Sociedad de la información

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Sociedad de la información

Abril - Junio 2013

La extensión global de las nuevas tecnologías de la información ha generado formas radicalmente distintas de concebir y practicar la comunicación social. Los cambios que caracterizan la llamada sociedad red son tan acelerados que apenas permiten analizar críticamente su alcance y acumular certezas.Está claro, sin embargo, que la irrupción de Internet en todos los ámbitos de la vida no significa un fenómeno más, sino todo un cambio de época, que abarca desde la reproducción de la vida cotidiana hasta el control político de los medios de comunicación.

¿Qué es la sociedad de la información? ¿Qué consecuencias tendría para las naciones rezagarse o quedar al margen del desarrollo informacional actual? ¿Hasta dónde pesan las limitaciones de infraestructura tecnológica, y hasta dónde los prejuicios en la ausencia o la debilidad de las políticas públicas para lidiar con los nuevos escenarios? ¿Cuáles son sus implicaciones para la cultura y el debate de ideas?

En un entorno donde se extiende la televisión digital, se multiplican los accesos a Internet, y se intenta dotar de nuevos medios comunicacionales a las más diversas prácticas profesionales, estructuras y normativas jurídicas, este número de Temas trata de contribuir a una reflexión informada y crítica sobre una problemática fundamental.

Enfoque

Por: Armando Malheiro da Silva , Miguel Ángel Rendón Rojas, Emir Suaiden, Pedro Urra, Raúl Garcés Corra

  • Algunos la asumen como oportunidad, otros como desafío y una buena parte como psicosis de la que resulta imposible librarse. Lo cierto es que, entrado el siglo xxi, vivir de espaldas a la sociedad de la información representaría una herida de muerte para cualquier modelo de desarrollo. A diferencia de etapas precedentes, donde la información ocupaba un espacio específico como fuente de interacción y articulación entre las personas, se trata ahora de una necesidad que atraviesa totalmente el modo en que se gestan y configuran las relaciones sociales a escala planetaria.

    El cambio trasciende en mucho lo tecnológico y, como todo lo nuevo, está plagado de desconocimientos y prejuicios. Por eso Temas lo somete a debate entre cuatro expertos cuya luz contribuirá a alumbrar caminos —y a trazar políticas— tanto fuera como dentro de nuestro contexto.

Por: Francisco Sierra Caballero

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    Asociadas a las TIC se ha producido en las dos últimas décadas una intensificación de los intercambios comerciales y financieros y un incremento de las relaciones culturales, científicas y académicas sin parangón en la historia, desde el punto de vista de las cotas y dimensiones económicas y materiales; de ahí la pertinencia del análisis y estudio de la Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (EPC). El objetivo del presente trabajo es delimitar a la EPC como campo autónomo de reflexión y análisis sobre política de comunicación y cultura en la Unión Europea.

     

     

Por: Rosa Miriam Elizalde

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    El gobierno de los Estados Unidos ha aceptado tácitamente que la ejecución de algunas de las principales medidas económicas y sociales contempladas en los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba responde a una voluntad de cambio de la dirección de la Revolución que cuenta con un alto consenso social. Sin embargo, ha evaluado la comunicación como una zona de debilidad en la sociedad cubana sin la cual no se pueden ejecutar exitosamente esos cambios, e interpreta que la débil articulación entre los medios de comunicación masiva (MCM) y los nuevos medios sociales (NMS) existentes en el ciberespacio, crean un escenario propicio para las ideas que llevarían al «cambio de régimen» en la Isla. Con un bloqueo invariable y en un ambiente sociocultural signado por una revolución tecnológica de alcance global que ha roto el monopolio de los MCM, la posibilidad de que se reproduzca una glasnost al estilo soviético sigue siendo una esperanza para cierto sector de la cubanología que apuesta por la caída del socialismo en Cuba, y anima en lo interno el fantasma de un peligro que resiente como nunca antes las funciones del sistema comunicacional del país.

     

     

Por: Lázaro J. Blanco Encinosa

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    El hecho de vivir en comunidad exige la existencia de principios éticos y morales para garantizar la convivencia pacífica entre los seres humanos. La ética enfrenta nuevos retos, nuevas dimensiones en que debe adentrarse, nuevas definiciones que deben establecerse, nuevos enfoques que deben plantearse con el advenimiento de las tecnologías de la información, el conocimiento y la comunicación. Estas tecnologías impactan nuestras vidas en una forma muy veloz, sin dar tiempo para meditar lo suficiente en sus implicaciones. Utilizamos las computadoras, los teléfonos móviles, las redes sociales y sin darnos cuenta nuestra existencia toma una dependencia casi absoluta de esas tecnologías. Las informaciones sobre nosotros viajan por el ciberespacio y se almacenan en lugares que no conocemos, posibilitando su utilización sin nuestro permiso en acciones que no aprobamos. Empresas, gobiernos y hasta individuos pueden acceder a nuestros datos y usarlos en su interés sin que ni siquiera nos enteremos. ¿Los diseñadores e implementadores de esas tecnologías se detienen a pensar que algunas de sus acciones pueden ser perjudiciales? ¿Existe la legislación necesaria para proteger a los ciudadanos de la interferencia a sus derechos mediante las tecnologías de la información? ¿Existe alguna garantía de que los sistemas de información que utilizamos no sean empleados con objetivos diferentes a los que motivaron su creación? ¿Los ciudadanos normales están conscientes de ello? ¿Están los sistemas de información lo suficientemente protegidos para evitar fraudes o errores que perjudiquen a organizaciones y ciudadanos? Estas son algunas de las preguntas que se toman como base para este breve trabajo introductorio sobre una problemática que todavía no ha sido lo suficientemente analizada en el mundo.

