Actualizando al Che: pensamiento y políticas socialistas

Actualizando al Che: pensamiento y políticas socialistas

28 - Septiembre 2017
Moderador: 

En la Isla se habla tan a menudo sobre el Che Guevara que la dimensión de su vida y obra nos parece harto conocida. Craso error. A lo largo de décadas los centros escolares, en sus diversos niveles, y disímiles organizaciones han resaltado apenas una o dos de sus aristas, en detrimento de otras, plenas de enseñanzas indispensables para construir una nación mejor. ¿Cuál es hoy —y podría ser en lo adelante— la incidencia real de sus ideas, por ejemplo, en torno a la economía y la democracia socialistas, en nuestra sociedad? Sobre ello nos invitó a reflexionar Rafael Hernández, director de la revista Temas y habitual moderador del espacio de debate que dicha publicación organiza cada mes. Esta vez conformaron la mesa de expertos María del Carmen Ariet, socióloga, coordinadora científica del Centro de Estudios Che Guevara; Delia Luisa López, presidenta de la Cátedra del Che en la Universidad de La Habana; Ariel Díaz, trovador; y Anayansi Castellón, vicedecana docente de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central Marta Abreu, de Santa Clara.

A las cualidades y facetas del Che, en general, se refirieron las dos ponentes iniciales. María del Carmen Ariet resaltó su vasta cultura, sin la cual “le hubiera sido muy difícil asumir la multiplicidad de funciones y tareas que desempeñó en Cuba”. Para ella su carácter de político es primordial y se manifiesta incluso cuando él aborda asuntos económicos, éticos y filosóficos. Esa arista “se desdobla: una línea es la de dirigente político de la Revolución cubana; otra es la de hacedor de pensamiento político; la tercera es la de revolucionario integral”. En la primera de estas vertientes es de destacar su puesta en práctica del ejemplo personal, “casi lo instrumenta como un método, para combatir la distancia entre el pueblo y los líderes”, imbuido de una ética extraordinaria y de valores como el sacrificio, el deber, la justicia, la emancipación. Al mismo tiempo, desarrolló “un pensamiento político creador, reflexivo, y crítico hacia los grandes problemas que vio en el mundo socialista de su época”; así, desaprobó las ideas dogmáticas, el esquematismo y la vulgarización del marxismo presentes en los manuales y la práctica entonces en uso. Retomó criterios de Marx y propugnó que el hombre debe ser el eje principal del socialismo. Muy importante es su concepto acerca de la educación y la cultura, en el sentido de transformar la sociedad en una gran escuela, para garantizar que el hombre adquiera una conciencia participativa superior como ente transformador de la colectividad. En cuanto al revolucionario, fue un estratega con un proyecto antimperialista, anticapitalista, internacionalista y solidario. Por consiguiente, “la manera de estudiar y entender al Che es ver todo esto como un sistema de pensamiento”. Otros aspectos suyos no estudiados profundamente son el brillante papel que tuvo en la política internacional y su labor como historiador de la Revolución cubana.

Siguiendo las ideas de Fernando Martínez Heredia, la segunda panelista contextualizó la acción y la obra del Che en dos momentos, cada uno con varios escenarios. Inicialmente lo encontramos en la lucha por tomar el poder, dicha etapa se extiende hasta que ocupa la Fortaleza de la Cabaña; durante toda ella escribe notas y concibe sus Pasajes de la guerra revolucionaria. Luego, se inserta en la instauración “de una sociedad socialista-comunista”. De este período, “lo más conocido para la población cubana —de antes y de ahora— es el Che como ministro de Industrias”, prosiguió Delia Luisa López. Aparecía en la TV haciendo trabajo voluntario, y se trasmitían sus discursos y comparecencias tras regresar de múltiples viajes al extranjero en representación de Cuba. Menos divulgada es su participación en la polémica económica (que tiene mucho de política) desarrollada entre 1963 y 1964; en sus numerosos escritos, él enfatizó que el proyecto económico de la Revolución debía verse inmerso en una concepción general de cómo avanzar hacia la nueva sociedad, o sea, no podía asumirse de manera aislada. Tal proyecto englobaba “producción más conciencia”, no debía emprenderse para producir más y competir con otros países, sino con el propósito de mejorar las condiciones de vida de las personas. Con el abordaje de este y otros temas, el Che introdujo “un nuevo punto de vista teórico en el pensamiento marxista”, y formuló la propuesta de “convertir la sociedad en una gigantesca escuela; es decir, que las estructuras de la sociedad en transición sean capaces de impactar socialísticamente sobre el individuo, de modo que quien esté dispuesto a autoeducarse, se adecue a los nuevos tiempos y se prepare para transformar el orden social; es un proceso múltiple en el cual el ser humano (siempre) está en el centro de los cambios hacia el comunismo”. Podemos encontrar estas concepciones en El socialismo y el hombre en Cuba, obra en la cual recoge los problemas fundamentales del sistema socialista, muchos de ellos todavía vigentes.

