Relaciones Cuba-UE: desde y hacia dónde

Palabras clave: relaciones Cuba-UE

*Este artículo es una versión actualizada de «Balance y perspectivas en un contexto interno, bilateral e internacional cambiante», publicado en agosto de 2019 por la Friedrich Ebert Stiftung/CIPI, en Perspectiva. Disponible en <https://n9.cl/brjn1>.

El Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación (ADPC), que Cuba y la Unión Europea (UE) vienen implementando desde noviembre de 2017, ha sobrevivido a las doscientas cuarenta medidas de coerción aplicadas por la administración de Donald Trump contra el pueblo cubano, y que la de Joe Biden aún mantiene, en contra de las reglas del Derecho internacional y en detrimento de los empresarios europeos con intereses en la Isla. En el último año, las relaciones bilaterales entre Cuba y la UE se desarrollaron bajo los efectos de la pandemia de la COVID-19, cuyos impactos globales en las esferas comercial, de inversiones, y de cooperación, son negativos. Paralelamente, en la Isla se sigue implementando trascendentales cambios que afectan el conjunto de sus relaciones sociales, vínculos interinstitucionales, relaciones de propiedad, mentalidades y cultura cívica.

Ante un escenario interno, bilateral e internacional cambiante, decisores políticos, económicos y sectores de la sociedad civil reflexionan sobre múltiples interrogantes en el espacio trasatlántico: ¿cuáles han sido los resultados del ADPC?, ¿qué percepción existe en la UE sobre el contexto interno cubano?, ¿cuáles son los instrumentos más eficaces para relacionarse con la Isla?, ¿cómo influyen el ascenso de la administración Biden y las tendencias geopolíticas internacionales en la relación bilateral Cuba-UE? Estas son algunas de las incógnitas que motivaron y rigieron la elaboración de este artículo.

Desde que el ADPC entrara en vigor, ambos actores han mostrado voluntad y capacidad para avanzar en el cumplimiento de los objetivos pactados. (1) Fruto del primer Consejo Conjunto, efectuado en Bruselas en mayo de 2018, exhiben resultados concretos en materia de cooperación bilateral, y han cumplimentado exitosamente los diálogos oficiales previstos sobre derechos humanos, medidas coercitivas unilaterales, no proliferación del tráfico ilícito de armas ligeras, y desarrollo sostenible.

El peculiar dinamismo de variables que afectan la relación bilateral evidencia la importancia de evaluar, en tan corto plazo, los resultados del Acuerdo y avizorar las tendencias resultantes.

Un contexto interno e internacional particularmente cambiante

Las relaciones entre Cuba y la UE se desarrollan en un contexto especialmente dinámico. Las tendencias que se identifican, tanto en estos actores como en el escenario internacional con el que interactúan, han incidido, para bien o mal, en la evolución de esas relaciones y en la propia implementación del ADPC.

Son destacables los cambios internos que vienen implementándose en Cuba y en cuyo ápice se encuentra la nueva Constitución, aprobada popularmente en 2019, con 86,85% de los votos emitidos. Entre los más observados desde Europa se encuentra el reconocimiento a la propiedad privada, y entre los tipos que promueve el Modelo económico y social cubano resaltan los vinculados a la inversión extranjera directa, los contratos de asociación económica internacional, y las empresas de propiedad mixta o totalmente extranjera (PCC, 2017: 20). La unificación monetaria y cambiaria, implementada desde el 1 de enero de 2021, fue otro paso decisivo en el ordenamiento del país, que incluyó una mayor flexibilización en el mercado laboral cubano, y en la autonomía empresarial (R 139/2021).

En los órganos de gobierno, otras novedades implican una mayor descentralización y autonomía en la gestión gubernamental, que incentivan el dinamismo, las competencias y funcionamiento a nivel provincial y municipal (Constitución de la República, 2019, cap. IV). La nueva Ley electoral, aprobada por el Parlamento cubano en julio de 2019, fue un paso clave en esa dirección. El octavo Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), efectuado durante los días 18 y 19 de abril del propio año, culminó con una transición natural del liderazgo histórico hacia nuevas generaciones, en un marco de estabilidad política (PCC, 2021).

