Contrapunteo monetario

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El mundo monetario cubano se escinde en dos segmentos. En cada uno rigen tasas de cambio diferentes.

En el área empresarial el peso (cup) se iguala al dólar norteamericano. Es una aberración que deforma los resultados de las empresas y de la macroeconomía. Impide valoraciones objetivas en los estudios de factibilidad y de gestión, así como en las cuentas nacionales.

En el segmento de las personas naturales se cambia 1 CUC por 25 pesos, antes fue algo más. La tasa real es gelatinosa. Entre 1995 e inicios de 2002 funcionó un régimen de flotación, pero en esta última fecha se adoptó la tasa fija de 25 x 1 que aún perdura.

La entelequia monetaria surgió de la igualación del peso y el dólar en las empresas, con la buena intención de no menoscabar el registro contable. El resultado ha sido una sobrevaloración del cup. De otra parte actuó la necesidad de captar las divisas recibidas por la población con el CUC como protagonista. Fue un dúo de dineros de un mismo emisor actuando por separado con propósitos diferentes y tasas de cambio antitéticas. Tal mixtura degeneró en la denostada dualidad.

 

La economía cubana actual

Tras la desaparición del campo socialista la nación logró transformar su modelo económico externo. Actualmente cubre el 70% de sus ingresos con exportaciones de servicios. Algunas absorben desembolsos externos. Otras, por el contario, constituyen entradas netas y no faltan aquellas con ventajas significativas en los márgenes comerciales.

El turismo es el rubro más dinámico, el número de visitantes está en el entorno de cinco millones anuales, con tendencia al alza. Muchos compran paquetes “todo incluido” que implican pago a las empresas de aviación, comisiones y el componente importado de su consumo. No faltan quienes vienen directamente y, salvo el viaje, pagan en efectivo toda la estancia. Los excursionistas llegados en cruceros limitan su permanencia a 1 o 2 días en proporción pequeña.

Cualquiera que sea la modalidad, todos incurren en gastosde bolsillo” no contabilizados oficialmente. Se trata del pago de suvenires, taxis, renta de autos, transportes, propinas, prestaciones personales, bares, etc. Algunos de estos gastos son entradas netas. Una propina constituye un ingreso sin costos. Lo mismo ocurre con los servicios personales. Sus efectos son ingresos puros similares al de las remesas.

Las ventas de productos cubanos equivalen a exportaciones, pero a precios minoristas. Es el caso del tabaco, las bebidas, artesanía y otros productos industriales. Además sus márgenes comerciales son espléndidos.

En las modalidades de visitantes pueden estimarse "gastos de bolsillo" de $280 por persona, con período medio de estancia de ocho días[1]. Estadísticas autorizadas[2] indican que el promedio de gastos de cada excursionista en cruceros, en cada una de las escalas del destino Caribe, se mueven entre $222 y $300. Viajan y se alojan en el propio barco pero tienen elevados gastos de bolsillo. En cada puerto los esperan toda suerte de promotores.

La sumatoria de estos gastos de bolsillo, tomando cinco millones de turistas, puede ascender a unos mil millones de dólares.

Las remesas conforman 60% o 70% de los ingresos en divisas de la población cubana. La cantidad puntual no se conoce pues no todos siguen la via bancaria. Estimados confiables los sitúan en cerca de tres mil millones de dólares en el año 2017[3]. Las remesas no tienen costo y junto con las propinas, regalos y similares son los campeones en la olimpiada de la admisión neta de divisas. Otras mercancías o servicios no poseen ese don.

¿Se afectarán las remesas por una tasa de cambio menor?Chi lo sa. La reacción de los remitentes es desconocida, pero no sería extraña una contracción.

La información sobre la exportación de servicios es escasa. Los llamados "internacionalistas" gastan en el lugar de estancia pero también reservan ahorros para emplear en Cuba. Son un equivalente de las remesas.

De acuerdo con la tónica expuesta, los servicios en la balanza de pagos pudieran clasificarse en:

  • Ganancias en invisibles (ingresos menos costos).
  • Entradas netas de divisas: remesas, propinas y determinados servicios a turistas.
  • Exportación de bienes a precios detallistas; compras in situ de productos cubanos por parte de los turistas.

Con su 70% de participación, los invisibles constituyen la gallina de los huevos de oro de la balanza de pagos. Es necesario prever las afectaciones que la eliminación de la dualidad monetaria pudiera infligirles.

 

La moneda unificada

El CUP es el heredero reconocido, pero actualmente es minusválido. Habrá que conferirle convertibilidad para asumir su función como moneda nacional.

Los receptores directos o eventuales de CUC abarcan actualmente casi toda la población. Existe entre ellos una gran diferenciación. Para los que menos reciben, el proceso de reducción de la tasa sería particularmente traumático.

