Una "trumpada" al intercambio académico entre Cuba y los Estados Unidos

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Foto de portada: Getty Images

La existencia de intercambios académicos a nivel internacional es una práctica creciente, intensificada desde el fin de la Guerra Fría. En el caso de Cuba y los Estados Unidos, que por más de cincuenta años han tenido relaciones abiertamente hostiles, los intercambios funcionaron como “diplomacia académica” y mantuvieron los contactos durante los tiempos difíciles de los vínculos entre La Habana y Washington. Si bien los acuerdos del 17D de 2014 actuaron como catalizador positivo para su desarrollo, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca afectó sensiblemente la buena marcha de los mismos.

Aunque aquella fecha marcó una coyuntura que implicó la posibilidad real de dinamizar los nexos académicos, y ciertamente se avanzó, existieron obstáculos burocráticos por parte de los dos gobiernos que no permitieron que se aprovechara esa coyuntura y se avanzara con todo el ímpetu que se hubiera podido. No obstante, en particular hacia el final de la administración Obama, se produjo un flujo considerable de visitas de académicos cubanos a los Estados Unidos y de estadounidenses a Cuba.

Las declaraciones del presidente Donald Trump del 16 de junio de 2017, en Miami, sentaron las bases de su política hacia Cuba, que busca revertir gran parte de los avances alcanzados con el gobierno de Barack Obama. La política de la era Trump se enmarca en los patrones de hostilidad de la Guerra Fría y está marcada por un grupo de acciones que fortalecen el bloqueo y entorpecen los viajes de los estadounidenses a la Isla.

En este nuevo contexto político, una de las actividades que más se ha afectado ha sido los intercambios académicos y culturales entre ambas naciones. A partir del otoño del pasado año estos empezaron a descender paulatinamente, reducción que se hizo cada vez más nítida y más rotunda en los pronósticos de viajes educativos y en la matrícula de estudiantes estadounidenses de pregrado en los programas de semestre y en los cursos cortos anunciados para 2018 en universidades cubanas.

Podemos afirmar que, en materia de intercambio, estamos en un momento tenso. La prestigiosa revista Science lo ha calificado de “atmósfera tóxica”, y en Cuba otros lo han descrito como un verdadero “apagón académico”. En mi opinión, puede reproducirse el ambiente de “congelamiento” de los intercambios que caracterizó a la administración de George W. Bush.

Desafortunadamente, no creo que ante las llamadas medidas (warnings) adoptadas por la administración Trump se haya articulado una estrategia que permita rebasar este daño, ni siquiera en el proceder legal de las universidades y otros actores involucrados en el intercambio en el país norteño. Por el lado cubano, nuestra burocracia, atrapada por otras prioridades, no está lista para “coger el toro por los cuernos” o, como decimos popularmente, para “meterle mano al problema”, y obviamente mucho menos lo hará la de los Estados Unidos, a pesar de que muchos de sus funcionarios están a favor de los intercambios académicos entre ambas partes.

Ante este cuadro, afirmo que no queda otra opción que las comunidades académicas de ambos países se involucren de manera más activa. Somos los académicos cubanos junto a los estadounidenses quienes debemos enfrentamos de inmediato y de manera proactiva a la realidad del momento actual. Deberíamos asumir una postura que acertadamente William LeoGrande calificó como “activismo académico”, de manera que, en todos los espacios posibles —especialmente aquellos de gran capacidad de convocatoria y alto impacto académico y mediático—, informemos sobre la situación existente. Así, cada vez podríamos ser más los que comprendamos que es necesario trabajar juntos para impedir estos retrocesos, cuyas consecuencias pueden ser muy negativas. Insisto en que no debe descartarse que los acontecimientos recientes puedan llevarnos a pronunciados distanciamientos en nuestros quehaceres académicos, como ya pasó en el verano de 2004.

Entonces ¿qué nos queda? Como dicen ahora, ser resilientes y tomar en cuenta a los jóvenes y su contribución en este esfuerzo, gracias al dominio de las nuevas tecnologías de la información. Debemos aprovechar nuestra presencia en el Congreso de Latin American Studies Association (LASA), que sesionará del 23 al 26 de mayo en Barcelona, para difundir un recuento de los viajes cancelados y los obstáculos enfrentados, que no son pocos. Es necesario denunciar tal situación y pensar, entre todos, en cómo elaborar recomendaciones e impulsar acciones que neutralicen los efectos negativos en materia de intercambio.

Por nuestra parte, estamos trabajando (en colaboración con Sheryl Lutjens) en una propuesta de panel sobre este tema para la XVII Edición de la Serie de Conversaciones “Cuba en la política exterior de los Estados Unidos de América”, organizada por el Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) y prevista para sesionar en La Habana en diciembre de 2018.

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