Como resultado de una mayor interacción en el renovado escenario sociopolítico, económico y civil cubano las percepciones y reacciones que coexisten en la UE son heterogéneas. (2).  Al menos coexisten tres enfoques, relativamente diferenciados entre sí, y que pueden incidir en las proyecciones del Consejo, la Comisión, y el Parlamento Europeo (PE). Estos modos de interpretar Cuba también influyen en las relaciones que desarrollan actores económicos, políticos, y de la sociedad civil europea con sus contrapartes en la Isla, de manera relativamente independiente del entramado institucional comunitario.

El enfoque predominante en el Consejo —integrado por representantes de los Estados miembros y de carácter intergubernamental—, y en la Comisión Europea (poder ejecutivo de la UE) se ha traducido en un compromiso constructivo. (3) Su percepción y proyección actual parte de dos factores objetivos (Hernández, 2014):

Este es un contexto que asumen como favorable y consecuentemente, acompaña el proceso y genera toda la interacción posible entre actores comunitarios y el conjunto de la sociedad cubana. Tal percepción es compartida, en gran medida, por el Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D) en el Parlamento europeo. (4)

Otros posicionamientos, encabezados por el Grupo del Partido Popular Europeo (GPPE) —la primera fuerza del PE con ciento ochenta y siete escaños actualmente—, han cuestionado la propia eficacia del ADPC, y obstaculizado, con cierta regularidad, las tendencias constructivas. En relación con el contexto interno y el marco jurídico bilateral, el componente ideológico sigue desempeñando un papel fundamental. Bajo este sesgo, se simplifican o tergiversan las concepciones sobre el ejercicio del poder político en Cuba, la legitimidad real del sistema existente, y la apuesta consciente de la sociedad por construir un modelo socialista con características propias.

La Resolución del Parlamento Europeo, de 15 de noviembre de 2018, sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, evidenció este tipo de proyección y las divisiones que genera dentro y entre los grupos políticos: fue aprobada por 325 votos a favor, 240 en contra y 44 abstenciones.5 La mayor polarización se evidenció entre el PPE, con 167 votos a favor, y el S&D con 146 en contra. Se aprecian otros grupos con mayor disgregación interna, como el de los Verdes/Alianza Libre Europea (VERTS/ALE), con 22 votos a favor, 14 en contra y 11 abstenciones.

En la Resolución se enfatizó sobre las atribuciones de los parlamentarios europeos a «defensores de los derechos humanos y miembros de la oposición política en Cuba». El alineamiento predominante de estos grupos con la política estadounidense y el cambio de régimen impuesto desde el exterior, es conocido por las instituciones de la UE, y compartido por miembros del Parlamento, aun teniendo conciencia de su carácter ilegítimo, ilegal y su rechazo mayoritario en la población cubana (Pellón Azopardo, 2015). Su apoyo recurrente a grupos opositores en la Isla evidencia más el doble rasero y el componente ideológico de su proyección que el supuesto interés por los derechos humanos. Llama la atención que el PE otorgase el Premio Sájarov, dotado de 50 000 euros, a Oswaldo Payá en 2002, a las Damas de Blanco en 2005, y a Guillermo Fariñas en 2010. Otras resoluciones condenatorias a Cuba fueron aprobadas en 2004, 2006, 2007, y 2010 (Carrillo Ramírez, 2021). El foro anticubano que el grupo conservador Renew  Europe y el PPE organizaron en el Parlamento Europeo, en febrero de 2021, tuvo el mismo hilo conductor: un escenario orquestado para promover una transición en Cuba, impuesta y monitoreada desde el exterior.

Sobre la situación bilateral CubaUE y el escenario interno cubano debe considerarse un tercer enfoque defendido, en importante medida, por miembros del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/ Izquierda Verde Nórdica (GUENGL). Entre sus miembros prevalece el apoyo a las bases y principios que recoge el ADPC. Al propio tiempo, observan con recelo el ejercicio de influencia comunitario, su promoción del modelo liberal como referente político, y cualquier intento solapado o explícito de subvertir el orden existente en Cuba. En el contexto de una mayor sintonía ideológica, y sentimientos de solidaridad para con Cuba y sus autoridades, entre sus fuerzas también puede hallarse posiciones divergentes referidas al marco bilateral acordado entre Cuba y la UE, o abiertos rechazos al curso de las transformaciones económicas y políticas que impulsa la sociedad cubana actualmente.

