Nuestra historia no puede reducirse a una lectura lineal

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Algunas precisiones y aclaraciones adicionales a los comentarios de Humberto Pérez, a propósito de mi crítica a su trabajo sobre el período 1970-1985

La pita se enreda, al decir del refranero cubano popular. Se hace necesario acudir al legado del gran filósofo Akira Kurosawa y que se convoque a las brujas que todo lo saben para discernir cuál de estos dos mortales –Humberto y yo- se acercan o alejan más en abordar correctamente la veracidad de los temas en discusión.

 En esta ocasión -segunda vuelta de Humberto- se nos presenta un documento bien extenso, saturado de cifras que buscan sustanciar tanto sus argumentos como sus refutaciones a mi crítica, abarcando por igual el período de los 60 como el núcleo medular de los 70-85. No pretendo imitarlo en extensión ni sobrecarga de cifras estadísticas, cuya validez y rigor anduvieron –y siguen andando- por aguas turbulentas desde la segunda mitad de la década de los 60 y los primeros esfuerzos para crear una base estadística científica y rigurosa (1961-1965) por parte del Che desde el Ministerio de Industrias.

En todo caso, recordemos que hace apenas unos pocos años el vicepresidente Murillo lanzaba severos señalamientos sobre la ONEI, lo que parece sugerir –una vez más- que el rigor estadístico continúa siendo una carencia recurrente de nuestro quehacer económico. Sigue siendo –al decir de una frase convertida en estereotipo que se repite hasta el aburrimiento en asambleas y reuniones-, “una asignatura pendiente.”

A continuación, mis precisiones y aclaraciones adicionales:

