La Unión Europea y Cuba en 2017-2018: foto de familia

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La Unión Europea y Cuba han alcanzado en 2017 el mejor momento de su historia común. Después de más de un cuarto de siglo de vaivenes en los que un grado altísimo de politización escamoteó las virtudes de la relación en otros terrenos, ambas firmaron en 2016 un Acuerdo de diálogo político y cooperación (ADPC) que entró provisionalmente en vigor el 1 de noviembre pasado.

Es la primera vez que el conjunto de las relaciones se canaliza por una vía negociada, lo que constituye un punto de giro —reconocido por la Alta Representante de la UE para Política Exterior y de Seguridad, Federica Mogherini— a partir del cual se superan el unilateralismo y la fragmentación de la política precedente. Tanto el proceso negociador como su resultado ubican a ambos actores en una dinámica de percepción recíproca más flexible, y de cooperación en terrenos comunes, así como de identificación y construcción de otros nuevos.

El Acuerdo posibilitó la derogación de la Posición Común de 1996, básicamente por incompatibilidad jurídica, aunque también por inutilidad como instrumento destinado al alcance de determinados objetivos. Es más congruente desde todo punto de vista con los intereses de política exterior de ambos actores: le da a la UE posibilidades reales de influir sobre Cuba, que pierde el estigma de haber sido el único país de América Latina y el Caribe y uno de diez en el mundo sin vinculación contractual a la Unión, a cuya política latinoamericana queda ahora integrada plenamente.

Se demostró cuán inteligente fue la decisión práctica de buscar un acuerdo que institucionalizara lo existente, dejando abierta una puerta a la evolución. Poner el listón en una altura alcanzable, sin pretender pasar de la nada al todo, favoreció la inesperada amplitud del acuerdo, que rebasó las expectativas iniciales, añade elementos nuevos a los que ya existían en diferentes ámbitos de la relación bilateral hasta abarcar casi todas las áreas posibles de cooperación, y que, en calidad de acuerdo mixto, incluye como partes a los Estados miembros de la UE, además de a la Comisión Europea.

 

El Acuerdo, concluido para un período ilimitado, está definido como de diálogo político y cooperación

El diálogo político entre la UE y Cuba había sido oscilante como la relación bilateral en su conjunto y, aunque reanudado desde 2008, su agenda era ad hoc. El ADPC, como acuerdo marco, define los temas políticos y prevé un diálogo reforzado en los temas de derechos humanos, terrorismo, delitos graves de alcance internacional, medidas coercitivas unilaterales; combate a las drogas ilícitas, la discriminación racial, y la xenofobia, así como desarrollo sostenible, y algunos que no formaban parte de la agenda bilateral, como armamento pequeño y ligero, desarme y no proliferación de armas de destrucción masiva.

La cooperación con la Comisión Europea también fue reanudada en 2008. Desde entonces, más de ochenta proyectos han sido financiados por más de 120 millones de euros y otros 26 millones están disponibles hasta 2020. En particular, merece la pena mencionar la reconstrucción capital del Palacio del Segundo Cabo, donde hoy radica el Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa, como un resultado palpable, útil y encomiable de esta colaboración. Y también el hecho de que la Universidad de La Habana es beneficiaria actualmente de 31 proyectos Erasmus+; 4 proyectos Horizonte 2020, uno de intercambio de expertos y una Cátedra Jean Monnet. En el ámbito de la cooperación, el ADPC incluye disposiciones relativas a gobernanza y derechos humanos, justicia, seguridad ciudadana y migración; así como a cuestiones sociales, medioambientales, económicas y de desarrollo, con atención particular a la integración y cooperación regional caribeña y latinoamericana y el desarrollo de acciones conjuntas en los foros multilaterales.

El capítulo del comercio es menos ambicioso, a pesar de que la UE fue responsable en 2016 de 31,2% del comercio exterior total de Cuba, lo que la ha convertido en el primer socio comercial de la Isla. Desde 2010, su participación en los intercambios cubanos ha sido de 30% o más. No obstante, este apartado codifica la base convencional (relativa a la OMC) para el comercio UE-Cuba, incluye disposiciones sobre facilitación comercial y cooperación en áreas como barreras técnicas al comercio y estándares, y una cláusula que prevé el desarrollo futuro de un marco más fuerte para las inversiones.