Las tendencias respecto de Cuba son bien diversas en el entramado institucional europeo, y la importancia de su evolución radica en identificar cuál es la posición predominante en cada momento, pues tras estas lógicas subyacen, en última instancia, los posicionamientos de actores claves en el Consejo, la Comisión o el PE; así como sus proyecciones, que han oscilado entre las políticas de presión y el compromiso constructivo, hoy predominante (Perera, 2018).

Otra variable clave en la ecuación CubaUE es el contexto interno comunitario. En la práctica, diversos asuntos domésticos y externos vienen alejando a América Latina y el Caribe de su escala de prioridades externas. La crisis sanitaria provocada por la COVID19 se transformó, aceleradamente, en una recesión económica, desbordando, en el corto plazo, las capacidades de la UE para alcanzar una respuesta concertada. Esta también afronta una compleja coyuntura política, marcada por el ascenso de fuerzas nacionalistas, de extrema derecha o euroescépticas, que incrementa las tensiones entre los partidarios de profundizar la integración y aquellos que promueven una lógica intergubernamental en ella. En este contexto también ganan visibilidad las desigualdades económicas, sociales y políticas entre sus países y regiones, lo que requiere su decisiva atención (Comisión Europea, s. f.)

A estos asuntos se suman temas perentorios como las negociaciones e implementación de los acuerdos asociados al Brexit, las divergencias de distinta naturaleza con Rusia y China, así como la necesidad de recomponer la confianza en el entorno de la alianza trasatlántica, vulnerada, en varios aspectos de la agenda internacional, durante la administración Trump.

Este último elemento se mantiene como un tema sensible y de impacto para las relaciones entre Cuba y la UE. Durante esa Administración y bajo el eslogan American First, ganaron visibilidad las divergencias trasatlánticas en diversos temas de la agenda bilateral e internacional. Al respecto, sobresalieron los contenciosos referidos al acuerdo de París sobre cambio climático, del cual los Estados Unidos se desentendieron; el boicot al acuerdo nuclear con Irán, que también generó inconvenientes a los socios comunitarios, las políticas unilaterales asociadas al conflicto israelo-palestino; y el proteccionismo selectivo estadounidense en la esfera comercial. A estos asuntos se añaden la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton (LHB), y las 240 medidas coercitivas que la administración Trump implementó contra el pueblo cubano, engrosando las contradicciones tácticas entre las dos potencias, e implosionando el entendimiento que rubricaron en 1998, basado en el cual los presidentes estadounidenses pospusieron, semestralmente, su implementación, hasta 2019. El sector empresarial y financiero europeo vuelve a ser blanco de sanciones que no tienen base en las leyes europeas ni en las cubanas, y que violan normas básicas del derecho internacional (López-Levy, 2019).

Bajo el estandarte de la Doctrina Monroe (1823), Trump no solo persiguió socavar el sistema político en Cuba, también pretendió minar la presencia europea, buscando que la UE acompañase, tanto en contenido como en forma, las directrices de la Casa Blanca. Desde 2019, ciudadanos y empresas norteamericanas han presentado un total de veinte demandas contra varias empresas cubanas y europeas, incluyendo la cadena de hoteles Sol Meliá. Frente a la posibilidad de que cubanos (nacionalizados estadounidenses) pudiesen llevar a juicio a empresas europeas, la UE amenazó con activar una demanda ante la Organización Mundial del Comercio.

Es de esperar que la UE apueste por alcanzar una mayor sintonía táctica con la administración Biden, en lo referido a su política cubana. La coincidencia de que el Consejo Conjunto UE-Cuba celebraran una video conferencia, el 20 de enero de 2021, copresidida por el alto representante Josep Borrell y el Ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, el propio día en que se oficializó el cambio de gobierno en la Casa Blanca, tuvo cierta carga simbólica y un presumible mensaje implícito. Sin embargo, luego de cien días del gobierno de Biden, los actores europeos con presencia en Cuba siguen pagando el costo de la política extraterritorial estadounidense. Se mantienen vigentes las doscientas cuarenta medidas coercitivas que aplicó Trump, y por tanto está en vigor la directiva presidencial NSPM-5 titulada «Fortaleciendo la política de los Estados Unidos hacia Cuba», de 16 de junio de 2017, que dejó sin efecto similar documento firmado por Barack Obama, el 14 de octubre de 2016 (Cabañas, 2021).