     

     

    Ética es la parte de la filosofía que estudia las reglas de la moral, y de la conducta humana, aquello que está bien o mal. Proviene de la palabra griega ethos, que significa comportamiento. El mundo la ha aceptado como una ciencia normativa, indicativa del proceder adecuado en una época, cultura y lugar determinados. El hecho de vivir en comunidad exige la existencia de principios sobre lo que es correcto e incorrecto. Tales principios deben ser respetados para garantizar la convivencia pacífica entre los seres humanos.[1] «El respeto al derecho ajeno es la paz», dijo el prócer mexicano Benito Juárez,[2] excelente resumen de lo que debe ser la ética en cualquier sociedad. Hay evidencias de que el estudio de la ética tiene más de cuatro mil años. Confucio en China; Pitágoras, Sócrates y Aristóteles en Grecia y Jesús en Palestina; fueron algunos de los pensadores que ayudaron a definir el pensamiento ético de la humanidad. José Martí fue digno heredero de esos filósofos. En la actualidad, cuando las tecnologías de la información y el conocimiento (TIC) se introducen cada vez más en las sociedades, incluso sin algunos advertirlo, la ética enfrenta nuevos retos y dimensiones en las que debe adentrarse, otros enfoques y definiciones que deben esbozarse. Los sistemas de información y las tecnologías están impactando muy rápido nuestras vidas, sin dar tiempo a que se medite lo suficiente en sus implicaciones. Cada vez más utilizamos las computadoras, los teléfonos móviles, las redes sociales y sin darnos cuenta nuestra existencia toma una dependencia casi absoluta de esas tecnologías. Las informaciones sobre nosotros viajan por el ciberespacio y se almacenan en lugares que no conocemos, lo cual posibilita su empleo en acciones que no hemos aprobado. Empresas, gobiernos y hasta individuos pueden acceder a nuestros datos y usarlos para su beneficio sin que nos enteremos. ¿En qué medida esas situaciones son conocidas por los diseñadores e implementadores de los sistemas y tecnologías de la información? ¿Los analistas y programadores se detienen a pensar que algunas de sus acciones pueden ser perjudiciales para sus congéneres e incluso para ellos mismos? ¿En los países existe la legislación necesaria para proteger a los ciudadanos de la interferencia de los agresores a sus derechos mediante las tecnologías de la información? ¿Hay alguna garantía de que los sistemas de información no sean empleados con objetivos diferentes a los que motivaron su creación, en beneficio de otros? ¿Estamos conscientes de ello? ¿Los sistemas de información se hallan lo suficientemente protegidos para evitar fraudes o errores que perjudiquen a organizaciones y ciudadanos? Son algunas de las preguntas básicas para tratar una problemática que todavía no ha sido analizada en su totalidad en el mundo. No pretendo ofrecer respuestas, ni siquiera opiniones definitivas, sino exponer preocupaciones y abrir puertas a la reflexión colectiva. Tampoco intento analizar la problemática de un país en particular; este trabajo constituye un primer paso hacia estudios más profundos, específicos y, tal vez, locales.   Elementos éticos en la sociedad de la información Las ideas éticas surgen condicionadas por el sistema económico vigente, la historia, las relaciones sociales de producción y propiedad y la idiosincrasia de los pueblos, entre otros factores. Quiero destacar aquí las relaciones más importantes entre algunos de estos elementos, en ese proceso complejo llamado sociedad de la información. El individuo, los grupos sociales y la sociedad interactúan entre sí. A su vez las relaciones sociales de producción, sobre todo las de propiedad, y el sistema económico en su conjunto se relacionan con aspectos superestructurales, como la cultura, la religión (una manifestación de la cultura), el sistema legal, el político, las costumbres, entre otros elementos, para condicionar las ideas morales vigentes. Entre esas ideas siempre tuvieron un lugar importante, aunque en constante evolución, los criterios dominantes sobre los derechos del ser humano, entre los que destacan el derecho a la vida, a la propiedad, a la privacidad, a la libertad de pensamiento y de expresión, a estar informados, etc. Igualmente forman parte de las ideas éticas las relaciones interpersonales e intergrupales, los datos individuales, familiares, entre otros. La tecnología de la información y las comunicaciones impacta sobre dichas ideas y sobre esos derechos. En esencia no los cambia, pero abre nuevas facetas de estos, se redefinen y a la vez crean nuevas condiciones, tanto para reafirmarlos como para violarlos. Tales facetas o dimensiones morales se intentan resumir a continuación: Vida del ser humano: Incluye los valores que preservar y desarrollar en una sociedad basada en la información y el conocimiento, las instituciones formales e informales (familia, organizaciones, etc.), las prácticas culturales que emergen, se modifican y desaparecen por la influencia de los sistemas y tecnologías de la información. Sistema social: Abarca las informaciones que deben existir para proteger los derechos individuales, de las organizaciones y de la sociedad en su conjunto, así como exigir el cumplimiento de las obligaciones de esos actores. Dirección y responsabilidad individual y colectiva: Comprende la definición de las organizaciones y las personas que tienen, pueden y deben asumir y enfrentar la responsabilidad legal y moral por el perjuicio a los individuos y organizaciones, a sus derechos de propiedad y de utilización de la información individual y colectiva. Derechos y obligaciones de posesión y propiedad de la información: Incluye la política de protección y cesión de los derechos de propiedad intelectual en la sociedad de la información —patentes y licencias en la época digital. Deberes, derechos y atribuciones de información: Atañen a los individuos y las organizaciones, en relación con la información sobre sí mismos. Incluye el balance entre la privacidad y la necesidad de información para la sociedad. Se relaciona con la legalidad como reflejo y soporte de la ética.   La acentuación de algunas situaciones tecnológicas en el mundo hace que las dimensiones morales mencionadas se tornen especialmente sensibles. Por ejemplo, cada vez es mayor la dependencia de los seres humanos de la informática, tanto individual como social. Nuestros ahorros, depositados en los bancos, dependen de la fiabilidad con que los sistemas de información de estas instituciones trabajen; nuestras pólizas de seguro están informatizadas, al igual que nuestras cuentas de electricidad, gas, teléfono; se conocen nuestras llamadas telefónicas, nuestros mensajes de correo electrónico, etc. En consecuencia, las informaciones sobre nosotros están en múltiples lugares, como los registros de población y vivienda, bancos, hospitales, escuelas, agencias para el cobro de impuestos, etc. Cada vez apareceremos en más bases de datos. Esas informaciones pueden ser utilizadas por innumerables instituciones y personas, privadas y gubernamentales. Por ejemplo, las empresas comerciales pueden emplearlas para operaciones de marketing y ventas incluso no solicitadas por nosotros. Asimismo, diversas agencias estatales y gubernamentales pueden acceder a ellas sin que lo sepamos. ¿Quién protege al ciudadano en esos casos? ¿Quién asegura el adecuado balance entre privacidad y necesidad social? La mayoría de las personas ni siquiera ha pensado en eso.   