Cuba, 27 de octubre de 1962: La única y futura bisagra del mundo

Este mismo momento es un momento sin futuro. Todo puede repentinamente estallar en «llamas rugientes» y «luminosidad brillante» de veinte millas de altura, como se dice en la descripción de la bomba de hidrógeno que acabo de leer. No pasa nada. Todo es posible.

Edmundo Desnoes, Memorias del subdesarrollo (1967)

Te diré algo más, rey, que puede ser una sorpresa para ti... los dos vamos a volver. ¿Sabes lo que va a ser escrito en tu lápida? Hic jacet Arthurus Rex quondam Rexque futurus. ¿Recuerdas tu latín? Significa «El rey de una vez y futuro».

T. H. White, Camelot (1958)[1]

 

Hace exactamente cincuenta y cinco años, el sábado negro 27 de octubre de 1962, Cuba se convirtió en la bisagra del mundo, el lugar más peligroso de la tierra en el día más peligroso de la historia. En el Armagedón nuclear que muchos creían inminente, este país fue el blanco número uno que, si hubiese sido atacado e invadido por los Estados Unidos, habría encendido la mecha al final con la cual habría sido el fin del mundo: no solo de Cuba, o el de los Estados Unidos y la Unión Soviética, sino el fin de todo lo reconociblemente humano en este planeta.[2]

Después de treinta años de investigaciones sobre la Crisis de Octubre, muchas de las cuales fueron hechas en Cuba, sabemos con certeza cuánta suerte tuvimos de que la Crisis de los Misiles Cubanos (CMC) —o Crisis de Octubre, en Cuba— no desembocara en el Armagedón.

En nuestro nuevo libro Oscuro más allá de la oscuridad: La crisis de los misiles cubana como historia, advertencia y catalizador, tenemos tres misiones: (1) revelar la historia de la Crisis de Octubre como se experimentó en esta Isla, particularmente en La Habana; (2) evidenciar que el riesgo del Armagedón es alto y creciente; y finalmente (3) mostrar cómo enfocarse en la Crisis de Octubre —el día más oscuro de la crisis más oscura de la historia— puede servir como un catalizador que conduzca a la abolición de las armas nucleares (Blight y Lang, 2017).

 

La idea de la tontería: La Filosofía de la Liberación de Harry G. Frankfurt

Primero debemos comenzar por la tontería. No es su tontería o nuestra tontería, sino la idea de la tontería. La habilidad de distinguirla de la verdad será útil para diferenciar dos eventos: (1) la tontería de la CMC que nunca ocurrió, pero la mayoría de la gente fuera de Cuba cree que ocurrió; y (2) la verdadera CMC, la Crisis de Octubre que realmente ocurrió, pero con la que muy pocos fuera de Cuba están familiarizados.

En 2005, un eminente filósofo reunió el coraje para dar el nombre apropiado a un fenómeno con el que todos estamos familiarizados, y que la mayoría de nosotros se refieren al hablar o escribir en privado, sin embargo, que especialmente rechazamos al hablar o escribir públicamente. En ese año, el filósofo de Princeton, Harry G. Frankfurt, publicó su exitoso libro, Sobre la manipulación de la verdad, liberando al resto de nosotros en el mundo angloparlante para seguir su ejemplo (Blight y Lang, 2017).[3] Agradecemos a Frankfurt, porque la «tontería» es, a nuestro juicio, la mejor manera de describir el evento que tantas personas han escrito y presentado en el cine —al que erróneamente llaman «la Crisis de los Misiles Cubanos».

Según Frankfurt, si un individuo busca decir la verdad, y otro quiere mentir, ambos comparten una característica importante: están preocupados por la verdad. Uno trata de representarlo con precisión, y el otro de manera inexacta. Pero los dos comienzan con una idea compartida de lo que constituye la verdad.

Los fanfarrones, escribe Frankfurt, no se preocupan simplemente por si sus declaraciones son verdaderas o falsas. En cambio, solo les preocupa si sus motivos ocultos son servidos por los cuentos que hacen. El resultado final no es ni la verdad ni la falsedad, sino la eficacia para convencer al otro de lo que se dice o se escribe. «El fanfarrón... no rechaza la autoridad de la verdad, como hace el mentiroso, y se opone a ella. No le hace caso. En virtud de esto, la tontería es un enemigo mayor de la verdad que las mentiras». Repita: «la tontería es un enemigo mayor de la verdad que las mentiras» (Frankfurt, 2005: 61).

