¿De qué valen los premios?: Último Jueves de Temas

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Desde las primeras edades escuchamos hablar de premios y los entendemos como estímulos a los mejores resultados en determinada área. Premio Nacional de Televisión, Literatura, Periodismo, Ciencias Sociales, Premios Lucas, Premios Caricato… no existe sector o área del conocimiento en Cuba donde no esté estructurado un sistema de reconocimientos, lo cual es un motor imprescindible para estimular el talento. Pero, ¿para qué sirven los Premios en Cuba? ¿Cuál es su fundamento? ¿Contribuyen a reconocer el mérito? ¿Dar a conocer las obras más destacadas? ¿Impulsar la innovación? ¿La creatividad? ¿Cumplen sus objetivos?¿cómo funciona el otorgamiento de premios en el país? ¿Se deciden siguiendo un método apropiado? ¿Reflejan un grado de consenso en el sector donde se otorgan? ¿De qué manera constituyen un impulso al desarrollo de cada campo?

Este interesante y abarcador tema estimuló la participación de los seis panelistas invitados al más reciente debate de Último Jueves, bajo la pregunta ¿De qué valen los premios? En el Centro Cultural Fresa y Chocolate confluyeron representantes de diversos sectores en Cuba: Tahiri Lizano, vicepresidenta de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR); Eva Escalona, directora de Ciencia y Técnica del Ministerio de Educación; Rudy Mora, director de cine y televisión; Marta Sentí, ingeniera, perteneciente a la dirección de Medio Ambiente del CITMA; Rogelio Riverón, escritor y director de la Editorial Letras Cubanas y Carlos A. Cabal, ingeniero físico del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Desde visiones distintas, pero aportando consensos, público y especialistas contribuyeron a identificar los principales problemas y líneas en las que es preciso reflexionar.

Si bien el país cuenta con un amplio número de premios que contribuyen a reconocer la obra de disímiles creadores, los panelistas coincidieron en que se hacía imprescindible prestar atención al proceso de divulgación de los mismos, tanto durante la convocatoria como en el posterior reconocimiento a los ganadores.

“El problema está en para qué le sirve a una persona ser premio nacional a partir del momento en que se lo otorga, qué rumbo toma su vida como creador luego de haber sido premiado. Los premios tienen que visibilizarse. El Grammy no aporta dinero, pero lo que representa al artista es comparable a 50 mil dólares. Lo que no tenía valor empieza a tener un reconocimiento importantísimo”, reflexionó Rudy Mora.

El dilema entre los respaldos morales o financieros para los premios fue otra de las aristas del debate. ¿Es necesaria la remuneración en metálico en un premio? Muchos se hicieron esta pregunta y aunque sobre ella no hay verdades establecidas; lo cierto es que todos coincidieron en la necesidad de redimensionar el valor moral de los reconocimientos, así como repensar (en algunos casos) el sistema de recompensas.

La esencia del premio debe descansar en el estímulo a la continuidad del trabajo, potenciar la creación de una nueva obra. Por eso habría que pensar no solo por qué se premia sino con qué se premia.

“El prestigio es lo más importante, hay que prestigiar a la persona que ganó el premio y no podemos hacerlo con los mismos estímulos de hace años. Hay que buscar el ingenio”, dijo Carlos A. Cabal.

Otro de los llamados fue a diseñar mecanismos que posibiliten cada cierto tiempo revisar las bases de los premios, así como convertir el proceso de selección en uno que fuera lo menos subjetivo posible. ¿Cómo lograrlo? El reto pasa por democratizar las bases desde las que se eligen los integrantes de los jurados, alcanzar representatividad territorial y, por supuesto, mecanismos de evaluación a la altura de los tiempos que corren.

Disímiles fueron las propuestas para lograr que, cada vez más, los premios sean un mayor estímulo a la creación en Cuba. Cabal llamó a crear un mapa nacional de premios, que reúna la enorme diversidad existente en la Isla y que permita a los diferentes sectores beber de las experiencias de otros.

El problema de la sectorialización atraviesa el otorgamiento de premios en Cuba, e impide que se pueda hablar de un sistema de otorgamiento de premios en Cuba, consideró Rafael Hernández, moderador del panel y director de la Revista Temas. “¿Qué participación tienen las comunidades en los procesos de premiación? ¿Decide la comunidad cuál es el mejor maestro, médico, la empresa que más cuida o destruye el medio ambiente? Articular lo local con la determinación de premios podría formar parte de un nuevo paradigma”, consideró Hernández.

Visibilizar los premios, repensar sus bases ante los nuevos desplazamientos en los campos del saber son un desafío hoy, al que sin dudas este Último Jueves contribuyó.