La corrupción, esa enemiga no tan silenciosa

(Especial para Temas)

¿Qué es la corrupción?, ¿cuáles son las causas que la provocan?, ¿resulta una expresión de la llamada “crisis de valores”? A desentrañar este asunto convocó Temas en su espacio Último Jueves y para ello contó con la presencia en el panel de Narciso Cobo Roura, profesor de Derecho de la Universidad de La Habana, presidente emérito de la Asociación de Derecho Econónomico y vicepresidente de la Corte Cubana Comercial Internacional; Lázaro Barredo, periodista; y Oscar Luis Hung Pentón, economista, diputado a la Asamblea Nacional y presidente de la Asocaición Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC).

Rafael Hernández, director de la revista y moderador del panel primeramente invitó a los panelistas a esclarecer el tema: ¿acaso todo lo que se califica comúnmente como corrupción realmente lo es?, ¿cómo se define?

El profesor Cobo empezó por precisar qué no es corrupción, pues se trata de un fenómeno sobredimensionado. Como ejemplo citó el hecho de que un empleado de un establecimiento cualquiera se resista a dar el vuelto o el chofer de una guagua se quede con la recaudación, o lo que sucede con el extravío de bultos postales. En todos esos casos se cometen faltas, delitos, pero no corrupción. No toda apropiación ilegal es una conducta corrupta y corruptora, señalaba. Y explicó que el elemento diferenciador es la presencia de una autoridad.

Precisó que cuando se paga para que el servidor sirva, para que haga lo que está obligado a hacer por su cargo, estamos en presencia de la corrupción. Cuando se habla de autoridad, pensamos en los empleados públicos, funcionarios, directivos; pero el fenómeno no es exclusivo de lo público, alertaba, eso es algo que hay que tener en cuenta y más en la transformación del escenario socioecómico nacional.

Para Lázaro Barredo la corrupción es una serpiente de siete cabezas, de innumerables causas, y que en nuestro país es recurrente, pero a pesar de ello no se han tomado las medidas legales y económicas necesarias para ponerle coto. La corrupción tiene que ver con el lujo y la ostentación, se manifiesta mediante corruptores y corruptos, porque no solo ocupa a quienes manejan recursos, sino muchas veces el que propicia la corrupción es quien demanda el servicio. En ese sentido, apuntó al sistema de trámites que existe en el país como una vulnerabilidad.

Barredo catalogó a la corrupción como multifacética, con múltiples aristas y no solo se presenta por la vía institucional. Consideró que no se han creado los mecanismo suficientes para atajar las causas del problema y puso como ejemplo la existencia de nuevas formas de propiedad y de gestión en el área de los servicios, sin que exista un mercado mayorista, mientras refirió que el mercado negro es una expresión de los resquicios que han dado la posibilidad de que exista la corrupción y no se han podido eliminar.

La corrución es un flagelo que afecta la sociedad y lacera la buena gestion pública del país, señalaba en su intervención Oscar Hung. Es una cuestión cultural que se acrecienta en circunstancias de crisis económicas, pero no es causada por el bloqueo, aclaró, pues lamentablemente este hecho sirve de parapeto a quienes actúan de mala fe.

Adentrándose en el tema, observó los factores morales, económicos y hasta de compromiso político que intervienen en el asunto, y reflexionó  sobre el impacto del contexto económico nacional y del escenario internacional, como aspectos que pueden propiciar estos hechos. Entre estos mencionó la falta de control por parte de todos a quienes les compete, incluidos los colectivos laborales y las organizaciones políticas. Llamó la atención sobre aristas del fenómeno relacionadas con la seguridad nacional, poniendo como ejemplo la manera en que se ha manipulado con marcados fines políticos en todo el continente, para desestabilizar o derrocar a los gobiernos de izquierda y progresistas.

El moderador volvió con una carga de preguntas al panel. ¿Es el nepotismo una forma de corrupción? ¿El abuso de poder, el tráfico de influencias, aceptar favores, recibir beneficios directos o indirectos derivados de una posición de autoridad? ¿Hacer uso de los recursos de propiedad social para beneficio personal, aunque no exista apropiación o traspaso de dinero? ¿Si se afirma que ha tenido continuidad desde hace décadas, ha respondido a las mismas causas? ¿Podría caracterizarse una cierta cultura de la corrupción, que la convierte en un hecho cotidiano y aceptado, en determinados espacios? ¿Cuáles son sus principales causas?

