incrementar la cohesión de la comunidad y los que no participan pueden incluirse socialmente, no por ellos mismos, sino porque un miembro activo de la familia los conecta con otros miembros de la comunidad. Igualmente, la amistad entre vecinos crece con el decurso del tiempo e incorpora a los individuos en las redes sociales sin necesidad de participar en asociaciones voluntarias. Ello podría ser cierto, pero debido a la pequeña cantidad de regiones rurales analizadas, no se puede asegurar.

Sin embargo, en las zonas urbanas el mecanismo de cierre social a través de la participación parece obvio. En ellas se encuentra un diverso y especializado entorno de asociaciones para todo tipo de necesidades e intereses. Los individuos a los que les agrada asociarse tienen altas posibilidades de encontrar una oferta que se adapte a sus intereses. Pero, al ser la cultura más individualista, hace que sea menos probable que los socios incluyan a sus familias en las actividades del club. En consecuencia, las asociaciones pueden mostrar una tendencia a la homogeneidad interna, generando «capital social vinculante» (22). De hecho, la investigación muestra que

El panorama cívico está fuertemente segregado. Las personas tienden a clasificarse en asociaciones voluntarias donde, en su mayoría, se encuentran con personas con características similares a las de ellos. Esta clasificación se produce a lo largo de múltiples dimensiones sociales, incluido el logro educativo, la religiosidad, el género y la etnicidad. Esto limita las oportunidades de construir relaciones que trasciendan las fronteras sociales existentes. (Wiertz, 2015: 2)

Ello puede ser especialmente cierto para las áreas urbanas lo que conduce a un mecanismo de doble cierre social: la tendencia a excluir a ciertos grupos y a los no afiliados. Por supuesto, también hay otras posibilidades para encontrar amigos y conocidos; por ejemplo, en el lugar de trabajo, pero esto funciona independientemente del efecto examinado en este texto. ¿Se excluyen grupos sociales específicos? Los estudios empíricos muestran «que la membresía asociativa aumenta con el nivel socioeconómico» (Warren, 2001: 73) y las personas pobres, a menudo, se ven excluidas de los círculos internos de participación e influencia (Molosi-France y Dipholo, 2019). Además, los inmigrantes y los extranjeros están excluidos, en gran medida, del mundo de las organizaciones locales (Roßteutscher, 2008). En conjunto, los clubes y las asociaciones reflejan las desigualdades existentes.

El estudio deja ver que es ingenuo pensar en una simple relación positiva entre el activismo ciudadano y la coherencia social. Un alto nivel del primero no garantiza la inserción o la coherencia sociales; más bien, parece excluir sistemáticamente a quienes no participan en ciertos tipos de actividades grupales. Este hallazgo es un paso importante para comprender cómo el macro activismo incide en la exclusión social. Las teorías sobre inclusión y cohesión sociales deberían incorporar este mecanismo de cierre social en sus consideraciones.

Otro aporte de este estudio es el fortalecimiento de las características de la macro estructura de las regiones subnacionales a esta área de investigación. Al ilustrar cómo el comportamiento del individuo se transforma en el contexto, y esta situación, a su vez, afecta el nivel individual, se muestra lo importante que es considerar las características del contexto para explicar la cohesión social. La inclusión no se facilita, sino que se ve obstaculizada, precisamente porque la gente participa. Sin embargo, este «enlace micro-macro-micro» no termina aquí. Se puede anticipar sus implicaciones para la sociedad. Mientras que se considera que los sujetos bien conectados son más dignos de confianza y más confiados, los mal conectados muestran una actitud más escéptica y suspicaz hacia los demás (Lo Iacono, 2018: 136). En el nivel macro, esto significa que «demasiada» PC por algunos grupos, asociaciones y clubes puede debilitar la cohesión de una comunidad en su conjunto.

Por supuesto, el presente estudio también reconoce sus límites. En los últimos años, la participación en Internet ha ganado importancia, pero la investigación carece de fuentes de datos que la examinen en línea. Con la reciente crisis del coronavirus, se puede esperar un cambio, así como encuestas que presten atención a este tema.