 

La Tontería, octubre de 1962: La gloriosa y victoriosa Crisis de los Misiles Cubanos que nunca sucedió[4]

Aquí, compactada en un párrafo, es nuestra variante de 271 palabras de tonterías que la mayoría del mundo, más allá de esta Isla, ha sido conducida a creer sobre la CMC:

En octubre de 1962, la Unión Soviética (los malos, los agresores) precipitó una crisis con los Estados Unidos (los buenos, las víctimas) intentando instalar misiles nucleares en Cuba (un «parqueo» para los misiles), a 90 millas de las costas de los Estados Unidos. Afortunadamente, la inteligencia de los Estados Unidos descubrió este provocativo plan antes de su finalización —de hecho, antes de que las ojivas nucleares llegaran a Cuba—, dejando sus vehículos de reparto —misiles, aviones y barcos— inútiles. Y así, con la coerción audaz y finamente calibrada, el presidente John F. Kennedy obligó a Nikita Khrushchev a retroceder y quitar los misiles. Kennedy se mantuvo firme; se mantuvo a la altura; no se comprometió; y en solo 13 días, aseguró una victoria inequívoca para los Estados Unidos sobre la Unión Soviética. Dado que las fuerzas de Kennedy tenían una aplastante superioridad militar en el hemisferio occidental y una superioridad global en ojivas nucleares, la crisis no era tan peligrosa como algunos lo habían dicho. Khrushchev no tuvo otra opción. Tuvo que capitular o arriesgarse a ser destruido y él lo sabía, por eso «parpadeó» y Kennedy no lo hizo. Kennedy y Khrushchev ignoraron correctamente el discurso del líder cubano Fidel Castro, ya que sus opiniones eran irrelevantes tanto para el despliegue como para la retirada de los misiles. Octubre de 1962 fue la mejor hora de Kennedy, la peor humillación de Khrushchev, y la introducción de Castro en el juego de altas apuestas que fue la Guerra Fría, jugado por los Chicos Grandes de Washington y Moscú, un juego en el que un pequeño país como Cuba era un mero jugador.

 

Ahora han conocido al enemigo: la colección de tonterías en el párrafo anterior. ¡Todo en ese párrafo está totalmente equivocado![5]

Graham Allison, un científico político de la Escuela Kennedy de Gobierno de Harvard, pasó gran parte de los últimos años de la década de los 60 entrevistando a miembros del gobierno de Kennedy sobre la crisis. El libro de 1971 que reportó sus hallazgos fue La esencia de la decisión: explicando la Crisis de los Misiles Cubanos. Él resumió concisamente sus resultados: «Durante trece días en octubre de 1962, los Estados Unidos y la Unión Soviética se mantuvieron «cara a cara», cada uno con el poder de la aniquilación mutua en la mano. Estados Unidos era firme pero paciente. La Unión Soviética lució dura, parpadeó dos veces, y luego se retiró sin humillación» (Allison, 1971: 39). En opinión de este autor, la CMC fue un juego infernal, con un resultado inseguro hasta último minuto. JFK había obligado a Khrushchev a «parpadear dos veces» —primero, el 24 de octubre, cuando ordenó detenerse a los barcos soviéticos en camino hacia Cuba y luego, cambiar de rumbo, en vez de arriesgarse a una confrontación militar en el mar; después, el 27 de octubre, cuando dio la orden de comenzar a desmantelar los misiles en la Isla y enviarlos de regreso a la Unión Soviética. Estados Unidos ganó; la URSS perdió. Cuba miró desde la línea lateral. ¿Qué podría ser más claro que eso?[6] Esta es la opinión presentada también en el libro póstumo de Robert Kennedy en 1969, Trece días; en la película de Kevin Costner del mismo nombre en 2000, y la visión del norteamericano promedio con interés en la historia.

La versión de tonterías de la CMC representa solo una historia altamente selectiva de lo que realmente sucedió. Omite, como insignificante, los acontecimientos que ocurrieron en Cuba, y se centra casi enteramente en los de Washington y Moscú.[7] El predominio de este mito ha impedido que la discusión de la amenaza nuclear contemporánea se enfoque en la abolición de las armas nucleares, apoyada por lo que ahora sabemos sobre el Sábado Negro en Cuba, el 27 de octubre de 1962.

 

Cuidado, aquí viene la evidencia, 1985-1993: Los cubanos y los rusos empiezan a abrirse

A finales de los años 80, nos pareció que valía la pena investigar más sobre una crisis que puso el destino del mundo potencialmente en juego. Queríamos ahondar más no solo en la experiencia de los Estados Unidos, sino también explorar deliberadamente las visiones de Rusia y Cuba sobre la crisis, particularmente en lo que se refiere a cuán peligrosa fue. Dos acontecimientos nos animaron: la relativa apertura de Moscú, bajo Mikhail Gorbachev (la glasnost); y el deseo de los cubanos de contar su lado de la historia en un ambiente que incluyó a participantes de alto nivel —estadounidenses y rusos— en la Crisis. Hicimos conferencias en los Estados Unidos y Rusia. En noviembre de 1990 recibimos el primer vistazo de la recién desclasificada carta de Fidel Castro a Nikita Khrushchev, el Sábado Negro, 17 de octubre de 1962, de la cual se habla más adelante.

