La evolución intelectual de los estudios cubanos en los Estados Unidos

Jorge Domínguez, uno de los principales estudiosos de la política cubana en los Estados Unidos, profesor Emérito de Harvard, protagonista de los intercambios académicos bilaterales desde los años 70, viajó a La Habana para presentar el número 91-92 de Temas, dedicado a los Estudios cubanos en los Estados Unidos. Colaborador y activo compañero de viaje de la revista desde sus primeros pasos, actual miembro de su Consejo Asesor, Jorge compartió ideas, con su habitual lucidez y precisión, ante un auditorio que llenó la sala de cine del Centro Cultural Fresa y Chocolate la tarde del jueves 28 de febrero.

 

La evolución intelectual de los estudios cubanos en los Estados Unidos. Presentación de dossier en la Revista Temas

Era un día cualquiera durante mis años de estudiante de postgrado, hace ya medio siglo, cuando visité el museo de historia natural de la Universidad de Harvard. Para mi sorpresa, entre las fieras desecadas que me saludaron hubo una pareja de tomeguines y una jutía conga.

Comienzo con esta anécdota personal para señalar que los estudios académicos sobre Cuba en Estados Unidos arrancan desde muy temprano en las ciencias naturales. Entre las joyas cubanas de ese mismo museo se encuentran bellos dibujos, que combinan precisión científica y esplendor artístico, hechos por el científico cubano Felipe Poey, a mediados del siglo XIX, que Poey enviaba a su contraparte en Harvard, el biólogo Louis Agassiz. Posteriores intercambios entre científicos fortalecerán los estudios de zoología y botánica cubanas en los Estados Unidos.

La revista Temas en el futuro debe presentar a sus lectores, de manera accesible para un no experto, los frutos de estas investigaciones científicas sobre Cuba que se realizaban y se realizan en los Estados Unidos. Algunos ejemplos son bien conocidos. Los meteorólogos en los Estados Unidos, afortunadamente para los pueblos en los dos países, llevan años investigando sobre el clima y el estado del tiempo en el archipiélago cubano. Felipe Poey y Louis Agassiz compartían un interés especial en los estudios marinos. En el verano de 2017, una expedición oceanográfica, auspiciada por Florida Atlantic University, utilizando un buque para investigaciones oceanográficas de la Universidad de Miami, circunnavegó la isla de Cuba, con oceanógrafos estadounidenses y cubanos a bordo, que compartieron tareas científicas, con el visto bueno de los gobiernos de Donald Trump y Raúl Castro. Participaron cuatro instituciones científicas cubanas. La financiación provino del National Oceanic and Atmospheric Agency (NOAA) del gobierno norteamericano. También astrónomos y geólogos en los Estados Unidos llevan años investigando meteoritos que, cuando caen, salpican en el Caribe y sus islas, como sucedió en Cuba recientemente. Hay mucho, pues, que Temas podría tratar.

Paso a una segunda afirmación: muchos de los estudios académicos sobre Cuba en Estados Unidos siempre han sido fruto de algún intercambio perdurable entre investigadores en ambos países. El aporte de Felipe Poey fue indispensable para lanzar los estudios biológicos sobre Cuba en los Estados Unidos. La colaboración oceanográfica de 2017, o la perdurabilidad de las excelentes relaciones bilaterales entre meteorólogos, que incluso sobrevivieron la Crisis de Octubre de 1962, son igualmente ejemplos del valor de tales intercambios, imprescindibles para comprender cómo y cuándo progresan los estudios sobre Cuba en los Estados Unidos. Se nutren los estudios cubanos en Estados Unidos gracias al desarrollo y profesionalismo de los realizados en Cuba y espero que algo similar haya ocurrido para beneficio de estos y de los investigadores cubanos. En este número de la revista Temas, Milagros Martínez Reinosa trata muy bien sobre el valor de los intercambios académicos.

Mi tercera afirmación resalta el valor, para las investigaciones sobre Cuba en los Estados Unidos, de las diversas migraciones, transitorias o permanentes, de cubanos a los Estados Unidos. Estudios sobre Cuba en los Estados Unidos se han realizado por miembros de la diáspora cubana desde que el Padre Félix Varela y José Martí residieron en ese país sin perder por un momento su insistente enfoque sobre Cuba y su devenir histórico.

