La dimensión social de la ciencia y la tecnología en Último Jueves

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Compartimos con ustedes, íntegramente, el debate de Último Jueves de la Revista Temas junto al Observatorio Cultural Cénit de la Universidad de Oriente sobre el tema "La dimensión social de la ciencia y la tecnología".

 

Moderador: Rafael Hernández, politólogo, director de la revista Temas.

Panelistas:

Dra.C. Alisa Delgado, Profesora de Mérito de la Universidad de Oriente e investigadora del Centro de Estudios Sociales Cubanos y Caribeños “Dr. José A. Portuondo” (CESCA)

Dr.C. Eloy Dariel Álvarez, especialista principal de Comercialización y Producción del Centro de Biofísica Médica (CBM)

Dr. Carlos Miyares, profesor consultante de la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba

MSc. Marcos Camping, vicepresidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Santiago de Cuba

 

Rafael Hernández: Bienvenidos a Último Jueves, espacio de debate que propicia la revista Temas y, en el día de hoy, también el Observatorio Cultural Cénit de la Universidad de Oriente (UO), en torno al tema “Dimensión social de la Ciencia y la Tecnología”.

Estamos muy contentos de hacer este debate aquí. Es la primera vez que hacemos un debate fuera de los marcos que la revista tiene, en la sede del ICAIC en La Habana. Este es el debate número 132. Hemos hecho 131 sesiones de debate antes, por lo tanto, agradecemos mucho que este 132 podamos hacerlo aquí. Rápidamente le doy el line-off de esta batería que viene a intervenir desde el panel sobre las preguntas que previamente les he entregado. (Presenta a los panelistas)

Antes de entrar en la primera pregunta, de indagar en qué quiere decir la dimensión social de la ciencia y la tecnología, yo quisiera aprovechar para recomendar lo que algunos documentos recientes de política cubana dicen acerca de la ciencia y la tecnología.

Si nos preguntamos cuál es el lugar de la ciencia y la tecnología en el discurso político cubano y examinamos un documento como los Lineamentos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, nos vamos a encontrar con un grupo de conceptos relacionados con el objetivo de este debate que están presentes en varios lineamientos, entre los que se encuentran los relacionados con la ciencia.

Si de un lado colocamos el documento base y, del otro, el texto definitivo de los lineamientos aprobado por el Sexto Congreso del Partido, vamos a encontrar importantes cambios de un texto a otro.

Por ejemplo, podemos ver que conceptos como descentralización, territorio, territorial, que eran muy frecuentes en el proyecto base crecieron de 34 a 49 en el texto final; no estatal de 16 a 28; cooperativas, cooperativistas de 21 se quedó igual; ley, legal, legislación, contrato (el tema del orden jurídico) de 15 a 19; participación de 16 a 19, y otros que tienen menos frecuencia, como por ejemplo, autonomía, pasó 1 a 3. Desigualdad se refleja una sola vez, y términos como pobreza y sindicato no están.

¿Cuántos lineamientos tienen que ver con el aspecto de la ciencia? Si miramos el documento base había siete lineamientos que tenían que ver con la ciencia y, en el informe definitivo, se aprobaron 11; es decir, que creció sustancialmente esa parte; y se incluyó uno relacionado con las ciencias sociales, cuando en la primera ocasión no se enunciaba ninguno.

 

Si miramos más cerca o examinamos esos documentos, vamos a encontrar que, en el documento base, la ciencia se encontraba del 122 al 128. Sin embargo, el aspecto social de la ciencia, que podríamos encontrar en elementos como el medio ambiente o las ciencias sociales, tenía un espacio muy reducido. Solo había referencia a ellos en el lineamiento 124, y eran 291 lineamentos en total, ya en el texto final, al cual se le añadieron 22 lineamientos más. Además de que se cambiaron muchísimos, pues dijimos que crecieron de 7 a 11 los relacionados con la ciencia, que se enumeran entre el 129 y el 139, ¡y hay dos que no estaban en el documento base!

