La Era Trump y su impacto en la industria de viajes de los Estados Unidos a Cuba

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La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos demostró, una vez más, que no hay nada seguro en la política de ese país hacia Cuba y que los cambios de presidentes y de los cargos claves que tienen algún peso en la formulación de la política exterior, sobre todo para Cuba y América Latina, pueden incidir de manera decisiva en las relaciones bilaterales entre ambos países. Esto es así por la permanencia de las leyes del bloqueo que definen un escenario de confrontación que solo pudiera cambiar de forma estable cuando dichas leyes desaparezcan. Hacerlo de forma irreversible significaría que se habrían producido cambios en las bases del mundo político actual que no parecen cercanos.

La industria de los viajes a Cuba que renació en 1979 con los primeros vuelos desde Puerto Rico y Miami a nuestro país después de 1960, ha sorteado todos los vaivenes que el bloqueo y los políticos de turno crean en sentido positivo o negativo según los intereses que representan y los suyos propios. Fueron de particular agudeza las medidas aplicadas por el presidente George W. Bush en el año 2004, cuando redefinió incluso la familia cubana y dejó fuera a tíos, primos y demás familiares más allá de padres, hijos y hermanos, que llevaron los vuelos directos entre ambos países a solo 10% de los pasajeros en agosto de ese año en relación con el año precedente.

Con el restablecimiento de relaciones diplomáticas en diciembre de 2014 y el paquete de medidas que le siguió, implementado por el presidente Barack Obama, esta industria se transformó por completo. Hasta ese momento solo existían vuelos chárter, rentados por operadores, la mayoría de la Florida, a proveedores de aviones, una operación que solo podía programarse con tres meses de anticipación, sujeta a cambios constantes de aviones y horarios.

En agosto de 2016 comenzaron los vuelos regulares por diez aerolíneas, incluidas las cinco grandes: American Airline, Delta, Southwest, United y Jetblue.

En mayo de ese año se iniciaron los viajes de cruceros a Cuba con pasajeros norteamericanos, todos con puerto madre en territorio de los Estados Unidos, operados por las tres grandes líneas de cruceros de ese país: Carnival, Royal Caribbean y Norwegian.

Comenzó también la libre concurrencia y competencia entre todas las agencias de viajes y turoperadores de los Estados Unidos que quieran vender viajes a Cuba, lo que permitió la incorporación a un mercado que era controlado por un puñado de agencias y turoperadores, la mayoría del sur de la Florida, de las grandes OTA (agencias de viajes online), como Expedia y Airbnb. El resultado fue el crecimiento exponencial de viajeros de los Estados Unidos a nuestro país.

El presidente Trump, que inició sus comentarios hacia Cuba cuando comenzó su campaña para la presidencia en un tono moderado y tratando de no comprometerse demasiado con sus declaraciones, terminó, ya como mandatario, pagando su deuda política con la ultraderecha cubanoamericana y aplicando el mandato de desmontar todo lo que fueran políticas, decisiones, leyes y resultados del presidente que lo antecedió, siempre que esto sea objetivamente posible, donde se inserta revertir el mejoramiento de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

Veamos cómo le ha ido a los tres principales participantes en la industria de viajes a nuestro país, los vuelos, los cruceros y las agencias de viajes, con el paquete de medidas aplicadas por la administración Trump.

 

Impactos en la operación aérea

La flexibilización que el presidente Obama aplicó a partir del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países, continuó por inercia hasta mediados de 2017. Ese año la cantidad de asientos ofertados fue de 1 542 749, un crecimiento de 379% en relación con el año anterior que fueron poco más de 400 000. Fue el de mayor crecimiento entre los destinos internacionales ese año desde los Estados Unidos según el sitio especializado www.anna.aero.

Este más de millón y medio de asientos a la venta incluyen los ofertados por las cinco aerolíneas que entraron a este mercado pero que no pudieron con la fuerte competencia y tuvieron que salir por los bajos niveles de ocupación y correspondientes pérdidas monetarias, Spirit, Sun Country, Alaska Air, entre otras.

Pero las grandes aerolíneas tuvieron mejor desempeño. El nivel de ocupación de Delta en la ruta Miami–Habana se ha mantenido por encima de 80% desde que comenzó a operar en diciembre de 2016. Delta declaró públicamente que su nivel de ocupación de todas sus operaciones aéreas a Cuba rondaba 70%, lo que quiere decir que sus vuelos desde Atlanta y Nueva York tuvieron una ocupación bien inferior, por ello canceló uno de sus dos vuelos semanales desde Nueva York y mantiene un solo vuelo desde Atlanta. No ha sido igual el desempeño de Southwest en sus vuelos a Cuba desde Fort Lauderdale que oscilan alrededor de 60% de ocupación solamente, y tiene fuerte competencia con Jetblue, de similar modelo de negocios.

