La normalización con Estados Unidos, ¿hacia dónde?

La normalización con Estados Unidos, ¿hacia dónde?

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25 - Mayo 2017
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Dos enfoques opuestos caracterizan hoy las visiones predominantes sobre el proceso de diálogo diplomático y relaciones entre Cuba y los EE.UU. Según el primero, el contenido de estas no ha cambiado, solo su forma: Estados Unidos intenta conseguir el mismo objetivo por otros medios, y Cuba mantiene su misma postura. Se considera que mientras existan la Ley Helms-Burton y la base naval de Guantánamo no habrán ocurrido progresos considerables. Dados el estilo y las ideas de la administración de Donald Trump, y la renovada influencia del lobby conservador cubano-americano, será imposible avanzar más; es más probable que se reviertan los acuerdos alcanzados bajo la presidencia de Obama.

Un segundo enfoque subraya el hecho de que por primera vez ambas partes han renunciado al enfrentamiento y utilizan la diplomacia como eje de sus relaciones. Se han firmado más de 20 acuerdos que abarcan temas fundamentales de seguridad nacional, como cooperación entre guardacostas, lucha contra narcotráfico y terrorismo, control de fronteras, medio ambiente, emigración, aplicación de la ley, entre otros tópicos. Si bien el bloqueo permanece, se han ampliado las remesas, las licencias para intercambios en salud, telecomunicaciones; y se han reanudado los vuelos comerciales, por donde llega una oleada creciente de visitantes del Norte. A pesar de su retórica, luego de 125 días de gestión, esta administración no ha revertido ningún acuerdo de los tomados por su predecesor.

Rafael Hernández, director de Temas, dio inicio al debate con este planteamiento a dos aguas, como provocación a un panel diverso, compuesto por Jesús Arboleya, historiador, investigador y estudioso de las relaciones Cuba-Estados Unidos; José Antonio Arbesú, quien fungiera como Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en los Estados Unidos entre 1989-1992; Gail Reed, co-fundadora de Medical Education Cooperation with Cuba MEDICC (1997-2013), directora de la revista MEDICC Review; Sergio Alejandro Gómez, periodista, Jefe de la Redacción Internacional del periódico Granma; y John McAuliff, Coordinador, Cuba-US People to People Partnership, intercambió durante dos horas con algo más de ciento cuarenta personas que se reunieron en el Centro Cultural Fresa y Chocolate.    

 

La primera pregunta: ¿En qué medida la normalización ha podido avanzar, más allá de las diferencias ideológicas, y ha logrado construir un puente basado en intereses compartidos?

Para Jesús Arboleya, el término “normalización” puede resultar confuso. “Normal” no significa “bueno”. Lo normal debe depender de en qué medida la política actual satisface los intereses de ambos países. Sin embargo, teniendo en cuenta que apenas una década atrás se estaba considerando seriamente la posibilidad de una intervención militar en Cuba, el inicio del restablecimiento de relaciones constituye una transformación radical.

Las razones de ese cambio radican en los factores objetivos que lo determinaron. Según argumentó el investigador, esos factores objetivos no se han modificado en esencia a partir de la administración de Donald Trump. No obstante, su victoria en las elecciones plantea cierto nivel de incertidumbre respecto a lo que acontecerá de aquí en adelante. “Pero yo creo que ese margen de incertidumbre se va a mover dentro de ciertos límites, que son los límites que impone la realidad”, concluyó.

Arbesú comenzó subrayando precisamente los intereses coincidentes: somos vecinos, compartimos una zona común con México en el Golfo, hay cientos de miles de cubanos y descendientes de cubanos que viven en EE.UU. En su opinión, a pesar de los avances de los últimos tiempos, esto no modifica la esencia del conflicto, que para Cuba sigue siendo la misma. Aun así, no se puede minimizar lo logrado hasta ahora. Respecto a Trump, efectivamente, no han ocurrido retrocesos, pero su administración tiene muchos problemas internos. Dentro de ese contexto –valora el exdiplomático-, no somos una prioridad, ni siquiera América Latina lo es.