 

Los consumidores

Comento ahora sobre los consumidores estadounidenses de textos relacionados con Cuba. ¿Quién lee qué cosa? Una fuente imperfecta pero accesible es Amazon.com, el servicio por Internet que permite la compra de muchísimas cosas, entre otras, libros publicados sobre Cuba. En febrero de 2019,[1] el libro sobre Cuba más leído según Amazon fue la guía turística Lonely Planet Cuba (2017). De los cuarenta libros más vendidos, todos menos seis eran guías turísticas o estaban diseñados para informar a los turistas sobre algo más especializado.

Las seis excepciones son parciales porque todas poseen algún atractivo para los turistas. El libro mejor ubicado, en cuarto lugar, fue el de las reflexiones del periodista David Ariosto sobre sus experiencias en Cuba.[2] El que más investigación original requirió es el de Tom Gjelten sobre la familia Bacardí y su empresa de ron y licores, en el escaño 27.[3] Dos son compilaciones de diversos textos históricos que galopan a través de siglos de la historia de Cuba. Sirven para el turismo, pero también para cursos universitarios. Una fue la compilación de Aviva Chomsky, en el escaño 6, y la otra fue encabezada por Philip Brenner con sus colegas, en el lugar 34.[4] En el número 10 quedó la también galopante redacción de cinco siglos de historia de Cuba por una editorial comercial llamada Captivating History.[5] Y en el número 11 encontramos a Julia Sweig, cuyo libro equivale a una enciclopedia de bolsillo sobre lo que su título dice que todos debemos conocer sobre Cuba.[6]

Entre los autores no leídos por estos consumidores "amazónicos" estoy yo, y todos los demás mencionados en el actual número de la revista Temas. Hay un notable desfase entre lo que leen quienes leen, y lo que escriben los académicos. Esto no sorprende, pero nos estimula a ser humildes, y a reconocer que el campo de lo publicado sobre Cuba en los Estados Unidos se transforma gracias a los cambios en los aspectos políticos, económicos, y sociales que han incidido sobre el auge turístico en Cuba desde los 90.

 

La producción: explicando su cantidad y evolución

Ponderemos, pues, la producción de los textos más serios, que comentan muy bien los autores en este número de Temas. Dos de mis afirmaciones preliminares, la importancia de los intercambios académicos y de la diáspora cubana en los Estados Unidos, permiten considerar aspectos de este excelente número de la revista Temas, que me es un honor presentar. Hay por lo menos seis personas de la diáspora cubana en los Estados Unidos entre los autores de los trece artículos que constituyen el dossier sobre estudios sobre Cuba en los Estados Unidos. Tres artículos tratan diversos aspectos de esa diáspora. Y el dossier en sí es fruto de la colaboración entre los autores, y entre ellos y otros investigadores cubanos. Este número de Temas habría sido impensable sin los aportes de los intercambios y de la diáspora.

¿Cómo comprendemos la evolución contemporánea de los estudios cubanos en los Estados Unidos? El artículo de Nelson P. Valdés y Karol Zetter ofrece un conteo de las disertaciones doctorales presentadas en los Estados Unidos entre 1902 y 2018. Aplicándole a un cuadro de ellos un poco de aritmética, resulta que el promedio anual de disertaciones sobre Cuba en el primer medio siglo de historia republicana, entre 1902 y 1952, fue de dos por año. Si bien esa cifra baja no sorprende, es notable que el promedio de disertaciones durante los años dramáticos de revolución, desde el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952 hasta el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba a mediados de los 70 fue solamente diez por año. Una posible explicación de este rezago es que una disertación dura muchos años, de manera que el impacto revolucionario de los 60 se observa mucho después. De mediados de los 70 hasta mediados de los 90, el promedio anual llegó a 29. Pero solamente después del derrumbe de la Unión Soviética y del Periodo Especial se observa un salto en el número de disertaciones, que llega a 50 por año durante las dos últimas décadas. Valdés y Zetter destacan que su conteo lo cubre todo. El tema más popular son los estudios sobre José Martí, es decir, un asunto cubano carente de límites de tiempo.

Una noción es que los estudios sobre Cuba en los Estados Unidos responden a las noticias. Pasa algo en Cuba, y diez años después algún joven termina su disertación sobre el tema y recibe su doctorado en una universidad estadounidense. Pero la cronología noticiosa no explica por qué aumenta inexorablemente el número de disertaciones, sean apasionantes o no las noticias. Una segunda opción es la gradual acumulación de profesores universitarios en los Estados Unidos, interesados sobre Cuba, que embullan a sus estudiantes a investigar sobre el país. Esta segunda idea explica mejor el crecimiento casi ininterrumpido de las disertaciones sobre Cuba.