Ariel Díaz prefirió subrayar las cualidades humanas de Ernesto Guevara, el joven que durante su viaje por Suramérica trabajó en un leprosorio, el combatiente guerrillero “justo en el trato a los prisioneros en la Sierra”. Asimismo, comentó que su cultura literaria se advierte en Pasajes de la guerra revolucionaria, libro donde no esconde la crudeza de la contienda, mas lo hace “mediante una narrativa de alto vuelo”. El trovador acaba de regresar de una gira por territorios de la Isla muy afectados a causa del huracán Irma; allí, mientras concertaban un repertorio con canciones dedicadas al Che y constataban la precariedad habitacional y el bajo nivel de vida de los pobladores, emergió la polémica entre los integrantes de la brigada. Ellos, como la gran mayoría de los cubanos, tienen la sensación de que el Che “no hubiera dejado que se cayera el techo”. Y prosiguió el disertante: “Para mí su mayor legado es esa adicción a decir las cosas en el momento y como son, sin temer las consecuencias, a riesgo de parecer incómodo, de ser el pesado o atravesado. Creo que esa es la imagen del Che que ha quedado en el pueblo”.  

Las facetas del Che son muchas, aquí se han presentado algunas, continuó Anayansi Castellón. A su juicio, la más relevante es la de pensador marxista, porque al mencionar al “economista, político, dirigente, ejemplo incorruptible, superador de obstáculos”, se está hablando de un hombre que dirige todos sus actos y pensamientos a crear “una sociedad comunista, mientras el socialismo es el tránsito hacia ella”. En ese sentido, además de El socialismo y el hombre en Cuba, concibió una vasta obra teórica, hoy ignorada por los jóvenes. Entre sus presupuestos, reparamos en que la idea del Sistema presupuestario de financiamiento pretendía ser una alternativa a cómo se construía la economía en los países del campo socialista, específicamente en la Unión Soviética; y en Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana, percibimos su preocupación en torno a que, junto con las acciones, resulta necesaria la teoría para entender la totalidad y la complejidad del proceso. Lo que él escribe no está dirigido solo a nosotros, sino a los revolucionarios del mundo. Por otro lado, según la experiencia de esta profesora, las dos aristas del Che más conocidas por la juventud son la del “guerrillero, el hombre que no temía a la muerte, el liberador de la ciudad de Santa Clara” —numerosos textos recogen anécdotas y pasajes al respecto—; y como expresó Ariel Díaz, la del hombre “incapaz de dejarse corromper, justo sin dejar de ser exigente”.

 

Incógnita por develar

¿Cuáles son las obras del Che que inspiran e influyen en la forma de pensar de quienes vivimos en la Cuba actual?, no las que debieran hacerlo, sino las que en verdad lo logran, inquirió Rafael Hernández.

No es posible identificar, de manera automática, las más conocidas con las influyentes, opina María del Carmen Ariet. Debe tomarse en cuenta que esos escritos fueron concebidos hace medio siglo y, por supuesto, los contextos son bien diferentes. Además, parte de ellos se difundieron tardíamente. Por ejemplo, “nos costó tremendo trabajo poder editar en el Centro los Apuntes críticos a la economía política; ¿acaso tiene el mismo valor haberlos publicado después de que el mundo socialista desapareció, cuando mucho antes el Che hizo brillantes observaciones sobre eso?” Lo mismo sucedió con Apuntes filosóficos; es decir el rescate del pensamiento del Che joven no tuvo lugar hasta el año 2000. A esa situación agreguemos que a menudo no se estudian y analizan del modo adecuado. “Repetimos que El socialismo y el hombre en Cuba es el ensayo político más importante, pero ¿lo ajustamos a la reflexión sobre la realidad de hoy?; no lo hemos hecho”. 