  • Humberto persiste en presentarnos una versión casi piadosa del “llamado sectarismo” (¿por qué dice “llamado sectarismo”?, ¿acaso tiene un término más exacto? Digo esto porque siempre me ha parecido muy inexacto e impreciso). Dice que “fue breve”. Inicios de 1961 a marzo de 1962, es la periodización que propone. Muy inexacto. Con las conversaciones entre Fidel, el Che y dirigentes del PSP en Tarará, bien tempranito en 1959, cristalizó un poder efectivo a partir del cual los representantes del mismo, guiados por el hombre, Aníbal Escalante, que había pasado a controlar el partido de manera total durante los años de la clandestinidad y que ahora, ampliado y multiplicado, seguía ejerciendo dicho control.
  • Afirma Humberto que el sectarismo o tentativa de golpe de Estado “hizo daño en los lugares donde pudo actuar y lastimó a numerosos compañeros, fue combatido y eliminado a tiempo sin que llegara a consolidarse ni a tener fuerza suficiente”.  Y pasa a describir el caso de Las Villas donde, según él, la situación del sectarismo “no se corresponde con las manifestaciones narradas por Amuchástegui”.
  • Veamos si fue breve o no. Nace en los albores de 1959 y de ninguna manera termina en marzo de 1962. Tiene repetidas recurrencias y manifestaciones que se tradujeron en algunos episodios que se hicieron públicos y otros no alcanzaron ninguna cobertura pública debido a consideraciones de conveniencia política por parte de Fidel, Raúl y otros dirigentes revolucionarios. Dije que nace en los albores mismos de 1959, cuando el DIER y la naciente Seguridad del Estado ven la totalidad de sus estructuras y la mayor parte de sus cuadros dirigentes y técnicos copados por el equipo de actividad clandestina del PSP encabezado por Osvaldo Sánchez Cabrera y otros bien conocidos, que en el corto plazo desalojan a una gran cantidad de cuadros de procedencia insurreccional. Lo mismo ocurre con la Seguridad Personal, con la casi totalidad de los candidatos a pilotos enviados a México primero y luego a los países socialistas, donde no pocas broncas se dieron entre miembros del PSP y oficiales de origen insurreccional por el trato preferencial a los primeros por parte de las autoridades de dichos países hacia los mismos. El testimonio del Ministro de las FAR, General Cintra Frías, no deja lugar a dudas. Los primeros tenían toda la confianza política. Los segundos, todo lo contrario.
  • Desde enero de 1959 todas las instancias y actividades de instrucción revolucionaria, trabajo político y propaganda de las FAR y el futuro MININT pasarán a ser controladas por cuadros del PSP, empezando por la Dirección Política de las FAR (Sidroc M. Ramos), las secciones de las principales unidades y de los futuros ejércitos, incluyendo no pocos importantes cargos técnicos. Estos cuadros del PSP se hacían acompañar de un nutrido contingente de asesores y conferencistas del CC del PC español portadores de sus experiencias y de las soviéticas que, muy poco, tenían que ver con la experiencia política de la Revolución Cubana, insistiendo en lo peligroso de los oficiales sin formación marxista y del socorrido ejemplo del “pistoletazo” a los mismos en caso de mostrar debilidades. Creo que el Comandante de la Revolución, Guillermo García, pudiera compartir algunos ejemplos y experiencias de sus relaciones con su “político”,  César Hernández y hacer del relato algo más vívido que este texto. Para 1961 el tinglado de “todo el poder para el PSP” hacía muchísimo rato que estaba montado y funcionando a plenitud. Hasta el Ministerio de Relaciones Exteriores sucumbía igualmente, y para el verano de 1960 quedaba abrumadoramente tomado por un grupo enviado por Escalante al frente del cual figuraba Carlos Olivares Sánchez y que no solo controló la totalidad del funcionamiento de dicho ministerio, sino que buscó socavar y liquidar la figura de Raúl Roa García, “Canciller de la Dignidad”. Y si los medios masivos de comunicación y las instituciones y políticas culturales son parte del poder, sobre estas se abalanzaron hasta alcanzar un nivel casi total al punto de provocar la necesidad del encuentro de Fidel con los intelectuales en 1961 y que, muy a pesar de las puntualizaciones hechas, las persecuciones, sanciones, prohibiciones y apogeo del dogmatismo más obtuso, desataron tendencias y acciones que se prolongarían por muchísimo tiempo. Todo esto el 26 de marzo de 1962 se frenó dentro de los límites que imponían en esas condiciones dañar lo menos posible el esquema de alianza interna y externa en que descansaba una parte importante de la base de poder de la Revolución. Pero decir que no se había consolidado ni que alcanzó a tener “fuerza suficiente”,¨ es algo muy distante de la realidad.