La población padece un "mercado de vendedores", con oferta siempre a la zaga de la demanda: el cliente nunca tiene la razón. Esta situación dura más de medio siglo, es fuente de corrupción y provoca el almacenaje provisorio de productos que no llegan a consumirse. Lo peor es que no estimula. Paradójicamente, el consumidor ha sido preterido en una sociedad que tiene al ser humano como objetivo. En este caso, la dualidad tiene un perfil más mercantil que monetario. Una oferta adecuada tendría un efecto dominó en la agricultura y en las demás actividades económicas y de servicios.

Cuando se proceda a la unificación quedará un nuevo peso actuando como unidad de cuenta y necesariamente dignificado con la condición de convertible. Esta última cualidad no podrá hacerse válida en las empresas, que deberán continuar sometidas a la asignación centralizada de divisas. La escasez obliga.

Las variaciones en la tasa de cambio del sector empresarial implicarán distintas reacciones. 

En las producciones para el mercado interno se elevará el costo contable de producción y ello, a la larga, se traducirá en inflación para la población.

Los productos destinados a la exportación reducirán su costo contable. Habrá mejoría real solo si aumenta su demanda.

Los autónomos confrontan situaciones similares a las expuestas. Pudieran resultar favorecidos si se acepta que operen con las tasas de las Casas de Cambio (CADECA). Para ello habrá que establecer medidas que obliguen a los trabajadores por cuenta propia a someterse a las mismas reglas del juego que los estatales.

La inversión extranjera en la contabilidad interna significaría más pesos por cada divisa aportada. El monto del socio foráneo se incrementaría y equivaldría a una proporción superior en el reparto de utilidades. Por ejemplo, si un socio potencial aporta valores de 30 en un total de 100, y la tasa fuese la hipotéticamente asumida de 5 pesos por dólar, su participación se convertiría en 150 pesos. En tal caso, el total invertido pasaría a ser 220 pesos y su participación se elevaría a 68%.

A los efectos de las comparaciones internacionales habría que reducir el nuevo cálculo a dólares de acuerdo con las tasas establecidas. Según datos de ONU, en el año 2014 Cuba ocupaba el lugar 37 entre 51 países de América Latina y el Caribe en lo que respecta al PIB per cápita. Con una tasa de 5 pesos por dólar, el per cápita de $7 274 reportado ese año se reduciría a $5 920.

 

Choque de trenes

Las llamadas shoppings aceptan actualmente pagos en pesos mediante la simple conversión de su precio en CUC por 25. En buena medida, ya ocurrió en ellas la unificación monetaria. Dicha tasa evidencia la incapacidad de la oferta: solo se regula parcialmente con precios muy elevados. Estos establecimientos gozan de prestigio comercial y son punto de confluencia en el que las dos tasas de cambio antitéticas se contraponen de manera casi insultante. Históricamente, en las empresas se pretendió no menoscabar el valor del producto equiparando la moneda cubana con la extranjera. En el comercio minorista se persiguió la captación de divisas.

En las tiendas rigen precios de Estado opulento, en contraste con ingresos de país subdesarrollado. La tasa aplicada en las empresas resulta evidentemente sobrevalorada. El encuentro final entre ambas valías será difícil. Su acercamiento no depende de decisiones administrativas sino de la marcha de la economía. Un tour de force pudiera significar un choque de trenes. La entelequia monetaria requiere un proceso de descompresión antes de salir a la superficie.

La fijación del precio minorista se rige por criterios que pudieran ser discordantes.

Supóngase un producto cuyo costo, puesto en la tienda, es US$ 1. Al aplicarle un coeficiente 2 se fija el precio de venta en 2 CUC. En pesos corrientes, a razón de 25, se convierte en 50 pesos. Actualmente la reposición es de US$ 1. De aplicarse una tasa hipotética de 5 pesos por dolar, la reposición del artículo requeriría 5 pesos. Siguiendo la pauta de fijar el precio de venta a partir de un coeficiente 2, el producto se vendería al público en 10 pesos. En este escenario, puramente ilustrativo, se dispararía la ya insatisfecha demanda.

Simultáneamente, se afectarán aquellos que poseen CUC e incrementarán la de quienes disponen de CUP. El saldo de estos efectos contrapuestos es difícil de calcular.

Algunas personas piensan que se subvalora el CUP de la población y que un cambio favorable reeditaría el milagro de los panes y los peces. Es un prodigio dudoso. Lo cierto es que en las tiendas rigen precios de país opulento en contraste con ingresos subdesarrollados. La televisión presenta frecuentemente entrevistas a consumidores. En ellas suele hablarse de "precios adecuados". Se trata de una interpretación eufemística de la insuficiencia de los ingresos. Parecería que todo puede resolverse con tasas de cambio administrativas: un espejismo monetario.