Uno es el 137, que dice: Continuar fomentando el desarrollo de investigaciones sociales y humanísticas sobre los asuntos prioritarios de la vida de la sociedad, así como perfeccionando los métodos de introducción de sus resultados en la toma de decisiones a los diferentes niveles; y el 139, que reza: Definir e impulsar nuevas vías para estimular la creatividad de los colectivos laborales de base y fortalecer su participación en la solución de los problemas tecnológicos de la producción y los servicios y la promoción de formas productivas ambientalmente sostenibles. De manera que el documento aprobado por el Sexto Congreso incorporó estos elementos, aunque los incorporó en esta medida que estoy señalando.

El segundo documento importante del que les hablo son los Acuerdos de la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba (PCC), de enero de 2012, que tiene varios objetivos que se centran en la ciencia y, en particular, hacia el papel de la ciencia social. Comparativamente, lo trata mucho más que los Lineamientos. Podemos encontrar, por ejemplo, el objetivo 52, que trata de las tecnologías de la información y las comunicaciones; el 65, que habla de desarrollar las investigaciones sociales, los estudios sociopolíticos y hacer un mayor uso de estos para la toma de decisiones; el 67, que habla de enfrentar las manifestaciones del formalismo, la falta de creatividad y criterios obsoletos que existen en la labor de la comunicación social y la propaganda: que no habla de la ciencia, pero lo pongo aquí porque me parece muy importante. También aparece el número 69, que se refiere al papel de los medios audiovisuales y la prensa escrita en el reflejo de la realidad cubana, en toda su diversidad, es decir: en cuanto a la situación económica y social, laboral, de género, del color de la piel, de las creencias, etc.; que tampoco es de la ciencia, pero que es importante recordarlo.

El 70 versa sobre el tratamiento en los medios de comunicación a los problemas, dificultades e insuficiencias y adversidades que debemos enfrentar, y propone que se supriman los vacíos informativos y las manifestaciones del secretismo. Y les comparto el número 71, que yo recomiendo que pongan en un cuadro y lo cuelguen, en alguna parte: Garantizar que los medios de comunicación masiva se apoyen en criterios y estudios científicos, sean una plataforma eficaz de expresión para la cultura y el debate y ofrezcan caminos al conocimiento, al análisis y al ejercicio permanente de la opinión. Exigir de la prensa y las fuentes de información el cumplimiento de sus respectivas responsabilidades, a fin de asegurar el desarrollo de un periodismo más noticioso, objetivo y de investigación. Creo que en ningún otro documento de esta importancia ha habido un tratamiento tan extenso acerca de esta problemática.

Finalmente, vemos el 63 y el 88, que hacen referencia al papel del debate en el enriquecimiento de la teoría marxista-leninista y el trabajo político en relación con los científicos, respectivamente; lo que también tiene que ver con la temática que estamos abordando en esta tarde.

Estos documentos son materiales de gran riqueza en relación con las políticas que tenemos que  recordar, que están ahí y que hay que hacer que funcionen, que se cumplan; y que tienen que ver, entre otras cosas, con el conocimiento de la ciencia. Después de esta larga intervención, quiero preguntarle a la doctora Alisa de qué cosa estamos hablando, qué entendemos como dimensión social de la ciencia y la tecnología.

Dra.C. Alisa Delgado: Primero hay que ubicarse en el contexto de la sociedad cubana y el proyecto social cubano. No sería la misma respuesta, digamos, desde un centro de investigación que sea adscrito a una empresa de una trasnacional. Por lo tanto, yo pienso que cuando vamos a hablar del problema hay que contextualizar y mirar, desde la propia conciencia política que tenemos del asunto, hasta el contexto desde el cual estamos hablando.

Cuando dialogamos sobre la dimensión social de la ciencia hay que hacerse una pregunta doble: ciencia “para qué” y “para quiénes”. Se supone que la acción social del investigador, en ese proceso, de producir, de construir y de deconstruir resultados de ciencia y tecnología, debe tener una utilidad, una finalidad. Pero no siempre a partir de este posicionamiento, la ciencia puede decirse que es un “bien público”. Es decir, que no es un bien para toda la sociedad, cuando los fines son lucrativos, cuando los objetivos se centran en incrementar las utilidades, desde la base de la investigación y el desarrollo, de una trasnacional. Entonces tienen finalidades que van, directamente, hacia el mercantilismo.

