Sin cultura no puede haber sostenibilidad posible

La sostenibilidad desde el punto de vista de su relación con el medio ambiente, pero también desde las aristas económicas, políticas, sociales y culturales fue el tema que convocó al Último Jueves de Temas, para abrir el año 19 de estos debates en su habitual sede del Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate, y mantener los vínculos con La noche de las ideas, un proyecto fomentado por Francia en todo el mundo, a través de sus embajadas.

Sobre las definiciones de qué es lo sostenible, sus dimensiones y otros elementos, el panel integrado por Bertrand Guest, profesor de literatura de la Universidad de Angers, en Francia; Rodolfo Rensoli, promotor cultural en Alamar y fundador del movimiento de Hip Hop; Al Campbell, profesor emérito de la Universidad de Utah, en Iowa, Estados Unidos; Fernando Funes, agricultor y participante del proyecto Finca Marta, dedicado a la agricultura orgánica, y Alfredo Martínez, especialista en manejo sostenible de tierras de la Agencia de Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), reflexionó y comentó experiencias de las tres naciones representadas.

Foto: Darío G. Sánchez/Temas

¿Qué es sostenibilidad?, se preguntaron en los inicios del intercambio en el que Fernando Funes consideró que es lo que se hace hoy para no limitar la vida de las futuras generaciones, y en su criterio es esencial definir qué será sostenido, por qué tiempo y a costo de qué y para beneficio de quién. Es una discusión que se ha tenido en varios espacios políticos, señaló, se ha tratado de llegar al acercamiento, pero no ha habido consenso.

Bertrand Guest se refirió a que, aunque el término es nuevo, el fenómeno es muy antiguo, pues proviene de una noción de equilibrio muy añeja, «un equilibrio social en lo que concierne a la repartición de los recursos y que, tal vez en este contexto de los regímenes económicos del capitalismo, es cuando se presenta el problema por los desequilibrios existentes».

Con ello coincidió Funes, quien puso el acento en que el modelo de explotación de bienes que prevalece hoy ha conllevado al indiscriminado uso de los recursos naturales, la superproducción y ha acentuado las asimetrías.

La sostenibilidad, entonces, está estrechamente ligada al logro de una cultura de la explotación de los recursos, que permita el desarrollo social sin detrimento de la naturaleza, pero tal como manifestó Al Campbell, ello no es suficiente. El profesor estadounidense enfatizó en que no se trata de una cuestión de cosas: de petróleo, de suelo, de sistema político; la sostenibilidad «no es solo cuestión de ecosistema», dijo. «Es cuestión de actividad humana, si se puede o no continuar con algo».

Foto: Darío G. Sánchez/Temas

Rafael Hernández preguntó entonces si podrían existir contradicciones entre la sostenibilidad en la protección del medio ambiente y la actividad comercial, la productiva, a lo cual el profesor de la Universidad de Utah respondió que se dan contradicciones, pero sí es posible coexistir. Puso como ejemplo el uso del petróleo, que es necesario para la producción humana, sin embargo, existen alternativas.

El panelista Fernando Funes estuvo de acuerdo en que la sostenibilidad existe hace mucho tiempo, sin embargo, precisó que solo recientemente es que nos hemos dado cuenta, como sociedades humanas, que estamos yendo por encima de las capacidades que tienen los propios recursos naturales que sostienen la vida, de continuar sosteniéndola en el futuro.

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Se refirió a que el término y la categoría de sostenible para diferentes actividades humanas tienen un denominador común, su multifuncionalidad y su multifactorialidad. «Dentro de esa multidimensionalidad emerge una nueva concepción, emerge una nueva comprensión de los fenómenos económicos, ecológicos y sociales, como las tres bases fundamentales del desarrollo humano: la economía, la ecología y la sociedad».

Resaltó que en la puesta en práctica de hacer sostenibles los procesos, se generan varias percepciones y lecturas, porque cada grupo humano, cada actividad económica, cada actividad ecológica, o política, o cultural, ve la sostenibilidad de diferentes maneras. De ahí que considere a la sostenibilidad como una visión contextual, de lo cual surge una serie de dilemas, como el de ponernos de acuerdo en nuestra práctica diaria si lo que estamos haciendo es o no sostenible.

