Cuba tal cual es, según Ben Rhodes

You can read the English version here: 

Reseña de Ben Rhodes: El mundo tal cual es, Londres: The Bodley Head, 2018, en particular de los capítulos que se refieren a Cuba.

Lo único que Ben Rhodes sabía con certeza acerca de Cuba cuando comenzó a negociar con el gobierno cubano era que todos los esfuerzos anteriores para mejorar las relaciones habían fallado. Sin embargo, llegó a comprender claramente algunas de las constantes contradicciones de la política de los Estados Unidos hacia su isla vecina. En sus memorias políticas, The World As It Is [El mundo tal cual es], el ex asesor de Obama escribe: “Nuestro Departamento del Tesoro impone al comercio con Cuba un embargo que se estableció en los años 60, aun cuando la USAID trata de enviarles a los disidentes internos teléfonos e impresoras que estarían más disponibles si no existiera un embargo”.[1] .

Rhodes carecía de experiencia en el diseño de la política hacia Cuba. En su primera reunión secreta con representantes cubanos, su respuesta a la lección de historia sobre las agresiones de los Estados Unidos hacia Cuba que le dio Alejandro Castro fue: “Entiendo que esa historia es importante para ustedes, pero yo ni siquiera había nacido cuando ocurrieron muchos de esos acontecimientos”.[2]

Para un estadounidense, estar hoy en Cuba significa enfrentar un sinnúmero de contradicciones relacionadas con la presencia de uno en este país, y es una experiencia que apenas se acerca a lo que significa ser cubano y estar en Cuba hoy día. Dudo que sea posible para muchos estadounidenses, o incluso para funcionarios del gobierno, comprender Cuba como un cubano. Sin embargo, en su memoria, Rhodes presenta una perspectiva sobre Cuba muy diferente a las perspectivas de los anteriores funcionarios estadounidenses. Él ayudó a diseñar los cambios en la política, que incluían sacar a Cuba de la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, disminuir el embargo estadounidense, y restablecer las relaciones diplomáticas. Tales cambios pudieron haber sido una vía para lograr el mismo propósito que el gobierno estadounidense ha perseguido durante seis décadas, promover la “reforma” del sistema económico y político de Cuba, pero se realizaron de modo diferente, sin insistir en el cambio de régimen.

Antes del 17 D (17 de diciembre del 2014), Cuba y los Estados Unidos ya cooperaban en temas tales como lucha contra el terrorismo, migración, prevención de huracanes, y lucha contra el narcotráfico. La historia de sus relaciones prueba que ambos países están, como Rhodes describe, trabados, como “dos boxeadores exhaustos abrazados al contrincante, enfrentados entre sí, aunque necesitándose mutuamente como complementarios”.[3] Existan relaciones diplomáticas formales o no, turismo o no, las inevitables consecuencias de ser vecinos continuarán obligando a ambos países a cooperar de alguna forma.

Aunque entre los Estados Unidos y Cuba ha habido relaciones tras bambalinas desde 1959, el restablecimiento de relaciones diplomáticas en 2014 fue la primera vez, si exceptuamos la visita del ex presidente Jimmy Carter, que los representantes del gobierno estadounidense mostraron públicamente una forma respetuosa de negociar. Esta vez demostraron su voluntad de respetar el mismo tipo de igualdad diplomática que los Estados Unidos otorgan, al menos oficialmente, a la mayoría de los países del mundo. Incluso si el restablecimiento de relaciones diplomáticas fuese una táctica diferente o una vieja estrategia para promover las políticas “pro democracia” de los Estados Unidos en Cuba, los funcionarios estadounidenses, como Rhodes, mostraron que estaban dispuestos a sentarse a la misma mesa con los funcionarios cubanos en calidad de interlocutores diplomáticos iguales.