En una sociedad como la nuestra, justamente, cuando estamos hablando de una dimensión social de la ciencia es porque estamos realizando investigaciones desde proyectos, centros o grupos humanos que tienen el propósito, no solamente de construir teóricamente la visión del problema, sino además de dar una respuesta alternativa, que pueda trasformar ese problema social.

Si esas investigaciones están para que sus resultados se proyecten, al alcance de toda la ciudadanía, entonces estamos hablando de un fin que tiene un carácter social; que es amplio, altruista; por eso digo “para qué” y “para quiénes”.

En el ámbito cubano, yo pienso que hay que contextualizar esta cuestión, porque eso tiene que ver con el desarrollo de los contextos. No es lo mismo el oriente del país que el occidente, no es lo mismo Santiago de Cuba que La Habana. Entonces, los problemas sociales que tenemos los que hacemos ciencia y tecnología, tienen que ver con los problemas que se dan en nuestro contexto; dígase, por ejemplo, que en la zona minera de Moa hay muchas enfermedades que se derivan de la contaminación ambiental producto de la actividad en las minas; o que la zona costera del norte de oriente tiene una situación especial con la salinización de los suelos, un fenómeno que no se da en el sur de Camagüey.

Entonces, las investigaciones tienen que tener como punto de partida las necesidades de esta sociedad, vista en un sitio concreto, en una localidad, en una región, en una población determinada. No debe ser de la teoría a la vida, sino al revés. La vida es la que nos va a indicar el camino, y aquí es donde yo veo la dimensión social de la ciencia.

Rafael Hernández: ¿Doctor Eloy Dariel Álvarez, está usted de acuerdo con todo eso?

Dr.C. Eloy Dariel Álvarez: Es difícil no estar de acuerdo con la doctora Alisa. (Risas) Pero voy a tomarme el atrevimiento de darle algunos toques, o cambios a la concepción. Visto ya, no desde lo social, sino desde el componente científico y tecnológico. Casi siempre se traen de la mano, juntas, ciencia, tecnología e innovación, cuando en realidad estamos hablando de diferentes componentes y partes de procesos que tratan, de alguna forma, de llevar algo que en un principio es conocimiento, y que es en realidad lo que en última instancia, en mi criterio, es lo que la ciencia está buscando; porque ese conocimiento, después, de alguna manera, se aplica, y ese paso corresponde a un campo de una metodología o tecnología donde se pueda llevar a cabo.

Pero la imbricación de ciencia, innovación y tecnología impone, a veces, otra mirada al análisis o la discusión del asunto; porque en realidad, en el contexto social, uno se encuentra que eso tiene que ser realizado de alguna forma por actores que también tienen sus propios problemas y complicaciones, y eso le da una dimensión al asunto.

Tiene que ser analizado también en un contexto determinado, o sea, la ciencia no se hace solo por amor al arte, y más en el contexto actual, donde requiere de instituciones especializadas, de componentes especializados, de tecnologías accesorias, de otros conocimientos. Porque se van montando sobre la base del conocimiento previo. Así ha sido a lo largo de la Historia y, por tanto, en ese sentido, se está hablando de un bien que es común. Es decir, nadie puede privatizar el conocimiento, basta con que se le escape a una trasnacional y, de hecho, hoy en el mundo, completando un poco lo que decía la profesora Alisa, este problema de robarse el secreto tecnológico es una parte casi consustancial del propio proceso empresarial o tecnológico. Casi se gasta más dinero custodiando una patente y lo que se genera de ella que en el propio desarrollo de la investigación que se llevó a cabo; de modo que, al final, uno tiene un problema, de una envergadura y una complejidad, que lo hace en extremo diverso: por la cantidad de matices que tiene. Y abordarlo también resulta complicado, pero que hay que diseccionarlo de alguna forma.