“Creo que los intereses económicos de ambos lados se han beneficiado de esta apertura, pero sobre todo los de la empresa norteamericana”, afirmó Gail Reed. Para Cuba, la mejoría se expresa en el turismo, las telecomunicaciones, la lucha antidrogas; y en el sector privado más que en el estatal. “Vale destacar que tres cuartas partes de los viajeros norteamericanos que vienen a Cuba se hospedan al menos por unos días en casas particulares, y 99 % opta por los restaurantes privados”, sostuvo.

En lo concerniente a salud y ciencia, una cooperación “sana” puede derivar ventajas tanto sociales como económicas para ambos pueblos, y en Estados Unidos, especialmente para las poblaciones más marginadas y vulnerables. El último paquete de medidas aprobadas por Obama permite que las instituciones médico-científicas de los dos países pueden desarrollar conjuntamente investigaciones comerciales, o sea sobre nuevos productos, y hasta crear empresas mixtas (estas últimas; todavía sujetas a licencias específicas, como la lograda por el Centro de Inmunología Molecular y el Roswell Park Cancer Institute de Nueva York para varios productos destinados al tratamiento de cáncer). Uno de los beneficios más importante para Cuba sería lograr un comercio bilateral, a través de la venta de productos biotecnológicos, que no solo beneficien a una empresa, sino a la economía y al sector salud en particular, con implicaciones para el bienestar de la población.

Los cambios suponen nuevos desafíos: “No solamente tenemos un tsunami norteamericano de visitantes, 285 mil en 2016, con pronóstico de dos millones para 2025. Sino un tsunami de solicitudes de intercambios y colaboración, de instituciones, fundaciones, ONGs, etc. Entonces le toca a Cuba decidir quiénes serían los socios preferidos de Cuba”, comentó Reed.

A juicio de Sergio Alejandro Gómez, podrían enumerarse muchos más intereses comunes, sin embargo habrá una diferencia que es insalvable: el modelo de sociedad que Cuba aspira a construir es diferente al que EE.UU. tiene como ideal. Las estrategias de cada país aparecen opuestas por su vértice, pero ancladas en un mismo punto. “Ese punto es la necesidad de tener relaciones diplomáticas y tener mayores contactos”, precisó.

Dentro del cambio de métodos por parte de Estados Unidos, la Directiva Presidencial de Obama reconoce, al menos en papel, la soberanía de Cuba. “Ese es un paso grande –adujo Gómez. Lo que no podemos es perder la perspectiva de que muchos de los intereses de Estados Unidos en Cuba son irreconciliables con nuestros intereses”.

Desde la visión de John McAuliff, se necesita confianza, habilidad para asumir riesgos, más aún cuando en los dos lados existe la concepción de que la falta de normalización es culpa de la otra parte. Justamente, en su opinión el cambio más importante son los contactos, los viajes en ambas direcciones, que permiten el intercambio pueblo a pueblo.

Una de las modificaciones finales de Obama fue autorizar los viajes individuales a la Isla, de modo que mucha gente “tiene la posibilidad de aprender con más profundidad y desarrollar relaciones personales, que no son posibles en casos de grupos”, explicó McAuliff.

No obstante, el coordinador de Cuba-US People to people Partnership considera que a ese modelo le falta la oportunidad de tener una perspectiva más amplia del sistema político-económico cubano, de las cosas que han sucedido desde hace 55 años. Además, los vuelos comerciales necesitan conexiones domésticas que lleguen a Camagüey, Holguín, Santiago.

Por si no bastara la complejidad, la normalización tiene lugar en un contexto mayor, como parte de unas coordenadas globales y nacionales que también influyen. En ese sentido estaba dirigida la segunda pregunta formulada por Rafael Hernández: ¿Qué factores, tanto dentro de Cuba y dentro de Estados Unidos, como internacionales, están incidiendo en la situación actual de las relaciones ahora para cada país y en su posible evolución?

