Hacer “trabajo de campo”: avatares de la sociología de las desigualdades en Cuba

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La frase “trabajo de campo” hace referencia a un espacio-momento de la investigación social que pone en relación directa a investigadores e investigados (con diferente intensidad en dependencia del enfoque metodológico y las técnicas elegidas) y que se concentra en la colección de evidencias empíricas, en la producción de datos primarios (es decir, datos propios para la investigación de que se trate y en cierta medida novedosos y diferentes a los producidos por los censos y las estadísticas continuas oficiales de cualquier país) sobre un determinado tema de estudio.

Este espacio-momento forma parte de la mítica de las ciencias sociales, especialmente de la sociología, la antropología, la psicología social y ciertas zonas de la economía y la historia, porque pone a prueba la capacidad empática de estas disciplinas, y de sus portadores y portadoras, para sumergirse en la vida de otros, observarlos, interrogarlos, dialogar, captar la diversidad de mundos sociales, sus matices, particularidades y patrones repetitivos. Convierte a los y las profesionales de estas disciplinas en puentes, enlaces, traductores y nómadas entre los mundos de vida.

En las metodologías clásicas, de corte positivista, en las que la separación sujeto- objeto obra como clave del alcance de resultados “objetivos”, al trabajo de campo se reserva un momento claramente delimitado y organizado al detalle: la fase empírica de producción de datos, que es antecedida por el diseño de la investigación y continuada por el procesamiento y el análisis. Diseño y análisis recurren a la teoría como hilo conductor de la ubicación de las evidencias en contexto y para extraer conclusiones generalizables. Muestras grandes, indicadores cuantitativos y herramientas masivas y estandarizadas como la encuesta, son técnicas de preferencia para este enfoque.

En las metodologías cualitativas, centradas en la relaciones y en las percepciones, y especialmente en las metodologías reflexivistas (aquellas que asumen la horizontalidad de la relación investigador-investigado y la condición de sujeto reflexivo de ambos) el diseño es abierto, poroso y progresivo, las fases del proceso investigativo, así como los referentes teóricos y empíricos, se entrecruzan y el trabajo de campo deja de ser un momento único y cerrado y a él se recurre como fuente sistemática de información e identificación de matices, en cualquier etapa de la investigación. Las muestras relativamente pequeñas, seleccionadas por criterios de representatividad cualitativa de la diversidad esperada en el tema estudiado, las entrevistas grupales e individuales y todo el arsenal cualitativo es la preferencia en esta perspectiva, cuya cúspide, por la potencia de la reflexividad compartida, es la Investigación Acción Participativa y el socioanálisis.

La idea que quiero resaltar es que los problemas que estudian las ciencias sociales, en medida sustantiva y con independencia de la “secta metodológica” a la que se pertenezca, exigen acceder al objeto de estudio allí donde este se manifiesta, en su campo real, lo que implica instrumentar (diseñar, organizar, implementar) una relación directa con la diversidad de actores involucrados en tales problemas, tomar contacto con sus formas de vivir, observar sus circunstancias y entender cómo las narran, sus opciones de vida y soluciones cotidianas. La calidad de este proceso de diálogo e intercambio sujeto-sujeto, de interreflexividad, es uno de los elementos de legitimidad de las conclusiones a que arriba una investigación. Una de las “pruebas de verdad” de las investigaciones sociales es la garantía de que se interrogó/observó un segmento suficientemente representativo (por cantidad y/o cualidad) del objeto estudiado, de que se recorrió su espectro de manifestaciones diversas posibles, o al menos las más relevantes para lo que se desea develar.

Hacer un análisis detallado del trabajo de campo, de su lugar en el proceso investigativo y su situación en Cuba, es una tarea pendiente e imprescindible, como todas las que tienen que ver con las condiciones de posibilidad de las ciencias sociales cubanas en los últimos 50 años, tareas que se nos han convertido en una deuda cognoscitiva cada vez más grande y donde encontraríamos respuestas a interrogantes como por qué la institucionalidad existente en el país en ciencias sociales, amplia y extendida en comparación con la escala de nuestra sociedad, no ha logrado revertirse en una producción significativa, innovadora y propositiva en el contexto nacional y regional, semejante a lo que ha sucedido en otras ramas del saber, como por ejemplo la biotecnología y la investigación médico farmacéutica.