Definiciones éticas básicas La ética, y consecuentemente su comportamiento, es un componente básico para la conservación de la especie humana. Otrora se establecieron reglas éticas para la convivencia. Recordemos, entre otros, los mandamientos o leyes que Moisés recibió de Dios en el Monte Sinaí, acorde a la Biblia; o el conjunto de recomendaciones éticas contenidas en el cuerpo de patakines de Ifá, en la religión o regla de Ocha.[3] Algunas de esas reglas u orientaciones morales, aceptadas por la mayoría, son: No hacer a los demás lo que no quisiera que le hicieran a usted. Si algo no es adecuado para todos, tampoco lo es para nadie. Si un acto no se puede repetir, entonces nunca debe realizarse. Debe tomarse la acción que alcance los valores mejores. Debe tomarse la acción que menos daño produzca. Todos los objetos son propiedad (virtual o real) de alguien, a menos que se indique lo contrario. En otras palabras, nada es gratuito.   Todas esas reglas o principios están englobadas o comprendidas en la primera, y esta es equivalente al mandamiento cristiano que dice «amaos los unos a los otros». Debe advertirse que son un sistema de principios. No se puede cumplir uno e incumplir los demás. Pero si durante milenios el ser humano tuvo tiempo de consolidar poco a poco las ideas morales y la concepción ética del mundo, con posterioridad a la difusión de la informática y las redes de comunicación globales no ha sido así. La tecnología ha ido tan rápido, que no nos ha permitido discernir entre lo correcto y lo que no lo es. El comportamiento ético presupone la existencia de libertad para que el individuo y las organizaciones diseñen su accionar y elijan el camino que consideran correcto. Para ello deben aceptar las consecuencias de sus actos, por lo que asumen varios principios básicos adicionales: La responsabilidad. El individuo responde por sus actos, sus costos sociales, económicos, físicos y humanos; así como los deberes y obligaciones que entrañan. Las instituciones también deberán también asumir tal principio ético. Ambos actores deberán rendir cuenta de sus actos, definir quién es el responsable de los mismos, y aceptar tanto premios como castigos, en dependencia de si las acciones repercuten positiva o negativamente en los demás. El soporte legal. En un estado de derecho, el cuerpo legal apoya la moralidad vigente, la ética reinante. Evidentemente, la tecnología y los sistemas de la información están en manos de las personas, las cuales harán un buen o mal uso de ellos, en la medida de sus intereses y sus ideas. El soporte legal debe asegurar, tanto el castigo a los malos utilizadores, como el resarcimiento de los daños y perjuicios morales y materiales a los afectados.   Derechos del ciudadano y las instituciones La privacidad es el primer derecho del ciudadano en la era de la sociedad de la información. Significa poder comportarse y actuar sin ser vigilado o interferido por otros individuos u organizaciones. Incluye, por supuesto, el accionar durante todo el día en el hogar, el trabajo, la escuela, entre otros lugares. Las TIC amenazan esa privacidad al hacer muy sencilla y barata su violación. Muchos países han emitido leyes para proteger ese derecho, como la Directiva sobre la protección de datos, de la Comisión Europea, del 25 de octubre de 1988;[4] y la Ley sobre la privacidad de las comunicaciones electrónicas, de los Estados Unidos, de 1986.[5] Sin embargo, la práctica demuestra que algunas de esas leyes en ocasiones son violadas, incluso por los propios gobiernos que las emiten. No obstante, su violación eventual o sistemática no implica que sean leyes inútiles. Son apoyos muy necesarios para establecer y consolidar los valores morales y los derechos de las personas. En función de este derecho, los ciudadanos deben esperar (incuso los que no conocen mucho sobre las TIC) que las instituciones que elaboran y utilizan sistemas informáticos apliquen prácticas honestas de información. Esta debe usarse solo para lo que fue solicitada, con el consentimiento expreso de los que la produjeron. Los individuos u organizaciones deben contar con la facultad de revisar y refutar, en caso de ser necesario, la certeza e integridad de las informaciones. Los responsables de solicitar los datos deben tomar todas las providencias para protegerlos y para garantizar que sean ciertos, mediante un cuerpo legal de leyes, resoluciones y normativas que avale ese derecho de los ciudadanos y las obligaciones de las instituciones. Ese cuerpo legal es necesario, pero lamentablemente no es suficiente. Debe recordarse que estos derechos están más amenazados que nunca, con elementos como las cookies, los web bugs, los programas espías (spyware)[6] y los restantes programas malignos.[7] Si bien las cookies son microprogramas utilizados en determinados sitios web para optimizar el acceso de los usuarios a estos, también su labor puede desvirtuarse, cuando los datos que manejan son mal empleados. Los web bugs son pequeños programas insertados en mensajes de correo y páginas web para conocer quién los está leyendo y trasmitirlos a otra computadora. Los spyware pueden determinar, por ejemplo, lo que se escribe en un teclado y transportarlo a otras computadoras de la red sin que el usuario se entere. Asimismo, los virus y otros programas malignos pueden utilizar indebidamente la información de las computadoras en que se introducen. Estos elementos amenazantes pueden ser utilizados por empresas para realizar prácticas deshonestas de mercadeo, por gobiernos para vigilar a sus ciudadanos o por personas inescrupulosas y de comportamiento malévolo, como hackers y crackers. Algunas instituciones se han unido para lograr sistemas más seguros que protejan los derechos de sus clientes y consumidores. Están promoviendo el empleo de «sellos en línea», para certificar los sitios web que han adoptado los principios de privacidad. Un ejemplo de ello es el sello TRUSTe que se coloca en las páginas web de aquellos sitios que han implementado medidas de seguridad, privacidad de divulgación, elección y acceso.