 

¿Está todo resuelto? ¿Cuáles son los riesgos previsibles?

Existe el riesgo institucional, cuya primera fase fue salvada cuando el Parlamento Europeo dio su aprobación al ADPC. La adopción de dos resoluciones al respecto, una legislativa y una no legislativa, esta última con abundantes pronunciamientos críticos sobre la realidad cubana, muestra que en la UE sigue habiendo importantes actores y sectores reacios o al menos reticentes a una plena normalización de las relaciones con Cuba. Queda pendiente la ratificación en los veintiocho parlamentos nacionales, dado el carácter "mixto" del acuerdo; un proceso complejo y prolongado que se salva, sin embargo, gracias a la amplitud de las disposiciones de aplicación provisional del acuerdo, que pueden implementarse gracias a la ratificación del Parlamento Europeo.

Hay también un riesgo de inacción, poco probable, pero no imposible. Una vez en vigor su aplicación provisional, no parece haber excusas para que se negocien y pongan en práctica las modalidades concretas de su ejecución. La firma del acuerdo no es un fin en sí mismo, sino un medio, y en la medida que su implementación se dilate, perdería trascendencia.

Existe también el riesgo de la no evolución, de que el ADPC se convierta en statu quo. En paralelo a su puesta en práctica, el alcance del Acuerdo deberá ser ampliado, para poner las relaciones UE-Cuba en un lugar no inferior al del conjunto de los países de la región. El Acuerdo da una base para ello, ahora depende de la UE y sus Estados miembros, de la parte cubana, de todos los actores involucrados, cómo va a ser utilizada esa posibilidad.

Finalmente, un riesgo que no puede soslayarse: el del retroceso, que la historia vivida impone tomar en cuenta como posibilidad, por remota que pueda parecer. Los riesgos de inacción o no evolución serían formas del retroceso por significar un estancamiento dentro del período en que más y más rápidamente han avanzado las relaciones entre la UE y Cuba, aunque no las únicas. El peor escenario, sin embargo, podría ser la denuncia o el abandono del ADPC.

Todo apunta, no obstante, a que este es un momento nuevo, que otorga mayor capacidad de maniobra a las partes involucradas. No perderlo y mantener su ímpetu es el reto mayor frente a cualquiera de los riesgos mencionados.

Comenzando 2018 se  produjo la tercera visita a Cuba de la Alta Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad, Federica Mogherini, un verdadero récord entre las figuras de similar nivel. Su presencia en la Isla, en momentos en que la administración estadounidense de Donald Trump ha dado pasos firmes en pos de hacer retroceder lo alcanzado en las relaciones Estados Unidos-Cuba desde 2014, ha puesto en evidencia el compromiso de la UE con el proceso del acuerdo bilateral y con la dinamización y ampliación de las relaciones con Cuba. También lo desmarca de las más recientes tendencias de la política cubana de Washington; la afirmación de Mogherini de que:  "Los cubanos no se han quedado ni se quedarán solos frente a los que levantan muros y  cierran puertas",[1] resulta en este contexto el equivalente de una declaración de independencia. Si ello no fuera suficiente, puede añadirse la evidencia de que tanto en su discurso en el Colegio San Gerónimo como en la conferencia de prensa sus referencias fueron siempre al bloqueo y no al embargo, lo que, lejos de no ser común, es inédito en el discurso de la UE. La reacción a la visita en los medios de Miami fue la que cabría esperar.

Así, las perspectivas de que sigan ampliándose y mejorando las pistas por las que discurre la relación bilateral será siempre contrastante con la persistencia de la política aislacionista de Estados Unidos. Es un valor agregado para lo que, desde la Isla, se ha puesto en función de la dinámica de las transformaciones en curso, al señalar que "Los vínculos económicos con Europa continuarán siendo para Cuba, en cualquier caso, una prioridad en la construcción de una economía socialista eficiente y sostenible".

Una buena instantánea para iniciar un álbum familiar.

 

La Habana, 14 de enero de 2018.

 

Foto de portada: Fernando Medina/Cubahora
 

[1] Dayron Rodríguez Rosales: "Mogherini: Cuba no está sola frente al bloqueo". Granma, 4 de enero de 2018, p. 5

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