“Es importante ubicar la dinámica de las relaciones en una premisa fundamental: Cuba y Estados Unidos tienen contradicciones antagónicas, que no se van a resolver ni en el mejor escenario posible”, sentenció Arboleya. Los diferentes momentos dentro de las relaciones están condicionados por factores objetivos concretos, que a su vez se expresan mediante los métodos. “Por lo tanto, cuando se habla de que cambió el método, se reconoce que cambiaron las políticas, y la naturaleza del intercambio”.

Para EE.UU., los elementos que determinan el cambio de la política hacia Cuba fueron explicados por el propio expresidente norteamericano: la vieja política fracasó, EEUU estaba aislado en el hemisferio, incluso en la arena internacional, y desechaba las posibilidades económicas que brinda el mercado cubano, que, desde la Doctrina Monroe, fue siempre considerado como apetecible, accesible y complementario.

El profesor argumentó que, para Cuba, desde el momento mismo en que desaparece el campo socialista, no queda otra alternativa que integrarse en el mercado mundial capitalista, el único que existe. Esto ocurre en una circunstancia de apogeo de la ideología capitalista. “La relación con EE.UU. es importante en sí misma, porque potencia indiscutiblemente la capacidad económica de Cuba, pero también es importante de cara al resto del mercado mundial capitalista”.

Este efecto de demostración se expresa, por ejemplo, en que la Unión Europea se alejó de la Posición Común, y se está hablando de un nuevo modelo de colaboración con Cuba. Dado que ese escenario no ha cambiado en su esencia, Arboleya prevé que, incluso con el gobierno de Trump, esa tendencia persista, aunque no sin accidentes y contratiempos.

Dentro de la Isla, valoró Arbesú, debe continuar el proceso de apertura económica, el pago de la deuda externa y el desarrollo del trabajo privado. “Si hay inversión norteamericana, turismo, eso sin duda alguna tendría un peso en la relación”, agregó. 

Del lado norteamericano, las contradicciones entre la administración Trump y sectores conservadores y moderados republicanos pudieran traer ciertas consecuencias en los vínculos con algunos países. Por demás, la presidencia norteamericana está salpicada de escándalos, y en materia de relaciones exteriores tiene que resolver problemas derivados de las declaraciones del mandatario, como las hechas sobre la OTAN y la política de aislacionismo.

Como elemento positivo, Gail Reed mencionó el interés por involucrarse con Cuba expresado por empresarios y políticos estaduales y locales, al igual que instituciones de todo tipo. Existe un reclamo creciente de terminar con el bloqueo, aunque sea por interés propio. A su vez se aprecia que el grupo recalcitrante de cubanoamericanos no es tan poderoso, y nuevas voces se oyen a favor de las relaciones con Cuba.

A pesar de eso, la actuación errática del presidente hace imprevisible su postura hacia Cuba, y crea inseguridad en las instituciones norteamericanas a la hora de acercarse. “No sabemos si el próximo tweet de Trump reflejará el hombre obsesionado con revertir todo lo que hizo Obama, o el hombre que sueña con un Trump Tower en La Habana. Esto afecta las posibilidades reales de inversión y de creación de empresas mixtas”, enfatizó Reed. Entretanto, la situación volátil en América Latina puede aumentar la presión económica sobre la Isla.

En el criterio de Sergio Alejandro Gómez, la estabilidad socioeconómica de Cuba resulta clave para continuar el proceso hacia la normalización. Del otro lado, influye el hecho de que el aparato ejecutivo norteamericano se encuentra prácticamente paralizado, porque todavía está incompleto.

Debemos colocar en la balanza, de acuerdo con John McAuliff, las matrices de opinión y los diversos grupos que se manifiestan a favor de los viajes turísticos y la venta de productos agrícolas a Cuba; y contra el bloqueo en su conjunto. En los sectores cubanoamericanos de derecha, también las cosas han cambiado.

Por ejemplo, Marco Rubio y Díaz-Balart tienen una perspectiva sobre la normalización totalmente distinta a los hermanos Fanjul, quienes aportaron medio millón de dólares a la campaña de Trump. Esos aportes “tienen un impacto más fuerte en los sentimientos de Trump que las palabras de Rubio”, resumió McAuliff.