Rhodes ofrece una visión sobre Cuba compartida por muchas personas que han visitado la Isla: ven un país atrapado en el tiempo, estancado por años de dependencia externa y que persevera en mantenerse así. Si bien es cierto que las calles están llenas de autos muy viejos, y que muchos edificios se están derrumbando, Cuba es un lugar que continúa evolucionando y creciendo como cualquier otro sitio del mundo. Contrario a lo que Rhodes ha sugerido, no es “un lugar congelado en el tiempo por la ausencia del vínculo norteamericano”.[4] Es un error creer que el nexo con los Estados Unidos determina la vida en Cuba. En todo caso, Cuba es un lugar en constante evolución debido a la ausencia de ese nexo. Desde las políticas cubanas en materia de relaciones internacionales hasta las formas en que se reparan las bicicletas, todo se ve afectado, de algún modo, por el bloqueo económico norteamericano, que se anuncia en diversas vallas como el “más largo genocidio de la historia”.

Rhodes enfatiza que, al escribir el discurso que Obama pronunció en el Gran Teatro “Alicia Alonso”, él intentó “pintar el cuadro de un futuro en que hubiera espacio para la historia de todos”.[5] Para Rhodes, todos incluye a los disidentes cubanos que protestan contra el gobierno, a los empresarios que construyen una nueva economía cubana, a los exiliados cubanos en los Estados Unidos, y a los cubanos sin voz en la política y que simplemente quieren una vida mejor. En esta lista se nota la ausencia de los que apoyan fervientemente al gobierno.

Las personas que Rhodes ha dejado fuera, y que muchos estadounidenses se niegan a reconocer, son aquellas que valoran lo que la Revolución ha hecho por ellos y por sus familias, aunque continúan haciendo críticas del sistema cubano y apostando por un mayor crecimiento. Entre todos los cubanos que he tenido el privilegio de conocer aquí en La Habana, este tipo es el más común, lo mismo que muchos estadounidenses que aman nuestro país y se dedican, con grandes o pequeñas acciones, a mejorarlo.

En el momento en que escribo este ensayo, Cuba está inmersa en la elaboración de una nueva constitución. Difícil de imaginar en los Estados Unidos, la nueva constitución tiene la intención de reflejar y basarse en los cambiantes intereses de la sociedad cubana. Sin embargo, esa “sociedad” cubana la integran millones de individuos diversos, cada uno con sus propias esperanzas y sueños para el futuro. Los debates constitucionales son intensos y ampliamente participativos; las críticas sobre el socialismo, el comunismo y las concepciones del gobierno cubano sobre la libertad política se comparten abiertamente, junto con comentarios sobre un amplio espectro de temas. Los debates están organizados por vecindarios, universidades, escuelas y centros laborales. Bastante cercana a la valla que denuncia el bloqueo económico de parte de los Estados Unidos se encuentra otra en que se puede leer: “Reforma constitucional: Mi voluntad, mi Constitución. Soy partícipe de la elaboración de mi Constitución”.

Los debates constitucionales representan solo un ejemplo de cómo me ha confundido la educación que recibí en los Estados Unidos sobre lo que es Cuba. Antes de venir aquí, nunca imaginé que vería a un estudiante cubano de pie en un auditorio preguntar: “¿Si el proyecto constitucional garantiza la libertad política, entonces cómo puede decir que el Partido Comunista, como fuerza superior de la sociedad y del Estado, trabaja para organizar y orientar los esfuerzos comunes hacia la construcción del socialismo?” Este comentario fue escuchado con respeto y total atención. No estoy ofreciendo este ejemplo con la intención de significar que los ciudadanos cubanos disfrutan de total libertad política o libertad de expresión. Hay un solo partido político en Cuba —el Partido Comunista—, aunque se pudiera decir que las elecciones de dicho partido son más democráticas que cualesquiera otras elecciones en los Estados Unidos. Aquí no hay campañas multimillonarias, el dinero no representa como en los Estados Unidos una ventaja para ningún candidato.