Una tercera posibilidad explicativa es el acceso a las fuentes. Valdés y Zetter destacan el papel de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y la Biblioteca Nacional José Martí, y de sus bibliotecarias, para facilitar los canjes de libros y otros materiales, que permitan a estudiosos de ambos países ampliar las fuentes de que disponen. Una clave posterior fue la gradual apertura en Cuba a investigadores estadounidenses, algunos de los cuales reciben acceso a algún archivo para desarrollar una investigación histórica tal como no había ocurrido antes.[7] En esos primeros casos, el acceso fue solo para algún instigador individual, sin implicar una más amplia apertura universal a las investigaciones en archivos. En este número de Temas, Michael Bustamante indica la evolución del acceso a archivos, cada vez más amplio y abierto a más de un investigador, que poco a poco ha permitido la investigación histórica profesional.

Margaret Crahan, en su artículo, demuestra cómo un mejor acceso a las fuentes mejoró la calidad del análisis en estudios estadounidenses sobre las relaciones internacionales de Cuba. Cuando el acceso a funcionarios cubanos era muy limitado, los estudios sobre la política exterior de Cuba dependían de un marco general más abstracto, conocido en la literatura académica como “realismo”, que se basa en un detalle metodológico: los procesos internos de toma de decisión en política exterior supuestamente explican poco. Frente a un sistema internacional hostil y lleno de peligros, todo Estado responde racionalmente de manera similar calculando sus capacidades, sus riesgos, sus ambiciones, sus alianzas, y los obstáculos y reveses con que se tropieza, y todo estadista se comporta de manera igual, sin que importe su nombre y apellido. Ese “realismo” describe aspectos de la política exterior de Cuba hacia los Estados Unidos bajo Fidel Castro. Sin embargo, nos recuerda Crahan, el más fácil acceso a funcionarios cubanos desde los 90 permite estudiar mejor cómo se formula la política exterior de Cuba, y por qué importa quién la ejecuta en qué contexto. Así pues, el acceso a las fuentes contribuyó a explicar la cantidad y la calidad de las investigaciones estadounidenses sobre Cuba, y también incidió sobre la selección de las explicaciones analíticas pertinentes.

El estudio de las relaciones internacionales, y su vínculo con las fuentes disponibles, aparece de otra manera en este número de Temas, en el artículo de Elier Ramírez Cañedo sobre los aportes de Peter Kornbluh y el National Security Archives a los estudios cubanos. La entidad, conocida por sus siglas NSA, es una organización no gubernamental e independiente, cobijada en George Washington University. Kornbluh y el NSA son héroes de la investigación académica sobre Cuba y sus relaciones con los Estados Unidos. Durante treinta años lograron la desclasificación de documentos que fueron secretos del gobierno norteamericano, a un ritmo más acelerado que el que siguen los procedimientos administrativos normales de ese gobierno. Esos documentos permiten nuevos análisis sobre Playa Girón, la Crisis de Octubre y los intentos de asesinar a Fidel Castro, entre otros. Kornbluh y el NSA también generaron la desclasificación de documentos para las conferencias sobre la Crisis de Octubre y Playa Girón que, entre 1992 y 2002, se celebraron principalmente en La Habana con la participación de Fidel Castro.[8]

Esa labor tuvo impacto sobre las investigaciones de cubanos en Cuba. Ramírez Cañedo relata su propia experiencia: “No puedo imaginar el progreso de lo que fue primero mi tesis de maestría, luego de doctorado y finalmente un libro sin haberme nutrido de los resultados investigativos” de Kornbluh y sus colaboradores. Son aportes decisivos porque Cuba ha desclasificado sus documentos mucho menos. Si bien Cuba desclasificó cientos de páginas para la conferencia sobre Playa Girón celebrada en 2001, no se establecieron procedimientos de desclasificación sistemática de documentos sobre estos y otros asuntos. No en balde Ramírez Cañedo concluye su artículo recomendando: “Por el lado cubano, habría que trabajar más arduamente por lograr un mecanismo legal que permita un acceso más expedito a la documentación histórica, no solo para los investigadores estadounidenses y de otras nacionalidades, sino para los propios cubanos”. Si los estudiosos dependen casi exclusivamente de documentación estadounidense, se sesga el carácter de la investigación. Por analítico, crítico e independiente que sea el investigador, siempre que falten los documentos cubanos, los estadounidenses impondrán la agenda de lo que se puede investigar.

