Un diálogo por venir

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[Último Jueves “Dirigir en público y otros metabolismos políticos”, noviembre de 2014]

 

Esta vez el espacio de debate que organiza la revista Temas comenzó con una celebración: la de sus trece años de existencia, es decir, 130 encuentros en los cuales se ha demostrado que, según expresó Rafael Hernández, director de la publicación, “si no estamos ante el hombre nuevo, como lo pensó el Che Guevara, sí contamos con una sociedad nueva, pensante, crítica, discutidora, insatisfecha ante su nivel de bienestar actual e impaciente ante los cambios, capaz de deliberar y de reflejarse no solo en el espejo del discurso de sus doctores y políticos, artistas y periodistas, sino también en los razonamientos de sus otros ciudadanos capaces”.

Hernández puntualizó que, en total, contando los presentes esa tarde, 440 expertos integraron los paneles de Último Jueves. Y que el objetivo de reunir “a personas de tan diferentes orígenes alrededor de la misma mesa a debatir una temática” ha sido “acercarse al fondo de las cosas, su razón y modo de ser, sus alternativas”, a partir de la premisa de que “siempre hay más de una manera de enfrentar los problemas”. Esa interacción mutua “ha servido para generar luz sobre interpretaciones y caminos alternativos”.

Cómo se dirige, o cómo no se hace, en interacción, en diálogo con los dirigidos, fue el asunto analizado en la más reciente convocatoria. Sobre él disertaron Daniel Rafuls, profesor de Teoría política, de la Universidad de La Habana; Susana Acea, presidenta del Poder Popular de Centro Habana; Marta Pérez-Rolo, profesora de FLACSO en la UH, quien durante muchos años fue directora de Gesta, la Escuela de Formación de Técnicas de Dirección y Gestión, del SIME; como moderador fungió el director de Temas.

Panel (de izquierda a derecha): Marta Pérez-Rolo, profesora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO); Susana Acea, presidenta del Poder Popular de Centro Habana; y Daniel Rafuls, profesor de Teoría política, en la Universidad de La Habana.

 

“Los procesos de dirección conscientes han estado más vinculados a los seres humanos, no obstante existen en el mundo animal, en función de la sobrevivencia; en sentido intuitivo los animales también tienen cierto nivel de organización y algún tipo de liderazgo”, manifestó Rafuls. Es esencial tener en cuenta varias categorías importantes en el ámbito de las sociedades humanas, “como la relación mandar-dirigir, la de funcionario-dirigente”. Con la aparición del campo socialista apareció otra: la de vanguardia, manejada en Cuba con mucha frecuencia. Para dirigir solo hace falta que uno se encargue de tomar decisiones en función de otro. Pero creo que hacerlo es más una posibilidad que una capacidad”.

El especialista especificó, además, que “no es lo mismo dirigente que funcionario; el primero tiene la responsabilidad de orientar a los sectores sociales; el segundo debe cumplir determinadas funciones para garantizar ciertos objetivos. El funcionario no manda, salvo en algunas coyunturas. Otra categoría importante es la de liderazgo; hay personas con características muy atractivas para los demás, Cuba necesita mucho ese tipo de gente. También son importantes los dirigidos. Tiene que haber un mínimo de cultura, de atención, del dirigido en relación con el dirigente; o sea, una relación mutua de respeto y comprensión”.

Para Susana Acea, dirigir implica que “alguien influye sobre los demás, realiza una acción regularmente, predeterminada por el objetivo, la meta”. Aunque en pos de la disciplina dicha acción incluye cierta cuota de mando, el vínculo entre dirigentes y dirigidos debe implicar un proceso de retroalimentación, de intercambio. La disertante considera la dirección como una ciencia, con regularidades, leyes y conceptos; y a la par, como un arte, pues demanda de “mecanismos y maneras que aporten constante creación para lograr una finalidad”. A quienes dirigen sobre todo les cuesta trabajo “vincular la ciencia y el arte”, relacionar lo que está establecido, sistematizado y aprobado, el respeto a las indicaciones, con lo que pudieran aportar de manera creativa. “Lo que nos falta en ocasiones es tener una cultura directiva, sin ella no se pueden entender y conducir los complejos procesos de hoy y de mañana. Teniendo en cuenta solo el concepto de lo vertical tampoco es posible dirigir”, expuso.