Puedo decir que la situación en Cuba es mucho más compleja que la dicotomía enunciada por muchos estadounidenses y cubanos. En ocasiones se presenta a Cuba como un país en el que no hay ninguna libertad política o en el que hay total libertad política; ninguna libertad de expresión o total libertad de expresión; ningún respeto a los derechos humanos o total respeto a los derechos humanos. La realidad está de algún modo en un punto medio, realidad con las que muy pocos están familiarizados. El análisis de Cuba que hace Rhodes habría sido mejor, paradójicamente, si hubiera reconocido las complejidades de la situación política de Cuba.

Rhodes ofrece básicamente la impresión de que el pueblo cubano está atascado en medio de una guerra política, incapaz de vivir feliz y libremente. Lo describe como seres sin entusiasmo a causa del anacronismo del viejo régimen y listos para un cambio. Aunque es cierto que algunos cubanos están listos para un cambio, Rhodes es incapaz de ver cómo las políticas revolucionarias se manifiestan en la vida diaria de este país. Por ejemplo, de presenciar a un médico de la familia ofreciendo de forma gratuita una sesión de ejercicios para mujeres de la tercera edad en un parque público; de ver a escolares de todas las razas en un aula de tercer grado; de visitar un hogar materno o una casa de abuelos. Yo tengo el privilegio de haber presenciado todos estos ejemplos de la bondad, la atención y la igualdad en Cuba. Alguien me dijo hoy que Cuba no es el infierno que algunas personas describen que es; pero tampoco es el paraíso. La luz se va en los hospitales; los enfermos, los ancianos y los jóvenes tienen que subir por las escaleras cuando se va la electricidad o el ascensor está roto; los maestros pueden llegar a las escuelas y no haber un aula disponible o libros con los que enseñar. Sin dudas, el embargo ha dañado al pueblo cubano; y el gobierno cubano no siempre ha diseñado políticas económicas eficaces para afrontar el embargo y sus desafíos.

El racismo, el sexismo, la homofobia y la desigualdad de ingresos aún existen aquí, a pesar de los años que, a través del discurso del gobierno se ha insistido en que es diferente. Rhodes no mencionó estos temas sociales en la misma medida que las demandas políticas, pero es necesario reconocer su existencia. Las diferencias entre la forma en que estas estructuras de opresión existen en los Estados Unidos y Cuba se basan en que, de un lado, están institucionalizadas, mientras que, de otro, se trata de prácticas sociales que expresan el prejuicio y la discriminación.

Según Rhodes, el gobierno cubano lleva a cabo una represión intensa para prolongar una era de desfasado régimen revolucionario. Muchas personas aquí me han expresado su amor genuino por Fidel; se han declarado orgullosamente miembros del Partido Comunista. No creo que en estos casos pudiera considerar que se trata de un lavado de cerebro, como tampoco lo creo del mismo orgullo con que muchos estadounidenses mantienen su afiliación política. Así como existe un doble rasero cuando los estadounidenses critican Cuba, debe hacerse énfasis en que muchas de las libertades de que disfrutamos en los Estados Unidos no existen aquí. No tengo ni el conocimiento ni la autoridad para comentar si hay prisioneros políticos en Cuba, preocupación principal de la administración Obama y tema importante en el análisis de Rhodes.

Uno de los momentos más sorprendentes de las descripciones de Rhodes acerca de los encuentros con funcionarios cubanos es su reunión con el ex presidente cubano Raúl Castro. Cuando el equipo de negociación estadounidense exhortó a los cubanos a reformar la economía, a permitir que negocios extranjeros contratasen cubanos directamente y a mostrar más contención en su tratamiento a los que protestan, Raúl respondió: “Saben qué... a los estadounidenses les gusta darle caramelos a la gente, para hacer lo que ellos quieren en América Latina. Pero Cuba no está interesada en caramelos”.[6] La larga historia sobre la insistencia de Cuba en su soberanía y su autonomía apoya esta aseveración. Sin embargo, no se debe malinterpretar esta declaración como una falta de cooperación. Se trata de recordarle a los Estados Unidos, acostumbrados a prescribirles los planes políticos y económicos a otras naciones soberanas, que el gobierno cubano siempre actuará, en primer lugar y sobre todo, según su propia decisión.