La política regional de la administración Biden tendrá que considerar la proyección hacia Cuba, con el compromiso inmediato de preparar la IX Cumbre de las Américas, y en medio de un reimpulso del progresismo en la región que, aun menos radical que en el pasado, estará dispuesto a poner en la agenda hemisférica la cuestión del bloqueo contra Cuba (López-Levy, 2019).

Es presumible que la UE y los Estados Unidos busquen mayor sintonía estratégica en su proyección hacia China y Rusia. Las alianzas que estos últimos tejen entre ellos o con terceros, —ya sean de índole económica, política, financiera, tecnológica o de seguridad— son percibidas desde Occidente como una amenaza, pues cuestionan, en la praxis, sus mecanismos de gobernanza, y reconfiguran un balance de poder que, a escala global, muestra importantes signos de cambio. Por tratarse de actores claves en el sistema internacional, tales procesos impactan diversos espacios de los nexos bilaterales y multilaterales, incluso para un país como Cuba, no inmerso directamente en la confrontación.

Sin desconocer las variables de orden bilateral y su importancia, debemos añadir que las políticas de la UE y los Estados Unidos, así como las de Rusia y China hacia Cuba forman parte de un tablero geoestratégico más amplio que, en última instancia, determina sus objetivos específicos, y donde tienen un papel clave los principios defendidos desde la Isla en el contexto político internacional actual. China es el segundo socio comercial de la Isla, ha otorgado importantes líneas de créditos al país, mientras que Rusia también incrementa sus inversiones y relaciones comerciales con ella, particularmente en el sector del transporte, la energía, y la metalurgia. Las relaciones político-diplomáticas con ambos actores se desarrollan al más alto nivel y evidencian una amplia coordinación y cooperación en asuntos internacionales. Solo tras esta lógica es posible interpretar el interés que despierta en las instituciones europeas, la presencia creciente de Rusia y China en Cuba.

Diversificar los socios económicos constituye para Cuba un objetivo de primer orden, y una garantía para la soberanía del país. Responde al propósito de alcanzar un desarrollo sostenido y sustentable, que propicie mayor prosperidad a su población. Esta política también funciona como incentivo ante los actores que compiten —en igualdad de condiciones— por posicionarse económicamente en la Isla. Aunque no se han alcanzado los objetivos de inversión directa propuestos —un tema que también convoca al análisis interno—, vale destacar que el proceso de inversión extranjera en Cuba no se detuvo durante la administración Trump.6 Entre 2018 y 2019, se aprobaron negocios con compromisos de inversión por más de 4 500 millones, y en el primer semestre de 2019 se firmaron asociaciones por más de 1 300 millones (Malmierca, 2019).

Balance de la relación bilateral

La implementación del ADPC ha permitido constatar la pertinencia de esta plataforma para la consecución de objetivos comunes y específicos de las partes.7 En virtud del Acuerdo, las partes institucionalizaron el diálogo político en cinco áreas concretas: derechos humanos, medidas coercitivas unilaterales, no proliferación del tráfico ilícito de armas ligeras y desarrollo sostenible. Su implementación, sobre la base del respeto mutuo, la igualdad soberana y la no injerencia en los asuntos internos, contribuyó a un mejor entendimiento de las respectivas realidades y posiciones de las partes. Todos los diálogos políticos fueron precedidos por encuentros de la sociedad civil cubana y europea (Navarro, 2019). Este acontecimiento vino a desmitificar visiones sesgadas que sobre la sociedad civil cubana han existido en la UE, al evidenciar una composición amplia y diversa de actores civiles, cuya legítima participación en los destinos económicos, políticos, sociales y culturales de Cuba es creciente y significativa. Los espacios y formas que hoy tienen las sociedades de ambas partes para interactuar, bajo el amparo del ADPC, son fuentes inestimables de consensos, de mutuo aprendizaje, e intercambios de buenas prácticas.

En materia de derechos humanos subsisten profundas diferencias de posiciones y enfoques. Sin embargo, la ronda de diálogo efectuada en octubre de 2018 —primera que se realizó desde la entrada en vigor del ADPC— también reflejó un tratamiento más equilibrado entre los variados derechos. Ambas partes compartieron sus preocupaciones sobre asuntos acontecidos en esta materia a ambos lados del Atlántico, y se interesaron por un tratamiento eficaz, constructivo y no discriminatorio del tema. Son requisitos imprescindibles para avanzar en la cooperación bilateral y multilateral; pero, sobre todo, pasos esenciales para generar un clima de mutua confianza, una variable clave de las relaciones bilaterales.