Marta Pérez-Rolo insistió en la relevancia de concebir la dirección como un proceso. “Dirigir es precisamente trazar y alcanzar metas y objetivos, pero nadie puede actuar solo, tiene que hacerlo con un grupo humano y para eso debe influir en ese grupo, en ello incide la capacidad de liderazgo que posea la persona”. Acerca de la profesionalidad de los dirigentes cubanos expresó: “Tuvimos un modelo de formación, lo diseñó el Che no solo para los dirigentes, sino para todo el Ministerio de Industria. Sin embargo, lo perdimos y cada cual fue haciendo lo que entendía en cada sector. Eso desbarató un poco el enfoque de sistema, que es tan necesario. Hoy la Escuela de Cuadros del Estado y el Gobierno ofrece dos diplomados: uno de administración pública y otro de gestión empresarial; ya han pasado más de cinco mil alumnos. Pero no es suficiente, hay que tener una concepción sistémica”, para que deje de repetirse algo habitual: lo aprendido por los dirigentes después no se lleva a la práctica.

 

Valladares en el camino

Múltiples problemas atentan en Cuba contra “la generación de una corriente de diálogo entre los dirigentes y los dirigidos”. El primero, dijo Pérez-Rolo, “es la falta de coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace”, una característica de “muchos de nuestros dirigentes en este momento; aunque no sea en la totalidad”. Otra dificultad es no “diferenciar entre líderes y administradores —lo cual no quiere decir que los segundos no sean importantes—; el líder tiene la función de motivar, llevar adelante a las personas, hacia un objetivo, mientras el administrador es el que organiza y controla”. Además, urge un cambio de carácter cultural en las organizaciones, teniendo en cuenta que la cultura constituye el conjunto de normas, aspiraciones, creencias, valores. De igual modo, “hay que buscar mecanismos de participación directa, ¿cuáles tenemos hoy, incluso en la Constitución de  la República? Muy pocos”.

Tres factores añadió Susana Acea: “Los sistemas organizacionales cubanos no están preparados para que se produzca, como estilo de trabajo, el debate. Segundo: existen  incongruencias entre los diferentes niveles del sistema, me refiero a lo local, territorial, provincial; y predomina un estilo de dirección excesivamente centralizado. Tercer aspecto, e incluso el más peligroso: un grupo de dirigentes no comprende que para dirigir necesitan involucrar a las personas”.

Daniel Rafuls prefirió enumerar elementos fundamentales en cualquier parte del planeta: si las personas ven distanciado a un dirigente se crea una barrera psicológica y eso menoscaba su capacidad para dirigir. Cuando el directivo está muy preparado en cuanto a conocimientos, pero no tiene cultura de diálogo, se aleja de los dirigidos. Otro aspecto básico es la preparación profesional en el tema específico sobre el que se esté tratando. La política de cuadros en los distintos centros de trabajo resulta primordial.

El público presente en la sala Fresa y Chocolate aportó al compendio varios puntos: un líder debe ser conocido; sin embargo, la mayoría de los cubanos no conoce a sus dirigentes del Poder Popular municipal, a los secretarios del Partido, a los representantes sindicales ni a los ministros. Tampoco se dominan los temas que debate la Asamblea Municipal ni hay real participación popular en ella. Numerosos dirigentes son designados por diversas instancias y se mantienen desconectados de la gente. Es necesario restablecer mecanismos de derecho y de garantías reales para participar, para llamar a los directivos a contar, a cumplir sus obligaciones con los gobernados. Subsiste la visión de dirigir en un sistema vertical y centralizado que desde arriba baja las decisiones a la base.

Último Jueves: Dirigir en público

 

Propuestas de cambio

¿Cómo garantizar que los dirigentes se desempeñen realmente en un intercambio permanente con los dirigidos; que esto no quede en el plano de la exhortación o de los buenos deseos?, inquirió Rafael Hernández.

El punto de vista de Daniel Rafuls coincidió con las preocupaciones del auditorio. “El proceso de dirección tiene que conllevar como contraparte la participación de la gente, no solo informar a las personas, sino que estas participen de verdad. Los que van a ser dirigidos precisan espacios para hacer sus propias elecciones. Padecemos limitaciones en el sistema del Poder Popular a la hora de presentar los candidatos, pues a nivel de base se pueden hacer entre ocho y diez proposiciones, pero en niveles superiores la candidatura es cerrada. La población está pidiendo hace rato que haya más representación para que la ciudadanía pueda decidir sobre la base de una preselección de candidatos afines al proyecto social.