Esta independencia de acción es algo que también esperan los Estados Unidos en sus propias relaciones internacionales, aunque la respeta poco cuando se trata de Cuba. Yo exhorto a mis compañeros estadounidenses a imaginar que cualquier país del mundo amenazara con terminar las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos a causa de las masivas violaciones a los derechos humanos que ocurren diariamente en nuestras prisiones, donde están encarcelados uno de cada cuatro prisioneros en el mundo. Allí no hace falta ser un disidente político para caer preso; en los últimos meses, la administración Trump ha intentado justificar una y otra vez el tratamiento ilegal e inmoral a niños inmigrantes en campos de detenidos.

El tema de los presos fue fundamental en las negociaciones de Rhodes con Cuba. Uno de los objetivos principales del gobierno estadounidense fue asegurar la liberación del contratista de la USAID Alan Gross de su prisión en Cuba. Aunque varios actores del gobierno y el propio Gross han negado las acusaciones de intentar fomentar la disidencia política en Cuba, Rhodes admite que Gross estaba, en efecto, tratando de entregar tecnología a los disidentes cubanos. Uno se puede preguntar, naturalmente, qué pasaría si Cuba enviara agentes a los Estados Unidos bajo el disfraz de la asistencia humanitaria para conspirar en contra del gobierno de ese país. Para comprender esa dinámica no hace falta ir más lejos que el ejemplo vergonzoso de los Cinco Cubanos presos en los Estados Unidos. Aunque se trataba de un punto clave para negociar la liberación de Alan Gross , el caso de los Cinco era relativamente desconocido en los Estados Unidos. Arrestados en 1998 por obtener información acerca de las conspiraciones terroristas en Miami contra Cuba, los Cinco fueron encarcelados en 2001 bajo sentencias que iban desde 13 años hasta cadena perpetua, después de un juicio que el propio abogado de Alan Gross calificó como “una desgracia”.[7] Al final de las negociaciones, Alan Gross y un agente de la inteligencia norteamericana no identificado fueron liberados a cambio de los tres cubanos que aún permanecían en cárceles estadounidenses.

Cuando Rhodes salió de La Habana en 2014, dejó atrás, como posible legado, unas de las negociaciones más exitosas entre los Estados Unidos y Cuba de la era posrevolucionaria; además del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, se autorizó mayor intercambio pueblo a pueblo, y también algunas transacciones financieras con Cuba. Se estableció el servicio postal directo, y aunque puede demorar en llegar hasta seis semanas, el intercambio postal representó un incremento simbólico de la comunicación. He podido aprovechar este servicio; la semana pasada le envié a mi familia en Nueva York unas postales desde La Habana con una imagen de Fidel Castro sosteniendo una camiseta con la imagen “I ❤ NY”. Con buena suerte llegarán a casa antes que yo.

Existe un interés bilateral por parte de los Estados Unidos de abrir el comercio de productos agrícolas, medicamentos y tecnología. Se espera que pronto se ratifique el proyecto de Ley Agrícola, con una enmienda que permitiría que se usen los fondos de los contribuyentes de ese país para programas del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, bajo la gestión de organizaciones independientes, que promuevan la exportación a Cuba de productos y alimentos agrícolas.[8] De acuerdo con el Título III de la Ley Helms-Burton, el presidente, sin la aprobación del Congreso, puede modificar legalmente el embargo. No obstante, quizás una limitación de ese tipo sea un signo positivo en los años restantes de la presidencia de Trump. Como muchas administraciones en el pasado, esta ha anunciado una política para promover un cambio de régimen en Cuba. Para la administración Trump, el cambio de régimen significa un “enfoque orientado a cambiar el comportamiento del liderazgo del régimen, ya que no será posible reemplazar a los que dirigen tal régimen”. Esto podría traducirse al reconocimiento, por parte de los Estados Unidos, de que los tiempos están cambiando en Cuba, de que los Castro ya no están en la presidencia, y de que las calificaciones de “dictadura” son ineficaces con la existencia de un nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.