A principios de enero de 1991 tuvimos la conferencia en Antigua, en la que participaron altos funcionarios cubanos, rusos y estadounidenses. Uno de los objetivos fue decidir si valdría la pena el tiempo, los gastos y las consecuencias políticas para intentar hacer la conferencia en La Habana al año siguiente, en la cual Fidel Castro podría participar. Las grandes preguntas para nosotros fueron: (1) ¿Seríamos invitados a La Habana después de la reunión de Antigua para un largo encuentro cara a cara con Fidel Castro?; y (2) Si nuestros funcionarios de alto nivel, dirigidos por Robert McNamara, fueran invitados a La Habana, ¿aceptarían la invitación?

Fueron invitados y asistieron. La épica conferencia en La Habana, en la que Fidel participó durante los cuatro días, ocurrió en enero de 1992, un año después de la conferencia de Antigua.[8] A veces los clichés son válidos: la conferencia constituyó un cambio radical en el juego, un cambio de paradigma, un paso gigante hacia un nuevo entendimiento —nuevo en todas partes, excepto aquí en Cuba— de los acontecimientos de octubre de 1962. En Oscuro más allá…, que saldrá publicado el próximo mes, nos centramos en las implicaciones de la carta de Fidel y en la conferencia de La Habana de enero de 1992 en la que se discutió la misiva.

La verdad, octubre de 1962: La Crisis de Octubre, cuando el mundo casi terminó

Aquí, en un párrafo, está nuestra variante de la verdad sobre lo que hizo de la Crisis de los Misiles Cubanos la más peligrosa de la historia:

La crisis no salió de la nada y duró trece días. La ceguera de los Estados Unidos hacia Cuba solo la hizo parecer así. La Crisis comenzó dieciocho meses antes, después de la fallida invasión de Bahía de Cochinos, en abril de 1961, con el temor de los cubanos de una inminente invasión estadounidense a gran escala. Ellos le pidieron a los rusos armas defensivas. Los rusos comenzaron a proveerlas, y el súper poder, sonámbulo hacia el Armagedón comenzó. Los Estados Unidos no fueron víctimas del despliegue; sus amenazas a Cuba fueron una causa importante de ello. Las evaluaciones de inteligencia de los Estados Unidos fueron atroces: no predijeron el despliegue; ni siquiera lo confirmaron hasta que los misiles en Cuba estuvieron casi listos para disparar; y su conclusión de que las ojivas para las armas probablemente nunca llegarían a Cuba estaba completamente equivocada. En total, 162 ojivas nucleares fueron enviadas, entregadas, almacenadas y preparadas para disparar por técnicos soviéticos en Cuba. A pesar de que JFK resistió valiente e ingeniosamente a los muchos halcones en su administración que lo urgían a la guerra, Kennedy no tenía ningún plan cuando los misiles fueron descubiertos y estuvo conmocionado ante el despliegue. Nadie ganó. Nadie perdió. Nadie «parpadeó». Una vez que Kennedy y Khrushchev se dieron cuenta de que estaban perdiendo el control de la Crisis, trabajaron febril, colaborativa y efectivamente para terminarla. Pero el rechazo de Moscú y Washington a la perspectiva cubana, que llevó a la indignación y el comportamiento provocativo de Cuba, envió la Crisis a una gran distancia de la guerra nuclear. Lejos de ser un «jugador secundario», Cuba se convirtió en la bisagra del mundo. Creyendo que estaban irrevocablemente condenados a un inminente ataque nuclear estadounidense en la Isla, Fidel Castro escribió a Khrushchev instándole a lanzar un ataque nuclear total contra los Estados Unidos lo antes posible, una vez que los estadounidenses comenzaran a invadir la Isla. Los cubanos y sus camaradas rusos en Cuba se prepararon para bombardear la base naval de la Bahía de Guantánamo y utilizar sus armas nucleares de corto alcance contra las fuerzas invasoras estadounidenses. Si se hubieran llevado a cabo estas acciones, habría habido una respuesta nuclear de los Estados Unidos, y entonces el Armagedón habría comenzado allí.

Cada afirmación de este resumen está respaldada por una documentación voluminosa y autorizada que ha sido desclasificada, testimonio oral de los líderes de primer nivel durante la crisis, y por los análisis cuidadosos de estudiosos de muchas disciplinas. ¡Lo que dice que sucedió, sucedió!