“Otro elemento significativo: hay que inculcar en el dirigente que él es el conductor principal del grupo, no el jefe militar”. Además, si los representantes en el Poder Popular no sostienen encuentros directos con la población, ni son líderes ni dirigen a nadie. Hay que dar más autonomía a los directivos para que tomen decisiones. “Me parece que los órganos superiores no deben obligar —en este sistema vertical del que se está hablando y necesitamos superar— a los directivos de base a que den respuestas inmediatas; cuando se exigen soluciones con celeridad y no hay chance de hacer análisis con la gente, esta no se siente representada ni tomada en cuenta”, declaró Rafuls.

A partir de su experiencia personal, Susana Acea propuso algunas acciones. Ante todo, el dirigente debe asumir el cargo de modo “responsable y hacer lo mejor, lo más posible”. Al mismo tiempo es indispensable darse a conocer. “Yo comencé a hacer reuniones con muchachos sin edad para ir a las urnas, después con otros jóvenes, trabajadores por cuenta propia, los artistas, los creadores. Uno necesita la cultura del diálogo, porque el dirigente tiene que escuchar muchas cosas diferentes a lo que él piensa. Así va surgiendo un liderazgo”.

Agregó la hoy presidenta que deben concebirse proyectos participativos y plurales. “El dirigente tiene que crear escenarios sinceros, no escuchar unos pocos minutos y cuando sale de la reunión ya todo se olvidó, sino establecer compromisos para llegar a la solución de los problemas. Hay que respetar las identidades de las personas. El país es diferente al de hace veinte años y no es posible influir en la población de la misma manera que se hacía antes”.

Por su parte, Marta Pérez-Rolo instó a “romper la verticalidad, que está tan arraigada en nuestra conciencia”. Otro camino sería la evaluación del desempeño de los directivos, en todos los niveles. “Hacerlo de verdad, no análisis formales; esa evaluación, con la participación de los subordinados, determinaría si un director sigue o no”. En las necesarias transformaciones incide de igual modo la exigencia de los dirigidos. “Se habla de que en la escuela los muchachos tienen una actitud pasiva, pero también en una empresa muchas veces los trabajadores mantienen esa actitud. Las personas deben entender que poseen deberes y derechos y hay que exigirlos”.

Último Jueves: Dirigir en público

 

Durante la segunda ronda de opiniones por parte de la concurrencia, las palabras de una delegada del Poder Popular de Plaza de la Revolución suscitaron aplausos. En primera instancia recalcó que constituye un grave peligro para la sociedad cubana, cada vez más compleja y con diversidad de actores, el hecho de que “gran parte de la población no conoce las leyes ni sus derechos y deberes”. Alertó acerca de que todavía “tenemos mucho de autoritario en nuestra sociedad” y hay que cambiar la mentalidad a todos los niveles. “El dirigente debiera ser un trabajador más, cuya función es dirigir, pero hacerlo entre todos, con todos y para todos”. Sin embargo, “el dirigente se ha convertido en Cuba en una clase social”. Cuestionó el funcionamiento del Poder Popular; asimismo, el nuevo Código del Trabajo, pues en él se permite al directivo hacer “lo que le dé la gana”.

Otro participante preguntó al panel cómo resolver el dilema de aquellos dirigentes interesados de verdad en resolver los problemas, cuando sus propuestas entran en contradicción con directivos a su mismo nivel y más arriba. E incluyó otras dos interrogantes: ¿Qué pueden decir sobre los dirigentes cubanos que, más que administradores de los bienes propiedad de todos, actúan como si fueran los dueños? ¿Cómo garantizar que los incapaces sean demovidos?

Una española, quien desde hace algún tiempo reside en La Habana, comentó que en su nación los dirigidos se están organizando —por barrios, trabajos, escuelas, universidades— para intentar revocar al que dirige cuando este no lo hace como es debido, y para que haya una verdadera democracia.

Cierta investigadora de la Universidad de La Habana argumentó que no deben confundirse los términos poder y autoridad; perder de vista la diferencia afecta la capacidad de dirigir. Además de conocer al público, los directivos —ya sea en una empresa o en el Poder Popular— precisan contar con medios para realizar su gestión de manera que las necesidades de ese público sean satisfechas.