Cobo Roura insistió en que debe entenderse como un fenómeno multicausal. Aclaró que el nepotismo, aun cuando tenga su fisonomía propia, cae dentro de lo que se considera corrupción. Añadió que no se puede hablar solo de dádivas o beneficios en el sentido estrictamente material, sino otros medios de compensación, como, por ejemplo, los favores sexuales.

Llamó la atención sobre el hecho de que, en el caso cubano, se insiste en la crisis económica y la escasez que la ha acompañado como causa. Pero no se toma en cuenta lo sistémico de la escasez a lo largo de muchos años, y sin embargo, la expresión de la corrupción no ha sido la misma en todos esos períodos, por lo que no son fenómenos concomitantes.

El profesor reflexionó sobre los mecanismos reguladores, entre los cuales se encuentran los de distribución. La corrupción puede advertirnos sobre la disfuncionalidad de estos mecanismos reguladores, observó. Cuando una norma es ineficaz inmediatamente aparecen hechos que lo revelan, y debemos preguntarnos por qué. Cuando existen servicios que no se realizan, y a pesar de eso se obliga a un pago por ello, incurriendo en un hecho de corrupción, se debe buscar primeramente en los mecanismos reguladores establecidos para encontrar la falla.

Asimismo, Cobo Roura se detuvo en la forma en que se toman las decisiones. No se trata de quién decide, sino cómo lo hace. En una economía como la cubana, con altos niveles de centralización, se genera una cultura de no autonomía, no autodeterminación y poca competencia administrativa. Los cambios en esta cultura no se dan fácilmente, se requiere un aprendizaje y que las normas sean claras y efectivamente conduzcan a una conducta diferente, mucho más en el entorno cambiante de nuestra economía y sociedad, donde cada vez hay más actores y los riesgos de tráfico de influencias y otros tipos de corrupción están latentes en todos los espacios.

A la hora de la toma de decisiones —consideraba el experto—, la autoridad puede decidir de manera reglada o discrecional. La reglada es aquella que solo aplica los requisitos establecidos, normados, sin que intervenga la discrecionalidad administrativa. Cuando, por el contrario, se impone la subjetividad en la toma de la decisión, estamos frente a un factor mayor de riesgo. Esa pregunta debería estar presente en los aspectos cotidianos de la vida de cada uno, y en otros asuntos de mayor envergadura: ¿son decisiones regladas o de carácter discrecional?

Como ejemplos, puso las múltiples autorizaciones que deben darse a diario; o las decisiones sobre quién accede a un puesto laboral determinado, mejor remunerado, con mejores condiciones que otro. Esas deberían ser decisiones regladas, enfatizó, donde solo se tuvieran en cuenta las cualidades para desempeñar la función, y no una donde mediara la subjetividad de quien decide, porque la subjetividad es caldo de cultivo para la corrupción.

El país tiene muchas leyes y mucha dispersión, comentó por su parte Lázaro Barredo, por lo que debería haber una ley anticorrupción que junte todas las disposiciones sobre el tema. Puso algunos ejemplos de casos en años anteriores, especialmente uno publicado por la prensa nacional, en el que se desenmascaraba una red de directivos municipales de todo el país, y hasta a una empresa completa en la capital cubana, que malversaron más de nueve millones de pesos —la heladería Ward, en 1978. De esa experiencia se desprenden algunas de las causas que dan origen a la corrupción: el descontrol o la superficialidad en los controles, la vulnerabilidad en el personal que debe dedicarse a esas labores, en particular, los inspectores, fácilmente corruptibles; la falta del control popular y, al mismo tiempo, la insuficiente autoridad de los gobiernos locales.

Barredo refirió que es preciso que los funcionarios públicos, desde el más simple hasta el más encumbrado, hagan declaración jurada de sus ingresos, porque es común ver a alguien que supuestamente vive de un salario y cuyos niveles de vida están por encima.

Otro punto neurálgico para el periodista es la transparencia en la información y la necesidad de que haya un flujo permanente de sobre el tema, a fin de que las personas que denuncian los problemas se vena menos expuestas y sean víctimas de represalias.

La batalla contra la corrupción, insistió Barredo, no la gana el Estado, el Partido, la Fiscalía o la policía, si no se convierte en una lucha de toda la sociedad.

Acerca de la percepción del riesgo reflexionó Oscar Hung. Comentó que, así como en 2017 la mayoría de la gente no tenía percepción sobre la situación crítica existente con la sequía, también falta percepción del riesgo sobre la corrupción, que es multicausal y que tiene que recibir una atención multifactorial, señalaba. Por otro lado, cuando no se utilizan adecuadamente y con todo rigor los mecanismos de control, hay falta de prevención y no se involucra a todo el que tiene que ser partícipe, lo único que alcanza a hacerse es una autopsia del fenómeno.