 

El contenido: explicando por qué se estudia lo que se estudia, y cómo cambia

Importa también de qué tratan las investigaciones sobre Cuba. Una primera interpretación de la distribución de esfuerzos aparece en este número de Temas en el artículo de Antoni Kapcia, quien señala que tendencias en las disciplinas académicas en el marco mundial, con total independencia de las noticias provenientes de Cuba o de su política de archivos, afectan lo que se estudia sobre Cuba fuera de Cuba. Kapcia se refiere al desplazamiento de las investigaciones que antes realizaban los sociólogos internacionales que pasan a ser realizadas por antropólogos. No fue un mero trueque burocrático de un Departamento académico a otro. En comparación con la sociología contemporánea en los Estados Unidos o en el Reino Unido, las investigaciones en antropología suelen ser más cualitativas, y están más dispuestos los asesores de disertaciones a que se estudie solamente un barrio o un pueblo o un grupo reducido de personas. Dado que el acceso a fuentes estadísticas primarias en Cuba sigue siendo limitado, y que es difícil realizar investigaciones en múltiples localidades, este desplazamiento hacia la antropología permite, para los investigadores, una convergencia entre lo deseado y lo posible. En él, sin embargo, algo más pasa: se achican los objetos de estudio.

Estas tendencias encajan con lo que relatan Alan West-Durán y Ester Shapiro-Rok sobre los estudios de antropología. Citan la experiencia de Oscar Lewis y su equipo: “El trabajo de campo en Cuba por antropólogos estadounidenses sufrió una experiencia desastrosa con Oscar Lewis en 1969-1970, quien recibió una invitación por parte de Fidel Castro para investigar en Cuba. Dicho proyecto fue cancelado y su equipo expulsado del país”. Sin embargo, desde mediados de los 80 florecen estudios antropológicos, coincidiendo con las pautas mencionadas en la historiografía. Según West-Durán y Shapiro-Rok, estudios antropológicos por extranjeros en Cuba prestan detallada atención a raza y racismo, género y sexualidades, religiones, música, la vida cotidiana, el impacto de los turistas, la situación de los jóvenes, los cambios observados en valores sociales, la salud y la educación. (Kapcia reporta tendencias similares en los estudios cubanos de antropólogos británicos.)

Otro giro temático intelectual con raíces fuera de Cuba, aunque incida sobre estudios cubanos, ocurre en la historiografía, como señalan Rainer Schultz y Bustamente en este número de Temas. En el pasado reciente hubo en Norteamérica y en Europa un desplazamiento general (no solo en estudios sobre Cuba) de las investigaciones históricas hacia lo social, lo cultural, lo cotidiano, y lo regional. Schultz cita a Oscar Zanetti, quien se refiere a la “fragmentación del discurso” en la actual historiografía en Cuba, ya en consonancia con las mismas tendencias mundiales, y “un franco predominio de los estudios coyunturales y los pequeños objetos”, así como “la descomposición de los problemas”. Bustamante, Schultz y Zanetti coinciden que es también una historiografía menos habanocéntrica.

Un fenómeno que afecta la producción y el contenido son los cambios de autodefinición de ciertas disciplinas académicas. Para un joven investigador en Economía, Ciencias Políticas o Sociología en los Estados Unidos, implica un alto riesgo especializarse en el estudio de un solo país que no sea los propios Estados Unidos. Los estudios comparativos se abren espacio, y las disertaciones que tratan de un solo país ya son menos en estas tres disciplinas. En mis 46 años como profesor, nunca le recomendé a algún estudiante en mi Departamento de Ciencias Políticas que se dedicara a una disertación enfocada solamente en Cuba. El riesgo de desempleo en una disciplina crecientemente comparativa es demasiado alto.

Un ejemplo de este problema se observa en el muy buen trabajo de Paolo Spadoni. Este autor menciona primero a los grandes economistas que han estudiado la economía cubana a través de los tiempos, y después a otro grupo que él denomina “nuevos”, ubicando él esa palabra entre comillas. Jóvenes de espíritu y entusiasmo son todos, pero demográficamente son solo levemente más jóvenes que sus predecesores.[9]  Para quienes encontré la información, el año promedio de nacimiento es mediados de los 60. Varios de estos “nuevos” poseen una trayectoria académica que data de años y que deja de caracterizarlos como tales. Faltan los economistas jóvenes que estudien Cuba en los Estados Unidos.