Entre los concurrentes alguien afirmó que hoy el Partido propugna un proyecto de país donde se intenta impulsar la autonomía de los espacios locales (es decir, otra relación entre dirigentes y dirigidos); no obstante, sigue habiendo “cuadros de dirección miopes” cuyo desempeño frena esa política. Un longevo investigador reflexionó acerca de que “Cuba necesita dirigentes que sepan cómo se hace una estrategia a largo plazo del socialismo que queremos construir, en la que todo cubano debe participar de una u otra manera”.

Un asiduo colaborador de Temas razonó: necesitamos cambiar la forma de organizar el sistema político, 50% de quienes integran la Asamblea Nacional del Poder popular no fueron elegidos, sino designados. Apenas existen espacios para que representantes de la sociedad civil lleguen a dirigir. A eso se añade que “los dirigentes son elegidos de acuerdo con sus biografías, eso hay que superarlo”; los directivos tienen que adoptar posiciones, proponer soluciones, trazar estrategias. “Lo tercero es la limitación de los dirigidos a determinadas esferas; no se puede ir a una rendición de cuentas a hablar sobre la política nacional o la inversión extranjera, solo acerca del bache, el problema de la luz, el salidero, ¿dónde están nuestros ámbitos para opinar como ciudadanos más allá de la esfera municipal o local?”.

Seguidamente, los panelistas comentaron los anteriores parlamentos. Daniel Rafuls reconoció que los delegados de base poseen la autoridad, pero no el poder para tomar decisiones que impliquen solucionar las dificultades de la comunidad. En cuanto al Código del Trabajo, “marca más las opciones que tiene el empleador para estructurar y sancionar el trabajo del empleado; es decir, representa más las facilidades con que cuentan las autoridades para tomar las decisiones y no tanto las posibilidades de la población”. Una limitación actual es que los ciudadanos carecen de oportunidades para establecer demandas. En los centros de trabajo, “si las secciones sindicales funcionaran mejor no hubiera sido necesario crear los Órganos de justicia laboral, se han hecho para tratar de resolver los problemas que enfrentan los trabajadores en relación con sus dirigentes”.

Igualmente convino con la crítica sobre la composición de la Asamblea Nacional: “Hasta 50% de los diputados son delegados de base; el resto, aunque representa a instituciones que de alguna manera tienen vínculos con la sociedad civil, no le rinden cuenta; ese mecanismo hay que cambiarlo”. A continuación retomó un asunto abordado por el público: la transparencia informativa. “Me consta que en las asambleas municipales, provinciales y nacionales del Poder Popular se realizan discusiones sólidas, duras, pero eso no sale publicado. La imagen que se brinda siempre es la de la unanimidad, cuando en realidad no ocurre así. Los medios de difusión tampoco muestran de manera habitual a los dirigentes del Poder Popular y entonces la gente no los conoce”.

Por lo general, los dirigentes actuales no estamos preparados para hacer avanzar el proyecto socialista “que los cubanos hemos decidido construir”, admitió Susana Acea. La única posibilidad es formarnos sobre la marcha, dentro del mismo proceso. “Los dirigentes tienen que corresponderse con los nuevos escenarios del país. Hoy el Poder Popular está en perfeccionamiento casi total”, lo cual se corresponde con los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución. “Se están buscando nuevas lógicas para la acción gubernamental, para que el pueblo se sienta implicado de verdad. Sin embargo, no es necesario buscar una nueva manera de autogestión desde la base, eso existe desde que se crearon los Consejos populares. Ellos se reúnen, como mínimo, una vez al mes, tienen una composición social amplísima, sus reuniones son públicas y puede ir todo el mundo, pero las personas desconocen que existe esa opción”, concluyó.

Si bien el pasado Último Jueves principió con una celebración, su epílogo contuvo un anuncio: los diez asuntos que se debatirán el próximo año. Aquí los incluyo, para que los seguidores de Temas vayan preparándose:

 

ULTIMO JUEVES 2015

Enero: El pasado en la era de su idealización ampliada

Febrero: ¿Qué socialismo?

Marzo: Flujo (y reflujo) migratorio: los contextos

Abril: Jóvenes en el liderazgo

Mayo: Industria y mercado

Junio: ¿El brujo de la tribu? Patrones culturales en las prácticas médicas

Julio: Los 70: una revisión crítica

Septiembre: ¿Para qué la universidad?

Octubre: Otra geopolítica. Poderes en sistema internacional

Noviembre: ¿De qué valen los premios?