[8] Algunas herramientas se han elaborado y difundido para aplicar medidas de seguridad, como la encriptación de correos electrónicos y la apariencia de anonimato en la navegación en la Web. Por ejemplo, la Plataforma para las Preferencias de Privacidad (P3P) asegura la comunicación de políticas de privacidad entre los sitios de comercio electrónico y sus clientes y visitantes. El segundo derecho de los ciudadanos e instituciones es el de expresarse con total libertad, sin que nadie lo coarte, lo amenace o castigue por haberlo hecho. Ese derecho debe equilibrarse con la responsabilidad de no difundir informaciones falsas, denigrantes, estimulantes de la violencia o que afecte la dignidad y derechos de otras personas e instituciones. Otro es el derecho a la información correcta sobre sí mismos. Debe garantizarse que las informaciones que los ciudadanos y las organizaciones colocan en las bases de datos de instituciones privadas y públicas sean las correctas y que estén protegidas, por diferentes medios, de las diversas alteraciones que pueden ocasionar daños y perjuicios. Los cambios en los nombres, en las direcciones, o en otras informaciones, traen, en el mejor de los casos, serios inconvenientes y molestias a los ciudadanos y las instituciones, y en el peor, profundos daños en su hacienda, en su imagen o en la propia persona o institución. Los diseñadores de software tienen la obligación moral (no solo técnica) de introducir en él los controles de validación necesarios para garantizar que se disminuyan al mínimo los errores y cambios dolosos. Los capturadores manuales de datos tienen similar obligación durante la realización de su trabajo. Más adelante se volverá a tratar este aspecto, en el acápite sobre calidad de la información. Un derecho priorizado es el que tienen las personas e instituciones a que la información que se coloca en los medios de la Red sea la adecuada, sin contenido ofensivo, amenazante, perjudicial o falso. La pornografía (con cierta frecuencia infantil, que atenta contra lo más valioso de la sociedad: la niñez), la incitación al odio y la violencia, la difusión de técnicas y métodos para la construcción de armas (incluso de exterminio masivo) y de ideologías excluyentes y agresivas, la discriminación racial, política, de género, de preferencias sexuales o simplemente ideológica, son algunos ejemplos de informaciones de este tipo. Existe mucha irresponsabilidad (en el mejor de los casos) y maldad (en el peor) en personas e instituciones que tienen la autoridad y los medios para colocar información en Internet. Este derecho a la información sin contenido ofensivo o perjudicial, debe ser defendido por todos los medios posibles: legales, técnicos y, por supuesto, morales. Sin embargo, no siempre es fácil: lo que un individuo o un grupo piensa que es bueno y adecuado, otro no necesariamente lo comparte. Las opiniones contrapuestas y contradictorias acerca de la vida, la religión y la sexualidad, entre otros aspectos, dificultan notablemente la defensa de este derecho. No obstante, debemos luchar por que las personas e instituciones aprendan a respetarse y a convivir entre sí, pese a opiniones y criterios diversos: es algo profundamente ético y conveniente para la conservación de la especie humana. Resulta importante utilizar las redes de información adecuadamente sin que personas, organizaciones y gobiernos lo impidan. Desde que sus desarrolladores las pusieron a disposición del mundo, los ciudadanos e instituciones recibieron tácitamente el derecho de acceder a ellas, siempre y cuando respeten los otros derechos aquí mencionados. Otro derecho de las instituciones y de los que conviven en este planeta, es el de conocer las mejores ideas y prácticas para la defensa del medioambiente. Por supuesto, ello implica la denuncia y condena de prácticas y criterios perjudiciales al entorno y la diversidad animal. Internet es una poderosa herramienta que puede contribuir mucho a salvar nuestro hábitat. Los que utilizamos las TIC tenemos que adoptar una actitud más activa en defensa de la Tierra y sus habitantes. No puede admitirse la difusión de ideas contrarias a la conservación del medioambiente y las especies. Un derecho de las instituciones que se viola con frecuencia es el empleo de los medios técnicos de la información (computadoras, redes, etc.) para los fines a los que se destinaron originalmente, ya sea por los empleados o por sus jefes (abunda el uso de correos electrónicos de carácter personal, utilización privada de las computadoras de la institución, almacenamiento de informaciones ajenas al trabajo de la organización, realización en el tiempo de trabajo de tareas privadas, etc.). Al usar estos medios para fines particulares (igual que los autos de la institución u otros activos), no se piensa que ese proceder indebido es prácticamente un robo. Es usual que las personas que utilizan una computadora para su trabajo en alguna empresa u organización estatal, tenga el disco duro lleno de su música o películas preferidas. ¿Es esto perjudicial realmente o es una exageración del autor? La inversión en medios técnicos de computación ha sido notable para todos los países en las últimas décadas, pero no siempre se ha basado en criterios racionales desde el punto de vista técnico y económico. Se han adquirido millones de máquinas con una velocidad y una capacidad de almacenamiento superior a las necesidades reales de las empresas y organizaciones. Ello ha representado una erogación mucho mayor que la debida. Un derecho que debe respetarse es el relativo a recibir solo la información deseada. Recibimos correo spam o basura, con publicidad comercial o política; nos llegan programas malignos enmascarados en documentos aparentemente inofensivos; nos envían cartas cadenas, pidiendo dinero o sugiriendo que las renviemos si queremos recibir determinados bienes morales o materiales; nos amenazan u hostigan con mensajes de odio; nos mandan informaciones obscenas que pueden llegar a afectar a nuestros hijos. A veces participamos de ese irracional intercambio cuando nos enrolamos en la difusión de un absurdo mensaje de cadena, porque nos parece simpático o agradable, sin pensar en los derechos de los demás y en el hecho ineludible de que contribuimos a la congestión innecesaria de las líneas de comunicación. Es difícil solucionar esa situación, en la que participamos todos de una forma u otra, pero debemos meditar al respecto, a los efectos de recuperar o desarrollar parte de una ética perdida o que no se construyó. Se le ha concedido poca atención al derecho que tenemos todos a que se conserve la memoria histórica de la sociedad.[9] Nunca antes se había producido tanta información y tanto conocimiento, ni ha sido tan fácil su difusión y conservación. Y nunca, como ahora, se ha perdido esa información y ese conocimiento, por factores como el cambio acelerado de tecnologías (soportes de información, procesadores, métodos de almacenamiento, etc.), la volatilidad de las mismas, la obsolescencia moral y real, espontánea y programada,[10] la posibilidad de ataque a centros de servidores por tiranos y dictadores, las agresiones bélicas, el terrorismo, los desastres naturales, etcétera.   