Creo que cuando nos referimos a este tema, uno lo trata en el sentido del impacto que esa ciencia tiene y, en las condiciones actuales, -y ahí yo si veo lo que la profesora decía de la contextualización-, es que por ejemplo, nosotros hoy, estamos en una situación económica particular; por lo tanto, la ciencia, no puede ser una ciencia que busque el conocimiento por el conocimiento. Quizás, esta sea parte de la componente esencial que ya se declaró aquí hace unos momentos: tiene que ser una ciencia que vaya a particularizar en cada problema, en cada de detalle.

La forma en que esa ciencia se retribuye después a la sociedad no siempre se puede dar en el contexto económico y, cuando se habla de tecnología, de aplicación de la ciencia, eso tiene que verse con efecto económico. Lo que en un determinado contexto no siempre está justificado, por las dimensiones del entorno en que esa ciencia se va a ejecutar después como tecnología o como producto.

Un ejemplo de eso último ocurre en un país pequeño como Cuba. Si nos ponemos a analizar, en materia de desarrollo tecnológico, la industria biotecnológica, a partir de los costos que ella tiene, pensando en términos de la población cubana, nosotros no seríamos, visto desde la óptica de una empresa, un mercado para esa tecnología. Porque la dimensión de la población cubana es muy pequeña, es decir, que la internacionalización de la biotecnología nacional es lo que ha permitido garantizar la tecnología biotecnológica que usa el sistema de Salud Pública; por lo tanto, a nosotros se nos da esa doble componente: estamos obligados a ver la ciencia desde el marco local, pero cuando se trata de una ciencia o tecnología que traspasa la capacidad de desarrollo que pueda tener una región en particular hay que internacionalizarla, y llevarla incluso a una escala que no es la nacional.

El problema tiene una diversidad de aspectos que tocar. Creo que aunque, en la esencia de la dimensión social de la ciencia hay una connotación particular, en cada una de las partes, a la hora de analizar y llevar su proyección, en términos tecnológicos. hay que ver cuál es el alcance de esas propias tecnologías y cómo se desarrollan en el futuro particular de cada una de ellas.

Rafael Hernández: Dr. Miyares, ellos han hablado de la dimensión social de la ciencia, en buena medida, como la utilidad que la ciencia tiene para el desarrollo. ¿Hay algún otro aspecto del tema que no sea ese?

Dr. Carlos Miyares: Precisamente, la aplicación de este análisis a una cuestión como la Medicina cubana trae, por consiguiente, una cuestión muy interesante. Sucede que en el año 1959, por obra y gracia de la Revolución, la Medicina que se practicaba en Cuba fue despojada bruscamente de toda una tradición de estilos de realización práctica, y se convirtió en pocos años, para el mundo entero, en una práctica médica de altos quilates y, además, de una humanización extraordinaria.

¿Qué ocurre? Que ese tipo de Medicina se basó en una serie de aspectos que yo voy a mencionar muy rápidamente: la gratuidad de la atención, el acceso pleno, un compromiso social muy fuerte, saberes bien establecidos, una ética muy depurada y un internacionalismo irrevocable. Aquellos eran valores que penetraban la esencia social, de lo que era la dimensión social de lo que debía ser la medicina.

Encontramos que esto es una gran contradicción, porque la Medicina que domina en el mundo, la que nació en el siglo XVII y que se consolidó en el siglo XIX con un paradigma prácticamente monopólico de la atención médica, de la medicalización de la sociedad, y además de eso, con la aculturación de una serie de saberes populares, del autocuidado, etc.; sencillamente, era la contradicción total de la dimensión social de la Medicina.

Esa Medicina se explicitó de una forma totalizadora, de no quería tener ninguna relación con la sociedad, porque concebía al hombre como un ser biológico, expuesto a una serie de agresiones internas y externas que, en definitiva, deterioraban su salud, y que no consideraba que los factores sociales, económicos, políticos o culturales fueran capaces de incidir sobre ese tipo de cuestiones.