Es obvio que lo omitido en la versión de tonterías de octubre de 1962 es lo que a veces llamamos la Crisis de los Misiles Cubanos: la realidad física y psicológica que enfrentaron durante la crisis todos en Cuba, incluidos los más de 43 000 soviéticos que, con colaboración cubana, se estaban preparando para la guerra con los Estados Unidos. Aquí en Cuba, la Crisis no fue un partido de ajedrez ni ningún otro tipo de juego, ni tampoco fue una prueba de voluntades entre superpotencias: se vivió como preparación para la última batalla, el Armagedón, un evento que los dirigentes cubanos y su electorado habían estado anticipando durante año y medio, desde que habían frustrado la invasión a Playa Girón (en Bahía de Cochinos) en la costa sur de la Isla, en abril de 1961. Ello significaba prepararse para luchar hasta la muerte, enfrentar a los estadounidenses en todas las formas posibles, a pesar de que Cuba no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir a una guerra total con ellos. Por encima de todo, significaba adherirse a un código de conducta con raíces profundas en la historia cubana (una historia no captada por Washington ni por Moscú): sin rendición; sin compromiso; sin negociaciones. Significaba morir honrosamente, derribar a tantos enemigos como fuera posible.[9]

Nótese que la CMC no requiere imaginación alguna para evocar el Armagedón. Los cubanos, y los soviéticos que estaban en la Isla, lo imaginaron para nosotros: era palpable, real e inminente. Pensaban que sus destinos estaban sellados: Cuba estaba a punto de desaparecer. Pero la inminente matanza sin sentido de los cubanos y de sus compañeros soviéticos en la Isla, era inaceptable. Tal sacrificio necesitaba ser redimido. El Sábado negro de 1962, la matanza sin sentido se convirtió en la nobleza del martirio con la perspectiva de que Moscú destruyera a los Estados Unidos en un ataque nuclear en el momento en que el ataque estadounidense hubiera comenzado. Kennedy será condenado y Khrushchev también. Cuba estaba en baja, y así, muchos en Cuba esperaban y planeaban fervientemente que los Estados Unidos también lo estuvieran.

Aquellos que prefieren la versión de tonterías de la crisis, que incluye a la mayoría de los norteamericanos, suelen prestar poca o ninguna atención a la carta del Armagedón de Fidel enviada a Khrushchev a las 7:00 am el mencionado Sábado Negro. Aquellos que, fuera de Cuba, lo han notado, tienden a concluir lo siguiente: Fidel era irracional; el líder experimentó una psicosis situacional; él y su electorado cubano, por cualquier razón, habían perdido la razón. Esto es lo que el propio Khrushchev pensó cuando recibió la carta. Kennedy no tenía conocimiento de ello, pero si lo hubiera tenido, sin duda habría estado de acuerdo con Khrushchev.

 

La verdad es más aterradora que la tontería

Pero ahora sabemos que Fidel estaba lejos de estar loco, lejos de ser suicida. Era racional, dado que había llegado a la conclusión de que la destrucción de Cuba era inevitable (una impresión que los estadounidenses intentaban trasmitir, pero sin pensar suficientemente en las implicaciones de tal estrategia). Si la carta de Fidel hubiera sido el delirio de un loco, la crisis tendría poca relevancia hoy en día, aparte del mandato de sentido común para tratar de evitar que los locos se conviertan en líderes de países. En octubre de 1962, los líderes racionales, tomando decisiones que cada uno creía eran de interés para su país, involuntariamente caminaban juntos hacia el abismo nuclear, arrastrando al mundo entero con ellos. La Crisis de los Misiles Cubanos es aterradora y relevante hoy, no porque Fidel Castro estuviera loco, sino porque ¡no lo estaba![10] Algo así podría suceder de nuevo, en nuestro mundo del siglo XXI, con sus casi 15 000 armas nucleares. Esa es la verdad. Ustedes están aquí hoy, en este centro de conferencias en La Habana, porque tres líderes y el resto de la raza humana tuvieron suerte en octubre de 1962. Pregúntense cómo se sienten cuando se considera que el planeta que habitan hoy se salvó de la destrucción total en octubre de 1962, principalmente por suerte. Dejen que la idea se sumerja. ¿Apostarían por qué tendremos esa suerte la próxima vez?