La propiedad intelectual Las TIC han complicado la protección de las creaciones intelectuales, debido a la facilidad para copiarlas y distribuirlas en las redes. Se ha creado la falsa idea (deliberada o espontáneamente) de que lo que está allí puede ser utilizado de manera indiscriminada, sin permiso y sin reconocer su fuente. La propiedad intelectual debe ser respetada y protegida mediante prácticas legales e informáticas, a los efectos de garantizar el secreto comercial, los derechos de autor y las patentes. El primero se relaciona con informaciones vinculadas a un producto del trabajo intelectual creativo: una fórmula, un dispositivo, un determinado patrón de comportamiento o el conjunto informativo de ciertas investigaciones observadas destinado a su explotación productiva o comercial. Existen leyes que protegen el secreto comercial, incluidos tanto el objeto como las ideas que lo sustentan. Un ejemplo de ello es el software con elementos novedosos o exclusivos, y en el cual la idea puede ser más valiosa que la solución en sí. El secreto comercial debe protegerse por contratos de no divulgación. Los derechos de autor, también llamados reservados o copyright, abarcan obras de diverso tipo: canciones, poemas, novelas, libros científicos, artículos, etc. Por lo general, la legislación protege al autor en vida y durante cierta cantidad de años después de su muerte para beneficiar a sus herederos. El software se protege mediante esa fórmula, sea o no novedoso —siempre que esté registrado—, así como el original y las copias vendidas o cedidas, y se definen los derechos tanto del creador como de los compradores. Las ideas que sustentan una creación de este tipo no siempre pueden protegerse. Por ejemplo, un compositor puede copiar el sentido de la letra de una canción y modificar la melodía hasta hacerla suficientemente distinta de la original, para distinguirla de esta. Un comprador de un programa de software puede analizar cómo funciona y hacer otro diferente, incorporando solo las ideas interesantes. Las patentes constituyen protecciones legales que se establecen sobre máquinas, procedimientos, dispositivos o similares, y se destinan a premiar la novedad, la originalidad y el esfuerzo de invención y desarrollo de un autor (persona o institución), mediante la concesión de un monopolio de propiedad que puede representar beneficios económicos y de imagen a su dueño. En las últimas décadas se ha llegado (en los Estados Unidos) a conceder patentes a softwares muy específicos. Esto, sin embargo, puede ser extremadamente difícil por las propias características de ese tipo de creación. En los momentos actuales, la protección de cualquiera de estos tres casos de propiedad intelectual es complicada, pues resulta sencillo y barato copiar, alterar, modificar y distribuir esos productos o ideas. Con frecuencia el software que utilizamos es pirata,[11] al igual que la música o las películas que disfrutamos. Por ejemplo, la posibilidad abierta en Cuba, desde 2011, para que las personas copien y vendan CD y DVD con solo pagar una licencia —que no incluye el pago de patentes, secreto comercial o derechos de autor—, está perjudicando sobremanera a las propias empresas cubanas (por ejemplo, las disqueras), que no pueden luchar contra esa competencia desventajosa en extremo, pues los cuentapropistas colocan productos —copiados ilegalmente a esas empresas— a precios mínimos en el mercado, sin necesidad de pagar derechos a los autores. Algunos casos han recibido mucha difusión en la prensa, como la lucha exitosa, pero tardía, de Metallica y otros grupos musicales contra Napster y su servicio de distribución gratuita de música. Otros creadores (y algunos que no lo son tanto) están promoviendo la total libertad en el campo de la creación intelectual. Proponen el uso libre de obras musicales, literarias, de software, etc. Han acuñado incluso el término copyleft (sin ningún sentido semántico, solo por oposición al copyright). Las primeras versiones de Linux son un ejemplo de ello (las versiones posteriores no han sido así: al parecer se impone la tendencia del copyright). Esa nueva orientación ética no ha sido aceptada por la mayoría de los creadores por una razón simple: necesitan comer, alojarse, vivir, lo cual es posible por la venta de sus obras. Aunque no he hecho una investigación seria que me permita sustentar mi opinión, es probable que los que defienden el copyleft sean financiados por alguien. Dicho en un lenguaje más coloquial y más cubano, alguien los mantiene. Lo más generalizado (y al parecer hasta ahora lo más acertado) es defender la propiedad intelectual y los ingresos que esta proporciona a sus autores. Se están haciendo esfuerzos en el mundo para mejorar esta situación, pero nada indica que se podrá solucionar, al menos en un corto plazo. Lamentablemente, en algunos países no se le ha prestado a ello la atención debida. O se le ha dado una solución ambigua y poco ética: se protegen determinados productos porque se consideran valiosos comercialmente, y otros se dejan desprotegidos. No debe olvidarse que también existen derechos morales sobre la propiedad intelectual: el derecho de publicación, a partir del cual el autor puede elegir cuándo divulgar su trabajo al público; el de atribución o asociación, que postula que el autor debe asociarse a su trabajo y ser reconocido como tal, y el de integridad, mediante el cual el autor puede oponerse a cualquier modificación a su trabajo. Esta problemática puede resultar compleja y no es privativa de un país determinado. Su análisis excede las posibilidades y objetivos de este trabajo.   Calidad de la información y los sistemas informáticos La elevada calidad en los sistemas de información y las redes de comunicación es cualidad indispensable para que derechos como los mencionados anteriormente puedan manifestarse. Los diseñadores y elaboradores de software —ingenieros y licenciados en informática y ciencias de la computación, analistas de sistemas, administradores de redes y sistemas de bases de datos, programadores en general, directivos de la actividad, etc.