Invertir en el futuro. Los desafíos del intercambio académico con los Estados Unidos

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Foto de portada: Estudiantes de la Universidad de Brown en el Malecón habanero. Foto: Sitio web de la Universidad de Brown.

 

El 16 de junio de 2017 el presidente Donald Trump anunció que iba a "restringir transacciones y viajes" a Cuba como parte de su política anunciada en un memorando de seguridad nacional.[1] La combinación de las nuevas medidas de su gobierno a través de la OFAC, emitidas en noviembre del año pasado, las advertencias del Departamento de Estado desde septiembre sobre el riesgo de viajar a Cuba y la repercusión del huracán Irma en el mismo mes, han creado una situación que afecta seriamente la decisión de los ciudadanos norteamericanos de viajar o no a Cuba. Los programas académicos han sufrido un daño colateral de este conjunto de factores. Siguen operando, pero debilitados y por debajo de su potencial.

Existen dos tipos de programas académicos de los Estados Unidos en Cuba: programas de semestre y programas de corto plazo. Los primeros tienen una duración entre 12 y 16 semanas y envían sus estudiantes generalmente a matricular en cursos regulares en una universidad cubana, principalmente en la Universidad de La Habana (UH). La UH ha tenido más de 150 estudiantes norteamericanos en el año académico 2017-2018, cifra ligeramente menor que el año anterior.[2]

Los programas académicos de corto plazo tienen también una institución cubana como contraparte, pero los cursos suelen durar entre una y seis semanas, muchas veces las clases se imparten en inglés –por profesores cubanos, a veces con traducción, o por profesores acompañantes de los Estados Unidos–, no siempre por crédito académico y muchas veces con componentes más prácticos. Son estos últimos los que se han visto más afectados por las medidas de la administración Trump.

Yo dirijo un programa “híbrido” que colabora con la Universidad de La Habana y Casa de las Américas, una de las varias instituciones cubanas autorizadas a proveer cursos académicos a estudiantes extranjeros. El programa se basa en las sólidas relaciones académicas que la Casa de las Américas ha desarrollado con la Universidad de Brown por más de diez años. Desde la inauguración del Consorcio de Estudios Avanzados en el Exterior (CASA-Cuba por sus siglas en inglés) en el otoño de 2015, hemos facilitado estudios e investigaciones a más de 150 estudiantes de los Estados Unidos. Muchos de ellos ven su experiencia en Cuba como “la más transformadora de su vida”, que “ofrece visiones alternativas de la historia, el sistema de salud, la educación”, que cambia la “noción de ciudadanía” y “las relaciones sociales” de los jóvenes (citas de estudiantes graduados del programa). Los programas de semestre operan en español y requieren un conocimiento adecuado del idioma –un requisito para cualquier experiencia seria de inmersión cultural. Estos jóvenes entre 19 y 22 años se sientan al lado de cubanos de su edad en los aulas calurosas de las universidades cubanas y escuchan, leen y discuten temas como la ideología de la Revolución cubana, la historia de los Estados Unidos o la biodiversidad que comparten sus dos países. Pocas experiencias se pueden parecer más a un verdadero intercambio “pueblo a pueblo”. Las medidas recientes nos han afectado solo ligeramente en nuestro plato fuerte –los programas de semestre– porque las nuevas regulaciones no cambian mucho este tipo de intercambio académico. Pero sí decidimos no ofrecer un curso de verano previsto para 2018 en el contexto creado por las nuevas medidas.

 

Historia de los programas académicos

Después de la apertura de programas académicos durante la segunda administración Clinton (1997-2001) y la creación de los primeros programas de semestre en Cuba a partir del año 2000, el gobierno de George W. Bush debilitó la mayoría de ellos.[3] Antes (y después) ha habido individuos que, de manera excepcional, lograron cursar estudios en Cuba, pero por lo general es a través de convenios entre instituciones académicas de ambos países. Cuba ha tenido durante mucho tiempo programas similares con otros países –a veces como un verdadero intercambio, facilitando también a jóvenes estudiantes cubanos pasar un semestre o dos en otro país (por ejemplo, con la Universidad Humboldt, de Berlín).