No. Durante más de medio siglo, nos han dicho que la CMC fue una gran victoria porque los soviéticos parpadearon y los estadounidenses no (mientras que los cubanos no importaban). Evitamos el Armagedón en octubre de 1962, y lo evitaremos la próxima vez. Ambas partes de esa proposición son una tontería. La próxima vez que el mundo se encuentre mirando al abismo nuclear, y la guerra estalle, los afortunados probablemente serán los que mueran rápidamente. Los vivos envidiarán a los muertos. En Oscuro más allá… mostramos cómo la detonación de quizás menos de 2% de las casi 15 000 armas nucleares del mundo puede conducir al invierno nuclear mundial y al eventual fin de la civilización tal y como es actualmente. Millones de personas en las zonas de explosión morirán rápidamente. Miles de millones, sin embargo, sentirán el impacto; cómo el mundo se enfría, las cosechas fracasan, la hambruna es rampante, y la infraestructura de la vida civilizada se destruye.

Si usted no cree que la abolición nuclear es un asunto urgente, debe hacerse algunas preguntas difíciles: ¿está dispuesto a apostar el destino de este planeta a que los paquistaníes, sintiendo que los indios han empujado sus espaldas contra la pared sobre Cachemira, nunca utilizarán armas nucleares? ¿Está seguro de que los norcoreanos nunca cederán a la tentación de lanzar sus misiles y cabezas nucleares a los odiados surcoreanos y más allá, tal vez al territorio de los Estados Unidos o en los territorios de ese país en el Pacífico o en la frontera con él? ¿Estás absolutamente seguro de que Israel nunca se sentirá tan amenazado por un vecino islámico (o vecinos) que lanzará un ataque nuclear preventivo? ¿Está seguro de que los indios nunca se sentirán tan acorralados por los chinos a lo largo de su frontera de 2 170 millas para utilizar su grande y creciente arsenal nuclear como último recurso? ¿Es realmente impensable en la era de Trump y Putin que una crisis de misiles ruso-estadounidenses, parecido a la CMC no ocurrirá, que en algún lugar, en algún momento, un acontecimiento que recuerde a octubre de 1962, que nadie ve venir y que escalará fuera de control?

Si alguno de estos escenarios se materializa, desearemos fervientemente que hubiésemos atendido a la madre de todas las lecciones de octubre de 1962: haber tenido «suerte»; sin medios para cambiar la naturaleza humana; y en ausencia de un gobierno mundial significativo. Las armas nucleares deben ser abolidas antes de que nos destruyan a nosotros —una conclusión alcanzada por Robert McNamara sobre la base de su experiencia en la CMC y reafirmada por Fidel Castro en un post de YouTube, el 15 de octubre de 2010. En ese mensaje el líder dijo: «El uso de armas nucleares en una nueva guerra significaría el fin de la humanidad... En una guerra nuclear el 'daño colateral' sería toda la humanidad».[11]

 

Día de conmemoración del Sábado negro: El nuevo paradigma en 62 palabras

Así es cómo se comenzaría el proceso de abolición de las armas nucleares:

Establecer el «Sábado Negro» como día global de reflexión, el 27 de octubre cada año,  destacando: (1) la cercanía al Armagedón durante la crisis de los misiles cubanos; (2) la amenaza del Armagedón hoy; (3) la necesidad de abolir las armas nucleares antes de que nos destruyan; y (4) el papel principal del gobierno cubano y del pueblo cubano en esta empresa.

Esa es la idea. Es decir, creemos, que las armas nucleares podrían algún día ser abolidas. No estamos bromeando. Les instamos a leer el capítulo 12 de Oscuro más allá… para saber el porqué. En el mejor de los casos, será un largo camino de varias décadas y puede involucrar a la generación en ascenso —para emprender el esfuerzo.

Esto requerirá cada 27 de octubre una reunión literal y virtual de una masa crítica de talento creativo y con recursos para apoyarlo. Si Naciones Unidas resulta ineficaz, los gobiernos y sus sectores privados necesitarán suministrar las ideas y la energía. En cualquier caso, la lista de invitaciones debe ser larga y distinguida: artistas, cineastas, poetas, escultores, compositores, músicos, dramaturgos y otros deben presentar un arte que capte lo que ellos creen que sucedió y lo que no sucedió (pero estuvo cerca) en el último fin de semana de octubre de 1962. Los artistas creativos también deben cavar profundamente y conectar esa crisis tan antigua y lejana a las amenazas nucleares ahora, algunas de las cuales hemos discutido en Oscuro más allá ... Los ganadores de todas las categorías se anunciarán cada 27 de octubre aquí en La Habana. La ceremonia será vista en vivo en todo el mundo. Las piezas al aire libre esculpidas deben ser colocadas visiblemente en La Habana, Washington, Moscú, y cualquier otra parte.