De los diálogos también se traslucen áreas de sintonía y potencialidades para la cooperación. Entre ellas aparecen el combate a la producción, tráfico y consumo de drogas ilícitas; seguridad y protección del medioambiente; enfrentamiento a la discriminación racial, la xenofobia e intolerancia relacionada; derechos de género, e infantil. En cuanto a los primeros, el 8 de  octubre de 2018, se produjo el primer seminario de su tipo, en el que representantes de ONG cubanas y europeas intercambiaron puntos de vista, en particular sobre temas de igualdad de género y LGBTI.

En el ámbito de las relaciones políticas también destacan los intercambios y visitas, al más alto nivel, evidenciándose con ellas el respaldo del gobierno cubano, de las autoridades comunitarias y de los Estados miembros, al curso actual de las relaciones. En 2018 el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez realizó tránsitos por Francia y Reino Unido, donde sostuvo encuentros de alto nivel. Ese año visitaron Cuba el presidente de España, Pedro Sánchez, y el canciller francés, Jean-Yves Le Drian. En fechas recientes destacan el encuentro del canciller Bruno Rodríguez con la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la UE, Federica Mogherini, en Bruselas; la visita a Cuba del Comisario de Cooperación Internacional y Desarrollo de la UE, Neven Mimica, en junio; y en el propio mes la del Canciller Bruno Rodríguez a Alemania, primer intercambio personal con su homólogo; además, se reunió con Annika Söder, secretaria de Estado para asuntos exteriores de Suecia. En este orden resulta loable destacar las consultas políticas intercancillerías con Italia, Suecia, Lituania, Finlandia y Francia.

La participación comunitaria en la estrategia cubana de desarrollo sigue siendo significativa, con resultados concretos en materia comercial, de cooperación, e inversión. Ante la activación del título III de la LHB, y la abierta hostilidad del ejecutivo estadounidense contra Cuba, los vínculos entre la Isla y la UE demuestran la posibilidad de alcanzar una relación mutuamente ventajosa, incluso entre actores asimétricos, de diferente peso económico, y con sistemas políticos de distinta naturaleza.

En materia comercial, la UE representó, en 2016, más de 80% del intercambio cubano con Europa, y en 2018 las exportaciones comunitarias hacia Cuba crecieron 7,4% frente al año anterior, alcanzando 2 200 millones de euros. Hoy, la UE figura como el primer socio comercial de la Isla, con intercambios que en 2018 superaron los 2 500 millones de euros, más de un tercio del comercio exterior cubano. La Unión también es el primer suministrador de inversiones extranjeras en Cuba, las cuales se concentran en sectores estratégicos como el turismo, la industria, el transporte, la energía, la industria alimentaria, y la minería.

Cuba y la UE también han reafirmado la voluntad de cooperar —de acuerdo con sus respectivas capacidades— en el Programa de Desarrollo Sostenible 2030. Convergen en la necesidad de alcanzar un desarrollo equilibrado, tanto en la esfera económica, como en la social y la ambiental. Entre los ejes transversales y estratégicos de la cooperación, aparecen el desarrollo sostenible, la dimensión de género, la creación de capacidades nacionales, la buena gobernanza, los derechos humanos, y la gestión del conocimiento.

Consecuentemente, se incrementaron los proyectos de cooperación comunitarios en Cuba. Apoyados en el Instrumento de Cooperación al Desarrollo (ICD) para el período 2014-2020, y su reglamento, la UE figura como el principal donante. En abril de 2021 fue firmado un memorando de intención para la aprobación del Convenio de Financiación y Proyectos de cooperación entre la República de Cuba y la UE, por valor de 61,5 millones de euros.

