Tan cerca y tan lejos

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(Sobre el espacio de debate Último Jueves dedicado a "Opinión pública y toma de decisiones")

 

¿De verdad eso está ocurriendo en Cuba?, posiblemente se preguntaron frente a la pantalla muchos de los que, a pesar del diluvio, acudieron el pasado jueves a la sala Fresa y Chocolate del ICAIC para asistir al debate mensual organizado por la revista Temas. Las imágenes no solo mostraban a personas que, en amplia asamblea, opinaban y criticaban, sino a órganos de prensa que difundían con énfasis los cuestionamientos y a funcionarios de distintos niveles mientras ofrecían públicamente aclaraciones y posibles soluciones.

“Este reportaje se trasmitió en la televisión holguinera y recoge lo que se conoce como ‘La experiencia de Holguín’ -ahora también ‘de Guantánamo’-, una nueva manera de valorar las relaciones entre la opinión pública y la toma de decisiones”, puntualizó Rafael Hernández, director de Temas y moderador del encuentro. Junto a él, tres panelistas se disponían a disertar sobre tan controversial asunto: Pedro Luis Castro, psicólogo, investigador del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas, del Ministerio de Educación; Pelayo Terry, periodista, director de Juventud Rebelde; y Ramón Samada, vicepresidente del ICAIC, quien fuera dirigente del Partido en varias instancias, incluido el Comité Provincial de La Habana.

Alegó Pedro Luis Castro que desde hace décadas el citado Instituto ha incluido en sus estudios el análisis de las dificultades existentes en el sector educacional en lo referido a tener en cuenta los criterios y propuestas de todos los implicados. “Es una necesidad de la sociedad cubana que los actores de la educación a nivel de escuela tengan un rol protagónico, y me refiero en primer lugar al estudiante; la participación estudiantil puede empezar a dificultarse desde el momento en que se cree que el alumno solo debe recibir un programa decidido por otras personas. El otro agente muy importante es la familia. Por supuesto, es indispensable el personal del centro docente”, aseveró.

Si bien en algunas escuelas los investigadores han hallado “magníficos ejemplos, en los que se unen los agentes educativos y  se toman las decisiones de conjunto”, en las otras “no se logra la participación plena de padres y estudiantes”. En ello inciden múltiples elementos, como el no funcionamiento del Consejo de escuela, que agrupa a los padres y agentes de la comunidad, órgano de gobierno escolar, “creado para exigir a la institución docente el cumplimiento de la política educativa del país; o sea, no es un simple mecanismo de acompañamiento. En ocasiones los padres logran cosas excelentes cuando les damos ese espacio, otras se quedan esperando a que decidan por ellos. Y cuando sienten malestar no lo dan a conocer”. El conferencista recordó que medio siglo atrás resultaba habitual que educandos de 15, 17, 21 años, jugaran un importante papel en el funcionamiento de los centros escolares.

La intervención de Pelayo Terry corroboró algo sabido por los cubanos: tampoco los medios de comunicación colocan en lugar primordial los juicios y solicitudes de los ciudadanos. “Los órganos de prensa en Cuba trabajan con políticas editoriales que se trazan a partir de las organizaciones a las que pertenecen, fundamentalmente el Partido, y de acuerdo con dichas políticas establecen los principales contenidos que difunden. Estos, por lo general, se corresponden con asuntos que interesan a la población, pero a la prensa le ha faltado vincularse más con otras inquietudes presentes en la opinión pública. Por eso la gente dice que los medios van por un lado y la sociedad por otro”, reconoció. Y también que debe ser superior la influencia de los medios de prensa en la toma de decisiones políticas.

Pilares fundamentales de Juventud Rebelde son el equipo de atención a los lectores y el de investigaciones sociales, aseguró el director del periódico. A tenor con las transformaciones que vive el país, recientemente inauguraron dos páginas bajo el título de Generaciones en diálogo, “con el objetivo de que la opinión pública participe más; y a partir de las nuevas tecnologías y la posibilidad de que los lectores hagan comentarios a los trabajos que publicamos en Internet, una sección donde aparecen diferentes visiones sobre un mismo asunto”.

¿Dentro de las instituciones políticas cuáles son los canales para que la opinión pública llegue a ellas y obtenga respuestas?, preguntó Rafael Hernández a Ramón Samada.