 

Cuba: la única y futura bisagra del mundo

Concluimos con una invitación a participar en un experimento mental. Imaginemos que esta reunión aquí en La Habana está ocurriendo a finales de octubre de 2062, dentro de cuarenta y cinco años, en el centenario de la Crisis de Octubre. Además, que el Sábado Negro ha sido observado globalmente, y con mayor intensidad, durante casi medio siglo. Y finalmente que, para el 27 de octubre de 2062, las armas nucleares han sido abolidas.

Antes de que manden esta posibilidad a la papelera de la ilusión y el engaño, considérelo. Descubrimos, mientras llevábamos a cabo nuestra investigación sobre esta Crisis, que los aniversarios de los recientes acontecimientos históricos mundiales tienen un poder extraordinario para mover emocionalmente a las personas y para atraer su interés a un grado inimaginable bajo otras circunstancias. Los aniversarios de la CMC —de los cincuenta y cuatro aniversarios acontecidos— cuatro de ellos fueron absolutamente determinantes para nuestro éxito: el 25 (1987); 30 (1992); 40 (2002); y 50 (2012). Durante días, los medios de comunicación fueron inundados con noticias sobre esa Crisis. En cada ocasión, muchos se centraron en la necesidad de eliminar las armas nucleares. Los aniversarios fueron generados por nuestro diminuto equipo de académicos privados, con pocos recursos —aparte de nuestros descubrimientos de la verdad sobre la crisis. Ello constituye casi 7% de los aniversarios disponibles. Pero tal fue el poder del acontecimiento y el de los aniversarios del evento (tal vez irracional, pero innegable), que nosotros y nuestros colegas creamos una revolución sosegada en nuestra comprensión de la crisis de octubre; además, despertó gran reflexión sobre la abolición nuclear que alcanzó mucho más allá de nuestra habitual zona de confort en la academia.

Pero ¿qué pasaría si entre ahora y el 27 de octubre de 2062, 100% de los cuarenta y cinco aniversarios del Sábado Negro se suscitaran de esta manera, pero con mucho más recursos, publicidad y participación internacional de lo que está a disposición de nuestro pequeño proyecto académico sobre la crisis? ¿Podría el impulso hacia una abolición históricamente informada ser irresistible? ¿No vale la pena intentarlo?

Estamos llevando a cabo un proceso impulsado por la devoción a la historia, a los logros artísticos de todo tipo, y a una campaña de relaciones públicas que es global e implacable. Aquí, para provocar su imaginación, no está más que un ejemplo de lo que podríamos llamar arte relevante para la política: los Nueve Gramos que podrían cambiar el mundo (2013) de un joven artista cubano, Reinier Leyva Novo.[12] El artista recortó las cartas reimpresas de la de crisis de octubre entre Castro y Khrushchev, publicadas en octubre de 2012 en el periódico Granma; las trituró, las ató y las colocó en una escala. El papel pesaba nueve gramos, de ahí el título de esta intrigante pieza de arte tridimensional. El destino de toda la humanidad está encarnado en esos nueve gramos de papel desmenuzado.

Para concluir: Debemos pensar como los historiadores: pensemos en Cuba del 27 de octubre de 1962; como futuristas: pensar en el mundo de 2062; como activistas de relaciones públicas para impulsar la abolición nuclear, aniversario por aniversario, siempre que sea necesario, tal vez incluso antes del 27 de octubre de 2062.

Sobre todo: piensa Cuba, la única y futura bisagra del mundo.

 

Referencias

Allison, G. T. y Zelikow, P. (1999) La Esencia de la Decisión: Explicando la Crisis de los Misiles Cubanos. 2da edición. Nueva York: Longman.

Blight, J. G,  Allyn, B. J. y A. Welch, D. A. (2002) Cuba en el borde: Castro, la Crisis de los Misiles y el Colapso Soviético. Rev. Ed., MD: Rowman y Littlefield.

Blight, J.G. y Lang, J. M. (2012) Las cartas del Armagedón: Kennedy/Khrushchev/Castro en la Crisis de los Misiles de Cubanos. Lanham, MD: Rowman y Littlefield.

_____ (2017)  Oscuro más allá de la Oscuridad: La crisis de los misiles cubanos como historia, advertencia y catalizador. LanhamMD: Rowman & Littlefield.

Desnoes, E. (1967) Memorias del subdesarrollo. Desnoes, E. (trad.) Nuevaw York: New American Library,), 145.

Frankfurt, H. G. (1986)  «Sobre la manipulación de la verdad». Raritan Quarterly Review, v. 6, n. 2, otoño.