A partir del año 2003, la administración norteamericana quiso prohibir los programas más populares –de corto plazo, por sus costos más bajos– y alegó que a veces se prestaba para una especie de turismo (ilegítimo).[4] Esta situación cambió durante la administración de Obama, cuando a partir del año 2011, esta comenzó a ampliar nuevamente las transacciones permitidas hacia Cuba.[5] Como una especie de paso temprano hacia la "normalización" de las relaciones con Cuba, y entre otras medidas orientadas a facilitar viajes a Cuba, se eliminó el requisito de una duración mínima de diez semanas.

El conjunto de medidas tomadas por el gobierno de Obama a partir del 17D (2014) cambió considerablemente el terreno Cuba-EEUU. Hasta 2015, ir a Cuba les parecía a los norteamericanos como viajar a un país prohibido que patrocinaba el terrorismo, a donde no llegaban vuelos regulares y desde donde era muy difícil comunicarse. Eso cambió. Ahora hay vuelos comerciales, compañías telefónicas norteamericanas brindando servicio roaming en Cuba y un Internet más rápido y accesible que nunca. Estos y otros cambios han tenido un impacto positivo en la disposición de las administraciones universitarias norteamericanas de abrirse hacia Cuba. Según estadísticas oficiales, el número de norteamericanos estudiando en Cuba ha crecido de 375 en 2010-2011 a 3 781 en 2015-2016, o sea, casi 1000% en solo cinco años.[6]

Sin embargo, otros anuncios de cambios importantes no se han materializado aún: el pago con tarjetas de crédito o débito norteamericanas, la autorización de transferencias bancarias directas, o el fin del gravamen del 10% sobre el dólar estadounidense en Cuba. Estas dificultades siguen pesando sobre cualquier programa académico que tiene que mover fondos considerables para su funcionamiento adecuado en otro país. Los oficiales de finanzas en las universidades norteamericanas que atienden los programas de Cuba siguen teniendo pesadillas y requieren una alta dosis de flexibilidad y paciencia para poder hacer un trabajo responsable y eficiente. Aun así, el candidato presidencial y senador Marco Rubio criticó las nuevas regulaciones de viaje a Cuba por ser demasiado blandas y argumentó que los burócratas dentro del Departamento de Estado han suavizado las intenciones del presidente.[7]

 

De las restricciones de viaje

A las restricciones administrativas se añadió una advertencia de viaje por el Departamento del Estado. El 29 de septiembre de 2017, el Departamento recomendó a sus ciudadanos no viajar a Cuba porque podrían ser víctimas de misteriosos ataques sónicos. Cuatro meses más tarde, cambió la categoría de advertencia y recomendó reconsiderar los viajes a Cuba.[8] Aunque no prohíben directamente viajar, el problema con este tipo de advertencias es que ciertas universidades públicas y privadas no permiten usar sus fondos para facilitar viajes a destinos que se consideran peligrosos. Desde luego hubo casos de administradores y estudiantes que no pudieron viajar a la Isla por esta razón. Varias organizaciones y agencias de viajes se han pronunciado al respecto y calificaron estas medidas como “políticamente motivadas”, y declaran a Cuba como uno de los destinos más seguros del mundo.[9] Otro efecto negativo sigue siendo la reducción de más de la mitad del personal diplomático de la embajada de los Estados Unidos en La Habana y la decisión punitiva de expulsar a parte del personal diplomático cubano en Washington.[10] Las visas académicas requeridas para las actividades educativas son ahora más difíciles y a veces imposibles de obtener debido a que el personal consular está drásticamente reducido.

El huracán Irma fue un desastre natural que causó severos daños en Cuba y en los Estados Unidos. Pero la forma de reportar sobre los daños y las respuestas del Estado están hechas por seres humanos y por lo tanto tienen un factor político-social. En los medios norteamericanos se reportaron imágenes desastrosas sobre Cuba. Varios programas académicos decidieron evacuar a sus estudiantes del país durante el huracán, pero todos regresaron a la Isla, lo cual es una muestra de confianza en el país y en su habilidad de recuperarse de desastres naturales. Pero es inevitable que los padres de futuros estudiantes, cuando decidan si envían a sus hijos a La Habana o Barcelona, tengan en su mente las imágenes reportadas del desastre. Estos factores, en su conjunto, limitan las decisiones y posibilidades de ampliar los programas académicos en Cuba.

