Los legados de Fidel

Los legados de Fidel

20 - Julio 2017

Tarea bien difícil correspondió a los expertos invitados al más reciente UJ, espacio de debate organizado mensualmente por Temas. Eran ellos, Iroel Sánchez, ingeniero, creador de la enciclopedia EcuRed, editor del blog La pupila insomne y director del programa televisivo La pupila asombrada; Josué Veloz, psicólogo, miembro del Proyecto Nuestra América y joven docente de FLACSO, Universidad de La Habana; Aurelio Alonso, sociólogo, subdirector de la revista Casa de las Américas y Premio Nacional de Ciencias Sociales; Elvira Díaz Vallina, profesora de Mérito de la UH; y como moderador, Carlos Alzugaray, conocido analista e integrante del equipo anfitrión. Debían abordar con inteligencia, sin maniqueísmos ni retórica, un asunto que, al decir de Alonso, entraña “una audacia imprescindible”.

En contraste con lo habitual, una sola pregunta les había sido reservada: ¿Qué enfoques particulares derivados del pensamiento y la práctica de Fidel Castro resultan claves para abordar problemas del presente y el futuro próximo?

“Fidel es el constructor de una cultura nueva en Cuba”, sostenida por tres pilares que podemos identificar como la justicia social, la independencia nacional y el internacionalismo o la solidaridad internacional, considera Iroel Sánchez. Aprehendió, como le explicó a Ramonet en la conocida entrevista, la ética de Martí, la visión de la economía propugnada por Marx y las concepciones de Lenin acerca del Estado; y las “colocó en una dimensión nueva”, acompañada por “un método que podemos sintetizar en contar siempre con el pueblo, despertarse todos los días pensando en qué se puede hacer por los más necesitados, por los más humildes” y participar con ellos en la solución de los problemas.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

“Su sentido de la justicia y la vocación por la igualdad, que no es igualitarismo, está en el discurso que pronunciara en la Universidad de La Habana [el 17 de noviembre de 2005], donde presenta la desigualdad como el peligro mayor para la preservación del socialismo en Cuba. Lo que llamó Batalla de ideas a inicios de este siglo no solo consistió en tribunas abiertas y recuperar al niño Elián, representó un esfuerzo “por cambiar las relaciones sociales en Cuba, por incorporar a los más jóvenes, a los más humildes, a quienes el período especial había desplazado de la conexión con las instituciones de la Revolución”; es decir, “fue ‘una ofensiva contra las desigualdades’, como lo describió Fernando Martínez Martínez Heredia”. Otra idea fidelista cardinal es que, en la Isla, socialismo e independencia nacional se hallan indisolublemente unidos, el primero constituye una garantía de la segunda. Además, a partir de educar a las personas, el líder cubano fue capaz de movilizar a su pueblo para contribuir a la liberación de territorios africanos como Angola y Namibia. “Cuando uno mira el mundo desde 1958 se puede decir que Fidel cambió los mapas de África y América”. Aunque implica un enorme desafío –pues a diferencia de otras naciones que han resistido de manera prolongada las presiones norteamericanas (Irán, China, Viet Nam, Rusia), Cuba no posee una gran masa demográfica, una cultura milenaria ni una lengua propia-, nuestro país solo puede sobrevivir si preserva esa cultura creada por Fidel; y ello significa “verla como algo en construcción permanente”, planteó el orador.

De lleno entró Josué Veloz en los posibles manejos en torno a las enseñanzas del Comandante en Jefe y cuáles impactos podrían tener para el presente y el futuro. Asistimos hoy –dijo– a una disputa cuya finalidad es apropiarse, según el interés de cada cual, de las diversas proyecciones de Fidel. La connotación de aquel que entró en enero de 1959 en Pinar del Río, al frente de una Caravana de la Libertad apoyada –incluso con camiones– por empresarios como los Ferro, dueños de la fábrica La Conchita, no es la misma de quien el 16 de abril de 1961 declaró el carácter socialista de la Revolución; y tampoco la del inmenso retrato desplegado en Up and Down, un centro nocturno habanero muy conocido en la actualidad, ejemplo de la emergente propiedad privada. O sea, el uso actual de su legado incluye mostrar su figura como la de un héroe de la tragedia clásica (se hace hincapié en la pérdida dolorosa y se emplea en fórmulas comunicacionales como el hombre invencible, perfecto, incapaz de fallar); aprovechar su imagen para apuntalar prácticas de una estrenada burguesía, en las cuales él aparece como héroe de farsa; y recurrir a la dimensión del héroe de contenido popular que se articula directamente con su pueblo.