_____ (2005) Sobre la manipulación de la verdad. Princeton University Press.

_____ (2016) «Donald Trump es un fanfarrón, dice experto en fanfarrones». Time magazine, 12 de mayo.

Freedland, J. (2016) «Politica de Estados Unidos, tan bajo como sea posible». New York Review of Books, 29 de septiembre, 13-5.

Graham T. Allison, G. T (1971) La Esencia de la Decisión: Explicando la Crisis de los Misiles Cubanos. Boston: Little Brown.

Herring, G. (2010) LBJ y Vietnam: Un tipo de guerra diferente. Austin: University of Texas Press.

Kennedy, R. (1971) Trece Días: Una Memoria de la Crisis de los Misiles Cubanos. Nueva York: Norton,

White, T.H. (1958) El único y futuro rey. Nueva York: Collins.

 

 

[1] T. H. White basó su relato en el del escritor inglés del siglo XV, Sir Thomas Mallory, que escribió que en la tumba del rey Arturo un epitafio latino que dice, en inglés, «Aquí está Arturo, Rey que fue, rey que será».

[2] Este ensayo fue presentado en el Segundo Simposio sobre Historia de la Revolución cubana, patrocinado por el Instituto de Historia de Cuba, del 24 al 26 de octubre de 2017, en el Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba. Agradecemos al Dr. Rafael Hernández, editor de la revista Temas por invitarnos a participar.

[3] El libro es un seguimiento de un artículo de 1986 que, en el momento de su publicación, recibió relativamente poca atención. Véase Sobre la manipulación de la verdad (1986), de Harry G. Frankfurt. El libro de Frankfurt combina brillantemente un análisis desapasionado, incluso ocasionalmente tedioso, como si el autor estuviera discutiendo cualquier otro concepto central en la filosofía analítica, como «la verdad», o «la razón», etc., por un lado; mientras que, por el otro, el sujeto de su análisis es «la tontería», lo que le obliga a discutir este tipo de tontería y ese tipo de tontería, y en general dedicar un espacio considerable al significado metafórico del material fecal producido por humanos. La editora, Princeton University Press también lo ha hecho así. En el décimo aniversario de la publicación del éxito de Frankfurt, la prensa publicó un anuncio de página completa en The New York Review of Books. El anuncio tiene una foto de una pila de libros de diferentes colores, y todas las copias de «Sobre la manipulación de la verdad». El subtítulo en la tapa de la página, en letras rojas, dice: «10 años más tarde y sigue siendo amontonado» (2015). Y justo antes de las elecciones presidenciales de 2016, Princeton University Press colocó otro anuncio de página completa de «Sobre la manipulación de la verdad» en cuyo encabezamiento dice, en letras muy grandes: «La tontería es un enemigo de la verdad mayor que las mentiras», que se ha convertido tal vez el pasaje más citado del libro. Véase New York Review of Books, 29 de septiembre de 2016, 15. El anuncio ocupa la página inmediatamente después de la conclusión de un artículo sobre la campaña presidencial que contiene esta frase: «Los derrotados rivales republicanos de Trump pueden testificar que es horriblemente difícil oponerse a un candidato sin restricciones por la verdad o los hechos». Véase «Política de Estados Unidos, tan bajo como sea posible» (2016), de Jonathan Freedland. Ya en mayo de 2016, el propio Frankfurt había analizado el candidato Donald Trump como el arquetipo de un fanfarrón. Véase «Donald Trump es un fanfarrón, dice experto en fanfarrones» (2016).

[4] Esta sección, y la sección siguiente, titulada «La verdad» fueron adaptadas del libro de James G. Blight y janet M. Lang, Oscuro más allá de la oscuridad, capítulos 2 y 3.

[5] La razón por la que el párrafo anterior es solo tanta tontería, más que un paquete de mentiras, es que todo el ejercicio que produjo esta pseudosabiduría deriva principalmente de la necesidad de exclamar «ganamos» —que la crisis era esencialmente un juego en el que Washington se convirtió en el ganador. Sentimientos como estos están destinados a llevarnos a los pies y animar a los buenos por su victoria sobre los malos. Las opiniones expresadas son manifiestamente falsas, pero son tonterías porque las afirmaciones no tienen nada que ver con la verdadera CMC. La narrativa es impulsada por una necesidad que es totalmente irrelevante para el acontecimiento histórico.

[6] La misma afirmación aparece en la segunda edición del libro de Graham Allison: «Durante la crisis, Estados Unidos era firme pero paciente. La Unión Soviética lo miró con dificultad, parpadeó dos veces y luego se retiró» Véase Allison, G. y Zelikow (1999: 77).