Eso tuvo, lógicamente, un desarrollo histórico. Primero surgió, basada en las teorías de la ciencia moderna, cartesiana, del siglo XVII, con conceptos como pueden ser el determinismo, la linealidad y, además de eso, el mecanicismo, el reduccionismo y una cosa muy importante, el sujeto cognoscente, como un hombre prácticamente intocable que era capaz de llegar a hacer leyes exactas sin tener ningún tipo de relación con el medio, ni ser perturbado por ningún tipo de elemento. O sea, era capaz de lograr la objetividad cierta y verdadera.

Con el siglo XIX, el descubrimiento de Pasteur, que fue la teoría microbiana, puso prácticamente el sello con el que se canonizó a esa Medicina, que fue el modelo médico-biológico; el que, como los demás, tuvo como nacimiento a la unión de la ciencia moderna con el pensamiento liberal: llámesele Capitalismo, simplemente. Sin embargo, la Medicina que nosotros practicamos, con la que en definitiva hemos tenido resultados formidables desde el punto de vista de la proyección social de la ciencia, se encuentra atada por una serie de cuestiones de tipo estructural y científico a un modelo que no corresponde realmente a las necesidades de las ciencias.

Rafael Hernández: Dejemos hablar al representante del pueblo, ¿qué le dice el pueblo a la ciencia? Estos científicos que están aquí han enfatizado en la lógica de cómo la ciencia se pone al servicio de los intereses de la gente. Que logra curarlos, llevarle el desarrollo biotecnológico, que aquí no se cobra; todo en la dirección de las instituciones de salud y de ciencia del Estado hacia la población.

¿Cómo es al revés? ¿En qué medida hay una dimensión social que está relacionada en cómo le responde la ciencia a los problemas que los ciudadanos tienen, que no son los que la ciencia tiene en su agenda, sino otras cosas; que tienen que ver con el cómo se colocan los sujetos sociales, la gente común y corriente, delante de las instituciones científicas?

MSc. Marcos Camping: Comparto las ideas que se han expresado antes aquí. Usted se refería a la dimensión social de la ciencia solo como la utilidad para el propio desarrollo de la ciencia. Yo creo que también tiene que ver con la capacidad de servir y dar respuesta que tiene la ciencia, en función de las principales problemáticas de los diferentes contextos, tanto nacionales como regionales o municipales. Y otro elemento, a mi juicio, está en la capacidad del investigador o de las instituciones de investigación, y de los decisores de esos diferentes contextos, para instrumentar de manera integrada la solución a esas problemáticas.

Y puede surgir una interrogante: ¿quién construye la problemática, el investigador o la vida? Y en esa relación, entre problemática existente y capacidad de visión y de interpretación del investigador de esa realidad, puede radicar o diferenciarse la dimensión social de la ciencia.

No siempre las problemáticas existentes en una comunidad son adecuadamente interpretadas o visualizadas por esa población. A veces ni siquiera están visualizadas por el investigador. Si sumamos todas las tesis de investigación de las universidades y las aplicamos en metros cuadrados de la ciudad, haría falta tres veces Santiago de Cuba para aplicarlas.

El reto está, y creo que ahí radica la contextualización de esa dimensión: en la integración de todos esos saberes, de todas esas respuestas a problemáticas determinadas en la vida cotidiana de cada sociedad; y es ahí donde cada ciudadano empieza a entender o a visualizar en parte sus problemas.

Existe el “deber ser”, por ejemplo, en este caso. Sí se pone la ciencia en Cuba a disposición de la población. Sin embargo, hoy, hay problemas sociales que no tienen respuesta. Y es precisamente ahí donde los representantes del pueblo debemos alcanzar una mayor cultura científica, porque nos toca, por momentos coyunturales, tomar decisiones que no le corresponden al investigador.

No obstante, este puede tener una posible respuesta, que se puede instrumentar; y en esa integración armónica es donde creo que puede haber una correcta aplicación o no, evaluación o no de la instrumentación social de los resultados científicos.

Tomado de La Tablilla

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