— tienen la obligación de crear los sistemas de información con la calidad requerida y con las protecciones necesarias para conservar adecuadamente lo que almacenan y utilizan, introducir los controles necesarios para evitar errores y fraudes; impedir, por los medios a su alcance, que esas informaciones se empleen para fines diferentes a los que fueron concebidos. Hay una realidad incuestionable: es casi imposible lograr 100% de calidad en una pieza de software de algunos millones de líneas de código (cada una de las diferentes versiones de Windows, por ejemplo, pasa fácilmente de los cuatro millones de instrucciones). Esto añade otra faceta moral a la problemática ética de los sistemas de información: ¿hasta dónde deben realizarse pruebas al software para garantizar su calidad? ¿En qué momento ética, económica y técnicamente factible debe darse por terminado el trabajo? Ello debe conocerse y aceptarse: el software siempre tendrá algún defecto. Desde mis inicios como programador de computadoras, hace más de cuarenta años, aprendí una máxima que no ha dejado de regir la elaboración de software: nunca puede asegurarse que un programa está perfecto. Lo único que se puede afirmar es que hasta el momento en que se analiza ha funcionado de determinada manera (correcta o no). Tampoco nadie es capaz de impedir, sobre todo en países con normas legales imprecisas en estos aspectos, que una agencia gubernamental, por ejemplo, invocando alguna ley o el «interés nacional», exija los datos sobre ciudadanos o instituciones y los emplee para determinada forma de represión. Menos aún puede impedirse el empleo de spyware u otro medio para acceder directamente a esos datos, sin solicitarlos. Otros aspectos relacionados con la ética afloran constantemente y exigen reflexionar sobre ellos. Uno de los más peligrosos, y a la vez desconocidos, es el de los cyborgs. Ese término surgió del género de la ciencia-ficción, donde aparecen seres en parte humanos y en parte robots. Una vez más se cumple el aforismo de Julio Verne: «Lo que un hombre puede imaginar, otro puede crearlo». Ya los cyborgs están aquí. Primero fueron los propios científicos: algunos se insertaron chips para cumplir funciones de monitoreo o de expansión de sus capacidades físicas y mentales. Pero ya esas opciones pasan al mundo empresarial y se difunden como un producto o servicio más del mercado. Y aquí viene la pregunta ética: ¿están evaluadas todas las consecuencias de esa inserción, de esa combinación? En muchos casos, las enfermedades e insuficiencias congénitas —personas sordomudas, ciegas, parapléjicas, que han perdido sus miembros, etc.— pueden justificar esos implantes. Pero, ¿y en el caso de personas que solo intentan mejorar sus capacidades físicas y mentales? ¿Habrá consecuencias negativas, a causa de las insuficientes pruebas realizadas? ¿Se producirá un nuevo conjunto de seres superhumanos, debido a sus posibilidades económicas o a sus posiciones de poder político (que les permiten pagar el precio elevado de esos implantes), y con ello una causa más de desigualdad y discriminación? ¿Y si esos hiperdotados resultan éticamente subhumanos o peor, antihumanos? ¿Nos esclavizarán los cyborgs? ¿Y si por error resultan supertontos y devienen una nueva carga para la humanidad? ¿Y si se convierten en la pesadilla que nos mostraron películas como Blade Runner? No hay respuestas a esas preguntas, pero la realidad es que la tecnología avanza mucho más rápido que la moral y nadie puede prever las consecuencias de esas combinaciones. En materia de calidad de los sistemas informáticos, nadie está más informado que los especialistas en esta materia. Tienen los saberes y las habilidades necesarias para poder entender las consecuencias de sus actos. El gran público confía en ellos. Asume que harán siempre lo correcto, no solo en el plano técnico, sino en el moral. Pero, ¿y si no todos actúan así? ¿Si existieran debilidades éticas conviviendo al lado de grandes capacidades científicas y técnicas? ¿Si algunos técnicos y especialistas se alineasen del lado oscuro? Y sin llegar a esos extremos, ¿si la indiferencia moral se adueña de algunas mentes? Meditemos todos, en particular los especialistas.   Una conclusión inconclusa La paradoja que se ha escogido para encabezar esta sección describe la situación exacta de la problemática analizada: la ética y los aspectos morales en las tecnologías de la información y las comunicaciones están en proceso de cambio, de modificación, por el impacto tan grande y sostenido de las transformaciones tecnológicas. No es este, pues, un trabajo terminado. No puede serlo. Es solo un llamado de alerta. El ser humano ha materializado en gran medida sus aspiraciones. Nunca como ahora se ha aplicado a ultranza la siguiente máxima: «El fin justifica los medios». Eso es preocupante y puede crear una jungla digital donde no se respeten los derechos de nadie y solo rija la ley del más fuerte, o sea, del más hábil digitalmente, con el agravante de que una acción indebida puede multiplicarse ad infinitum por las redes informáticas. Si la ética y la moral no son rescatadas, si la concepción del bien y el mal no se aplica a situaciones como las descritas, toda nuestra libertad, dignidad e integridad —hasta la vida— pueden ser peligrosamente menoscabadas, dañadas o incluso eliminadas. Cada uno de nosotros y la humanidad toda, puede encontrar dentro de sí, la solución. Busquémosla.   Notas [1] Las bases ideológicas de este trabajo son las ideas de los grandes humanistas de la historia, como Jesús y Gandhi. El documento fundamental que lo inspiró es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo aniversario 63 se celebra el 10 de diciembre, y que fue promovida por Cuba, concretamente por el diplomático cubano Guy Pérez-Cisneros, en la III Asamblea de las Naciones Unidas (París, 1948). [2] Citado por José C. Melo, Empresa. Una mirada inusual a su organización empresarial, Editorial Academia, La Habana, 2012. [3] Este artículo no es sobre religión. El autor asumirá como ciertos, con todo respeto, tanto los planteamientos bíblicos como los patakines que legaron nuestros ancestros, primero oralmente y después en forma escrita, como puede comprobarse en las libretas de Ocha de cualquier ilé ocha en Cuba. En definitiva, lo importante es que en ambos casos se hallan reglas éticas similares para garantizar la paz y la convivencia entre los seres humanos. [4] Citada por Kenneth C. Laudon y J. P. Laudon, Sistemas de información gerencial. Administración de la empresa digital, Pearson y Prentice Hall, México, DF, 2008, p. 141. [5] Ibídem, p. 139. [6] Véase Amaury E. del Valle, «Software espía», GIGA, n. 3, La Habana, 2012. [7] Existe una copiosa literatura sobre programas malignos. Cada nueva edición de los programas antivirus tiene «enciclopedias» en línea sobre los virus, las cuales quedan obsoletas en pocos días. Sin embargo, algunos investigadores logran cierta generalización que puede ser útil para cualquier lector. Por ejemplo, véanse Edgar Guadis, «Infección y descontaminación de aplicaciones Windows de 32 bits», GIGA, n. 1, La Habana, 2012; y Lázaro J. Blanco Encinosa, Auditoría y sistemas informáticos, Editorial Félix Varela, La Habana, 2012. [8] Los buscadores más utilizados están capacitados para comprobar si ese sello existe y alertar al usuario antes de abrir un sitio WEB que no lo tenga. El que utilizo al momento de escribir este trabajo (Microsoft Explorer 2010) realiza esa función. [9] Véase Lázaro J. Blanco Encinosa, «Papeles son papeles», GIGA, n. 3, La Habana, 2012. [10] Véase «Obsolescencia programada», GIGA, n. 1, La Habana, 2012. [11] Incluyendo el que he utilizado para escribir este texto.