  • En lo tocante a las provincias, Humberto nos dibuja un cuadro casi idílico de reparto proporcional y armónico del poder, en Las Villas, donde algunos oficiales que se mencionan como figuras del MR-26-7, eran en realidad miembros del PSP, error que se comete también al analizar la composición de la Dirección de las ORI en el momento de su constitución. Los nombres de Curbelo, Velaz o Dorticós no se asocian en sus orígenes al MR-26-7, sino al PSP. Yo no tengo ningún problema en la membresía al PSP. Un hombre como Dorticós fue la negación de una posición sectaria. Otros, por el contrario, hicieron del sectarismo un código de conducta devastador. Desgraciadamente, estos fueron los más. Así lo viví y así expreso mi testimonio. Pero hablando de Las Villas, Humberto olvida a un actor clave, el Comandante Félix Torres, ciertamente miembro del Ejército Rebelde, pero notable figura del PSP. ¿Por qué lo omite? ¿Lapsus? Lo mismo ocurre con la omisión de que Las Villas fue uno de los centros más activos de la contrarrevolución, con su núcleo en el Escambray. ¿Acaso no queremos admitir que en ambos casos dicha contrarrevolución y la actividad de EE.UU. encontraron en el quehacer político y social desastroso de Félix Torres en dicha zona un factor que alimentó su implantación y apogeo? ¿Acaso no fueron los Calderío y Restano, del PSP, en Matanzas, los que con sus barbaridades y abusos desnaturalizaron todo lo que proclamaba la propia Revolución y así alimentaron enormemente la actividad contrarrevolucionaria en esta provincia? Otros casos similares pueden ser mencionados. Tratar de minimizar en tiempo e impacto estos acontecimientos no se corresponden con el testimonio de muchos cubanos. Remito a Humberto a hacer una lectura cuidadosa de la primera parte de El socialismo y el hombre en Cuba, de Ernesto Guevara, y la gravedad que le atribuye a aquella situación. Apenas unos meses atrás el Comandante Oscar Fernández Mell, figura muy próxima al Che, nos refrescaba con una caracterización no menos seria y grave de aquellos hechos.
  • Y se dice que terminó el 26 de marzo de 1962. Y el año siguiente la polémica pública entre Blas Roca y Alfredo Guevara, ¿qué reflejaba, sino un resurgir de todo lo que defendió y animó el sectarismo? Y al año siguiente, con el caso del delator de los Mártires de Humboldt 7 amparado por figuras dirigentes del PSP, ¿qué se puso en evidencia de muchas maneras sino las heridas y conflictos del pasado reciente? Hablo de 1964 y no de 1962, y de mil maneras se prolongan los mismos hasta la conocida “microfracción”, en 1968. Aquí el tratamiento piadoso se extiende a las embajadas socialistas en La Habana, donde la descripción de Humberto es que se trata de la actividad de apoyo de “determinado personal” de las embajadas socialistas a estos facciosos. ¿Se refiere al portero o al tercer secretario? Cualquiera que recuerde cómo funcionaban estas embajadas sabe que semejante apoyo y hostilidad fluía directa y oficialmente de sus respectivos centros y capitales. Traer a colación estas cosas no es manosear piezas museables y reliquias del pasado ni descarga de viejos combatientes. Muchas de estas cuestiones están presentes en la reciente biografía de Raúl Castro hecha por Nikolai Leonov, muchas de ellas de manera bien sesgada y omitiendo no pocos ángulos. Están ahí para ser leídas para quien esté interesado en discernir la actualidad de muchos de estos temas.
  • Pero el tratamiento piadoso hacia la URSS alcanza aquí niveles increíbles. Se refiere a los repetidos choques y conflictos con nuestro controversial aliado ocasionados por sus desastrosas acciones de política exterior, explicadas y documentadas en mi crítica, empleando tal vez el término más benigno de todos. Califica desde las acciones soviéticas durante la Crisis de Octubre hasta su invasión de Afganistán como “chapucerías”. Estas contribuyeron decisivamente al derrumbe interno de esta potencia. A estas no se les puede calificar de ninguna manera como chapucerías. Hay que echar mano a términos más rigurosos e ilustrativos de lo que estamos hablando.