“Muy fuertes fueron las influencias del Che en los años 60 —razonó Delia Luisa López—, no existen prácticamente en los 70, se recobran en los 80” y ahora de nuevo empezamos a reparar en ciertas concepciones. Y puntualizó: a partir de 1971, hasta 1986, buena parte de su legado dejó de ser visible o se distorsionó. “El 8 de octubre se conmemoraba su caída como Guerrillero Heroico y los niños seguían diciendo: ‘Pioneros por el comunismo, seremos como el Che’, sin saber qué significaba. Tan fue así que entre 1986 y 1989 sobreviene en Cuba el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, durante el cual Fidel Castro realiza una crítica política y pública y llama a los revolucionarios de todo el mundo a releer al Che Guevara. Ese proceso se vio truncado por la caída del campo socialista y el advenimiento del Período Especial. Hacia 2009, comienza la discusión de nuevas bases económicas para el país; debates en los cuales la impronta del Che ha sido mayor o menor en función del espectro de los grupos sociales implicados.

Difícil es saber con certeza cuál Che Guevara inspira en la actualidad a los jóvenes, colegí de la respuesta brindada por Ariel Díaz. Los vemos usar prendas de vestir, adornos y otros objetos con la imagen del héroe; ¿en qué medida se trata de una moda y no rebasa el interés iconográfico?, tal vez quiénes la llevan no predican lo enseñado por él ni actúan en consecuencia. “Todo lo que dejó escrito y dicho el Che es útil, tenía una visión muy larga, pero no hemos sabido infundirla en las nuevas generaciones”. Presentarlo como una figura de mármol, perfecto, inaccesible, no logrará rescatar su verdadera dimensión, profirió el artista.

Anayansi Castellón comparte ese enfoque. El Che se conoce poco; apenas “el mito organizado desde el discurso ideológico y los lemas”, lo cual tiende a generar un mensaje epidérmico, vacío de substancia y que la juventud cubana no aprehende como norma de vida. Es necesario comunicarle cuál ser humano hay detrás de la leyenda, cómo fue capaz de producir obra tan gigantesca, su lógica a la hora de construir los conceptos. No lo hemos hecho. “El socialismo y el hombre en Cuba me parece un gran libro; sin embargo, los jóvenes no logran aquilatar su magnitud si usted no lo sitúa en contexto ni explica escritos anteriores, en los cuales el Che nos va mostrando elementos de su concepción”. No deben faltar las Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana, o el Sistema presupuestario de financiamiento, o La planificación socialista: su significado, o La banca y el crédito en el socialismo, o Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana, o sus Apuntes críticos, y Cuba excepción histórica, vanguardia en la lucha anticolonialista.

Momentos antes de otorgarle la palabra al público, el moderador compartió los resultados de sendas indagaciones realizadas por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (a unos cien jóvenes) y entre alrededor de sesenta participantes en este Último Jueves. Para ellos los textos del Che más conocidos son la "Carta de despedida a Fidel", El socialismo y el hombre en CubaLa guerra de guerrillas y el "Mensaje a la Tricontinental". Las facetas que más dominan del pensamiento y la obra de Ernesto Guevara son la de internacionalista, la de estratega militar y combatiente guerrillero, y la de dirigente económico de la transición socialista. Entre sus ideas vigentes y aplicables a los problemas del socialismo en la actualidad ubican las relacionadas con el antimperialismo, la formación del hombre nuevo, las críticas al capitalismo y sus valores, la democracia socialista y la política internacional de alianzas.

 

Abrir el diapasón

“Tenemos una deuda con el Che”, debemos reescribir la economía política de la construcción socialista. Las investigaciones han demostrado su total razón en criticar la práctica soviética de utilizar en el socialismo los métodos de dirección y organización capitalistas. También acertó al proponer ordenar las empresas consolidadas por ramas y subramas, pero subsisten diferencias con esa óptica, declaró desde el auditorio un economista. La siguiente intervención, de una joven mujer, se centró en que el modo de presentar al Che en la escuela primaria es contradictorio con las características —muy bien estudiadas— que corresponden al desarrollo psicológico de los niños en esa etapa de su vida. Se recalca el discurso panfletario y la repetición de anécdotas a menudo relatadas desde un ángulo con el cual los alumnos no se pueden identificar.

