Business as usual, pero al calor de la presencia china

Este artículo forma parte de la serie: 

Desde 2009, el presidente Obama ha realizado una serie de visitas a América Latina en el marco del impulso de una nueva relación entre los Estados Unidos y la región. Cuatro de ellas han sido a México y una a Brasil, entre otros países, pero ninguna a Cuba —que no es visitada por un presidente estadounidense desde hace 88 años—, y ninguna a la Argentina, que no ha recibido a un presidente norteamericano desde 2005. En su conjunto, las visitas ponen en evidencia que, pese a que las prioridades estratégicas de los Estados Unidos puedan estar orientadas a Medio Oriente o Asia/Pacífico, existe un sostenido interés en la región.

Este interés se asocia tanto a la preocupación por la estabilidad regional en un período de fuertes turbulencias políticas domésticas —como en el caso de Brasil y de Venezuela—, con un énfasis en los temas de crimen organizado, terrorismo y, en algunos casos, migración, pero también en función de una manifiesta preocupación por el avance de China en la región, especialmente en el campo económico y diplomático. El comercio de América Latina con los Estados Unidos cayó de 53% del comercio mundial latinoamericano en 2000, a 35% en 2013, mientras que el porcentaje del comercio latinoamericano con China ascendía de 1,9 % a 12% en el mismo período y sigue expandiéndose en la actualidad. La creciente presencia china en la región no solo ha estado caracterizada por la demanda de materias primas durante el acelerado crecimiento de este país en los años previos, sino también por la ampliación de su presencia financiera a través de inversiones y préstamos en distintos campos.

En el ámbito global, el crecimiento de la economía china y de su proyección internacional, junto a los temas de seguridad pendientes en el Mar de China, han impulsado a Washington a acelerar la firma del Tratado Trans-Pacífico (TPP) que excluye al gigante asiático. El TPP incluye a tres países de América Latina —Chile, México y Perú, a su vez miembros de la Alianza del Pacífico—, y se articula con el esfuerzo de avanzar con el TIPP, con la UE. Junto con los objetivos eminentemente económicos que representan estas iniciativas, en esencia responden asimismo a una estrategia de contención de China en otros ámbitos.

Las conversaciones iniciadas con el gobierno cubano en diciembre de 2014, si bien detentan rasgos propios, no se disocian de esta estrategia. El inicio y avance de las conversaciones bilaterales, el encuentro personal de los dos presidentes en ámbitos multilaterales en los meses recientes (Cumbre de Panamá y Naciones Unidas en Nueva York), las conversaciones telefónicas entre ambos, las visitas de altos miembros del gabinete de Obama a La Habana (como asimismo de altos dirigentes republicanos) y la visita de Obama a Cuba han enviado una señal muy importante para el resto de la región, resaltando el nuevo enfoque de la actual administración de Washington hacia América Latina y el Caribe.

La actual visita a Cuba y a Argentina responde a este enfoque, pero también pone en evidencia la competencia económica con los intereses chinos. El comercio entre China y Cuba aumentó en 57% en 2015. China está liderando la construcción de la infraestructura de Internet en la isla. En este contexto, todo paso político o jurídico que contribuya a desmontar el andamiaje del embargo estadounidense a la Isla, acelera las posibilidades de los empresarios norteamericanos de iniciar sus negocios allí. Por otra parte, frente a la pérdida de la influencia estadounidense en Argentina en la década precedente y el crecimiento de la presencia china, particularmente luego de la visita de Xi Jinping en 2014, la elección de Macri a la presidencia abre la posibilidad de una nueva y más activa interlocución, en términos políticos y de negocios, con el país sudamericano.

En este marco, la elección de los dos países latinoamericanos para la visita de Obama combina un poderoso mensaje político al resto de la región y una nueva oportunidad de hacer negocios, con nuevos socios estratégicos. Paradójicamente, si bien ambos gobiernos, pese a su pragmatismo, puedan considerarse en las antípodas en sus orientaciones políticas, la región tampoco ofrece, en la actual coyuntura, otras oportunidades atractivas para una visita de Obama en la fase final de su presidencia.