Apuntes sobre la investigación económica en Cuba

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Existen antecedentes de instituciones cubanas que efectuaban investigaciones económicas en Cuba antes de 1959. Entre ellas, el Instituto de Reformas Económicas (INRE) o la Sociedad Económica de Amigos del País, que desde la época de la colonia hasta nuestros días, ha constituido un espacio importante, para la presentación y debate de resultados de investigación. Un paso importante en esta dirección, después de 1959, fue la creación de los equipos de investigación de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana (1964), que brindaron resultados muy importantes para todos los sectores económicos vitales de la economía cubana.

En campos específicos, como el de la economía agraria, el Ministerio de Agricultura fundó un Instituto de investigaciones agrícolas (1980), con notables resultados. Sin embargo, este centro resultó eliminado posteriormente, de manera que no existe hoy ninguna institución dedicada a las investigaciones económicas en el sector agropecuario. También algunos organismos crearon centros de investigaciones, que han respondido a la política trazada por cada uno, como han sido los casos del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas (INIE, creado por el Ministerio de Economía y Planificación), el Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM, del Consejo de Estado), y otros establecidos por el Ministerio de Finanzas y Precios y el Ministerio del Trabajo.

Desde los años 70 hasta los 90, en la Universidad de La Habana se fueron constituyendo una serie de centros de investigaciones y estudios con cierta especialización en temas demográficos, migratorios, economía internacional y cubana, gestión empresarial, relaciones económicas, políticas hemisféricas, así como sobre estudios de desarrollo local-territorial, además de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Cuba). De igual forma, se constituyeron equipos de estudios rurales y sociales. Todas estas instituciones y equipos de estudios guardan un acervo económico-social de gran importancia, con resultados concretos.

Muchos de estos resultados se adelantaron en su tiempo, en cuanto a prever escenarios y proponer soluciones. Por lo general, se difundieron en los niveles institucionales correspondientes, y mediante publicaciones (a pesar de las limitaciones materiales), seminarios científicos y conferencias. Lamentablemente, una parte considerable de estos resultados no encontró el eco necesario, y mucho menos, aplicación.

Un beneficio derivado de este trabajo investigativo ha sido que los centros universitarios, por lo general, han vinculado la investigación con la docencia, lo que ha contribuido a la formación de los futuros profesionales, la impartición de cursos de posgrado, y a conformar una base bibliográfica donde se conjuga la teoría con la práctica.

La tendencia a no aplicar los resultados de investigación no se reduce a las ciencias económico-sociales, también se presenta en las naturales, donde un sinnúmero de investigaciones obtenidas –como el desarrollo de variedades de plantas y otros productos genéticos, métodos de cultivos, tecnología para la producción y conservación de alimentos, etc.– no son aplicados dentro del contexto de la economía cubana.

Entre los resultados de la investigación y los métodos de extensión y aplicación final persiste un eslabón perdido, que es necesario identificar, ya que los métodos tradicionales para introducir los resultados científicos-técnicos vigentes hasta el presente han sido infructuosos.

Resulta penoso que, en muchas ocasiones, los resultados de la ciencia en Cuba suelen encontrar reconocimiento, uso y aplicación adecuada en el exterior y no en el territorio nacional. Es totalmente paradójico que ante los cuantiosos recursos de inversión efectuados, por más de 50 años, en la educación, desde el nivel primario hasta el universitario, en la formación de masters y doctores, creación de centros de estudios, estaciones experimentales e institutos de investigaciones a lo largo de todo el país, no se traduzcan en el desarrollo económico-social del país.

Durante años, los resultados de la investigación económica han sido conservados, por lo general, en las bibliotecas y centros de documentación de las diferentes centros de estudios y bibliotecas universitarias, donde pueden consultarse. Aunque muchos fueron elaborados hace más de veinte años, se puede comprobar que mantienen una sorprendente vigencia, y suelen ser puntos de referencia, dentro del marco de las transformaciones actuales de la economía cubana.

 

Contemporaneidad y futuro de la investigación económica

La diversidad de criterios, de opiniones científicas, discusión y confrontación académica, constituyen elementos imprescindibles para hacer realmente ciencia, que promueva el desarrollo. Cuando las tareas, intereses y procesos económicos adquieren un carácter consciente y generalizado (“concentrado”), entran, en virtud de este mismo hecho, en la esfera de la política, y constituyen su esencia. La investigación económica es un contribuyente fundamental encaminado a la búsqueda de respuestas y soluciones a los problemas del desarrollo.

Dentro del marco del proceso actual de transformaciones económico-sociales, instituciones superiores de gobierno han solicitado los resultados alcanzados y convocado a formar parte de grupos de estudios, a través de distintos temas de investigación económica, que abarcan desde los aspectos teóricos y conceptuales, hasta los sectoriales y de gestión económica.

A la vez, se impone un nuevo método de gestión económica, no solo para el sector productivo (lo cual resulta imprescindible), sino también para la esfera de la ciencia, la técnica y la innovación, y que conlleve la introducción efectiva y estimule la introducción en la práctica de los resultados de la investigación

De acuerdo a los antecedentes señalados sobre la no aplicación de los resultados y de los criterios científico-técnicos (el eslabón perdido), resulta evidente que los métodos actuales reclaman un nuevo modelo de gestión para la ciencia y la técnica de forma participativa, entre productores, investigadores y toda la cadena. Es necesario que los científicos conozcan cómo los productores o usuarios tradicionales y nuevos manejan sus recursos y potencialidades, a fin de combinar los conocimientos prácticos y los resultados científicos. Lo anterior debe llevar impregnado el interés económico de los productores e investigadores, sin dejar de considerar al consumidor en la cadena de valor (aspecto social).

El nuevo modelo de gestión económica de la ciencia debe hacer coparticipe tanto al productor (usuario o cliente), como al investigador, tanto en el proceso de extensión o prueba, como en los resultados económicos. El investigador debe recibir una proporción adecuada, de acuerdo a los efectos económicos resultantes, que lo estimule a la introducción y su seguimiento, para demostrar, conjuntamente con el productor, la importancia económica de la introducción de la nueva tecnología y /o resultados. Hay que desburocratizar la ciencia, sobre la base del estímulo económico mutuo del usuario o cliente y el investigador. Se requiere eliminar niveles intermedios, en busca de la simplificación, rapidez y eficiencia, que conjugue el interés económico de los productores, investigadores y de la sociedad.

Lo anterior no debe interpretarse en términos absolutos, por cuanto debe haber investigaciones identificadas como fundamentales, que no tendrán una respuesta económica inmediata, pero a las que hay que dedicar tiempo, conocimiento y recursos. Para estas habrá que disponer de un fondo, donde el estado y las instituciones económicas aporten los recursos necesarios.

El momento actual de cambios y transformaciones profundas, en la estructura económica y la actividad económico-social cubana es un momento oportuno, que demanda cambios profundos en todo el sistema de ciencia, técnica e innovación del país y en particular en la investigación económica y la aplicación de sus resultados.

 

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