Aunque los anticubanos de línea dura, como Marco Rubio, aún dominan la visión sobre Cuba en el Congreso de los Estados Unidos, el consentimiento de Rubio en relación con la Ley Agrícola podría significar un paso en la dirección correcta. De acuerdo con el Título III de la Ley Helms-Burton, en última instancia le compete al Congreso la total eliminación del embargo, el paso de mayor relevancia que debe efectuarse para restaurar las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. El levantamiento del embargo daría finalmente al traste con casi seis décadas de bloqueo económico; en cuanto a cuál sería el siguiente paso, esto representará un desafío para ambas partes, a la hora de superar el statu quo, y continuar la trayectoria de Rhodes y sus contrapartes cubanas en la negociación. Del lado cubano, existe una preocupación legítima acerca de un posible “tsunami americano”, que cambie de mala manera el modo de vida en la Isla. Es más fácil para ambos gobiernos continuar con las políticas obsoletas en ambas direcciones; el cambio es difícil. Sin embargo, ambos países se beneficiarían enormemente de la mejoría en las relaciones, en los campos de la salud, la educación, el comercio y otros. Espero que se encuentre un camino que valga la pena para ambas partes.

Todos los martes, miércoles y jueves tomo el P2 desde la esquina de las calles G y 9 hacia la Universidad de La Habana. Estudio la obra escrita y el pensamiento de Félix Varela y Morales, Enrique José Varona, José Martí y Fernando Ortiz, junto a treinta estudiantes universitarios cubanos. Yo, una ciudadana estadunidense, cuyos antepasados presenciaron la historia de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba desde una perspectiva muy diferente, del otro lado del océano.

La historia podría ocurrir por casualidad, o quizás por una razón. Pero en cualquiera de los dos casos, entre Cuba y los Estados Unidos continúan existiendo lazos de una intimidad singular. Una frase en The World As It Is me es muy cercana, por el tiempo que he estado en La Habana; la que aparece en un discurso escrito por Rhodes y pronunciado por Obama en el Gran Teatro “Alicia Alonso” durante su viaje a Cuba. Frente a Raúl Castro, y un auditorio de cubanos y estadounidenses, Obama declaró: “Conozco la historia, pero me niego a verme atrapado en ella”.[9] Mirando hacia el futuro, ojalá que todos nosotros conozcamos la historia, y evitemos quedarnos atrapados en ella.

La Habana, noviembre de 2018.

Traducción: Rogelio Frank Luis Castro.

 

 

* Maya Bernstein-Schalet es estudiante estadounidense en el semestre sept.-dic. 2018, del programa que coauspician el Consorcio de la Universidad de Brown y la Casa de las Américas, en La Habana.

[1] Rhodes, 46.

[2] Ibid., 215.

[3] Rhodes, 348.

[4] Ibid., 347.

[5] Ibid., 358.

[6] Rhodes, 351.

[7] William M. LeoGrande y Peter Kornbluh, Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations Between Washington and Havana, (Chapel Hill: The University of North Carolina Press), 2015, 429.

[8] U.S.-Cuba Trade and Economic Council, Inc., “Cuba & The 116th U.S. Congress: Who’s Who”, Nueva York, https://www.cubatrade.org/blog/2018/11/7/cwi0si2se6yigpvnualu56dq4m7zi8, consultado el 9 de noviembre del 2018.

[9] Rhodes, 351.

Añadir nuevo comentario

q
t
x
h
q
o