La limitación más típica y, sin embargo, focal, se relaciona con el uso de datos sectoriales. La naturaleza del estudio de correlaciones no permite la identificación de qué dirección causal exacta sustenta los hallazgos. La participación ciudadana puede conducir a la inclusión/ exclusión social, pero lo contrario también es posible. Es bien sabido que la que se refiere a la política se fomenta con recursos, un compromiso generalizado y el reclutamiento (Verba et al., 1995). Tener muchos amigos y conocidos aumenta las posibilidades de ser incluido, lo que parece ser el caso en las zonas rurales. Por tanto, es válido suponer que participación e inclusión se refuerzan mutuamente, y se necesita de datos de panel para completar este rompecabezas. De acuerdo con lo anterior, este análisis ofrece un marcador para futuras investigaciones que incluyan a individuos, familias, grupos y comunidades excluidos del sistema social.

Notas:

  1. Nivel macro se refiere a regiones subnacionales que en Alemania con unidades administrativas llamadas «Kreise».
  2. Para evitar confusiones entre participación social individual y participación social regional, se usa el término activismo ciudadano para la participación regional.

Referencias:

Abebe, A., Kebede, W. y Alemie, A. (2019) «Roles of Ego Social Networks for Community Development in Southern Ethiopia: The Case of Tullo Community». The International Journal of Community and Social Development, v. 1, n. 4, 332-49. Disponible en <https:// bit.ly/3z6zNVT> [consulta: 30 julio 2021].

Bradley, E. (1995) «Religious Involvement and Social Resources: Evidence from the Data Set “Americans” Changing Lives». Journal for the Scientific Study of Religion, v. 34, n. 2, 259-67. Disponible en <https://bit.ly/3Dae4i6> [consulta: 30 julio 2021].

Charron, N. y Lapuente, V. (2013) «Why do Some Regions in Europe have a Higher Quality of Government?». The Journal of Politics, v. 75, n. 3, 567-82. Disponible en <https://bit.ly/3kf0XDW> [consulta: 30 julio 2021].

Ellison, C. y George, L. (1994) «Religious Involvement, Social Ties, and Social Support in a Southeastern Community». Journal for the Scientific Study of Religion, v. 33, n. 1, 46-61. Disponible en <https:// bit.ly/2WavjQ1> [consulta: 30 julio 2021].

Festinger, L. (1950) «Informal Social Communication». Psychological Review, v. 57, n. 5, 271-82. Disponible en <https://bit.ly/3khidbu> [consulta: 30 julio 2021].

Fischer, C. (1975) «Toward a Subcultural Theory of Urbanism». American Journal of Sociology, v. 80, n. 6, 1319-41. Disponible en <https://bit.ly/3mmRTPX> [consulta: 30 julio 2021].

______ (1982) To Dwell Among Friends. Personal Networks in Town and City. The University of Chicago Press.

Hirschle, J. (2014) «Consumption as a Source of Social Change». Social Forces, v. 92, n. 4, 1405-33. Disponible en <https://bit. ly/3848pMk> [consulta: 30 julio 2021].

Hirschle, J. y Kleiner, T. M. (2014) «Regional Cultures Attracting Interregional Migrants». Urban Studies, n. 51, 3348-64. Disponible en <https://bit.ly/2XKmUmt> [consulta: 30 julio 2021]

Kleiner, T. M. (2016) «Why we Trust other Nations: The Role of Cultural Values and Corruption in Generating Transnational Trust». Comparative Sociology, n. 15, 85-111. Disponible en <https://bit.ly/3D9Olqe> [consulta: 30 julio 2021].

______ (2018) «Public Opinion Polarization and Protest Behavior». European Journal of Political Research, v. 57, n. 4, 941-62.

______ (2020) «The Isolating Side Effect of Civic Participation». Journal of Sociology, IF2.253. Disponible en <https://bit. ly/3B6guNa> [consulta: 30 julio 2021].

Lo Iacono, S. (2018) «Does Community Social Embeddedness Promote Generalized Trust? An Experimental Test of the Spillover Effect». Social Science Research, n. 73, 126-45. Disponible en <https://bit.ly/3klphDW> [consulta: 30 julio 2021].

Minkov, M. y Hofstede, G. (2012) «Is National Culture a Meaningful Concept? Cultural Values Delineate Homogeneous National Clusters of In-country Regions». Cross-Cultural Research, v. 46, n. 2, 133-59. Disponible en <https://bit.ly/3B5yCXs> [consulta: 30 julio 2021].