No tengo ocasión de dedicarme a tal análisis, propio para entendidos en sociología del conocimiento, y aquí solo quiero comentar, de forma breve e inacabada, y expuestas como vivencia no como “conclusión científica”, algunas preocupaciones sobre el trabajo de campo y la producción de datos primarios, que, en mi opinión son elementos devaluados, por diferentes circunstancias, en la investigación social en Cuba desde los 90s hasta hoy, con la consecuente pérdida de calidad y debilitamiento de las conclusiones a que arriban estas disciplinas. Aunque intuyo que son circunstancias compartidas y comunes a la mayor parte de las áreas de las ciencias sociales, no quiero dar mi intuición como verdad y me concentraré en la sociología de las desigualdades, tema que he trabajado ya por muchos años, y al que le es consustancial e irrenunciable un trabajo de campo amplio, que recorra diferentes escalas (estudios de caso, historias de vida, datos masivos estandarizados), sistemático, repetitivo y renovado, que sea capaz de capturar los cambios en los patrones de reproducción de las estructuras de desigualdad en dirección favorable (hacia mayores niveles de equidad e integración social) o desfavorable.

Sin pretensión de causalidad completa considero que el entrelazamiento de al menos tres tipos de factores tiene como resultado una devaluación del trabajo de campo y un debilitamiento de las posibilidades para crear las condiciones de aseguramiento de la calidad en la producción de evidencias propias en la investigación de las desigualdades en Cuba. Como esto es una narrativa vivencial no pretendo un listado exhaustivo, listo solo los temas que más me han afectado en mi experiencia como investigadora:

Un primer factor al que quiero referirme es de naturaleza económica: la insuficiencia de recursos de las instituciones que trabajan el tema. El trabajo de campo exige financiar movilidad por el país, estancias, más o menos largas, en diversos territorios, comunidades, colectivos laborales, asegurar la creación de condiciones para interrogar diferentes actores y observar procesos sociales diversos, contratar personal de apoyo en algunos casos. En los años 80s el presupuesto centralmente transferido a las instituciones de investigación, en virtud de una estrategia y agenda previamente aprobada, garantizaba en mínimos aceptables organizar estos procesos y, más allá de debilidades y carencias de otra índole, la construcción de evidencias empíricas primarias estuvo entre los elementos fundamentales que hicieron posible armar un panorama abarcador de la estructura social cubana, de los segmentos que la integraban, las tendencias de la movilidad social y de algunas fallas de equidad ya observables. La crisis de los 90s debilitó el sistema de presupuesto centralizado y generó como alternativa la modalidad de instituciones semipresupuestadas (recibían asignaciones para salario y gastos básicos y se amplió su “objeto social” para que, a partir de la venta de publicaciones y la oferta de servicios técnicos incrementaran sus ingresos), revocada en los 2000s antes de que diera sus mejores frutos. Con la actual reforma el sistema de financiamiento de la investigación social es un tema en discusión, pero todavía sin soluciones.

Otro conjunto de factores se asocian a limitaciones de índole política y organizativa. Sucede que todo trabajo de campo requiere de una autorización para su aplicación. Según entiendo, porque no he podido leer un documento que norme este proceso aunque quizás exista, la institución que hace la investigación debe presentar a sus autoridades de nivel superior el diseño del estudio, los instrumentos y la selección muestral y estas consultan al Partido, quien debe dar un criterio de pertinencia y aceptación o no. En mi experiencia personal el proceso es largo y poco claro en cuanto a plazos establecidos y criterios para tomar la decisión y puede alargarse casi indefinidamente. En la práctica parece ser que (lo digo sin pruebas concluyentes) mientras más extenso sea el trabajo de campo (mayor cantidad de territorios, muestras grandes, encuestas masivas) la probabilidad de no autorización o de retardo aumenta, mientras que estudios cualitativos pequeños se aceptan más fácilmente.