La tasa en CADECA es dudosa. Hace años contuvo la desaforada cotización del dólar en el mercado negro. Entre 1995 e inicios de 2002 funcionó un régimen de flotación en el segmento poblacional, pero finalmente se adoptó la tasa fija de 24 para la compra y 25 para la venta por un dólar. Desde entonces han variado las condicionantes, existen nuevas fuentes de ingresos de divisas cuya cotización externa ha variado; los CUC probablemente han sido sobreemitidos. Pero la tasa no ha variado. Lo prudente será dejar al mercado cambiario la solución. Una tasa fluctuante dirá las proporciones en base a la oferta y demanda monetarias. Es lo que procede.

Un cambio desmedido pudiera resultar un revulsivo para los gastos de bolsillo de los cinco millones de turistas. También varios millones de residentes se verían aquejados en alguna medida.

En las empresas la situación es otra. Las divisas son un factor limitado. Dependen de la balanza de pagos y su control es insoslayable. Abrir a los productores la posibilidad de comprar con los nuevos pesos cubanos crearía un trauma monetario imposible de asimilar.

Durante algún tiempo habrá que mantener la segmentación en un área de personas jurídicas y otra de personas naturales. En la primera deberá fijarse —de dedo— una tasa mínima. Detectará la ineficiencia empresarial y beneficiará la economía externa y las inversiones. Como efecto negativo, infiltrará inflación hacia el mercado de la población. También afectará la imagen externa al reducir el monto del PIB per cápita.

A finales de 2013, el Consejo de Ministros oficializó la fiebre de la unificación monetaria mediante un acuerdo. Aseguró que no habría "terapia de choque". La situación es compleja y peligrosa. Pudiera pensarse en medidas desesperadas al estilo neoliberal. Habría que devaluar el peso en la esfera empresarial y evaluarlo en la de la población. Una acción impacientada abriría una caja de Pandora, que quizás no dejaría ni la esperanza en el fondo. Las medidas de choque[4] resultarían traumáticas. En Cuba se han evitado desde 1959. Es un principio de la Revolución.

La tasa de cambio impuesta es imprescindible en la esfera empresarial. Deberá fijarse en la menor cota posible. Por baja que sea estimulará la exportación, atraerá inversiones y, sobre todo, permitirá la valoración de la gestión y de las inversiones. Dará al dinero su función de unidad de cuenta. Como contrapartida, provocará mayor inflación interna y tendrá efectos en los mecanismos fiscales, en el presupuesto, en la capacidad de pago de las empresas, en su cierre y en otras vertientes, hasta el PIB.

 

La unificación

La unificación aflora como punta de un iceberg. Debajo hay dos situaciones. Una puramente monetaria en las empresas, y otra de mercado y productividad en las personas naturales.

Para los visitantes extranjeros es también un problema de oferta y demanda, y de tasa de cambio. Una vez unificada la moneda, entonces convertible, los turistas harían uso de esta alternativa para sus gastos de bolsillo y podrían recuperar sus sobrantes al partir.

Problemas distintos requieren soluciones diferentes.

El peso unificado actuará como unidad de cuenta y deberá cotizarse contra dineros extranjeros. En el sector productivo conviene mantener por el momento la asignación centralizada de divisas. Lo obliga su crónica escasez.

 

Garantizar la oferta

La distribución centralizada de las divisas es un mal necesario dictado por la penuria. La disponibilidad varía de año en año según precios, coyuntura y otras circunstancias. Groso modo, 40% de los ingresos en divisas se destina a combustible, alrededor de la tercera parte amortiza la deuda externa y 12% se dedica a alimentos. El resto (15%) es otorgado centralmente a las distintas necesidades de importación. Entre sus destinos está la asignación para compras destinadas a las cadenas de tiendas (originalmente en divisas). Desde 2005 se les retiró la autonomía monetaria y se trasladó al Banco la otorgación de marcos según las disponibilidades de divisas. Los mecanismos centralizados de asignación no pueden abandonarse por el momento, pero impiden la reposición simple de la cadena minorista. Cada día se ve más afectado su surtido. El propio incremento del turismo genera más demanda debido a los gastos de bolsillo y a la mayor necesidad de insumos por parte de quienes lo sirven.

Devolver equilibrio al mercado es tan importante como realizar inversiones. En la población, hoy el problema de la dualidad no es tanto monetario como de mercado. Debe darse a los recursos dedicados a la oferta minorista la importancia que merecen. 

Las ventas actuales en las cadenas ascienden a algo menos de US$ 2 500 millones anuales, expresados convencionalmente en dólares. Bastarían unos mil millones para reabastecerlas de inmediato, asumiendo que el precio más que duplica al costo. Parte está ya incluido en la importación de alimentos que anda por los mil quinientos millones anuales. Es importante que la asignación sea mensual para facilitar la reposición. Siguiendo con el ejemplo, serian unos ochenta y tres millones cada mes. Se trata de restablecer de inmediato el costo de las mercancías vendidas[5].