Por: Roberto Suro

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    La interacción en línea entre la campaña de Obama y sus jóvenes partidarios cambió para siempre la forma en que se practicará la política en las democracias. Dentro de este contexto, es imprescindible evaluar, a corto y mediano plazo, las implicaciones y significados de lo que se avizora, a todas luces, como una transformación fundamental del papel de la información en la vida moderna.

     

     

Por: Ángeles Diez Rodríguez

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    El texto que se presenta con el título Ciberespacio y Síntoma Comunitario: una lectura a partir del 15 M, se plantea una reflexión teórica sobre las aspiraciones comunitarias y de sociabilidad implicadas en las movilizaciones contemporáneas en las que el ciberespacio aparece como herramienta pero también como límite. En estas movilizaciones el papel de las nuevas tecnologías, especialmente la telefonía móvil e Internet, juegan un papel clave no sólo como recurso disponible para la movilización y el desarrollo de redes sociales sino como canal para dar satisfacción a los problemas de sociabilidad. Se utilizan las redes virtuales para difundir actividades, convocar movilizaciones y llegar a otros colectivos pero movimientos como el 15M también parecen demandar de estas nuevas tecnologías el restablecimiento de vínculos ético-políticos que fueron rotos y enterrados por la racionalidad instrumental del mercado.

    En este sentido parece surgir un espacio y unas formas de movilización en las que podemos vislumbrar la emergencia de una forma de “síntoma” comunitario, una expresión sintomática de una carencia, un trauma, provocado en parte por nuevas formas de vida y relaciones sociales insatisfactorias y problemáticas. Las comunidades virtuales y la ocupación de las plazas y espacios públicos en las que se desarrollan asambleas, se participa de forma horizontal y en igualdad, se presentan como dos caras de una misma problemática. Todas estas movilizaciones surgen en un mundo hipertecnologizado y ésta, la tecnología, se presenta como instrumento de múltiples potencialidades pero también como campo de batalla al entrar en conflicto con las aspiraciones de identidad, comunidad y proximidad de las masas movilizadas.

     

     

Por: Milena Recio Silva

  • Se conoce poco sobre las prácticas de los usuarios en Internet. Facebook, que en muchos sentidos sintetiza formas de "expansión" de la sociedad hacia y en el mundo virtual, es un terreno útil para ensayar una indagación con mirada ciberetnográfica sobre nuestros comportamientos en las redes sociales. El estudio de algunos de los usos de esta herramienta-espacio en el contexto cultural y político cubano actual, permite esbozar rasgos de la fisonomía de una sociedad en cambio. Este artículo se plantea la observación de tres aspectos que precondicionan las formas “nuestras” de usar Facebook: los marcos que impone la calidad de la conectividad en Cuba; la existencia de una diáspora cubana que convive en este espacio virtual, y la tendencia a la politización de los discursos.

Por: Elaine Díaz Rodríguez, Firuzeh Shokooh Valle

  • El carácter «operativo» del cable de fibra óptica que enlaza a Cuba con Venezuela y Jamaica, desde agosto de 2012, y el comienzo de la realización de pruebas para la trasmisión de datos, desde enero de 2013, exigen reflexionar sobre las rutas posibles para la evaluación de las políticas públicas relacionadas con el acceso a Internet y las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) en la Isla. Este artículo analiza los retos para la construcción de un sistema político justo, democrático, participativo, en un contexto regional mediado por el uso intensivo de Internet y las TIC, animado por la necesidad de contribuir a la transformación de la realidad nacional mediante planteamientos teóricos y acciones concretas desde posturas críticas y propositivas alejadas de cualquier conformismo.

Por: Hamlet López García

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    Uno de los rasgos más notables de las tecnologías de la información y de las comunicaciones en la sociedad contemporánea, es la democratización en la producción y diseminación de conocimientos. Existen enormes desigualdades en el acceso al conocimiento y a las tecnologías, pero nunca como antes han existido tantas personas fuera de la academia y los laboratorios empresariales colaborando con el acervo común tecnológico, científico y cultural. El movimiento mundial de software libre y abierto es una muestra de esa cooperación, donde universidades, empresas, gobiernos y programadores independientes trabajan juntos en la creación de un repositorio diverso y poderoso de herramientas informáticas libremente disponibles. El presente artículo se basa en una investigación realizada en el 2012 para mostrar como un grupo de personas por fuera de las instituciones académicas y empresariales cubanas se esfuerzan por adaptar y diseminar una cultura abierta de conocimientos a las condiciones particulares de un país poco desarrollado, gracias a la creciente presencia de las TIC en la sociedad. Además, identifica algunas de las ventajas y dificultades de esa apropiación informal de una cultura libre que pudiera ser tan estratégica en el desarrollo de un país (por ejemplo para la sostenibilidad en la migración hacia el software libre). Por último nombra una serie de dificultades concretas que enfrenta Cuba en la difusión de la cultura libre mediante las comunidades virtuales, que van desde escasez de financiamiento disponible para la inversión en infraestructura TIC, hasta la cultura institucional predominante de control de los flujos de información (expresada en una serie de normativas legales y jurídicas), que pone barreras a la comunicación de las experiencias y pequeñas innovaciones generadas por los usuarios en la apropiación de tecnología.

     

     

Por: Dayron Roque Lazo

  • En la medida en que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) van digitalizando los procesos vitales de la sociedad, sirven de base para el surgimiento de un entorno completamente nuevo y diferente. Tal entorno está caracterizado por un capitalismo global basado en el conocimiento y en la transformación de las sociedades en sistemas vitalmente dependientes de los flujos de información y, en lo fundamental, signado por una profundización del desigual desarrollo de países y regiones. En tal contexto la educación superior, en especial la cubana, tiene ingentes desafíos a los cuales debe darles respuesta. Asumirlos desde la perspectiva del cambio necesario ha de redundar en la posibilidad de insertar exitosamente a Cuba en la sociedad del conocimiento y la reinvención de su modelo socialista.