Por su parte el Business Intelligence Unit, del Havana Consulting Group, publicó a mediados de 2016 un interesante estudio sobre el posible impacto que tendrían los vuelos regulares en la operación de vuelos chárter entre Cuba y los Estados Unidos.

Este pronóstico daba una reducción de los vuelos chárter en 2017 y 2018 que no se ha producido, pues un estimado hecho por este autor da unos trescientos mil asientos en el presente año, cifra bien por encima de aquel estimado y que da una idea de la capacidad de supervivencia de esta oferta alternativa a los vuelos regulares.

Para estos vuelos es casi imposible competir con los regulares en el segmento de norteamericanos, pues la oferta de estos llega a cada rincón de los Estados Unidos con vuelos de conexión hacia los aeropuertos desde donde tienen sus vuelos a Cuba, incluido los del sur de la Florida, algo que resulta imposible para los charteadores. De ahí que estos últimos se concentren en los cubano-americanos y en los cubanos que originan su viaje en la isla, ofertando la posibilidad de traer más equipaje a Cuba, lo que resulta efectivo en este segmento que demanda traer grandes volúmenes de productos a sus familias en la Isla. La otra brecha para la supervivencia de los vuelos chárter es la estructura de lo aprobado por el DOT, solo veinte vuelos diarios a La Habana y noventa a las provincias, pues la demanda a la capital cubana supera los veinte vuelos en la temporada alta y los picos de fin de año y vacaciones de verano.

La que ha tenido mayor fue el llevar a Cuba a la clasificación de “no viajar” en septiembre de 2017, definida como Categoría 4 en enero de 2018, por considerar “una alta probabilidad de riesgos para la vida” que es el límite máximo para los viajes de norteamericanos a otros países. Esto fue a raíz de las acusaciones del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba por supuestos “ataques sónicos” contra sus funcionarios acreditados en la embajada de ese país en La Habana.

En enero del presente año cuando el Departamento de Estado hizo una revisión de las mismas no incluyó a Cuba en la categoría 4, ubicándola en la 3, que alerta a sus ciudadanos a “reconsiderar el viaje” o “evitar viajar debido a los serios riesgos para la seguridad”, una ligera “mejoría”. Esto mantuvo la influencia negativa sobre el flujo de norteamericanos, sobre todo los que vienen a hacer estancia dentro de la Isla y no en cruceros donde pernoctan.

Otra medida que afectó el volumen de pasajeros en estos vuelos fue prohibir a los norteamericanos que nos visitan el utilizar servicios de propiedades pertenecientes al Grupo de Administración de Empresas de las Fuerzas Armadas cubanas, en particular en los hoteles de la Corporación Gaviota. A este grupo pertenecen buena parte de los hoteles cinco estrellas recién abiertos en La Habana, lo que golpea la oferta para el segmento de más poder adquisitivo de los Estados Unidos.

Las nuevas regulaciones de la oficina del Departamento del Tesoro que controla la aplicación del bloqueo contra Cuba (OFAC), también eliminaron los viajes individuales bajo la licencia People to People, Pueblo a Pueblo o P2P como es conocida esta categoría de los viajes, que ahora son permitidas solo en grupos. Las afectaciones en el volumen de pasajeros por vía aérea ya comenzaron en el segundo semestre de 2017, pero sobre todo en el primero de 2018 que tuvo un decrecimiento de norteamericanos fue de 24%, con una caída de 50% en los norteamericanos que vienen por vía aérea con estancia dentro de Cuba. Las líneas aéreas regulares capearon el temporal cancelando vuelos en ese primer semestre del presente año, 2 574 en total, 32% menos.

Pero la voluble política del presidente Trump hacia Cuba sigue produciendo cambios para ajustar las que afectan a los nuevos actores de esta industria de viajes, las cinco grandes aerolíneas, las tres grandes líneas de cruceros, y una de las tres gigantes OTA, Airbnb, que lo han apoyado para llegar a la presidencia. Así, el Departamento de Estado cambió de nuevo la categoría de Cuba en agosto del presente año al nivel 2, que aconseja “tenga mayor cuidado” al visitar nuestro país. Esta categoría es compartida por Cuba con la mayoría de Europa Occidental, muy visitada por norteamericanos, lo que está estimulando de nuevo los viajes con estancia dentro del país, incrementando la demanda.