Según el otrora dirigente partidista, dicha opinión se ejercita no solo desde lo publicado en los órganos de pren

sa, también desde la denominada “opinión espontánea”; es decir, “criterios sin una gran reflexión previa, nacidos como reflejo primario de lo que alguien siente en el momento, por ejemplo sobre el trabajo, el transporte, la alimentación, cómo se ejerce la dirección del gobierno”.  Personas vinculadas al Centro de Estudios Sociopolíticos del Comité Central recogen esas opiniones en los más disímiles lugares. De igual modo realizan encuestas anónimas, entrevistas individuales y colectivas. Lo obtenido incluso le ha permitido al Partido rebatir informes laudatorios elaborados por  instituciones estatales, aseguró Samada.

Asimismo, alertó acerca de que “cada día es más difícil definir qué es la opinión pública. Además de la espontánea, vemos la construida -para diferentes fines, desde bombardear Irak hasta vender un producto-. La opinión pública tiene carácter clasista, en tanto es generada por diferentes grupos sociales según la posición que ocupan ante la economía, la ideología, la política”. Y siempre existe, aunque en algunos momentos la población no exteriorice sus ideas sobre un asunto determinado. “Eso evidencia falta de credibilidad en el ejercicio del gobierno”. Por tanto, “la opinión pública es esencial, hay que fomentarla, cohesionarla. Donde hay participación, compromiso, consulta, respeto a la diversidad de criterios, la opinión pública empieza a formar parte real de la política”.

Lamentablemente, en la Isla abundan las instituciones que no la tienen en cuenta como debieran. Obviarla, afirma Samada, es síntoma de un mal mayor. “Donde hay burocracia, se imponen decisiones, ella es una afectada más, pero se resienten en general la política de la Revolución y la participación real de todos los grupos sociales que conforman la nación”.

El síndrome de los tres monitos

Cuando Rafael Hernández inquirió acerca de deficiencias concretas que afectan la interrelación entre la opinión pública y la toma de decisiones pensé en el conocido dibujo de los monos ¿sabios? con sus oídos, ojos y labios tapados; en el negarse a ver, a escuchar, a comunicar. Seguro Pelayo Terry no tuvo una visión similar, pero evidentemente nuestras líneas de pensamiento marchaban en paralelo.

Un sin número de problemas recalan en Juventud Rebelde a través de cartas enviadas –alrededor de siete mil al año-, muchas veces como último recurso, por ciudadanos  cuyo sentir no es tomado en cuenta por quienes deciden en asuntos que perturban sus vidas. El periódico se esfuerza, a menudo de manera infructuosa, para favorecer acciones, revertir esa fractura, o al menos obtener respuestas.

“Al negar información, esconderla, las instituciones se están negando a establecer una relación con la opinión pública –declaró Terry-. Hoy se analiza en Cuba si se va a crear una ley que garantice un espacio jurídico a la comunicación, que es un derecho de la opinión pública. Hay que incrementar los debates en torno a cómo resolver estos problemas”.

Pedro Luis Castro reiteró que en su sector el principal hándicap consiste en la tendencia a que la institución escolar sea autoritaria en lugar de participativa. A pesar de que relevantes pedagogos cubanos abogaron durante los dos últimos siglos por que el maestro no actúe de modo impositivo, a pesar de las transformaciones ocurridas tras la victoria revolucionaria de 1959 y del actual llamado al diálogo en la sociedad cubana, no se aprecian suficientes avances. Estudios realizados por el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas muestran la existencia de profesores empeñados en imponerse a los alumnos.

El auditorio de la sala Fresa y Chocolate fue prolífico a la hora de mencionar ejemplos y reflexionar acerca de la dicotomía entre opinión pública y toma de decisiones. “El criterio ciudadano, popular, debiera jugar un papel fundamental, pero se ha perdido el sentido de servicio público de la prensa, de las instituciones”, expresó un joven periodista. “El desafío no está en escuchar a la gente, sino en lograr que decida de verdad”, opinó un asiduo participante en Último Jueves. Juicio refrendado, entre otros concurrentes, por una profesora jubilada, quien no puede comprender –yo tampoco- por qué si en las páginas de Granma “es reiterativo el tema de los revendedores, el problema continúa existiendo, sin avizorarse ningún remedio”; asimismo, por un delegado del Poder Popular, con veinte años de servicio, cansado de no poder solucionar los planteamientos de los electores.

Una colega suya llamó a “confiar, abrirnos”, a utilizar todos los canales existentes para que los criterios lleguen al gobierno y este no tome malas decisiones debido a su desconocimiento de la verdadera opinión pública. Otro asistente ha puesto su esperanza en “experimentos sociales, como el que están realizando en la provincia de Holguín el Comité provincial del Partido y representantes de las ciencias sociales. Como vimos, las preocupaciones y criterios de la población se ventilan en un teatro abierto, se llevan a los medios de comunicación; luego se chequean las respuestas, las soluciones concretas. Esa experiencia se va a discutir en la Asamblea Nacional en el mes de julio”.