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En término de definiciones, el francés Bertrand Guest piensa que sostenibilidad no es una palabra que pertenezca al vocabulario literario, sino al oficial, al político. «La sostenibilidad es un concepto político. Aprovecha canales como la ecología y el discurso del Estado para oficializar su lenguaje», apunta. No osbtante, esto no quiere decir que todo lo que es sostenible pertenezca a la política, aclara, pues las cosas son sostenibles por sí mismas.

El profesor de la Universidad de Angers coincidió con Funes en que la práctica genera diferentes percepciones, lo que él denominó un sistema de escalas, donde lo que es sostenible para unos no tiene por qué serlo para otros.

Para Rodolfo Rensoli, tanto el criterio de la sostenibilidad como el de comunidad han trascendido a la jerga política. «Son temas sensibles, de actualidad y que trascienden las fronteras de la sensibilidad de la gente que los maneja», ya sea por preocupación o porque identifican un desarrollo otro, que no es el que proponen las estructuras que inciden en las bases.

De acuerdo con el promotor cultural, lo sostenible tiene una dimensión cultural y llamó la atención sobre las limitaciones con las que muchas veces tropiezan los proyectos de sostenibilidad en el orden jurídico, en términos de espacio, de receptores, y que pueden derivar en que la «proyección prosperante que pueda llevar a una sostenibilidad caiga en un espacio vacío».

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«Se preguntaba si podía caer la sostenibilidad en una consigna y yo pienso que sí, que en determinados espacios políticos ha sido así, del mismo modo en que se ha convertido en una consigna la comunidad», opinó. «A veces se habla de comunidad desde la perspectiva de estudios que parten de las comunidades, pero que no son acabados, no tienen la suficiente introspección para, desde los recursos de la estructura, volver y colaborar. El instinto primario es preservar la comunidad, pero no siempre encuentran los resortes para ello».

Sobre las experiencias en el trabajo que desarrollan en el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente, Alfredo Martínez explicó lo que realizan en la Agencia de Medio Ambiente, donde él labora, y donde los programas relacionados con la desertificación y la sequía están enfocados en la visión de ecosistema, muy estrechamente vinculada con la cultura y, por tanto, con la sociedad y la política.

Significó la diversidad de intereses que se generan en estos espacios y señaló que en Cuba, hace unos años atrás, la agricultura no tenía en total consideración la sostenibilidad, y que hoy se trata de demostrar que es posible cuidar los recursos naturales y garantizar la alimentación, recuperando incluso prácticas de los primeros habitantes de la Isla, o los métodos de captación de agua de la colonia, todo ello con ciencia detrás.

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Poner en contexto la sostenibilidad y la resilencia –dijo Fernando Funes– implica entender que «una finca no es sostenible solo porque haya una práctica que sea sostenible, o porque haya una persona que tenga actitudes sostenibles. La sostenibilidad es un concepto socioecológico que envuelve dinámicas mayores, escalas mayores, incluye la sociedad, los recursos naturales y procesos donde se involucran muchas facciones diferentes».

La cultura es también valorada por este agricultor como un aspecto relevante, pues tiene que ver con los saberes y tradiciones que se transmiten por generaciones y, al mismo tiempo, con una cultura de la sostenibilidad que es preciso formar y que hoy, en su criterio, es la mayor debilidad en el camino de dejarle a las generaciones próximas un mundo mejor, un país mejor.

¿Es posible aplicar la sostenibilidad a escala local o solo es posible hacerlo a escala nacional?, pregunta Rafael Hernández, a lo que Al Campbell respondió «que todas las personas tienen intereses locales, regionales y nacionales», pero que es preciso conciliar los comunes y actuar.

Destacó la importancia de atender a grupos locales que toman decisiones locales, y no pensar que todo el mundo participa en este diseño. Hay tener en cuenta «los intereses de las comunidades y que estas puedan decidir sobre lo que es bueno y lo que es malo», añadió.