“Hoy, a nivel del imaginario en torno a Fidel Castro existe una confrontación encubierta: la lucha de clases. Entre los elementos que la caracterizan observamos que “la correlación de fuerzas en América Latina es desfavorable para las masas populares, lo podemos percibir en lo ocurrido con los gobiernos llamados progresistas. Al mismo tiempo, Cuba está en un proceso de conversaciones con los Estados Unidos y nuestro país es sede de las negociaciones de paz para que pasen a otro estado los dos movimientos guerrilleros más importantes de la región. Venezuela es considerada una amenaza para la seguridad nacional estadounidense” y la amonestan, asimismo, México, Brasil y Argentina. En ese contexto, el legado de Fidel debiera servir a quienes desean apostar por el socialismo y el comunismo. Les resulta imprescindible para hacer frente a las contradicciones dentro de la Isla, donde confluyen distintos actores: “el Estado como garante, es decir, lo que pudiéramos llamar el proletariado en el poder”; otro es la fracción del Estado que por momentos se aparta del proyecto socialista (desvío vinculado con la corrupción, la cual es una forma de acumulación y la expresión de cómo el discurso capitalista aún actúa dentro de la transición socialista); un tercero es esa “burguesía pequeña que empieza a aparecer y, lógicamente, tendrá también su intento de expresión política”; y el cuarto es el sujeto popular.

A lo largo de los años posteriores al triunfo revolucionario, Fidel pasó de gobernar solo mediante el diálogo directo y personal con el pueblo (cuando todavía el nuevo Estado no había alcanzado toda su dimensión), a ser una instancia intermedia de interpelación entre el mencionado sujeto, el Estado como garante y esa parte suya que cada cierto tiempo se desvía. Sin embargo, en el pueblo se mantiene el criterio de que tal fracción no tiene que ver con Fidel ni con la Revolución, insistió Veloz. Ahí aparece una contribución fundamental del líder cubano: aun cuando permanece bajo la tensión existente entre esas disímiles dimensiones, “él siempre apuesta por el sujeto popular y la dimensión del héroe popular. De su legado ese es el aspecto que más debemos defender, porque permite transiciones culturales al socialismo”.

Como bien afirma Aurelio Alonso, “sería muy presumido pensar que aquí podemos sentar las bases de cuál es y será el legado definitivo de Fidel. No obstante, es necesario empezar a planteárnoslo, a intercambiar criterios”, a estudiar más su obra. Precisamos iniciar la defensa, el recuento, la investigación de un legado que trasciende a Cuba para involucrar a nuestra América y el mundo, sobre todo el subdesarrollado. Resaltó el panelista la contribución de la Isla a que el apartheid no copara todo el continente africano y el protagonismo asumido en tal empeño por el máximo dirigente cubano. “Esa solidaridad ha sido clave para la historia de la humanidad”. De igual modo, gracias a la existencia de la Revolución y el haber esta resistido cincuenta años de bloqueo, “Latinoamérica generó un cambio, que no ha terminado, en la primera década del siglo presente, el cual sacudió al imperio”. Además, la herencia de Fidel no consiste únicamente en las respuestas, sino en los desafíos que nos ha dejado. Él “demostró que la soberanía real es distinta a la formal” y necesitamos defenderla todos los días y ante cada coyuntura. También expresó que “para los cubanos la libertad nace y depende de la resistencia. Son aportes imposibles de pasar por alto, a riesgo de que la Revolución se fracture”.

Según el disertante, resulta muy importante la idea de que el proyecto nacional no puede ser vencido desde el exterior, pero sí desde el interior, sobre todo a manos de la corrupción. “Constantemente el país sufre contratiempos en los cuales inciden la burocratización, el inmovilismo y, sin duda, la corrupción que empieza por la atadura del dirigente al cargo que ocupa”. En consecuencia, Fidel se esmeró en dejarnos en 2005 una definición de revolución, extensa y con una multitud de enunciados muy bien articulados; en realidad es “una síntesis genial de toda la diferencia subyacente en el concepto que él defendió desde 1959”. Comienza diciendo que revolución es sentido de la historia, y cambiar todo lo que debe ser cambiado.  Ahora bien, no nos indicó qué hemos de transformar. Determinarlo nos toca a nosotros y a las futuras generaciones.  