Algunas instituciones reciben encargos estatales para investigar determinados temas que se consideran relevantes, por ejemplo, pobreza, empleo, y ello les garantiza recursos básicos y las autorizaciones necesarias, pero es una opción limitada a pocas instituciones, es asistemático (no se repiten los estudios con la sistematicidad requerida) y no se divulgan los resultados en su integralidad. Por otra parte, ello crea una especie de monopolio oficial sobre temas específicos lo que obstaculiza la producción de visones múltiples, contrastantes y quizás polémicas, sobre problemas esenciales de la sociedad y cierra la posibilidad de contar con variantes de solución distintas que amplíen el repertorio de soluciones a escoger pro las políticas sociales.

Por otra parte, las elecciones muestrales y de enfoque en los temas de desigualdad dependen de acceder a una buena información censal y estadística y de encuestas oficiales precedentes, como por ejemplo los grupos sociales y su peso en la estructura social, los niveles de ingresos, condiciones de vida, niveles de pobreza, etc. y poder develar tendencias en el tiempo y momentos de cambio. Las estadísticas cubanas sobre estos temas, amplias y abarcadoras en otros tiempos, se han ido reduciendo, al menos la información pública, y con frecuencia varía la forma de captar la información. Ello genera brechas informativas, obstaculiza la identificación de tendencias y obliga a usar data proxi y a trabajar un poco a ciegas.

Súmese que, a pesar de esfuerzos organizativos tendentes a la interconexión y cooperación de centros de investigación afines, como puede ser el Polo de Ciencias Sociales y Humanidades y las múltiples comisiones que se forman para responder a encargos específicos hechos por la dirección del país y que involucran a instituciones diversas (lo que se ha reforzado por los diferentes grupos formados para asesorar el actual proceso de reforma económica), en la práctica cotidiana las agendas de investigación siguen siendo institucionales, parceladas, disciplinares, atomizadas y territorializadas, lo que dificulta establecer alianzas para compartir temas de forma multidisciplinar e interinstitucional , incluyendo trabajos de campo conjuntos.

Un tercer tipo de circunstancias que afectan la realización de trabajos de campo “robustos” en los estudios de desigualdad tiene que ver con cierto retraso técnico instrumental. Se trata más bien de una resultante de los factores económicos y político-organizativos antes descritos al combinarse con un limitado contacto con los circuitos regionales e internacionales de estudios de las desigualdades (excepción hecha de los intercambios y financiamientos propiciados por el programa CLACSO-CROP). En este campo de estudios se han estandarizado herramientas potentes raramente utilizadas en Cuba por falta de experiencia, capacitación y de condiciones óptimas para su aplicación. Puede verse todo un espectro que incluye los estudios de redes (solo aplicados aquí en su versión cualitativa de pequeño alcance) o los métodos de expertos para evaluar y pronosticar tendencias de cambio en la composición social de la sociedad y sus cotas de desigualdad, ausentes de nuestras investigaciones sociales, entre otros. Internet ha abierto una vía de interrogación y diálogo entre cuyas ventajas se aprecia abaratar costos de aplicación de instrumentos de interrogación, una democratización de la indagación porque el interrogado siempre puede dar respuestas inesperadas y enviar mensajes fuera de los estandarizados. Esta vía de consulta no está aún disponible para nosotros por lo circunscrito de su alcance y usos en el país, que solo permite acceder a un segmento limitado de los grupos sociales en el contexto nacional, aunque creo que ya puede ser utilizada siempre que sepamos quién puede acceder y qué temas tratamos. Programas radiales y televisivos (como Lucas) aprovechan las posibilidades comunicativas del correo electrónico, las redes sociales y la telefonía celular para trasmitir mensajes y recabar respuestas y opiniones.