El Programa Indicativo Multianual (PIM) se conformó de acuerdo con las prioridades planteadas por Cuba, y se ha concentrado en tres sectores claves. Entendido como el sector uno, fue asignado un fondo de 19 650 000 euros al ámbito de la seguridad alimentaria y la agricultura sostenible; el segundo sector, correspondiente a las energías renovables, tiene asignado un monto de 18 millones. El tercero está dirigido a la modernización económica cubana. En este orden resultó ilustrativo, el 21 de junio de 2019, la donación de cuatro millones de euros para el desarrollo de una ventanilla única de Comercio Exterior en Cuba. El instrumento persigue alcanzar mayor dinamismo y eficacia en la gestión del comercio y las inversiones. (8)

Otras áreas también son objeto de la cooperación comunitaria, entre las que se encuentran la prevención de catástrofes, la digitalización y el gobierno electrónico, así como el apoyo a la sociedad civil. En este último ámbito se incrementan los intercambios de expertos y la cooperación universitaria a través del programa Erasmus+.

Al propio tiempo las potencialidades existentes en materia de cooperación, comercio e inversión entre Cuba y la UE se ven obstaculizadas por factores de distinta naturaleza.

En primer orden se encuentra el reforzamiento del bloqueo económico, financiero, y comercial estadounidense contra Cuba y la implementación del Título III de la LHB. El gobierno de Trump aplicó 240 medidas coercitivas contra Cuba, 55 de ellas ya iniciada la pandemia de la COVID-19. Todas pretendían provocar el colapso de la sociedad cubana. Ninguna de estas ha sido rectificada por la actual Administración (Cabañas, 2021); una acción que ha sido rechazada con claridad desde la UE, sus Estados miembros y la comunidad internacional. Al respecto, vale destacar la Declaración del Consejo de Asuntos Exteriores de la UE contra la aplicación de medidas extraterritoriales, de 8 de abril de 2019, y la emisión de dos declaraciones conjuntas, de 17 de abril, de la Alta Representante, Federica Mogherini, con la Comisaria de Comercio y con la Canciller de Canadá oponiéndose a la aplicación del Título III. Los gobiernos de España, Reino Unido, Portugal y Francia también emitieron declaraciones de rechazo a ese Título. El alto representante de la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, instó al presidente estadounidense, Joe Biden, a eliminar el bloqueo económico y comercial establecido contra Cuba, y había lamentado la decisión de Trump de incluir a Cuba en la lista de países que apoyan el terrorismo (Prensa Latina, 2021).

Otros obstáculos responden al contexto interno cubano: el retraso coyuntural en los pagos a proveedores; el burocratismo, que impide ser proactivos en la concreción de negocios; la insuficiente capacitación de empresarios y miembros del sector financiero para decidir oportunamente, de cara al capital, y en el marco de las distintas modalidades aprobadas para la inversión extranjera directa (IED) (Minrex, 2018).

Tales problemas son afrontados desde el máximo nivel gubernamental, estatal y legislativo en Cuba. En junio de 2018, el presidente Díaz-Canel orientó un análisis para dilucidar qué cuestiones internas limitan la IED y las exportaciones; retomaba así las consideraciones del ex presidente Raúl Castro, quien instó a acabar con las dilaciones excesivas en los procesos negociadores, y a despojarse de falsos temores hacia el capital externo. Con el objetivo de acelerar los procesos de aprobación de los negocios y lograr mayor flexibilidad en los mecanismos que para ello se emplean, fueron actualizadas las normas para la inversión extranjera. Como resultado, debe esperarse mayor transparencia de cara a las contrapartes, más claridad sobre los niveles de aprobación, menor tiempo para emitir una respuesta, y los criterios para considerar o no una propuesta inversionista, de cooperación o comercial.

Por otro lado, la unificación monetaria y cambiaria, un asunto anhelado por los actores europeos con intereses económicos en la Isla, también fue un paso coherente ante el objetivo de trasparentar la contabilidad de las empresas y propiciar el crecimiento económico en la Isla (Bacaria y Serrano, 2020).

Otras cuestiones, asociadas a normativas comunitarias, tienen un impacto negativo en diversos ámbitos del vínculo bilateral. El paulatino fortalecimiento de la gobernanza económica en la UE conduce a una mayor rigurosidad en las normas de acceso, protección del mercado europeo, y aumento de las exigencias para sus inversiones. Desde 2014, Cuba dejó de beneficiarse del Sistema generalizado de preferencias comunitarias, lo cual respondió a su condición de país de renta intermedia en la franja superior. Este factor, unido a la inexistencia de un acuerdo de tipo comercial, continúa impactando negativamente. Entre 2015 y 2016 el intercambio comercial se redujo 8%, con una disminución de las exportaciones cubanas de 20%, y 10% de las importaciones. En particular, se afectaron las exportaciones de la industria tabacalera, los productos de la pesca, el café tostado, la manteca de cacao, los jugos de fruta, los aceites esenciales, y las confecciones textiles, entre otros. En 2018, también se apreció una disminución de las exportaciones cubanas respecto al año anterior. (9).