 

¿Qué ha cambiado? – La Habana está de moda

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas en julio de 2015, la eliminación de Cuba de la lista de los países patrocinadores del terrorismo en mayo de ese mismo año, y la visita del presidente Barack Obama en marzo de 2016 cambiaron las reglas del juego. Continúan las restricciones financieras –y muchas veces tener el nombre Cuba en una transferencia ya es razón suficiente para congelar fondos legítimos, como lo muestran ejemplos recientes.[11] Pero ahora se perciben las sanciones más bien como un relicto de pasado que hay que superar para escoger otro camino al futuro. Ya no está mal visto viajar a Cuba. Al contrario: “La Habana está de moda” –no es solo una canción popular sino una descripción de la realidad. Los números de visitantes internacionales siguen creciendo; en 2018 se pronostica que sobrepasen la cifra histórica de cinco millones. Esos números incluyen los viajes académicos. Aún en el segundo año del mandato de Trump la Conferencia Internacional Universidad 2018 atrajo a ochenta representantes norteamericanos. Aparte de lo cuantitativo cambia también lo cualitativo: más diversidad entre colegios grandes y pequeños en los Estados Unidos y una mayor variedad de universidades cubanas. La presencia de universidades cubanas de otras provincias en eventos educativos internacionales es notable y muy positivo.

 

¿Qué debe cambiar?

Por el lado norteamericano, las nuevas regulaciones han creado una confusión entre lo que es y no es permisible en cuanto a viajes y programas académicos cubanos. Este efecto puede ser parte del diseño original de la directiva presidencial. O puede ser expresión de un conflicto de intereses entre el grupo que rodea al senador Marco Rubio y su política de apresurar más por un lado, y por el otro, políticos y burócratas de orientación contraria, partidarios de lograr cambios por acercamiento y colaboración, quienes han logrado limitar el alcance de las restricciones recientes.

Lo cierto es que a pesar del interés creciente y de viajes exploratorios realizados a Cuba, hay numerosos colegios pequeños que han cancelado, puesto en pausa o que no han concretado sus planes de crear vínculos con Cuba por miedo a cometer una ilegalidad. Aunque la OFAC no ha multado recientemente a ninguna agencia académica por transacciones con Cuba, es un riesgo que pocas instituciones tienen la capacidad o están dispuestas a correr.[12]

Más claridad en las regulaciones, una explicación concreta de cuáles de las actividades académicas (investigación, cursos, enseñanza) pueden efectuarse actualmente, ayudaría a crear más confianza. Solo las universidades mejor dotadas suelen pagar una consulta jurídica previa para darles la legalidad necesaria. Una directiva del Departamento del Tesoro que diga que todas las transacciones vinculadas con actividades legítimas, según la ley, deben fluir sin demora, ayudaría a quitar aplazamientos impermisibles en los pagos de los programas.

Relaciones bancarias directas, más allá de la excepción del pequeño y poco conocido Stonegate Bank, facilitarían mucho el intercambio académico. Muchas universidades simplemente no están dispuestas a mandar a sus representantes a un viaje con miles de dólares en efectivo. Pero hasta hoy existen pocas alternativas viables a esta práctica. Las universidades, instituciones grandes y burocráticas, prefieren y necesitan transacciones financieras estables e institucionales. Eliminar restricciones en servicios de Internet, como acceso a bibliotecas virtuales, revistas digitales y otros servicios académicos y financieros sería otro gran paso hacia una normalización. Pero el reto más importante sigue siendo desvincular por completo lo académico de lo político. Hasta ahora las categorías permitidas para viajar a Cuba y las medidas tomadas después del memorándum presidencial se subordinan a la lógica (implícita) de provocar cambios políticos-sociales-económicos en Cuba.