En estas tres disciplinas, la especialización en el estudio de un solo país es más factible si hay en tal país una amplia información estadística de datos primarios, de acceso universal, y carentes de dificultades logísticas para investigadores nacionales o extranjeros. Un posible sustituto puede ser un fácil y confiable acceso para un estudio cualitativo, simultáneo y comparativo dentro del mismo país, que involucre a diversas personas, localidades, o regiones. Sin embargo, Spadoni, Schultz, y Bustamante coinciden que los desafíos vigentes dificultan estos tipos de investigación en Cuba. Coincido con Spadoni cuando menciona que “cualquier intento de estudiar la economía cubana también es frenado por la falta de información estadística rigurosa y que pudiera considerarse confiable”.

En su artículo en este número de Temas, Julio César Guanche ofrece una observación similar para las ciencias políticas. Dice: “En específico, el sistema político cubano cuenta con escasas investigaciones… el problema principal es de acceso a las fuentes, asunto muy conocido y de larga data. La ausencia de estudios de campo es una de las causas de la baja calidad y cantidad de trabajos en esta zona”. Cita estudios sobre Cuba realizados por politólogos estadounidenses y otros extranjeros, pero son pocos dada la cobertura de décadas que agudamente él nos resume. Coincido con Guanche. Gracias a la Guerra Fría, hubo primero una explosión de estudios castrocéntricos sobre Cuba. Para fines de los 70, el castrocentrismo dejó de ser el eje de los estudios politológicos sobre Cuba, pero esa pérdida de hegemonía como enfoque de análisis tuvo dos consecuencias. Una fue abrir espacios a los pocos, aunque buenos, estudios con otros enfoques —en primera fila, a los estudios sobre las instituciones del sistema político cubano—, pero la segunda fue la reducción de la cantidad de estudios sobre Cuba por politólogos estadounidenses.

El problema es más complejo. Guanche nos recuerda que “desde el interior de Cuba los estudios sobre el sistema político afrontan el gran problema, ya mencionado, de la falta de estudios empíricos sobre su comportamiento”. Los obstáculos que dificultan los estudios en Cuba por extranjeros en ciencias sociales y en historia no se limitan a complicar la labor de extranjeros. Investigadores cubanos también sufren la dificultad de acceder, con criterio de apertura universal, a materiales en archivos, o a las fuentes estadísticas primarias de los censos nacionales o a las utilizadas para calcular el producto interno bruto, para lo que Cuba emplea una metodología que no se usa en otros países y que nunca ha sido explicada públicamente. Las nuevas generaciones de excelentes investigadores cubanos dependen de que se resuelvan estos problemas para realizar una indagación profesional, independiente de la ciudadanía del autor. La investigación en ciencias sociales en Cuba se impulsará cuando el talento de los cubanos pueda nutrirse eficazmente de las fuentes requeridas en las diversas disciplinas académicas.

Por último, lo más cuantiosamente representado en este número de la revista Temas son los llamados cubanoamericanos. Las dificultades que he mencionado no se aplican a estos, ya que se realizan en los Estados Unidos. Lisandro Pérez y Guillermo Grenier sintetizan bien sus temas canónicos: perfil socioeconómico de los cubanoamericanos y las motivaciones de las diversas oleadas; su integración socioeconómica y el papel de Miami como enclave; el impacto de los cubanos en Miami; la cultura y la identidad; y los cambios en la ideología política y sus implicaciones transnacionales. Ahora se suman, según Pérez y Grenier, “un mayor énfasis en entender la creciente diversificación y crecimiento de la comunidad cubanoamericana […] la identidad y la diversidad generacional, racial, de feminismo y de sexualidad, la diferenciación política según la etapa de llegada, y la ‘latinización’ de los cubanos”.

En su artículo, Iraida López recuerda que el papel de la literatura cubanoamericana en los estudios cubanos en los Estados Unidos es de reciente invención. Ni siquiera quienes laboraban en el campo de los estudios cubanos se percataban de su creciente importancia. Irrumpe la literatura cubanoamericana —tanto su producción como estudios sobre ella— a partir de los 90. Se caracteriza por su variedad temática, por sus vínculos con diversas literaturas, y por sus enlaces de generación en generación. Algunas de sus obras han ganado o fueron finalistas para Premios Pulitzer y otros más. López señala con agudeza que esta literatura cubanoamericana ha recibido buena recepción en casas editoriales y revistas en los Estados Unidos, pero están “escasamente representadas” en editoriales y revistas en Cuba. Una dificultad es que buena parte de esta literatura se publica en inglés, y requiere re-producción o traducción, pero sería lamentable si el principal intercambio intelectual que falle sea entre la literatura cubanoamericana y Cuba.