Perspectivas para el ciclo institucional comunitario actual

En el ciclo institucional actual, se vislumbra un grupo de variables claves, entre las que sobresalen la ratificación del ADPC a nivel de los parlamentos nacionales, la impronta del nuevo Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), las tendencias predominantes en el Parlamento Europeo y su capacidad de articular posiciones respecto a Cuba, así como el dinamismo de las relaciones en el marco bilateral Cuba-Estados miembros.

La implementación del ADPC mantiene una condición parcial y temporal en tanto no se haya ratificado por todos los miembros de la UE. Lituania es el único Estado que falta por ratificar el Acuerdo. Sin que deba considerarse este un camino expedito o exento de conflictividad, las tendencias indican coherencia y voluntad de las partes; lo cual augura la posibilidad de concluir la ratificación del Acuerdo en el corto o mediano plazo.

El papel de determinadas personalidades dentro del entramado institucional comunitario sigue siendo esencial, y vuelve a ser clave la figura del Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE, cargo que incluye la vicepresidencia de la Comisión Europea y preside sus Consejos de Política Exterior. La responsabilidad recae en el social demócrata y ex Ministro de Exteriores español, Josep Borrell (Molina y Simón, 2019). En primer lugar, su proyección estará permeada de las prioridades comunitarias, sin que existan, necesariamente, mimetismos provenientes de su agenda española. Sin embargo, su filiación política y lógico arraigo nacional indican más una continuidad que una ruptura con respecto a su predecesora Federica Mogherini. Como tendencia, ya se observa mayor atención a los temas latinoamericanos y, en ese contexto, el impulso del marco bilateral concertado entre Cuba y la UE.

Desde el PE se secundan o promueven críticas contra el sistema cubano y el marco bilateral existente, y tienen como eje central una visión politizada sobre la situación de los derechos humanos en Cuba. Sin embargo, se aprecia un activismo importante de aquellos parlamentarios que apuestan por la implementación del ADPC. Acompañarlo sería un esfuerzo loable de Cuba, apelando a una mayor acción interparlamentaria, particularmente a través del diálogo con grupos o comisiones del PE. Una apuesta por tal fortalecimiento a escala nacional también podría favorecer, a corto y mediano plazos, el clima general de las relaciones bilaterales.

En el orden interinstitucional, la implementación del ADPC implica la concreción de una agenda y acuerdos vinculantes para las partes. Consecuentemente, corresponde la continuidad del diálogo político sectorial. Atendiendo a los impactos negativos del cerco estadounidense contra Cuba, ganan en importancia el título V del ADPC, dirigido al desarrollo económico y su parte IV: comercio y cooperación al comercio.

Igualmente siguen existiendo potencialidades para el fortalecimiento de los vínculos bilaterales entre la Isla y los estados miembros de la UE. Cuba emprende acciones de cooperación para el desarrollo con veintidós de ellos y mantiene mecanismos de consultas políticas, entre cancillerías, con veintiséis. Por su creciente pragmatismo, destaca el gobierno español, cuya proyección tiende a una concepción de Estado más coherente con sus instrumentos y objetivos estratégicos. La visita del rey y jefe de Estado español, a propósito del aniversario 500 de La Habana, constituyó un paso clave en esa dirección. Sin embargo, el ascenso de la derecha y extrema derecha a distintos niveles del panorama político español puede impactar negativamente este escenario, y aumentar las presiones y la retórica política agresiva.

En las relaciones económicas entre Cuba y la UE, se mantendrá la estructura de los intercambios comerciales con ciertas oscilaciones de los flujos, tanto por las disponibilidades financieras y de productos exportables por parte de la primera, como por la disponibilidad de créditos de los países miembros de la UE, en un entorno bilateral sensiblemente afectado por la crisis provocada por la pandemia y la vigencia de las medidas coercitivas implementadas por la administración Trump contra la Isla. En este sentido, sigue siendo una variable clave la capacidad cubana para implementar con eficacia la actualización y ordenamiento de su modelo económico.