Apuntó la gran vulnerabilidad que representa la falta de una contabilidad segura, fiable, transparente, que sirva para la toma de decisiones. En ello inciden los bajos salarios del sector público, la desprofesionalización; así como la pasividad, la inacción, que conducen a una muy peligrosa sensación de impunidad.

Con algunos de estos puntos coincidió la encuesta lanzada por Temas a través de las redes sociales y entre el público presente en el debate. Esta reveló como principales causas de corrupción, según los que la respondieron, los bajos salarios, el descontrol administrativo y la pérdida de valores; y en menor medida el poder arbitrario de la burocracia y la falta de transparencia informativa.

Para el debate pidieron la palabra diez asistentes sentados en el público. La primera fue una profesora universitaria que llamó la atención sobre la indefensión de la ciudadanía frente a estos hechos. Mencionó a Vivienda y Planificación Física como dos organismos que ponen a las personas, cotidianamente, ante actos de corrupción y muchas veces no hay manera de defenderse contra ellos, pues involucran a funcionarios a todos los niveles. Sobre la base de su indagación personal, señaló que los mecanismos de atención a la población tampoco solucionan el problema, pues en lugar de viabilizar las quejas de la población se convierten en un muro que protege a quienes trabajan mal o actúan de forma corrupta.

Con ese criterio conincidieron otros participantes, quienes además señalaron que en ocasiones las quejas o denuncias terminan en el mismo lugar que las originó y por tanto no hay una respuesta, mucho menos una solución.

Una profesora de Ética insistió en que, cuando la responsabilidad se diluye, nadie es culpable y por tanto se sienten libres para actuar sin consecuencias.

Sobre ese aspecto, un joven asistente se refirió a la interiorización de una cultura de la corrupción y la impunidad. Si crecemos en un ambiente de violaciones, como la del bodeguero que roba y no sucede nada, esa falta de moral hace que cada vez nos parezca más común y menos censurable la actuación de estas personas, por lo que el robo deja de llamarse robo y pasa a ser “la lucha”, y la corrupción deja de tener ese matiz para asumirse como algo normal, lo cual es muy peligroso.

Otro asistente concordaba e iba mucho más lejos, al hablar de paradigmas culturales que se van sembrando, como cuando se entroniza como imagen del éxito al individuo que lucra a través de la corrupción, un factor que perpetúa el fenómeno, unido a un ambiente que lo propicia.

La ineficiencia del sistema para manejar las empresas públicas, las fallas del modelo económico, la existencia de algunas leyes que muchas veces, por lo absurdas, parecen diseñadas para ser burladas y la pérdida de valores, fueron anotadas también como causas del auge de la corrupción en los días que corren; así como la falta de transparencia en la comunicación de hechos de cara al gran público, además del poco empoderamiento de la ciudadanía para enfrentarlo.

Quien enfrenta al corrupto sufre represalias y como los mecanismos no están a favor de la persona y a distintos niveles hay comprometimiento de las figuras que deben responder y proteger al ciudadano, pues se ignora a quien reclama, alertaba un asiduo asistente a los debates de Último Jueves.

En la ronda final del panel, Lázaro Barredo resumía que enfrentar este flagelo precisa de modificaciones al Código Penal vigente, pero también conlleva una mayor protección a los derechos de la ciudadanía, hoy en estado de vulnerabilidad en muchos sentidos. Insistió en la profundización de la institucionalidad y en el fortalecimiento de la autoridad de los gobiernos locales para que puedan ejercer un verdadero control sobre los bienes de todos. En ese sentido, también refirió que la Asamblea Nacional tiene que ejercer aún más control y más fiscalización en todo el país, procesos en los cuales la prensa no puede estar ajena.

La sociedad cubana y el mundo alrededor han cambiado mucho, y se requieren nuevas concepciones sobre el control social, no solo sobre la corrupción, pues las existentes corresponden a momentos anteriores, ya sobrepasados, comentó el moderador Rafael Hernández, mientras agradecía a los más de cien asistentes al debate, a pesar de la lluvia de este último jueves de abril.

 

Comentarios

Me interesa conocer que correo electrónico puedo utilizar para comentar cuestiones sobre temas futuros. Ahora deseo hacer llegar algunas consideraciones para el próximo debate sobre la Inmigración,Gracias

Puede utilizar el correo electrónico: temas@icaic.cu. Gracias. 

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