Tras manifestar su acuerdo con sus compañeros de mesa, Elvira Díaz Vallina evocó los años 50 del pasado siglo y preguntó: “¿Cuál fue la mayor demanda del pueblo? Acabar con la corrupción. Esa era la consigna fundamental del Partido Ortodoxo, al cual Fidel Castro se sumó y que en breve tiempo ganó popularidad y el voto mayoritario de hombres y mujeres en todo el país”; significaba “repartir las riquezas de la nación, acabar con las diferencias entre ricos y pobres, con la explotación del hombre por el hombre, alcanzar la justicia social. Hoy no debemos olvidar esa aspiración popular que Fidel comprendió siempre”, y sí forjar una sociedad socialista. La otrora presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria narró anécdotas de primera mano, demostrativas de la alta calidad humana de este líder y de cómo “se mantenía al frente de la solución de los problemas sociales y políticos que nos rodeaban”.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Indagación respetuosa y sin prejuicios

Sin duda, la capacidad de liderazgo de Fidel Castro estuvo relacionada con que supo encauzar aspiraciones frustradas del pueblo cubano e interpretar adecuadamente las potencialidades de este. Ahora bien, ¿nos preparó para vivir y para seguir desarrollando la Revolución sin él? ¿Cómo tomamos creativamente su pensamiento y lo adaptamos a la realidad?, perseveró el moderador.

Iroel Sánchez recordó el documental Una verdad horrorosa (1971), de Saul Landau. En él Fidel comenta que 90% del tiempo permanece fuera de la oficina, así se entera cómo va la Revolución, de acuerdo con lo que la gente le cuenta. No se trata, entonces, de un burócrata, sino de un revolucionario velando por la realidad, transformándola. Ahí hay un sistema aplicado conscientemente, el cual debiera ser tomado en cuenta por todos los dirigentes de las instituciones cubanas. Igual de valioso es el método de los contragolpes, basado en prever los acontecimientos y las reacciones del enemigo ante cada acción. Esa práctica requiere una vasta cultura y un análisis profundo a partir de la experiencia histórica. Ningún otro político la aplicó en relación con los Estados Unidos durante tantos años.

“Muchas veces cuando pensamos en la ausencia o la presencia de Fidel se pierde de vista lo que está en el fondo de la cuestión: la disputa entre socialismo y capitalismo en Cuba hoy”. Y lógicamente, en dependencia del proyecto socialista al cual aspiramos y frente a qué capitalismo reaccionemos, serán los resortes que nos hace falta buscar en la práctica revolucionaria y el pensamiento de Fidel, apuntó Josué Veloz. De manera general, si uno profundiza en cómo él se relacionaba con el pueblo y el Estado encuentra procederes útiles en el presente y el futuro.

Para Aurelio Alonso, nuestras ciencias sociales aún precisan estudiar el pensamiento de Fidel y la historia de la Revolución. Porque se han escrito numerosos libros apologéticos, empero “nosotros no necesitamos el testimonio de la complacencia, sino el análisis a fondo”. Hay que mirar sin prejuicio los errores y aciertos; tal como hizo en el informe del Buró Político al primer Congreso del Partido (1975) su máximo dirigente, cuyo discurso para la ocasión incluyó varias páginas de autocrítica, en la cual asumía las equivocaciones propias y las ajenas.

Elvira Díaz Vallina exhortó a no perder el contacto con el pueblo y a cumplir con el ya citado precepto de cambiar lo que deba ser cambiado. ¿Qué hacemos ahora sin Fidel?, se preguntan buen número de personas, pues “hay muchas situaciones que están dañando a la población y la hacen sentirse triste, incómoda, inconforme”; a pesar de que “Fidel dejó sentados los principios para que de la Revolución no se perdiera ni un ápice”.

Luego, diez intervenciones se escucharon desde el auditorio. La primera señaló: “Una de las cuestiones fundamentales en este legado es una concepción integral de la transición socialista, que Fidel llamó ‘construcción del socialismo’, concebido para la liberación nacional”. Otros aportes fueron demostrar que siempre será un proceso inédito, porque no hay dos países iguales; la correlación que estableció entre el Estado y la sociedad civil; y preparar a los cubanos, con el propósito de que “no solo existiera un consenso como aceptación, sino también un consenso activo”, es decir, involucrar a la gente en el proceso revolucionario.

Un joven periodista llamó la atención sobre la postura de Fidel en torno a la religión. No podemos pasar por alto que el líder estudió en colegios católicos. Cuando triunfa la Revolución hubo acercamientos con algunos sectores de la Iglesia. Después ocurre una ruptura y otro tipo de acercamiento que se ve reflejado en la obra de Fray Betto, Fidel y la religión. Con posterioridad observamos relaciones cordiales con los Papas Juan Pablo, Benedicto y Francisco. ¿Cómo se va a enfocar en lo adelante el tema de las prácticas religiosas del pueblo cubano?, indagó.

Cierto investigador muy cercano a Temas se refirió a que los Estados del Tercer Mundo siempre deben enfrentar y conciliar dos proyectos: el de nación y el de sociedad. Ante ese desafío, Fidel Castro tiene una respuesta; al ideal de nación que en parte heredó (el martiano y si se quiere el nacionalismo radical cubano de la república), agregó dos preceptos relevantes: la lucha permanente y que para los países subdesarrollados no existe proyecto nacional viable sin un programa “de sociedad socialista, o digamos anticapitalista. De cara al futuro de nuestro país es necesario retener esa noción”.