Un trabajador de la construcción planteó que aunque las relaciones entre los gobiernos han avanzado, esto no se ha incidido en un mejoramiento de las condiciones de vida para el pueblo cubano. Otro de los asistentes habituales de Último Jueves se interesó por el papel de la iglesia católica en el diferendo bilateral.

El acercamiento de los dos países ha sido positivo a corto plazo para ambas sociedades, las cuales se mueven hacia un punto de encuentro, señaló un participante. Uno de los asistentes hizo notar que la composición de la mesa, con estadounidenses y cubanos, era una especie de metáfora de lo que deberían ser estos nexos.

Un estudiante de Historia inquirió acerca de un posible estancamiento a largo plazo de la política hacia a la Isla. No olvidemos que Trump es un empresario, señaló un investigador, y preguntó: ¿Qué podría hacer Cuba, potenciando ese interés comercial, para poder activar propuestas contundentes? Esta última pregunta del auditorio coincidió con la tercera cuestión propuesta al panel por el moderador: ¿Qué circunstancias futuras pudieran favorecer o entorpecer las relaciones?

A modo de recomendaciones para Cuba, la directora de MEDICC Review sugirió que el país debe definir sus metas específicas en materia de salud y ciencia, para tener más claro qué se quiere con la cooperación. Habrá que formular procedimientos eficientes, alejados de la burocracia excesiva, para que las instituciones y empresas puedan actuar dentro de lo establecido aquí, pero a la vez ser audaces si es necesario.

“Creo importante que los interlocutores cubanos sigan en su afán de conocer a sus socios potenciales en EE.UU., su forma de trabajar, de distinguir entre aquellos que ya lleven años en una relación respetuosa, y aquellos que están por probar sus intenciones. Cuba tiene que cuidarse de los engaños, de las promesas huecas y las falsas motivaciones. Esto último debe hacerse, como se dice en Cuba, sin botar el sofá”, sintetizó la periodista.

En opinión de Arboleya, las dos variables más importantes que se están teniendo en cuenta respecto al futuro de las relaciones Cuba-EE.UU., son la elección de Donald Trump y la propia realidad cubana, sobre todo el cambio en la dirección política del país, anunciado para 2018. E insistió: “Puede haber mañana una decisión norteamericana totalmente arbitraria, pero a partir de los factores objetivos que pueden explicar su política, no hay razones para pensar que va a haber una reversión absoluta de la política hacia Cuba”.

“Tenemos que hacer los cambios que consideremos necesarios, en las condiciones que consideremos necesarias y con consenso social”, agregó Sergio Alejandro Gómez. McAuliff anotó otras ideas a la lista de recomendaciones: crear un programa de intercambio educacional y académico de alto nivel, identificar y entrenar a guías de turismo “por cuenta propia”, que hoy laboran en un mercado gris; ofrecer conversaciones sobre los cambios que habría en Cuba si se termina el bloqueo.

Antes de despedir el panel, Rafael Hernández comentó que, para construir alianzas, los países requieren distinguir con claridad que, entre los extremos de amigos y enemigos, hay que identificar interlocutores, socios y aliados. Y que los aliados no tienen que tener otra cosa que intereses comunes a defender, aunque no compartan ideologías u otras muchas cosas. Aplicar este enfoque estratégico a la política de alianzas cubanas dentro de los Estados Unidos podría ser clave. Finalmente, concluyó saludando la presencia de estudiantes norteamericanos y profesores norteamericanos en la sala. “También ellos son parte de estas relaciones y del proceso de normalización”.

Casi 140 asistentes colmaron la galería de arte contigua al café Fresa y Chocolate, donde se celebran los paneles de Último Jueves cada mes. Huelga añadir que harán falta otros muchos jueves para hablar del tema.  

 

Arribos en vuelos directos desde los Estados Unidos (2009-2016)

Gráfico elaborado por la revista Temas para su presentación durante el debate del Último Jueves.

 

Llegada de visitantes desde los Estados Unidos a Cuba (2016-2017)

Gráfico elaborado por la revista Temas para su presentación durante el debate de este Último Jueves.