En el terreno de la cooperación, a partir del presente ciclo institucional comunitario y la aprobación de un nuevo marco multianual (2021-2025), podrían verse afectados progresivamente los fondos destinados a Cuba. Este posible escenario constituiría un obstáculo adicional. Sin embargo, también se observan potencialidades en la descentralización de la cooperación y su gestión. El Acuerdo contempla la participación de instituciones gubernamentales, autoridades locales, organizaciones internacionales, agencias de desarrollo de los Estados miembros y de la propia sociedad civil.

Fomentar el intercambio de información, con énfasis en la creación de vínculos duraderos entre las comunidades científicas de las partes, constituirá un paso indispensable; tanto en cuanto a la relación bilateral, como para un acompañamiento eficaz en la actualización del modelo económico y social cubano.

En el contexto de una renovada cooperación, las relaciones entre Cuba y la UE afrontan, a corto plazo, un escenario interno, bilateral e internacional complejo. Al propio tiempo, el ADPC ha demostrado ser una herramienta apropiada y base imprescindible para el cumplimiento de objetivos a mediano y largo plazos. Sin dudas un camino de retos, pero también de oportunidades.

Notas:

  1. El ADPC entre Cuba, la UE y sus Estados miembros fue firmado en diciembre de 2016, ratificado en julio de 2017 por el Parlamento europeo y entró en vigor el 1 de noviembre del propio año. Hechos trascendentales que marcaron el inicio de una nueva etapa en las relaciones bilaterales (Pellón Azopardo, 2017).
  2. Consideración apoyada, fundamentalmente en un grupo de entrevistas del autor a funcionarios comunitarios y europarlamentarios, entre el 17 y el 28 de septiembre de 2018, en Bruselas. Los entrevistados prefirieron mantener el anonimato debido a sus responsabilidades.
  3. Compromiso constructivo: entendido como una cooperación sin condiciones previas (Ayuso y Gratius, 2020).
  4. Las entrevistas realizadas a directivos del grupo parlamentario en 2018 fueron ilustrativas al respecto.
  5. Para estudiar la reacción del Parlamento cubano, véanse ANPP (2018), y Parlamento Europeo (2018).
  6. Existe un régimen especial de tributación para las inversiones extranjeras y la posibilidad de establecer empresas con capital totalmente foráneo, lo cual constituye un atractivo adicional que encuentra amparo en la Ley de Inversión Extranjera (118/2014) actualizada.
  7. La implementación del ADPC mantiene una condición parcial y temporal en tanto no se haya ratificado por los 27 Estados miembros de la UE.
  8. Donación informada por el Comisario de Cooperación Internacional y Desarrollo de la UE en el foro de negocios Cuba, celebrado en La Habana.
  9. Consultado en el Archivo Central del MINREX.

Referencias:

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Ayuso, A. y Gratius, S. (2020) «Las respuestas de la Unión Europea a las transiciones inversas en Cuba y Venezuela». Anuario Latinoamericano Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. v. 9, n. 104. Disponible en <https://bit.ly/3jCMF0O> [consulta: 2 septiembre 2021].

Ayuso, A. y Gratius, S. y Pellón Azopardo, R. (2017) «Reencuentro Cuba-UE, a la tercera va la vencida. Escenarios tras el acuerdo de cooperación». Notes internacionals. CIDOB, n. 177, junio. Disponible en <https://bit.ly/2WFlMka> [consulta: 12 agosto 2021].

Bacaria, J. y Serrano, E. (2020) «La transformación de la economía cubana, frente al Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la Unión Europea y Cuba». CIDOB, n. 78. Disponible en <https:// bit.ly/3beZo4y> [consulta: 23 diciembre 2020].

Cabañas, J. R. (2021) «Una mirada desde Cuba a los 100 primeros días de Joe Biden». La Habana: CIPI. Disponible en <https://bit. ly/3mXCsOn> [consulta: 12 agosto 2021].

Carrillo Ramírez, L. (2021) «El silencio del Parlamento Europeo». CIPI. Disponible en <https://bit.ly/3n1h9vk> [consulta: 2 septiembre 2021]

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