Por: Julio García Luis

  • Este artículo se refiere a un problema trascendente para la Cuba de hoy, y más aún la del futuro: el funcionamiento de los medios de prensa, la regulación de estos y el papel que en ello corresponde a la autorregulación de los propios periodistas y dirigentes del sector, sobre la base de los valores morales y las normas deontológicas. ¿Dónde y bajo qué condiciones puede realizarse una relación prensa-poder que sirva realmente a la hegemonía de las grandes mayorías? ¿Bajo qué premisas se desarrolla un ciudadano más y mejor informado, y con una mayor participación consciente en los asuntos de la comunidad? ¿Qué circunstancias garantizarían una mayor potencialidad real para la prensa de servicio público? Las respuestas a estas y otras preguntas pasan inexcusablemente por problemas centrales que aborda el autor, desde la teoría y la investigación empírica, como parte de su tesis de doctorado.

Controversia

Por: Raúl Garcés Corra, Tania García Lorenzo, Ismael González, Rafael Hernández Rodríguez

  • El ALBA se ha reconocido y legitimado como un proyecto de inserción internacional con una agenda social como baluarte. Está basado en una matriz ideológica cuyo centro es el ser humano como sujeto y objeto de las transformaciones y ha conseguido subvertir la realidad de que América Latina tenga que mirar al Norte para informarse sobre sí misma. Sin embargo, aún no ha logrado cambiar la correlación de poder y propiedad que marca los rumbos de las economías de sus miembros. Al respecto, debatieron especialistas en economía e información, así como un público interesado.

Entretemas

Por: Gabriela Quezada Calderón

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    Este artículo detiene su mirada en la particular experiencia de Parlamentos obreros llevados a cabo en Cuba, en el año 1994, en el contexto de una cruda crisis económica que azotó al pueblo y que exigió a la dirigencia y organización sociopolítica del país, buscar medidas urgentes para hacerle frente. Su interés del artículo, por lo tanto, se centra precisamente en la participación deliberativa como eslabón esencial de las medidas para lograr la eficiencia económica requerida. A partir de esta experiencia se realiza un análisis de la participación directa de los trabajadores y, desde un enfoque de actualidad, la autora se pregunta de qué manera pueden procesos progresistas como el ecuatoriano ilustrarse de los Parlamentos obreros cubanos con la aspiración de incrementar las condiciones sociopolíticas que permitan dotar a la sociedad de un sistema político genuinamente democrático. Finalmente, el artículo ofrece algunas tendencias como formas para desarrollar este objetivo e invita a la interminable tarea reflexiva en torno al poder, el Estado, el poder popular, en suma, la Revolución.

     

     

Por: Katia Figueredo Cabrera

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    La apertura democrática propiciada por Fulgencio Batista a finales de la década de los años 30 incentivó el nacimiento de una nueva sociabilidad política en los sectores emergentes de la derecha nacionalista de clase media, seducidos por la diversidad del fascismo europeo que tras cruzar el Atlántico asumía rasgos propios de la dinámica del capitalismo dependiente y tercermundista. Frente al caos heredado de la Revolución del 30 en Cuba, el fascismo, en todas sus variantes, pretendió constituir una alternativa al Estado oligárquico, capaz de restaurar el orden, implantar la justicia social, combatir el comunismo y modernizar las estructuras económicas y políticas del país. El presente artículo ofrece una comparación entre los programas de la Legión Nacional Revolucionaria Sindicalista, la Asociación Partido Nazi Cubano y el falangismo español, en aras de precisar quiénes fueron los verdaderos revolucionarios de la contrarrevolución en la mayor de las Antillas y su impronta ideológica en la sociedad cubana durante el período de entreguerras.

     

     

Lectura Sucesiva

Por: María Montes

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    Este trabajo, que proviene de algunos tópicos de "El nuevo teatro, la máscara, el juego y lo trágico en la obra dramática de Virgilio Piñera", tesis de doctorado de la autora en la Universidad París 3, aborda la originalidad que caracteriza la obra del autor cubano en su conjunto y en particular su teatro. Si resulta evidente la filiación con la vanguardia europea en cuanto a las situaciones absurdas, extrañas, que presentan sus piezas, donde el absurdo y el grotesco se mezclan con lo cómico y lo trágico, Piñera se descarta del movimiento vanguardista con sus constantes alusiones oblicuas de carácter crítico a la realidad cubana. Igualmente, con el mismo fin, las notas satíricas son abundantes en sus piezas. Y sus personajes, esos seres corrientes y débiles, incapaces de enfrentar a los otros, los hombres fuertes y agresivos que dominan en la sociedad o en la familia, microcosmos de aquélla, jamás pueden salir del callejón sin salida en que irremediablemente están. De este modo, mediante la mezcla de lo trágico, lo cómico y el humor, Piñera hacer pasar lo que de otra manera sería lúgubre y desolador, alcanzado con ello el género teatral más alto: la tragedia.

     

     

Por: Ernesto Molina Molina

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    La construcción del socialismo en Cuba durante los cincuenta años de su existencia ha planteado una gran diversidad de retos económicos, políticos y sociales a la actividad creadora y teórica de sus dirigentes y de su pueblo. Sin el análisis de esos desafíos no sería posible valorar correctamente las respuestas a las cuales se ha arribado como experiencia teórica y práctica. Con el título Cincuenta años de la economía cubana, la Editorial de Ciencias Sociales publicó en el 2010 este libro, resultado investigativo de un colectivo de autores, en su gran mayoría, del Centro de Estudios de la Economía Cubana, pero que incluye también a integrantes de diferentes unidades docentes e investigativas de la Universidad de La Habana.

    De alguna manera, todos abordan estos problemas; sin embargo, puede apreciarse que cada autor sigue su propia lógica investigativa y corresponde al lector hallar los puntos coincidentes o no, que se entrelazan y contribuyen a identificar el difícil camino, con avances y retrocesos, de la economía y la sociedad cubana en estos años de proceso revolucionario.