«Es necesaria una visión más flexible en cuanto a la tendencia de las comunidades a autorregularse», alertó Rodolfo Rensoli al abordar el tema de la interrelación entre los ámbitos locales y los nacionales. «Esto no sucede porque no existe un entorno jurídico ni hay un nicho estructural donde se pueda depositar esta experiencia. Hay iniciativas que, si se conjugaran con otras, pudieran lograr un altísimo nivel de autogestión de la comunidad. Yo pienso que si, como país, no nos damos cuenta que la máxima autonomía tiene que estar en la base, y contemplamos las iniciativas que allí se generan, desde su cultura, no puede haber sostenibilidad posible».

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Bertrand Guest definió cuáles son, para él, las amenazas que gravitan sobre los procesos de sostebilidad. La primera es el perfil económico que predomina, y que incluye la visión de rentabilidad; la segunda se refiere a la competencia en el lugar de la ayuda mutua; y la tercera es la amnesia, es decir, la pérdida de la memoria, que impide aprender las enseñanzas que da el pasado en todos los aspectos.

Acerca de la importancia del diálogo reflexionó Alfredo Martínez, por el aporte que este hace en la búsqueda de ideas que nos unen. «En Cuba a veces pensamos que lo que hemos estudiado o lo que estamos haciendo es lo más importante, y entonces cada sector considera que lo suyo lo es, en lugar de buscar el diálogo», comentó.

El cambio de mentalidad es la otra barrera importante a saltar, aseguró el funcionario del Citma y añadió que, aunque se ha avanzado, aún hay mucho por hacer para que los productores entiendan que si no cuidan el suelo, si no hacen su producción más amigable, a la vuelta de unos años no tendrán dónde sembrar.

Precisamente desde el público Armando Fernández remarcó el tiempo como una falencia en las visiones en cuanto a lo ambiental. «La capacidad de consumir los recursos y construir la resiliencia de los ecosistemas tiene que analizarse respecto al tiempo que toma esa recuperación», enfatizó.

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Una visión semejante expuso Niurka Pérez, para quien es imprescindible atender a la historia cuando se habla de sostenibilidad. «Cuba viene de una historia de no sostenibilidad y de no agroecología, lo que complejiza el proceso en que se introducen estas concepciones», apuntó.

En su intervención, Raúl Garcés dijo que se percibía una corriente fatalista en la concepción del desarrollo presentada por algunas personas. «Buscar la sostenibilidad –valoró– implica necesariamente subvertir las relaciones de poder establecidas, que tienden a ser insostenibles. Me gustaría que estuviéramos buscando alternativas y, dentro de ellas, qué papel pudieran tener las sociedades para construir lo sostenible desde abajo».

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Comentó que en Cuba y en otros países, «hay cada vez más integración entre la Agenda 2030 y los planes nacionales de desarrollo, dando a los municipios, a los proyectos sociales, a los seres humanos a nivel local, un papel cada vez mayor en el empoderamiento de la construcción de alternativas», y esa pluralidad es la que se necesita para cambiar esa visión fatalista.

Rafael Hernández insistió en que la clave está en formar ciudadanos conscientes, lo que debemos preguntarnos es «dónde se forman estos ciudadanos, en qué espacios reales, prácticos y concretos; cómo se logran construir espacios comunitarios, entornos de poder donde se contribuya a la construcción de espacios sostenibles desde el punto de vista cultural, social y político; cómo se hace para desarrollar una economía que no sea de subsistencia; cómo se hace para desarrollar ese grado de autarquía que no viene dado por la naturaleza… ¿es cosa de los medios de comunicación, de las escuelas, de las comunidades, de las autoridades, de la política…?», interrogaba.

Las preguntas del moderador se unieron a otras formuladas por el público, como el cuestionamiento sobre el conocimiento o no de los elementos de la teoría marxista relacionados con la sostenibilidad; sobre la relación de sostenibilidad y recursos disponibles o necesarios, aspecto que no fue abordado por los panelistas; sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de  Naciones Unidas, a los cuales tampoco se había hecho alusión, y acerca del impacto del turismo en el entorno donde se desarrolla, «porque el que viene no tiene conciencia de proteger, además del gasto de energía y agua», ¿cómo desarrollar un turismo responsable?.