Con palabras académicas, y asequibles, una investigadora planteó que “un elemento esencial en la comprensión del pensamiento del Che es el concepto de propiedad social, el cual pone en jaque todos los modelos y sistemas al uso”; porque la sociedad y no el Estado sería la dueña de los bienes. Eso determina las regulaciones, formas de funcionamiento y el diseño completo del modelo. De acuerdo con el Che, el centro de nuestro proyecto debe ser el hombre, es decir, el ser humano. Sin embargo, hasta ahora “el modelo macroeconómico y la jerarquización de sus equilibrios, subordinan los procesos sociales que se dan desde la base, en la familia, en la comunidad, y eso entraña una contradicción”, incluso vaticinada por él. Para el Che, de igual modo, resulta esencial cómo la desigualdad se origina y marca el devenir de cualquier sociedad. Su análisis es vital en estos tiempos, cuando padecemos “en muchas ocasiones un igualitarismo formal y se está engendrando una desigualdad rampante”.

Cierto periodista que trabaja en medios de comunicación de la Iglesia católica, hizo dos preguntas: ¿El concepto de hombre nuevo que enunció el Che, y luego desarrolló Fidel, tiene origen bíblico o procede del marxismo? ¿Era Guevara en realidad intransigente hasta las últimas consecuencias, radical ante lo mal hecho, o escuchaba opiniones antes de adoptar un juicio?

El próximo disertante, quien laborara en el Ministerio de Industrias, evocó al dirigente que daba el ejemplo cuando viajaba al trabajo voluntario montado en un camión, junto a sus subordinados; y quien en pleno surgimiento de la Revolución planteaba sin cortapisas sus discrepancias en torno a cómo debía enfocarse el trabajo estatal. Finalmente preguntó a los expertos invitados por qué la mención al Che ha ido desapareciendo de los documentos políticos que se debaten en los últimos tiempos. Y si es correcta la percepción de que el concepto guevariano de hombre nuevo ha cedido, no en el discurso, pero sí en la práctica, ante el avance de ese “antiquísimo hombre de lo mío primero”.

Tanto como su teoría política o económica, los actuales momentos requieren de dirigentes que permanezcan al lado del pueblo, sabiendo de primera mano, por realmente vivirlas y compartirlas, sus penurias, necesidades y aspiraciones. Si el conocimiento de estas solo les llega por vías institucionales, y distorsionado tras pasar por distintos niveles, ni ahí está el Che ni podrá construirse una nueva sociedad, manifestó un jubilado. Acorde con las doctrinas del Che, el socialismo es la abolición de la explotación del hombre por el hombre, expuso a continuación un asiduo participante en Último Jueves, por lo tanto, él ve con preocupación que en Cuba medio millón de personas estén trabajando para particulares y, en el campo, ya algunos detenten fincas de hasta diez caballerías, donde emplean a decenas de campesinos. ¿No es eso un retroceso hacia el capitalismo? El último orador instó a releer El socialismo y el hombre en Cuba, esta vez en clave contracultural.

Tras regresar el micrófono a la mesa, Rafael Hernández pidió concretar cuáles ideas y acciones del Che Guevara pudieran aplicarse hoy para resolver las problemáticas de Cuba y cómo hacerlo.

Hay que tener cuidado con el término aplicar, porque el Che escribió para una circunstancia muy concreta, y como se ha dicho, los escenarios han cambiado, en Cuba y en el mundo. “Si bien la sociedad cubana ha seguido avanzando en algunos aspectos, en otros sentidos hemos dado pasos atrás”; el Che tenía muy clara esa posibilidad, teniendo en cuenta que en la edificación del socialismo ocurre una puja permanente entre el capitalismo y la sociedad que se construye. Lo primero que debemos rescatar del Che es el método de análisis: estudiar nuestra realidad, determinar cuáles son sus características, sus peligros, y buscar las respuestas adecuadas. Lo segundo es la noción de la crítica como arma fundamental del revolucionario. Él consideraba legítimo esgrimirla y aceptarla para enfrentar lo mal hecho. Asimismo, necesitamos una cultura férrea, tanto la general como la teórica acerca de la Revolución; no tenerla representa tropezar siempre con las mismas piedras. Porque estamos abocados a procesos que lamentablemente ocurrieron en la URSS y otras naciones de Europa del Este. Ya en 1965 el Che apuntó fallos que llevarían a aquel desenlace; alertó, por ejemplo, sobre la conveniencia de examinar más el valor y las funciones de los sindicatos en el socialismo. Asumir su capacidad de no dejarse guiar por recetas prestablecidas ni aceptar sin análisis cualquier orientación, simplemente porque lo dijo una entidad oficial, “nos va a ayudar a romper la inercia social en todos los ámbitos” y encontrar los caminos para construir una Cuba mejor, estimó Anayansi Castellón.