Uno de los análisis que más aplausos motivó fue el de Raúl Garcés, subdirector de Temas. “Para debates futuros debiéramos pensar en cómo en el socialismo se puede formar la opinión pública –propuso-.  Hay tres aspectos esenciales: si la opinión pública y la participación se expresan solo ante  coyunturas y no son vistas como un proceso permanente, se frustran. Lo segundo es un problema de articulación: esta reunión que está teniendo lugar aquí y que genera opinión pública tiene que ser un espacio que se articule con otros y que conforme una opinión pública vigorosa en el país, porque eso fortalece nuestro sistema democrático y la manera en que construimos el socialismo. Lo tercero está vinculado con la representación de tal  opinión, cómo se hace visible. No podemos conformarnos con que el Noticiero salga a 23 y M, entreviste a cuatro gatos y coloque el cartel de ‘El pueblo opina’; eso es una falacia. La televisión cubana tiene que trasmitir debates como este. No va a ocurrir de un día para otro; sin embargo, tenemos que trabajar por generar las condiciones para que suceda alguna vez”.

Por derecho propio

 No vale la pena llorar sobre la leche derramada, dice un antiquísimo refrán. A medias quedarían  las controversias de Último Jueves  si se conformaran con la autopsia y no se propusieran avistar soluciones.  En este, como en todos los anteriores, se llegó finalmente a la pregunta clave: ¿Qué hacer?

Para asegurar, o al menos propiciar, que la opinión pública forme parte del proceso de toma de decisiones, Ramón Samada considera necesario que se tenga en cuenta cada vez más la llamada “espontánea”, aunque debemos recordar que no siempre refleja la realidad de manera objetiva.  “Coincido totalmente con Raúl Garcés. Tenemos la responsabilidad de articular un sistema de opinión pública y crear herramientas que articulen, además, la toma de decisiones. Esta última hay que descentralizarla, igual que se descentraliza la economía. Una Asamblea municipal del Poder Popular nunca tomará una decisión, por muy fuerte que sea el reclamo público, si no tiene las herramientas para disponer que, por ejemplo, va a dedicar financiamiento a un asunto determinado. Si el municipio no ha articulado un sistema económico local, las decisiones siempre dependerán de otro lugar”, concluyó . 

“Cualquier opinión debe ser importante, nada puede desaprovecharse, todo merece análisis. Esa práctica hemos tratado de estimularla en el periódico -manifestó   Pelayo Terry-. Los periodistas tenemos la responsabilidad de darle a la ciudadanía mayor participación en los medios. Hay que apelar más al debate público y a la confrontación de ideas en la prensa. En Cuba hubo espacios de ese corte, como Agenda Abierta, que se perdieron. Juventud Rebelde está haciendo esfuerzos. El debate es lo que va a marcar su camino durante el año, y todos están invitados”.

Perseverar en acciones como la emprendida en el municipio de La Habana Vieja, específicamente en el Consejo Popular de Jesús María, es la sugerencia de Pedro Luis Castro. En diciembre de 2012 el Instituto desarrolló un proyecto que comenzó en ese Consejo Popular. Allí los alumnos de secundaria mostraban comportamientos conflictivos. “La lógica que seguimos –explica- fue que los propios participantes del proceso educativo discutieran sus problemáticas y en las escuelas las decisiones se tomaran de manera conjunta entre los profesores, los padres y los alumnos. Eso se consiguió poco a poco”. Fueron más de tres años de trabajo. Incluso lograron desarrollar un proyecto comunitario en el que participaron todas las secundarias y primarias de la barriada, las cuales llegaron a debatir qué cambios deberían hacerse en el Consejo Popular, y al efecto se creó un Taller de transformación integral.

Yo considero imprescindible crear mecanismos que obliguen a las instituciones a enviar representantes a debates públicos como los de Último Jueves cuando se solicite su presencia, por abordarse asuntos vinculados con sus esferas. Informarían –no como un favor, sino cumpliendo con un deber, a la par derecho de los cubanos- y obtendrían una perspectiva muy útil antes de poner en práctica estrategias y políticas. Me pregunto si llegará ese día antes de que los actuales editores de Temas se jubilen, o si será necesario mudar los encuentros hacia Holguín, Guantánamo y otros territorios considerados aptos para asimilar “experimentos sociales”.