Para los charteadores, tanto el llevar a Cuba a la categoría 2, como el vacío de oferta a La Habana, donde solo hay autorizados veinte vuelos diarios, insuficientes en los períodos de alta demanda, significan la supervivencia. Los charteadores siguen comercializando sus vuelos a través de la red de agencias medianas y pequeñas que controlan buena parte del mercado cubano-americano al sur de la Florida.

Se viene cumpliendo la idea de quien fuera fundador de la operación aérea entre Cuba y los Estados Unidos, el ya fallecido Francisco Aruca, quien me aseguraba que el mercado étnico se mantendría en todas las circunstancias y que los vuelos chárter seguirían teniendo un lugar en la oferta para este, sobre todo en los picos de demanda.

 

Los cruceros

Muy significativo es ver que a pesar de tener a Cuba en las mencionadas categorías 4 y luego 3, crecen los norteamericanos en cruceros más del doble en 2018. Se trata de una modalidad donde el viajero pernocta en una propiedad no cubana, el crucero, en la práctica propiedad de empresas norteamericanas registradas en otros países para evitar pagar impuestos y tener otros beneficios financieros, pero protegidas totalmente por el gobierno de los Estados Unidos, por lo tanto un ambiente "más seguro" ante las advertencias de dicho gobierno sobre el falso peligro de visitar Cuba.

No solo los cruceristas de los Estados Unidos que llegaron a nuestro país en el primer semestre del actual año se duplicaron. Este fue el mismo crecimiento que tuvo toda la operación de cruceros en el país. Parece que la presión de las grandes compañías de cruceros, en particular Carnival, Royal Caribbean y Norwegian, todas norteamericanas y que controlan más de 70% de uno de los mercados más monopolizados dentro de la economía mundial, pudo torcer un tanto el concepto de turismo para comenzar a explotar el destino más codiciado del Caribe para esta modalidad de los viajes.

 

Las agencias de viajes

La principal medida de la administración Trump que afecta a las agencias de viajes y turoperadores especializados de los Estados Unidos son las restricciones a los viajes individuales con Licencia P2P, lo cual combinado con el paso de Cuba por las categorías 4 y 3 ya analizadas, cortaron el boom de viajes desde los Estados Unidos provocado desde el reinicio de las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Cuba, por su parte, comenzó, ya desde finales del período del presidente Obama, una subida de los precios de los hoteles para el mercado norteamericano, muy cerca del doble en algunos casos, sobre todo los 4 y 5 estrellas, lo que encareció al destino Cuba para los que vienen de los Estados Unidos y pernoctan en tierra firme, subida de precios que solo respondió a la coyuntura del mercado en crecimiento y no a un aumento de la calidad de la oferta, lo que contribuyó sin dudas a la caída de las ventas de los turoperadores especializados que se quejan de este deterioro de la relación calidad-precio de nuestra oferta turística.

Las declaraciones de varios de los principales turoperadores especializados dejan clara la crisis en la que estas medidas han hundido su operación de grupos a nuestro país.

Por el contrario, las grandes agencias de viajes online, verdaderos gigantes de la intermediación turística en el mundo que se habían beneficiado por las medidas del presidente Obama, se han visto perjudicadas con las medidas de Trump al descender el volumen de pasajeros en vuelos a Cuba que pernoctan en hoteles. Dos de ellas, Expedia y Booking.com, que se dedican al turismo individual fundamentalmente, fueron perjudicadas pues se prohibieron los viajes individuales bajo la licencia P2P.

Lo mismo le ocurrió a Airbnb, la tercera de las tres grandes agencias de viajes online que controlan la comercialización mundial de productos turísticos; pero esta realizó un fuerte lobby en Washington y consiguió la aprobación para los norteamericanos que vengan a Cuba a casas particulares, el tipo de alojamientos para los que esta OTA tiene prácticamente el monopolio mundial de comercialización. Para ello lograron le autorizaran la licencia “ayuda al pueblo cubano”, entregándole a Airbnb el mercado de viajes a Cuba en “bandeja de plata” para que los norteamericanos se alojen en casas particulares por no ser propiedad del Estado cubano, mucho menos del grupo empresarial de las FAR.

Airbnb apenas deja espacio para las agencias de viajes tradicionales, modelo de negocios donde se incluyen todas las que venían operando los viajes a Cuba en la Florida, que siguen controlando buena parte del segmento cubanoamericano, sobre todo en el sur de la Florida y que venden servicios a esta comunidad de boletos aéreos, tanto para vuelos regulares como para los vuelos chárter que mantienen su oferta, así como servicios consulares de pasaportes, pues Cuba no tiene consulado fuera de su embajada en Washington D.C.