Otro participante asiduo a las citas de UJ observó que, sin negar el gran legado positivo de Fidel, su estilo de dirección no tuvo un carácter colectivo, sino más bien personal. “Es verdad que era un individuo con una capacidad enorme, con memoria, inteligencia, carisma”, pero no formó el relevo necesario para continuar su tarea.

Fidel falleció, mas quedan los fidelistas –opinó la siguiente persona–; y para que ellos se mantengan, es preciso conservar en el pensamiento revolucionario cuatro bases esenciales del fidelismo: la unión del paradigma de independencia con el de justicia social; la unidad a partir de la diversidad y de la no exclusión, sin dejar de garantizar la sólida base que representa el Partido Comunista; la búsqueda de un modelo propio; y la trascendencia, más allá de los límites históricos, temporales, sociales y geográficos (frente a quienes nos intentan vender un nacionalismo estrecho y afirman que ser cubanos impone ocuparnos solo de los problemas de Cuba).

Alguien destacó la pedagogía seguida por el líder histórico de la Revolución: “Cualquier objetivo que él se planteaba, debía entenderlo el sujeto popular encargado de ejecutarlo”. Desgraciadamente hoy muchas de las cosas expuestas por dirigentes y funcionarios hacen que me pregunte: ¿Y el pueblo lo entiende?” Además, alabó la ética de Fidel, su respeto a la verdad y al pueblo.

Buena manera de aplicar su legado no es solo realzar su figura como líder popular, sino “abrir realmente espacios para los líderes comunitarios, quienes ya existen puntualmente, darles recursos y poder de decisión”, formuló una joven.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Respondiendo a una de las interrogantes del público –cómo pueden utilizarse los medios masivos de comunicación, incluidos los alternativos, para combatir tergiversaciones y silencios–, Iroel Sánchez rememoró que la orden dada en la Sierra Maestra para enfrentar la ofensiva de la tiranía batistiana en 1958, establecía tres prioridades, y una de ellas era preservar Radio Rebelde. “Siempre (como Martí con Patria, Lenin con Iskra, Marx y Engels con La Gaceta del Rhin) la comunicación ha sido parte integral del proceso revolucionario. Y Fidel es el primer líder que usa de manera intensa la televisión, con un método que yo resumiría en hacer lo que se dice y decir lo que se hace, constantemente”. A la par, creó la agencia de información Prensa Latina, la emisora Radio Habana Cuba; y convirtió el ICAIC y otras instituciones en vías de comunicación con los intelectuales y artistas del mundo, y para defender el proyecto de la Revolución.

“Hoy es vital la construcción de alianzas; existe Telesur, pero deberíamos tener un medio similar para el cine, la música…”. Resulta importante hacer mayor uso de Internet, cuyas muchas ventajas todavía no hemos sido capaces de aprovechar, aseveró el experto.

“Francisco es un Papa excepcional por sus posiciones sociales, teóricas y prácticas”, alegó Aurelio Alonso en diálogo con la concurrencia. Sería positivo que los obispos cubanos se identificaran con esa postura y no con quienes le hacen la guerra dentro del Vaticano. Ello estaría en sintonía con el legado de Fidel Castro en materia de religión.

Determinados conceptos, ya abordados al principio del encuentro, fueron precisados por Josué Veloz: “En la Revolución hay un momento en que el Estado se funde con el sujeto popular y de alguna manera este también se convierte en Estado. Lo peligroso radica en que dicho Estado, en su práctica, deje de estar diluido en el cuerpo social; durante la transición socialista una contradicción fundamental se da entre esa fracción, del primero de ellos, que se desvía y el poder popular encargado de corregir tales desviaciones”. Con respecto al tema de la religión, añadió que el proceso ocurrido en América Latina con las comunidades eclesiales de base y la Teología de la Liberación impactó profundamente en la práctica del líder cubano. Para finalizar reiteró una idea esencial en estos tiempos: “Se hace necesario rescatar el pensamiento de Camilo Torres, él insistió en que ‘el deber de todo cristiano es hacer la Revolución’; y cuando Fidel proclamó que el deber de todo revolucionario es hacer la Revolución, quería decir construirla permanentemente”.

Y ello no es posible separarlo de una alerta esbozada minutos antes por un miembro del equipo de El Caimán Barbudo: conservar y darle un buen uso al legado de Fidel Castro implica, amén de lo ya explicado, “reivindicar la austeridad del político revolucionario cubano, no solo en la palabra, sino en la práctica real de todos los días”. Si desean lograr un consenso, los futuros dirigentes del país “no podrán hablarle al pueblo desde el aire acondicionado”.

Foto: Randdy Fundora/Temas.