Precisamos retomar su énfasis en que el cuadro es la columna vertebral de la Revolución y, en consecuencia, debe ser ejemplo y guía, aconsejó Delia Luisa López, quien enfatizó que ante la complejidad del contexto internacional y nacional (todavía signado por el bloqueo, amén de insuficiencias internas), “lo primero es salvaguardar la Revolución, igual que lo hicimos durante el Período especial, y si salvarla significa en este instante dar pasos atrás, yo, como revolucionaria, acato estas medidas”. Tal proceder es compatible, reiteró, con lo formulado por el Che en El socialismo y el hombre en Cuba, pues aún no hemos superado el período de transición. Y citó textualmente: “La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solo en la conciencia individual, en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles”.

Según María del Carmen Ariet, los apuntes económicos del Che son imprescindibles. Y aseguró: “Tenemos claro la necesidad de salvar la Revolución; su obra es extraordinariamente rica y los cubanos, incluso quienes no están por completo de acuerdo con ella, vibran cuando se pierden cosas en el plano social que se adquirieron gracias al sacrificio del pueblo”. No obstante, debemos preguntarnos cuál socialismo queremos, hasta dónde estamos conformes con lo alcanzado en relación con la participación colectiva. Seguimos arrastrando lados débiles. “El Che especificó que el socialismo se define con una fórmula muy sencilla: productividad más conciencia. ¿Qué quiere decir, además de lo explicado por Delia? Esa fórmula equilibra la construcción de la sociedad socialista”. Necesitamos producir con eficiencia y calidad, pero erigir fábricas brillantes no es el único paso esencial. Él previó que el socialismo se perdería al no tomar en cuenta dicha combinación, al centrarse en el desarrollo industrial y dejar en segundo plano al hombre; conciencia significa interesar verdaderamente a la persona, como ser social, en la construcción del sistema.

En cuanto a la pregunta de si el Che fue un hombre intransigente hasta las últimas consecuencias: no es cierto, nada más apelaba a la intransigencia revolucionaria cuando era necesario. “El enemigo habla de los fusilamientos en La Cabaña. Nosotros hicimos un estudio y vimos que el Che no estuvo en los juicios, y solo permaneció tres meses en aquella fortaleza, porque en marzo de 1959 se fue enfermo para Tarará. Eso lo han mitificado en el orden negativo”.

Sin duda la gente —incluso muchos que no comparten sus ideas políticas— admira al Che por su consecuencia, valentía y valores éticos. Pero urge que a la par domine esas concepciones suyas poco divulgadas y sí compatibles con una nueva sociedad cubana viable, concluyó Rafael Hernández. Ello implica superar barreras como “la presunción de que los estudiantes de preuniversitario y de la universidad no son capaces de entender lo que él sostiene sobre la democracia, en El socialismo y el hombre en Cuba”, lo cual es “solo una hipótesis, porque tal ensayo nunca se ha puesto en el programa de estudios de ningún grado”. Durante su plática final con el auditorio, el moderador nos entregó más interrogantes por dilucidar: ¿El socialismo genera democracia automáticamente? El Che no lo afirma, más bien enumera problemas inherentes a la cuestión democrática en este sistema y otras problemáticas que debe enfrentar. ¿Su análisis se corresponde o no con la realidad contemporánea? ¿Pensaría él que la existencia de trabajadores privados es caminar hacia el capitalismo? Su muerte ocurre en octubre del 67 y solo en marzo del 68 se cerraron las sesenta mil pequeñas empresas particulares que subsistían en Cuba, dentro del socialismo que él conoció y por el cual luchó en Bolivia. ¿Estaría de acuerdo con un acercamiento entre la Isla y los Estados Unidos, o no conversaría con ellos, porque “no se puede confiar ni tantito así”? Richard Goodwin, asesor de Kennedy, habló con Guevara en Punta del Este, al reseñar el encuentro muestra un interlocutor que no niega el diálogo, la democracia ni la convivencia; ¿por qué no hemos leído nunca esa referencia? Y cerró el director de Temas con un criterio, si no del todo justo, al menos inquietante, movilizador: “Quizás el que conozcamos a un Che y no tanto al otro sea en buena medida nuestra responsabilidad”.

Foto: Ingrid Arcos/Temas.