Dejo mi listado de avatares aquí y enfatizo en dos de sus resultantes que considero de la mayor relevancia:

Tendencia a la cualitativización de los estudios de desigualdad. Se aprecia una preferencia, o elección por falta de alternativas mejores, por metodologías cualitativas y estudios de caso, comunitarios o de grupos y colectivos, no conectados con una visión general del estado de la desigualdad en la sociedad cubana, que no triangulan con informaciones de otros niveles y escalas. Estos estudios ofrecen información valiosa a su nivel, pero siempre dejan brechas y permiten dudar de si se trata de singularidades o de tendencias estadísticas extrapolables a la sociedad en su conjunto o a una parte reconocible de ella, lo que disminuye su posibilidad de utilización para discernir procesos de cambio y tomar decisiones.

Ausencia de investigaciones comparadas internacionales y pocas intranacionales. Esta ausencia impide establecer peculiaridades nacionales o territoriales y verificar en qué medida la sociedad cubana forma parte de tendencias regionales o globales y cuales rutas de cambio le son exclusivas. En relación con esto, es difícil aprovechar y adaptar experiencias exitosas de otros países en términos de políticas sociales de equidad y reconocer nuestros propios avances y limitaciones. El esfuerzo por construir Índices de Desarrollo Humano Territorial a escala municipal, avanzado en Cienfuegos y Las Villas, fuente imprescindible para discernir sobre desigualdades territoriales en un momento en que el país transita hacia la descentralización municipal y en que se requiere de información que permita tomar decisiones sobre qué territorios y en qué medida y formas necesitarán apoyos centrales, no ha logrado extenderse a todo el país.

No es imposible revertir esta negativa situación, que considero más bien una consecuencia colateral del retraso en el necesario proceso de renovación de la agenda científica del país y del lugar de la ciencia en el modelo de desarrollo. Modificar las actuales circunstancias demanda producir una plataforma de concertación que delibere sobre tres puntos elementales, entre otros muchos posibles:

La concepción de la investigación social en la vida política del país. Mi postura es que es necesario desplazarse desde la concepción instrumental vigente (las ciencias sociales son un dispositivo técnico que producen información significativa para la toma de decisiones) hacia una democrática (las ciencias sociales son un dispositivo de auto reflexión crítica de la sociedad y producen información significativa para la sociedad en su conjunto), liberando con ello sus accesos a información y a sus “sujetos” y exigiéndole al transparencia y divulgación de sus resultados.

La agenda temática y las fuentes de financiamiento de la investigación social. Vale analizar la combinación de encargos temáticos y presupuestos centralizados para investigaciones de interés del estado central, con encargos y pagos desde otros niveles de gobierno (provincia, municipios) e instituciones (organizaciones de la sociedad civil, empresas, cooperativas, etc.) y con otras fuentes diversas de ingresos (generación de presupuestos por servicios técnicos, docentes, etc., cooperación internacional).

 Nuevas redes y formas organizativas y de interrelación. Aunque atendiendo al espíritu de los Lineamientos se espera una remodelación de los centros dedicados a las ciencias sociales, que elimine solapamientos y duplicaciones y, eventualmente, los funda y reduzca, el país está cubierto en todos sus territorios por algún tipo de institución que realiza alguna variante de estudios sociales (y vale también para el tema de la desigualdad social) como pueden ser facultades y centros universitarios, instituciones vinculadas a los servicios de salud o educacionales, dispositivos locales de producción de información , como pueden ser las direcciones provinciales del IPF y la ONEI , etc. muchas de las cuales se conservarán en el futuro inmediato. Ello representa una oportunidad todavía desaprovechada para la gestión articulada y concertada del conocimiento y para la captación de evidencias empíricas en procesos de investigación que respondan a una agenda conciliada territorialmente. Por otra parte, parece oportuno dados los tiempos de renovación, actualizar el panorama de las asociaciones científicas, llenar los vacíos existentes (la sociología es la eterna huérfana en este sentido) y, lo que me parece más contemporáneo, fomentar un asociativismo transdisciplinar y de redes virtuales, que permita conexiones, deliberaciones y apoyos rápidos y de calidad. Un encargo relevante para las asociaciones científicas es el de organizar la inclusión en las redes y circuitos regionales e internacionales de mayor calidad con sentido estratégico y superar a ritmo acelerado nuestro retraso metodológico.

 

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