Los combustibles son imprescindibles. Asimismo, resulta vital honrar la deuda externa, después de las positivas renegociaciones llevadas a cabo. Luego de garantizar ambos destinos, ha de priorizarse el volumen dedicado a la oferta.

La apertura del mercado minorista debe superar viejas limitaciones y prejuicios, al incluir algunas de carácter suntuario hasta ahora impensables. No se han ofertado o se ha hecho con limitaciones administrativas, pero están en la mente de no pocos consumidores. El elenco seria infinito. Puede hablarse de más de veinte mil ítems. El mecanismo de los precios limará su demanda.

La segmentación y su multiplicidad de tasas de cambio constituyen una enredada madeja. No debe cortarse de golpe. Un transformación abrupto afectaría al sistema en su conjunto: subsidios, impuestos, créditos, control bancario, asignación de recursos, poder de compra, comercio exterior, turismo, ingresos en divisas, etc., Es necesaria una descompresión, un tiempo para ajustar actividades.

La estrategia en la distribución de las escasas divisas debe priorizar al mercado minorista de las cadenas. Los combustibles son imprescindibles. Asimismo resulta vital honrar la deuda externa. Luego de garantizar ambos destinos, ha de priorizarse el volumen dedicado a la oferta minorista.

 

Propuesta

Los elementos expuestos evidencian un problema dual: monetario para las empresas y de mercado para la población.

En lo tocante a la población será prudente regresar a la tasa fluctuante que fija las proporciones en base a la oferta y la demanda monetarias. Los actuales mecanismos centralizados limitan la reposición simple de la cadena minorista. Cada día se afecta más su surtido. El incremento del turismo genera más demanda debido a sus gastos de bolsillo y a la mayor necesidad de insumos por parte de quienes lo sirven.

La segmentación establece condiciones diferentes para ambos. Son necesarias. En las empresas resulta recomendable aplicar, "a dedo", una tasa fija. Incluso un canje mínimo de 5 cup por 1 dolar ejercerá el deseado efecto de que el dinero actúe como unidad de cuenta y sirva para medir resultados. Cuanto mayor sea, más elevado será el costo unitario de producción que finalmente se traducirá en inflación para la población.

Para la población ha de regir una fluctuante. La igualación entre ambas se logrará cuando la propia marcha de la economía las equipare. Entonces cesará la segmentación y habrá culminado la unificación.

En consecuencia se sugieren los pasos siguientes:

  1. Definir la moneda única y otorgarle convertibilidad.
  2. Mantener la segmentación entre empresas y población.
  3. Establecer una tasa fija para las empresas. Idealmente 5 pesos por 1 dólar.
  4. Establecer una tasa fluctuante para el cambio de divisas por pesos nuevos. Solo para la población y los turistas.
  5. Asegurar una asignación mensual de divisas para sustituir las ventas realizadas en las cadenas de tiendas.

La eliminación de la dualidad es un campo minado. La solución ha de ser gradual. El acto final no depende de una decisión administrativa, que implicaría una terapia de choque. El aumento de la productividad del trabajo es la única solución a la unificación de ambas tasas. A ello debe contribuir la recuperación del mercado de compradores. Se perdió hace medio siglo y es preciso recuperarlo para que el dinero vuelva a ser un estimulo suficiente. Es necesario restituir a la demanda el poder de comprar una ilusión, como dijo la poetisa matancera.

La Habana, abril de 2018[6]

Notas


[1] Estimados en varios análisis de factibilidad. JMFO.

[2] Se trata de estadísticas de Cruise Lines International Association (CLIA) citadas por José Luis Perelló, a su vez citado por Rafael Betancourt en "La importancia del turismo en la balanza de pagos de Cuba". Cubadebate. Noviembre 24 de 2016. 

[3] Population. American Community Survey. 2006. Remittances Surveys of Senders and Recipients, 2005 y 2009.

[4] El termino shock policy fue acuñado por Milton Friedman, de la Escuela de Chicago.

[5] Cuando se aplique este procedimiento por primera vez deberá tomarse un estimado de ventas que no incluya el actual desabastecimiento.

[6] El presente trabajo sintetiza un ensayo en vías de edición, de los mismos autores, titulado "Engañoso caballero es Don Dinero".

Comentarios

habia pensado que llevar ambas tasas a CU$15x1 gradualmente seria recomendable pero ahora veo que seria muy elevada. aunque para que sea menos seria un proceso mas largo que no admite mas demora. quizas debio haberse comenzado antes y ya tedriamos un trecho adelantado.

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