Fernando Funes partió en su respuesta de que la sociedad cubana, y en general todas las sociedades, tienen que entender y aplicar una concepción sostenible. Consideró que los Objetivos de Desarrollo Sostenible hacia 2030, que Naciones Unidas ha definido en sinergia con la sociedad civil, con las organizaciones gubernamentales y los países, no van a lograrse para esa fecha, pues resumen una cantidad de temas que, «por separado y con los modelos económicos que tenemos en el mundo», no se van a resolver.

«De todas maneras, como todas las organizaciones y como todos los que estamos tratando de que cambien las relaciones de fuerza en la economía, y venga desde abajo, como se planteaba, una fuerza de las comunidades, de la gente, de esa democratización que necesitamos en el mundo, seguiremos haciendo cosas, seguiremos demostrando cuánto es posible para avanzar en estos objetivos».

En cuanto a las ideas de Marx, el agricultor significó que aunque en la época del sabio alemán no existían muchos de los adelantos que hay hoy, este fue capaz de hacer referencia al empleo de las nuevas tecnologías en la agricultura, tanto como en otros terrenos. Otros planteamientos, como las relaciones de poder en el uso de la tierra, económicas, logísticas e incluso de acceso al mercado, se dan en nuestras relaciones de mercado, monetarias-mercantiles, que no permiten muchas veces al que produce valorizar su trabajo, hacerlo realmente factible y socialmente útil.

Foto: Darío G. Sánchez/Temas

Se dice que hay que producir más –añadió Funes–, pero yo creo que no, pues «se pierde el 50% de lo que se produce, porque no hay buenos sistemas de transportación, de almacenamiento», y otras infraestructuras que realmente favorezcan una producción eficiente.

Comentó que Cuba ha desarrollado un movimiento de agroecología desde principios de los 90, derivado de una necesidad histórica, sin embargo, ese movimiento después de 30 años no ha tenido los resultados esperados. Reseñó que todavía hay muchas limitaciones para multiplicar los aprendizajes, como ha ocurrido en el caso de la experiencia de Finca Marta.

Alfredo Martínez comentó los esfuerzos que desde el Estado se realizan para el estudio de las vulnerabilidades y los riesgos, lo que permite trazar estrategias para minimizar los daños ocasionados por fenómenos naturales y otros provocados por el hombre, como el cambio climático. En este sentido resaltó el papel de la Tarea Vida, plan que resulta un logro del país y se perfecciona constantemente, y dentro del cual aún hay muchas tareas por ejecutar.

En torno a la sostenibilidad del turismo, Rodolfo Rensoli afirmó que se trata de un debate muy actual y de alcance internacional, porque está relacionado con el patrimonio tangible y el intangible. Resaltó, sin embargo, la importancia de la acción local para este y otros temas, pues desde la comunidad se pueden generar sentimientos de arraigo y una educación sobre el cuidado del entorno basada, también, en estos. Puso como ejemplo la exitosa experiencia de los 90 en los proyectos de la educación histórica sobre la base de la identidad, muy lejos de los proyectos macroestructurales instructivos.

«Sostenibilidad es para mí poder conjugar todos los elementos del planeta, lo humano, con lo no humano, el suelo, la tierra, los recursos, la cotidianidad…», dijo Bertrand Guest ya en las conclusiones del debate. «En todo lo que hemos escuchado hay historias que dan esperanza. ¿Qué hacer, cuáles serían las soluciones? Pienso que esto que estamos haciendo aquí, que hace Último Jueves, forma parte de la solución y es mucho más importante de lo que pensamos, porque es un espacio para compartir las historias, los testimonios… Lo que sucede con las historias que dan miedo es que cuando las compartimos son menos tenebrosas, y las historias optimistas se multiplican».

Foto: Darío G. Sánchez/Temas

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