La pequeña escala en el medio del debate

Este artículo forma parte del dossier: 

Gracias a Rafael y la revista Temas por la invitación a presentar este número. Al eje temático central de esta revista, que ellos denominaron algo así como la pequeña escala, me voy a referir en estas breves palabras, que de cualquier manera, y me gustaría que fuera el caso, también pudieran originar algunas preguntas. Ellos escogieron a un economista para que hiciera esta presentación así que me disculpo por el sesgo que indiscutiblemente va a existir en lo que puedo decir al respecto.

El tema que nos convoca es altamente pertinente y además atrevido. Bastante atrevido también para el contexto nuestro. Me atrevería a decir, desde la escasa experiencia que tengo en los estudios económicos, que es una de las perspectivas menos abordadas en general, en la economía, en los estudios sobre economía cubana, e incluso en otras ciencias. Con mucha frecuencia, los grandes planes, las grandes visiones país, los grandes números, tienden a pasar por alto eso que acá se denomina la pequeña escala. En esta entrega hay mucho sobre las pymes, pero también hay otros artículos interesantes sobre temas conectados y, al mismo tiempo, un poco diferentes.

Desde el punto de vista de los estudios económicos y a nivel internacional, cuando se ha empezado a reflexionar sobre la pequeña escala, sobre los diferentes actores del desarrollo económico y social, un grupo de nosotros hemos empezado a relacionarlo con una serie de conceptos que también son fenómenos o procesos que merecen ser atendidos con mucha mayor profundidad. Voy a referirme a algunos de ellos.

Para mí la pequeña escala tiene mucho que ver con el concepto de diversidad, de pluralidad, de asimetría, con el de relaciones de poder, con la multiplicidad de actores y por tanto con la variedad de intereses que muchas veces es difícil acomodar, entender o jerarquizar desde los grandes planes.

Cualquier unidad o criterio que uno pueda usar para hablar de la pequeña escala, por lo menos en las ciencias sociales y particularmente en el ámbito de la economía, es bastante fácil pasarlo por alto porque los fenómenos que se originan a partir de esas interacciones (en la pequeña escala) solamente se entienden completamente en toda su magnitud cuando “se agregan”, como decimos los economistas. Cuando se empieza a sumar cada una de esas partes, y se ve el fenómeno en su total magnitud, se comienza a entender el potencial impacto que puede tener en lo social o en la estructura económica. Y eso hace que tiendan a ser pasados por alto muchas veces, o que los fenómenos se desarrollen y no llamen la atención desde un primer momento, a diferencia de lo que puede pasar con otras cuestiones que inmediatamente van a ser captadas.

Respecto al número en específico, hay varios artículos sobre la cuestión de las pymes, incluyendo uno acerca de Cuba. Eso, en sí mismo, es bastante significativo, porque es una de las cuestiones que genera más controversia dentro de lo que se ha dado en llamar la actualización del modelo económico cubano, conectada también con el desarrollo del sector privado, los cuentapropistas, las cooperativas. Aunque hay bastante debate, no me parece que todavía haya un consenso, general, macro, sobre el asunto. Quizás uno de los aspectos más interesantes del número es que presenta perspectivas diferentes. Una de las cuestiones que ya sabíamos, y que aquí se ve con mucha claridad, es que el papel que juegan las pymes en el desarrollo económico-social tiene mucho que ver con las características del sistema socioeconómico de los espacios a que se hacen referencia.

Permítanme poner dos ejemplos de casos extremos de la realidad: para cierta economía, digamos liberal, hablar de pymes resulta bastante natural: es, si se quiere, una de las dos o tres esencias del capitalismo. Si se habla del capital y de empresa es natural hablar de cómo crear más empresas y que las personas hagan uso de la libertad jurídica, al menos en ese sentido. Y por otro lado en el modelo soviético oficial, las pymes no formaban parte de la gran visión de construcción de país; y en el intermedio hay de todo, en muchas combinaciones.

En este número 89-90 se pueden ver diferentes perspectivas en relación con las pymes, pero también en lo que se refiere a actores de menor escala en general. Resulta interesante lo que han estado haciendo, por ejemplo, modelos económicos como los de Bolivia, Ecuador, Nicaragua, que muestran cómo la "nueva izquierda latinoamericana" se ha entendido muy bien de la idea de empoderar a esos actores de pequeña escala que habían sido históricamente negados dentro de esos sistemas socioeconómicos.

Otra vez hay un gran debate en Cuba, estamos en el camino hacia un consenso en ese sentido y es muy importante que haya varias perspectivas. Esa es una de las utilidades inmediatas de este número, donde aparecen al menos dos artículos relevantes para el caso cubano: uno relacionado con la informalidad, y otro sobre la agricultura familiar. Ambos son temas de primera importancia para nosotros. Algunos están más avanzados en el debate social y académico, quizás las pymes podría ser el caso; en la agricultura se ha ido y venido de home a tercera varias veces pero no hemos logrado todavía anotar la carrera; la informalidad puede ser una de las cuentas pendientes que tenemos, creo que hay mucho de eso ocurriendo en estos momentos en nuestro contexto, y, en ese sentido, es interesante sumarse a estas perspectivas que presenta la revista.

Quiero terminar esta pequeña reflexión, muy improvisada sobre el tema, con una idea: muchas veces no es casual que en determinados debates, determinados contextos socioeconómicos, estas escalas pequeñas tengan un rol menor. Existe la idea, y por eso mencioné antes el caso de la nueva izquierda latinoamericana, de que hay un criterio de justicia social que tiene que ver con distribuir, centralizadamente, recursos para satisfacer necesidades de grupos poblacionales que pueden ser muy amplios. Y por otro lado, se están reportando muchas experiencias acerca de poder abrir oportunidades para que estos grupos y estas entidades, de mucha menor escala, puedan construir ellas mismas las soluciones a sus problemas y a los que ellas identifiquen, que no tienen que ser necesariamente los de nivel macro. Son dos maneras de aproximarse al problema de la justicia social, de la distribución de recursos, de la satisfacción de necesidades, que muchas veces se entiende que no se pueden dejar en manos del mercado. Pero la respuesta a esa necesidad o criterio social va a definir entonces qué lugar otorgar a la pequeña escala, a grupos, a unidades económicas de diverso tipo. No es algo trivial. La forma en que respondamos estará estrechamente relacionada con cuánto estaremos empoderando a estos actores de mucho menos tamaño en nuestra sociedad.

Muchísimas gracias.

(Palabras en la presentación del No. 89-90 de la revista Temas: "La pequeña escala como estrategia de desarrollo" en la Feria Internacional del Libro de La Habana 2018).                        

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