Un reporte publicado por Airbnb en 2017 revela que ya comercializa más de 22 000 casas particulares en Cuba, cerca de 80% del total oficial. Promedió los primeros cuatro meses de ese año más de 70 000 clientes mensuales a la Isla, 35% de los cuales son norteamericanos. Estimando que esto siguió así hasta junio y después disminuyó 25% con las medidas anunciadas por Trump ese mes, significaría que Airbnb dio alojamiento a más de 230 000 norteamericanos en Cuba ese año, 80% del total que vino por vía aérea a nuestro país según el dato aportado por la publicación www.thehill.com.

 

Resumiendo

Trump no parece tener motivo alguno para cambiar su política de relaciones bilaterales al mínimo en un ambiente de permanente confrontación política, aunque pudieran recrudecerla factores como la evolución de las relaciones con Venezuela u otra coyuntura política en el hemisferio occidental que se mueve hacia la derecha más reaccionaria en algunos países claves como Brasil y Argentina. Las elecciones de medio término de noviembre no tuvieron resultados que provoquen movimiento en otra dirección que la presente.

El paquete de medidas del actual Presidente no creó el bajón traumático de 2004 provocado por las medidas del presidente Bush, pues atacó el llamado “mercado étnico”, los cubanos de ambas partes del estrecho de la Florida solo en el lado cubano, al cerrar los servicios consulares en La Habana, obligando a los potenciales pasajeros cubanos a viajar a terceros países a solicitar visas, incumpliendo el otorgamiento de visas de emigrantes con nuestro país. Del lado norteamericano, en cambio, este segmento se ha visto beneficiado por la reducción de precios a los boletos ocasionado por la entrada a la operación aérea de las grandes líneas regulares, que comenzó con Obama y ha continuado hasta hoy.

Eliminó los viajes P2P para individuales, pero no para grupos, aunque con más requerimientos que antes de 2017. Esta es la licencia que más utilizan las compañías de cruceros para amparar los viajes a Cuba, pero no la única, pues dejan al pasajero seleccionar cual van a utilizar y les recomiendan comprar las excursiones que ofertan que les garantizan cumplir cualquiera de las licencias permitidas.

Para el sur de la Florida continuó el crecimiento de sus operaciones de cruceros hacia Cuba con puerto madre en sus principales ciudades, Miami, Tampa, Fort Lauderdale y Puerto Cañaveral, que se siguen beneficiando con ventas de alojamiento y otros servicios para los cientos de miles de viajeros de los Estados Unidos y el resto del mundo que allí llegan una o dos noches antes de su viaje de crucero.

Se mantienen las doce categorías de viajes y la no necesidad de sacar licencias específicas a las compañías aéreas, de cruceros o agencias de viajes y turoperadores, manteniendo la libre concurrencia y competencia de estas que habían logrado durante la presidencia de Obama.

Continúan los vuelos regulares, afectados temporalmente por las categorías 4 y 3 asignadas a Cuba, aunque ya fue bajada a categoría 2, que permite la recuperación de estos vuelos, algo que viene sucediendo ya.

Sigue admitiendo los viajes individuales con licencia de “ayuda al pueblo cubano” para los norteamericanos que nos visitan, con alojamiento en casas particulares, comercializadas por Airbnb, que se ha adueñado del mercado de los viajes a Cuba desde los Estados Unidos.

Se ha detenido temporalmente la reducción de los vuelos chárter que no van a desaparecer tan rápido como se pronosticaba, afincados al segmento cubanoamericano en el sur de la Florida y aprovechando la autorización de solo veinte vuelos diarios a La Habana a los regulares.

De manera similar, se consolida el fin del protagonismo de las agencias de viajes tradicionales del sur de la Florida que controlaban la industria de viajes a Cuba, ahora concentradas en el segmento cubanoamericano ofertándole boletos tanto para vuelos regulares como chárter y servicios consulares.