Molosi-France, K. y Dipholo, K. (2019) «Re-thinking Participatory Rural Development in Botswana: Is the Enemy in the Theory or in the Implementation Process of the Theory?». The International Journal of Community and Social Development, v. 1, n. 4, 295-309. Disponible en <https://bit.ly/3jc7ikg> [consulta: 30 julio 2021].

Pollack, D. (2003) «Zivilgesellschaft und Staat in der Demokratie». Forschungsjournal Neue Soziale Bewegungen, n. 16, 46-58.50

Putnam, R. (1993) Making Democracy Work. Civic Traditions in Modern Italy. Princeton University Press.

______ (2000) Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community. Nueva York: Simon & Schuster.

Roßteutscher, S. (2002) «Advocate or Reflection? Associations and Political Culture». Political Studies, v. 50, n. 3, 514-28. Disponible en <https://bit.ly/2Wn0Huk> [consulta: 30 julio 2021].

______ (2008) Religion-Konfession-Demokratie. Eine international vergleichende Studie zur Natur religiöser Märkte und der demokratischen Rolle religiöser Zivilgesellschafen. Baden-Baden: Nomos (im Druck).

______ (2009) «Social Participation and Social Capital». En: Political Sociology. Kaina, V. y Römmele, A. (eds.), Washington, DC: Social Science Publisher.

Roth, R. (2003) «The Dark Side of Civil Society». Research Journal for New Social Movements, v. 16, n. 2, 59–73.

Salemink, K. y Strijker, D. (2018) «The Participation Society and its Inability to Correct the Failure of Market Players to Deliver Adequate Service Levels in Rural Areas». Telecommunications Policy, n. 42, 757-65. Disponible en <https://bit.ly/2WtylyE> [consulta: 30 julio 2021].

Scheiner, J. y Kasper, B. (2003) «Lifestyles, Choice of Housing Location and Daily Mobility: The Lifestyle Approach in the Context of Spatial Mobility and Planning». International Social Science Journal, v. 55, n. 176, 319-32. Disponible en <https://bit. ly/2Wro1qE> [consulta: 30 julio 2021].

Slack, T. et al. (2017) «Social Embeddedness, Formal Labor Supply, and Participation in Informal Work». International Journal of Sociology and Social Policy, v. 37, n. 3-4, 248-64. Disponible en <https://bit.ly/38gUt1N> [consulta: 30 julio 2021].

Stricker, M. (2006) «Ehrenamt als Soziales Kapital. Partizipation und Professionalität in der Bürgergesellschaft». [Disertación, Universidad Duisburg-Essen]. Disponible en <https://bit. ly/2UQRR7u> [consulta: 30 julio 2021]

Uitermark, J. (2015) «Longing for Wikitopia: The Study and Politics of Self-organisation». Urban Studies, v. 52, n. 13, 2301-12. Disponible en <https://bit.ly/3Dy2ePl> [consulta: 30 julio 2021].

Van Deth, J. (2010) «Participation in Voluntary Associations: Dark Shades in a Sunny World?» American Behavioral Scientist, v. 53, n. 5, 640-56.

Verba, S., Schlozman, K. y Brady, H. (1995) Voice and Equality. Civic Voluntarism in American Politics. Cambridge: Harvard University Press.

Warren, M. (2001) Democracy and Association. Princeton: Princeton University Press.

Wiertz, D. (2015) «A Bridge too Far? Volunteering, Voluntary Associations, and Social Cohesion». [Disertación, Universidad de Oxford]. Disponible en <https://bit.ly/38k2mmU> [consulta: 30 julio 2021].

Wrzus, C., Wagner, J. y Neyer, F. (2012) «The Interdependence of Horizontal Family Relationships and Friendships Relates to Higher Well-being». Personal Relationships, v. 19, n. 3, 465-82. Disponible en <https://bit.ly/2Y2M7Jc> [consulta: 30 julio 2021].

Wrzus, C. et al. (2013). «Social Network Changes and Life Events Across the Life Span: A Meta-analysis». Psychological Bulletin, v. 139, n. 1, 53-80. Disponible en <https://bit.ly/3sQQZfE> [consulta: 30 julio 2021].

ÚLTIMAS EDICIONES

Bienvenido!

Acceda a su cuenta debajo

Crear nueva cuenta

Rellene los campos debajo para registrarse

Vuelva a escribir su contraseña

Por favor, teclee su usuario o email para resetear su contraseña.