[7] Un ejemplo revelador de la ceguera estadounidense ante el papel de Cuba en la crisis está en las influyentes memorias de Robert Kennedy sobre la crisis, Trece Días: Una Memoria de la Crisis de los Misiles Cubanos. El capítulo final se titula «La importancia de ponernos en los zapatos del otro país». Comienza así: «La lección final de la Crisis de los Misiles Cubanos es ponernos en los zapatos del otro país » (1971:102). Esta es una idea importante. Pero también es la única vez que «Cuba» o «cubano» aparece en el capítulo. Como es habitual en los relatos estadounidenses de la crisis, la frase «Crisis de los Misiles Cubanos» se refiere a Cuba solo en pasada como los lugares de estacionamiento temporales en las calles de la ciudad de los misiles soviéticos considerados por Washington como amenazantes para los intereses estadounidenses. Robert Kennedy continúa: «Durante la crisis, el presidente Kennedy pasó más tiempo tratando de determinar el efecto de un curso de acción particular sobre Khrushchev o los rusos que sobre cualquier otra fase de lo que estaba haciendo» (102). Si bien este fue un paso importante, dejar de lado los «zapatos» cubanos fue un grave error de omisión durante la crisis, y lo ha sido también al recordar la historia de la crisis. El sucesor de Kennedy, el presidente Lyndon Johnson le gustaba llamar a Vietnam «ese pequeño y miserable país». (La entrada de Wikipedia para miserable: la define como «una persona o cosa insignificante o despreciable».) La incapacidad de Johnson de ponerse en la piel de los comunistas vietnamitas le costó la presidencia, y él rechazó presentarse para la reelección del 68, después de que quedó claro que sus garantías de que Estados Unidos ganaba la guerra eran falsas. JFK, su hermano Robert y, de hecho, toda su administración trató a Cuba en octubre de 1962 como un «pequeño y miserable país», y casi provocó el fin de la civilización. (citado en Herring, 2010: 31.)

[8] Esta conferencia es el tema de James G. Blight, Bruce J. Allyn y David A. Welch, Cuba en el borde: Castro, la Crisis de los Misiles y el Colapso Soviético (2002).

[9] La incapacidad de los estadounidenses para entender la búsqueda cubana del martirio en la CMC, del noble sacrificio, es algo desconcertante a la luz de episodios míticos similares en la historia de los Estados Unidos. El más famoso de estos es probablemente la batalla de El Álamo, en San Antonio, Texas, en febrero-marzo de 1836. Un par de cientos de «tejanos» (se llamaron defensores de un Texas independiente) escondidos en una misión española casi dos semanas antes de ser asesinados todos por fuerzas mexicanas, bajo el brutal general Antonio López de Santa Ana. El líder del movimiento de independencia de Texas, Sam Houston, hizo buen uso del grito «Recuerden el Álamo», en las batallas subsiguientes con las fuerzas mexicanas. El Álamo en sí, restaurado de su arruinado, heroico esplendor, ha sido durante mucho tiempo el sitio turístico más popular en Texas. Y, por supuesto, la sabiduría de la Guerra Civil Americana está llena de mártires, especialmente (pero no solo) entre los confederados.

[10] Este es el punto argumentado en nuestra breve película animada, dirigida por Koji Masutani, «Estaba Castro loco», disponible en www.armageddonletters.com y https://www.youtube.com/watch?v=q2Y4314xQ0Q.

[11] Robert McNamara comenzó a abogar públicamente por la abolición nuclear poco después de retirarse como presidente del Banco Mundial en 1981, a los 65 años. Sin embargo, su experiencia en la CMC ya lo había convencido de lo que a veces llamaba «la inutilidad de las armas nucleares». Para conocer antecedentes sobre la evolución de McNamara como defensor de la abolición de las armas nucleares, véase, de James G. Blight y janet M. Lang, Las cartas del Armagedón: Kennedy/Khrushchev/Castro en la Crisis de los Misiles de Cubanos (2012: 3-16). Véase Fidel Castro, en un video de YouTube publicado el 15 de octubre de 2010, disponible en https://www.youtube.com/watch?v=1f_UPdbOIH8. Sobre el contexto del video, y el texto escrito de su declaración (que leyó ante una cámara), véase Blight y Lang (2012: 133-38).

[12]La obra de Reiner Leyva Novo aparece en Cuban Art News, 13 de agosto de 2017, como cortesía del artista y de la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston. El artículo está disponible en: http://www.cubanartnews.org/news/exhibition-walk-through-dilated-biograp.... En una conferencia en la Universidad de Wisconsin-Madison, Leyva Novo explica cómo, en esta pieza, intentó capturar el peso de la historia en términos de peso físico. Consulte: https://www.youtube.com/watch?v=P-M6QZOEyvA (La conferencia, con diapositivas, está en español, con interpretación secuencial en inglés).

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