 

Cambios en Cuba

En Cuba se podrían tomar numerosas medidas que facilitarían y mejorarían el intercambio académico. La apertura de las universidades cubanas a estudiantes internacionales para estudiar en cualquier rama daría más prestigio internacional y posiblemente, más apoyo financiero y académico a las facultades y a su personal. Permitir a estos estudiantes hospedarse en las residencias estudiantiles cubanas –como pudo hacer el autor de este artículo– daría a los estudiantes más espacio de intercambio, de idioma, cultura y conocimiento, y a las becas una fuente de autofinanciamiento. Hasta ahora es el sector privado el que más se beneficia de los estudiantes internacionales. Facilitar cursos de inglés o permitir el intercambio de idiomas con los estudiantes o directivos de los programas norteamericanos –ahora requisito para todos los graduados universitarios cubanos– sería otra acción con resultados positivos para ambos lados. Abrir más los archivos cubanos, hacer más fácil el acceso a las bibliotecas e instituciones para investigaciones, así como facilitar entrevistas con expertos o fuentes para la historia oral haría a Cuba más atractiva como destino académico y fortalecería su propia sociedad científica. Facilitar no solo a profesores distinguidos sino también a estudiantes de pregrado la experiencia de estudiar en los Estados Unidos por un semestre o dos. Cuba tiene la excepcional oportunidad de enviar estudiantes a algunas de las más prestigiosas y caras instituciones norteamericanas porque les interesa y no se ha hecho, con contadas excepciones, durante más de medio siglo. La oportunidad de crecer y compartir conocimientos al regreso es inmenso. El riesgo de “quedarse” es mínimo porque pocos estudiantes podrían pagar una cuota anual de 50 000 dólares. Sin embargo, jóvenes universitarios con experiencia internacional serían candidatos ideales para luego impartir clases o cursos especializados en inglés –para los futuros estudiantes cubanos e internacionales en la universidad cubana del siglo XXI.

Existe un gran interés desde ambos lados en expandir y profundizar el intercambio académico. Continúan y se acentúan las restricciones con el presidente Trump, que dificultan la práctica de los programas académicos norteamericanos en Cuba o viceversa. Pero hay también propuestas concretas y viables para superar y mejorar esta situación. Colaborar con los actores de estos intercambios es una inversión para el futuro de ambas sociedades, porque los ciudadanos, educadores y futuros decisores que salen de estos intercambios tendrán una opinión diferente, mejor informada, del otro país y sus realidades.

Vale la pena.

 

 

[1] “National Security Presidential Memorandum on Strengthening the Policy of the United States Toward Cuba”, The White House, 16 de junio de 2018.

[2] Información del Grupo de Coordinadores de Programas Académicos de los Estados Unidos en la Universidad de La Habana, a través del autor.

[3] En enero de 1999, el presidente Clinton autorizó programas de pregrado como parte de una política para promover la democracia en Cuba. Antes de eso, algunas visitas a corto plazo fueron facilitadas por licencias especiales. Para la historia de los programas académicos norteamericanos en Cuba y el intercambio académico con Cuba, en términos más generales, vea Milagros Martínez, “Academic Exchange between Cuba and the United States: A Brief Overview”, Latin American Perspectives, Vol. 33, No. 5, Cuba and the Security Frame, septiembre de 2006, pp. 29-42.

[4] Lorena Barberia, “Academic Exchanges with Cuba”, ReVista, primavera/verano de 2005.

[5] Para ver en detalle los cambios regulatorios hacia Cuba durante los últimos quince años, vea la página oficial del Departamento del Tesoro, https://www.treasury.gov/resource-center/sanctions/Programs/pages/cuba.aspx.

[6] Cifras de NAFSA, a partir de Open Doors, publicado por el Instituto Internacional de Educación, auspiciado por el Departamento de Estado. www.nafsa.org/cuba.

[7] Rubio, M. ‘Bureaucrats’ to blame for softening Trump Cuba policy”, Miami Herald, 8 de noviembre de 2018.

[8] “State Department softens travel warning to Cuba, recommends ‘reconsidering’ trip”, Miami Herald, 10 de enero de 2018.

[9] “Travel groups respond to US travel warning for Cuba”, Cuba Trade Magazine, 29 de septiembre de 2017.

[10] “U.S. to withdraw most staff from embassy in Cuba”, Miami Herald, 29 de septiembre de 2017.

[11] “Tener a Cuba en el nombre de su empresa puede ser un riesgo financiero”, Tampa Bay Times, 27 de abril de 2018.

[12] “Civil Penalties and Enforcement Information”, en https://www.treasury.gov/resource-center/sanctions/CivPen/Pages/civpen-index2.aspx.

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