 

Hasta aquí mis aportaciones a esos añejos temas, pero que no por añejos pierden vigencia. Nuestra historia toda, y sobre todo para las futuras generaciones, no debemos reducirla a una lectura lineal, “hechológica” y aburrida. Ha de ser diversa, controversial, con todas las versiones y con la carga de vivencias y pasiones que la hagan vibrar. Sólo así será más leal a la realidad y más atractiva a esas jóvenes generaciones, si no, la reducimos a simple ¨baba¨ que alimenta al sostenido rechazo a semejantes lecturas de parte de los jóvenes que puedan interesarse por el pasado o el interés de investigadores y estudiosos. Pasemos a otros aspectos.

  • El asunto de los armamentos. Cita Humberto ni más ni menos que a Fidel para intentar refutar mi afirmación acerca de los pagos a la URSS por dichos armamentos. Recurso interesante para semejante intento. Si lo que busca es intentar anular mi argumentación por el empleo de una cita de Fidel -recurso repetidamente empleado a todo lo largo de su trabajo-, le aseguro con todo respeto y admiración hacia éste, que no por ello va a silenciarme. El hombre y sus circunstancias, parafraseando a Ortega y Gasset, es algo que no podemos pasar por alto. Estadistas y figuras de relieve lo saben perfectamente. El nuevo contexto y cambiantes circunstancias, inclinarían a Fidel a pronunciarse en tales términos. Así lo pensé entonces y así lo digo ahora, con mis propias palabras y testimonios. Primero, cualquier lectura de uno de los famosos discursos de Fidel durante la Crisis de Octubre, se habla de una condonación circunstancial y limitada a dicho momento de los pagos por los armamentos por parte de Moscú, como gesto amistoso hacia Cuba. Segundo, poseo conocimiento documentado como parte del equipo dirigente de la Dirección de Países Socialistas del Minrex en los años 60 y luego de trabajar estrechamente con figuras claves de la política exterior como el Comandante Manuel Piñeiro y el Capitán Osmany Cienfuegos. Tercero, recuerdo a Carlos Rafael Rodríguez referirse al tema, con absoluta naturalidad, en un par de ocasiones a comienzos de los años 70 con el compañero que, operativamente, llevaba estos asuntos, el especialista Humberto Lastra. Cuarto, reiterarle que a la altura de 1964 no fue otro sino el propio Fidel quien ante la conferencia con los PPCC de América Latina y el Caribe precisaba literalmente que solo la República Popular China había extendido gratuitamente sus entregas de armamento a Cuba. Por último, de todos es bien conocido el planteamiento al respecto que hiciera el Che, en el Seminario Afroasiático de Argel y que recientemente nos lo recordara con lujo de detalles el Comandante Jorge Papito Serguera en su libro.
  • En esta fase de la discusión, Humberto acude a su arsenal de números y estadísticas que culminan en la monumental cifra de 27 400 millones de dólares entre 1975 y 1984, envidiable hasta para los niveles del Plan Marshall. No cuestiono el mismo ni su acuciosidad y en particular la información referida a las relaciones con los países no socialistas. No poseo ni un barril de pólvora para cuestionar o enfrentar dicho arsenal. Mi arsenal consiste mayormente de testimonios, observaciones y vivencias, y me consuelo un poco con aquella cita poética de que tanto gustaba a Carlos Marx: “Gris toda teoría, verde el árbol de la vida”.
  • Se insiste en que mi afirmación de que a finales de los 70 y en el curso de los 80 comenzaron a disminuir rápidamente los créditos y proyectos influidos por diferencias y conflictos con los soviéticos, “ello no se corresponde con la realidad”. Reitero lo dicho y vivido a partir de dos acontecimientos de tamaña dimensión estratégica. Primero, que la Unión Soviética declinaba reafirmar y daba por cancelado cualquier compromiso relativo a la seguridad estratégica de Cuba. Segundo, que la renovación y modernización tecnológica de los requerimientos defensivos de Cuba para sus fuerzas armadas no podían satisfacerse, sino en medida en extremo limitada. Si a partir de estas dos premisas no comenzó a producirse esa marcada declinación –más allá de los decrecientes intercambios comerciales que sobrevivieron- y un viraje integral en las relaciones cubano-soviéticas, entonces es muy difícil imaginar qué otros virajes de tanta gravedad hacían falta para cuestionar seriamente el optimismo recurrente en este documento. Cualquiera que lea la entrevista de Vázquez Raña a Raúl, publicada en 1993, en el periódico El Sol, podrá encontrar su versión de la crisis de las relaciones cubano-soviéticas, de fines de los 70, o de lo contrario, en los testimonios que aparecen en su biografía, de Leonov, lo menos que podrá hacer es cuestionarse el rumbo idílico de dichas relaciones que nos propone entre fines de los años 70 y 1985. Increíblemente, nada de esto existe para Humberto en ninguno de sus dos documentos. Se ignoran olímpicamente y me asalta la duda de por qué lo hace si, a los efectos prácticos, la alianza con la poderosa URSS –parafraseando a nuestro canciller de siempre- “se fue a bolina” en la transición de esas dos décadas.
  • Y los problemas y vulnerabilidades que rápidamente empezaron a manifestarse –repito, más allá de la estadística de Humberto- lo que hicieron fue demostrar que un crecimiento extensivo muy respetable del 5% durante tres quinquenios había estado muy poco basado en resultados intensivos autosustentables y principalmente favorecido por las conocidas bondades de la cooperación soviética (precios deslizantes, reexportación del petróleo, créditos blandos, refinanciamientos prolongados y otras) cuyas cifras equivalentes se inyectaban a la estadística oficial, inflando estas de manera considerable. Las cifras y estadísticas que nos suministra Humberto Pérez se agravaban además debido a dos factores. Primero las bien conocidas debilidades en los sistemas de contabilidad existentes en el país, lo que se acentuaba con un segundo factor que Humberto tampoco menciona: Es notorio para todos los que vivimos aquella época que la gestión económica no era un proceso unificado enteramente en manos del presidente de la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN), Humberto Pérez. Este sabe perfectamente que en aquella época los procesos de gestión económica, incluidos gastos, proyectos, compras en el exterior, se ventilaban en una interacción bastante descordinada y no pocas veces conflictiva, donde intervenían instancias muy diferentes, desde el Presidente Dorticós y su control sobre el Banco Nacional, hasta las oficinas de la secretaria del Consejo de Estado Celia Sánchez y por otro lado, las oficinas del compañero Carlos Rafael Rodríguez. En dicho contexto asegurar un flujo coordinado, uniforme, estable, bien fundado y supervisado, era poco menos que una quimera. Imaginarse que en dicho cuadro era posible una contabilidad y estadística confiable era poseer una imaginación bien fecunda. Por esto insisto en que la suma de resultados exitosos presentada por Humberto no son resultados nacidos de una maduración interna, genuina y sostenible. Por consiguiente, la bancarrota a la que se tiene que acudir a partir de 1986 no se limita solo a los acreedores occidentales, sino también en primerísimo lugar a la ya mencionada crisis en las relaciones cubano-soviéticas.
  • Para terminar –habiendo tratado de reducir mis argumentos a lo que me parece más esencial- me encuentro ante un Epílogo de unas pocas líneas en que Humberto trata de calificarme de mentiroso con auxilio de una cita del Che que pretende endilgarme. Pruebe que miento de manera más eficaz y tal vez algún que otro harakiri me tendré que hacer. ¿Y usted por su parte, está seguro de que dice la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? Mejor suerte en el futuro.