Objetivos alcanzados con la aplicación del paquete de medidas contra los viajes de la actual administración:

  • Complacer, hasta donde es objetivamente posible, las demandas de la ultraderecha de Miami encabezada por el senador Marco Rubio, creando una imagen de "mano dura con Cuba".
  • Afectar a Cuba, en particular al Estado cubano, al disminuir las pernoctaciones en los hoteles de la Isla por la reducción de 50% de los pasajeros que arriban por aire y al dirigir 80% de estos a casas particulares, aunque esta última es una falsa afectación por razones obvias.
  • Consolidar la operación de cruceros como primera opción para visitar Cuba, con puerto madre en ciudades de los Estados Unidos lo que complementa la afectación a los ingresos de nuestro país por alojamiento.
  • Afectar a los hoteles administrados por las FAR, lo que refuerza la imagen de “mano dura con Cuba”.
  • No afectar a las grandes compañías norteamericanas que integran la industria de viajes a Cuba desde los Estados Unidos.
    • Se mantienen operando las cinco grandes líneas aéreas y con buenos resultados en ocupación e ingresos: American, Jetblue, Southwest, United y Delta.
    • Se mantienen operando y con crecimientos sostenidos las tres grandes líneas de cruceros: Carnival, Royal Caribbean y Norwegian, con varias de sus marcas.
    • Se mantiene operando la agencia online Airbnb, que domina el mercado de los viajes a Cuba con pernoctación en tierra con 80% del total de visitantes que vienen por avión.
    • La más significativa de todas, no se incluyó al Four Points by Sheraton, en la lista de los hoteles prohibidos, a pesar de que es una propiedad de GAESA.

 

Elecciones del 6 de noviembre de 2018

¿Qué puede acontecerle a la industria de viajes a Cuba a partir de esta fecha que no le haya ocurrido ya?

Las amenazas contra los viajes a Cuba por parte de la Administración Trump continúan, las más recientes de boca del asesor de seguridad nacional John Bolton. Este señor acaba de anunciar que en “las próximas semanas tendría lugar una revisión de la política hacia Cuba para garantizar la implementación del memorando presidencial firmado por el presidente Donald Trump en Miami”.

Concretamente las medidas anunciadas por Bolton serían:

  1. “No suspender una sección de la Ley Helms-Burton que permitiría a estadounidenses —incluidos los cubanos naturalizados— demandar en cortes federales a compañías extranjeras con presencia en Estados Unidos que tienen negocios en las propiedades que fueron confiscadas”.
  2. “Expansión de la lista de compañías cubanas sancionadas por sus vínculos con los militares cubanos”.
  3. “Exigir que las compañías estadounidenses con negocios en la Isla contraten directamente a los trabajadores cubanos y no a través de una agencia del gobierno cubano”.

Ninguna va dirigida directamente contra las compañías norteamericanas que hoy participan en la oferta de viajes a Cuba, lo que resulta consecuente con lo aplicado hasta ahora de dañar lo más mínimo a estas compañías y lo más posible a Cuba.

Pero Bolton fue lo suficiente objetivo para agregar, en el caso de la primera de estas medidas que “no podía garantizar que esta política de suspender el Título III cada seis meses, como han hecho las administraciones anteriores, será revertida”. Su aplicación profundizaría aún más el daño en las relaciones con varios de sus principales aliados que se pronunciaron claramente en la reciente votación en la ONU en apoyo a la resolución presentada por Cuba contra el bloqueo.

La segunda medida es más de lo mismo y no ocasionaría nuevos problemas a los viajes a Cuba, menos aún a las empresas de la Florida que en ella participan. La tercera es algo que caerá por su propio peso con la implementación de la Reforma Constitucional y Económica que tiene lugar en nuestro país.

Este sería el peor escenario. Pero los resultados de las elecciones del 6 de noviembre, la mayoría demócrata en la Cámara, la pérdida de dos congresistas cubano-americanos afiliados a la ultraderecha cubana en el sur de la Florida ante candidatos demócratas, no son buenas noticias para los enemigos de las buenas relaciones entre nuestros dos países.

El Senado, que tiene a su cargo el control de la política exterior de los Estados Unidos desde el legislativo, sigue siendo republicano y la gobernación de la Florida también, así como el senador que estaba en disputa en ese Estado, aunque por el más estrecho margen en ambos casos, pero esto solo contrapesa lo perdido ante los demócratas en la Cámara, por lo que no debe influir decisivamente en variar el alcance de las nuevas medidas que anuncio Bolton, aún con un Marco Rubio al frente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

El control de la industria de los viajes entre ambos países pasó a manos de nueve de las más grandes compañías del sector, no solo en los Estados Unidos, sino en el mundo, que lograron acomodar las medidas tomadas de forma que no reviertan el nivel de negocios ya conseguido gracias a su poderosa influencia en Washington y la Florida.

El crecimiento de los viajes a Cuba desde los Estados Unidos debe continuar pero a niveles modestos si alguna coyuntura política con relación a Venezuela, Nicaragua o la propia Cuba no deriva en una confrontación de mayores proporciones a la actual cruzada política de los Estados Unidos contra estos tres países.

 

Foto de portada: Progreso Semanal.

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