Concluyo mencionando la campana de alarma en el artículo de Antonio Aja en este número. Si bien este autor se refiere a estudios sobre cubanoamericanos en los Estados Unidos, lo redactó de una manera más abarcadora. Lo cito: “En los últimos años se aprecia una notable disminución de la producción científica de los estudios cubanos en los Estados Unidos, con excepción de los enfoques culturales, que han cobrado vitalidad y protagonismo. Las razones son varias, se vinculan con cambios en las áreas de investigación, en las instituciones académicas que propiciaban y realizaban esos estudios, en las agendas de los propios profesionales que trabajaban la temática, los avatares del intercambio académico con las instituciones e investigadores cubanos, incluso la disminución de proyectos conjuntos que propicien la necesaria interrelación entre ambas partes en temas de investigación, salvo contadas excepciones, de algunas publicaciones que recientemente vieron la luz bajo la autoría de profesionales de la Isla y los radicados en los Estados Unidos”. Reitero que la actual hegemonía en ciencias sociales en los Estados Unidos milita en contra del florecimiento de los estudios de un solo país, y que tendencias propias de las disciplinas académicas frenan el avance de los estudios cubanos estadounidenses, independientemente de lo que ocurra en Cuba.

Felicito a la revista Temas por seleccionar este excelente dossier y estos autores para examinar asuntos que nos conciernen a todos, y agradezco la oportunidad de presentar este número y compartir estas ideas con Uds. Añado algo para terminar. Me queda clara una lucecita para el futuro. Para el desarrollo de los estudios cubanos, les corresponde el protagonismo a los investigadores cubanos en Cuba, en particular si las tendencias en el mundo académico mundial en economía, ciencias políticas y sociología se consolidan. Hay mucho talento y capacidad académica en la Isla. Las limitantes son las cuestiones prácticas que obstaculizan la investigación en Cuba, sea por extranjeros, sea por cubanos. Aplaudo y celebro las investigaciones de investigadores cubanos. Con vista al futuro, dependerá de Uds. también lo que se logre hacer en otros países. Dependerá también de Uds. la iniciativa para sostener los intercambios académicos. Ya como profesor jubilado, estoy muy consciente de la importancia de que sean Uds. quienes ejerzan los liderazgos intelectuales. El futuro de los estudios cubanos está en Cuba en manos de Uds. Les deseo éxito.

 

[1] Accedí a Amazon.com el 12 de febrero de 2019.

[2] David Ariosto, An American Journalist under Castro’s Shadow: This is Cuba (St. Martin’s Press, 2018).

[3] Tom Gjelten, Bacardi and the Long Fight for Cuba (Viking, 2008).

[4] Aviva Chomsky, The Cuba Reader: History, Culture, Politics (Duke University Press, 2003); Philip Brenner, Robert Fass, et al., Cuba Libre: A 500-year Quest for Independence (Rowman and Littlefield, 2017).

[5] Captivating History, Cuba: A Captivating Guide to Cuban History, Starting from Christopher Columbus’ Arrival to Fidel Castro (Captivating History, 2018).

[6] Julia Sweig, Cuba: What Everyone Needs to Know (Oxford University Press, 2016).

[7] Por ejemplo, Julia Sweig sobre el Movimiento 26 de Julio, Inside the Cuban Revolution: Fidel Castro and the Urban Underground (Cambridge: Harvard University Press, 2002); Piero Gleijeses, Conflicting Missions: Havana, Washington, and Africa, 1959-1976 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2002)..

[8] Este hurgador de documentos produjo la base empírica para su excelente libro con William LeoGrande sobre los esfuerzos encubiertos de negociaciones Cuba-Estados Unidos. Diplomacia encubierta con Cuba. Historia de las negociaciones secretas entre Washington y La Habana (México: Fondo de Cultura Económica, 2015).

[9] Según Spadoni: “Emily Morris, Richard Feinberg, John Kirk, María Dolores Espino, Laura Enríquez, Bert Hofmann, Arturo López-Levy, Paolo Spadoni, Philip Peters, Mario González-Corzo, William Messina, Ted Henken, Manuel Orozco y Emilio Morales, entre otros”.

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